sábado, 23 de febrero de 2013

La reunión en Kazajistán entre Irán y el P5+1 parece destinada al fracaso
¿Quiere realmente Obama un acuerdo con Irán?

Al Jazeera

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

Almaty, Kazajistán, estará en el ojo del huracán el próximo martes, cuando el P5+1 –los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, EE.UU., Gran Bretaña, Francia, Rusia y China, más Alemania– vuelva a reunirse con una delegación iraní respecto al programa nuclear de Irán. 

Los antecedentes muestran que las 16 agencias de inteligencia de EE.UU. saben que Teherán no trabaja en un arma nuclear. En una verdadera negociación, habría una oferta creíble de EE.UU. sobre la mesa. No hay ninguna. Eso sugiere que en realidad Washington quiere mantener –e intensificar– su duro paquete de sanciones. 

Consideremos el mecanismo de este “negociación”. Hace solo un par de semanas, el 6 de febrero, una nueva provisión de sanciones de EE.UU. aumentó la presión sobre lo que hasta ahora se conoce como el comercio de “oro por gas”. 

Ankara ha estado pagando a Teherán en liras turcas por su gas importado; Irán luego utilizaba el dinero –depositado en el Halkbank turco– para comprar oro. Ahora las nuevas sanciones imponen estrictamente lo que Irán puede comprar con sus liras turcas; solo alimentos, medicinas y productos industriales.

En el momento justo, los medios corporativos occidentales volvieron a regodearse de cómo Irán ha sido “excluido del sistema bancario global”. Sin embargo, no existe absolutamente ninguna garantía de que estas últimas sanciones den resultados. 

El oro seguirá formando parte de la situación. Un banco turco puede ser amenazado con exilio del sistema financiero controlado por Occidente. Pero los bancos rusos –y chinos– encontrarán cautelosamente un camino para soslayar esto, y llenarán el vacío. En cuanto a Irán, tiene décadas de experiencia en ser sancionado hasta morir y adaptarse a la situación. 

Turquía seguirá necesitando importar gas natural de Irán, su proveedor número uno con un 40%. El otro importante proveedor es Rusia; a pesar de la conducta errática del primer ministro Erdogan, Ankara nunca cometerá el suicidio estratégico de depender de una sola fuente de energía. 

De modo que el único perdedor en este escenario será Turquía. ¿Por qué? Porque es lo que dice Washington. 

Ahora, consideremos la oferta de Washington a Teherán; suspenderemos las sanciones de gas por oro si cerráis por completo la planta subterránea de enriquecimiento de uranio Fordow. No es por accidente que Fordow sería la más difícil de destruir de las instalaciones de Irán en caso de ese perenne “todas las opciones están sobre la mesa”, un ataque estadounidense/israelí. 

En el momento justo, el lunes, el Ministerio de Exteriores iraní, a través del portavoz Ramin Mehmanparast, fue directamente al grano: “Últimamente han dicho ‘cerrad Fordow, detened el enriquecimiento (de uranio), y permitiremos transacciones en oro’… Quieren quitar sus derechos a una nación a cambio de permitir el comercio de oro”. 

Por lo tanto, Teherán ha tomado buena nota de que Washington no ofrece el levantamiento de las sanciones de la ONU; ni levantar sanciones unilaterales de EE.UU. y la UE; ni terminar con lo que equivale a una guerra económica contra Teherán, uno de los temas clave que detallé en esta entrevista con el joven periodista iraní Kourosh Ziabari

Viene la iraquízación 

“Gas por oro” es para Irán, a todos los efectos prácticos, un intento de resucitar el espantoso proyecto de “petróleo por alimentos” impuesto a Irak hasta la invasión/ocupación estadounidense de 2003. 

Y sin embargo, incluso bajo un bloqueo comercial occidental de facto, la dirigencia de Teherán seguirá conectada a mercados en toda Asia, con el incentivo agregado, desde el punto de vista de amplios sectores del mundo en desarrollo, de más progreso por el camino para desechar el petrodólar. 

Consideremos la dirigencia en Teherán. Libró la cruel guerra Irán-Irak de 8 años en los años ochenta. Políticamente, la guerra la consolidó. Está a favor de la “opción japonesa”, o período de latencia, en términos nucleares –o sea dominar la tecnología y el know-how sobre cómo construir un arma nuclear a corto plazo como máximo disuasivo. En los hechos, casi 30 naciones –fuera de Japón– están en la misma situación. 

El sábado pasado en Tabriz, el Supremo Líder Ayatolá Jamenei reiteró:
No queremos fabricar armas nucleares. No porque EE.UU. se molestaría si lo hiciéramos. Es más bien lo que hemos decidido. Creemos que las armas nucleares constituyen un crimen contra la humanidad y no deberían construirse; y que se deberían destruir todas las armas del mundo. En eso creemos; y no tiene nada que ver con vosotros (estadounidenses).
Cuando el Supremo Líder agregó que si Irán “hubiera decidido poseer armas nucleares ninguna potencia podría habérselo impedido”, estaba de hecho explicando en más detalle la “opción japonesa”; incluso si Irán no posee un arma nuclear, ni trabaja en un arma nuclear, si es acorralado y necesita un arma nuclear como disuasión, mantiene abiertas todas las opciones. 

Parece que los gobernantes no han entendido el mensaje en Washington, o en París y Londres. La arrogancia occidental, muestra la historia, es ilimitada. Suponiendo que lo saben mejor, los sospechosos habituales entre diplomáticos y analistas occidentales apuestan a que un paquete duro de sanciones obligará a Teherán a pedir clemencia. 

Qué montón de inútiles. Subid a un avión. Id a Irán. Hablad con los iraníes. Y tratad de aprender algo. 

Si llegaran a hacerlo, aprenderían que para los iraníes, una potencia importante debe estar a la vanguardia de la ciencia,  o sea la tecnología nuclear. Un simple estudio de los medios y de la blogosfera iraníes muestra que de ultraconservadores a reformistas, todos están de acuerdo en que Irán tiene derecho a la tecnología nuclear, como nación firmante del TNP. 

Cobertura a fondo de un creciente debate regional 

Irán necesita energía nuclear para electricidad porque importa demasiado petróleo refinado. Por el momento, Irán puede estar vendiendo menos petróleo debido a las sanciones. Pero eso, por una parte, aumenta el precio global del petróleo (los perdedores, en este caso, vuelve a ser los europeos); y el propio petróleo de Irán se reserva para el futuro, cuando los precios sean mucho más elevados. 

Washington, por su parte, tiende a comportarse como el ciego que dirige al ciego. Es como si ningún “analista” se preocupara de estudiar los últimos 150 años de historia iraní. No, ver la película Argo que compite por el Oscar no basta; el tema clave es la lucha antiimperial. 

Gran Bretaña dio a Irán innumerables ultimatos. Pero al estilo persa, si uno se somete, es un traidor nacional, mientras que aquellos que se niegan a someterse son héroes aunque pierdan, como Mossadegh en 1953.

El actual drama nuclear es un remix/replay del drama de la nacionalización del petróleo de 1951-1953, cuando Irán también se esforzó por llegar a ser independiente y dueño de sus propios recursos naturales. Washington/Londres entonces, no solo dieron ultimatos sino que además promovieron un infame golpe. 

Después de que el Shah fue derrocado a principios de 1979, sobra decir que desde entonces Occidente ha estado amenazando ininterrumpidamente a Irán. 

¿No más opción japonesa? 

Los optimistas profesionales podrán argumentar que se debería suspender la valoración –por lo menos por el momento– sobre las intenciones hacia Irán del gobierno de Obama 2.0. 

No obstante es útil recordar que incluso durante los dos períodos del reformista Presidente Jatami, Washington nunca hizo una oferta seria a Irán, como podría ser un punto final a la obsesión por un cambio de régimen, el levantamiento de las sanciones y permitir que Europa invierta libremente en Irán (para beneficio de Europa). Eso habría logrado resultados impresionantes para ayudar al movimiento reformista en Irán. 

Ahora hemos llegado a un nuevo punto bajo, cuando incluso el Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon puede decir algo tan nocivo como “No deberíamos dar mucho más tiempo a los iraníes, y no deberíamos perder tiempo… Hemos visto lo que sucedió con la DPRK [Corea del Norte]” 

Es como si esta vez el propio jefe de las Naciones Unidas –no George “Eje del Mal” Bush– estuviera pidiendo una guerra contra Irán bajo el pretexto de armas inexistentes de destrucción masiva. 

En realidad, lo que logra esto es sabotear las conversaciones en Almaty incluso antes de que tengan lugar. O Ban Ki-moon mejora sus ingresos en la ONU con un trabajo a tiempo parcial para Bibi Netanyahu, dando un poco más de tiempo a la diplomacia antes que Israel termine por convencer a Washington de que bombardee Irán. 

Bruselas podrá regodearse porque Irán ha perdido 46.000 millones de dólares en ingresos del petróleo desde las sanciones intensificadas del año pasado y porque el rial ha perdido un 40% de su valor. La población iraní podrá haber sido la perdedora, pero la dirigencia en Teherán es más fuerte que nunca; ahora más que nunca porque no tiene problemas para culpar a Occidente de los apuros de Irán. 

El trabajo hacia un verdadero acuerdo EE.UU.-Irán significaría que no haya un cambio de régimen; que se reconozca a como una importante potencia en el Sudoeste Asiático; no más sanciones; que no se siga impidiendo que otros países inviertan en Irán; e infalibles garantías iraníes de que su programa nuclear es solo civil. 

Esto allanaría el camino para que Irán se consolide como la mayor y más dinámica economía de Medio Oriente y el Sudoeste Asiático. 

No parece que vayamos por ese camino. En un próximo libro, Vali Nasr, decano de la Escuela Johns Hopkins de Estudios Avanzados e Internacionales –y, fundamentalmente, exconsejero del gobierno de Obama– admite que la famosa “doble vía” de sanciones combinadas con diplomacia “ni siquiera fue doble. Se basó en una vía y fue la presión… El contacto fue una cobertura para una campaña coercitiva de sabotaje, presión económica y ciberguerra”.

Los ecos de Teherán sugieren que el Supremo Líder cree que todo el ruido del gobierno de Obama 2.0 sobre conversaciones directas con Irán es una trampa. Desde su punto de vista, Almaty sería serio solo si Washington relajara todo el paquete de sanciones –no solo el alivio de gas por oro- a cambio del cierre de Fordow. 

Obama podría hacer… algo, incluso a pesar del peso muerto colectivo de prácticamente todo el Congreso para el cual Irán es peor que malo. 

Augurando un gran acuerdo en un futuro no demasiado distante, Obama podría, por ejemplo, liberar los activos iraníes congelados desde la crisis de los rehenes en 1979 (no, la heroica Argo no trata de eso); podría autorizar la venta de repuestos para la avejentada flota de Boeings de Irán; podría decir al Departamento del Tesoro y al Departamento de Estado que autoricen exenciones a las compañías occidentales que quieran hacer negocios en Irán. 

Y sin embargo se puede afirmar que las tácticas de Obama 2.0 son una extensión de la política exterior de la era de Bush-Cheney: amenazas, maniobras, incluso líneas rojas en continuo cambio, “todas las opciones están sobre la mesa”; y sanciones, sanciones y más sanciones. 

No es sorprendente que Almaty pueda crear expectativas inmensamente bajas. En todo caso, no se decidirá nada sustancial antes de las elecciones presidenciales iraníes en junio. Pero si P5+1 no se organiza –y comienza a portarse de manera adulta– tarde o temprano Teherán podría sentirse seriamente tentado a abandonar la “opción japonesa”. Para siempre. 

Pepe Escobar es corresponsal itinerante de Asia Times. Su último libro es Obama Does Globalistan (Nimble Books, 2009). 


Fuente: Rebelion.org

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