Diálogo euro-ruso en el contexto de la transición geopolítica unimultipolar
Dossier Geopolitico
Discurso del autor ante la Delegación de la Comisión Europea en su sede Romana, en el Ciclo de conferencias: “Rusia y Europa: perspectivas para un diálogo”, el pasado jueves, 24 de mayo de 2012.
Señoras y señores, estimados participantes, ¡buenos días!
Personalmente
para mí, pero sobre todo para el IsAG, el instituto que aquí
represento, es un honor participar en la mesa redonda sobre del diálogo
euro-ruso con destacadas personalidades académicas rusas e italianas.
Ante todo quisiera agradecer a los organizadores. Esta mesa redonda se
realizó gracias a la colaboración de la Universidad “La Sapienza” de
Roma (agradeciendo especialmente al profesor Antonello F. Biagini), la
Fundación Russkij Mir, representada por la profesora Natalia Fefelova,
el centro de estudios políticos, económicos y sociales EURISPES,
dirigido por el profesor Marco Ricceri, el Instituto para la Democracia y
la Cooperación, dirigido por el doctor John Laughkand, la Fundación
para la Perspectiva Histórica, dirigida por Natalija Naročnickaja, el
Departamento para Europa y América del Instituto para la Información de
Ciencias Sociales de la Academia Rusa de Ciencias, dirigido por
Ekaterina Naročnickaja, el IsAG y la Delegación en Italia de la Comisión
Europea dirigida por el doctor Lucio Battistotti, quien agradezco por
la hospitalidad en esta espléndida sala de conferencias.
Se
puede afirmar que esta mesa redonda es el resultado del diálogo que
diversas entidades italianas, como nuestras organizaciones, están
individualmente llevando adelante junto con los interlocutores rusos.
Después de haber escuchado con mucha atención y curiosidad los relatores
que me han precedido, quisiera introducir en la conversación algunos
elementos geopolíticos acerca del significado del actual diálogo
euro-ruso.
Según mi parecer cuando hablamos de cooperación,
diálogo o, en un sentido más amplio, de relaciones entre Estados, es
importante (y apropiado) tomar en cuenta el punto de vista geopolítico,
es decir, la perspectiva que emerge del análisis geopolítico del período
histórico en el que el diálogo acontece. Necesitamos este tipo de
interpretación geopolítica del diálogo, en particular, para implementar
los resultados del mismo diálogo con recíproco beneficio de los actores
implicados y, sobre todo, para comprender más acertadamente el cómo y en
qué medida el desarrollo y los resultados del diálogo puedan tener un
efecto – en el medio y en el largo plazo – en la evolución de las
relaciones internacionales entre los Estados y las organizaciones
comprometidas.
El diálogo entre las naciones, las organizaciones y
los pueblos es siempre deseable: se hace hasta inútil tener que
remarcarlo. Sin embargo, podemos afirmar que el diálogo entre actores
políticos –que manifiestan diferentes visiones y por lo general son
portadores de intereses divergentes– tiene sentido sólo si se basa en
los comunes intereses estratégicos y de largo plazo. Y esto es aún más
cierto si los actores comprometidos son tan importantes para el mundo
entero como lo son, sin duda, Rusia y las naciones agrupadas en la Unión
Europea. Al contrario, si no existen intereses estratégicos
convergentes, el diálogo se reduce a pura y simple retórica política
(retórica que por añadidura esconde la conflictividad de los proyectos
geopolíticos), o a lo sumo se concentra en intereses que convergen según
la contingencia y se reducen a los de breve plazo, y que por
consiguiente sería mejor analizarlos en el contexto del estudio de las
Relaciones Internacionales.
Por lo que se refiere al diálogo
entre Europa y Rusia, tenemos que definir antes que todo, aun sea de
modo sintético, el escenario geopolítico actual. Por una serie de
razones estamos atravesando un cambio geopolítico. El análisis del
momento histórico actual nos muestra que nos hallamos en una fase de
transición geopolítica. Podemos definir esta fase como la de la
transición uni-multipolar. Durante esta etapa el Sistema occidental,
dirigido por los EE.UU. (y en el cual Europa y Japón permanecen
innaturalmente contenidos, no por una objetiva comunidad de intereses,
sino que por acontecimientos acaecidos hace algunas décadas), aparece en
constate decadencia.
Resumiré brevemente algunos elementos que indican la decadencia del Sistema occidental:
1. La elefantiasis
(un tipo por así decir de gigantismo geopolítico) del Sistema, que
encierra a todo el hemisferio occidental (las “dos” Américas) y, por
razones geoestratégicas, Europa y Japón;
2. Las cíclicas crisis económico-financieras (cada 30-40 años el Sistema occidental enfrenta una grande crisis: en los años ’30, en los ’70 y actualmente a partir del 2008;
3. Las dificultades en la administración de las crisis militares y hasta aquellas de carácter politico y diplomáticas;
4. La adopción de una creciente militarización de la práxis geopolítica de parte de las naciones-líder del Sistema occidental (que evita las normales vías diplomáticas).
Entretanto
asistimos, día tras día, al surgimiento de nuevos actores geoeconómicos
y geopolíticos. Los nuevos actores empiezan a organizarse a partir de
sus puntos fuertes geopolíticos, basándose en las necesidades comunes en
una perspectiva de largo plazo. Además, observamos, que los nuevos
actores muestran un mayor interés en asumirse responsabilidades a nivel
global. La acción conjunta de los nuevos actores prefigura un nuevo
orden mundial que, razonablemente, podríamos definir multipolar. Por
consiguiente, estamos atravesando, a nivel geopolítico, un proceso de
transición del viejo sistema unipolar (bajo dominio Occidental) al nuevo
orden multipolar. Diversas naciones, como Rusia, India y China que se
hallan en el interior de la masa continental euroasiática y Brasil en el
hemisferio meridional, cada vez más se hallan interconectadas entre
ellas; y siempre con mayor frecuencia en sus agendas introducen temas
típicamente geopolíticos.
Después de esta breve introducción,
necesario para ofrecer algunas coordenadas geopolíticas dentro de las
cuales poder moverse, podemos pasar al diálogo entre Rusia y Europa. La
Federación Rusa es un extenso Estado soberano, es decir, un Estado libre
de elegir sus propias alianzas con el objetivo de reforzar su rol de
actor global. Además, Rusia es un Estado que por razones propias a su
posición y extensión geográfica y a la considerable cuenca de recursos
naturales, constituye el área pivot de toda la masa continental
eurasiática.
La existencia de una Europa fragmentada en diversos
Estados nacionales ya desde finales de la Segunda Guerra Mundial ha
intentado, sin suceso, llevar a cabo una unión política. Esto no fue
posible –como demuestra el análisis geopolítico– por una razón
fundamental: Europa no es un verdadero actor geopolítico. A
nivel geoestratégico, Europa constituye en realidad la cabeza de puente
de los EE.UU. en la masa continental eurasiática. Esta condición limita
los niveles de libertad decisorias de Europa: de hecho la UE no posee
una clara y autónoma política exterior común, ni un autónomo sistema de
autodefensa colectiva. Las decisiones estratégicas de la UE son
abiertamente subordinadas a los intereses estadounidenses, contenidos en
la rígida estructura transatlántica. Todo esto está en abierta
contradicción con los intereses geopolíticos de Europa, que
personalmente quisiera remarcar, forma parte de Eurasia, mientras que
los EE.UU. se encuentran en otro continente. La agenda geopolítica de
los EE.UU. en Eurasia tiene como objetivo el de mantener dividida
nuestra masa continental y neutralizar su potencia.
Debido a ello
surge la dificultad de construir un diálogo equilibrado entre la UE y
Rusia (en estos días precisamente lo observamos en el congreso de la
OTAN con respecto al escudo ABM).
Hasta que Europa no defina con nitidez su propia postura geopolítica, tomando en cuenta factores tales como:
1. La aproximación y la continuidad geográfica con el Estado-eje de la masa continental eurasiática, es decir, Rusia;
2. La autonomía del aliado estadounidense;
3. La conveniencia estratégica de un acuerdo con Moscú;
4.
La identificación de sus propios intereses estratégicos en el contexto
de un nuevo orden mundial multipolar; el diálogo será pura retórica que
esconde un falso diálogo sobre los intereses estratégicos americanos a
largo plazo con relación a la supremacía mundial.
En el contexto
de las relaciones internacionales la principal tarea de los europeos es
la de salir de este impasse. Las naciones europeas deberían aprovechar
la oportunidad histórica que le ofrece la transición geopolítica en
curso, emprendiendo al mismo tiempo (con el fin de incrementar sus
niveles de acción geopolítica) dos recorridos principales:
1. La senda de la implementación y consolidación de las relaciones cooperativas con Moscú;
2. La senda de la emancipación con respecto a la protección de Washington.
Una
postura internacional de la UE más equilibrada será de mayor beneficio a
las relaciones euro-rusas y a la construcción de una Europa como unidad
geopolítica autónoma.
Tiberio Graziani es presidente del Istituto di Alti Studi in Geopolitica e Scienze Ausialiarie (IsAG) y director de la revista Geopolitica.
Fuente: Rebelion.org


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