Lavalle
Ítalo Muñoz, un barrio para la gente de campo
Está conformado por 10 familias de trabajadores rurales y prole numerosa. Se ubica en el cruce de las rutas 40 y 34. Los patios de las propiedades tienen dos hectáreas y pronto empezarán un proyecto productivo como fuente laboral.
lunes, 21 de septiembre de 2009
Por los barrios apuntó hacia el norte de la provincia y recaló en el distrito Jocolí Viejo, del departamento de Lavalle, donde sienta sus reales una de las barriadas más pequeñas del territorio, pero con una característica muy peculiar: los fondos de las casas tienen un generoso patio de dos hectáreas.
En ese lugar, casi en el punto de intersección de la ruta nacional 40 norte y la provincial 34, que lleva al centro de la villa de Lavalle, está emplazado el proyecto rural mancomunado denominado "Ítalo Muñoz", que está a punto de cumplir tres años de existencia.
Quien espere encontrar allí un barrio convencional, fallará en el intento, porque se trata de una iniciativa de techo y producción que se vislumbró en los tiempos de Carlos Masoero como intendente y se concretó en 2006, en la administración de Roberto Righi.
El programa que impulsó esta reunión de tierra y hogares se llama Desarrollo del Hábitat Rural, perteneciente al IPV. El terreno para desarrollar el emprendimiento se adquirió a través de la cooperativa de vivienda La Floresta Ltda, de Gustavo André, ofreciéndose luego a la repartición provincial.
Diez familias que estaban dispersas por la geografía departamental y que no tenían techo propio, fueron agrupadas en una superficie de 27 hectáreas para desarrollar un proyecto de producción asociada.
En tan generoso espacio, se construyeron 10 viviendas de 60,43 m2, cuyos fondos tienen asignados nada menos que 2 hectáreas, donde cada propietario y su grupo empezarán a dar forma a una huerta orgánica, con vistas al abastecimiento de la casa y a la venta a terceros.
Las unidades habitacionales costaron $ 68.440. En la puerta de cada lote hay pequeños árboles. "Algún día nos darán sombra protectora", es la esperanza de Juan Domingo Tisera (34, 3 hijos), que sabe que los veranos son rudos por esos pagos.
La iniciativa se completa con un flanco cooperativo todavía más ambicioso. Las 51 personas que integran el conjunto tendrán acceso al uso y explotación de un terreno de 8 hectáreas, en el ingreso del barrio, donde está previsto desarrollar futuros emprendimientos agrícolas asociados, que pueden ir de plantaciones a establecimientos fabriles pequeños.
La trabajadora social Teresa Di Marco, involucrada como guía y apoyo desde el inicio en esta iniciativa social, explicó que los vecinos recibirán asesoramiento técnico municipal y del INTA para que cada familia se convierta en una unidad de producción, dedicada a la fabricación de conservas, la crianza de animales de granja y el cultivo de la tierra.
"El primer paso es el autoconsumo, pero luego se buscará promover ganancias para que las familias vivan de lo que hacen", dijo la empleada, considerada una amiga en cada hogar del Muñoz.
Lo que ha atrasado un poco la salida a la producción rentable es la demora en conseguir los permisos de agua para riego. "Afortunadamente ya se ha obtenido un derecho precario por 10 años y lo que resta ahora es realizar las obras para la canalización interna del líquido", explicó José Blanco, director de Vivienda de Lavalle.
Otra condición del sitio donde se radicó el barrio es que aunque parezca que está en el medio del campo, se encuentra en el cruce de dos rutas, a 8 kilómetros de la villa Tulumaya, la cabecera de Lavalle, por donde pasan medios de transporte. Además, dos servicios básicos no están más lejos de los 300 metros: un centro de salud y la escuela primaria Hilario Cuadros.
Por ahora los contratiempos y el involuntario retraso en dar inicio a las tareas de producción, se soportan, pero los jefes de familia y amas de casa tienen una gran ansiedad por comenzar con las tareas agrícolas.
Eso se debe, por un lado, a que la mayoría siempre estuvo ocupado en chacras y fincas, y por otro, porque hay hogares en los que falta el empleo rentado y sólo se dispone del magro ingreso que dan las changas esporádicas.
Es lo que le ocurre a Rolando Guzmán (40, casado), padre de ocho hijos, tres de los cuales cursan la secundaria. "Viví en distintos lugares, hasta en un rancho de cañas. Tengo mucha fe y eso me sostiene, pero quiero empezar a trabajar lo más pronto posible", dice este hombre que supo estar ocupado en bodegas.
Otro cuadro dramático es el que asume con dignidad Juan Julio Verón (46), padre de cinco hijos, y casado con Élida. "Vengo de Gustavo André; nunca tuve casa propia, siempre fui mediero, ahora estoy parado, no tengo nada", dice con un tono de voz que transmite pesar.
"Por lo menos disponemos de un techo", agrega para compensar el mal momento.
Una historia más de la pequeña barriada la aporta María del Tránsito Castro (67), quien vive con su marido y dos de sus sus 16 hijos y dos nietos. "Estoy muy feliz porque aquí eché raíces por fin. Con mi 'viejo' y mis chicos, cuando eran chiquitos, me mudé muchas veces.
Saltábamos de un lado a otro". El último techo que la cobijó era una tapera de paredes rajadas.
"Nací en un paraje metido en el campo, en 3 de Mayo, que era lindo, pero donde no veíamos nunca pasar un auto", afirma María Cabeza (32), quien no reniega del anterior terruño, pero sostiene que aquí sus cuatro hijos tendrán oportunidad de acceder a una independencia económica y estudiar. De hecho, el mayor, Gastón Tobares cursa la secundaria en el colegio Alicia Moreau de Justo. Miguel Títiro - mtitiro@losandes.com.ar
Un proyecto contra el desarraigo de la tierra
Igualmente hay que reconocer que, por ahora, la solución es acotada a una mínima porción de habitantes lavallinos. Las autoridades sostienen que es un comienzo, aunque es incierto si la iniciativa se podrá repetir en otros rincones de los departamentos menos ricos y más despoblados de Mendoza.
En el Ítalo Muñoz hay muchos niños y adolescentes. Pocos jóvenes. Uno de ellos, Jesús Manuel Díaz (25) siente un gran alivio de vivir allí, lejos del mundanal ruido. "Estoy contento... cierto que el lugar es tranquilo, excesivamente tranquilo, pero encuentro descanso y hay una buena relación con todos los vecinos, que son muy buenos".
Todos los días viaja a la ciudad capital para trabajar en la limpieza de la Estación Terminal de Ómnibus, y luego de descansar, se aplica a estudiar la religión evangélica. Lo que se dice un joven de perfil bajo y humanitario, lejos del bullicio de la ciudad capital, que entorpece el desarrollo de otros muchachos de su edad.
El nombre del lugar, homenaje a un luchador
"Ítalo fue un gran aporte para esta causa. Como nosotros teníamos que desmontar y limpiar el terreno, previo a la construcción, todos los días veníamos al lugar y compartíamos 8, 9 y hasta 12 horas de labor comunitaria", cuenta Juana Esther Bazán, la esposa, y madre de los tres muchachos que tuvo con el empeñoso Ítalo.
"Él era el primero en llegar, siempre jovial, salvo cuando perdía Boca Juniors. Animaba los asados comunitarios que hacíamos y tenía muchas ilusiones para el tiempo en que esperaba radicarse en la zona", fue el aporte de otro lugareño, Rogelio Peleitay (47).
Un virus maligno segó su vida en mayo de 2006 y en octubre se entregaron las viviendas. Tenía 51 años y muchas ganas de trasponer el umbral de su hogar, al que vio sólo a medio terminar.
En síntesis
- Ubicación: en el cruce de las rutas 40 y 34, Jocolí Viejo.
- Terreno afectado: 20 hectáreas.
- Viviendas: 10, con fondos de 2 hectáreas.
- Total de habitantes: 51, 23 de ellos menores, adolescentes y jóvenes.
- Distancias: a 21 km de la capital y a 8 km del centro de Lavalle.
Fuente: Los Andes Online


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