Después
de Buenos Aires, el Gran Mendoza es el mayor conglomerado de
urbanizaciones cerradas de Argentina. Lo expone una investigación.
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(Foto apice96.com)
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Después
de Buenos Aires, el Gran Mendoza es el mayor conglomerado con
urbanizaciones cerradas de Argentina. Segregación, discriminación,
contaminación e intereses. Una “pecera” cada vez más grande.
“El mendocino es muy particular para pensar. ‘Vivo en un barrio
privado, soy re top’; eso es lo primero que lo llama a un barrio
privado. Te va a decir la seguridad. ¡Mentira! La idiosincrasia del
mendocino es aparentar una situación que no es. Le gusta vivir en un
barrio privado, es lo que la gente busca, con el hombre en la puerta,
que le levante la barrera y les haga sentir que está en la gloria. Eso
es lo que la gente busca”, dice solo uno de los testimonios que Alberto
Molina (politólogo de la Universidad Nacional de Cuyo y miembro del
Consejo Provincial de Ordenamiento Territorial de Mendoza) utilizó como
parte de su investigación, la cual concluyó en un libro: “Como una gran pecera. Urbanizaciones cerradas, ciudadanía y subjetivación política en el Gran Mendoza” (Ediunc, 2013).
Recientemente, Revista Veintitrés publicó una completa entrevista a Alberto Molina, autor de la incómoda tesis.
La investigación revela distintos testimonios y situaciones
problemáticas desde el punto de vista del ordenamiento territorial, como
la adquisición de 130 hectáreas de finca en Luzuriaga –los alrededores
de la Bodega Tupungato- por parte de un conglomerado de empresas
españolas denominado Tiasta, compuesto por Salvago Inmobiliaria y Tau
Promociones, de donde surgió el megaproyecto inmobiliario El Torreón,
consistente en cinco barrios privados, o sea, casi un pueblo privado.
Otro de los testimonios sobre fragmentación del territorio en Mendoza, dice: Vinieron con este planteo ¡de un bloque cerrado! y
por un tema de vinculación urbana, nosotros no teníamos manera de pasar
de un costado de Maipú al otro costado…
La cuestión no en nada sencilla para una Mendoza que es un 3% de
oasis en el desierto y con inequidades territoriales más que evidentes,
sobre todo en materia de agua, donde hay decenas de barrios que padecen
las consecuencias de la desinversión en obras sanitarias y la falta de
presión de agua, otros exhiben un potencial desmesurado para mantener el
césped circundante a plena luz del día o llenar la piscina.
Sin embargo, desactivar semejante avance urbanístico no solo es un
desafío a las políticas públicas, es que quienes deben actuar
-intendentes, funcionarios municipales, ministros del área que debe
aplicar la Ley de Uso del Suelo y Ordenamiento Territorial- son los que
justamente viven dentro de esas grandes “peceras” que son los barrios
privados.
![DSC0076[1]](http://www.mdzol.com/files/image/449/449221/517a8bb68a3a2.jpg)
“En las urbanizaciones cerradas se está reproduciendo gran parte de
la clase dirigente. La cual llega ahí por las mismas motivaciones que
cualquier persona: en primer lugar, por el concepto de inseguridad que
me hace ver al otro como un distinto y como un peligro, y de ahí la
búsqueda de un refugio. En segundo lugar por un concepto de exclusividad
y de distinción social. Es decir, ya no sólo es el auto un signo de
distinción social, sino el vivir en una urbanización cerrada”, indicó
Molina, que propone frenar y desalentar las urbanizaciones cerradas.
“Aún cuando vivan en barrios privados, el tema es que algunos
funcionarios, actores de la política, quieren empezar a regularlo. Han
tomado conciencia de que no deben existir más urbanizaciones cerradas.
Al menos me han llegado señales concretas desde Maipú donde van a
impulsar el reconocimiento del libro como de interés departamental”,
destacó esperanzado a Veintitrés.
Pero, ¿qué problema tienen con el ciudadano común este tipo de urbanizaciones?
“Es un problema de mirada. El que vive en un barrio privado tiene una
gran tendencia de ver al que vive afuera, de tres formas: como alguien
que me presta servicios -mucamas, jardineros-, alguien que es objeto de
beneficencia; o bien, alguien que es peligroso y del cual hay que
refugiarse. Es notable la pérdida de la mirada hacia el otro como un
ciudadano”, consideró el autor de Como una gran pecera.
Luego, vienen otros fenómenos, como es la
dificultad para entrelazarse unos y otros, y el cerco de campo abierto
al resto de la sociedad.
“Esta ciudadanía que busca refugio, cuando lo único que hace es
usufructuar del pueblo en sí, va cerrando los campos abiertos lo diverso
y heterogéneo. Esto, en un país como la Argentina, que desde 1945 hacia
adelante ha conquistado una gran heterogeneidad social, donde en una
misma calle o en la misma escuela vos tenías al juez, al chatarrero y al
zapatero, o sea, toda una circulación de bienes, es un gran retroceso”,
indicó Molina.
Según el autor, los barrios privados no están respondiendo a una demanda genuina.
“Estamos comprobando que en realidad acá en Mendoza estamos siendo
presas de los capitales especulativos internacionales. Sobre todo a
partir de la crisis financiera, ya que ahí empezaron a invertir en
bienes tangibles y seguros, como lo es la compra de tierra. Uno de sus
objetivos fue la soja, el otro, los barrios privados”, agregó el autor.
Y, ¿a qué pertenece al habitante de un barrio privado?
“El ciudadano es aquel que se siente parte de un territorio, de una
comunidad y a partir de ello es que participa, reclama sus derechos,
lucha por ellos y goza de sus beneficios además de ejercer sus deberes.
Pero alguien que pertenece a un barrio privado, ¿a quién pertenece?, ¿a
Maipú, a Luzuriaga o al Torreón?", se pregunta Molina.
¿Qué vamos a tener dentro de unos años, la candidata a reina de la vendimia por el Torreón?”, ironizó Molina.
Segregación, problemas de presión de agua, plaga de mosquitos y
basura por doquier. ¿Estamos frente a una suerte de terrorismo
urbanístico?
“Cuando los vecinos vean que gran parte de sus problemas de agua, de
infraestructura y de trabajo, tienen que ver con este avance del capital
privado…no sé qué va a resultar. Porque acá hay otro punto que
distingue a Mendoza de Nordelta, y es que allá el fenómeno de los
barrios privados compite con las villas miserias. En el caso de
Mendoza, la convivencia del barrio privado también es con zonas
urbano-marginales pero con la particularidad de competir con la tierra
productiva. Dicho de otro modo, aquí los countries nos están quitando
mucha tierra productiva”, describió Molina.
Mientras tanto, se haba de una iniciativa de ley nacional para cerrar
los barrios privados, pero al autor de la investigación sobre estas
prestigiosas “peceras”, no la convence.
“No sé hasta qué punto una medida así podría prosperar, o bajo qué
condiciones. Pienso que un requisito previo es estudiar qué barrios
pueden abrirse o en cuáles habría posibilidad de, en breve, ser
abiertos. Hay que pensar que hay barrios privados que dan a callejones
sin salida con lo cual su apertura sería imposible y además otros han
producido cortes con el entorno que deben ser resueltos según sus
particularidades. Desde ya, considero que tiene haber una regulación, si
se los va a autorizar debe exigírseles una previsión para que el
diseño inicial contemple la posibilidad de ser abiertos en algún
momento”, expresó el investigador.
Fuente: MDZ Online
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