Una nueva guerra en la península de Corea es poco probable
por Konstantín Bogdánov
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Zona demilitarizada entre Corea del Norte y Corea del Sur |
El enfrentamiento entre
Corea del Sur y del Norte ha vuelto a agravarse. ¿Es posible que se
libre una nueva guerra en la península de Corea? ¿Qué posturas al
respecto podrían adoptar EEUU, China y Rusia?
Existe la opinión de que esta guerra no se librará. Ninguna parte
involucrada en el conflicto necesita esta guerra, incluida Corea del
Norte.
A Corea del Sur no le conviene, porque para un país que dispone de
una infraestructura y de una economía industrial bien desarrollada es
más rentable destinar recursos para ayudar a Corea del Norte que
involucrarse en una guerra.
EEUU no está interesado en este conflicto. Para un país que ya tomó
parte en combates en Afganistán y en Oriente Próximo es una dura prueba
de resistencia de su sistema de seguridad internacional en la región del
Asia-Pacífico, especialmente con su creciente inestabilidad financiera.
Moscú tampoco la desea, aunque no considera el posible conflicto como
una catástrofe nacional sino más bien como un hecho desagradable que
sería preferible evitar. Rusia goza del respeto de Pyongyang y mantiene
buenas relaciones con Corea del Norte, pero desde principios de los
noventa, el gigante eurasiático empezó a desarrollar también relaciones
con Corea del Sur, incluso le suministra armamento y material bélico y
desarrolla conjuntamente equipos militares y vehículos espaciales. Por
eso Rusia no está interesada en un conflicto armado entre las dos
Coreas, pero puede influir en el desarrollo de los acontecimientos en la
península sólo de modo indirecto.
Así las cosas, el resultado más probable de la agudización de las
relaciones entre Corea del Sur y del Norte serán unos nuevos acuerdos en
virtud de los que Pyongyang recibiría una nueva ayuda. Si no, se
impondrán nuevas sanciones que debilitarán al país.
Antes de comenzar a discutir sobre un posible conflicto en la
península de Corea, es necesario destacar que una guerra entre las dos
Coreas es imposible. En caso de que se libre el respectivo conflicto,
Corea del Norte se encontrará al menos con la intervención inmediata de
EEUU y en caso de usar armas de destrucción masiva, con la intervención
de una coalición internacional a la que puede adherirse hasta Japón.
Rusia preferiría no involucrarse en este conflicto, aunque no se
puede descartar una situación en la que Washington ejerza una presión
considerable sobre Moscú al respecto.
China, el actor más importante de la Guerra de Corea (1950-1953),
estará en una situación complicada que, de hecho, excluirá una
intervención directa. Pekín podría suministrar a Pyongyang todo lo
necesario, desde municiones hasta combustible y productos alimenticios,
pero en caso de enviar tropas al frente afrontaría serios problemas.
A día de hoy, a China no le conviene esta guerra, a diferencia de la
primera Guerra de Corea. En caso de un bloqueo y un ataque aéreo contra
Corea del Norte, es posible que China tenga que contener con sus tropas
el flujo de refugiados norcoreanos. Esto quiere decir que Pekín
intervendrá en el conflicto sólo con el fin de prevenir el paso a una
fase aguda.
No se puede excluir que si las partes del conflicto deciden acabarlo
dos o tres días después, China se aproveche de esto como país con
hegemonía en la región al sentar a Seúl y Pyongyang a la mesa de
negociaciones. Esto tendrá una importancia especial teniendo en cuenta
la incapacidad de EEUU de prevenir el conflicto armado.
Pero Pekín no participará en el conflicto con sus recursos. Así las
cosas, Corea del Norte no tendrá respaldo en su lucha contra Corea del
Sur, que es apoyada por EEUU, un país que sigue siendo capaz de derrocar
a un ejército tradicional del siglo XX.
En 2003, Washington logró hacerlo en Irak. Pero en caso de librarse
una nueva guerra de Corea, EEUU no tendrá que realizar una invasión
terrestre, porque Corea del Sur hará todo lo necesario. En comparación
con el Ejército surcoreano, el Ejército de Corea del Norte parece
numeroso y tiene espíritu combativo, pero está peor armado. Las Fuerzas
Armadas norcoreanas tienen superioridad numérica, y disponen de más
sistemas de artillería y vehículos blindados. Pero en cuanto a las
capacidades reales y el estado de su armamento, así como en cuanto a las
posibilidades de suministro de combustible para los vehículos blindados
y aparatos aéreos y otros materiales que se necesitarán durante las
acciones de combate, la situación es contraria. Corea del Norte dispone
de un material obsoleto cuyo mantenimiento deja mucho que desear. En la
aviación, la situación es todavía peor.
El Ejército norcoreano sufrirá muchas bajas en caso de lanzar una
ofensiva directa contra Corea del Sur, que supera a su adversario en el
ámbito de medios de comunicación, servicios de inteligencia y goza de
superioridad en el aire, lo que no suscita dudas en caso de una
intervención de EEUU.
En una situación de superioridad del enemigo en el mar -lo que puede
ponerse en duda sólo en la zona costera debido a la defensa de la costa y
una gran experiencia de Pyongyang en la guerra de minas- los flancos de
Corea del Norte estarán abiertos para las tropas de desembarco táctico,
por no hablar de los cazas embarcados.
Las llamadas Tropas de Operaciones Especiales de Corea del Norte,
cuyas decenas de miles de efectivos se mencionan cada vez que se
describen las Fuerzas Armadas de este país donde triunfó la ideología
Juche, no son más que fusileros bien adiestrados cuya misión es
infiltrarse en el sur y desarticular la infraestructura logística del
enemigo o librar una guerra de guerrillas. Cómo se realizará esto y
cuántas serán las bajas es una cuestión aparte.
Las amenazas de convertir las islas surcoreanas en un 'mar de fuego'
emitidas por parte de Pyongyang parecen menos graves cuando se evalúa el
radio de acción real la artillería del Ejército norcoreano. Es evidente
que Seúl sufrirá bajas, pero es poco probable que se convierta en un
cúmulo de ruinas en breve.
En cuanto a las amenazas de aplicar las armas de destrucción masiva,
es poco probable que se trate de armas nucleares, sino más bien de armas
químicas. Esto sin duda alguna suscita miedo, sobre todo entre la
población civil de Corea del Sur, pero en caso de su hipotético uso
Corea del Norte no evitaría la represalia por parte de EEUU. Las demás
potencias no intervendrán en la situación.
Aunque parece que Corea del Norte dispone de un gran número de
elementos del escudo antimisiles, su núcleo lo constituyen sistemas
antiaéreos, capaces de destruir sólo blancos aéreos a baja altura. Los
sistemas antiaéreos norcoreanos serán destruidos en pocos días o bien
Pyongyang se verá obligado a renunciar a su empleo para salvarlos. Es
igual, sobre todo desde el punto de vista del enemigo, teniendo en
cuenta que los equipos de reconocimiento y de comunicación de Corea del
Norte no están integrados en un sistema capaz de asegurar un espacio
informativo en el teatro de operaciones.
Los resultados de esto serán muy lamentables tanto para Corea del
Norte como desde el punto de vista de valores universales. Está claro
que se podría encontrar manifestaciones del orgullo nacional o
patriotismo en un exterminio masivo de un Ejército dispuesto a luchar
hasta la última gota de sangre pero mal armado que lanza ofensivas
contra un enemigo mucho mejor equipado. Por ejemplo, Irán intentó
aprovechar sus recursos humanos para superar a un adversario
tecnológicamente superior durante la guerra con Irak entre 1980 y 1988.
Pero tal exterminio con seres humanos sin un efecto evidente puede
provocar conmociones sociales en el país, hasta una posible revolución.
Este escenario sería ideal para EEUU: el enemigo se derrocaría a sí
mismo con sus contradicciones internas. Sólo hay que darle la
posibilidad de agotar sus fuerzas y dejarle perder la esperanza.
En general, no debería sorprender el hecho de que Corea del Norte
haya desarrollado tecnologías de misiles y haya fabricado un dispositivo
nuclear primitivo. En todo caso es prematuro afirmar que Pyongyang
dispone de armas nucleares, especialmente de ojivas nucleares.
Las autoridades norcoreanas movilizan al máximo los escasos recursos,
minimizando todos los demás gastos ajenos al desarrollo de la industria
de defensa y la cobertura de las necesidades primordiales. El sistema
económico y social de Corea del Norte da a las autoridades del país la
posibilidad de realizar una gestión óptima de su economía lejos de ser
rica.
Esa extendida opinión de que Corea del Norte afronta sólo hambre y
desgracia es un poco exagerada. Los desastres naturales que azotaron el
país en la segunda mitad de los noventa junto con la degradación de los
suelos debido a la agricultura extensiva sí que causaron en un momento
una falta drástica de los alimentos y una hambruna. Pero esta situación
ya es cosa del pasado. Según la información disponible, hacia finales de
la década pasada Corea del Norte logró elevar la productividad en el
sector agropecuario.
Por otro lado, Pyongyang no puede mantener una economía industrial
desarrollada y equilibrada con el sector de innovaciones. Varias ramas
de la industria que no desempeñan un papel primordial se desarrollan muy
lentamente.
Una modernización controlada por el régimen autoritario, en caso de
que las sanciones internacionales impuestas contra Pyongyang se
debiliten, podría conducir dentro de unos 15 años a un llamado ‘milagro
norcoreano’ en un contexto de reducción de consumo en todo el mundo
industrializado.
Pero a día de hoy, Corea del Norte gasta sus mejores recursos,
cuadros y tecnologías en fines defensivos y en el desarrollo de armas de
destrucción masiva. Esto contribuye a la ralentización del crecimiento y
a la degradación de otras ramas de la industria del país. Una situación
similar se observaba en la Unión Soviética en la década de los ochenta.
Y se puede suponer que los resultados también serán similares.
Pero hay que destacar que el sistema social de Corea del Norte es más
firme que el que había en la URSS durante los últimos años de su
existencia. Así que los dirigentes norcoreanos tienen más libertad de
acción. Además, estos dirigentes que pudieron observar el colapso del
sistema socialista y los destinos de Irak, Libia y Siria se comportarán
de modo más cauto en caso de una transformación hipotética.
Corea del Norte puede fijarse en los ejemplos de China y Vietnam, que
lograron evitar el colapso e integrarse en el mercado global sin perder
la continuidad política. Al fin y al cabo, Corea del Norte dispone de
una economía, aunque ésta es evidentemente incapaz de soportar la carga
militar.
Es poco probable que se libre una nueva guerra, porque ninguno de los
actores importantes del mundo obtendrá ventajas de ésta. Se pueden
resolver todos los conflictos mediante negociaciones. Todos los países
tienen vínculos que les impiden aplicar medidas tan destructivas que
causen daño al sistema de producción y comercio.
Ésta es una lista breve de argumentos mencionados en la prensa a
finales del siglo XIX y a principios del siglo XX respecto a las
posibilidades de una nueva guerra de envergadura en Europa. Los
analistas escribían que un conflicto armado era posible, pero no era
conveniente para nadie, por eso no debería librarse. “Somos personas
civilizadas”, destacaron aquellos autores.
Sólo el autor alemán Friedrich Engels hizo una declaración contraria en 1887: "De ocho a diez millones de soldados se aniquilarán mutuamente y, al
hacerlo, devastarán toda Europa como nunca lo han hecho las nubes de
langostas. Será una devastación como la causada por la Guerra de los
Treinta Años pero comprimida en un plazo de tres o cuatro años y
extendida a todo el continente. El hambre, las epidemias, el
embrutecimiento general de las tropas y de las masas populares provocado
por la extrema miseria, el desorden irremediable de nuestro sistema en
el comercio, en la industria y en el crédito... Todo esto terminará con
la bancarrota general; el derrumbamiento de los viejos Estados y de su
sabiduría estatal rutinaria, derrumbamiento tan grande que las coronas
se verán tiradas por decenas en las calles y no habrá nadie que quiera
recogerlas. Es absolutamente imposible prever cómo terminará todo esto y
quién será el vencedor en esta contienda”.
Y entonces vino el año 1914 y terminó de dibujar ese paisaje.
Fuente: RIA Novosti
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