Costa de Marfil: caos y dos presidentes
Fuerzas del mandatario electo Alassane Ouattara -apoyado por Francia y la ONU-, bombardearon el búnker de Laurent Gbagbo, último premier que se resiste a dejar su cargo. Los choques con armas pesadas en Abiyán -la moderna capital- dejaron decenas de muertos.
jueves, 07 de abril de 2011
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| Cientos de hombres acusados de colaborar con el régimen de Gbagbo permanecían detenidos en una estación de servicio de la capital marfileña. (AP) |
Agencias AP y AFP
Las fuerzas del presidente marfileño reconocido por la comunidad internacional Alassane Ouattara no lograron tomar el miércoles en Abiyán -capital de Costa de Marfil- el búnker donde está atrincherado el presidente saliente Laurent Gbagbo, que se niega a rendirse a pesar del derrumbe de su régimen.
Cuando comenzó el ataque por la mañana, el ambiente era optimista: "Vamos a sacar a Laurent Gbagbo de su agujero y lo pondremos a disposición del presidente de la República", anunció Sidiki Konaté, portavoz de Guillaume Soro, primer ministro de Ouattara.
Pero al mediodía local cesaron los disparos de armas pesadas cerca del palacio presidencial y de la residencia, quedando ambos barrios sumidos en una calma inhabitual.
A última hora de la tarde, un habitante de la zona informó de que las tropas de Ouattara se habían detenido antes de alcanzar la residencia. "Hay una pausa en los combates", dijo. "Las Fuerzas Republicanas de Ouattara llegaron hasta 150 metros del portón de la residencia de Gbagbo pero no entraron", agregó. Tuvieron que "retirarse", dijo el vecino del lugar.
Esta ataque tiene lugar al día siguiente de intensas pero infructíferas negociaciones durante las cuales Gbagbo se negó a renunciar pese a las fuertes presiones.
"Las negociaciones que se desarrollaron ayer durante horas entre el entorno de Laurent Gbagbo y las autoridades marfileñas fracasaron debido a la intransigencia de Laurent Gbagbo", declaró el ministro francés de Exteriores, Alain Juppé.
Pero en Nueva York, Nick Birnback, portavoz de las operaciones de mantenimiento de la paz de la ONU afirmó que "las negociaciones continúan, la ONU ofrece sus buenos oficios tanto como le es posible".
"No soy un kamikaze, amo la vida", afirmó Gbagbo el martes a un periodista francés. "Mi voz no es la una voz de un mártir, no busco la muerte pero si la muerte llega, llegará".
En varias ocasiones, Ouattara pidió a sus tropas que garanticen "la integridad física" de su rival.
El asalto lanzado por los combatientes pro Ouattara "es una tentativa de asesinato del presidente Gbagbo", estimó el portavoz de su gobierno, Ahoua Don Mello, acusando a la fuerza francesa Licorne de haber dado "un apoyo aéreo y terrestre".
"Ni la Onuci ni la fuerza Licorne participan en los combates que se desarrollan al margen del marco de la resolución 1975" de la ONU que reclama la neutralización de las armas pesadas, declaró Alain Juppé.
A su turno, el ministro francés de Defensa, Gerard Longuet, aseguró que Francia no intervendrá si Ouattara le pide que saque a Gbagbo del búnker en el que está atrincherado. "Francia puede intervenir a pedido de las Naciones Unidas. Pero no obedecemos a ninguna fuerza política en Costa de Marfil", dijo.
Desde la elección presidencial del 28 de noviembre que sumió a uno de los países más ricos de África occidental en una guerra civil, Laurent Gbagbo no reconoció nunca la victoria de Alassane Ouattara, al cabo de un comicio que fue garantizado por la propia ONU.
Su régimen se derrumbó, los jefes de su ejército llamaron a un alto del fuego, los ataques de la ONU y Francia destruyeron buena parte de su armamento pesado, numerosos allegados desertaron, pero se ha empecinado en no firmar su dimisión.
Además de la residencia y el palacio, los últimos partidarios de Gbagbo controlan el campamento militar de Agban, el más importante del país, cerca del cual se escucharon fuerte detonaciones.
El fiscal de la Corte Penal Internacional (CPI), el argentino Luis Moreno Ocampo, anunció por su parte que quería iniciar una investigación sobre "matanzas cometidas de manera sistemática o generalizada" de la cuales se acusa sobre todo a las tropas de Ouattara.
En Abiyán -una moderna ciudad de casi 4 millones de habitantes, los traumatizados habitantes permanecían escondidos en sus casas. En algunos barrios, las calles casi desiertas estaban libradas al saqueo, el agua y la electricidad estaban cortadas y las provisiones de alimentos disminuían.
Según la ONU, los enfrentamientos con armas pesadas dejaron decenas de muertos y la situación humanitaria se ha hecho "absolutamente dramática", con la mayoría de los hospitales sin funcionar.
El balance de los muertos podría ser aún mayor pues los socorristas no han podido recorrer la ciudad debido a la gran inseguridad que reina allí.
Cuando comenzó el ataque por la mañana, el ambiente era optimista: "Vamos a sacar a Laurent Gbagbo de su agujero y lo pondremos a disposición del presidente de la República", anunció Sidiki Konaté, portavoz de Guillaume Soro, primer ministro de Ouattara.
Pero al mediodía local cesaron los disparos de armas pesadas cerca del palacio presidencial y de la residencia, quedando ambos barrios sumidos en una calma inhabitual.
A última hora de la tarde, un habitante de la zona informó de que las tropas de Ouattara se habían detenido antes de alcanzar la residencia. "Hay una pausa en los combates", dijo. "Las Fuerzas Republicanas de Ouattara llegaron hasta 150 metros del portón de la residencia de Gbagbo pero no entraron", agregó. Tuvieron que "retirarse", dijo el vecino del lugar.
Esta ataque tiene lugar al día siguiente de intensas pero infructíferas negociaciones durante las cuales Gbagbo se negó a renunciar pese a las fuertes presiones.
"Las negociaciones que se desarrollaron ayer durante horas entre el entorno de Laurent Gbagbo y las autoridades marfileñas fracasaron debido a la intransigencia de Laurent Gbagbo", declaró el ministro francés de Exteriores, Alain Juppé.
Pero en Nueva York, Nick Birnback, portavoz de las operaciones de mantenimiento de la paz de la ONU afirmó que "las negociaciones continúan, la ONU ofrece sus buenos oficios tanto como le es posible".
"No soy un kamikaze, amo la vida", afirmó Gbagbo el martes a un periodista francés. "Mi voz no es la una voz de un mártir, no busco la muerte pero si la muerte llega, llegará".
En varias ocasiones, Ouattara pidió a sus tropas que garanticen "la integridad física" de su rival.
El asalto lanzado por los combatientes pro Ouattara "es una tentativa de asesinato del presidente Gbagbo", estimó el portavoz de su gobierno, Ahoua Don Mello, acusando a la fuerza francesa Licorne de haber dado "un apoyo aéreo y terrestre".
"Ni la Onuci ni la fuerza Licorne participan en los combates que se desarrollan al margen del marco de la resolución 1975" de la ONU que reclama la neutralización de las armas pesadas, declaró Alain Juppé.
A su turno, el ministro francés de Defensa, Gerard Longuet, aseguró que Francia no intervendrá si Ouattara le pide que saque a Gbagbo del búnker en el que está atrincherado. "Francia puede intervenir a pedido de las Naciones Unidas. Pero no obedecemos a ninguna fuerza política en Costa de Marfil", dijo.
Desde la elección presidencial del 28 de noviembre que sumió a uno de los países más ricos de África occidental en una guerra civil, Laurent Gbagbo no reconoció nunca la victoria de Alassane Ouattara, al cabo de un comicio que fue garantizado por la propia ONU.
Su régimen se derrumbó, los jefes de su ejército llamaron a un alto del fuego, los ataques de la ONU y Francia destruyeron buena parte de su armamento pesado, numerosos allegados desertaron, pero se ha empecinado en no firmar su dimisión.
Además de la residencia y el palacio, los últimos partidarios de Gbagbo controlan el campamento militar de Agban, el más importante del país, cerca del cual se escucharon fuerte detonaciones.
El fiscal de la Corte Penal Internacional (CPI), el argentino Luis Moreno Ocampo, anunció por su parte que quería iniciar una investigación sobre "matanzas cometidas de manera sistemática o generalizada" de la cuales se acusa sobre todo a las tropas de Ouattara.
En Abiyán -una moderna ciudad de casi 4 millones de habitantes, los traumatizados habitantes permanecían escondidos en sus casas. En algunos barrios, las calles casi desiertas estaban libradas al saqueo, el agua y la electricidad estaban cortadas y las provisiones de alimentos disminuían.
Según la ONU, los enfrentamientos con armas pesadas dejaron decenas de muertos y la situación humanitaria se ha hecho "absolutamente dramática", con la mayoría de los hospitales sin funcionar.
El balance de los muertos podría ser aún mayor pues los socorristas no han podido recorrer la ciudad debido a la gran inseguridad que reina allí.
Fuente: Los Andes Online



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