Pablo Stefanoni: “Hoy los tecno-oligarcas son también ideólogos”
El historiador analiza las particularidades de las nuevas derechas, a las que diferencia del fascismo tradicional. Propone “rearmar una internacional progresista” para enfrentar a los reaccionarios globales y locales.
Por Sebastián Ackerman
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| Pablo Stefanoni había publicado anteriormente "La rebeldía se volvió de derecha". Verónica Bellomo |
Las extremas derechas ya son parte del horizonte político allí donde se encuentran. No llaman tanto la atención sus propuestas neoconservadoras y reaccionarias, ni la masividad del apoyo que consiguen en las urnas. Sus éxitos electorales germinaron en la última década pero se aceleraron durante la pandemia. Sin embargo, ni las transformaciones que llevan adelante, ni su ingeniería electoral sostenida en las redes y el desarrollo tecnológico, garantizan su continuidad sin disputas frente a sectores progresistas. Este proceso analiza Pablo Stefanoni en su nuevo libro Un fantasma recorre el mundo (Siglo XXI Editores). “Las derechas estas tienen límites, no construyeron un orden estable”, asegura a Página/12 el autor.
“El neoliberalismo construyó un orden durante mucho tiempo, en su momento fue el orden keynesiano. Estas derechas no creo que hayan construido un orden. Y todavía, no es menor, son derrotables en elecciones. Y esos golpes de Estado a la (Donald) Trump en el Capitolio, o el de (Jair) Bolsonaro, son más farsa que tragedia. Pueden ser las dos cosas, pero son bastante farsas”, detalla el autor.
A pesar de no construir un nuevo orden, sostiene el periodista y doctor en Historia, sí producen transformaciones en lo cotidiano. “Van introduciendo elementos que tienen efecto en la sociedad y en la política, porque van corriendo fronteras y consensos, ideas de ciudadanía”, con lo que “la derecha, incluso aunque no crea un orden nuevo, puede envenenar la vida social, debilitar una idea de democracia que, con mucha dificultad, por lo menos era un horizonte”.
“Después de un periodo bastante progresista en el mundo, en los años 2010, reintroducen una legitimidad de discursos muy reaccionarios y lo pueden hacer con bastante impunidad”, observa en su libro, que presentará este domingo a las 16 en la Feria de Editores (C Art Media, Av. Corrientes 6271, con entrada gratuita), junto a Federico Vázquez y Leticia Martínez. “Porque la sociedad argentina quizás se derechizó en estas cosas de que hay más impunidad para ser racista, atacar a los sectores populares como ´planeros´ y demás. Pero no creo que haya una derechización completa respecto a cuestiones sociales”, detalla.
-El título del libro claramente es una referencia a Karl Marx. ¿Por qué lo elegiste?
- Me gustó la idea del fantasma porque tiene una doble dimensión. Por un lado, el fantasma puede ser muy real. O sea, el comunismo era pequeño pero cuando Marx escribió eso ya era amenazante. Y las élites reaccionaban a algo que todavía era un fantasma pero lo detectaron, con un temor que puede o no estar justificado. Hoy hay ciertos fantasmas del fascismo, que en parte son reales, pero en parte también hay comparaciones con los años ´20-´30, y todos reconocen que hoy el mundo es muy distinto a esos tiempos. Y es una comparación que tiene, por decirlo rápidamente, la ventaja de que “fascismo” es un término que todos conocemos, sabemos que hay una luz roja, frente a cualquier otro término nuevo que uno pusiera a estas derechas. El Bella ciao puede ser la canción de La Casa de Papel, una serie ultra comercial, pero además se canta en movilizaciones contra la extrema derecha en Europa.
El historiador, que también escribió ¿La rebeldía se volvió de derecha? y viene estudiando estos movimientos desde hace años, considera que la “tranquilidad” que da una etiqueta conocida puede ser productiva para aglutinar frente al “fascismo”, pero obtura la reflexión sobre las características propias de estas nuevas derechas. “La idea del fascismo termina siendo un poco tramposa porque puede generar la convicción de que si vamos a los años ´20 entendemos todo, ya nos vacunamos y ya evitamos”, reflexiona, “pero también puede generar la fantasía de que si entendemos el pasado estamos preparados. Y con los tecno-oligarcas, o la inteligencia artificial, no nos sirve solo entender ese fascismo, porque se construyó en condiciones específicas. Eso puede ser fantasioso porque esos peligros que tenemos están cargados también de novedades”, alerta.
- ¿Esas novedades tienen que ver con los desarrollos tecnológicos? La llamada “tecno-oligarquía” pareciera que quiere rediseñar el mundo. Peter Thiel está acá desde hace un tiempo y eso genera muchas preguntas…
- Es bastante sintomático que Steve Bannon, por ejemplo, haya dicho “somos leninistas”. Claro, estrictamente no son leninistas, pero había algo recuperable: Lenin introduce el elemento de la voluntad política en el proyecto revolucionario. Es sintomático que la derecha recupera cierta voluntad de transformación contra un mundo que se había pensado en los ´90 que no había mucho que hacer en la política. Los ciudadanos iban a votar como consumidores, el mundo iba a tender a un centro derecha y un centro izquierda que no cambiara mucho. Desaparecía la política. La derecha vuelve a introducirla. Ahora estos personajes, los tecno-oligarcas, sin duda vienen con una idea de apalancar sus ideas a partir de sus fortunas, pero no desde un yate financiando think tanks, sino ellos mismos son ideólogos. Eso me parece un cambio. Lo que pasa es que a nivel político sigue siendo difícil para estas derechas hacer cambios radicales. Todavía no se ve ningún orden nuevo construido en base a esto. Ahora, los tecno-oligarcas están en otra clave que es distinta porque ellos no están necesitando hoy al estado. Van en paralelo.
- Milei hace mucho por “ser parte” de esas derechas, tanto europeas como norteamericanas, y muchas veces retoma sus discursos. ¿Por eso llamás a cierto mileísmo “hidropónico”?
- Lo de las derechas es interesante porque, por un lado, hay una internacional reaccionaria que junta. Y por otro, vemos tensiones crecientes. Por ejemplo, la extrema derecha europea con Trump, porque es una bestia que ataca todo el tiempo y humilla a sus aliados. Está Israel también como un elemento que nombro en el libro que me parece que a veces no se mira tanto cuando se analiza la extrema derecha, y es un elemento muy importante porque es muy radical y tiene muchos grupos de presión. Ahí aparece en un momento en este mapa Milei, que es medio como un OVNI. Me parece que, efectivamente, hay una parte de esa agenda que no es muy productiva, pero Milei es muy ideológico a la vez. Tiene una dimensión ideológica que, aunque después sea contradictorio y demás, la conserva. Está poco arraigado en la política local, porque siente que lo obliga a traicionar todo el tiempo sus ideas. En cambio, en los foros internacionales va y habla de anarcocapitalismo sin ninguna restricción. Y por eso me parece que en lo personal es muy desarraigado. Milei era realmente un outsider ultra radical, no solo ideológico, porque él no conocía nada de la política local. Le funciona solo cuando eso engancha con una forma de atacar al kirchnerismo. Ahí puede decir que la ley de Educación Sexual Integral aumenta la propaganda y vuelve trans a los niños de cinco años, por ejemplo.
- A pesar de todo el recorrido del libro, tenés optimismo sobre las posibilidades de que partidos progresistas triunfen sobre estas propuestas reaccionarias. ¿Qué ves para sostener esa postura?
- Se puede interpretar como un poco de amigabilidad (risas), pero creo realmente que incluso este Trump radical tampoco construyó un nuevo orden. El ICE puede ser muy fascista y es cruel, pero en términos estadísticos no ha echado más migrantes que antes. Milei tampoco por ahora construyó algo nuevo. Va poco tiempo, pero tampoco está la idea. Puede generar un discurso, una conversación pública bastante envenenada, lo que sea, pero no hay un nuevo orden. Es un momento del mundo que nadie puede mucho... Y por otro lado porque el progresismo todavía resiste en algunos aspectos, el movimiento feminista todavía tiene peso, los movimientos de diversidades sexuales tienen peso. O sea, las sociedades que votan a las derechas no necesariamente quieren una derechización completa. Al peligro fascista lo enfrentas con algo. Y si hay una internacional reaccionaria, rearmar una internacional progresista que vaya más allá de lo que ya existe. Pero algo que no dependa de los gobiernos, que sea una cosa más articulada, me parece que eso es interesante poder pensarlo con cierto optimismo razonable.
Un rothbariano selectivo
El presidente cita seguido a uno de sus ídolos ideológicos, Murray Rothbard, y hasta le puso su nombre a uno de sus perros. Pero no es tan consecuente con esa idolatría, por lo menos en las relaciones internacionales: se autocatalogó como “el presidente más sionista del mundo” en marzo último. ¿Qué pensaba Rothbard de Israel? “Ahí hay un límite porque los anarcos capitalistas como Murray Rothbard, que era muy reaccionario pero muy consecuente, odiaba el Estado y estaba en contra de todos los Estados”, arranca Stefanoni. “Cuando se creó el Estado de Israel, él era anti Israel diciendo que era un nuevo Estado”, recuerda. Y cuenta que esa convicción lo llevaba incluso a defender a los palestinos, porque “les expropiaban tierras”, y “ellos defendían el derecho de propiedad. Era una forma heterodoxa de defender a los palestinos para lo que era la época, diciendo que nadie debía poder expropiar. Además de que Israel venía con toda esa cosa medio socialista, al comienzo”, enumera.
Por esa misma convicción, por otro lado, también apoyaba al Ku Klux Klan porque se oponía al Estado norteamericano. “Había una coherencia”, acepta el autor. “Milei termina siendo en tres días un presidente sin ningún movimiento anarcocapitalista, liberal libertario significativo. No solo en la sociedad, incluso en el gobierno no hay eso. Digo, a Karina no le importa lo que decía Rothbard o (Milton) Friedman o (Friedrich) Hayek o (Ludwig von) Mises. Pero tampoco le importa ni a Toto Caputo, que se reiría, ni a Santiago Caputo, ni a (Patricia) Bullrich, que hizo campaña contra eso. No le importa a nadie eso. Quizá (Bertie) Benegas Lynch es el único que anda con esas cosas”, concluye.
Fuente: www.pagina12.com.ar/









