sábado, 4 de septiembre de 2010

Migración

El crudo relato de un mendocino deportado de EEUU

Tiene 50 años y ha vivido más de la mitad de su vida en Norteamérica. Lo detuvieron a la salida de una audiencia por conducir con la licencia vencida y estuvo 13 días "encadenado". Sus familiares continúan allá, viviendo como prófugos, y volverán a Mendoza a fin de mes. 

sábado, 04 de septiembre de 2010
El crudo relato de un mendocino deportado de EEUU
Rodolfo Mariano Gil. (Claudio Gutiérrez / Los Andes)






El 9 de agosto, Rodolfo Mariano Gil (50) estaba trabajando, como cualquier otro día, en su compañía de decoración de interiores de Boyton Beach (Florida). Al día siguiente se encontró a sí mismo esposado de manos y tobillos, y hasta con una cadena que le sujetaba la cintura.

Lo habían aislado en una oficina de migraciones de ese Estado a la salida de lo que era, hasta ese momento, una audiencia judicial del montón. De un día para el otro y de la manera menos esperada, la vida tranquila de este mendocino se complicó y se tornó una pesadilla.

Tras 26 años viviendo en los Estados Unidos -a donde llegó en busca del tan idealizado "Sueño  americano"-, y esperanzado con la tantas veces prometida e incumplida reforma migratoria para poder legalizar su residencia; hace nueve días regresó al país tras ser deportado y ser tratado como el peor terrorista.

"Se le está dando mucha difusión a lo que está pasando en Arizona, pero en Florida la situación no es muy distinta. En todo el país se está viviendo lo mismo, un renacer del racismo hacia los latinos y una 'cacería' indiscriminada contra los inmigrantes", destaca el hombre, quien está viviendo en su casa de Dorrego.

Vida tranquila

Mariano reconoce que nunca tramitó los papeles de la residencia, aunque destaca que estaba esperando la flexibilización de la ley migratoria para hacerlo, junto a su mujer y sus dos hijos de 15 y 17 años. "Intenté hacerlos un par de veces, pero no pude completarlos.

Tampoco quería hacerlo de forma ilegal. Además, había sacado la licencia de conducir, que es el documento con el que se hacen todos los trámites allá", destaca, agregando que tenía todo registrado y en regla, desde la vivienda hasta el negocio que había inaugurado.

En 1985, cuando el panorama no era nada alentador para el matrimonio, Mariano, su mujer Elizabeth y sus por entonces dos hijos (los más grandes) hicieron las valijas y partieron. "Entré con una visa que tenía validez por seis meses y allá me asenté, encontré estabilidad y puse hasta mi compañía", destaca en diálogo con Los Andes.

Gil tramitó la licencia de conducir y ese documento le fue suficiente para inscribir su negocio, comprar su casa y hasta hacer todos los aportes jubilatorios. "No tenía ningún antecedente policial y todos los impuestos también estaban pagos", sostiene.

Todo por la licencia

El calvario del mendocino comenzó el 10 de agosto, a raíz de un episodio que protagonizó un mes antes. "El 10 de julio me paró la policía en un control de rutina y me hicieron una multa porque tenía la licencia expirada", relata mostrando el comprobante de la infracción.

Ya con el acta labrada, la audiencia en la Corte quedó fijada para el 10 de agosto. Y, cumpliendo con el deber ciudadano, Gil se presentó ante el juez ese día. "En la audiencia me acuerdo que el juez tuvo un muy buen trato hacia mí y me volvió a citar para el 17".

Pero esa cita nunca se concretó. "A la salida me paró un oficial de migraciones. Me pidió el documento y como no lo tenía, me esposó y me encerró en un cuarto", continúa con su relato.

Allí, comenzó el periplo del mendocino quien, esposado de manos y pies, fue trasladado primero a una oficina de migraciones en Miami y luego a una cárcel en Broward, a una hora de distancia.

"Estuve trece días detenido, y ahí me encontré con personas de todos los países. Hablé varias veces con mi familia, pero nunca se me dio una explicación. Recién el 24 de agosto a la noche apareció un oficial y me comunicó que me iban a deportar al día siguiente. En ese momento pude decírselo a mi familia. Me sacaron de la celda a las 22.30, me volvieron a encadenar y así estuve hasta las 6.30 del otro día, afuera de la celda, pero en la misma cárcel", recuerda, con la voz partida.

A primera hora del 25 fue trasladado al aeropuerto de Miami, donde permaneció esposado y acompañado por un oficial hasta las 20.30 que salió el avión hacia Buenos Aires. "Me acompañó hasta el túnel, como si fuese un familiar que me iba a despedir", rememora con una mezcla de ironía e impotencia.

Lo que sigue

Elizabeth, y sus hijos más chicos Gabriel (17) y Matías (15) siguen en Miami haciendo una vida de prófugos, como si estuviesen acusados de un homicidio múltiple.

Tienen hasta miedo de volver a su casa de Boyton Beach, temiendo que Migraciones esté tras sus pasos. Por eso es que viven en lo de Pamela, otra de las hijas del matrimonio.

"Mis hijos no quieren volver a la casa, tienen un daño psicológico muy grande. Mi mujer ha vuelto a buscar algunas cosas medio a escondidas", agrega Mariano, quien está tratando de recuperar sus objetos personales con la ayuda de algunos amigos.

Si todo sale bien, los tres estarán nuevamente en Mendoza a fin de mes, viviendo nuevamente como una familia.

"Duele dejar todo allá. Tres nietos (hijos de sus hijos más grandes), toda una vida, un trabajo, una casa que ya ni siquiera es mía. Mis hijos tenían que empezar la escuela y no pudieron. Matías lleva diez años jugando al fútbol y ha sido convocado para jugar en el sub 15 de EEUU. ¡Lo habían vuelto a convocar para fin de año!", aclara y agrega que la organización de fútbol estadounidense ya se había comprometido a gestionar los papeles del chico.

Pero todo quedará trunco y volver al país del norte ni siquiera está en los planes de Gil, quien al menos sueña con que se le reconozcan los aportes de tantos años. Ignacio De la Rosa - idelarosa@losandes.com.ar 

Persecución que asusta


Durante los últimos meses, la polémica ley 1.070 de Arizona -conocida también como la Ley del Odio, por lo intolerante que es hacia los inmigrantes- ha ganado protagonismo en los medios de comunicación de todo el mundo.

La normativa supone una estricta acción contra la inmigración ilegal, criminaliza a los inmigrantes sin documentos y considera sospechosos de crímenes a todos los que por su aspecto puedan parecer inmigrantes. "Lo que pasa en Arizona no es algo exclusivo de Arizona, es una ola que se expande por todo el país", destacó Mariano Gil,

Del mismo modo, el mendocino indicó que son muy comunes marchas de hijos de inmigrantes nacidos en Estados Unidos pidiendo la regularización de sus padres, ya que la ley estipula la deportación de los ilegales, pero no incluye a los hijos, quienes deben ser adoptados o criados por otra familia estadounidense. 

Fuente: Los Andes Online

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