viernes, 15 de junio de 2012

“Una negociación sería beneficiosa para todo el mundo”
Es la primera vez que un presidente se presenta ante el Comité. Lo hizo junto a un nutrido grupo de legisladores y ex combatientes. CFK se diferencia de la dictadura y criticó al gobierno de Cameron.
Por Victoria Ginzberg


“Pedimos dialogar. No estamos pidiendo que nos den la razón. Apenas, nada más ni nada menos que se sienten a una mesa a dialogar. ¿Puede alguien negarse a dialogar y pretender convertirse en adalid de la libertad, de los derechos humanos?”, dijo la presidenta Cristina Fernández de Kirchner poco antes de terminar el discurso que hizo ante el Comité de Descolonización de Naciones Unidas. En un gran salón repleto de dirigentes argentinos, ex combatientes, familiares de los soldados muertos durante la guerra y representantes de otros Estados, CFK reiteró el reclamo de la soberanía, se diferenció de la dictadura que inició el conflicto armado en 1982 y criticó con dureza al gobierno de David Cameron, no sólo por no acatar las resoluciones del organismo internacional, sino también por haber levantado ayer, en el 10 de Downing Street, la bandera de las Malvinas. “Sentí vergüenza ajena. Las guerras no se festejan. Costó muchas vidas”, señaló. El comité aprobó luego una nueva resolución en la que se insta al Reino Unido a negociar con la Argentina.

El comité sesionó ayer de forma inusual. No sólo no es común, sino que nunca había pasado, que un jefe de Estado concurriera a ese foro. El encuentro se realizó en una amplia sala de conferencias que terminó llena luego de que se acomodaran todos los asistentes. Poco antes, la Presidenta se había reunido con el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon. Mientras esperaban, algunos miembros de la delegación argentina aprovechaban para hacer declaraciones sobre la importancia de la presencia de CFK en el organismo el día que se cumplían 30 años del fin de la guerra, otros charlaban de política doméstica y otros se sacaban fotos con el fondo de un telar acerca del mito de Prometeo, sobre una de las paredes.

La Presidenta entró acompañada por el canciller Héctor Timerman, el embajador en Estados Unidos, Jorge Argüello; el presidente de la Cámara de Diputados, Julián Domínguez, y el secretario de Legal y Técnica, Carlos Zannini. Se sentó en la primera fila, en el sector de la izquierda del salón. En el estrado estaba el presidente del comité, el ecuatoriano Diego Morejón, y otras autoridades del foro. Los primeros en hablar fueron los peticionarios. Luego fue el turno del vicecanciller chileno, Fernando Schmidt, quien presentó en nombre de su país y de Bolivia, Cuba, Ecuador, Nicaragua y Venezuela el proyecto de resolución en el que se reitera que “la única manera de poner fin a la especial y particular situación colonial en la cuestión de las Islas Malvinas es la solución pacífica y negociada de la controversia sobre soberanía que existe entre el gobierno de la República Argentina y el del Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte”.

Cuando le tocó hablar, desde el sitio en el que estaba sentada, CFK comenzó haciendo alusión a que aún existen 16 territorios coloniales y en 10 de ellos está el Reino Unido. Mencionó enseguida que estaba acompañada de la mayoría de los partidos políticos con representación parlamentaria del país. “Están aquí duros opositores a mi gobierno que, sin embargo, conciben a Malvinas como una cuestión que excede la política interna, porque la soberanía de las islas no es sólo sobre Argentina, es una grieta al mundo por el que tantos murieron en las guerras de liberación”, señaló. Luego, representantes del oficialismo como Daniel Filmus y Martín Sabbatella y de la oposición, como Felipe Solá y Alfredo Atanasof, elogiarían las palabras de la Presidenta.

La presencia inglesa en Malvinas como tema de preocupación regional y global fue uno de los ejes del discurso. La crítica a la dictadura fue otro: “Fuimos víctimas”, aseguró y recordó los juicios a los represores que están en marcha. Los otros puntos centrales fueron el incumplimiento del Reino Unido de las resoluciones de la ONU –ligado al estatus preferencial que gozaría por ser miembro del Consejo de Seguridad– y la existencia de negociaciones bilaterales previas a la guerra de 1982, en las que el Reino Unido aceptaba la existencia del conflicto, dialogar y hasta proponía una salida conjunta. La única vez que leyó, lo hizo para citar un documento secreto de la Cancillería de junio de 1974. Allí consta la voluntad del “gobierno de su Majestad” de “poner fin a la disputa sobre la soberanía mediante la aceptación de la Argentina de una co-soberanía sobre las islas”. En concreto, el condominio incluía, entre otras cosas, que “las banderas británica y argentina serían enarboladas a la par y los idiomas oficiales serían el inglés y el español”, que “todos los ‘nativos’ en las islas poseerían la doble nacionalidad” y que “el gobernador podría ser designado alternativamente por la reina y el presidente de la Argentina”. En ese momento, el gobierno argentino envió una contrapropuesta y a pesar de que las negociaciones avanzaron, la muerte de Juan Domingo Perón las dejó truncas. Poco después llegó el golpe de Estado y luego la guerra de 1982. “Por eso queremos la reanudación de las negociaciones. Qué culpa tenemos los argentinos de lo que nos pasó después del 24 de marzo de 1976”, se preguntó. También señaló que la preocupación regional sobre las Islas Malvinas “es un ejercicio de autodefensa” ya que la zona está “desmilitarizada”. “Desde 1983 sólo estamos presentes en misiones de paz, en Chipre, en Haití. No estamos en Irak ni en Afganistán. Hablan de referéndum, por qué no lo hacen en Irak o Afganistán”, señaló.

Cuando terminó, luego de los aplausos, el presidente del comité le expresó que su presencia era “un estímulo para mejorar muchas cosas” y una prueba de que “el diálogo multilateral debe existir”. Una vez que se votó la resolución propuesta por Chile, que se realizó por unanimidad, CFK se acercó a saludarlo. La siguieron cerca de una decena de cámaras de televisión y su salida provocó un breve revuelo entre las personas que querían acercarse a saludarla. “Es un día de particular orgullo –dijo luego Timerman en una breve conferencia de prensa en el segundo piso de la sede de la ONU–. No me cabe duda de que las Malvinas son argentinas, pero el llamado de la ONU a negociar es una obligación para mi país y también debe serlo para el Reino Unido. ¿Cómo hará el Reino Unido para decirles a otras naciones que cumplan con las resoluciones si ellos no lo hacen?”
La voz de los peticionarios

Marcelo Luis Vernet habló de la abuela de su abuela. La mujer del primer gobernador político y militar de Malvinas. Alejandro Betts de su propia experiencia. Nació en las islas y vive en Córdoba desde 1982. Son los peticionarios argentinos y no fue su primera vez ante el Comité de Descolonización. Fueron a la vez los encargados de responder a los representantes de los isleños, Roger Edwards y Mike Summers, miembros de la Asamblea Legislativa de Malvinas, quienes presentaron el problema como una cuestión de “autodeterminación de los pueblos”. “El Reino Unido utiliza la infundada excusa de la autodeterminación para el establecimiento de una poderosa base militar que sirve exclusivamente a sus intereses estratégicos en el control absoluto del Atlántico Sur en toda su extensión”, dijo Betts.

Según el funcionamiento del comité, son los “peticionarios” quienes hacen sus solicitudes ante el foro. Los cuatro peticionarios que hablaron ayer se ubicaron en la parte de atrás del salón, en la misma fila de sillas, pero dejando entre argentinos e isleños dos asientos vacíos.

La exposición de Edwards estuvo centrada en señalar que la Argentina era en realidad quien tenía pretensiones colonialistas sobre las Malvinas (las llamó Falklands) y que el gobierno de CFK era “hipócrita” porque no respetaba los derechos humanos de los kelpers. Dijo que las islas tienen una Constitución poscolonial y autogobernanza interna. “En 1833 (cuando el Reino Unido invadió las islas) no existía el principio de integridad territorial. Las Malvinas nunca fueron argentinas. Ningún civil fue expulsado en 1833”, dijo.

Summers aseguró que en Malvinas viven tres mil personas que “han llegado de todas partes del mundo y viven allí por su propia voluntad” y que poseen una Asamblea Legislativa independiente que los gobierna. Mencionó que le gustaría entregarle a la Presidenta una carta para entablar un diálogo acerca de temas de interés mutuo y para preservar el ambiente del Atlántico Sur.

Betts refutó algunas de esas apreciaciones. Dijo que el “censo colonial” de 2006 arrojó que un 37 por ciento de la población acreditaba menos de diez años de residencia en las islas y que el incremento poblacional resulta en gran medida de la política británica de contratación de mano de obra del Reino Unido y Santa Elena, otra colonia de ese país. “El derecho a la libre determinación no surge ni se crea para favorecer la continuidad de conquistas militares seguidas de la instalación de una población afín al conquistador para hacerles decir que quieren seguir bajo la misma situación, como ocurre hoy en Malvinas”, dijo. Agregó que los ciudadanos argentinos no pueden radicarse, ser propietarios o tener tierras allí y que el “gobierno” de Malvinas “no es independiente”, ya que la administración ejecutiva recae sobre un gobernador nombrado por la Corona que designa a parte de los miembros de la Asamblea Legislativa.

Vernet hizo un relato en base al diario de la abuela de su abuela, María Sáenz de Vernet, donde describe la vida en Malvinas en 1829 como la de un pueblo que comenzaba a formarse con pobladores de distintas provincias argentinas, con uruguayos, tehuelches, alemanes, escoceses, franceses, genoveses, ingleses, irlandeses y africanos que iban destinados a Brasil como esclavos. El 30 de agosto de 1829, según la mujer, Vernet decide tomar posesión de las islas en nombre del gobierno de Buenos Aires. “A las doce se reunieron todos los habitantes, se enarboló la bandera nacional, a cuyo tiempo se tiraron 21 cañonazos, repitiéndose sin cesar el viva la Patria.” “Vengo a dar testimonio de esta historia de paz, negada por el usurpador, para contrastarla con el presente: una base militar británica en el Atlántico Sur, un enclave colonial desgajado de su natural pertenencia americana, una factoría con población transplantada”, expresó. Luego de la sesión le preguntaron al canciller Héctor Timerman por qué Argentina no había aceptado la carta de los kelpers. “Argentina es un Estado, miembro de Naciones Unidas, y dialoga con otros Estados. Estamos dispuestos a aceptar cualquier carta que envíe el gobierno británico. La solución a este conflicto es el diálogo con Gran Bretaña, lo dice la ONU”, señaló.

Reunión con Ban Ki-moon 

El secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, aseguró ayer que continuará “insistiendo” en sus trabajos de buenos oficios para “poner a consideración todo lo que tiene a su alcance” para que el Reino Unido “se siente en la mesa de diálogo” con Argentina por la soberanía de las islas Malvinas. Según informaron desde la delegación argentina, tras el encuentro mantenido con la presidenta Cristina Fernández, Ban Ki-moon sostuvo que desde la ONU van a “ayudar con lo que tenga que ver con la paz” y en ese sentido consideró que Argentina es un actor “de paz”. Por otro lado, en la reunión que tuvo lugar previo a la exposición de CFK ante el Comité de Descolonización, Ban Ki-moon le manifestó a la Presidenta que le “complace mucho cómo está llevando adelante la estabilidad del país”.
Fuente: pagina12.com.ar

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