jueves, 12 de noviembre de 2015

Industria electrónica sin licencias
La experiencia en la fabricación de calculadoras electrónicas y el desarrollo de un proyecto de computación en FATE División Electrónica durante los años setenta son rescatados en un libro que recopila testimonios de sus protagonistas. 
por Matías Alonso



A principios de los años setenta, en la Argentina una empresa se propuso fabricar calculadoras electrónicas con un alto nivel de integración de componentes, lo que significaba estar a la vanguardia de la producción electrónica mundial. El proyecto surgió en la División Electrónica de FATE, la fábrica de neumáticos que también por aquellos años se adjudicaría la licitación de Aluar. Roberto Zubieta y Elio Díaz formaron parte de la División Electrónica y compilaron testimonios de integrantes de esa experiencia productiva singular en el libro Una Experiencia de Desarrollo Independiente de la Industria Electrónica Argentina de Tecnología de Punta, Fate División Electrónica 1969-1976 (Prosa Editores) y hablaron con TSS sobre algunas de las características técnicas y también políticas del emprendimiento.

“La idea de producir artefactos electrónicos de avanzada surgió entre Manuel Madanes, gerente de FATE, y su amigo Manuel Sadosky (matemático y pionero de la computación en la Argentina). Madanes estaba dispuesto a invertir lo que fuera necesario en la medida en que fuera un producto que no pudiera ser copiado por empresarios improvisados”, dice Zubieta, exgerente general de FATE División Electrónica.

“Madanes me puso dos condiciones. La primera era que se pudiera hacer sin comprar tecnología, sin licencias, que se pudiera desarrollar todo acá. Y segundo, que fuera un producto lo suficientemente complejo como para que no pudiera ser blanco de armadores improvisados, como ocurría con las radios en ese momento”, agrega Zubieta.

La División Electrónica de FATE fabricó dos versiones de una máquina de registro directo. Foto: Silvio Grichener.

En FATE Neumáticos, Madanes ya había incorporado especialistas universitarios que se habían integrado a un incipiente laboratorio de I+D. “Después de la Noche de los Bastones Largos, muchos científicos decidieron dejar sus cargos y Madanes buscó integrarlos a la industria. Es paradójico que la renuncia masiva de docentes e investigadores universitarios fuese el puntapié inicial para un proyecto nacionalista”, dice Díaz.

En 1971, la dictadura de Alejandro Agustín Lanusse promulgó el decreto 4384/71, que permitía a la empresa importar componentes con beneficios arancelarios con el compromiso de que la fabricación de los productos tendiera a la integración de componentes nacionales.

La División Electrónica de FATE competía principalmente con Olivetti y comenzó a abastecer al mercado interno con calculadoras electrónicas con y sin impresión y también a exportar a países de América Latina y Europa. Además, fabricaron dos versiones de una máquina de registro directo, la última de ellas con microprocesador y lector-grabador de diskette. Su proyecto más ambicioso fue el de computación, con la Serie 1000, que llegó hasta la instancia de prototipo cuando el proyecto comenzó a decaer en 1976.

Tras fabricar modelos de escritorio, FATE División Electrónica lanzó la línea portable Microcifra. Foto: Silvio Grichener.

El objetivo de la empresa siempre fue el de avanzar progresivamente en la integración vertical. Desde el diseño de circuitos integrados hasta la impresión y el encapsulado. El proyecto buscaba, inclusive, avanzar hasta la difusión de silicio.

El crecimiento de la firma fue exponencial: “Yo entré en el año ‘71 y éramos ocho personas. Pero llegamos a ser casi 1000. A veces me enojo cuando hay discusiones sobre el costo de la mano de obra. He estado en muchas empresas y, salvo alguna en particular, no es muy importante. Lo más importante de todo es el conocimiento científico y tecnológico”, dice Díaz.

La dictadura militar que se inició con el golpe de marzo de 1976 inició una etapa de terrorismo de estado y un radical cambio de política económica que abrió de manera indiscriminada las importaciones. A partir de entonces, el proyecto productivo de FATE Electrónica se vio interrumpido. “El secuestro en 1977 de Matilde Matraj, la esposa de Manuel Madanes, hizo que éste tuviera que regresar a la Argentina para negociar su liberación. Al mismo tiempo, puso a personas al frente de la empresa que decían que producir circuitos integrados o papas fritas era exactamente lo mismo”, se lamenta Díaz.   


Fuente: Agencia TSS

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