El informe esperado: porqué se produjo la tragedia aérea de Potrerillos
El accidente ocurrió en 2010 y se cobró la vida
de dos pilotos y un fotógrafo. La junta investigadora llegó a
conclusiones sorprendentes sobre las causas provocaron la caída,
descartando la teoría del viento. Duros cuestionamientos al Aeroclub
Mendoza. Conocé los detalles del informe.
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El fotógrafo Claudio Gutiérrez fue uno de los primeros reporteros en arribar al lugar. Publicada en Los Andes.
Los hechos son muy simples, el que vuela es responsable de su propio destino. Prácticamente no existe un accidente que no haya podido ser evitado mediante la acción del piloto. En el aire no sucede nada equivalente al niño que sale corriendo de entre dos coches estacionados. La seguridad del piloto depende de sus propias manos.
Roberto Julio Gómez (piloto comercial)
Errores de los pilotos en la preparación del vuelo, sumados a la imprudencia y un fatal descuido en el aire, motivaron el accidente del Piper Warrior LV-AZR, el 6 de febrero de 2010 en un cerro cercano a Potrerillos, en el que murieron el piloto Luis Giorgio (51), el copiloto Rogelio Hidalgo (75) y el fotógrafo Carlos Bau (50). Además, el informe de la Junta de Investigaciones de Accidentes de Aviación Civil (JIAAC) descubrió que los procedimientos de carga de combustible del Aeroclub Mendoza fueron un factor determinante, por lo que sugirió un estricto control de la Administración Nacional de Aviación Civil (ANAC) sobre la entidad.
En primer lugar, la junta investigadora descartó la posibilidad de que la aeronave se haya precipitado por acción del viento (como sugirieron los informes periodísticos que siguieron al accidente) en base a informes del Servicio Meteorológico Nacional interpolados a la hora, lugar del siniestro y al testimonio de los socorristas. Asimismo, después de someterlos a una serie de inspecciones –incluido un banco de pruebas autorizado-, se comprobó que el motor y el sistema eléctrico funcionaban con normalidad y se los descartó como causantes del incidente.
A partir de ese momento, los investigadores se enfocaron en el combustible: enviaron una muestra de la nafta almacenada en el aeroclub a la Fábrica Argentina de Aviones (FAdeASA) para que verifique su calidad. “La muestra no presenta evidencia de disminución y/o pérdidas de propiedades físico-químicas del material, por lo que se encuentra en estado normal de uso”, respondieron desde la entidad. Entonces, ¿qué provocó la caída del avión?
Un descuido dejó sin combustible al motor cuando volaban en una zona prohibida
En este caso, la calidad del combustible no causó el accidente, sino la cantidad. Según las conclusiones de la JIAAC, el piloto consumió la totalidad de combustible de uno de los tanques, el motor quedó sin potencia (se plantó) y entró en pérdida. Pero aquí también jugó un factor fundamental la imprudencia de los tripulantes -según sugirió el informe- ya que si hubiesen respetado las alturas mínimas para volar en esa zona, hubieran tenido tiempo de salvar el avión cambiando el selector de consumo al otro tanque.
"El piloto selectó el tanque izquierdo desde el inicio del vuelo hasta agotar el combustible utilizable y cuando el motor dejó de entregar potencia y se detuvo, selectó el tanque derecho para reestablecer la potencia y obtener la adecuada altitud de vuelo, sin haber podido lograr su cometido, debido a la escasa altura que volaba en el sector", señaló el informe de la junta. De acuerdo con la Carta Aeronáutica Visual, la aeronave se movilizaba 16.591 pies (5.057 metros) por debajo del límite de la zona: deberían haber sobrevolado a una altura de 23.031 pies (7.020 metros) y lo hacían a 6.440 pies (1.963 metros). El piloto tampoco respetó la distancia de 300 metros con respecto a las laderas de los cerros.
La falta de irrigación de combustible al motor y la posterior falta de potencia se pudo confirmar a través del estado de la hélice y de los comandos de aceleración: "Conforme surgió de las marcas de ambas palas (de la hélice), la falta de torsión de las mismas y la posición encontrada de los comandos de acelerador con potencia aplicada y de mezcla corregida, se colige que el motor no entregaba la potencia necesaria al momento del impacto".
Asimismo, la hipótesis de que el piloto al mando despegó con el tanque izquierdo y que el accidente se produjo cuando agotó ese combustible, sin posibilidad de retomar el control utilizando el tanque derecho por la altura a la que se encontraba, se sostiene en que el tanque izquierdo fue provisto de combustible para alrededor de 22 minutos de vuelo, justamente lo que demoró aproximadamente el avión en precipitarse (la investigación concluyó que cargaron 20,5 litros en el ala izquierda y 30 litros en el ala derecha).
En cuanto al horario de la caída, fueron fundamentales las fotos obtenidas de una de las cámaras que llevaba Bau. La última imagen fue sacada a las 9:53 y muestra indicadores que sugirieron que el accidente se produjo un minuto después: paisaje, altitud, velocidad del avión y de ascenso (115 nudos con un régimen de ascenso de 500 pies por minuto). Esta prueba también sirvió para determinar que volaban por debajo de los parámetros de seguridad establecidos y que el régimen de ascenso no era suficiente para cruzar el sector más elevado que tenían enfrente.
Sorpresivamente, la tarjeta de memoria de la cámara principal de Bau (llevada dos) nunca fue encontrada. Los investigadores enfatizaron que no pudo haberse desprendido por acción del impacto y durante la investigación no pudieron explicar la ausencia de este chip.
Por otra parte, el testimonio de los dos primeros socorristas que acudieron al lugar (circulaban en el helicóptero de la Policía de Mendoza y de casualidad observaron el avión siniestrado) fue fundamental para la investigación, ya que pudieron hablar con Hidalgo, el acompañante que sobrevivió a la caída y que falleció cuando era trasladado. Cuando le preguntaron a Hidalgo cuál era la causa del accidente, éste les dijo: "Se cortó, se cortó", en alusión a la falta de potencia del motor.
Los irregulares procedimientos del Aeroclub Mendoza
¿Por qué el piloto no cambió el selector del tanque de combustible antes de consumir la totalidad de la nafta almacenada en el ala izquierda? A partir de esta pregunta, la investigación arrojó una serie de irregularidades que, sumadas a un incidente que se produjo en 2005 en el Aeroclub Mendoza, ubicado en La Puntilla, llevarían a la JIIAC a cuestionar enérgicamente a la institución mendocina y a sugerir a la ANAC un estricto control de su funcionamiento.
Ni bien indagaron en las instalaciones, los inspectores descubrieron irregularidades en el procedimiento de carga de combustible. En ese sentido, señalaron: "En las planillas de control de provisión de combustible no constaba la recepción y/o conformidad (firma) de la persona que solicitó y/o efectuó la recarga de combustible. La planilla manuscrita tenía plasmado todos los datos con el mismo tipo de letra", concluyendo que eran llenadas a posteriori por un sola persona y no por los pilotos ante de volar, violando el reglamento.
Ante esto, el presidente de la institución, Ricardo Guajardo, le dijo a la junta investigadora: "La carga de combustible está normada por el uso y prácticas habituales y es de conocimiento de todos los pilotos". Posteriormente, los investigadores descubrirían –en base a testimonios de compañeros de las víctimas- que esas prácticas habituales y de conocimiento de todos los pilotos -a las que hizo referencia el propio presidente del aeroclub- jugaron un factor trascendental al momento de la tragedia.
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Imagen de Walter Moreno, publicada en Los Andes el día después de la tragedia.
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Pero eso no ocurrió. Un testigo indicó que la mañana del accidente fue el copiloto el que cargó combustible y el que lo midió con la regla. Por eso, el informe planteó: "Al no estar presente quien iba a desempeñarse como piloto al mando (Giorgio) durante la carga de combustible, surgiría una incorrecta ejecución de los procedimientos de inspección visual, que normalmente realizan todos los pilotos para preparar la aeronave".
Asimismo, el informe remarcó: "Teniendo en cuenta que la mayoría de los pilotos no volaban por referencias de los indicadores de combustible, respetando más lo que visualizaban través de la varilla reglada que colocaban en la boca del tanque, deduciendo una estima de autonomía de vuelo, plantea una situación que potencia el posible error u omisión del piloto, estableciéndose esto como un probable factor contribuyente a este accidente", dejando la puerta abierta a una "distracción en cabina por parte del piloto producto de conversaciones con los acompañantes".
En otras palabras: el piloto no cambió antes el selector de tanque de combustible por dos posibles motivos: al no ser él quien realizara el procedimiento de carga, desconocía la cantidad de líquido en cada una de las alas. O simplemente se distrajo durante el vuelo. De todos modos, los detalles que reunieron los investigadores de la junta apuntan hacia la primera hipótesis.
Esta tesis se potencia por un antecedente que cuestiona nuevamente los procedimientos de carga de combustible de la institución. El 31 de agosto de 2005, otro avión del aeroclub tuvo un aterrizaje de emergencia por pérdida de potencia y, durante la investigación posterior, también se comprobó que la falta de combustible fue lo que generó el desperfecto: "Agotamiento de combustible en uno de los tanques, falla de motor en vuelo y aterrizaje de emergencia en el sector".
Más allá de las fallas detectadas en el procedimiento de abastecimiento de combustible, la JIIAC determinó en su informe final: "El aeroclub no contaba con el Manual de Funcionamiento requerido por la disposición 116/01 de la ANAC 'normas de funcionamiento de escuelas de enseñanza práctica de vuelo, paracaidismo e instrucción en simuladores de vuelo' (…) El registro de horas de vuelo del avión no contaba con la firma de los pilotos que realizaron los vuelos (…)". Además, descubrieron diferencias notorias entre las planillas del aeroclub y la libreta de historial de la aeronave.
Las conclusiones finales de la investigación
La investigación de la JIIAC finalizó en octubre del año pasado y sus resultados, difundidos recientemente, apuntaron a cuatro causas que, combinadas, causaron el fatal accidente aquel 6 de febrero de 2010:
1. Inadecuada planificación y ejecución del vuelo
2. Inadecuada administración del combustible en vuelo
3. Escasa altura de vuelo
4. Ausencia de procedimientos para la carga de combustible
A raíz de estas conclusiones, la junta realizó las recomendaciones correspondientes para evitar una situación similar:
1. Se instó al aeroclub a instruir adecuadamente a los pilotos sobre la planificación previa y la ejecución de los vuelos de acuerdo a lo establecido por las Regulaciones Argentinas de Aviación Civil (RAAC) y el manual de vuelo de las aeronaves.
2. Se subrayó la necesidad de confeccionar adecuadamente las directivas con los procedimientos para todas las actividades de vuelo y en especial las destinadas a la carga de combustible.
3. A partir de las negligencias en la institución, se consideró que la ANAC deberá evaluar adecuadamente el funcionamiento del aeroclub "en base a la ocurrencia de accidentes (en plural) y al inadecuado cumplimiento de los establecido en las RAAC".
El día del accidente, las apresuradas conclusiones de los medios sentenciaron: como la aeronave contaba con todas las habilitaciones correspondientes de las inspecciones periódicas que se le realizaron, se descartó una falla mecánica (como efectivamente se comprobó). Sin embargo, rápidamente dieron lugar a las versiones de los compañeros de dos de las víctimas que se esforzaron por hablar de un factor meteorológico como la causa de la desgracia, sin aguardar el resultado de la investigación, que finalmente descubrió los errores humanos detrás de la tragedia.
Volar es el único deporte en el que el castigo por una falta grave es la muerte. Al principio, parece algo espantoso y el público queda horrorizado al enterarse de que un piloto ha muerto a consecuencia de un error imperdonable. Pero ésos son los términos que esa afición establece para los pilotos.
Fuente: MDZ Online



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