Un incidente diurético
Página 12
El soldado afgano
que el viernes 20 mató a cuatro efectivos franceses e hirió a una docena
o más –ocho se encuentran graves– no era un recluta talibán, como
pretendió un comunicado triunfalista: el hombre había visto el
documental de 40 segundos que alguien subió al blog TMZ y que muestra a
cuatro marines sonrientes orinando los cadáveres de presuntos enemigos.
Para el presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, el hecho arroja serias
dudas sobre la eficacia del entrenamiento que las tropas de la OTAN
imparten al naciente ejército afgano y podría adelantar el regreso de
los 3600 militares de su país estacionados en el país asiático.
Se
puede considerar que esa profanación es una más de las perpetradas a
los afganos, talibán o no, presos en Abu Ghraib, o cercados en Fallujah
por las tropas de la OTAN que incluso utilizaron gases venenosos y
mataron talibán y civiles por igual sin distinción alguna. Sólo que es
un síntoma de otra naturaleza: aumenta el número de tropas aliadas
muertas por los mismos que entrenan. El muy británico The Guardian
publicó una lista, más bien escueta, de esa clase de guerra interna: el 3
noviembre del 2009, un policía afgano eliminó desde el techo de una
vivienda a cuatro soldados británicos, hirió a ocho y logró escapar; en
2010, un soldado afgano asesinó a tres británicos en la provincia de
Helmand, y un policía a ocho soldados estadounidenses durante un
entrenamiento en Nangahar antes de suicidarse.
Estos incidentes
fueron in crescendo en el 2011. El 18 de febrero, un soldado afgano
ametralló a tres soldados alemanes en la provincia de Baghlan; el 27 de
abril, un piloto muy experimentado de la fuerza aérea de Afganistán
disparó contra un grupo reunido en Kabul, la capital, dando muerte a
ocho efectivos de EE.UU. y a un contratista civil antes de ser
derribado; el 9 de noviembre, las víctimas fueron tres soldados
australianos y el 29 de diciembre, dos militares de la Legión Extranjera
francesa. Se estima que el número total de efectivos aliados caídos en
sucesos similares asciende a 57. ¿A qué se debe esta reacción? ¿Raptos
de locura? ¿Patriotismo recuperado? ¿El stress post-traumático del
combate, como proponen especialistas de la OTAN?
El Pentágono
decidió investigar las razones y resultaron bien otras. Por ejemplo, la
extrema arrogancia, los abusos y “el trato rudo” que los soldados
afganos reciben de los instructores extranjeros. El informe asimismo
califica de “profunda deshonestidad intelectual” la afirmación del
comando de la OTAN de que son extremadamente raras las muertes de sus
efectivos a manos de soldados o policías afganos. La de los cuatro
franceses el viernes 20 –dice– “refleja una creciente amenaza
sistemática de homicidios (entre ‘aliados’ de una magnitud sin
precedente en la historia militar moderna)” (www.guardian.co.uk,
20-1-12). Y advierte que el problema es tan serio que “está provocando
una crisis de seguridad y de confianza entre los occidentales que
entrenan y trabajan con las Fuerzas Afganas de Seguridad Nacional”. Los
efectivos alemanes de Baghlan se niegan a patrullar con los afganos.
Tuvieron ya bastante con tres bajas.
Un informe del científico
conductista Jeffrey Bordin señala que la mayoría de estos “asesinatos
fratricidas” –así los llama– son producto de “una profunda animosidad
estimulada por conflictos sociales y personales” (www.michaelyon-online.com,
12-5-11). El Dr. Bordin entrevistó a 623 miembros de las fuerzas de
seguridad afganas, 215 soldados estadounidenses y 30 intérpretes afganos
que trabajan para éstos y encontró que el desprecio y la incomprensión
imperan por igual en instructores y entrenados. Subraya que se trata de
“una crisis de incompatibilidad cultural”, pero el problema admite otras
complejidades.
“Los soldados de EE.UU. no escuchan, son
demasiado violentos, imprudentes, intrusivos, soberbios, profanos,
aprovechados que se ocultan detrás de una tecnología de vanguardia...
los civiles pagan cuando uno de los suyos cae”, fueron algunas opiniones
de efectivos afganos recogidas por el investigador. La otra parte no se
quedó corta: los soldados afganos “son cobardes, incompetentes,
obtusos, ladrones, complacientes, holgazanes, drogradictos, radicales
traidores y asesinos”, espetaron los soldados estadounidenses. Ni el
gobierno de Karzai, ni los mandos de la OTAN han logrado frenar
semejante hostilidad.
Esta situación podría tener consecuencias
políticas no triviales. La Casa Blanca y su aliados vacilan en abandonar
Afganistán con una población civil cargada de odio a los ocupantes y
fuerzas de seguridad permeadas por el mismo sentimiento. La creación de
un ejército afgano operativo contra los talibán es la base fundamental
del designio de Obama, tantas veces reiterado, de retirar sus tropas a
fines del 2014. ¿Lo hará?
Fuente: Rebelion.org


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