La guerra del "Ductistán" en Siria
Es una guerra de convenios, no de balas
Al Jazeera
| Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens |
En
lo profundo bajo el “volcán de Damasco” y la “batalla de Alepo”, las
placas tectónicas del tablero de ajedrez de la energía global siguen
retumbando. Más allá de la tragedia y el dolor de la guerra civil, Siria
también es un tejemaneje del ‘Ductistán’.
Hace
más de un año Irán, Iraq y Siria llegaron a un convenio por 10.000
millones de dólares, parte del ‘Ductistán’, según el cual en 2016 se
construirá un gasoducto desde el gigantesco yacimiento South Pars de
Irán, atravesando Irak y Siria, con una posible extensión al Líbano. El
mercado de exportación clave: Europa.
Durante
los últimos 12 meses, con Siria precipitada en la guerra civil, no se
ha hablado del gasoducto. Hasta ahora. La paranoia suprema de la Unión
Europea es convertirse en rehén de la rusa Gazprom. El gasoducto
Irán-Irak-Siria sería esencial para diversificar los suministros de
energía de Europa, apartándolos de Rusia.
La
cosa es aún más complicada. Sucede que Turquía es el segundo cliente de
Gazprom. Toda la arquitectura de la seguridad energética de Turquía
depende del gas de Rusia e Irán. Turquía sueña con convertirse en la
nueva China, configurando Anatolia como la máxima encrucijada
estratégica del ‘Ductistán’ para la exportación de petróleo y gas ruso,
del Caspio y Asia Central, de Irak e Irán.
Si
se trata de dejar de lado a Ankara en este juego, se enfrentan serios
problemas. Prácticamente hasta ayer, Ankara aconsejaba a Damasco que
realizara la reforma del régimen, y rápido. Turquía no deseaba el caos
en Siria. Ahora Turquía nutre el caos de Siria. Examinemos uno de los
posibles motivos cruciales.
Fui a la encrucijada
Siria
no es un productor importante de petróleo; sus reservas se agotan. Sin
embargo, hasta el estallido de la guerra civil, Damasco obtenía 4.000
millones de dólares al año en ventas de petróleo, una suma nada
despreciable, un tercio del presupuesto gubernamental.
Siria
es mucho más importante como encrucijada energética, tal como Turquía,
pero a menor escala. El punto esencial es que Turquía necesita a Siria
para su estrategia energética.
El
juego de Siria en ‘Ductistán’ incluye el Gasoducto Árabe (AGP) desde
Egipto a Trípoli (en el Líbano) y el IPC de Kirkuk, en Irak, a Banyas,
paralizado desde la invasión estadounidense de 2003.
La
pieza central de la estrategia energética siria es la “Política de los
cuatro mares”, un concepto introducido por Bashar al-Asad a principios
de 2011, dos meses antes del inicio del levantamiento. Es como un mini
tejemaneje turco, una red energética que vincula el Mediterráneo, el
Caspio, el Mar Negro y el Golfo.
Damasco
y Ankara se pusieron rápidamente a la obra integrando sus redes de gas,
vinculándolas con el AGP y, crucialmente, planificando la extensión del
AGP de Alepo a Kilis en Turquía; esto podría vincularse posteriormente
con la perenne ópera del ‘Ductistán’, Nabucco, asumiendo que esta
voluminosa dama llegue a cantar un día (algo que está lejos de ser
seguro).
Damasco
también se estaba preparando para dar un paso adelante con el IPC; a
fines de 2010 firmó un memorándum de entendimiento con Bagdad para
construir un gasoducto y dos oleoductos. El mercado objetivo, una vez
más: Europa.
Entonces
se armó la de San Quintín. Incluso antes que comenzara el levantamiento,
se llegó al acuerdo del ‘Ductistán’ Irán-Irak-Siria por 10.000 millones
de dólares. Si se termina, transportará por lo menos un 30% más de gas
que Nabucco, que se arriesga a que lo desechen.
¡Ay!, ese es el problema. Lo que a veces se llama el Gasoducto Islámico pasa por un lado de Turquía.
Queda por ver si esta compleja estrategia del ‘Ductistán’ puede considerarse un casus belli
para que Turquía y la OTAN pongan todo de su parte para destruir a
Asad; pero hay que recordar que la estrategia de Washington en el
sudoeste de Asia desde el gobierno de Clinton ha sido dejar de lado,
aislar y perjudicar a Irán por todos los medios necesarios.
Relaciones peligrosas
Damasco
ciertamente utilizaba una estrategia muy compleja de dos vías,
vinculándose al mismo tiempo con Turquía (y el Kurdistán iraquí) pero
también soslayando Turquía e incorporando Irán.
Con
Siria sumida en la guerra civil, ningún inversionista global llegaría a
soñar con el juego del ‘Ductistán’. Sin embargo, en un escenario post
Asad están abiertas todas las posibilidades. Todo dependerá de la futura
relación entre Damasco y Ankara y Damasco y Bagdad.
En
todo caso el petróleo y el gas tendrán que provenir de Irak (además de
más gas de Irán); pero el destino final del ‘Ductistán’ sirio podría ser
Turquía, el Líbano e incluso la propia Siria, exportando directamente a
Europa desde el Mediterráneo Oriental.
Ankara
apuesta definitivamente por un gobierno post Asad dirigido por suníes,
no muy diferente del AKP. Turquía ya detuvo la prospección de petróleo
conjunta con Siria y está a punto de suspender todas las relaciones
comerciales.
Las
relaciones entre Siria e Irak involucran dos corrientes separadas que
parecen dos mundos distintos: con Bagdad y con el Kurdistán iraquí.
Imaginad
un gobierno sirio del CNS-ELS; sería definitivamente antagónico de
Bagdad, sobre todo en términos sectarios; además, el gobierno de mayoría
chií de al Maliki tiene buenas relaciones estratégicas con Teherán, y
recientemente también con Asad.
Las
montañas alauitas dominan las rutas del ‘Ductistán’ sirio hacia los
puertos del Mediterráneo Oriental de Banyas, Latakia y Tartus. También
hay mucho gas esperando que lo descubran después de los recientes éxitos
en Chipre e Israel. Asumiendo que se deponga al régimen de Asad pero
inicie una retirada estratégica hacia las montañas, se multiplican las
posibilidades de sabotaje de los conductos por parte de la guerrilla.
Tal
como están las cosas, nadie sabe de qué forma un Damasco post Asad
configurará sus relaciones con Ankara, Bagdad y el Kurdistán iraquí,
además de Teherán. Siria, sin embargo seguirá participando en el juego
del ‘Ductistán’.
El enigma kurdo
La
mayor parte de las reservas petroleras de Siria están en el noreste
kurdo, que geográficamente se encuentra entre Irak y Turquía; el resto
está a lo largo del Éufrates, hacia el sur.
Los
kurdos sirios representan un 9% de la población, aproximadamente 1,6
millones. Incluso si no constituyen una minoría cuantiosa, los kurdos
sirios ya consideran que ocurra lo que ocurra en un entorno post Asad,
estarán muy bien posicionados en ‘Ductistán’, ofreciendo una ruta
directa a las exportaciones del Kurdistán iraquí, soslayando en teoría
tanto a Bagdad como a Ankara.
Es
como si toda la región jugara una “lotería del soslayo”. De la misma
manera que el Gasoducto Islámico puede interpretarse como un soslayo de
Turquía, un acuerdo directo entre Ankara y el Kurdistán iraquí para dos
oleoductos y gasoductos desde Kirkuk a Ceyhan pueden considerarse como
un soslayo de Bagdad.
Bagdad,
por supuesto, se opondrá subrayando que esos conductos carecen de
efecto legal sin que el gobierno central tenga una parte importante;
después de todo paga un 95% del presupuesto del Kurdistán iraquí.
Los
kurdos en Siria e Irak han mantenido un juego astuto. En Siria no
confían en Asad o en la oposición del CNS. El PYD –vinculado al PKK–
rechaza al CNS como un títere de Turquía. Y el secular Consejo Nacional
Kurdo (KNC) teme a la Hermandad Musulmana siria.
Por
lo tanto la mayoría absoluta de los kurdos sirios se ha mantenido
neutral; ningún apoyo para los títeres turcos (o saudíes), todo el poder
para la causa pan-kurda. El líder del PYD lo ha resumido todo: “Lo
importante es que los kurdos defendamos nuestra existencia”.
Esto
significa, esencialmente, más autonomía. Y es exactamente lo que
obtuvieron en el acuerdo firmado en Irbil el 11 de julio, bajo los
auspicios del presidente del Kurdistán iraquí, Masoud Barzani; la
administración conjunta del Kurdistán sirio por parte del PYD y del KNC.
Fue la consecuencia directa de una astuta retirada estratégica del
régimen de Asad.
No es
sorprendente que Ankara enloquezca, no solo le preocupa que el PKK
encuentre refugio en Siria, albergado por sus primos del PYD, sino
también dos pequeños Estados de facto kurdos, que envíen una poderosa
señal a los kurdos en Anatolia.
Lo
que Ankara podría hacer para minimizar su pesadilla es ayudar
discretamente a los kurdos sirios en lo económico –desde ayuda hasta
inversiones en la infraestructura– a través de sus buenas relaciones con
el Kurdistán iraquí.
Desde
el punto de vista de Ankara, nada puede obstaculizar el camino de su
sueño de convertirse en el máximo puente energético entre Este y Oeste.
Esto implica una relación extremadamente compleja por lo menos con nueve
países: Rusia, Azerbaiyán, Georgia, Armenia, Irán, Irak, Siria, Líbano y
Egipto.
En cuanto al
resto del mundo árabe, ya se estaba discutiendo seriamente, incluso
antes de la Primavera Árabe, un ‘Ductistán’ árabe que podría vincular El
Cairo, Amán, Damasco, Beirut y Bagdad. Eso contribuiría más a unificar y
desarrollar un nuevo Medio Oriente que cualquier “proceso de paz”,
“cambio de régimen” o levantamiento pacífico o militarizado.
En
esta delicada ecuación, ahora vuelve el sueño de un Gran Kurdistán. Y
los kurdos tienen un motivo para sonreír: Washington parece estarlos
respaldando silenciosamente, una alianza estratégica muy cautelosa.
Por
cierto, los motivos de Washington no son precisamente altruistas. El
Kurdistán iraquí bajo Barzani es un instrumento muy valioso para que
EE.UU. mantenga una huella militar en Irak. El Pentágono nunca lo
admitirá oficialmente, pero ya existen planes avanzados de una nueva
base de EE.UU. en el Kurdistán iraquí, o para la transferencia al
Kurdistán iraquí de la base de la OTAN de Incirlik.
Debe
de ser uno de los más fascinantes guiones secundarios de la Primavera
Árabe: los kurdos ajustándose perfectamente al juego de Washington en
todo el arco del Cáucaso al Golfo.
Muchos
ejecutivos de Chevron y BP deben de estar regodeándose ante las
perspectivas que abren las triangulaciones de un ‘Ductistán’
Irak-Siria-Turquía. Mientras tanto, muchos kurdos pueden estarse
regodeando ante la posibilidad de que ‘Ductistán’ abra las puertas a un
Gran Kurdistán.
Pepe Escobar es el corresponsal itinerante de Asia Times. Su último libro es Obama Does Globalistan (Nimble Books, 2009).
Fuente: Rebelion.org


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