Avanza un plan para que en 2015 el país lance sus propios satélites
Serán estructuras segmentadas y pequeñas, cada una con su propio instrumental, y funcionarán coordinadamente en el espacio en órbitas cercanas, lo que permitirá enviarlas desde el país mediante el Tronador II, de construcción nacional.
| Maqueta del Tronador II (Sergio Panei Pitrau) |
A
partir de 2015, la Argentina podrá lanzar varios satélites al año desde
una estación que se construirá en el sur de la provincia de Buenos
Aires. Serán satélites de estructura segmentada, puestos en órbita con
lanzadores de extrema precisión construidos íntegramente en el país. El
proyecto de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) se
basa no en el lanzamiento de satélites completos, de excesivo peso, sino
de partes con instrumental autónomo que irán "ensamblándose" unas con
otras en el espacio. Por eso, podrá hacerse desde territorio argentino,
permitirá abaratar costos y dar respuesta inmediata a investigaciones de
alto interés socioeconómico relacionadas con el clima, el medio
ambiente y la utilización de los recursos naturales.
Actualmente, desarrollar un satélite y ponerlo en órbita conlleva, en cualquier país, un proceso de seis años como mínimo. Sin embargo, la Argentina estará en condiciones de enviar al espacio instrumentos de observación de la Tierra en pocos meses, para estudiar fenómenos climáticos extremos o potenciar la productividad en áreas específicas.
La base de lanzamiento se construirá en Puerto Belgrano, cerca de Bahía Blanca, y los lanzadores contarán con una gran precisión para ubicar los instrumentos de investigación en sus respectivas órbitas.
Los satélites actuales tienen varios instrumentos dentro de sí, por lo que se demora mucho tiempo en desarrollarlos y tenerlos en el espacio brindando información. Por ello, el proyecto de la CONAE es crear pequeños satélites que trabajen en conjunto pese a estar separados unos de otros. El plan ha avanzado y se calcula que, hacia fines de 2015, se realizaría el primer lanzamiento.
El físico Alberto Ridner, gerente de gestión tecnológica de la CONAE y a
cargo del proyecto del desarrollo de satélites de estructura
segmentada, explicó que la información espacial es muy valiosa, pero, en
todo el mundo, recién está disponible mucho tiempo después de que surge
un problema o una situación que se necesita estudiar. “Supongamos que
brota una plaga que afecta las exportaciones de trigo y tenemos una
cámara que nos permitiría detectar dónde se originó y proceder a las
acciones de fumigación o de control. Debemos esperar cinco años para
poner ese instrumento en órbita”, ejemplificó, y agregó: “Tanto tiempo
después, ese problema ya no existe o generó grandes pérdidas, por lo que
es importantísimo tener esos instrumentos de investigación funcionando
en pocos meses”.
“La tecnología espacial es costosa, pero multiplica varias veces la
inversión realizada”, remarcó Ridner, quien aclaró que los datos
satelitales no sólo son útiles en situaciones de emergencia, sino que
cotidianamente permiten hacer predicciones de cosechas, saber qué
conviene producir y advertir cuáles son las zonas más adecuadas para la
pesca, entre otros usos posibles. De allí que la Argentina se decidiera a
encarar este proyecto innovador. La ventaja primordial es que permitirá
dar una respuesta de manera casi inmediata a los estudios de interés
socioeconómico; además, los satélites terminarán siendo menos costosos,
entre otros motivos, porque serán construidos, armados y lanzados desde
el país.
Ahora bien, esta idea de no incluir todos los instrumentos dentro de un único satélite implica un gran desafío, porque cada segmento debe estar a una distancia precisa de los otros, para que operen de manera coordinada. Por eso fue necesario desarrollar un lanzador que tuviera extrema precisión: el Tronador II.
El ingeniero Juan Cruz Gallo, gerente general y técnico de VENG, la
empresa principal en el desarrollo del Tronador II, aseguró que “este
lanzador será diez veces más preciso que los que existen actualmente,
porque tendrá la capacidad de poner cada segmento en órbita con un
margen de error bajo, de forma que todos los instrumentos funcionen en
conjunto como una constelación, sea que estén a metros o kilómetros de
distancia entre sí. Pensemos que estos satélites serán ubicados en una
órbita a 600 o 700 kilómetros de la superficie y se estarán desplazando a
unos 7,5 kilómetros por segundo, y en esas condiciones habrá que
inyectar a otro instrumento dentro de una órbita determinada, con un
pequeño margen de error.
Por estos días se avanza en la etapa de diseño de detalle del Tronador
II, y a mediados del año próximo, la Argentina ya estaría lanzando su
primer prototipo, llamado VEX1. En tanto, la primera misión de satélites
de estructura segmentada podría realizarse en 2014.
Ridner anticipó que esta primera misión de prueba podría consistir en el
envío al espacio de “dos módulos que compartan el sistema de
información entre sí, sin necesidad de establecer contacto con la
Tierra, que es lo que se hace hasta ahora en todo el mundo”.
Fuente: tiempo.infonews.com


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