Los desafíos tecnológicos son el nuevo capricho de los millonarios
Por Marcelo Bellucci
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Richard Branson. Magnate que ahora apuesta fuerte al turismo espacial. |
Cuando el dinero se convierte en un recurso ilimitado que trasciende la codicia o el despilfarro, los caprichos más insólitos dejan las páginas de la ficción para
convertirse en realidad. Un recorrido por la vida de los megamillonarios
de hoy muestra que, por curiosidad o filantropía, algunos de ellos
están embarcados en enfrentar los desafíos tecnológicos más audaces.
Uno
de los más célebres es Sir Richard Charles Nicholas Branson. Su
imperio, Virgin Group, es un conglomerado de 360 empresas que abarca
discográficas, bebidas y hoteles de lujo. Pero ahora está entusiasmado
con la aviación y el turismo espacial. Empezó la construcción de la
Virgin Space Ship (VSS) Enterprise en 2007 y la continuó en secreto bajo
la dirección del ingeniero aeronáutico Burt Rutan, responsable del
diseño del SpaceshipOne (SS1), el primer avión espacial de uso privado.
Según
el comunicado oficial, 529 personas ya se apuntaron a la lista de
candidatos para volar con la SS2, que se elevará a unos 96 kilómetros de
la Tierra en vuelo suborbital. Llevará 2 pilotos y 6 pasajeros, a un
precio de 200 mil dólares por asiento.
El propio Branson, junto con sus 2 hijos, serán los primeros pasajeros del proyecto espacial, que arrancará a fines de 2013.
El sueño del empresario australiano Clive Palmer, que se enriqueció con la minería, es construir el Titanic II, una réplica del transatlántico hundido
pero impulsado por la tecnología de hoy y lo último en navegación y
seguridad. La embarcación contará con 840 habitaciones y 9 cubiertas. La
naviera de su propiedad, Blue Star Line, encomendó la construcción del
barco al astillero estatal chino Jinling. El recorrido inaugural está
previsto para fines del 2016 desde Inglaterra hasta Estados Unidos.
Y
si de asumir riesgos se trata, Dmitry Itskov, el magnate ruso de los
medios de comunicación, contrató a 30 científicos para darle forma a
2045 Avatar Project. Tomando como inspiración la película de James
Cameron, plantea alcanzar la inmortalidad de la conciencia humana: creará robots que puedan reemplazar a los cuerpos humanos y almacenar su “personalidad” en cerebros artificiales.
De acuerdo con sus estimaciones, en 2020, esta copia cibernética será controlada por un BCI (Brain Computer Interface). En 2025 se conseguiría transferir el cerebro de una persona ya
muerta a estos avatares. En 10 años más, los androides serían tan
avanzados que podrían asumir la personalidad de un ser humano. Y para
2045 la humanidad ya dispondría de avatares holográficos capaces de convertirnos en seres prácticamente inmortales.
El
ingeniero Bertrand Piccard, además de un generoso patrimonio, heredó un
espíritu aventurero. Su abuelo Auguste fue el primero en ascender en
globo a la estratosfera, y su padre Jacques el primero en llegar al
punto más profundo del océano, la Fosa de las Marianas. Para no ser
menos, Bertrand diseñó el primer avión que se impulsa con luz solar. El año pasado, el Solar Impulse logró volar 26 horas seguidas. El próximo desafío es reducir su peso para dar la vuelta al mundo en 5 días. Este prototipo tiene 64 metros de envergadura (casi tanto como un
Airbus 340) pero sólo pesa 1.600 kilos. Está construido con fibra de
carbono de vidrio y kevlar y la tecnología electrónica más avanzada.
Tiene una velocidad punta de 70 kilómetros por hora, la potencia de una
moto y lugar para un sólo pasajero.
Aunque el dinero no siempre
garantiza el éxito. Jeff Bezos, fundador y presidente de Amazon, entró
hace unos años al negocio espacial con la firma Blue Origin. Para evitar
una imagen de fracaso, en septiembre de 2011 el propio Bezos anunció
que la nave New Shepard, durante un vuelo suborbital, perdió el contacto
con la base y se estrelló en el desierto de Texas. Fueron 22 millones
de dólares tirados en la arena.
Fuente: clarin.com
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