viernes, 12 de agosto de 2016

SRB-X, el cohete derivado del transbordador espacial que nunca fue
por Daniel Marín


Los cohetes de combustible sólido o SRB (Solid Rocket Boosters) del transbordador espacial han sido los más potentes jamás construidos. Capaces de desarrollar 14,7 meganewtons —se dice pronto—, proporcionaban el 72% de empuje para que el transbordador se elevase del suelo (el resto era cortesía de los motores de combustible líquido SSME). Así que no es de extrañar que en cuanto el shuttle comenzó a volar en 1981 la NASA propusiera emplear estos cohetes para crear un lanzador totalmente nuevo. El proyecto, conocido como SRB-X fue una loca idea del Centro Marshall de la NASA que no llegaría a ver la luz. Una lástima, porque habría sido uno de los cohetes más exóticos de la era espacial.

Diseño del SRB-X de 1981 (NASA).

Para minimizar costes, el SRB-X debía usar las instalaciones del transbordador del Centro Espacial Kennedy en Florida (rampas 39A y 39B) y de la Base Aérea de Vandeberg (rampa SLC-6) de California (por entonces la USAF planeaba lanzar el transbordador desde Vandenberg en misiones militares a órbitas polares). Se concibieron varias configuraciones del SRB-X, pero todas ellas coincidían en el uso de dos cohetes SRB laterales que actuarían como primera fase y un tercero que iría en medio y que serviría como segunda fase.

El conjunto se completaría con una tercera etapa de combustible líquido sacada del Titán III y una cuarta etapa criogénica, una Centaur-G, desarrollada originalmente para el transbordador y que nunca fue usada por culpa de las medidas de seguridad introducidas después del accidente del Challenger (alguien decidió acertadamente que no era muy buena idea que el shuttle despegase con varias toneladas de propergoles líquidos en la bodega de carga). Dependiendo del tamaño de los cohetes la capacidad de carga podría variar, pero el Centro Marshall quería que fuese capaz de situar en órbita baja hasta 30 toneladas, la misma carga máxima que por entonces se esperaba el transborador pudiera lanzar (los requisitos de seguridad, especialmente a raíz del Challenger, reducirían esta cifra a casi la mitad). La versión más popular tendría una capacidad de casi 20 toneladas.

Diseño del SRB-X de 1984 (NASA).

Características del SRB-X (NASA).

Al igual que los SRB del shuttle, los propulsores del SRB-X se recuperarían en alta mar tras amerizar con paracaídas. No obstante, hay que recordar que, pese a lo que muchos piensan, los SRB no eran estrictamente reutilizables. Más bien eran ‘reciclables’, ya que los segmentos de los SRB solo podían ser empleados en otros propulsores tras un trabajo extensivo de reconstrucción. En cualquier caso, la parte propulsiva de los SRB que contenía el combustible sólido —una pasta de perclorato de amonio, aluminio y polibutadieno— recibía el nombre de RSRM (Reusable Solid Rocket Motor). Los SRB del shuttle y los dos laterales del SRB-X tenían cuatro segmentos propulsivos, mientras que el central solo llevaba tres.

Puesto que el SRB-X iba a emplear las mismas instalaciones que el transbordador, los dos SRB laterales estaban situados a la misma distancia que en el shuttle, por lo que el conjunto no era todo lo compacto que pudiera ser. El resultado es que el SRB-X era más pesado de lo que podía haber sido, pero no quedaba otra opción.

Diseño del SRB-X de 1984 (NASA).
 
Enganches del STB-X para adaptarse a las instalaciones del shuttle (NASA).

En su momento el proyecto SRB-X fue muy polémico porque se trataba del primer intento serio de crear un lanzador espacial de gran tamaño usando casi en exclusiva cohetes de combustible sólido. Este tipo de combustible permite lanzadores de gran empuje al lanzamiento, pero son muy poco eficientes —o sea, tienen bajo impulso específico o Isp (los SRB poseían un Isp de unos 242 segundos, mientras que un motor criogénico puede alcanzar los 370 segundos aproximadamente). Para colmo, el empuje de estos cohetes no se puede regular, a diferencia de los de combustible líquido (el empuje que debe desarrollar un cohete de combustible sólido viene ‘preprogramado’ de fábrica variando la densidad, riqueza o forma de la mezcla sólida).

El SRB-X en la rampa SLC-6 de Vandenberg (NASA).

Otra vista del SRB-X (NASA).

El objetivo del SRB-X era servir de vehículo de lanzamiento de reserva en caso de que el transbordador no pudiese volar por cualquier motivo. Era un objetivo muy sensato, pero la cúpula de la NASA no mostró demasiado interés por un cohete que competía directamente con al propio shuttle justo cuando la agencia espacial buscaba desesperadamente misiones para el transbordador con el fin de aumentar la tasa de lanzamientos y justificar así sus elevados costes de desarrollo. Los militares tampoco se sintieron demasiado impresionados por el ‘engendro’ y en febrero de 1985 optaron por el Titán-34D como lanzador sustituto del transbordador. Otras propuestas de lanzadores similares que usaban un único SRB como primera etapa —una especie de Ares I ochentero— fueron todavía menos populares.

Lanzadores basados en el SRB de 1986. La NASA también sopesó desarrollar un cohete con una primera etapa que usaba un único SRB, un concepto que luego sería resucitado para el cohete Ares I del Proyecto Constelación (NASA).

El SRB-X desapareció sin dejar rastro después del desastre del Challenger y hubo que esperar al primer diseño del Ariane 6 europeo para ver un lanzador potente basado casi únicamente en etapas de combustible sólido, un diseño que sería rápidamente rechazado. Por su parte, los SRB siguen vivitos y coleando: la NASA usará SRB de cinco segmentos para el futuro cohete SLS, cuyo primer vuelo está previsto para finales de 2018. 



Fuente:  danielmarin.naukas.com

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