Rusia intensifica el desarrollo de cohetes propulsores
por Konstantin Bogdánov

La Agencia Espacial de Rusia,
Roscosmos, acelera ensayos del nuevo lanzador Angará y encarga el diseño
de un nuevo cohete pesado para realizar vuelos a la Luna.
No obstante, el proceso de la creación del nuevo cohete se podría
estancar a causa de la competencia entre los diseñadores. Para avanzar
en el proyecto habrá que coordinar muy bien los intereses corporativos
con la estrategia federal del desarrollo de la cosmonáutica.
Las pruebas de Angará en Corea
El Centro de Ingeniería Espacial Mijaíl Jrúnichev, uno de los
principales fabricantes rusos, envió a Corea del Sur la primera fase del
cohete KSLV-1 para una prueba de vuelo que se realizará a finales de
2012. Los primeros dos lanzamientos de este cohete en 2009 y 2010
terminaron en fracaso.
¿Qué tiene que ver el Centro Jrúnichev y el portador surcoreano?
KSLV-1 (Korean Space Launch Vehicle), también llamado Naro-1, pertenece a
la familia de lanzadores orbitales surcoreanos en desarrollo que
utiliza como base el módulo cohete universal URM-1 con el motor RD-151.
Es una de las piezas que se utilizará también en el lanzador de nuevo
tipo Angará, solo que en la versión rusa se le instalará un motor más
potente RD-191.
Por cierto, los dos anteriores lanzamientos fallidos de KSLV-1 no
tuvieron que ver con el funcionamiento de la primera etapa, de origen
ruso, del cohete.
Así que las pruebas del lanzador surcoreano cuentan como parte del
programa de ensayos del nuevo cohete ruso que, por lo demás, se ha
estancado. Los expertos del sector bromean que, según aseguran los
diseñadores de Angará, para su primer lanzamiento siempre faltan dos
años.
Esto sigue así desde finales de los 1990, aunque ahora la situación
parece estar cambiando: el centro Jrúnichev prometió lanzar el nueve
cohete en 2013.
El nuevo Angará es un lanzador modular con varias configuraciones que
permiten situar en la órbita cargas útiles de entre 2.000 y 24.500
kilogramos. Además, dos cohetes de la familia de Angará, Amur y Yenisey,
que están en desarrollo, podrían transportar cargas más pesadas.
Un lanzador más que pesado
El 2 de agosto de 2012, Roscosmos convocó un concurso para el diseño
de un nuevo portador pesado que sea capaz de realizar vuelos, también
tripulados, a la Luna. El Centro Jrúnichev ya había elaborado varios
proyectos para fabricar un lanzador pesado desarrollando los cohetes de
la familia de Angará. Es probable que los diseñadores del centro
participen en el concurso intentando ampliar su nicho en el mercado. Además, sería lógico que todos los lanzadores de diferentes tipos se
fabricaran por una misma empresa.
La corporación rusa de ingeniería espacial Energía, ya hizo una
propuesta concreta. “La corporación Energía propone crear conjuntamente
con Ucrania y Kazajstán un cohete portador que incluiría la tecnología
del programa soviético 'Energía-Burán”, dijo el presidente de la
empresa, Vitali Lopota, a los medios de comunicación. Según comentó
Lopota, la capacidad de carga del nuevo lanzador deberá alcanzar 60 o 70
toneladas.
El motivo que empujó a Energía a volcarse en el proyecto del
desarrollo de un lanzador pesado seguramente radica en las decisiones
que se tomaron en el sector durante el último año. En otoño de 2011
Vladimir Popovkin, el jefe de Roscosmos, decidió suspender
provisionalmente la construcción del nuevo lanzador Rus-M, que debía
realizar su primera misión en 2015. Este era un proyecto desarrollado
por la corporación Energía para el lanzamiento de la nueva nave
tripulada desde el futuro cosmódromo de Vostochni que se construye en la
zona del Amur, en el Lejano Oriente de Rusia.
Roscosmos apostó por una de las versiones del Angará del Centro
Jrúnichev para los fines de unificación de las soluciones tecnológicas y
concentración de la producción, quedándose la corporación Energía fuera
del proceso.
Por lo tanto, la nueva propuesta de la empresa de Lopota es, entre
otras cosas, un intento de obtener financiación estatal para un proyecto
a largo plazo. Sin embargo, el formato propuesto suscita muchas
preguntas.
Propuesta euroasiática
La primera de ellas es la cooperación con Ucrania y Kazajstán. Es
difícil comprender cómo va a gestionarse y coordinarse un proyecto
conjunto. Además, la cosmonáutica rusa ya se ha metido en varias
ocasiones en los proyectos conjuntos con las ex repúblicas soviéticas de
los que salió perdiendo.
Es verdad que la empresa ucraniana Yuzhmash colabora mucho con las
empresas rusas de construcción de cohetes. Los ingenieros del antiguo
centro de investigación espacial Mijaíl Yánguel, ahora parte de
Yuzhmash, realizan trabajos de mantenimiento de los misiles balísticos
intercontinentales R-36M2 Voevoda, que todo el mundo conoce bajo el
nombre de SS-18 Satanas. El Zenit, fabricado por los ucranianos, se
utiliza para colocar cargas comerciales desde el cosmódromo de Baikonur y
la plataforma marina rusa situada en el Pacífico 'Morskoi start'
(Lanzamiento marítimo).
No obstante, un proyecto conjunto de un nuevo lanzador es otra cosa.
En la situación actual habrá que evaluar escrupulosamente todos los
riesgos de tal cooperación y, sinceramente, no es obvio que la
conclusión resulte positiva.
Pero la cuestión más importante es el lugar del lanzamiento del
hipotético lanzador. En las bases del concurso anunciado por Roscosmos
está expresamente indicado que tendrá que ser el cosmódromo Vostochni
que se está construyendo para reemplazar el Baikonur, el cosmódromo que
Rusia alquila a Kazajstán.
Sin embargo, Energía propone volver al Baikonur pretendiendo, quizás,
reanimar el moribundo proyecto Baiterek (el de la creación en Baikonur
de una nueva base espacial conjunta con la parte kazaja). En un
principio se planeaba que sería el Angará el que se lanzaría desde la
nueva plataforma en Kazajstán, pero luego se decidió que para los
lanzamientos de este cohete se utilizaría el cosmódromo Vostochni.
Desde esta perspectiva la propuesta de Energía parece absurda, ya que
contradice tanto los requisitos del concurso de Roscosmos como la
estrategia general del sector espacial del país. Por lo tanto, y para
evitar luego pérdidas millonarias, se debería recordar siempre que los
intereses corporativos no tienen por qué coincidir con los nacionales.
Fuente: RIA Novosti
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