Mostrando entradas con la etiqueta Mundo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Mundo. Mostrar todas las entradas

sábado, 23 de enero de 2021

Neil Shearing: "Llegó el fin de la globalización"
por Cecilia Barría


"Está el riesgo de que el mundo comience a desglobalizarse en los próximos años", dice Shearing.


Neil Shearing, economista jefe de la consultora internacional Capital Economics, con sede central en Londres, Reino Unido, advierte que se aproxima el fin de una era.

"La globalización llegó a su punto máximo", dice Shearing en conversación con BBC Mundo.

"Ahora está el riesgo de que el mundo comience a desglobalizarse en los próximos años", un fenómeno que tendría grandes efectos en la economía mundial y los mercados financieros.

La postura del experto y del centro de investigación macroeconómica y financiera donde trabaja, es que la actual ola globalizadora (que partió tras la caída del Muro de Berlín) se encontró con una pared, mucho antes de que comenzara la guerra comercial entre Estados Unidos y China.




"El comercio y los flujos de capital internacionales aumentaron durante los años 90 y los 2000, pero luego se estabilizaron alrededor de 2010", explica.

Y aunque reconoce que es posible que se trate de una pausa temporal, su análisis lo ha llevado a concluir que sería extraño.

"No es necesariamente un motivo de alarma"

Una de las razones para explicar el fenómeno, sostiene Shearing, es que la mayoría de las economías están extremadamente abiertas y no quedan nuevos países importantes que no se hayan integrado a esta ola globalizadora.

Otra es que las nuevas tecnologías han hecho que sea menos atractivo para las empresas mantener cadenas de suministro grandes y complejas.


"No es necesariamente motivo de alarma para la economía mundial".

Y en tercer lugar, argumenta el economista, los gobiernos se cuestionan cada vez más los beneficios de algunos aspectos de la liberalización financiera, que ha sido una característica central de la última ola de globalización.

Pero que la globalización haya tocado techo "no es necesariamente motivo de alarma para la economía mundial", apunta.

Por el contrario, "los desarrollos tecnológicos que están impulsando en parte estas tendencias también impulsarán el crecimiento de la productividad y ampliarán las opciones del consumidor".

Sin embargo, puede haber víctimas.

¿Quiénes pueden ser las víctimas?

Dado que es típico que la fabricación de productos comience con el uso intensivo en mano de obra, como ocurre en en sectores como el textil, "la vida de los países más pobres será más difícil".

Esto, se sumará a los vientos que soplan en contra de los mercados emergentes, agrega, donde se ubican países como Brasil, México, Argentina, Colombia, Perú y Chile, en el caso de América Latina.


Las nuevas tecnologías han hecho que sea menos atractivo para las empresas mantener cadenas de suministro grandes y complejas.


Y parece cada vez más probable, dice Shearing, que se produzca "una forma perversa de desglobalización", impulsada por políticas de gobiernos, donde el comercio y los flujos de capital terminen cayendo.

"Una de las lecciones clave de la historia es que ha sido la política, en lugar de la tecnología, lo que ha provocado que la globalización retroceda".

Un ejemplo actual es la guerra comercial entre Estados Unidos y China.

Aunque esta guerra, declarada por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, "no es en sí misma un gran problema", ya que el comercio entre las dos potencias representa solo el 3% del comercio mundial total, de todos modos es un señal.

"Es un síntoma de tensiones más fundamentales en la relación entre China y Occidente", apunta, considerando que el surgimiento de China como un competidor estratégico es un fenómeno que más tarde o más temprano traería consecuencias de gran envergadura.

"Existe el riesgo de que la guerra comercial sea el comienzo de una reacción más amplia contra la globalización que vaya más allá de Estados Unidos y China".

Eso se explicaría porque la globalización ha minado el poder de los gobiernos nacionales, argumenta Shearing, y ha sido culpada por la creciente desigualdad, la evasión fiscal multinacional y la migración no deseada.

¿Cómo sería esa desglobalización?

"Todavía no está claro que forma podría tomar", explica.

En un extremo, podríamos ver una forma leve de regionalización, donde la producción se organiza en torno en países vecinos, en lugar de globalizarse.

En el otro extremo, el mundo podría dividirse entre bloques competidores, como por ejemplo, uno liderado por EE.UU. y otro por China.


"Los efectos en la economía mundial serían negativos, pero manejables".


En cualquiera de los escenarios, dice, "los efectos en la economía mundial serían negativos, pero manejables".

Desde su perspectiva, un poco de regionalización no sería un gran problema porque ya existe mucho comercio entre países vecinos.

Sin embargo, el único escenario de desglobalización que Shearing considera preocupante, es que se produzca una "profunda división" entre los bloques económicos liderados por China y Estados Unidos.

"No veo probable que los flujos de comercio e inversión entre Occidente y China se agoten por completo, como si fuera una repetición de la Guerra Fría".

"Pero sí puede ocurrir que aumenten las restricciones al comercio en sectores y productos específicos", agrega.

"Si esto sucediera, veremos consecuencias negativas para el crecimiento económico mundial, además de los efectos en la estabilidad geopolítica".



Fuente: BBC Mundo

domingo, 20 de septiembre de 2020

Robert Zoellick, expresidente del Banco Mundial: "El mundo podría volver a parecerse al de 1900"
por Sharanjit Leyl


Robert Zoellick fue presidente del Banco Mundial entre 2007 y 2012.


Para el expresidente del Banco Mundial Robert Zoellick solo hay una manera de que la economía mundial salga de la actual crisis provocada por la pandemia del coronavirus: la cooperación entre países.

Es "la única forma en que la economía mundial saldrá de la recesión", le dijo a la BBC.

Zoellick, quien se desempeñó como presidente del Banco Mundial entre 2007 y 2012, los años que abarcaron la crisis financiera mundial, dijo que su mayor preocupación eran las crecientes tensiones entre Estados Unidos y China.

De hecho, calificó la ruptura entre ambos países una seria amenaza para la recuperación económica mundial.

"Creo que (la relación) está en caída libre hoy y no creo que sepamos dónde está el fondo, y esa es una situación muy peligrosa", agregó.

Además advirtió que "el mundo podría parecerse más al mundo de 1900, cuando las grandes potencias estaban compitiendo", si los países comienzan a alejarse de la globalización y persiguen intereses nacionalistas.

La persona a la que culpa de causar gran parte del daño es el presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

Crisis financiera

Como dirigente del Banco Mundial, Zoellick trabajó en estrecha colaboración con el Fondo Monetario Internacional y los gobiernos de todo el mundo para abordar la crisis financiera.

"La crisis financiera de 2008-09 fue un acontecimiento muy grave, pero el G-20 y los bancos centrales cooperaron. El presidente (George W.) Bush y el entonces presidente (Barack) Obama fueron parte de los esfuerzos internacionales con (el entonces primer ministro de Reino Unido) Gordon Brown", dijo.


La persona a la que Zoellick acusa de causar gran parte del daño es Donald Trump.


"Francamente, incluso China tenía un programa de estímulo muy fuerte y también cooperó de varias maneras. Hoy no tenemos ese tipo de cooperación".

Zoellick pidió a Estados Unidos que trabaje en estrecha colaboración con China para encontrar una solución a la pandemia, en lugar de "acusarlos por ello".

Las "fallas" de Trump

Zoellick, uno de los funcionarios públicos más importantes de Estados Unidos, ha asesorado a seis presidentes estadounidenses durante su carrera, y también ejerció el cargo de subsecretario de Estado.


Zoellick calificó la ruptura entre Estados Unidos y China una seria amenaza para la recuperación económica mundial.


Sirvió en los gobiernos de los anteriores presidentes republicanos, George W. Bush y George H. W. Bush, pero ahora muestra con claridad su aversión por el actual ocupante republicano de la Casa Blanca.

"Me he opuesto a Trump desde el principio... no solo por sus posiciones políticas, sino también por lo que creo que son fallas en su carácter".

"Me preocupaba lo que podría hacer con las instituciones y la Constitución y estamos viendo que eso se confirma, y ​​en la pandemia, estamos viendo otra dimensión, una cuestión de competencia".

Zoellick cree que el escepticismo del presidente Trump sobre las alianzas de EE.UU. y el proteccionismo se ha sumado a las ansiedades asiáticas, en un momento en que el poder de China está comenzando a eclipsar la región.

Es un tema que explora en su nuevo libro America in the World: A History of US Diplomacy and Foreign Policy (Estados Unidos en el mundo: una historia de la diplomacia y la política exterior estadounidense).



Fuente: bbc.com

jueves, 9 de julio de 2020

El FMI advirtió que puede haber un crac financiero
Mientras se deteriora la capacidad del pago de la deuda en países, empresas y hogares hay una recuperación financiera que puede no ser sostenible, dice el Fondo Monetario Internacional.
Por Javier Lewkowicz


El FMI alertó sobre el riesgo de un posible crack financiero. Imagen: AFP

El Fondo Monetario Internacional (FMI) advirtió sobre la posibilidad de que haya súbitas caídas en el mercado financiero global. El organismo sostiene que a contramano del deterioro de la actividad económica y del empleo y del mayor número de default de empresas no financieras desde 2009, los mercados financieros están cerca de recuperar sus niveles previos a la crisis. 

La desconexión entre la llamada “economía real” y las finanzas quedó más expuesta que nunca. Las ventas de las empresas y los ingresos de los hogares caen a pique y se deteriora la capacidad de pago de las deudas, lo cual puede afectar a los bancos. En este contexto, la recuperación financiera sólo se sostiene en una expansión monetaria nunca antes vista por parte de los países centrales. 

La caída de la actividad económica proyectada para 2020 es generalizada: entre los países desarrollados, para Estados Unidos se espera una baja del 8 por ciento, mientras que para Alemania, del 7,8 por ciento y Canadá, del 8,4 por ciento. Francia caería un 12,5 por ciento e Italia, 12,8 por ciento, al igual que España. El Reino Unido tendría una baja del 10,2 por ciento; Holanda, del 7,7 por ciento y Rusia, del 6,6.

En los Estados Unidos, mientras el índice de confianza del consumidor muestra una fuerte caída desde febrero para quedar estancado en niveles históricamente bajos, los precios de las acciones comenzaron en baja pero dieron en marzo un giro alcista hasta volver prácticamente a los niveles de enero. “Esta divergencia plantea la posibilidad de otra corrección en los precios de los activos de riesgo en caso de que cambie la actitud de los inversores, lo que representa una amenaza para la recuperación”, indica el informe de Estabilidad Financiera del FMI.

La timba financiera

La clave para la recuperación de los precios de los activos financieros fueron los anuncios de los Estados Unidos y de Europa de que inyectarían toda la liquidez necesaria para sostener sus economías. En particular, el sector financiero comenzó la rápida recuperación el 23 de marzo, una vez que la Reserva Federal de los Estados Unidos lanzó el paquete de 2,3 billones de dólares de facilidades crediticias.

El agregado de los bancos centrales de las diez economías más importantes del mundo arroja una expansión monetaria del orden de los 6 billones de dólares desde enero. En cinco meses, la inyección de dinero más que duplica a la realizada a lo largo de 2008 y 2009, en la crisis subprime. “El promedio, los activos financieros recuperaron un 70 por ciento de las caídas iniciales”, calculó el FMI. 

La inédita inyección de liquidez es reciclada en el sector financiero en búsqueda de rendimientos. Por eso se produjo una recuperación de los flujos de capital hacia los mercados emergentes, que habían sufrido una salida masiva con el inicio de la crisis de la pandemia. Brasil, Chile, Perú, Panamá, Guatemala, México, Ecuador, Paraguay, Colombia y Uruguay colocaron recientemente deuda barata. La Argentina quedó afuera de las emisiones porque se encuentra en una situación de cesación de pagos y en medio de la renegociación de su deuda.

Los riesgos

“Hay una desconexión entre el optimismo de los mercados financieros y la evolución de la economía real”, resume el FMI. “Los mercados esperan una recuperación abrupta, aunque los datos muestran que se espera que el deterioro sea más profundo. Aparentemente, los inversores siguen apostando a que el apoyo de los bancos centrales, que no tiene precedentes históricos, pueda continuar. Esto incrementa las dudas alrededor de la sustentabilidad de la recuperación financiera”, agrega el Fondo.

Entre los indicadores que dan cuenta de la "desconexión", el FMI menciona que "la diferencia entre los precios de mercado y la valuación de los fundamentals está en niveles históricamente altos en la mayor parte de los mercados de acciones y bonos de las economías avanzadas". El informe advierte que ante la caída de las ventas y de los ingresos, la deuda de empresas y hogares se puede volver inmanejable, lo cual puede arrastrar a que los bancos tengan problemas de sustentabilidad. De hecho, en lo que va del año se produjo el mayor default de deuda privada desde 2009.

Y hay factores de riesgo adicionales: "puede haber segundas oleadas del virus"; "los bancos centrales pueden no dar todo el apoyo que los inversores prevén"; "pueden resurgir tensiones comerciales " y "el incremento en la desigualdad económica puede derivar en mayores tensiones sociales", enumera el FMI.



Fuente:  pagina12.com.ar

viernes, 5 de junio de 2020

El fin de la globalización neoliberal
El mundo que vendrá después del coronavirus deberá, para mejorar, regular los mercados, superar las desigualdades, volver a tener economías productivas, otorgarle más importancia a la ecología y al medio ambiente y darle un mayor rol a los Estados.
Por Mario Rapoport *




Advirtiendo sobre el “El fin de la globalización” o refiriéndose a la ideología que preside ese proceso como “El colapso neoliberal”, revistas anglosajonas influyentes en la economía o el sistema de relaciones internacionales como The Economist o Foreign Affairs, no hablan más del fin de la Historia. 

Algunas de ellas lo manifestaron aun antes de la aparición del coronavirus, que ya no tiene la forma tan casual de un virus que desde algún ave o animal salvaje se trasmutó al hombre y se expandió con la velocidad de un rayo a todo el universo humano para traernos una depresión económica y social fulminante. La globalización neoliberal con sus atentados a la ecología y el medio ambiente contribuyó a su aparición. Como ahora a su expansion. Si no era este virus sería otro, como lo pronosticó Bill Gates.

Tiempo

La historia dio un vuelta tan contundente atrapada por la pandemia, que se volvió morosa y ahora se detuvo en una multitud de muertes, contagios y cuarentenas que crecen día a día. No sólo se produjo un notable retroceso en la marcha de la humanidad como en las peores crisis o guerras que dañaron al hombre y lo obligaron a recomponer el mundo después de notables destrucciones y pérdidas humanas. Entonces se emprendieron otros rumbos, en muchos casos con consecuencias similares, pero sin detener el ritmo frenético de esa marcha.

En cambio, aquí se detuvo el tiempo, la tierra aparentemente dejó de girar alrededor del sol, el carrusel de la vida se frenó abruptamente y nos encerramos en un espacio que no transcurre, donde los días y las noches se suceden sin solución de continuidad y nunca sabemos bien en que hora estamos. paradójicamente, la suspensión del tiempo lo acelera, lo que significa que su noción no forma parte sólo del calendario sino también de las vivencias de nuestro propio cuerpo. Parece un mundo platónico que espera angustiosamente sobrevivir o morir. Pero no por un arma que nos amenaza, un accidente o una explosión casual, sino por la cercanía de otro ser humano. El arma mortal puede estar constituida por su propia mano.

Por otra parte, de tanto querer transformarnos en los constructores únicos de nuestro destino individual ignorando a los otros, como lo propone el meollo de la teoría neoliberal expresada en las novelas de Ayn Rand, ahora forzadamente se consiguió. No más abrazos, no más demostraciones de afecto cercanas. El gusto, el olor de los otros, la atracción sexual, las caricias o los golpes, los amores y los odios quedaron suspendidos por un tiempo, al menos en los que nos están recluidos junto a nosotros, y sólo pueden revivirse ocasionalmente en las fotos, los films o las pantallas televisivas.

Por suerte la tecnología nos permite el contacto virtual, pero esto también resulta efímero. Como cuando niños veíamos detrás de la venta de un negocio un juguete que nunca podríamos tener. La revolución de las comunicaciones con la utilización de internet y la informática permite navegar por océanos de información sin movernos de casas y computadoras. El uso de esa información como técnica de engaños y difusión de falsedades se ha incrementado y con el coronavirus, encerrados en nuestros propios espacios, ha transtornado nuestras conductas. El animal reaparece debajo de la piel del ser humano. Y en el caso de los más pobres, desocupados o sin techo, su preocupación principal es el hambre y la falta de trabajo.

Pestes

Las grandes epidemias y pandemias de la humanidad casi siempre han estado vinculadas a crisis económicas, guerras o conquistas territoriales. 

En este último caso las enfermedades que trajeron los conquistadores a América constituyeron una de las principales causas del exterminio de los indígenas. La pandemias que afectaron a gran parte de la humanidad fueron la famosa peste negra asociada a la gran depresión económica del siglo XIV que produjo entre 25 y 50 millones de muertos; y la mal llamada “gripe española” porque no se inició en España sino en un regimiento militar en Estados Unidos y hacia el fin de la guerra se expandió a Europa, llevada por los mismos soldados americanos, produciendo cerca de 40 millones de muertos, el doble de los de la guerra aunque en su caso todos civiles. 

El coronavirus actual va por ese camino. Pero aquí se ve más claramente el rol de la ecología y el medio ambiente, desestabilizados por la competencia de empresas y laboratorios. El desmantelamiento de la foresta y la producción de elementos químicos que alteraron la naturaleza, haciendo desaparecer especies animales y vegetales o introduciendo en ellas elementos que transformaron su hábitat y su naturaleza, originaron nuevos virus luego transmitidos a los hombres

La globalización que caracteriza al siglo XX y luego al XXI esta asociada a estos procesos depredadores y es producto de una ideología, el neoliberalismo que produjo profundos cambios en el sistema capitalista: concentración industrial y financiera, nuevas tecnologías y formas de organización del trabajo, surgimiento y expansión de empresas multinacionales, desplazamiento de la hegemonía mundial hacia Estados Unidos, predominio de las exportaciones de capitales y un mundo donde las finanzas cobran supremacía sobre la producción. El estancamiento de la inversión productiva y de la demanda se compensó en parte artificialmente con la financiarización de la economía hasta que estalló la crisis de 2008. Ahora el coronavirus pone plenamente al descubierto las falencias del sistema.

Oferta y demanda

La actual globalización vive y se aprovecha de las crisis favoreciendo el endeudamiento público y privado. El lugar clave no lo ocupan los países sino las multinacionales y la competencia no se da entre una multitud de oferentes y demandantes, como sostenía la teoría neoclásica, sino entre grandes empresas que controlan y regulan los mercados tanto por sus precios como por sus capacidades de innovación o especulación bajo la protección de los propios Estados que las sostienen. Estos, a su vez, acuden con su poder bélico a cualquier parte del mundo donde los guían sus intereses estratégicos, con intervenciones armadas, ocupaciones o guerras relámpago.

El juego de la oferta y la demanda, fundamento de la teoría económica, donde el consumidor se beneficiaba por la posibilidad de elegir entre los distintos productores los bienes que necesitaba dejó de existir. 

El único mercado verdaderamente libre es el de los capitales, que se mueven de un lugar a otro en función de sus vectores de rentabilidad, impulsados por los organismos internacionales de crédito quienes dictan las normas del sistema financiero y tienen en el dólar a la moneda mundial. No existe un gobierno mundial pero si una justicia globalizada que juega sólo en un mismo sentido: el de los intereses dominantes.

La políticas de oferta fijan las reglas de la globalización para el conjunto de la sociedad obligando a los ciudadanos a actuar conforme a ellas. En la producción rige la teoría de “la obsolescencia programada”. La mayoría de lo que se fabrica viene con los días contados. Los objetos están hechos para durar un tiempo determinado. Así el consumidor puede comprar otros nuevos, en una cadena repetida al infinito. Vivimos en una sociedad para el consumo masivo de las mismas cosas que debemos recomprar.

Desigualdad

Por otro lado, la desigualdad es el signo principal de la economía global: menos del 1% de la población mundial posee cerca de la mitad de las riquezas del mundo y entre el resto existen también desigualdades de distinto tipo. Los beneficiarios de la globalización son muy pocos.

Se han profundizado las diferencias entre países y también en el interior de las economías más desarrolladas. Un estudio de Piketty y Saez del 2003, actualizado posteriormente, muestra que la participación de los ingresos de los más ricos en Estados Unidos llegó a sus niveles más altos en vísperas de las crisis de 1929 y 2007. El 1 por ciento de los más ricos tenía en ambos casos cerca del 17 por ciento de la renta nacional. 

Es curioso el caso de la Argentina donde otro estudio destaca que la concentración de riquezas en el 1 por ciento de la población de mayores ingresos está en el pelotón que encabeza las estadísticas mundiales, aunque el país tuvo varias crisis muy profundas. No sorprende su resultado: por la formidable fuga de capitales que se experimentó durante décadas, la propiedad de activos de argentinos en el exterior tiene un monto tan significativo que se acerca al PIB actual y ahora se discuten los blanqueos durante el gobierno de Macri. Todo ello sin mencionar los dólares que se hallan guardados dentro del país o los que circulan en el mercado inmobiliario que está dolarizado.
Mercado

El fenómeno de la globalización actual implica también que la principal asignación de recursos, producto del flujo de transacciones económicas y financieras, se realiza hoy en el mercado mundial, no en los mercados nacionales, por agentes, grandes potencias y corporaciones que operan en escala global. Esto produjo un cambio en la estructura de esos mercados perjudicando a los países de economía primaria y de industrialización incipiente que carecen de posibilidad alguna de desarrollar estrategias viables que contradigan ese predominio con todas las consecuencias económicas y políticas que esto implica.

Muchos países no tienen tampoco un sistema de seguridad social integral y pública porque las empresas ven a la salud como un producto comercial más que como un bien social. El ejemplo más claro es el de Estados Unidos, donde el cuidado de la salud continúa siendo la actividad de un sector dirigida por el beneficio privado. Un sistema que ahora muestra sus efectos perversos. Fueron los Estados y no las grandes corporaciones los que revelaron como los verdaderos sostenes de la salud de sus habitantes.

Por otra parte, los países tomados individualmente ya no son más un reservorio de mano de obra a la que los dueños del capital se vean obligados a recurrir por estar radicados allí. No existe la necesidad de mantener a esos trabajadores potenciales en buenas condiciones económicas, se los puede conseguir en otro lado y a mejor precio. El coronavirus puede resultar también favorable bajando el costo de la mano de obra. También retrae cualquier compromiso anterior con el Estado de Bienestar, la inversión y el consumo interno. 

El gran capital ha adquirido también conciencia de ser eminentemente inmune al coronavirus. Además, la actividad de las corporaciones se deslocaliza o relocaliza en forma permanente y pasa por encima de las fronteras de los Estados; no tienen en cuenta las preferencias o necesidades de los habitantes de uno u otro, ni menos aún los poderes negociadores de los sindicatos u organizaciones sociales locales.

“La globalización en curso –dijo Eric Hobsbawm antes que apareciera la pandemia- trajo un aumento espectacular y potencialmente explosivo de las desigualdades sociales y económicas dentro de cada país e internacionalmente”. La pademia las ha agravado.

Democracia

El mundo está dividido jurídicamente en Estados que en su mayoría se rigen aparentemente por un sistema democrático donde cada uno elige los gobiernos con su voto, pero esto resulta la mayor parte de las veces una ficción. 

A medida que la globalización sigue su curso, el poder anteriormente contenido dentro de las fronteras nacionales se evapora. La política se ve permanentemente condicionada y vaciada de todo contenido democrático: gobiernos elegidos por sus pueblos responden a instituciones supranacionales sobre todo económicas, que reflejan intereses ajenos a ellos; el FMI, el Consejo de Europa, el Banco Europeo, el G20, la OMC, por ejemplo, y organismos más políticos han caído en picada en la consideración mundial y en sus poderes como las Naciones Unidas, donde igualmente deciden unos pocos, que tienen poder de veto. 

La gran mayoría de los Estados son soberanos sólo de nombre. Las decisiones más importantes en el plano económico, financiero y de desarrollo las toman los llamados “mercados”. 

En cuanto a los trabajadores el destino personal de cada uno depende de sí mismo. Desde el punto de vista de la subjetividad ya no interesa la figura del trabajador en el sentido que le daban los economistas clásicos, en las que podían discutir sus condiciones de trabajo e ingresos. Su aptitud y/o competencia se considera ahora, como lo señala Focault, un tipo particular de capital humano y su salario un ingreso que incluye su rentabilidad como capital. Según el ultra liberal Von Hayek la ciudadanía del individuo está afuera de toda norma jurídica de derechos o deberes, salvo el derecho penal.

A su vez, los políticos locales, distanciados de los que los votaron, están sujetos a la corrupción por parte de las empresas en los negocios estatales y con mayor frecuencia intervienen directamente en la política empresarios o miembros y empleos de las corporaciones, que favorecen sin intermediarios su propios intereses de rentabilidad y competencia. El índice de Percepción de Corrupciones de Transparencia Internacional alerta sobre los funcionarios públicos que usan sus oficinas para sus ganancias privadas pero no refleja los flujos fanancieros ilícitos o el lavado de dinero. Y considera que el único corrupto es el que toma el dinero, eximiendo del hecho al que lo da. En 2019 Dinamarca fue considerado según esos criterio como el país menos corrupto del mundo aunque su banco más importante confesó un lavado de dinero de miles de millones de euros una de las mayores operaciones de ese tipo descubiertas en el mundo.

Futuro

El mundo que vendrá después deberá, para mejorar, regular los mercados, superar las desigualdades, volver a tener economías productivas, otorgarle más importancia a la ecología y al medio ambiente y darle un mayor rol a los Estados, que deben estar al servicio de la ciudadanía y ser verdaderamente representativos de ella. 

Como dice María Seoane “no es la pandemia la que tiene pausada a la Argentina. Es hora del Nunca Más al neoliberalismo”. Podemos evitar que en la tierra vuelvan a resonar como en el pasado los jinetes del Apocalipsis montados en la pandemia e impedir terminar con una ideología de la globalización que ha hundido al mundo. “Muerte en el altar de la economía titulaba un diario mexicano. “Ser o dejar de ser” podríamos resumir ahora la paradoja de Shakespeare.

* Profesor emérito de la UBA y del ISEN. Acaba de reaparecer su Historia económica, política y social de la Argentina por Ed. Paidós, largamente agotada, un libro de referencia.



Fuente:  pagina12.com.ar

domingo, 24 de mayo de 2020

"El futuro que viene va a estar en disputa"
Acaba de editar un libro con la opinión de 30 intelectuales, "El futuro después del Covid-19". Cree que hay una mayoría de argentinos que esperan un país diferente.
Por Fernando Cibeira


El asesor Alejandro Grimson está a cargo del programa Argentina Futura. 

El antropólogo y asesor presidencial Alejandro Grimson está a cargo del programa Argentina Futura, una iniciativa que busca pensar el país con planes de mediano y largo plazo. Cuestiones como el trabajo, la producción y las desigualdades, para las décadas que vienen. Pero, a poco de andar, se topó con la pandemia que puso todo patas para arriba y decidió editar un libro con la opinión de 30 intelectuales de diversas procedencias "El futuro después del Covid-19", para comenzar a pensar lo que sucederá luego de la "bomba", tal como él define en el prólogo a la emergencia sanitaria. 

--Hay ejes que se repiten en los textos: el rol del Estado, la permanencia o no del capitalismo como lo conocemos. ¿Cuál es su conclusión?

--Hay uno de los autores que señala que cuando empezó esto varios intelectuales intentaron aplicar sus modelos ya prefijados para decir que se habían confirmado sus teorías. Eso tiene dos problemas. El primero, cualquier construcción teórica tiene que readecuarse en función de realidades nuevas, sino es pensar que una teoría sirve para todas las ocasiones. Segundo, ocurrió que los primeros debates se dieron en los países que sufrieron más tempranamente la pandemia y no había una compilación de autores desde el sur que pensaran estos problemas. Hay varios temas que atraviesan los trabajos, efectivamente, el Estado, la comunidad, los cuidados.

--¿Y efectivamente sobrevendrán cambios? 

--Leyendo transversalmente lo que está escrito en el libro queda claro que existe la oportunidad de construir un acuerdo lo más amplio posible, no unánime, para sentar bases elementales de un país centrado en las personas, en la producción, en una mayor igualdad, una mayor igualdad de género, una democracia vibrante. 

--Cuando ocurrió la crisis financiera de 2008 y surgieron varios movimientos de indignados en el mundo también se pensó que las cosas cambiarían y luego resultó que siguió todo más o menos igual. ¿En esta ocasión ocurrirá?

--No hay que confundir deseos con realidades, lo que sí hay que tener convicciones y trabajar para construir el futuro, que no está garantizado. Va a estar en disputa, va a haber narrativas distintas para explicar lo que está sucediendo. También pueden haber procesos de fortalecimiento de movimientos que ya habían empezado, como los de ultraderecha que en los últimos años aparecieron en varios países. 

--¿Le parece que una posibilidad es que de la pandemia salga fortalecida la ultraderecha?

--No lo sé, hay que ver la dinámica de las crisis. Al mismo tiempo, toda crisis es dramática y es una oportunidad. Nosotros tenemos que reconstruirla como una oportunidad para pensar qué tipo de Argentina vamos a construir en los próximos años. Hay cosas que quedaron demostradas en la pandemia, con los datos y con la evidencia.

--¿Por ejemplo?

--Si tenés un Estado y una salud pública débil, un país librado a los flujos del capital financiero internacional, si te orientás exclusivamente de acuerdo a los deseos de los países centrales, no solamente vas a generar más exclusión sino que vas a tener un país que no va a estar preparado para este tipo de situaciones que, de distintas formas, puede que se repitan en el futuro.

--Aquí sucedió que cuando se dictó la cuarentena obligatoria todo el mundo se mostró de acuerdo, pero después comenzaron a aparecer sectores -políticos, empresarios y mediáticos- que comenzaron a criticar y mostrar diferencias. ¿Por qué cree que sucedió?

--Lo que dice el Presidente es cierto. Hay como dos dinámicas: lo que están a cargo de una gestión están trabajando con el Gobierno en tratar de resolver la cuestión sanitaria. Eso tuvo un impacto político muy claro, que fue que llevó el apoyo a la cuarentena y al Presidente a números elevadísimos. Y eso evidentemente genera una respuesta por parte de sectores que quieren ir erosionándolo. Con el pequeño detalle que estamos viviendo realmente una situación sanitaria muy compleja. Una cosa es el debate democrático amplio y plural y otra actuar de manera con pocas precauciones respecto a las consecuencias que ciertas declaraciones pueden tener.

--¿Fueron las encuestas las que determinaron que se terminara la comunidad y el apoyo a la cuarentena?

--Yo no digo que se terminó la comunidad. Los últimos anuncios se hicieron de manera conjunta, también hay varios operativos donde se trabaja de manera conjunta. El virus no distingue, así que quienes tienen responsabilidad de gobierno están trabajando para enfrentarlo más allá de las diferencias. Fueron otras voces las que se alzaron. No sólo para socavar el apoyo al Presidente sino también el apoyo a dirigentes de otras fuerzas que están acompañando el mismo proceso. 

--La puja se vio muy fuerte en todo lo que se generó alrededor de las domiciliarias a los presos. 

--Sí, ahí hubo una campaña mediática que buscó confundir respecto a los roles institucionales. Es una lógica de acusar al presidente de todo lo que suceda en el país cuando hay distintos niveles de responsabilidades.

--El lema del gobierno es "Argentina Unida" y el Presidente impulsa un discurso antigrieta y suele atender a los medio más críticos. Sin embargo, da la sensación que esa grieta persiste.

--Veo otra cosa. No veo una Argentina dividida como la hubo en otros momentos, que estaba dividida casi mitad y mitad. Hay una Argentina unida pero no es una Argentina uniforme, es una convivencia en la diferencia. Sólo son algunos referentes de la oposición que asumen otra actitud. Vale la pena destacar que en los países donde esto empezó más temprano, los dirigentes que mayor reconocimiento obtuvieron de la ciudadanía son los que no intentaron capitalizar políticamente una situación tan dramática. 

--¿No hay cierta ingenuidad a veces en el Gobierno de pensar que si se atiende a todos y se trata bien a todos la grieta va a terminar? Hay sectores, que exceden a un partido político, que parece que no quieren saber nada con la consolidación de un gobierno que no responda a sus intereses.

--No hay ninguna ingenuidad. Lo que hay es una decisión de avanzar en un camino que implica toda la cuestión sanitaria y, por el otro, todo lo económico y social, a partir de las convicciones que se vinieron planteando desde la campaña electoral. El Gobierno está decidido a avanzar con el programa por el que fue electo, con la nueva realidad que le ha tocado, y eso implica no pensar la política a partir de una iniciativa propia debido a la conflictividad sino que, en todo caso, si hay situaciones de conflictividad que quede claro quiénes son los que lo están promoviendo.



Fuente:  pagina12.com.ar

viernes, 22 de mayo de 2020

Byung-Chul Han y el coronavirus: "La muerte no es democrática"
Por Carmen Sigüenza, Esther Rebollo


Byung-Chul Han y el coronavirus: "La muerte no es democrática". Imagen: EFE

Supervivencia, sacrificio del placer y pérdida del sentido de la buena vida. Así es el mundo que vaticina el filósofo coreano Byung-Chul Han después de la pandemia: “Sobrevivir se convertirá en algo absoluto, como si estuviéramos en un estado de guerra permanente”.

Nacido en Seúl en 1959, Han estudió Filosofía, Literatura y Teología en Alemania, donde reside, y ahora es una de las mentes más innovadoras en la crítica de la sociedad actual. Según describe en una entrevista a EFE, nuestra vida está impregnada de hipertransparencia e hiperconsumismo, de un exceso de información y de una positividad que conduce de forma inevitable a la sociedad del cansancio.

El pensador coreano, global y viral en su fondo y forma, expresa su preocupación porque el coronavirus imponga regímenes de vigilancia y cuarentenas biopolíticas, pérdida de libertad, fin del buen vivir o una falta de humanidad generada por la histeria y el miedo colectivo.

"La muerte no es democrática", advierte este pensador. La Covid-19 ha dejado latentes las diferencias sociales, así como que “el principio de la globalización es maximizar las ganancias” y que “el capital es enemigo del ser humano”. A su juicio, “eso ha costado muchas vidas en Europa y en Estados Unidos” en plena pandemia.

Byung-Chul Han, que publicará en las próximas semanas en español su último libro, "La desaparición de los rituales" (Herder), está convencido de que la pandemia “hará que el poder mundial se desplace hacia Asia” frente a lo que se ha llamado históricamente el Occidente. Comienza una nueva era.


--¿La Covid-19 ha democratizado la vulnerabilidad humana?¿Ahora somos más frágiles?

--Está mostrando que la vulnerabilidad o mortalidad humanas no son democráticas, sino que dependen del estatus social. La muerte no es democrática. La Covid-19 no ha cambiado nada al respecto. La muerte nunca ha sido democrática. La pandemia, en particular, pone de relieve los problemas sociales, los fallos y las diferencias de cada sociedad. Piense por ejemplo en Estados Unidos. Por la Covid-19 están muriendo sobre todo afroamericanos. La situación es similar en Francia. Como consecuencia del confinamiento, los trenes suburbanos que conectan París con los suburbios están abarrotados. Con la Covid-19 enferman y mueren los trabajadores pobres de origen inmigrante en las zonas periféricas de las grandes ciudades. Tienen que trabajar. El teletrabajo no se lo pueden permitir los cuidadores, los trabajadores de las fábricas, los que limpian, las vendedoras o los que recogen la basura. Los ricos, por su parte, se mudan a sus casas en el campo.

La pandemia no es solo un problema médico, sino social. Una razón por la que no han muerto tantas personas en Alemania es porque no hay problemas sociales tan graves como en otros países europeos y Estados Unidos. Además el sistema sanitario es mucho mejor en Alemania que en los Estados Unidos, Francia, Inglaterra o Italia.

Aún así, en Alemania, la Covid-19 resalta las diferencias sociales. También mueren antes aquellos socialmente débiles. En los autobuses y metros abarrotados viajan las personas con menos recursos que no se pueden permitir un vehículo propio. La Covid-19 muestra que vivimos en una sociedad de dos clases.

--¿Vamos a caer más fácilmente en manos de autoritarismos y populismos, somos más manipulables?

--El segundo problema es que la Covid-19 no sustenta a la democracia. Como es bien sabido, del miedo se alimentan los autócratas. En la crisis, las personas vuelven a buscar líderes. El húngaro Viktor Orban se beneficia enormemente de ello, declara el estado de emergencia y lo convierte en una situación normal. Ese es el final de la democracia.

--Libertad versus Seguridad. ¿Cuál va a ser el precio que vamos a pagar por el control de la pandemia?

--Con la pandemia nos dirigimos hacia un régimen de vigilancia biopolítica. No solo nuestras comunicaciones, sino incluso nuestro cuerpo, nuestro estado de salud se convierten en objetos de vigilancia digital. Según Naomi Klein, el shock es un momento favorable para la instalación de un nuevo sistema de reglas. El choque pandémico hará que la biopolítica digital se consolide a nivel mundial, que con su control y su sistema de vigilancia se apodere de nuestro cuerpo, dará lugar a una sociedad disciplinaria biopolítica en la que también se monitorizará constantemente nuestro estado de salud. Occidente se verá obligado a abandonar sus principios liberales; y luego está la amenaza de una sociedad en cuarentena biopolítica en Occidente en la que quedaría limitada permanentemente nuestra libertad.

--¿Qué consecuencias van a tener el miedo y la incertidumbre en la vida de las personas?

--El virus es un espejo, muestra en qué sociedad vivimos. Y vivimos en una sociedad de supervivencia que se basa en última instancia en el miedo a la muerte. Ahora sobrevivir se convertirá en algo absoluto, como si estuviéramos en un estado de guerra permanente. Todas las fuerzas vitales se emplearán para prolongar la vida. En una sociedad de la supervivencia se pierde todo sentido de la buena vida. El placer también se sacrificará al propósito más elevado de la propia salud.

El rigor de la prohibición de fumar es un ejemplo de la histeria de la supervivencia. Cuanto la vida sea más una supervivencia, más miedo se tendrá a la muerte. La pandemia vuelve a hacer visible la muerte, que habíamos suprimido y subcontratado cuidadosamente. La presencia de la muerte en los medios de comunicación está poniendo nerviosa a la gente. La histeria de la supervivencia hace que la sociedad sea tan inhumana.

A quien tenemos al lado es un potencial portador del virus y hay que mantenerse a distancia. Los mayores mueren solos en los asilos porque nadie puede visitarles por el riesgo de infección. ¿Esa vida prolongada unos meses es mejor que morir solo? En nuestra histeria por la supervivencia olvidamos por completo lo que es la buena vida.

Por sobrevivir, sacrificamos voluntariamente todo lo que hace que valga la pena vivir, la sociabilidad, el sentimiento de comunidad y la cercanía. Con la pandemia además se acepta sin cuestionamiento la limitación de los derechos fundamentales, incluso se prohíben los servicios religiosos.

Los sacerdotes también practican el distanciamiento social y usan máscaras protectoras. Sacrifican la creencia a la supervivencia. La caridad se manifiesta mediante el distanciamiento. La virología desempodera a la teología. Todos escuchan a los virólogos, que tienen soberanía absoluta de interpretación.

La narrativa de la resurrección da paso a la ideología de la salud y de supervivencia. Ante el virus, la creencia se convierte en una farsa. ¿Y nuestro papa? San Francisco abrazó a los leprosos...

El pánico ante el virus es exagerado. La edad promedio de quienes mueren en Alemania por Covid-19 es 80 u 81 años y la esperanza media de vida es de 80,5 años. Lo que muestra nuestra reacción de pánico ante el virus es que algo anda mal en nuestra sociedad.

--¿En la era postcoronavirus, nuestra sociedad será más respetuosa con la naturaleza, más justa; o nos hará más egoístas e individualistas?

Hay un cuento,“Simbad el Marino”. En un viaje, Simbad y su compañero llegan a una pequeña isla que parece un jardín paradisíaco, se dan un festín y disfrutan caminando. Encienden un fuego y celebran. Y de repente la isla se tambalea, los árboles se caen. La isla era en realidad el lomo de un pez gigante que había estado inmóvil durante tanto tiempo que se había acumulado arena encima y habían crecido árboles sobre él. El calor del fuego en su lomo es lo que saca al pez gigante de su sueño. Se zambulle en las profundidades y Simbad es arrojado al mar.

Este cuento es una parábola, enseña que el hombre tiene una ceguera fundamental, ni siquiera es capaz de reconocer sobre qué está de pie, así contribuye a su propia caída.

A la vista de su impulso destructivo, el escritor alemán Arthur Schnitzler compara la Humanidad con una enfermedad. Nos comportamos con la Tierra como bacterias o virus que se multiplican sin piedad y finalmente destruyen al propio huésped. Crecimiento y destrucción se unen.

Schnitzler cree que los humanos son solo capaces de reconocer rangos inferiores. Frente a rangos superiores es tan ciego como las bacterias.

La historia de la Humanidad es una lucha eterna contra lo divino, que resulta destruido necesariamente por lo humano. La pandemia es el resultado de la crueldad humana. Intervenimos sin piedad en el ecosistema sensible.

El paleontólogo Andrew Knoll nos enseña que el hombre es solo la guinda del pastel de la evolución. El pastel real está formado por bacterias y virus, que siempre están amenazando con romper esa superficie frágil y amenazan así con reconquistarlo.

Simbad el Marino es la metáfora de la ignorancia humana. El hombre cree que está a salvo, mientras que en cuestión de tiempo sucumbe al abismo por acción de las fuerzas elementales. La violencia que practica contra la naturaleza se la devuelve ésta con mayor fuerza. Esta es la dialéctica del Antropoceno. En esta era, el hombre está más amenazado que nunca.

--¿La Covid-19 es una herida a la globalización?

--El principio de la globalización es maximizar las ganancias. Por eso la producción de dispositivos médicos como máscaras protectoras o medicamentos se ha trasladado a Asia, y eso ha costado muchas vidas en Europa y en Estados Unidos.

El capital es enemigo del ser humano, no podemos dejar todo al capital. Ya no producimos para las personas, sino para el capital. Ya dijo Marx que el capital reduce al hombre a su órgano sexual, por medio del cual pare a críos vivos.

También la libertad individual, que hoy adquiere una importancia excesiva, no es más en último término que un exceso del mismo capital.

Nos explotamos a nosotros mismos en la creencia de que así nos realizamos, pero en realidad somos unos siervos. Kafka ya apuntó la lógica de la autoexplotación: el animal arranca el látigo al Señor y se azota a sí mismo para convertirse en el amo. En esta situación tan absurda están las personas en el régimen neoliberal. El ser humano tiene que recuperar su libertad.

--¿El coronavirus va a cambiar el orden mundial? ¿Quién va a ganar la batalla por el control y la hegemonía del poder global?

--La Covid-19 probablemente no sea un buen presagio para Europa y Estados Unidos. El virus es una prueba para el sistema.

Los países asiáticos, que creen poco en el liberalismo, han asumido con bastante rapidez el control de la pandemia, especialmente en el aspecto de la vigilancia digital y biopolítica, inimaginables para Occidente.

Europa y Estados Unidos están tropezando. Ante la pandemia están perdiendo su brillo. Zizek ha afirmado que el virus derribará al régimen de China. Zizek está equivocado. Eso no va a pasar. El virus no detiene el avance de China. China venderá su estado de vigilancia autocrática como modelo de éxito contra la epidemia. Exhibirá por todo el mundo aún con más orgullo la superioridad de su sistema. La Covid-19 hará que el poder mundial se desplace un poco más hacia Asia. Visto así, el virus marca un cambio de era.



Fuente:  pagina12.com.ar

sábado, 9 de mayo de 2020

Fin de la Segunda Guerra Mundial: ¿cómo será el mundo cuando acabe el orden establecido tras la derrota del nazismo?
por Jonathan Marcus
Corresponsal de Defensa y Diplomacia


El experto Michael Clarke duda que después de la crisis del coronavirus se de un escenario de solidaridad como el de la postguerra.

Más que cualquier otra cosa, la Segunda Guerra Mundial fue el conflicto bélico que marcó nuestro mundo.

El fin de la guerra en Europa, conocido como Día de la Victoria en Europa, no fue el último episodio de la contienda. Aún faltaba la derrota de Japón.

Sin embargo, fue un gran hito que marcó el paso hacia un nuevo orden mundial.

Estados Unidos emergió como gran potencia militar del conflicto, adelantando a Moscú en el desarrollo de armas nucleares. Desde ese momento, se convirtió en el actor primario del poder estratégico global.

Pero la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) se puso rápido al día. Y su decisión de retener el control en gran parte de Europa del Este frustró a aquellos que esperaban un nuevo orden con menor confrontación.

El poder de la URSS provocó la creación de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y un vínculo militar y diplomático entre EE.UU. y Europa Occidental.

“Se creó la idea de Occidente, una alianza de valores que no solo se basaba en las fronteras, sino también en las ideas”, apuntó la historiadora y periodista Anne Applebaum durante un seminario esta semana.

Pero no solo se trató de la creación de la OTAN. Hubo una red completa de nuevas instituciones, tal y como explica el profesor de la Universidad de Exeter Michael Clarke.


El Día de la Victoria en Europa no significó el fin del conflicto, pero marcó la geopolítica de las décadas posteriores.

“Quedó muy poco de la estructura de instituciones internacionales de antes de la guerra. Hubo un consenso generalizado, más que después de la Primera Guerra Mundial, de que era necesario construir un orden global tras la destrucción”, dijo Clarke.

"La creación de la Organización de Naciones Unidas (ONU) fue un logro clave. También el sistema económico de Bretton Woods, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional”, agrega el experto.

“Casi todas las instituciones internacionales dependían de los intereses de EE.UU. y apoyaban su sistema. A partir de ese grupo de organizaciones dominadas por Occidente, un orden internacional muy distintivo evolucionó durante las décadas de crecimiento de los años 50 y 60”, cuenta Clarke.

“Ese orden está ahora bajo presión debido a que sus fundamentos políticos están cambiando de forma significativa”, añade el académico.

¿La razón? La puedes contemplar a diario en la agenda de noticias.


Naciones Unidas, creada en 1945, tiene ahora 193 países miembros.

Cambio de tendencia

China está ascendiendo, al igual que el poder económico en Asia y el lejano Oriente. También crece el populismo en varias democracias occidentales.

Dentro de la OTAN se están produciendo tensiones claras. El presidente de EE.UU., Donald Trump, cuestiona el valor de este organismo para Washington.

Además, estilos autoritarios de gobernanza se están afianzando en Estados miembro como Turquía y Hungría.

La historiadora Anne Applebaum también señala la corriente aislacionista en política exterior que está dominando el Partido Republicano en EE.UU.

Según su opinión, las grietas en el sistema de valores occidentales se debe a que pocos políticos, por no decir casi ninguno, pertenece a la generación inmediata de la postguerra.

Y es que la ignorancia de la historia contemporánea está siendo otro problema.

China no entró en la escena del poder recientemente. El gigante asiático fue uno de los miembros originales permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU.


La URSS retuvo gran parte de su control en Europa del Este para hacer frente al poder hegemónico de EE.UU en Occidente.

“Estados Unidos siempre se preocupó por China antes y después de la guerra”, dice Clarke.

Apenas se recuerda, pero “EE.UU. siempre consideró que la China precomunista sería un gran poder en el nuevo mundo y que, de forma natural, contrarrestaría el antiguo poder imperial de Francia y Gran Bretaña”, dice Clarke.

“Es por eso que EE.UU. quedó tan traumatizado cuando ‘perdió’ China ante los comunistas en 1949. No lo superó hasta 1972 y ahora puede que esté experimentando, otra vez, un síndrome de desilusión ante el rol de China en el mundo”.

En esto coincide el profesor del King’s College de Londres Lawrence Freedman. Pero destaca que durante la Guerra Fría, “la preocupación sobre China era diferente”.

A diferencia de hoy, la China del siglo XX no era vista como una amenaza económica y tecnológica.

Aceleración del cambio

De hecho, Clarke indica que el declive de Washington es más un síntoma que la causa del fin del orden mundial tras 1945. Sin embargo, opina que “Washington está actuando ahora como para precipitar el fin”.

“El nuevo y emergente orden mundial”, dice Clarke, “está basado en el simple hecho de que más de la mitad de la población mundial vive dentro de un círculo que puede dibujarse alrededor de China, India y el sudeste asiático”.

“Esta geografía económica del mundo se traducirá en un orden político nacional que luego conducirá a nuevas estructuras políticas internacionales”, añade Clarke.

¿Cambiará algo con la actual crisis del covid-19?

Clarke no cree que el mundo después de la pandemia será el “Siglo de Asia”, sino que sus efectos crearán disyuntivas reales en la próxima década.

Según su opinión, “China será un perdedor a largo plazo de esta crisis. Primero, por la reacción política a su manejo del problema. Y segundo, porque los países reconsiderarán su dependencia extrema de China en la cadena de suministros”.


75 años después del fin de la Segunda Guerra Mundial en Europa, el mundo se prepara para un nuevo orden global.

Probablemente sea prematuro establecer conclusiones sobre cómo lucirá el mundo en la era postcoronavirus.

Se puede afirmar que tras la Segunda Guerra Mundial emergió un sentido de servicio público y solidaridad. Sería una gran noticia si algo similar ocurriese ahora, pero, tristemente, no hay signos de que este vaya a ser el caso.



martes, 5 de mayo de 2020

"El mundo no fue capaz de unirse y enfrentar la covid-19 de forma coordinada": entrevista a Antonio Guterres, secretario general de Naciones Unidas


El secretario general de Naciones Unidas, Antonio Guterres, habló con la BBC sobre la gestión internacional de la crisis del coronavirus.


Falta de coordinación y de liderazgo.

Para el secretario general de Naciones Unidas, Antonio Guterres, el manejo de la crisis del coronavirus a nivel global ha pecado de falta de sintonía entre los países.

Cuando el mundo ya ha superado los 3.300.000 contagios confirmados y los 230.000 muertos, Guterres se confiesa impactado por el balance de la pandemia.

"Es dramático ver toda la gente que está muriendo y es dramático ver el devastador impacto en economías y sociedades, especialmente sobre la gente más vulnerable", dijo en una entrevista con el periodista de la BBC Nick Bryant.

"Pero no estoy sorprendido, porque desafortunadamente lo que es cierto es que el mundo no fue capaz de unirse y enfrentar la covid-19 de forma articulada y coordinada", agregó.

"Cada país adoptó sus propias políticas, diferentes países con diferentes perspectivas y estrategias. Y esto facilitó la expansión del virus, yendo de un sitio a otro, hacia el sur, después de vuelta… Necesitaríamos, e hice esa propuesta al G20, tener un mecanismo de coordinación de la respuesta internacional por el que todos los países tendrían estrategias complementarias para acabar con la covid-19 y para la salida, la reapertura y la recuperación posterior", agregó.

A continuación ofrecemos un extracto de la entrevista que el máximo responsable de la ONU mantuvo con la BBC.

¿A quién responsabiliza de lo ocurrido? ¿Habla de la gran lucha de poder entre Estados Unidos y China, de esta guerra de propaganda que se ha desencadenado desde que la covid-19 se convirtió en pandemia?

Creo que es obvio que nos falta liderazgo. Eso solo puede ser posible si los países clave, las potencias mundiales clave, son capaces de aproximarse, adoptar una estrategia común y entonces traer hacia ellos al resto de la comunidad internacional.

Esto es una tragedia, pero también puede ser una oportunidad. Me refiero a una oportunidad en relación con el cambio climático, con las desigualdades que persisten en el mundo, con las brechas que existen en nuestros sistemas de protección social… Una oportunidad de reconstruirnos de forma diferente. Pero insisto, esto requiere de una cooperación internacional mucho más eficaz.

¿Cree que la OMS (Organización Mundial de la Salud) desató las alarmas a tiempo? Ha habido quejas de países miembro que dicen que no recibieron alertas en enero o febrero.

Creo que fue lo suficiente para que muchos hicieran lo que desafortunadamente no se hizo. Pero, por supuesto, como he dicho, necesitaremos mirar al detalle lo que pasó y obtendremos lecciones de ello. En mi opinión este no es el momento de hacerlo, este es el momento de concentrar los esfuerzos para combatir la covid-19.

¿Cree que el gobierno de Trump se equivocó al suspender la aportación de EE.UU. a la OMS?

Creo que es esencial mantener todo lo posible los recursos de la OMS, porque en la situación actual, por las razones que mencioné, es imposible reemplazar al organismo en el apoyo que da, especialmente a los países en desarrollo.

Hoy mi principal preocupación es el mundo en desarrollo.

Somos tan fuertes como nuestros sistemas más débiles. Así, apoyar de forma vital al mundo en desarrollo en el momento actual no es una cuestión de generosidad, sino de un interés propio fundamentado.

El norte mundial no puede derrotar al coronavirus si el sur mundial no lo derrota también.

Lo que está diciendo es que el mundo debe mirar esto como una llamada de atención para otra emergencia global, esto es, el cambio climático, y que la nueva normalidad, la normalidad que surja después de esta pandemia tiene que ser diferente, en especial respecto al cambio climático.

Creo que tenemos una oportunidad de hacer las cosas de otra manera. Está claro que el mundo es demasiado frágil para los desafíos globales a los que nos enfrentamos. Esa fragilidad quedó patente con la pandemia porque hubo un impacto inmediato.

Muchos todavía dudan sobre los efectos del cambio climático, porque se extenderán en el tiempo, pero sabemos que ya está aquí y sabemos que ya es devastador. Y creo que ahora tenemos la obligación de organizar la recuperación de forma mucho más amigable con una economía verde y una sociedad verde.



jueves, 30 de abril de 2020

Coronaviurs: Trump maneja "de manera caótica" la crisis y "eso es peligroso para EE.UU. y para el mundo"
por Gerardo Lissardy


Donald Trump enfrenta crecientes críticas por su respuesta a la pandemia.

Esta pandemia de coronavirus será recordada por muchos motivos, y uno de ellos será el modo polémico y extravagante con que el presidente Donald Trump condujo la crisis en Estados Unidos.

La insólita sugerencia de Trump la semana pasada de que inyectar desinfectante podría servir como tratamiento para enfermos de covid-19 se ha vuelto un ejemplo de su respuesta general al reto sanitario.

Trump intentó relativizar su comentario luego, indicando que fue sarcástico, pero expertos en salud lo vieron como riesgoso y hasta se reportaron aumentos de llamadas a centros de control de veneno en EE.UU., aunque sin casos fatales.

Esa no fue la primera vez que Trump es acusado de actuar peligrosamente en plena pandemia: algo similar ocurrió cuando anunció este mes que suspendería la financiación de EE.UU. a la Organización Mundial de la Salud (OMS) por su gestión de la crisis global.

Y a fines de febrero el presidente generó inquietud al intentar relativizar la amenaza del nuevo virus, al sostener que era "como una gripe" e iba a desaparecer como por "milagro", aunque luego dijo que sabía de su gravedad pero buscaba "dar esperanza a la gente".

EE.UU. es hoy el país con más casos de coronavirus en el mundo y Julian Zelizer, un historiador presidencial en la Universidad de Princeton, sostiene que Trump se desempeña en esta crisis de una "manera caótica", diferente a sus predecesores.

Ese manejo de la emergencia "es peligroso para el país y para el mundo, porque esta es una crisis global", advierte Zelizer, autor de varios libros sobre historia política moderna de EE.UU., en una entrevista con BBC Mundo.

Lo que sigue es una síntesis del diálogo telefónico con este profesor de historia y asuntos públicos, analista destacado de la actualidad política de EE.UU.


Julian Zelizer sostiene que Trump ha fracasado en su gestión de la crisis de coronavirus.

¿Cómo definiría el manejo de la crisis de coronavirus por parte del presidente Trump?

Lo defino como caos.

Una cosa es hablar sobre presidentes que luchan por responder de manera adecuada a una pandemia u otra crisis, y eso obviamente ha sucedido: no todos los presidentes hacen las cosas bien; cometen errores en el camino.

Pero esta ha sido una combinación de desinformación, con una especie de ataques aleatorios y una resistencia persistente a dar los pasos que la comunidad científica le pide, de una manera ad hoc, realmente caótica.

No veo otra forma de caracterizar lo que hemos presenciado en los últimos meses.

Después que Trump habló de inyectar desinfectante en personas, usted comentó que él no parece comprender la realidad y que esto es peligroso, por tratarse del presidente de EE.UU. Pero, ¿cómo es peligroso y para quién exactamente: para su gobierno, para el país, para el mundo?

Es peligroso de dos maneras.

El peligro más obvio e inmediato sería para cualquiera que acepte su sugerencia -si eso llega a la cabeza de alguien- ya sea específicamente lo que dijo o todo tipo de recomendaciones falsas peligrosas de cura que hay por ahí. Eso es peligroso.

Pero más peligroso es que distrae la atención de lo que la gente seria está diciendo que debemos hacer como nación.

Y así, cada vez que inyecta eso en el discurso público como opuesto a todo lo demás, desde el distanciamiento social hasta una reapertura cuidadosa (de la actividad) y cómo debe hacerse, consume un tiempo valioso.

La gente se concentra en eso y su propia administración tiene luego que aclarar lo que dice, en lugar de trabajar las 24 horas en pruebas de vacunas, etcétera.

Entonces a ese nivel es peligroso para el país y para el mundo, porque esta es una crisis global, no es una crisis nacional.

Como historiador presidencial, ¿cómo compararía el manejo de esta emergencia por parte de Trump con la forma en que otros presidentes estadounidenses han respondido a diferentes crisis, ya sea la de seguridad nacional el 11 de septiembre de 2001 o crisis económicas y financieras del pasado?

Este es uno de esos elementos distintos de la presidencia de Trump.

De nuevo, hay una larga historia de presidentes que no hacen lo correcto o cometen errores.

Por ejemplo, muchos critican al presidente Woodrow Wilson por no haber hecho lo suficiente con la gripe de 1918.

Hay críticas al presidente (Bill) Clinton y George W. Bush por no hacer lo suficiente para responder a las advertencias antes del 11 de septiembre.

Pero en todos esos casos, una vez que ocurrió una crisis y se revelaron errores, se produce un cierto nivel de gobernanza. Incluso con el presidente Bush: un enfoque en la política, un esfuerzo por comunicar…

Hemos visto en tiempos de guerra, con FDR (Franklin D. Roosevelt) durante la Segunda Guerra Mundial, un esfuerzo por movilizar recursos del gobierno para superar la crisis. Y eso no es realmente lo que estamos viendo ahora.

No hay ningún compromiso de gobierno serio, el presidente no está realmente comprometido a llevar a sala a las mejores y más brillantes personas y no ha movilizado recursos de la forma en que muchos lo necesitaban.

Entonces eso, combinado con lo que acabamos de hablar sobre la desinformación y una fuerte crítica, hace de este un momento muy distinto para la nación: estar en una crisis total y tener un líder de este tipo al mismo tiempo.

¿Cree que manejar una crisis es una oportunidad para unir a la nación y generar empatía con la gente como líder del país, y eso falta en este momento?

Eso es una parte. Hay muy poca empatía, muy poco esfuerzo para tratar de encontrar algún tipo de unidad.

Pero más allá de todo eso, también existe la incapacidad de usar las herramientas tradicionales del gobierno, lo que significa la capacidad de un presidente para tener a los principales expertos a que lo guíen sobre qué hacer.

Tener un escenario no sólo para tratar de calmar al público sino también para proporcionar información que resuene con lo que dicen los expertos, o para que el presidente movilice recursos.

Un presidente tiene todas estas herramientas de gobierno que él (Trump) no ha usado en absoluto.

Y luego está la parte emocional, donde no ha mostrado el tipo de calma y empatía que tradicionalmente esperábamos en estos momentos.

Ahora, tanto él y como sus simpatizantes pueden argumentar que esta crisis es diferente a cualquier otra vista en el pasado y que ningún presidente o gobierno estaba realmente preparado para ella. ¿No es cierto esto?

Hay muchas crisis para las que no estábamos preparados. No estábamos preparados para una especie de guerra mundial contra el fascismo durante la década de 1940. No estábamos preparados para que redes apátridas destruyeran el World Trade Center en 2001. No estábamos preparados para el colapso financiero de 2008 en esa magnitud…

Por lo general, no estamos completamente preparados para lo que sucede. Y una vez que la crisis ocurre, incluso si no estuviéramos preparados o si otros presidentes fueron parte de lo que sucedió, los mandatarios deben asumir la responsabilidad.

Pero la segunda parte es que había elementos en este caso donde el presidente claramente podría haber hecho más. No es que todo esto estalló en marzo. En realidad, era evidente y le dijeron que el problema existía ya en enero, y veremos si fue incluso antes.

Así que hubo pasos que podría haber tomado antes, en términos de trabajar en los tests, del distanciamiento social que llegó mucho más tarde, y de financiar unidades de gobierno que tuvieron problemas el año pasado y son esenciales ahora.

Eran cosas que podíamos ver. Y él no las vio. Eso no es un fracaso colectivo; es más: un fracaso del presidente.

¿Cuánto cree que esta crisis y la respuesta de Trump han dañado sus posibilidades de reelección?

Esto claramente lo lastimó mucho.

Nadie es políticamente estable en este momento. Pero esto lo ha lastimado. Su aprobación no es buena: ha empeorado más allá de la semana inicial (de la crisis), el público no confía en él para manejar esto.

Nunca es bueno ser presidente cuando el país cierra económicamente y las personas no viven una vida normal.

Entonces hay mucha evidencia de que esto no lo está ayudando de ninguna manera y podría incluso costarle el (control del) Senado a los republicanos. Ciertamente los está lastimando y haciéndole más difícil ganar la reelección.

Dicho esto, veremos con (el precandidato demócrata, Joe) Biden. Quién sabe lo que sucederá en los próximos meses. Ningún candidato es invulnerable.

Y hay una cuestión de cómo será la elección. Si estamos socialmente distantes y todavía preocupados por el covid, podría ser una elección de participación muy baja, lo cual beneficiaría al presidente.

Entonces, esto lo lastimó y lo dañó. Pero eso no significa que vaya a perder en noviembre.