sábado, 12 de junio de 2021

La periferia de la Vía Láctea podría ser habitable
Hallan moléculas orgánicas en regiones lejanas de nuestra galaxia, donde hasta ahora se pensaba que no podían existir.
por Jorge Recalde


Imagen de la Vía Láctea.


Científicos de la Universidad de Arizona han anunciado, en el seno de la reunión anual de la Sociedad Americana de Astronomía, el hallazgo de trazas de moléculas orgánicas en nebulosas planetarias lejanas, con un detalle y una resolución nunca antes logradas. Para ello, se han valido de las imágenes obtenidas por el telescopio ALMA, en Atacama, Chile. En concreto, han sido capaces de identificar emisiones compatibles con la existencia de cianuro de hidrógeno y monóxido de carbono en cinco nebulosas. El hallazgo es de gran importancia porque la comprensión de cómo se forman y evolucionan este tipo de moléculas es clave para entender el origen de la vida y la probabilidad de encontrar zonas habitables en otros rincones del cosmos.

Las nebulosas planetarias son objetos brillantes que se generan al final de la vida de cierto tipo de estrellas. De hecho, la mayor parte de los astros que hay en nuestra galaxia acabarán sus días de ese modo. Nuestro Sol también lo hará.

Hasta ahora, una explicación bastante consensuada sobre la muerte de las estrellas ha propuesto que, a medida que los astros de tamaño mediano pierden su capacidad de producir grandes cantidades de energía interior, expulsan parte de su masa al entorno que los rodea y se van empequeñeciendo hasta convertirse en una estrella enana blanca. En ese momento, las grandes cantidades de radiación ultravioleta que escupen rompen todas las moléculas que encuentran a su paso y las reducen a simples átomos. El espacio interestelar es, así, un lugar en el que difícilmente deberían encontrarse moléculas de la complejidad de las ahora halladas.

Pero el descubrimiento anunciado ayer dibuja un panorama muy diferente. El hallazgo de cianuro de hidrógeno y monóxido de carbono demuestra que ese espacio interestelar en teoría inerte en realidad está regado de componentes que forman parte de los ladrillos constructivos de nuevas estrellas y planetas y que incluso llevan las bases primitivas de la vida. De hecho, este espacio entre estrellas moribundas aporta el 90 por 100 del material para producir nuevas estrellas. Se trata de una especie de planta de reciclado donde el ciclo estelar vuelve a nacer.

El hecho de que en él se encuentren, no solo átomos disgregados, sino moléculas orgánicas permite que el proceso de nacimiento de nuevas estrellas sea mucho más acelerado. En otras palabras, el descubrimiento ha abierto una ventana nueva para el conocimiento de uno de los enigmas más recurrentes en astronomía: cómo funcionan realmente las “guarderías” de estrellas del medio interestelar donde procesos químicos y físicos de complejidad increíble permiten que espacios inocupados se llenen de embriones de nuevas estrellas que, en el futuro, acogerán la formación de planetas y, quién sabe, de vida en algunos de ellos.

Precisamente para el estudio de la posible evolución de la vida tiene una especial importancia un segundo hallazgo comunicado ayer. Y es que investigadores del mismo grupo han detectado moléculas orgánicas también en las afueras de la Vía Láctea, a una distancia que duplica lo que hasta ahora se consideraba “zona habitable de la galaxia”. Se entiende como tal al círculo en el que se considera que es probable que surjan las condiciones para la vida y que tiene que ver con la presencia de algunos elementos pesados, la densidad de sucesos catastróficos como las supernovas y otros factores químicos. Las galaxias más grandes tienen, como es lógico, una zona habitable mayor. En el caso de la Vía Láctea (que es una galaxia de tamaño no muy grande) se pensaba que la zona de habitabilidad se extiende en un anillo de unos 33.000 años luz desde el centro galáctico, del que quedan excluidas las regiones periféricas. Pero la constatación de que existen moléculas orgánicas también en los bordes de la galaxia puede cambiar el modelo hasta ahora asumido.

Siempre se ha pensado que para un planeta sea habitable debe situarse en una región de su galaxia que no esté demasiado cerca del centro donde existe demasiada densidad estelar y demasiada radiación, ni demasiado lejos de él para no adentrarse en regiones donde no hay suficientes moléculas fundamentales para la vida como el oxígeno, el carbono o el nitrógeno.

Los autores del hallazgo han rastreado regiones galácticas externas a esa zona teórica y han hallado restos de moléculas como el cianometano y otras similares que se sabe que son cruciales para formar biomoléculas. Algunas teorías apuntan a que estas moléculas son imprescindibles en los primeros pasos de la formación de la vida. Cuando se encuentran en abundancia en los alrededores de una estrella joven, al tiempo que a su alrededor están empezando a formarse planetas, estas moléculas pueden condensar en la superficie de rocas inmaduras como los asteroides y terminar depositándose millones de años después en un planeta que albergue las condiciones para ser habitable. ¿Es eso lo que ocurrió en la Tierra?

Esa es la idea más plausible sobre el origen de la vida en nuestro mundo. El hecho de que estas condiciones puedan encontrarse en regiones mucho más grandes de lo que hasta ahora se pensaba, incluso en la periferia de nuestra galaxia, aumenta las probabilidades de que la vida surja o haya surgido más de una vez.



Fuente: larazon.es
Adriana Serquis: “Debemos recuperar el filo tecnológico”
La nueva presidenta de la Comisión Nacional de Energía Atómica habló con TSS sobre lo que pretende para esta nueva gestión de la institución, los proyectos en curso y las centrales nucleares con China, la minería de uranio y las críticas que recibió siendo candidata.
Por Matías Alonso




El viernes pasado se publicó el Decreto 360/21, con el que se nombró como presidenta de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) a la investigadora del CONICET y hasta entonces jefa del departamento de Caracterización de Materiales del Centro Atómico Bariloche (CAB), Adriana Serquis. Ganadora de un premio Konex en el área de la Nanotecnología y del premio L´Oreal-UNESCO por su aporte al uso racional de la energía, Serquis es doctora en Física (Instituto Balseiro) y realizó estudios de posgrado en Estados Unidos a partir del año 2000, donde en apenas cuatro años logró que sus desarrollos vinculados con materiales superconductores obtuvieran dos patentes. El presidente saliente de la CNEA, Osvaldo Calzetta Larrieu, nombrado en 2016, siguió en su cargo hasta el pasado viernes 4 de junio.

El nombre de Serquis para dirigir a la CNEA se impuso sobre otros que recibieron cuestionamientos por parte de la comunidad nuclear, como el de Mauricio Bisauta, expresidente de la Planta Industrial de Agua Pesada (PIAP) durante su reducción en el gobierno de Mauricio Macri; y el de Sergio Solmesky, exsecretario general por la Argentina en la Agencia Binacional Brasileño Argentina de Contabilidad y Control de Material Nuclear, resistido en la institución por actitudes misóginas.

La CNEA recobró presupuesto y jerarquía durante el período 2003 a 2015, pero con el gobierno de Macri comenzaron a demorarse y a cancelarse los proyectos en curso, además de sufrir la pérdida de personal altamente calificado. La asunción de Alberto Fernández era vista como una señal de cambio por el sector nuclear, aunque el Gobierno mantuvo a la misma gestión durante casi un año y medio y relegó la posición de la institución en el organigrama del Estado.


“En la gestión por la central Hua Long debería hacerse el mejor acuerdo posible para poder desarrollar el combustible en la Argentina”, dijo Serquis.


En un comunicado interno que distribuyó la flamante presidenta, el foco está puesto en recuperar el capital humano de la institución y en objetivos como la soberanía tecnológica. Serquis habló con TSS sobre lo que pretende en esta nueva gestión de la CNEA, los proyectos en curso, la minería de uranio y las críticas que ha recibido siendo candidata.

¿Cuáles son los proyectos que buscará impulsar desde su gestión?

En primera instancia queremos avanzar en los proyectos que ya están en marcha, que son importantes y tenemos que terminarlos de manera eficiente. Y poder revisar otras áreas en las que es necesario que la institución empiece a hacer desarrollos que impacten, tanto en el área de energía, como salud y ambiente. Debemos recuperar el filo tecnológico, como dijo alguna amiga mía que estuvo siempre en la CNEA, que es algo que se fue perdiendo con el paso del tiempo.

En cuanto al acuerdo con China: ¿Cuál es su opinión sobre si la Argentina debería tener una nueva central CANDU? ¿A la CNEA le sirve tener una central Hua Long?

En principio, creo que la CNEA no va a tomar la decisión sobre si tendremos una central CANDU o no, es algo que se decide más arriba,y conforme a otros intereses tanto geopolíticos como por cuestiones técnicas, en las que la CNEA debería estar ayudando y apoyando. Hay una decisión personal que tiene que ver con defender los nódulos tecnológicos y ambas centrales pueden colaborar con seguir contribuyendo a tener una soberanía tecnológica. Los conocimientos no se pierden, pero que haya una central CANDU reforzaría los 70 años de tradición y conocimiento tecnológico. En la gestión por la central Hua Long debería hacerse el mejor acuerdo posible para poder desarrollar el combustible en la Argentina, para poder ser capaces de continuar con esto y la CNEA debería ser capaz de poder dar su opinión y aprovechar no solo los combustibles, sino un montón de otras cuestiones más y aprendizajes que se deberían poder hacer. Así fue como se hizo con la primera central Atucha, en la que los acuerdos relacionados con la tecnología nuclear se han visto favorecidos por un incremento del conocimiento y la soberanía tecnológica.

¿No sería más conveniente concentrar los esfuerzos en terminar el CAREM y tratar de comercializarlo?

El CAREM es el proyecto insignia de la CNEA y debemos hacer una revisión de lo que se hizo hasta ahora. Necesitamos no solo saber si este prototipo va a llegar a funcionar, sino que deberíamos terminarlo en tiempo y forma, y debería ser uno de los objetivos de los próximos años, así como el RA10, que es el otro objetivo. Cada uno de esos megaproyectos tienen un montón de desafíos, pero uno de los principales es poder finalizarlos, poder demostrar el concepto de estos proyectos. Tenemos que poder devolverle a la sociedad toda la inversión que se hace. Una cosa no quita la otra: apostar a una tecnología, la que sea, para la generación nucleoeléctrica, no quita que haya inversiones en estos proyectos puntuales, como lo son el CAREM y el RA10.





¿Cómo fueron los cuatro años del macrismo en la CNEA y qué balance hace de la gestión de Calzetta?

Fueron años muy duros en todo el sistema tecnológico argentino, porque pasamos de tener un Estado presente, trabajando en todos los niveles, el educativo y el de equipamiento, ayudando a que la sociedad comprenda el rol de la ciencia y la técnica en el desarrollo, a una ausencia de eso y la evaluación de cualquier cosa que se hiciera en función del beneficio económico inmediato, como si se manejara un almacén. Este tipo de proyectos grandes, que tienen que ver con el desarrollo económico y, sobre todo, con el desarrollo nuclear, no se pueden manejar de esa manera. El desarrollo del CAREM no se puede pensar en si voy a ganar más o menos, o una licitación en la que da lo mismo hacer una contratación afuera o si busco una contratación interna que nos permite generar la demanda. No se puede medir solamente por el número, por una planilla de cálculo. En ese sentido, hemos sufrido la presencia de personas que nos querían mostrar que todo se podía medir en términos de productividad en una planilla, tanto la investigación básica como el desarrollo tecnológico. Nos han expuesto a esa situación y, lamentablemente, muchos y muchas creemos que ha sido bastante nefasto para el sistema. Creo que Calzetta simplemente lo permitió. Más allá de que haya intentado enfrentar algunas cosas y haya logrado los pases a planta de un montón de trabajadoras y trabajadores que estaban contratados en el Estado, y de que haya tratado de favorecer a ciertos sectores, en la práctica permitió muchas cosas que venían con esa lógica de que todo se podía medir de esta manera.

La Argentina tiene reservas de uranio. ¿En este contexto de restricción externa de divisas se debería avanzar con la minería de uranio? ¿Existe licencia social para hacerlo?

Justamente, la última pregunta, la del licenciamiento social, es el centro de la cuestión. Para eso hay que abrirse a los cuestionamientos y poder contestarlos sin la soberbia de decir que nosotros tenemos la verdad y poder explicar cuáles son las condiciones seguras para poder hacerlo. Abrirse a ese debate necesario en todo nivel. Hay que comprender cómo se va formando en el pueblo la idea de cómo se hacen ciertas actividades que pueden ser tabú en algunos ambientes y poder hacerlas de manera segura.

¿Es realmente necesaria la minería de uranio o se consigue como commodity?

Es fundamental, no podemos dejar de lado toda la parte de minería. Si alguien quiere volver a una etapa en la cual la energía se pueda conseguir con leña y volver a la Edad de Piedra, adelante, pero si queremos un país desarrollado y con mejor vida para todas y todos hay que continuar con ciertas actividades con los controles necesarios. Eso es lo que hay que poner en discusión: qué controles, quién los hace, cómo se hace de manera segura la actividad para evitar que el daño sea pagado por generaciones futuras. Ese balance entre ambas cosas, el no pasar un pasivo ambiental, tiene que hacerse entre todos los actores.

A usted se le critica la falta de experiencia en gestión, un aspecto que parece muy necesario para dirigir una institución como la CNEA. ¿Qué piensa de eso?

Esa crítica es medio extraña porque la gestión de esta institución hace 20 años que está a cargo de las mismas personas, por lo que la única manera de tener a alguien con experiencia en gestión, en la misma institución y en un alto nivel, es elegir a una de estas personas. Eso significa que esa crítica tiene más que ver con querer que permanezca todo tal cual como está. Pero la idea de un proyecto conformado por un montón de gente es hacer cambios y, justamente, cambiar a esas personas. En cuanto a mi experiencia en gestión, diría que por ahora tengo un nivel 3, soy jefa de departamento, pero he participado en un sinfín de otras actividades de gestión en el Consejo de Administración de la Fundación Balseiro, como coordinadora de proyectos de la Agencia (I+D+i), como presidenta de la Asociación Argentina de Cristalografía, y también tengo participación en un montón de comisiones del CONICET y en evaluación de un montón de proyectos y personal. Desde mayo del 2020 soy directora alterna de una unidad ejecutora de más de 200 investigadores y becarias y becarios, además de estar también como coordinadora del Sistema Nacional de Rayos X. La gente que me conoce sabe que a mí nunca me interesó trabajar por una candidatura personal. Me gusta sumar al conjunto de organizaciones que nuclean al Frente de Todos dentro del CAB. Venía con un trabajo más bien de apoyo al Gobierno nacional y de querer contribuir con mis conocimientos y tratar de lograr una mejor transferencia tecnológica de cualquiera de las personas que estuvieran dentro de la CNEA. En principio no pensé en una candidatura, no tenía el interés, pero si desde el Gobierno se veía como una salida a la crisis de egos personales, yo iba a aceptar como la expresión de un equipo que quiere sumarse a un trabajo que tiene que ver con la reorganización de esta institución.


“La gente que me conoce sabe que a mí nunca me interesó trabajar por una candidatura personal”, dijo Serquis.


En los últimos años, los empleados de la CNEA han perdido mucho poder adquisitivo en sus salarios y eso hizo que se fueran muchos empleados. ¿Cómo se puede solucionar este problema?

Esa es la prioridad cero: un salario digno y un poco más competitivo para la gente que está en sectores tecnológicos, incluso comparado con otras instituciones del Estado, que nos permita retener a la gente que se fue formando y que es vital para muchos de los proyectos que están en curso actualmente.

Cuando trabajó en la investigación sobre la muerte de Rafael Nahuel recibió críticas desde diversos ámbitos. ¿Fue respaldada por la CNEA en ese momento?

Creo que hubo bastante buena voluntad desde la institución pero, en general, no se ha tomado la misma iniciativa que una institución que decide protege a sus trabajadoras y trabajadores. Inmediatamente después de la crítica mediática, desde el CONICET y el área de Legales del CONICET recibí un llamado de apoyo. Pero también me tocó salir a buscar el apoyo por mi lado. Y no solo yo, sino también otras personas tomaron ese rol de querer buscar un apoyo porque hay un trabajo académico y científico atrás, y está en juego el aval de la institución. No fue un ataque personal, sino que fue a la credibilidad académica de la institución. Decir que no recibí apoyo sería injusto, decir que quizás no lo recibí en el tiempo que correspondía sería más correcto. Sí hubo una movida desde los gremios para la defensa del trabajo institucional.

Ese tipo de críticas también buscan sembrar desconfianza sobre el trabajo científico, ¿no?

Claro, por suerte la institución en eso sí se ha puesto la camiseta, en el sentido de decir que un trabajo científico no puede estar influido por cuestiones personales. Cuando la crítica tiene que ver con tu ideología política quiere decir que las personas que la hacen creen que es posible alterar un resultado científico según la ideología política, y eso no debería ser así.



Europa lanzará la misión EnVision a Venus
Por Daniel Marín



De cero a tres en menos de una semana. Después de décadas de sequía en la exploración de Venus —con perdón de Venus Express y Akatsuki—, ahora tenemos tres nuevas misiones de golpe. Si hace una semana la NASA aprobaba las misiones VERITAS y DAVINCI+ a Venus, hoy la Agencia Espacial Europea (ESA) ha dado luz verde a EnVision, un orbitador destinado a levantar un mapa de radar de alta resolución de la superficie de Venus (la superficie de Venus está oculta bajo una gruesa capa de nubes, de ahí la necesidad de usar radar). EnVision ha sido elegida como la quinta misión de tamaño medio de la agencia espacial (M5) en detrimento de la otra finalista, el observatorio de altas energías THESEUS (Transient High-Energy Sky and Early Universe Surveyor). Si todo sale según lo previsto, EnVision despegará en 2031, después de las sondas venusinas de la NASA, a bordo de un Ariane 62 destino a Venus, aunque podría ser lanzada en 2032 o 2033 (la fecha de referencia de despegue del proyecto es mayo de 2032).


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EnVision (ESA).


Las misiones de tipo M de la ESA son equivalentes al programa Discovery de la NASA, con un coste máximo de unos 550 millones de euros. Entonces, ¿cuál es la diferencia entre EnVision y VERITAS? ¿No son dos misiones gemelas? Evidentemente, sí, son muy parecidas. Los dos son son orbitadores dotados de radares de apertura sintética (SAR) destinados a hacer un mapa de alta resolución de la superficie de Venus, que es prácticamente invisible desde la órbita. Pero, obviamente, hay diferencias. La más paradójica tiene que ver, precisamente, con el origen de cada radar. Mientras que VERITAS cuenta con colaboración europea para construir su radar, el de EnVision, denominado VenSAR, lo suministrará el JPL a través de la NASA. Un curioso crossover sonderil.


Instrumentos de EnVision (ESA).


Mapa global de Venus obtenido por Magallanes (NASA/USGS).


EnVision es una sonda de 1,35 toneladas con una estructura central de 2 x 2 x 3 metros. Posee dos paneles solares que generarán 2,8 kilovatios. Tardará 15 meses en llegar a Venus y primero se colocará en una órbita altamente elíptica. Tras 16 meses de aerofrenado, quedará situada en una órbita científica ligeramente elíptica de 220 x 540 kilómetros de altura e inclinada entre 87º y 89º, con un periodo de 92 minutos. A lo largo de su misión científica de cuatro años terrestres —es decir, seis días de Venus (sí, días)— transmitirá unos 210 Terabits de datos a través de su antena principal de 2,5 metros de diámetro. El instrumento principal es el radar VenSAR de la NASA. Se trata de un radar en banda S que permitirá crear un mapa global de Venus con una resolución espacial de entre 10 y 30 metros (30 metros en el 30% de la superficie del planeta y 10 metros en el 2% o el 3% de la misma). También podrá generar datos topográficos en estéreo con 300 metros de resolución espacial y entre 20 y 50 metros de precisión en altura. Es decir, unas prestaciones parecidas al radar en banda X VISAR de VERITAS, que alcanzará una resolución media de 30 metros y hasta 15 metros en el 20% de la superficie.


Simulación de la resolución del radar VenSAR (derecha) comparada con la de Magallanes (ESA).


Lugares de interés en Venus (ESA).


No obstante, las estrategias de ambas misiones son diferentes. Además de la resolución espacial, VERITAS pondrá el énfasis en la topografía, pudiendo alcanzar una resolución de hasta 5 metros en vertical, mientras que VenSAR se apoyará en el resto de instrumentos para obtener una imagen global de Venus en diferentes longitudes de onda, desde las bajas frecuencias de radio hasta el ultravioleta. Además, y por primera vez, el radar VenSAR será capaz de medir la rugosidad del terreno dependiendo de la polarización del haz radar, así como la temperatura a partir de la radiometría en función del ángulo, dos características que lo diferencian de VISAR. El radar VenSAR de EnVision realiza el análisis topográfico de la superficie mediante imágenes en estéreo, mientras que VISAR lo obtiene directamente con interferometría. Precisamente, el radar VISAR está optimizado para obtener datos relevantes con un solo pase orbital, mientras que VenSAR depende de múltiples sobrevuelos para sacarle todo el ‘jugo’ a la información.


Cobertura espectral de los instrumentos de EnVision (ESA).


Frente a los dos instrumentos principales de VERITAS —el radar VISAR y la cámara infrarroja VEM—, EnVision llevará cuatro instrumentos adicionales. Primero tenemos el radar de baja frecuencia STS (Subsurface Sounder), para estudiar el subsuelo de Venus hasta un kilómetro de profundidad, toda una primicia en Venus. Luego el espectrómetro VenSpec para analizar la superficie y la atmósfera del planeta, dividido en los espectrómetros VenSpec-M —una cámara infrarroja que observará la atmósfera y la superficie entre los 0,86 y las 1,18 micras—, VenSpec-H —un espectrómetro para estudiar la atmósfera en busca de posibles evidencias de actividad volcánica (agua, dióxido de azufre, etc.)— y VenSpec-U —un espectrómetro ultravioleta que estudiará la alta atmósfera—. Los espectrómetros VenSpec permitirán a EnVision estudiar la atmósfera de Venus mucho mejor que VERITAS y complementarán los datos de la sonda atmosférica DAVINCI+. Al igual que VERITAS, EnVision dispondrá de un experimento de radio para analizar la estructura del interior del planeta a partir de los cambios de frecuencia de las señales de comunicaciones con la sonda.


Diseño de EnVision de 2015 (ESA).


Diseño actual de EnVision (NASA).


Si algo nos ha enseñado la exploración planetaria es que cada vez que se ha observado un mundo con una resolución un orden de magnitud superior a los datos existentes nuestras teorías han tenido que ser revisadas casi por completo. Pasó en Marte gracias la cámara MOC de la Mars Global Surveyor y, posteriormente, con la HiRISE de la MRO. VERITAS y EnVision crearán un mapa de Venus un orden de magnitud superior al mejor actualmente disponible, obtenido por la sonda Magallanes en los años 90 (y no nos olvidemos de la futura sonda Shukrayaan de India, que realizará un mapa de Venus de menos resolución, pero antes de que lleguen estas dos misiones). Nuestra visión de Venus cambiará para siempre.



jueves, 10 de junio de 2021

Qué revelan las imágenes más cercanas que se han logrado de Ganímedes, la luna más grande del Sistema Solar


Esta es una de las nuevas imágenes de Ganímedes, tomada por la JunoCam de la sonda Juno.


Es el satélite natural más grande del Sistema Solar.

Y ahora una sonda de la NASA logró las imágenes más cercanas de esta luna que hasta ahora se hayan logrado.

Se trata de Ganímedes, una de las cuatro lunas de Júpiter que Galileo Galilei descubrió en 1610.

La sonda Juno logró acercarse a 1.000 km de Ganímedes, lo más cerca que cualquier nave ha estado de este gigante en más de 20 años.

Las fotos, capturadas el 7 de junio, muestran la superficie de Ganímedes con gran detalle, incluyendo cráteres y estructuras posiblemente relacionadas con fallas tectónicas.


La Unidad de Referencia Estelar de Juno fotografió cráteres y estructuras de Ganímedes con gran detalle.


Gran detalle

Una de las imágenes que logró Juno fue tomada con el JunoCam y la otra con la Unidad de Referencia Estelar, dos aparatos instalados en la sonda.

JunoCam logró una imagen de 1 kilómetro por píxel, que abarca casi todo un lado de Ganímedes, que tiene hielo incrustado.

Por su parte, la Unidad de Referencia Estelar, una cámara de navegación que mantiene el rumbo de la nave espacial, retrató el lado oscuro de Ganímedes.

Esta zona corresponde al lado opuesto al Sol, que está bañado por una luz tenue que es dispersada por Júpiter.


Estas son las imágenes más cercanas que se han logrado de Ganímedes.


La imagen de la Unidad de Referencia Estelar es de entre 600 y 900 metros por píxel, según indica la NASA.

"Esta es una parte de la superficie diferente a la vista por JunoCam bajo la luz solar directa", dijo en un comunicado Heidi Becker, líder de monitoreo de radiación de Juno en el Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA.

"Será divertido ver qué pueden reconstruir los dos equipos".




Ambas imágenes muestran terrenos oscuros y claros, notablemente diferenciados, además de formaciones alargadas que podrían estar relacionadas con placas tectónicas de la luna joviana.

En los próximos días, Juno tiene planeado enviar más imágenes, con las cuales se espera tener más información sobre la composición del planeta, así como de su ionósfera, magnetósfera y casquete de hielo.

Las imágenes de Juno también serán comparadas con las que tomó la sonda Galileo entre 2005 y 2004, y la sonda Voyager en 1979, para ver si ha habido algún cambio en este periodo de tiempo.

Ganímedes

Es la luna más grande del Sistema Solar y la única con su propio campo magnético, el cual hace que se formen auroras en su atmósfera.

En 2015, el telescopio espacial Hubble de la NASA encontró la mejor evidencia hasta la fecha de un océano subterráneo de agua salada en Ganímedes.


La sonda Juno trabaja impulsada por energía solar.


Se cree que este océano tiene más agua que toda el agua de la superficie de la Tierra.

Ganímedes tiene tres capas principales. Un núcleo de hierro que genera el campo magnético; un manto rocoso que rodea el núcleo; y un casquete de hielo que rodea al manto y al núcleo.

Para tener una referencia, con sus 5.268 km de diámetro, Ganímedes es más grande que Mercurio.

Hasta el momento, los científicos han confirmado que Júpiter tiene al menos 79 lunas, incluyendo a Ganímedes.

La misión Juno

La misión Juno partió el 5 agosto de 2011 y llegó a Júpiter el 4 de julio de 2016.


Juno tiene la misión de explorar a Júpiter.


Es la sonda impulsada por energía solar que ha viajado más lejos en el espacio.

Su objetivo es entender el origen y la evolución de Júpiter, el planeta más grande del Sistema Solar.

La sonda se dedica a mapear el campo magnético y gravitacional del planeta, así como a explorar los remolinos de nubes que conforman su particular atmósfera.

Juno también busca identificar de qué está hecho Júpiter y qué cantidad de agua hay en su atmósfera profunda.



miércoles, 9 de junio de 2021

Científicos quieren enviar a la estrella más cercana una sonda que vuele 2.000 veces más rápido que las Voyager 1 y 2
Los investigadores esperan que la Breakthrough Starshot alcance en solo 20 años Alfa Centauri, el sistema estelar más cercano a la Tierra.


Imagen ilustrativa.NASA/JPL-Caltech / Reuters


Un grupo de científicos de la Universidad Nacional Australiana (ANU) asegura haber hallado el modo de enviar una nave a otro sistema planetario a una velocidad mucho mayor que las sondas Voyager 1 y 2, que fueron lanzadas en 1977, informaron este martes medios locales.

Tras varias décadas de exploración de nuestro propio Sistema Solar, en especial Urano y Neptuno, las Voyager lograron traspasar la heliosfera y llegar al espacio interestelar.

¿Cómo lo harán?

"Ya tenemos varias naves, incluida las Voyager [en el espacio interestelar], pero pasarán muchas vidas humanas antes de que lleguen cerca de otra estrella", explica el astrofísico Chathura Bandutunga de la ANU, autor principal del estudio que constata el avance.

Según indica, está previsto que la sonda Breakthrough Starshot alcance en solo 20 años Alfa Centauri, que es el sistema estelar más cercano al Sol. Para ello, tendrá que viajar 2.000 veces más rápido que las sondas interestelares de las que disponemos en la actualidad.

Los científicos estiman que, para llevar a cabo esa misión, durante la que se registrarán imágenes y mediciones que serán transmitidas a la Tierra, se necesitarán unos 100 millones de láseres individuales para generar la potencia óptica requerida de 100 gigavatios, aproximadamente.

Según explica el astrofísico, el desafío técnico de la misión pasa por averiguar "cómo usamos la luz para impulsar el satélite" y "cómo obtenemos esa luz de un rayo que está en tierra". "Cómo hacer eso a gran escala es realmente inaudito hasta la fecha", recalca.

Si su teoría es correcta, los láseres se organizarán en la combinación y el número adecuados para impulsar la sonda hacia donde debe ir. "El siguiente paso sería probar los componentes básicos en un laboratorio", afirma Bandutunga.

"No es ciencia ficción"

Pese a que se trata de una sonda pequeña, los científicos planean enviar más de una unidad, con la esperanza de que algunas lleguen a Alfa Centauri sin ser destruidas durante el trayecto por polvo espacial errante.

Bandutunga, que califica el proyecto de "muy ambicioso", asegura que lo que quieren conseguir es hacer posible el viaje desde nuestra estrella a otra estrella dentro del lapso de tiempo de la vida humana.

"Esto es posible, probablemente, con tecnología que no está mucho más avanzada que la que tenemos ahora, por lo que no es ciencia ficción, es tecnología del futuro cercano", afirma Jonti Horner, profesor de Astrofísica en la Universidad del Sur de Queensland.



martes, 8 de junio de 2021

IA-37: la historia fallida del jet supersónico creado por un ingeniero de la Luftwaffe que emigró a Argentina en tiempos de Perón
El prototipo fue creado por Reimar Horten y llegó a volar en 1954. Sin embargo, la iniciativa terminó suspendida con el golpe de Estado de 1955. En Argentina, el diseñador alemán se convirtió en una eminencia mundial en la aeronáutica.


El avión supersónico IA-37, el proyecto de tecnología aeronáutica de avanzada de Reimar Horten.


Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, Reimar Horten emigró a la Argentina y se radicó en abril de 1948 en Villa General Belgrano, Córdoba. Horten era un ingeniero especializado en aeronáutica en la Alemania nazi de Adolf Hitler. Junto a su hermano Walter contaban con un conocimiento codiciado en materia de defensa y aviación que, primero, desarrollaron de manera aficionada e independiente y luego en colaboración con el Ministerio de Aviación Alemán. Antes de emigrar, los hermanos construían aviones para la Luftwaffe, la poderosa fuerza área alemana que estuvo involucrada en los crímenes de guerra del Tercer Reich.

Los Horten diseñaron algunos de los aviones más avanzados de la década de 1940, incluyendo la primera de propulsión a chorro del mundo de ala volante, y el Horten Ho 229, un cazabombardero con una estructura revolucionaria futurista con la capacidad simultánea de transportar 1000 kilos de bombas y recorrer una distancia de 1600 km a 1000 km/h. La máquina incluía, además, una capa de carbono especial para volverlo invisible en la detección de radar.

Si bien ese prototipo llegó tarde para la evolución de la guerra, el diseño consagró la maestría de la dupla en la técnica aeronáutica y se convirtió en el antecesor Northrop Grumman B-2 Spirit, uno de los ala volantes militares más conocidos en actividad.

La Argentina del entonces presidente y teniente coronel Juan Domingo Perón los recibió con las puertas abiertas. Al igual que otros ingenieros, científicos y técnicos alemanes de la época, Horten negoció con el Reino Unido y China hasta que decidió reinsertarse en el país como contratado en la Fábrica Militar de Aviones (FMA). Su hermano Walter estuvo unos años pero no se quedó y se volvió a su país.

Eran tiempos de revolución aeronáutica. Durante la primera etapa, Reimar se enfocó a desarrollar dos modelos de planeadores (IA-34 “Clen Antú” e IA-41 “Urubú”), un transporte (IA-38) y un caza de reacción. El 19 de octubre de 1949, el brigadier Juan Ignacio San Martín, a cargo de la FMA (Fabrica Militar de Aviones) le presentó junto al ministro de Aeronáutica, brigadier César Ojeda, el expediente secreto 339 con el proyecto de Horten de un caza de reacción, ala doble delta, dos derivas en las alas que permita superar el Pulqui II. Ese proyecto no prosperó porque Argentina no podía construir dos aviones de reacción al mismo tiempo.


Reimar Horten, durante el período de la Alemania Nazi.


Sin embargo, Horten continuó. La apuesta fue el diseño de un avión supersónico de ala delta experimental, el IA-37.

En 1953, Reimar comenzó a efectuar pruebas. Hizo más de 200 lanzamientos de maquetas de entre 5 y 20 kg para pruebas aerodinámicas que alcanzaron los 200 km/hora. Un año después, el ingeniero construyó un IA-37 de madera a escala natural. La confección en madera era utilizada para probar la aerodinámica del diseño. Voló por primera vez un 1 de octubre remolcado con la ayuda de otros aviones. El piloto era el capitán Conan Doyle e iba acostado. Curiosamente para un avión planeado, el piloto comandaría el avión desde una posición boca abajo en la nariz del avión. En ese momento, la posición boca abajo estaba destinada a proteger a los pilotos de las fuerzas G durante las maniobras estrechas.

Según la crónica de la época, el vuelo fue excelente, con despegues y aterrizajes suaves.

Las etapas de pruebas fueron crucial, ya que las características de vuelo de los diseños de alas delta en general, y los diseños de alas voladoras específicamente, eran relativamente desconocidas. Con los años hubo algunas innovaciones y mejoras, como el cambio de la posición del piloto y los motores. Hubo dificultades en la compra y adquisición de insumos, como las turbinas de mayor potencia.

Finalmente, en 1960, cuando faltaba sólo un año para el vuelo del IA-37, el proyecto fue cancelado por falta de fondos. Así se puso terminó la chance de contar con un caza de reacción de diseño propio, algo que recién se lograría en 1984 con el IA-63 Pampa.




Reimar tuvo otros hitos en el diseño aeronáutico. Realizó otro desarrollo, el IA-38 “Naranjero”, basado en el proyecto alemán Horten Ho VIII. La intención era utilizarlo para transportar naranjas para la exportación. Sin embargo, tanto el IA-38 como el Naranjero eran comercialmente infructuosos.

En las décadas del ’60 y del ’70 Horten continuó vinculado al medio aeronáutico mundial. En 1962 viajó a Alemania y luego en 1964 regresó a la Argentina, donde trabajó como consultor en varios proyectos extranjeros. Estuvo involucrado en iniciativas como el Avro Vulcan, B-47, B-52 y el más importante de todos, el B-2.

Con el fin de la Segunda Guerra Mundial, los científicos e ingenieros alemanes fueron reclutados al servicio de los países vencedores. Argentina y Brasil también intentaron beneficiarse con estos conocimientos. De esta manera, al igual que Horten, otros militares y técnicos alemanes que colaboraron con el Tercer Reich fueron parte de la “migración científica” que se incorporaron a la vida local en Argentina, como Adolf Galland, general de la aviación; y Kurt Tank, un experimentado piloto de pruebas que estuvo a cargo del desarrollo del modelo Pulqui. Ese caza a reacción colocó a la Argentina en una vanguardia tecnológica junto a los Estados Unidos, la Unión Soviética y Suecia. Horten había colaborado en los proyectos de Kurt Tank.

Con el tiempo, Reimar Horten se convirtió en una referencia insoslayable en el país y del Instituto de Ingeniería Aeronáutica de Argentina (IAE), donde era profesor. “Inexplicablemente no ha sido reconocida ni mencionada debidamente su enorme y fecunda actividad como docente en las áreas de Aerodinámica, Performances y Mecánica del Vuelo en la entonces Escuela Superior de Aerotécnica”, escribió uno de sus ex alumnos, el ingeniero Luis Ortíz.

En una carta mecanografiada en perfecto español, fechada del 12 de abril de 1950, Reimar Horten hizo un repaso de su extenso currículum para postularse en el ingreso al sistema científico argentino. Él mismo destacaba que, en Alemania, llegó a construir 15 modelos propios y comentó que, frente a sus colegas críticos, no desistió en crear su modelo de avión preferido, el “ala volante”. En esa misiva, aclaraba: “No he tenido participación en la política y jamás pertenecí a un partido. Desde 1948 carezco de nacionalidad”.

En sus últimos años, Horten vivió en su casa de Atos Pampa, en el valle de Calamuchita, hasta que murió el 21 de agosto de 1993.



Fuente: infobae.com

sábado, 5 de junio de 2021

Una sonda nuclear china a Neptuno
Por Daniel Marín



Con la misión Tianwen 1, China ha dado su primer paso más allá de la órbita de la Luna —o el segundo si contamos el sobrevuelo del asteroide Toutatis por la sonda Chang’e 2—. Pero, ¿qué hay del sistema solar exterior? Formalmente, China solo tiene prevista una misión a los planetas gigantes en los próximos años. Se trata de una sonda que debe despegar en 2029 y llegar a Júpiter en 2036. Pocos datos se conocen de esta sonda, más allá de que se trata de una propuesta que sigue adelante. Recientemente hemos podido saber que esta sonda —o parte de ella— continuará el viaje y en 2049 llegará a Neptuno. Además de esta sonda, sabemos que China está estudiando varias propuestas de misiones al sistema solar exterior, aunque nada garantiza que sean aprobadas. Por ejemplo, hace un par de años pudimos ver una propuesta para lanzar dos sondas para estudiar el medio interestelar.


Propuesta de sonda nuclear china para estudiar Neptuno que pasaría por Júpiter (www.guancha.cn).


Lo interesante de esta misión es que las sondas llevarían un reactor nuclear capaz de generar 10 kilovatios de potencia que serviría para alimentar un sistema de propulsión eléctrico con motores iónicos o de plasma. Pero la cosa no ha quedado ahí. Recientemente hemos podido ver una nueva propuesta de sonda que también hace uso de un reactor nuclear de 10 kilovatios de potencia eléctrica, aunque en esta ocasión su objetivo sería Neptuno. La sonda tendría una masa de tres toneladas y despegaría alrededor de 2030 mediante un cohete Larga Marcha CZ-5, el vector chino más potente en servicio. Realizaría varios sobrevuelos de la Tierra y uno de Júpiter como maniobras de asistencia gravitatoria para llegar a Neptuno. La sonda usaría su sistema de propulsión iónico para desacelerar durante un año y se situaría en órbita alrededor de Neptuno. La propuesta nos habla de que la sonda tendría una vida útil de 15 años.


Sondas planetarias chinas en los próximos años: misión Tanwen 1, misión de retorno de muestras de Marte (dos sondas), misión Zheng He de retorno de muestras de un asteroide cercano y visita a un cometa y la misión a Júpiter y Neptuno (https://mp.weixin.qq.com/s/6kScmnP29EEMY9iqvfdrgw).
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Estos datos hacen sospechar que esta sonda es en realidad la misma que vimos más arriba y que debe despegar en 2029 y llegar a Neptuno en 2046. Una vez alrededor del planeta más lejano del sistema solar, la sonda se dedicaría a estudiar la atmósfera y la magnetosfera de Neptuno, además de sus lunas, con especial énfasis en Tritón, un objeto del cinturón de Kuiper capturado candidato a mundo océano. Posiblemente la sonda llevará algún tipo de subsonda —¿penetrador? ¿orbitador?— para estudiar Tritón en detalle. Con el fin de poder garantizar las comunicaciones, la sonda necesitaría una antena de gran tamaño, aunque la potencia de emisión no sería un problema gracias al reactor nuclear. Esta propuesta no es la primera de una sonda nuclear para estudiar Neptuno. A principios de este siglo la NASA sugirió enviar una sonda con un reactor nuclear a Neptuno como parte del Proyecto Prometeo, que sería cancelado en 2005.


Elementos del reactor nuclear de la sonda (el cono es el radiador) (www.guancha.cn).


Este concepto de sonda a Neptuno ha sido desarrollado por varios autores procedentes de diversas universidades chinas, CAST (Academia China de Tecnología Espacial), SAST (Academia de Tecnología de Vuelos Espaciales de Shanghai), CIAE (Instituto Chino de Energía Atómica) o la Academia China de las Ciencias. En definitiva, estamos hablando de los principales actores del programa espacial chino, así que, por si alguien se lo pregunta, no, no se trata de un powerpoint más. Todo lo contrario. El hecho de que este proyecto se haya hecho público significa que, como mínimo, goza de la bendición de las autoridades políticas y ya está en una fase de diseño preliminar. Las imágenes de la sonda que hemos visto se asemejan al diseño de la propuesta de sondas interestelares, aunque no sabemos si es porque han «reutilizado» el diseño para fines estéticos o hay una relación real.


Propuesta de sonda interestelar china con un reactor nuclear. Su diseño es muy parecido al de la sonda a Neptuno (Weiren Wu et al.).


Estas propuestas de sondas chinas sugieren que el programa chino para construir un reactor nuclear espacial debe estar en un estado relativamente avanzado. Teniendo en cuenta que no hemos visto propuestas de sondas dotadas de generadores de radioisótopos (RTG), es posible que China haya priorizado la construcción de reactores nucleares espaciales frente a la de RTG (los generadores de este tipo que China ha usado en sus sondas lunares han sido suministrados por Rusia). Evidentemente, los reactores nucleares de fisión son más potentes, pero también llevan asociadas un número mayor de dificultades técnicas. Quizá China haya decidido aprovechar su experiencia en la tecnología de reactores de fisión y haya renunciado al costoso proceso de sintetizar plutonio-238 para RTG, un isótopo que solo se puede emplear en generadores y que no tiene interés militar (se pueden fabricar RTG a partir de otros isótopos, como el polonio-210 o el americio-241, pero el Pu-238 tiene varias ventajas sobre estos competidores). O quizá estamos viendo estas propuestas porque la fabricación de reactores de fisión a base de uranio es relativamente rápida, mientras que la síntesis de grandes cantidades de Pu-238 es un proceso que requiere de muchos años. Por ahora no lo sabemos.


Dimensiones de la antena para las comunicaciones (www.guancha.cn).


Dejando a un lado China, Rusia y Estados Unidos también tienen programas activos para desarrollar reactores nucleares espaciales. En el caso de Rusia, busca emplear esta tecnología en un remolcador nuclear y misiones militares, mientras que EE.UU. quiere disponer de ella de cara a misiones a la Luna, Marte o más allá. Por otro lado, si esta misión china se confirma, y teniendo en cuenta que la NASA todavía no ha aprobado una sonda a Neptuno, será la primera que pase por el gigante helado desde que la Voyager 2 lo sobrevoló en 1989. Ya va siendo hora de regresar.



Diseñan en Estados Unidos un avión supersónico de pasajeros para 2029
Estiman que viajará a 1,7 veces la velocidad de sonido, es decir, algo más de 2 mil kilómetros por hora, algo menos que el Concorde, pero más del doble de los aviones comerciales de la actualidad.


Un prototipo de la empresa que diseña el nuevo avión supersónico. Imagen: Boom Technology


La aerolínea United Airlines prepara un nuevo avión supersónico que promete acortar a la mitad los actuales tiempos de vuelo. Se trata del Overture, un proyecto que se concretaría a finales de esta década. Sería el sucesor del Concorde, el avión supersónico que funcionó entre 1976 y 2003.

La empresa Boom Technology es la encargada de desarrollar el nuevo avión en Denver. La gran novedad es que el proyecto contó con un alto apoyo de United Airlines, que encargó quince unidades a la empresa. “Estamos construyendo el avión de pasajeros más rápido y sostenible. Siga nuestro viaje hacia un mundo dramáticamente más accesible y vuele con nosotros en 2029”, afirma Boom Technology en Twitter sobre el proyecto: un avión que viajará a 1,7 veces la velocidad de sonido, es decir, algo más de 2 mil kilómetros por hora, algo menos que el Concorde, pero más del doble de los aviones comerciales de la actualidad.

Hasta ahora se sabe que el avión contará con la más moderna tecnología, con pantallas que mostrarán vistas panorámicas de la estratósfera. Se estima que vuele a 18 mil metros de altura, con una visión bien amplia de la Tierra, digna de un viaje espacial, con “asientos de diseño ergonómico, medios de comunicación experienciales y una visión completa de cada dato del vuelo”.

El proyecto contempla aviones de hasta 88 pasajeros, con asientos individuales configurados para relajación, cena y sueño, entre otros beneficios. "Estamos seguros de poder encontrar el equilibrio adecuado y ofrecer el nivel correcto de opciones a las aerolíneas. No estamos diseñando un espacio singular, sino una gama en la que las aerolíneas pueden plasmar su marca y su experiencia de usuario en la cabina", señalan en Boom Technology.

El Overture sería el Concorde del siglo XXI. Aquel proyecto abarató costos en un principio, pero luego se volvió inviable, a lo que se sumó el trágico accidente en Francia, en julio de 2000. Tres años más tarde, el Concorde voló por última vez entre Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia. Un pasaje podía costar 12 mil dólares en el primer avión comercial supersónico. Boom considera que puede solventarse con pasajes a no más de 7 mil dólares.

Los costos se ven reducidos porque la tecnología actual permite construir con fibra de carbono, lo cual además lo vuelve más eficiente en cuanto al consumo de combustible. Además, será mucho más silencioso que su antecesor, con motores que crearán un "boom sónico" cuando rompan la barrera del sonido y "no haya nadie que lo oiga", adelantaron en Boom. Por eso se busca una legislación habilitante para vuelos supersónicos sobre tierra, algo prohibido de momento. De por sí, el Overture no sería más ruidoso que un Boeing de la actualidad.

Así las cosas, si el proyecto prospera, United Airlines pretende unir San Francisco con Tokio en seis horas y media y Nueva York con Londres en tres horas y media.



viernes, 4 de junio de 2021

La información actual sobre el proyecto Tronador




Un lector de AgendAR, @LucianoMasini, hizo un pedido de acceso a la información sobre el proyecto Tronador. Recibió una respuesta oficial que tuvo la amabilidad de compartir con nosotros. La reproducimos:

Respuesta a Pedido de Información General sobre el Proyecto Tronador

El Proyecto Tronador por el cual consulta el solicitante está comprendido en el siguiente marco de referencia:

El Plan Espacial Nacional: “Plan para la Utilización y Aprovechamiento de la Ciencia y Tecnología Espacial con fines pacíficos”, el cuál define entre sus cursos de acción el desarrollo de medios de Acceso al Espacio bajo la responsabilidad de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE). El mismo requiere un programa de desarrollo de un sistema de lanzamiento espacial nacional de uso civil con fines pacíficos, denominado Inyector Satelital de Cargas Útiles Livianas en adelante Programa ISCUL.

Los desarrollos son llevados a cabo en un marco de completa transparencia y contemplando las posibilidades ofrecidas por los programas de cooperación internacional, en forma coincidente con la política argentina en materia de no proliferación y los compromisos internacionales asociados.

La implementación del Programa ISCUL y del Proyecto TRONADOR es liderada por CONAE y con la colaboración del sistema científico-tecnológico y empresas del sector espacial argentino.

La capacidad propia de acceso al espacio fortalece la soberanía mediante el uso pacífico del Espacio Ultraterrestre, donde una de sus aplicaciones principales es la inyección de satélites en órbita para servicios de comunicaciones, servicios de valor agregado basados en información de origen espacial, e investigación mediante la observación de la tierra, entre muchas otras aplicaciones.

Es muy conveniente disponer de un lanzador enfocado en la implementación de misiones espaciales que den respuesta a las necesidades específicas de la Argentina, el Plan Espacial Nacional prevé el desarrollo de tecnologías de punta, como la arquitectura segmentada, que requieren contar con esta capacidad, como también es muy útil para la implementación de constelaciones de pequeños satélites. Donde Argentina ya domina todas las demás capacidades del ciclo de la tecnología espacial.

El Programa ISCUL, se define como el programa que deberá implementar los proyectos que permitan a Argentina inyectar en órbita LEO (Low Earth Orbit) satélites pequeños con capacidades propias. El mismo incluye cuatro grandes áreas de proyectos:

Proyectos de Desarrollo de Vehículos Lanzadores. Vehículos Tronador II y Tronador III

El proyecto TRONADOR implementa la familia de vehículos lanzadores TRONADOR II/III y sus vehículos experimentales asociados.

Proyectos de (I+D), Desarrollo de Tecnologías críticas y estratégicas para los Lanzadores. Propulsión, Estructuras y Aviónica entre los más relevantes.

Proyectos de Bases de Lanzamiento. Bases de Lanzamiento y Operaciones. El programa define que “La Base de Lanzamiento deberá ser implementada en el territorio nacional”. Se cuenta con una base de lanzamiento experimental en el Centro Espacial Punta Indio, y está planificado el desarrollo de la base de lanzamiento operativa CLMB en el Centro Espacial Manuel Belgrano, en las cercanías de Bahía Blanca, provincia de Buenos Aires.

Proyectos de Facilidades Auxiliares. Que comprenden: áreas de manufactura, áreas de integración y de ensayos funcionales y ambientales para cada componente del proyecto. Las mismas se encuentran distribuidas estratégicamente entre los centros espaciales CETT en Provincia de Córdoba, CEPI (Punta Indio) y CEMB (Coronel Rosales) en Provincia de Buenos Aires.

Es un requisito al programa que el mismo deberá implementar las capacidades de Seguridad de vuelo, y seguridad para todas las actividades, etapas y fases de sus proyectos, y de los servicios operativos. Aplica al ambiente, a las personas y a los bienes en general. Como también que deberá priorizarse el uso de tecnologías, procesos y consumibles de bajo impacto ambiental.

El PLAN de Programa ISCUL vigente contempla la línea lógica de desarrollo para los lanzadores TRONADOR II/III que planifica la serie de vehículos TII-A, TII-B y TIII. Se refuerza en este la necesidad estratégica del desarrollo de tecnología nacional en materia de acceso al espacio. El desarrollo y la inclusión de la tecnología nacional de componentes críticos se plantea de manera sostenida e incremental.

El desarrollo del lanzador Tronador II-A esta planteado a través de vehículos experimentales VEX5B y VEX6, que sirven de plataforma de prueba tecnológica, con la decisión adoptada de adquirir los componentes críticos y de alta complejidad, cuya confiabilidad y disponibilidad esta verificada, resolviendo programáticamente así los riesgos más altos del proyecto. El TII-A es el vehículo cuyo objetivo es satelizar cargas útiles de hasta 250Kg @ 600km SSO (Sun Synchronous Orbit). Luego se planifican como evolución el lanzador TII-B cuyo objetivo es satelizar cargas útiles de hasta 500Kg @ 600km SSO y el lanzador TIII cuyo objetivo es satelizar cargas útiles de hasta 750Kg @ 600km SSO.



Aprobadas las misiones VERITAS y DAVINCI+: la NASA vuelve a Venus
Por Daniel Marín



La NASA vuelve a Venus. El administrador de la NASA Bill Nelson ha anunciado hoy las próximas misiones de tipo Discovery, que, con un coste de unos quinientos millones de dólares, son las más baratas de la agencia. De las cuatro finalistas, la NASA ha aprobado las dos propuestas de misiones para estudiar Venus: VERITAS y DAVINCI+. El resultado ha sido acogido con alegría por la comunidad de científicos planetarios dedicados a Venus y que se sentían abandonados por el programa de exploración planetaria de la agencia espacial. No en vano, la NASA no ha mandado ninguna sonda al planeta vecino desde 1989. La decisión ha dejado fuera a las misiones IVO (Io Volcano Observer), para el estudio de Ío (la luna de Júpiter), y Trident, creada para explorar Tritón, el mayor satélite de Neptuno. La elección ha sido bastante lógica teniendo en cuenta, por un lado, que VERITAS y DAVINCI+ se complementan perfectamente y, por otro lado, que IVO y Trident son claramente demasiado ambiciosas para una misión de tipo Discovery (de todas formas, la selección de este tipo de misiones se lleva a cabo en base a las bondades presupuestarias técnicas y de organización de cada misión por separado, independientemente de los objetivos científicos de la NASA).


La NASA vuelve a Venus después de varias décadas (NASA).


Como todos sabemos, Venus es actualmente un infierno con una temperatura superficial de 470 ºC y 93 bares de presión. Entonces, ¿por qué es resulta vital estudiar este mundo yermo y desolado? Dejando a un lado el reciente y no concluyente descubrimiento de fosfano, Venus es importante por varios motivos. El más importante es que todavía no se comprenden muy bien los mecanismos que han hecho que un planeta similar en tamaño y en composición a la Tierra haya evolucionado de forma tan diferente a nuestro planeta. Sí, evidentemente, la mayor cercanía al Sol fue clave para provocar el efecto invernadero descontrolado que vemos hoy en día, pero seguimos sin entender muchos detalles de esta evolución. Sin ir más lejos, es posible que Venus fuese habitable —esto es, que tuviese agua en la superficie— hasta hace «solamente» dos mil millones de años, o incluso hasta épocas más recientes. Sí, hace mucho, pero, de confirmarse, esto significaría que Venus fue habitable durante mucho más tiempo que Marte y que durante casi la mitad de la historia del sistema solar hubo dos planetas capaces de albergar formas de vida. Además, en las últimas décadas se han descubierto decenas de mundos parecidos a la Tierra en términos de masa y tamaño. Pero, ¿se trata de exotierras o de exovenus? ¿Cómo distinguirlos si no conocemos todos los detalles de nuestro vecino?


El planeta vecino (NASA).


En definitiva, Venus es una prioridad de la comunidad científica. Sin embargo, la mayor parte de agencias espaciales parecían haberse olvidado de él. La ESA ha enviado la sonda Venus Express y la JAXA la misión Akatsuki, pero, aunque se trata de misiones interesantes, no son exactamente lo que pedía la mayoría de científicos planetarios. ¿Y cómo sería esa misión ideal? Pues, como vimos hace poco, se trataría de una compleja sonda formada por un orbitador, una sonda de superficie, globos y subsatélites. El problema es que esta misión flagship saldría por unos 3700 millones de dólares, y la NASA no tiene tanto dinero. La alternativa es enviar sondas más baratas que estudien algunos objetivos cruciales por separado. Y aquí es donde entran las misiones Discovery de bajo coste. Ahora bien, ¿en qué objetivos nos debemos centrar? En las últimas décadas se han formado dos «bandos» entre los científicos especializados en Venus: los que abogan por priorizar el cartografiado desde la órbita y los que consideran que la prioridad es analizar la atmósfera.


Tres motivos para estudiar Venus (NASA).


Es fácil comprender al primer bando. Venus está cubierto por una espesa capa de nubes y la única forma de ver la superficie es usando el radar. Las sondas soviéticas Venera 15 y 16, así como las sondas Pioneer Venus y Magallanes de la NASA nos han permitido disponer de un mapa global de radar de la superficie de Venus, pero su resolución no es lo suficientemente alta como para discriminar entre las predicciones de muchas teorías —¿hubo o hay algo parecido a la tectónica de placas en Venus? ¿Cómo son en detalle las coronas y otras estructuras volcánicas de la superficie? ¿Son las tesserae los «continentes» de Venus? ¿Cuántos cráteres de pequeño tamaño hay?—. Sin mapas globales de alta resolución no podemos comprender Venus en conjunto. Disponer de un mapa global detallado es un requisito necesario antes de continuar a una fase posterior de exploración.


¿Cómo, cuándo y por qué divergieron la evolución de la Tierra y Venus? VERITAS y DAVINCI+ son dos propuestas de misiones que pretenden dar respuesta a esta pregunta (JPL/NASA).


Pero el bando de los «atmosféricos» no estaba de acuerdo. Este bando, que se ha hecho más fuerte en los últimos años, considera que una sonda atmosférica es más simple y rápida que un orbitador y puede aportar información fundamental sobre la evolución de Venus. ¿Cómo? Pues midiendo la abundancia y proporción isotópica de gases nobles para saber cuánta agua —y otros volátiles como azufre, potasio o cloro— tuvo Venus en el pasado y cuándo, aproximadamente, se convirtió en un infierno. Por ejemplo, estudiando los isótopos de xenón podemos saber si Venus ha sufrido en el pasado algún evento catastrófico. La proporción de los isótopos de neón (neón-22 y neón-20) nos dirá la cantidad de volátiles que tuvo Venus al nacer, mientras que la proporción de los isótopos de kriptón (kriptón-82 y kriptón-86) servirá para saber si el planeta pudo tener océanos o no, una información que también nos aporta la relación de deuterio e hidrógeno y la de los isótopos nitrógeno-14 y nitrógeno-15. Igualmente, la proporción de los isótopos de argón (argón-36 y argón-38) nos permitirá medir la pérdida de atmósfera primigenia. Además, disponer de perfiles detallados de presión, temperatura y composición de la atmósfera actual servirá para comprender Venus mucho mejor y saber si hay volcanes activos, una información que a su vez nos permitirá restringir los modelos evolutivos del planeta.


Sonda VERITAS (NASA).


No es de extrañar por tanto que en la última década hayamos visto varias propuestas de orbitadores dotados de un radar de apertura sintética (SAR) junto con propuestas de cápsulas o globos para estudiar la atmósfera de Venus. VERITAS (Venus Emissivity, Radio Science, InSAR, Topography, and Spectroscopy) —¡toma acrónimo!— es una propuesta que se presentó en 2015 al programa Discovery, aunque no fue seleccionada en esa ocasión. El instrumento principal de la sonda es el radar de apertura sintética VISAR (Venus Interferometric Synthetic Aperture Radar), que debe obtener un mapa global de Venus con una resolución de unos 30 metros (y 5 metros en vertical), aunque en algunas zonas —más del 20% de la superficie— alcanzará una resolución de hasta 15 metros (como comparación, la resolución de Magallanes era de entre 115 y 280 metros, con un máximo de 75 metros en algunas regiones). VERITAS también lleva la cámara VEM (Venus Emissivity Mapper) para ver la superficie de Venus a través de las nubes en cinco ventanas espectrales del infrarrojo. A pesar de que la resolución de VEM será inferior a la obtenida mediante el radar, servirá para buscar pruebas de vulcanismo activo. Los datos del campo gravitatorio de Venus permitirán estimar las características del interior de Venus (sobre todo, el tamaño del núcleo).VERITAS se colocará inicialmente alrededor de Venus en una órbita elíptica inclinada 89º, pero tras 118 días se situará en una órbita circular entre 175 y 250 kilómetros de altura, donde estará un mínimo de 729 días. Su misión primaria debe durar 64 meses. El Investigador Principal (PI) de VERITAS es Suzanne Smrekar, del JPL. En la misión colaboran las agencias espaciales de Alemania (DLR), Francia (CNES) e Italia (ASI).


Características del SAR de VERITAS (NASA).


Órbita científica de VERITAS (NASA).


Por su parte, DAVINCI+ (Deep Atmosphere Venus Investigation of Noble gases, Chemistry, and Imaging Plus) también se remonta a 2015, aunque entonces se presentó como DAVINCI, sin el «plus». DAVINCI+ es una cápsula que descenderá por la atmósfera de Venus durante una hora y solo sobrevivirá unos veinte minutos en la superficie (con suerte). Los instrumentos principales son el espectrómetro de masas VMS (Venus Mass SPectrometer), basado en el SAM de Curiosity, y el espectrómetro VTLS (Venus Turntable Laser Spectrometer). Estos espectrómetros medirán la proporción de isótopos de gases nobles y otros elementos, además de concretar la composición de la atmósfera. También dispone del instrumento VASI (Venus Atmospheric Structure Investigation), que nos dará información sobre la temperatura, presión, vientos y otros parámetros atmosféricos. Y además veremos imágenes de la superficie de Venus tomadas a gran altitud por la cámara VenDI (Venus Descent Imager), un instrumento que usará tecnología de las cámaras MARDI y Mastcam del rover marciano Curiosity. VenDI nos regalará las primeras imágenes de una tessera venusina. La cápsula DAVINCI+ viajará a Venus acoplada a un bus orbital de Lockheed Martin. Tras un viaje a Venus de seis meses, la sonda permanecerá en una órbita parecida a la del planeta durante 16 meses y realizará dos sobrevuelos previos. El bus liberará la cápsula girando a 5 revoluciones por minuto dos días antes de entrar en la atmósfera. El bus se encargará de retransmitir los datos de la cápsula a la Tierra mientras sobrevuela el planeta. Posteriormente, el bus entrará en órbita de Venus y estudiará el planeta durante medio año aproximadamente. El PI de DAVINCI+ es James B. Garvin, del Centro Goddard de la NASA.


Sonda DAVINCI+ (NASA)


Instrumentos de DAVINCI+ (NASA).
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Como vemos, las dos misiones se complementan de forma espectacular y, aunque no equivalen a una misión flagship completa, sin duda serán cruciales para entender mejor el planeta vecino. Ambas sondas deben despegar entre 2028 y 2030. Lo bueno es que, al estar Venus muy cerca, no tardarán mucho en llegar.