“Las banderas no son trapitos”
El ministro de Relaciones Exteriores dijo a
Página/12 que el Mercosur y la Unasur decidieron rechazar que recalen
barcos con la bandera de las islas porque hay una nueva visión sobre la
defensa de los recursos naturales en la región.
En
diálogo telefónico con este diario desde Guatemala, donde terminó ayer
su gira centroamericana, el canciller Héctor Timerman interpretó que la
comunicación pública de los Estados Unidos sobre que el litigio de las
islas es un tema de la Argentina y del Reino Unido representa un llamado
de atención a lo que definió como “escalada militarista” por parte de
Londres.
–En primer lugar, los Estados Unidos hicieron un reconocimiento de
que entre la Argentina y el Reino Unido hay un problema bilateral
pendiente de soberanía –afirmó Timerman.
–Los Estados Unidos hablaron de una administración de hecho de las Malvinas por parte del Reino Unido.
–Eso es importante. Las islas están bajo el dominio británico. Pero
los Estados Unidos no hablaron de derecho en ese aspecto sino sólo del
costado fáctico. Por lo tanto, eso significa que dejan librado el
conflicto pendiente entre la Argentina y el Reino Unido a las
negociaciones bilaterales. Es un gran logro para la posición argentina y
por eso la expresión de la postura norteamericana fue recibida con
mucho beneplácito por toda América latina.
–¿Qué parte de la posición de Washington percibe el gobierno argentino que cayó bien en América latina?
–La decisión acerca a los Estados Unidos a un reclamo argentino que
se convirtió en un reclamo latinoamericano. Entonces no podemos más que
congratularlos, como argentinos y como latinoamericanos, cuando
recibimos un fuerte apoyo a nuestra iniciativa permanente de convocar al
Reino Unido a un diálogo pacífico. La Organización de las Naciones
Unidas lo viene pidiendo desde 1965. No es un capricho, es parte de la
legalidad internacional.
–¿Al Gobierno lo sorprendió la comunicación oficial de los Estados Unidos sobre Malvinas?
–Vamos a los hechos: desde que asumió Néstor Kirchner, el 25 de mayo
de 2003, en cada reunión bilateral con los Estados Unidos la Argentina
explicó su posición pacifista y dialoguista sobre la necesidad de
negociar la recuperación de la soberanía sobre las Malvinas. Y en
términos personales me consta desde que fui designado embajador en
Washington y luego canciller durante el primer gobierno de Cristina
Fernández de Kirchner y ahora durante el mandato que comenzó el 10 de
diciembre. Sobre los Estados Unidos conviene retener un dato. En la
Organización de los Estados Americanos, que los Estados Unidos integran,
las resoluciones sobre Malvinas son aprobadas por consenso. Y siempre
hablamos de la cuestión en las reuniones bilaterales. Siempre.
–¿Pero los sorprendió?
–No me sorprendió. Sí me parece importante destacar que los Estados
Unidos dieron a conocer su posición justo cuando la Argentina había sido
acusada de colonialista por parte del primer ministro británico David
Cameron y se había reunido el Consejo Nacional de Seguridad inglés, el
martes último. El Reino Unido estaba en medio de una escalada
militarista.
–¿Por qué “escalada militarista”?
–¿Para qué un gobierno refuerza las posiciones militares y pone el
tema dentro del Consejo de Seguridad Nacional? Por eso, Gran Bretaña
merecía un llamado de atención por parte del mundo. Deben saber que
entraron en un camino peligroso en el cual la Argentina no quiere ni va a
participar. La postura norteamericana también es un llamado de atención
a Gran Bretaña para que abandone el camino militarista y se siente a
negociar.
–¿El Gobierno atribuye algún motivo especial a la actitud norteamericana?
–Los propios Estados Unidos actúan y explican sus posiciones, pero
me imagino que habrán valorado el impacto que tiene la cuestión de las
Malvinas en América latina. El miércoles ya vimos públicamente la
respuesta del canciller brasileño Antonio Patriota durante la visita a
Brasilia del canciller británico William Hague.
–Patriota dijo que confirmaba la decisión del Mercosur de no
aceptar barcos con bandera que diga “Falklands”. ¿Hablaron con él
después de las declaraciones de prensa que manifestó con Hague a su
lado?
–Lo llamé yo mismo y le expresé la satisfacción que sentimos los
argentinos por el acto de hermandad que protagonizó. En realidad, volvió
a poner en palabras lo que constituye una política de Brasil acerca de
Malvinas, sobre todo en los gobiernos de Luiz Inácio Lula da Silva y de
Dilma Rousseff. La decisión de prohibir que recalen en puertos de países
del Mercosur barcos con bandera de las islas es jurídicamente mucho más
importante de lo que aparece a veces en algunos análisis apurados.
–¿Por qué al Gobierno le parece clave?
–En el 2010 Unasur resolvió la prohibición del ingreso de barcos que
enarbolen la bandera de Malvinas a puertos de la región. Lo mismo hizo
después el propio Mercosur. Y en concreto Uruguay rechazó el ingreso de
un pesquero de las islas por expresa orden del presidente José Mujica.
Esto motivó que algunos analistas dijeran: “Es una estupidez la medida.
Los barcos cambian de bandera y se acabó”.
–Y no es así.
–No, sería una locura analizar las cosas de esa manera. La Argentina
no busca organizar un bloqueo a las islas. Sólo quiere contrarrestar el
interés británico con un hecho jurídico que se opone a una medida de
facto. Si ante la medida de facto, que es un barco atracando en un
puerto del Mercosur con bandera de las islas, ningún país dice nada,
quiere decir que está reconociendo la juridicidad de ese hecho. Por eso
era tan importante que no se aceptara la llegada de barcos con esa
bandera. Le hemos quebrado al Reino Unido una estrategia de hechos
consumados. Las banderas no son trapitos. Si al aceptar un pasaporte se
reconoce la entidad de otro país, ¿cómo no va a ser importante una
bandera? Vencimos la estrategia inglesa y fue una gran victoria
argentina. Esta victoria fue la que motivó la reacción intempestiva de
Cameron.
–No es la primera vez que escucho la palabra “intempestiva”
en estos días. El Gobierno ya la usó para responderle a Cameron cuando
el primer ministro dijo que la posición argentina de no reconocer el
derecho de los isleños a la autodeterminación es “colonialista”.
–Gran Bretaña nunca les preguntó a los residentes de Hong Kong sobre
la autodeterminación antes de ceder otra vez la soberanía a la
República Popular China. Y no es una cuestión de número. En la ciudad de
Buenos Aires y en la provincia viven más ciudadanos británicos que en
las Malvinas. Y no cuento a los galeses de Chubut. Pero aquí también
prefiero apelar a la legalidad internacional. La ONU no reconoce el
derecho a la autodeterminación de los malvinenses. Para la ONU son
objeto de Derecho, pero no sujeto. Los únicos que pueden negociar, para
la ONU, son Gran Bretaña y la Argentina. Sólo los dos países, y no los
isleños, pueden hablar como partes litigantes.
–¿Qué novedad aportó la gira por América Central?
–El viaje tuvo resultados fantásticos. El apoyo de los países
centroamericanos fue categórico. En América central hay un deseo muy
grande de conectarse con el Mercosur. Vi un gran cariño y un gran
respeto por la Argentina. Hay una huella argentina importante. Hay un
entendimiento y un reconocimiento de ver más hacia el resto del
continente, de relacionar el mercado común de Centroamérica y el
Mercosur. Ello se suma a una visión cercana en temas multilaterales, en
la necesidad de la cooperación. Tenemos seis proyectos de cooperación en
los seis países de Centroamérica. Tienen que ver, por ejemplo, con
derechos humanos, gobernabilidad y desarrollo social.
–Más allá del reclamo de soberanía por Malvinas, ¿qué efecto simbólico tienen las islas hoy para el resto de la región?
–Este año la Argentina va a impulsar en el Mercosur y en distintos
foros la necesidad de proteger los recursos naturales del Mercosur.
Estamos hablando, entre otros elementos, de agua, petróleo, etcétera.
Queremos que el Mercosur tome la cuestión de la defensa de los recursos.
–Unasur lo tomó en el Consejo Sudamericano de Defensa.
–Sí. Petróleo, pesca, agua, minería, nos parece que en la actual
situación mundial tienen un rol estratégico muy importante. Debemos
unirnos en la defensa de los recursos. De los renovables y los no
renovables. Esa va a ser la bandera que va a levantar la Argentina.
Todos estamos de acuerdo en que no vamos a permitir que en este momento
ocurra lo mismo que pasó desde el siglo XV en adelante. No puede ser que
potencias militaristas abusen de los recursos naturales en la región.
En ese sentido, Malvinas es un ejemplo. Lo que ocurre en Malvinas en
principio con el petróleo y la pesca no queremos que suceda en otro
lugar de la región.
–Una interpretación dice: Cameron y Cristina elevan la presencia pública del litigio sobre las islas por necesidades internas.
–Hablo de lo que me corresponde, que es la Presidenta. La conozco
hace muchísimos años. Cuando empezamos a conversar de política, me
acuerdo que le dije: ‘Cristina, sos muy malvinera’. Hablaba mucho e
intensamente del tema. Obviamente no era presidenta y yo ni pensaba en
ser funcionario público. Siempre me impresionó la defensa que hacía de
la importancia de la cuestión de las islas. Logré entenderlo cuando fui
conociendo a más santacruceños. Allá las Malvinas son parte de la
vivencia diaria. Me impresionaba la vehemencia con la que Cristina
hablaba de un punto que para ella era un verdadero tema político. Y era
otra realidad. Era una dirigente política. Hoy es, además, la
Presidenta. Es lógico que sea coherente y sostenga desde el Estado lo
que siempre pensó, que por otra parte en todo momento tuvo una expresión
de pacifismo. En la génesis del pico de estos días estaba el hecho de
que quienes estaban llevando el conflicto hacia un punto más álgido eran
los funcionarios del gobierno británico. Nosotros sólo hacemos una
cosa: no dejar sin respuesta la agresividad. No mandamos soldados ni
convocamos a ningún consejo de seguridad nacional. Decimos hay que
sentarse a dialogar como establece la ONU. Si los países poderosos no
cumplen con la ONU, entonces la ONU dejará de tener sentido.
–¿La Argentina dará prioridad a las acciones internacionales
este año, cuando se cumplan treinta años del desembarco en las islas
resuelto por la dictadura y la guerra posterior, o el que viene, cuando
se conmemoren los 180 años de la ocupación de las islas por parte de los
británicos?
–La estrategia política está en manos de Cristina. Sí puedo afirmar
que sería un error que Gran Bretaña basase toda su estrategia sobre el
fundamento bélico. Por un lado, está clarísimo que la Argentina tiene
una manifiesta vocación pacífica. Por otro lado, incluso en noviembre de
1982 la ONU dijo que el conflicto armado que había tenido lugar ese año
no cambiaba la obligación de negociar pacíficamente. Por eso digo que
basar la estrategia en los antecedentes bélicos no debería ser la forma
de encarar el tema por parte de los británicos. Igualmente, la Argentina
va a seguir insistiendo en la necesidad de negociar. La Argentina ya
está sentada a la mesa de negociaciones. Que se sienten, por favor, los
británicos.
–¿Asombró a la Argentina la posición chilena de apoyo a la medida del Mercosur?
–Chile tuvo una actitud muy solidaria y es para nosotros un motivo
de orgullo. Adoptó todas las medidas de Unasur en forma muy enfática.
Los puertos de Chile también están vedados a buques con bandera de las
islas y no se permite que atraquen buques de guerra.
Fuente: pagina12.com.ar



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