lunes, 21 de junio de 2021

La Fuerza Aérea Argentina impulsa la tecnología (parte 2)
Por José Javier Díaz



Principales proyectos de la Dirección General de Investigación y Desarrollo

A través de la organización descrita precedentemente, la DGID se encuentra en aptitud de llevar a cabo una amplia gama de investigaciones científicas y desarrollos tecnológicos contribuyentes al Poder Aeroespacial Nacional.

En este sentido, el criterio de trabajo matricial facilita la interacción y optimiza la sinergia técnica, operativa y administrativa de las diversas dependencias de la DGID distribuidas en las provincias de Buenos Aires, Córdoba y La Rioja.

En las siguientes líneas describimos los proyectos de I+D más importantes que lleva a cabo la DGID actualmente, a saber:

· Micro satélite “µSAT-3”

A través del CIA, la DGID está construyendo el micro satélite de observación de la tierra “µSAT-3” para el MINDEF. Su diseño comenzó hace unos años atrás a través de un equipo multidisciplinario integrado por ingenieros, técnicos, profesores y alumnos del CIA, IUA y la Universidad Nacional de Córdoba (UNC).

El satélite contará con dos cámaras fotográficas y un novedoso sistema de propulsión a partir de un motor de plasma, pesará 30 Kg y tendrá una vida útil de aproximadamente diez años. Por su reducido tamaño y peso, podrá ser lanzado junto con otros satélites, reduciendo significativamente su costo de lanzamiento.

El “µSAT-3” ocupará una órbita helio sincrónica (combina altitud e inclinación para lograr que pase sobre una determinada latitud a un mismo tiempo) y su velocidad será de 25.200 km/h. Gracias a su órbita, este satélite podrá tomar imágenes de un mismo lugar con sólo cuatro días de diferencia entre una toma y la siguiente, facilitando las tareas de vigilancia y reconocimiento del territorio nacional.

Hasta el presente ningún satélite diseñado y fabricado en Argentina posee la capacidad de obtención de imágenes con la calidad y frecuencia de revisita que tendrá el “µSAT-3”.

· Vectores de Acceso al Espacio

Nuestro país comenzó a diseñar y producir cohetes durante la segunda mitad de la década de 1940, inicialmente usando combustible sólido importado de Francia y, con los años, utilizando combustible de diseño y fabricación argentina.

La época de oro de la cohetería argentina tuvo lugar entre las décadas de 1960 y 1970, durante las cuales se avanzó en materia de diseño aerodinámico; química aplicada para diseño y producción del grano propulsante; sistemas de navegación, guiado y control; telemetría; etc. Como resultado de una política sostenida en el tiempo, la Argentina llegó a contar con una familia de vectores nacionales -de distintas prestaciones- capaces de alcanzar los 500 km de altura.

El desinterés en la Defensa que sobrevino tras la derrota en Malvinas provocó una reducción sistemática de las capacidades científico-tecnológicas e industriales alcanzadas en las décadas previas, paralizándose la mayoría de los proyectos estratégicos, incluso aquellos en los cuales había una interesante trayectoria, como la cohetería, que sufrió la desactivación del “Proyecto Cóndor”, un vector de uso dual -civil y militar- que podría haberse empleado como inyector satelital o misil balístico de mediano alcance (tenía capacidad de transportar una carga útil de 500 Kg a mil kilómetros de distancia).

Actualmente se trabaja conceptualmente en el desarrollo de una “Familia de Vectores” para obtener la capacidad de acceder al espacio de manera autónoma.

El Proyecto "I-ES-0060", más conocido como “Experiencia Centenario” en el ámbito de la DGID, contempló el diseño, construcción y lanzamiento de un vector sonda a fines del año 2013 desde el Centro de Experimentación y Lanzamiento de Proyectiles Autopropulsados (CELPA) Chamical, Provincia de La Rioja.

El "I-ES-0060" era un cohete de 270 Kg de peso y 280mm de diámetro, impulsado por un motor de propulsante sólido (HTPB) de 4.500 Kg de empuje, capaz de portar una carga útil de 60 Kg a 70 Km de altura.

El lanzamiento sirvió para demostrar las capacidades tecnológicas alcanzadas por la Fuerza Aérea Argentina en un área estratégica para cualquier país como lo es el desarrollo de vectores.

Asimismo, gracias al óptimo desempeño del sistema telemétrico, la carga útil fue recuperada por un helicóptero del Ejército Argentino, permitiendo corroborar los parámetros previstos en los experimentos de cada uno de los “paquetes tecnológicos” que aportaron diversas Universidades Nacionales para ser integrados en el “Módulo Invitado”.

Entre las diversas instituciones académicas que colaboraron en la ejecución de este proyecto se puede citar al Instituto Universitario Aeronáutico (IUA), la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) Regional Haedo y la Universidad Nacional del Comahue (UNComa).

La “Experiencia Centenario” también permitió desarrollar capacidades técnicas no sólo de la DGID sino también de otras dependencias de la FAA como, por ejemplo, el “Equipo de Registros Fílmicos” del CEASO, que utilizó una cámara HD (alta definición) de 60 cuadros por segundo y una estación de seguimiento de trayectoria por imágenes que desarrolló el CIA.

Por otro lado, la FAA inició el desarrollo del Proyecto FAS-1500, un lanzador suborbital de 2.050 Kg de peso, que tiene dos etapas (la primera de un “cluster” de cuatro motores y la segunda de un único motor, todos de 320mm de diámetro), ambas de propulsante sólido compuesto), que podrá portar una carga útil de 200 Kg a 350 Km de altura. El lanzamiento del FAS-1500 se realizará desde el CELPA Chamical en cuanto se complete el desarrollo del sistema de estabilización por chorro de nitrógeno y la carga útil de imágenes infrarrojas.

La FAA ha planificado el desarrollo de una familia de vectores, cuyos mayores exponentes serán los cohetes “Sirio” y “Águila”, los cuales tendrán prestaciones incrementales superiores a las del FAS-1500.


Cohete del programa FAS-1500.


· Armamento y espoletas

La DGID desarrolló diversas bombas y espoletas para sustituir importaciones y disponer de armamento de diseño y fabricación nacional. A continuación se citan los principales desarrollos llevados a cabo hasta el momento:

Pod Subalar de Ametralladora: El proyecto se lleva a cabo con personal del Departamento Ingeniería del Área Material Río Cuarto (AMR IV) y prevé el desarrollo del Pod subalar para ametralladora calibre 12,7 mm para equipar a los sistemas de armas Embraer EMB-321 Tucano y a otras aeronaves de dotación de la FAA. Este pod permitirá incrementar la capacidad de fuego de las aeronaves de la FAA al incorporar armamento de mayor calibre al de los pods de dotación actual (que son de calibre 7,62mm). Este desarrollo nacional permitirá reducir los costos de adquisición y mantenimiento en forma sustancial respecto a sistemas equivalentes importados.

Como parte de este proyecto ya se ha completado el desarrollo y producción de un prototipo en calibre 7,62mm que ha sido ensayado con éxito, por lo cual fue certificado y se prevé avanzar en el desarrollo de la versión más potente en calibre 12,7mm.

Afuste de ametralladora para helicópteros: El Departamento Ingeniería del Área Material Río Cuarto desarrolló un afuste para tiro lateral desde las puertas de la cabina de pasajeros de los Sistemas de Armas Bell 212 y 412 en dotación de la FAA. Este afuste permite incorporar hasta dos ametralladoras MAG calibre 7,62 mm en cada helicóptero, incrementando su capacidad de fuego tanto para tareas de ataque como de autodefensa en misiones de búsqueda y rescate en combate. Actualmente se ha superado la etapa de construcción de los prototipos, habiéndose efectuando ensayos en tierra y en vuelo, abriendo fuego a distintas distancias y en diversas condiciones de vuelo que permitieron aprobar las bases de certificación para su posterior fabricación en serie.


Afuste de ametralladora para helicópteros siendo evaluado en un Bell 212.


Bomba autopropulsada “Dardo”FAS-850: constituye el desarrollo de armamento del tipo “stand off” más relevante de la FAA y representa un salto cualitativo en la capacidad de adiestrar a las tripulaciones para atacar objetivos materiales, ya sean fijos o móviles.

El desarrollo de la “Dardo” comenzó con la adaptación de una bomba Mk-82 para convertirla en munición guiada. A tal fin se diseñó una estructura aerodinámica de materiales mixta (compuestos y metálico) para alojar el cuerpo de una Mk-82, con aletas fijas y móviles para planear entre 40, 60 y 200 km (versión “Dardo 1”, “Dardo 2C” y “Dardo 3”) según la altura y velocidad de lanzamiento.

Las principales características de la “Dardo III” son:


Bomba Dardo 3.


Bomba antipista FAS-260: capaz de penetrar 30 cm de cemento gracias al impulso de un cohete acelerador que le permite explotar de manera subterránea, generando mayor efecto destructivo en la superficie impactada. Esta bomba se puede lanzar a muy baja altura y alta velocidad, redundando en una mayor precisión del ataque y en menor riesgo para la aeronave portadora.

Bomba de fragmentación FAS-280: fue pensada para ser lanzada en grupos de 9 ó 18 unidades mediante el empleo de un intervalómetro que permita su lanzamiento secuencial para aumentar el área de saturación en el blanco. Esta bomba porta una carga explosiva de 6 kg y el material fragmentable, constituido por parte de la carcasa y cientos de bolillas de acero, pudiendo penetrar una placa blindada de 7 a 20 mm de espesor según la distancia.

Debido a la similitud de pesos y dimensiones, tanto la FAS-260 como la FAS-280 pueden ser lanzadas desde un mismo eyector de nueve unidades.

Espoleta de impacto FAS-250: su desarrollo surgió a partir de la actualización tecnológica de las espoletas de nariz ENEAS 08V y de cola ECEAS 08RV. Ambas espoletas fueron diseñadas para utilizarse en bombas frenadas, lanzadas a muy baja cota. Estaban compuestas por elementos mecánicos, electrónicos (incluyendo acelerómetro y circuito de esterilización) y pirotécnicos que detonan la bomba portadora a un tiempo fijo.

Espoleta de proximidad FAS-1020: fue diseñada y construida bajo un concepto modular, con vistas a su empleo en bombas lisas y frenadas, que dispone de dos subsistemas, a saber: Subsistema de Seguridad y Armado, compuesto por un Módulo Electrónico de Seguridad y Armado, un Circuito de Esterilización, un Selector de Tiempos de Armado, un Mecanismo de Alineación del Tren de Fuego y un Reforzador; mientras que el Subsistema de Detección del Blanco estaba integrado por un Sensor Ambiental, un Cabezal de Radiofrecuencia (que emitía una señal de onda continua modulada en frecuencia en la banda UHF), una Placa de Procesamiento de Señales y el Cableado de Interconexión.

La espoleta FAS-1020 se activa a cierta distancia del blanco, en base al principio del efecto Doppler, disponiendo de tiempos de armado variables entre dos y doce segundos, con altura nominal de explosión a los diez metros, pudiendo operar en temperaturas entre los -30/ +60°C y velocidades entre los 220 y los 580 nudos.


Espoleta de proximidad FAS-1020


· Software “MULA”

A partir de un requerimiento operativo de la FAA, la DGID inició el desarrollo de un software llamado “Módulo Unificado de Logística Aérea” (MULA), para ser utilizado en la gestión y administración de cargas y el transporte de los insumos necesarios en Operaciones Aéreas Combinadas para Ayuda Humanitaria.

El “MULA” está conformado por una aplicación de escritorio y un servicio web vinculado, desarrollados por el Centro de Simulación y Juegos de Guerra (CSJG).

La primera versión del “MULA” fue utilizada operativamente en el año 2011, durante el ejercicio “Ajax”, con el objeto de administrar los documentos “Manifiesto de Carga” y “Guías de Carga” para las terminales aéreas y sus depósitos.

El CSJG creó una versión integradora, llamada “MULA 4.0”, en la que fusionó dos softwares desarrollados “in house”: el “Informatized Command and Control” (ICC) para planificar los vuelos y el “MULA” para planificar los movimientos de Cargas.

En 2015 los Jefes de las Fuerzas Aéreas Americanas adoptaron el “MULA 4.0” como software para Ejercicios y Casos Reales de Ayuda Humanitaria o Desastres del Sistema de Cooperación de las Fuerzas Aéreas Americanas (SICOFAA).

· Software “Fénix”

Este software desarrollado por la DGID tiene por fin apoyar el planeamiento de operaciones aéreas, evaluar las misiones ejecutadas por medio de modelos matemáticos, probabilísticos, estadísticos y lógicos, introducidos en la simulación.

El “Fénix” tiene distintas formas de empleo, la más utilizada es la que se juega a dos bandos (“Azul” y “Colorado”), en la que a cada bando se le asigna un área geográfica donde estarán ubicadas sus bases militares (aéreas, terrestres y navales), con su infraestructura (pistas, plataformas, hangares, depósitos, puertos, edificaciones), armamento, combustible y radares, entre otros elementos.

El software funciona sobre plataforma “Windows” y se instala dentro de una Red LAN (Local Área Network). Las computadoras deben estar conectadas al Servidor vía Red LAN, se instala y configuran las terminales clientes del “Fénix” (Inteligencia, Logística, Planeamiento, Current y Navegador) y el acceso web al mismo.

Además de ser utilizado y reconocido por las Escuelas de Guerra de varios países, este software argentino es usado como herramienta de simulación en ejercicios internacionales de defensa aérea y ayuda humanitaria.



Fuente: pucara.org

sábado, 19 de junio de 2021

La Fuerza Aérea Argentina impulsa la tecnología (parte 1)
Las actividades de Investigación y Desarrollo (I+D) potencian la autonomía tecnológica en áreas sensibles y estratégicas para la Defensa Nacional. La Dirección General de Investigación y Desarrollo (DGID) es la instancia orgánica que lleva adelante los proyectos tecnológicos de la Fuerza Aérea Argentina.
Por José Javier Díaz



La Fuerza Aérea Argentina (FAA) comenzó a realizar sus primeras actividades de Investigación y Desarrollo (I+D) a partir del año 1927, cuando se fundó la, por entonces, “Fábrica Militar de Aviones” (FMA) -actual Fábrica Argentina de Aviones (FAdeA)-, donde se llevaron a cabo estudios y experiencias de diseño y fabricación de aviones, motores aeronáuticos, etc.

En la década de 1940 se iniciaron los primeros trabajos en cohetería y, a partir de 1960, cuando se creó la Comisión Nacional de Investigaciones Espaciales (CNIE) en el ámbito de la FAA, comenzó a ejecutar sus primeras experiencias técnicas y biológicas con cohetes sonda y seres vivos (ratones de laboratorio y monos), colocando a la Argentina entre los países más avanzados en materia espacial.

En las décadas siguientes, la actividad de I+D de la FAA fue pasando por diversas dependencias orgánicas, a saber: “Comando de Investigación y Desarrollo”; “Dirección de Investigación y Desarrollo”; “Departamento de Investigación y Desarrollo”; “Dirección General de Sistemas”; y, desde el 29 de junio del año 2000, dentro de la actual “Dirección General de Investigación y Desarrollo” (DGID).

Finalmente, por Resolución N°1633 del año 2010, el Ministerio de Defensa (MINDEF) estableció que, a partir del 1º de enero del año 2011, la DGID debía depender de la Subjefatura del Estado Mayor General de la FAA.

Misión

La misión de la DGID es: “Administrar el Sistema de Investigación y Desarrollo de la Fuerza Aérea Argentina, y ejecutar la evaluación y homologación de los medios aeroespaciales a fin de contribuir al desarrollo del Poder Aeroespacial Nacional”.

Funciones

Para cumplir su misión, la DGID ejecuta las siguientes funciones:

  • Formula, gestiona y administra Proyectos de I+D de la FAA.
  • Formula Planes, Programas, Ensayos, la Evaluación y Homologación de ingenios inherentes al Poder Aeroespacial Nacional.
  • Formula la Política, el Plan de Evolución, la Doctrina y la Reglamentación de la FAA relativa a su área de responsabilidad.
  • Confecciona planes de apoyo a la Planificación Estratégica Operacional.
  • Interviene en el Consejo Científico-Tecnológico de Defensa (COCITDEF) y asesora al MINDEF.
  • Entiende en la extensión del Subsistema de I+D de la FAA hacia el Sistema Nacional de Ciencia y Tecnología a través de convenios.
  • Efectúa la Vigilancia Tecnológica para el seguimiento de avances en tecnologías y Sistemas de Armas (SdA).
  • Interviene en los estudios para la incorporación/modernización de medios y su integración a nivel Específico, Conjunto, Combinado y MINDEF.

A los fines de realizar un abordaje multidisciplinario y sinérgico de las actividades de I+D, la DGID administra la ejecución de los proyectos tecnológicos a través de una organización “matricial”; esto significa que las diversas dependencias que intervienen en un proyecto mantienen una fluida coordinación entre las actividades específicas de investigación científica y desarrollo tecnológico, las de índole logística y las propias de la conducción de la FAA, más allá de la estructura administrativa a la que pertenecen.




Estructura orgánica

La Dirección General de Investigación y Desarrollo de la FAA está integrada por las siguientes instancias:

  • Subdirección General
  • División Vigilancia Tecnológica
  • División Economía
  • División Políticas y Planes
  • Polo Tecnológico Buenos Aires
  • Polo Tecnológico Córdoba
  • Asesoría en Prevención de Accidentes e Impacto Ambiental
  • Relaciones Extra institucionales
  • Sección Prensa
  • Museo de Tecnología Aeroespacial Córdoba

La Subdirección General gestiona la ejecución de las tareas de I+D de la FAA, atendiendo las necesidades logísticas de las dependencias orgánicas de la DGID.

A grandes rasgos, la Subdirección General tiene como principales funciones entender en la logística de todos los organismos dependientes de la DGID y en la programación y control de las actividades de I+D; participar en la gestión, evaluación, desarrollo y homologación de los proyectos; y participar en la administración de los Centros de Ensayos y de Investigación de la FAA.

La Subdirección General está integrada por las siguientes dependencias:

Dirección de Proyectos
Dirección de Centros de Investigación y Desarrollo
Dirección de Evaluación y Homologación
Dirección de Análisis Operativo
Departamento Programación y Control
Departamento Central
División Informática




La Dirección de Proyectos (DP) planifica y gestiona los Proyectos de I+D, dirigiendo y coordinando los mismos conforme a lo establecido en el Reglamento del Sistema de Investigación y Desarrollo de la FAA para asegurar la obtención de un producto eficaz, eficiente y sostenible, según estándares de calidad aplicables, en forma oportuna y a un costo razonable.

Entre sus tareas, la DP realiza el estudio de factibilidad de los Requerimientos Operativos y de Investigación; propone prioridades y modos de acción más aceptables; coordina los cambios de fase en los períodos de planificación y desarrollo de un proyecto, controlando la evolución de los mismos; determina los recursos financieros para cada proyecto de I+D y gestiona la administración de dichos fondos a través de las Unidades de Vinculación Tecnológica (UVT).

La DP está integrada por una Oficina de Enlace de la FAA ante la Fábrica Argentina de Aviones (FAdeA) y siete Departamentos especializados, a saber: 1) Gestión de Proyectos; 2) Tecnología Espacial; 3) Aeronaves y Aviónica; 4) Guerra Electrónica; 5) Comando y Control; 6) Armamento; 7) Proyectos Especiales.

Cada Proyecto está a cargo de un Oficial, quien se desempeña como “Jefe de Proyecto” (JP) y asume la responsabilidad de su desarrollo. Durante el período de Planificación y Ejecución de un proyecto, los JP dependen funcionalmente de la DGID, salvo en aquellos casos que -por razones particulares- se justifique mantener su dependencia orgánica, situación en la cual la función de JP será asumida por el titular de la Dirección de Proyectos.

Los proyectos i+d se pueden clasificar como “Proyectos de Investigación” (PI) o “Proyectos de Desarrollo” (PD); conjuntamente con los “Proyectos de Investigación y Desarrollo para la Defensa” (PIDDEF), administrados directamente a través del Ministerio de Defensa.

La Dirección de Centros de Investigación y Desarrollo (DCID) tiene a su cargo la administración de los ocho Centros que tiene la FAA; determina las capacidades requeridas y las deficiencias (en materia de personal, infraestructura, equipamiento, etc.) a corto plazo; coordina las actividades de los Centros y su relación con los requerimientos de los distintos Proyectos; y determina las tecnologías a adquirir en función de lo previsto en el planeamiento.




De la DCID dependen orgánicamente los siguientes Centros:

1) Centro de Ensayos en Vuelo (CEV), radicado en Córdoba (en el predio de FAdeA). Ensaya desarrollos, comprueba y homologa aeronaves, sistemas, subsistemas y componentes operativos, interviene en el control de calidad y la recepción/aceptación del material aéreo para la FAA.

2) Centro de Ensayos de Armamentos y Sistemas Operativos (CEASO), con sede en el Área Material Río IV, Córdoba. Ejecuta los ensayos de comprobación y homologación de armamento, sistemas, subsistemas, componentes operativos y otros elementos que se ordenen.

3) Centro de Entrenadores y Simuladores (CES), Córdoba. Realiza tareas de I+D en Entrenadores, Simuladores de Vuelo y proyectos afines.

4) Centro de Investigación de Tecnologías Aeronáuticas (CITA), en Río IV. Ejecuta tareas de mantenimiento y proyectos de I+D en aviónica.

5) Centro de Sensores Remotos (CSR), Ciudad de Buenos Aires (CABA). Desarrolla actividades de teledetección y gestión de información geoespacial, los requerimientos de investigación y las normas para usar los sensores de reconocimiento.

6) Centro de Simulación y Juegos de Guerra (CSJG), en CABA. Desarrolla y actualiza sistemas de simulación para la toma de decisiones.

7) Centro de Experimentación y Lanzamiento de Proyectiles Autopropulsados (CELPA), en Chamical, La Rioja. Ejecuta tareas de I+D en experiencias aeroespaciales; ensayos, pruebas y lanzamientos de proyectiles autopropulsados y sistemas aéreos no tripulados.

8) Centro de Investigaciones Aplicadas (CIA), Córdoba. Realiza y/o coordina actividades de I+D, ensayos y evaluaciones de sistemas y componentes aeronáuticos, espaciales, para Defensa y otras áreas.

La Dirección de Evaluación y Homologación (DEH) entiende en los procesos de evaluación y homologación de aeronaves, armamento aéreo, sistemas, subsistemas y componentes de empleo aeroespacial, de apoyo operativo u otros; elabora, supervisa, coordina y ejecuta la programación de ensayos de evaluación y de homologación; establece los procedimientos de aplicación, parámetros y criterios de evaluación y determina las normas de homologación aplicables.

La DEH, a través de su Departamento Logística, es la responsable de centralizar todo lo inherente a la gestión del personal, material y el presupuesto de los organismos dependientes de la DGID en Córdoba.




La Dirección de Análisis Operativo (DAO) interviene en los proyectos de sistemas, subsistemas o equipamientos que contengan software, asociados al Comando, Control, Operación e Instrucción de los Sistemas de Armas de la FAA, cubriendo todo el ciclo de vida de los proyectos, desde la conceptualización hasta su desprogramación y participa en la adquisición, provisión y desarrollo.

Las funciones de la DAO abarcan la participación en proyectos de desarrollo de sistemas, subsistemas o equipamientos que contengan software, durante la fase Conceptual, Factibilidad, Definición y Desarrollo; determina las especificaciones, planes y revisiones de los proyectos de software; interviene en las actividades de adquisición de nuevos sistemas o equipamientos; implementa el mantenimiento de software, determinando las tareas de recepción y análisis de reportes de anomalía y mejora (SAR/SEP), modificaciones y cortes sobre los entornos operacionales y de soporte a los usuarios; migración y/o retiro hacia nuevos entornos operacionales; realiza los procesos de soporte que aseguren la integridad y calidad de hardware y software y los procedimientos empleados; implementa la infraestructura de procesos y personal asociado al ciclo de vida útil, etc.



Fuente: pucara.org

viernes, 18 de junio de 2021

INVAP y el Pod ISR para el Pucará
Desde Pucará Defensa dialogamos con el ingeniero electrónico Mariano González, quien desde INVAP dirige el programa de desarrollo del pod ISR para el programa Pucará Fénix.
por Santiago Rivas



¿Cómo nace la idea del pod?

Nosotros tenemos relación con la Fuerza Aérea Argentina por los RPA (Radares Primarios Argentinos) y ya en 2019 nos contactaron contándonos cuál era su idea para el Pucará, que lo querían convertir en una aeronave de exploración y reconocimiento. Nos plantean fabricar el sistema ISR con un radar, un cabezal electroóptico y sistema de misión. Así empezamos a darle forma y llegamos a este esquema que planteamos hoy. Básicamente planteado en tres etapas que nosotros le llamamos MET (Modelo de Evaluación Tecnológica). Lo que se vio volando en Córdoba es el MET 1, la primera etapa. Nosotros seremos los proveedores del radar, el sistema de misión y lo asociado al puesto trasero, el puesto del operador del Pucará y la integración en conjunto con FixView.




FixView sacó hace dos años el POA, que era solamente la cámara ¿Van a trabajar sobre esa base?

Hoy está el POA, que tiene que evolucionar, porque el sistema final requiere más prestaciones y tiene que estar todo integrado en un pod. No van a ser físicamente dos cosas separadas, sino que van a estar integradas mecánicamente en un mismo pod, un pod específico para eso.

¿El pod final sería de un nuevo diseño? Porque hasta ahora se trabajó sobre la base de un tanque suplementario.

Si, ese tanque se usó porque nos permitía reducir los tiempos de etapa, por una cuestión de que es un tanque que esta ya certificado. Así, hay tiempos y requisitos de certificación que se reducen. Ahora usarlo en el sistema final es bastante complejo, entonces estamos pensando en usar un pod específicamente diseñado para esto.

¿Cómo están avanzando con el MET 1?

El MET 1 tiene una versión inicial de un radar que genera imagen SAR (Synthetic Aperture Radar, radar de apertura sintética). Con una antena pasiva y electrónica que no es la definitiva, con algunas prestaciones menores a la que va a ser la definitiva. Eso está volando. Terminó una etapa de ensayo y queda algún vuelo mas para probar uno de los modos que se implementaron en esta etapa. En esta etapa tenemos solo imagen SAR y uno de los modos de imagen SAR es lo que nos falta terminar de probar.




¿Cómo va a ir evolucionando al MET 2?

Ahora estamos hablando con Fuerza Aérea para firmar el contrato del MET 2, que sería por un periodo de 12 meses. Y la idea es empezar a ejecutarlo próximamente, estimamos a mediados de año.

El MET 2 va a tener unas mejoras en el radar que le va a permitir tener imagen SAR de mejor calidad e integración a nivel operador con el POA de Fix View que ya tiene Fuerza Aérea. Y algunos cambios específicos de hardware.

Después vendría el MET 3, sería la última versión de desarrollo.

El MET3 ya sería el producto final. En éste tendríamos el sistema radar y electroóptico integrado con su sistema de misión y las capacidades y desempeño definitivo del producto.

¿Qué se puede contar de las capacidades que se espera que tenga?

Va a ser un radar que va a tener imagen SAR en distintos modos y va a tener detección de blancos puntuales también en otro modo. Una antena activa AESA, integrado con el sistema electroóptico.

¿Va a tener antenas de los dos lados?

Eso es algo que todavía esta por diseñarse. Definitivamente va a tener que tener la capacidad de ver a ambos lados. Hay que ver si son antenas a los dos lados o si es una antena que además de tener sistema de barrido electrónico, tenga alguna especie de movimiento mecánico o una combinación de ambos.




Y eso va a estar integrado con la torreta

Exacto, y van a trabajar en forma conjunta. Con Fuerza Aérea, en estos ensayos de ahora y los del MET 2, terminaremos de definir cuál es la integración que a ellos les sirve o que ellos requieren, pero básicamente para el operador va a ser un mismo sistema con múltiples funciones.

El operador va a estar en el puesto trasero, ¿no va a haber una pantalla en el puesto delantero?

Está planteada la interacción piloto operador para gestión de misión, una pantalla en el puesto delantero no se identificó como necesaria.

¿Lo que iría al puesto de atrás está definido? ¿sería la pantalla y el joystick para comando del pod?

Eso también es parte de lo que tenemos que definir ahora, pero en principio serían dos pantallas con comandos, un joystick del cabezal electroóptico más algún tipo de entrada para la operación del radar.




¿Las dos pantallas mostrarían, el radar y la parte electroóptica?

Eso lo vamos a definir en estos vuelos. Sobre todo, los del MET 2, que va a tener los dos sistemas integrados. Lo típico de estos sistemas: una representación fija de misión y otra con los productos de los sensores. Básicamente lo que tenemos para mostrar son tres cosas: el sistema de misión, donde se va aponer lo necesario del vuelo, los waypoints, lo que haga falta para definir la misión; los productos del radar y del cabezal electroóptico.

¿Eso va a estar integrado a una computadora de misión?

Si, va a haber, no una computadora de misión como lo que entendemos normalmente en aviones militares, sino que el pod ISR va a tener su computadora de misión que va a correr estos sistemas y le va a presentar esta información al operador.

Este sería el primer pod que desarrolla Invap para el mercado. ¿Ven interés tanto en otras fuerzas de Argentina como en el exterior para este tipo de productos?

Como decís, este es el primer POD que desarrolla Invap y que va a ser operativo en los aviones de la FAA, esto es realmente un hito para Invap, poner un pie en el sector aerotransportado.

Vemos interés en los productos de Invap aerotransportados en el país y es algo que queremos salir a ofrecer en la región una vez finalizado el desarrollo.

¿Ven la posibilidad de integrar el radar en otras plataformas, como aviones de vigilancia, ya no como pod?

Si, definitivamente, por la tecnología que estamos pensando en usar para diseñarlo, es un radar muy versátil (es lo que permite la tecnología AESA) y sí, lo vemos con posibilidades para otras plataformas, con algunas leves modificaciones mecánicas y de montaje.






Fuente: pucara.org
Energía undimotriz: la electricidad que viene del mar
Un equipo de investigación de la Universidad Tecnológica Nacional busca promover un nuevo modelo para contribuir a la soberanía energética mediante un moderno dispositivo fabricado en el país y con escaso impacto ambiental.
Por Facundo Chahin


Imagen descriptiva del convertidor diseñado para generar energía undimotriz.. Imagen: Foto: Gentileza Alejandro Haim



Mientras varios países avanzan en la generación de energías sustentables para reducir el impacto ambiental, un grupo de docentes y alumnos de distintas especialidades de la ingeniería pertenecientes a la Universidad Tecnológica Nacional –Facultad Regional Buenos Aires– impulsa el desarrollo nacional de la energía undimotriz, que transforma el movimiento de las ondas marinas en electricidad.

La génesis del proyecto se remonta a 2009 cuando Alejandro Haim, por entonces próximo a recibirse de ingeniero mecánico, alternaba sus días entre el estudio y su actividad como guardavidas, que combinaba con la práctica de surf. Su relación permanente con el mar y las olas lo llevó a pensar en el potencial que estas tenían para la generación de una energía limpia y sustentable.

“Lo que yo pensaba muy seguido es que si un barco puede flotar es porque existe un potencial enorme en el mar; de modo que me puse a imaginar en cómo desarrollar un mecanismo que pudiera captar toda esa energía y transformarla”, describió Haim al Suplemento Universidad. A partir de allí, decidió proponer como proyecto final de una materia la creación de una máquina que transformase el movimiento ondular en energía eléctrica.

Una vez recibido, la iniciativa se convirtió en una investigación encabezada junto a Mario Pelissero, docente de la UTN Buenos Aires con más de 30 años de trayectoria. “Como toda idea, lo primero que analizamos fue el potencial posible, y ahí encontramos que existían antecedentes en Gran Bretaña, tras la crisis del petróleo de 1973, de generación de energía a través del mar. Cuando vi los datos sobre lo que se puede lograr con las ondas marítimas quedé impresionado, porque en nuestro territorio contamos con un recurso extraordinario como es el viento, que tiene enorme peso en la generación de la energía undimotriz”, explicó Pelissero.

Conocido en inglés como “wave energy”, en castellano el término “undimotriz” significa “movimiento de las ondas”, y no de las olas, ya que este modelo energético propone la utilización de un dispositivo que transforme el movimiento ondular del mar –el viento cumple un rol clave por su acción sobre la superficie– en un movimiento giratorio continuo que se envía a un generador para producir la energía eléctrica.

En esa línea, los referentes del proyecto, que puede ser consultado en https://undimotriz.frba.utn.edu.ar/, diseñaron un mecanismo que posee dos boyas –cada una pesa alrededor de 10 toneladas– que suben y bajan dos metros, copiando el movimiento de las ondas marinas por un período que va entre los siete y diez segundos.

Esas boyas mueven un brazo de palanca que activa un sistema electromecánico que transforma el movimiento oscilatorio en uno circular uniforme y que va acoplado a un generador eléctrico.

Este sistema de conversión, que ya ha sido patentado, fue testeado a menor escala en el Instituto Nacional del Agua (INA), ubicado en la ciudad bonaerense de Ezeiza, que posee un canal de olas artificiales, prueba necesaria para luego instalar un equipo definitivo con sus proporciones correspondientes en un territorio costero.

Con viento y marea a favor

En esta instancia, aparece una de las grandes dificultades que frenan el desarrollo de la energía undimotriz en el país. “Aún no estamos en condiciones de construir el equipo a gran escala porque no contamos con el financiamiento necesario, no de la Facultad, sino del sector privado o estatal. Al ser la undimotriz tan novedosa no entramos en ningún proyecto, porque cuando se habla de energías renovables se piensa en la eólica o en la solar”, planteó Haim, quien también se desempeña como docente y jefe de Laboratorio de Energías Alternativas en la UTN.

La otra dificultad, según detalló Pelissero a este suplemento, radica en el lugar de instalación del dispositivo: “En primera instancia lo que hemos hablado con autoridades de Mar del Plata y Necochea es poder apoyar la parte eléctrica sobre una escollera, ya que esas zonas tienen puertos con una disposición geográfica muy buena para la captación de la energía undimotriz. Y a futuro colocarla a un kilómetro de la costa con el fin de aprovechar al máximo el recurso de la formación de la onda en toda su extensión”.

Una vez superada la instalación sobre una escollera, la iniciativa apunta a la creación de parques marinos ubicados a distancias medias de la orilla, algo viable en un país que cuenta con más de 5.000 kilómetros de costa. “Con un parque undimotriz que ocupe solo 3 hectáreas de mar se puede abastecer de energía eléctrica a 20 mil habitantes”, subrayó Haim.

Los investigadores destacaron que el proyecto propone una tecnología que no perturba la flora ni la fauna marina durante su funcionamiento, no requiere el uso de combustibles ni genera contaminación sonora.

Por otra parte, además de resaltar que el proyecto ofrece una constancia energética durante todo el año, sin interrupciones y muy predecible, ya que las ondas marinas son constantes, Pelissero ponderó que esta energía “es 10 a 30 veces más densa que la solar y 5 veces más que la eólica”.

Como ejemplos de utilización de la energía undimotriz, Haim mencionó a Estados Unidos, China, España, Reino Unido, Australia y Portugal; Brasil, por su parte, fue el primero en Sudamérica en contar con un aparato a gran escala, mientras que Chile adquirió un dispositivo este año.

La disponibilidad energética de nuestro mar está considerada como una de las mejores del mundo. A raíz de ello, los investigadores remarcaron la importancia de avanzar a fondo en un proyecto estratégico para contribuir a la soberanía energética argentina e impulsar la construcción de los equipos convertidores en nuestro país y así fomentar el trabajo nacional.



jueves, 17 de junio de 2021

Quinua contra el hambre
Investigadores del INTA San Juan trabajan en la construcción de una planta procesadora de la semilla de quinua, considerada un superalimento por sus propiedades nutritivas. Buscan agregarle valor al cultivo para facilitar su consumo y escalar la producción para favorecer a pequeños productores.
Por Nadia Luna





La quinua es un cultivo ancestral característico de la región andina conocido desde hace más de 7000 años. Se trata de una semilla que posee un alto valor nutricional, ya que aporta proteínas y aminoácidos esenciales para el ser humano. A pesar de ello, con la llegada de los españoles al continente, la quinua fue marginada y reemplazada por otros cereales, como trigo y cebada. Sin embargo, muchos campesinos y pequeños productores andinos siguieron apostando por ese cultivo, al cual hoy se busca revalorizar de diversas maneras.

Con este objetivo, investigadores de la Estación Experimental San Juan del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) están desarrollando una planta procesadora de quinua que permitirá agregar valor al trabajo de pequeños productores, reducir costos y aumentar la escala de producción del cultivo. Este proyecto fue uno de los seleccionados en la convocatoria “Ciencia y tecnología contra el hambre”, realizada por el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación (MINCYT), junto con el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación y el Consejo Nacional de Coordinación de Políticas Sociales.

“Por sus cualidades nutricionales, la quinua es considerada como un superalimento, ya que puede cubrir muchas necesidades alimenticias. En los últimos años, el cultivo de quinua creció bastante pero muchos son llevados a cabo por productores pequeños y medianos, que tienen de media hectárea a no más de cinco. Por eso, queremos aportar tecnología que permita que la escala productiva crezca y agregue valor al cultivo”, le dijo a TSS la ingeniera química Vanina Cornejo, investigadora del INTA San Juan y responsable del proyecto.


Esquema de la planta procesadora de quinua del Clúster Quinua Cuyo. Foto: Prensa INTA.


El proyecto busca mejorar el conocimiento sobre las características de la quinua desde hace unos cuatro años. Para ello, cultivaron distintos ecotipos en varias localidades de la provincia y estudiaron el comportamiento fisiológico y fenológico del cultivo para obtener información a nivel local. Posteriormente, se sumó productores interesados en el cultivo para que participen de los ensayos productivos y se capaciten en las propiedades de la semilla.

Así se conformó el Clúster Quinua Cuyo, al que hoy buscan fortalecer a través de la construcción de la planta. El clúster se inició en la provincia de San Juan pero la idea es que se extienda a toda la región de Cuyo, por las características en común que tiene la zona. Además de aumentar la producción, otro objetivo de la planta es agregar valor al cultivo a través de un proceso que permitirá comercializar la semilla lista para ser consumida en el hogar.

“La quinua presenta una dificultad a la hora de procesarla para consumir porque tiene saponina en el tegumento exterior, una sustancia considerada un antinutriente para el ser humano. Por eso, buscamos que en la planta procesadora se la extraiga y que la semilla quede disponible para que las personas, con un simple lavado, la puedan consumir”, explicó Cornejo.

Actualmente, como no existe una planta de desaponificado de quinua en esa región, investigadores y productores deben llevar las semillas hasta la localidad bonaerense de 9 de Julio para poder hacer el procesamiento. Esto implica un costo adicional de traslados y mayores dificultades operativas. Por eso, muchas veces los productores comercializan el grano con saponina, lo que requiere que los consumidores tengan que realizar un lavado extra (de al menos siete veces) para extraer el tegumento superficial.


Además de aumentar la producción, otro objetivo de la planta es agregar valor al cultivo a través de un proceso que permitirá comercializar la semilla lista para ser consumida en el hogar.


“Hemos realizado encuestas donde mucha gente dice que no consume quinua porque el lavado de las semillas requiere un tiempo significativo. Por eso, permitir que se obtenga una semilla lista para el consumo puede favorecer su comercialización y la disponibilidad inmediata del alimento”, dijo la investigadora.

Otra ventaja del proyecto es el método que usan para separar la saponina de la quinua. El proceso se realiza por frotación o fricción entre las semillas, con un equipo rotativo que no requiere agua, como sí sucede con otros métodos. De esta manera, se evita la generación de un volumen importante de agua contaminada, favoreciendo el cuidado del medio ambiente. Además de la producción de semillas, la planta contará con la posibilidad de molerlas para elaborar harina de quinua, ideal para personas que necesitan alimentos libres de gluten.

Por otra parte, Cornejo señala que la saponina que se obtiene tras el proceso de separación es una sustancia similar al jabón que puede ser empleada por emprendedores para otros fines comerciales, como la elaboración de productos cosméticos, jabones y shampúes. Si bien el foco de los investigadores es la producción de quinua, se trata de otro potencial del proyecto que puede ser aprovechado.

En la conformación del Clúster Quinua participan actores de diversas esferas, como los municipios de Iglesia, Calingasta y Pocito; la Federación de Cooperativas Agropecuarias de San Juan (FECOAGRO); el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) Cereales y Oleaginosas, de 9 de Julio; la Secretaría de Ciencia y Tecnología de la Provincia; y el Ministerio de Desarrollo Humano de la provincia, entre otras áreas.

Con respecto a la transferencia tecnológica, la ingeniera señala que se viene realizando de forma permanente desde el clúster a través de asistencia técnica, formación y acompañamiento a los productores. En cuanto a la planta en particular, la idea es construirla, capacitar a los productores y que cada uno pueda llevarse su semilla para comercializarla, ya sea de manera individual, a través de la asociación de cooperativas o del propio clúster.

“El financiamiento está pautado para desarrollar el proyecto en el plazo de un año. Los primeros dos meses vamos a hacer ajustes de diseño e ingeniería del proceso. Posteriormente, comenzaremos la construcción de la planta, que se va a hacer en 9 de Julio y va a llevar unos seis meses. Después montaremos la planta acá, en la Estación Experimental de San Juan. Así que, si todo va bien, esperamos que para el décimo mes ya estemos haciendo la puesta en marcha y la prueba del funcionamiento de la planta”, finaliza la investigadora.



sábado, 12 de junio de 2021

La periferia de la Vía Láctea podría ser habitable
Hallan moléculas orgánicas en regiones lejanas de nuestra galaxia, donde hasta ahora se pensaba que no podían existir.
por Jorge Recalde


Imagen de la Vía Láctea.


Científicos de la Universidad de Arizona han anunciado, en el seno de la reunión anual de la Sociedad Americana de Astronomía, el hallazgo de trazas de moléculas orgánicas en nebulosas planetarias lejanas, con un detalle y una resolución nunca antes logradas. Para ello, se han valido de las imágenes obtenidas por el telescopio ALMA, en Atacama, Chile. En concreto, han sido capaces de identificar emisiones compatibles con la existencia de cianuro de hidrógeno y monóxido de carbono en cinco nebulosas. El hallazgo es de gran importancia porque la comprensión de cómo se forman y evolucionan este tipo de moléculas es clave para entender el origen de la vida y la probabilidad de encontrar zonas habitables en otros rincones del cosmos.

Las nebulosas planetarias son objetos brillantes que se generan al final de la vida de cierto tipo de estrellas. De hecho, la mayor parte de los astros que hay en nuestra galaxia acabarán sus días de ese modo. Nuestro Sol también lo hará.

Hasta ahora, una explicación bastante consensuada sobre la muerte de las estrellas ha propuesto que, a medida que los astros de tamaño mediano pierden su capacidad de producir grandes cantidades de energía interior, expulsan parte de su masa al entorno que los rodea y se van empequeñeciendo hasta convertirse en una estrella enana blanca. En ese momento, las grandes cantidades de radiación ultravioleta que escupen rompen todas las moléculas que encuentran a su paso y las reducen a simples átomos. El espacio interestelar es, así, un lugar en el que difícilmente deberían encontrarse moléculas de la complejidad de las ahora halladas.

Pero el descubrimiento anunciado ayer dibuja un panorama muy diferente. El hallazgo de cianuro de hidrógeno y monóxido de carbono demuestra que ese espacio interestelar en teoría inerte en realidad está regado de componentes que forman parte de los ladrillos constructivos de nuevas estrellas y planetas y que incluso llevan las bases primitivas de la vida. De hecho, este espacio entre estrellas moribundas aporta el 90 por 100 del material para producir nuevas estrellas. Se trata de una especie de planta de reciclado donde el ciclo estelar vuelve a nacer.

El hecho de que en él se encuentren, no solo átomos disgregados, sino moléculas orgánicas permite que el proceso de nacimiento de nuevas estrellas sea mucho más acelerado. En otras palabras, el descubrimiento ha abierto una ventana nueva para el conocimiento de uno de los enigmas más recurrentes en astronomía: cómo funcionan realmente las “guarderías” de estrellas del medio interestelar donde procesos químicos y físicos de complejidad increíble permiten que espacios inocupados se llenen de embriones de nuevas estrellas que, en el futuro, acogerán la formación de planetas y, quién sabe, de vida en algunos de ellos.

Precisamente para el estudio de la posible evolución de la vida tiene una especial importancia un segundo hallazgo comunicado ayer. Y es que investigadores del mismo grupo han detectado moléculas orgánicas también en las afueras de la Vía Láctea, a una distancia que duplica lo que hasta ahora se consideraba “zona habitable de la galaxia”. Se entiende como tal al círculo en el que se considera que es probable que surjan las condiciones para la vida y que tiene que ver con la presencia de algunos elementos pesados, la densidad de sucesos catastróficos como las supernovas y otros factores químicos. Las galaxias más grandes tienen, como es lógico, una zona habitable mayor. En el caso de la Vía Láctea (que es una galaxia de tamaño no muy grande) se pensaba que la zona de habitabilidad se extiende en un anillo de unos 33.000 años luz desde el centro galáctico, del que quedan excluidas las regiones periféricas. Pero la constatación de que existen moléculas orgánicas también en los bordes de la galaxia puede cambiar el modelo hasta ahora asumido.

Siempre se ha pensado que para un planeta sea habitable debe situarse en una región de su galaxia que no esté demasiado cerca del centro donde existe demasiada densidad estelar y demasiada radiación, ni demasiado lejos de él para no adentrarse en regiones donde no hay suficientes moléculas fundamentales para la vida como el oxígeno, el carbono o el nitrógeno.

Los autores del hallazgo han rastreado regiones galácticas externas a esa zona teórica y han hallado restos de moléculas como el cianometano y otras similares que se sabe que son cruciales para formar biomoléculas. Algunas teorías apuntan a que estas moléculas son imprescindibles en los primeros pasos de la formación de la vida. Cuando se encuentran en abundancia en los alrededores de una estrella joven, al tiempo que a su alrededor están empezando a formarse planetas, estas moléculas pueden condensar en la superficie de rocas inmaduras como los asteroides y terminar depositándose millones de años después en un planeta que albergue las condiciones para ser habitable. ¿Es eso lo que ocurrió en la Tierra?

Esa es la idea más plausible sobre el origen de la vida en nuestro mundo. El hecho de que estas condiciones puedan encontrarse en regiones mucho más grandes de lo que hasta ahora se pensaba, incluso en la periferia de nuestra galaxia, aumenta las probabilidades de que la vida surja o haya surgido más de una vez.



Fuente: larazon.es
Adriana Serquis: “Debemos recuperar el filo tecnológico”
La nueva presidenta de la Comisión Nacional de Energía Atómica habló con TSS sobre lo que pretende para esta nueva gestión de la institución, los proyectos en curso y las centrales nucleares con China, la minería de uranio y las críticas que recibió siendo candidata.
Por Matías Alonso




El viernes pasado se publicó el Decreto 360/21, con el que se nombró como presidenta de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) a la investigadora del CONICET y hasta entonces jefa del departamento de Caracterización de Materiales del Centro Atómico Bariloche (CAB), Adriana Serquis. Ganadora de un premio Konex en el área de la Nanotecnología y del premio L´Oreal-UNESCO por su aporte al uso racional de la energía, Serquis es doctora en Física (Instituto Balseiro) y realizó estudios de posgrado en Estados Unidos a partir del año 2000, donde en apenas cuatro años logró que sus desarrollos vinculados con materiales superconductores obtuvieran dos patentes. El presidente saliente de la CNEA, Osvaldo Calzetta Larrieu, nombrado en 2016, siguió en su cargo hasta el pasado viernes 4 de junio.

El nombre de Serquis para dirigir a la CNEA se impuso sobre otros que recibieron cuestionamientos por parte de la comunidad nuclear, como el de Mauricio Bisauta, expresidente de la Planta Industrial de Agua Pesada (PIAP) durante su reducción en el gobierno de Mauricio Macri; y el de Sergio Solmesky, exsecretario general por la Argentina en la Agencia Binacional Brasileño Argentina de Contabilidad y Control de Material Nuclear, resistido en la institución por actitudes misóginas.

La CNEA recobró presupuesto y jerarquía durante el período 2003 a 2015, pero con el gobierno de Macri comenzaron a demorarse y a cancelarse los proyectos en curso, además de sufrir la pérdida de personal altamente calificado. La asunción de Alberto Fernández era vista como una señal de cambio por el sector nuclear, aunque el Gobierno mantuvo a la misma gestión durante casi un año y medio y relegó la posición de la institución en el organigrama del Estado.


“En la gestión por la central Hua Long debería hacerse el mejor acuerdo posible para poder desarrollar el combustible en la Argentina”, dijo Serquis.


En un comunicado interno que distribuyó la flamante presidenta, el foco está puesto en recuperar el capital humano de la institución y en objetivos como la soberanía tecnológica. Serquis habló con TSS sobre lo que pretende en esta nueva gestión de la CNEA, los proyectos en curso, la minería de uranio y las críticas que ha recibido siendo candidata.

¿Cuáles son los proyectos que buscará impulsar desde su gestión?

En primera instancia queremos avanzar en los proyectos que ya están en marcha, que son importantes y tenemos que terminarlos de manera eficiente. Y poder revisar otras áreas en las que es necesario que la institución empiece a hacer desarrollos que impacten, tanto en el área de energía, como salud y ambiente. Debemos recuperar el filo tecnológico, como dijo alguna amiga mía que estuvo siempre en la CNEA, que es algo que se fue perdiendo con el paso del tiempo.

En cuanto al acuerdo con China: ¿Cuál es su opinión sobre si la Argentina debería tener una nueva central CANDU? ¿A la CNEA le sirve tener una central Hua Long?

En principio, creo que la CNEA no va a tomar la decisión sobre si tendremos una central CANDU o no, es algo que se decide más arriba,y conforme a otros intereses tanto geopolíticos como por cuestiones técnicas, en las que la CNEA debería estar ayudando y apoyando. Hay una decisión personal que tiene que ver con defender los nódulos tecnológicos y ambas centrales pueden colaborar con seguir contribuyendo a tener una soberanía tecnológica. Los conocimientos no se pierden, pero que haya una central CANDU reforzaría los 70 años de tradición y conocimiento tecnológico. En la gestión por la central Hua Long debería hacerse el mejor acuerdo posible para poder desarrollar el combustible en la Argentina, para poder ser capaces de continuar con esto y la CNEA debería ser capaz de poder dar su opinión y aprovechar no solo los combustibles, sino un montón de otras cuestiones más y aprendizajes que se deberían poder hacer. Así fue como se hizo con la primera central Atucha, en la que los acuerdos relacionados con la tecnología nuclear se han visto favorecidos por un incremento del conocimiento y la soberanía tecnológica.

¿No sería más conveniente concentrar los esfuerzos en terminar el CAREM y tratar de comercializarlo?

El CAREM es el proyecto insignia de la CNEA y debemos hacer una revisión de lo que se hizo hasta ahora. Necesitamos no solo saber si este prototipo va a llegar a funcionar, sino que deberíamos terminarlo en tiempo y forma, y debería ser uno de los objetivos de los próximos años, así como el RA10, que es el otro objetivo. Cada uno de esos megaproyectos tienen un montón de desafíos, pero uno de los principales es poder finalizarlos, poder demostrar el concepto de estos proyectos. Tenemos que poder devolverle a la sociedad toda la inversión que se hace. Una cosa no quita la otra: apostar a una tecnología, la que sea, para la generación nucleoeléctrica, no quita que haya inversiones en estos proyectos puntuales, como lo son el CAREM y el RA10.





¿Cómo fueron los cuatro años del macrismo en la CNEA y qué balance hace de la gestión de Calzetta?

Fueron años muy duros en todo el sistema tecnológico argentino, porque pasamos de tener un Estado presente, trabajando en todos los niveles, el educativo y el de equipamiento, ayudando a que la sociedad comprenda el rol de la ciencia y la técnica en el desarrollo, a una ausencia de eso y la evaluación de cualquier cosa que se hiciera en función del beneficio económico inmediato, como si se manejara un almacén. Este tipo de proyectos grandes, que tienen que ver con el desarrollo económico y, sobre todo, con el desarrollo nuclear, no se pueden manejar de esa manera. El desarrollo del CAREM no se puede pensar en si voy a ganar más o menos, o una licitación en la que da lo mismo hacer una contratación afuera o si busco una contratación interna que nos permite generar la demanda. No se puede medir solamente por el número, por una planilla de cálculo. En ese sentido, hemos sufrido la presencia de personas que nos querían mostrar que todo se podía medir en términos de productividad en una planilla, tanto la investigación básica como el desarrollo tecnológico. Nos han expuesto a esa situación y, lamentablemente, muchos y muchas creemos que ha sido bastante nefasto para el sistema. Creo que Calzetta simplemente lo permitió. Más allá de que haya intentado enfrentar algunas cosas y haya logrado los pases a planta de un montón de trabajadoras y trabajadores que estaban contratados en el Estado, y de que haya tratado de favorecer a ciertos sectores, en la práctica permitió muchas cosas que venían con esa lógica de que todo se podía medir de esta manera.

La Argentina tiene reservas de uranio. ¿En este contexto de restricción externa de divisas se debería avanzar con la minería de uranio? ¿Existe licencia social para hacerlo?

Justamente, la última pregunta, la del licenciamiento social, es el centro de la cuestión. Para eso hay que abrirse a los cuestionamientos y poder contestarlos sin la soberbia de decir que nosotros tenemos la verdad y poder explicar cuáles son las condiciones seguras para poder hacerlo. Abrirse a ese debate necesario en todo nivel. Hay que comprender cómo se va formando en el pueblo la idea de cómo se hacen ciertas actividades que pueden ser tabú en algunos ambientes y poder hacerlas de manera segura.

¿Es realmente necesaria la minería de uranio o se consigue como commodity?

Es fundamental, no podemos dejar de lado toda la parte de minería. Si alguien quiere volver a una etapa en la cual la energía se pueda conseguir con leña y volver a la Edad de Piedra, adelante, pero si queremos un país desarrollado y con mejor vida para todas y todos hay que continuar con ciertas actividades con los controles necesarios. Eso es lo que hay que poner en discusión: qué controles, quién los hace, cómo se hace de manera segura la actividad para evitar que el daño sea pagado por generaciones futuras. Ese balance entre ambas cosas, el no pasar un pasivo ambiental, tiene que hacerse entre todos los actores.

A usted se le critica la falta de experiencia en gestión, un aspecto que parece muy necesario para dirigir una institución como la CNEA. ¿Qué piensa de eso?

Esa crítica es medio extraña porque la gestión de esta institución hace 20 años que está a cargo de las mismas personas, por lo que la única manera de tener a alguien con experiencia en gestión, en la misma institución y en un alto nivel, es elegir a una de estas personas. Eso significa que esa crítica tiene más que ver con querer que permanezca todo tal cual como está. Pero la idea de un proyecto conformado por un montón de gente es hacer cambios y, justamente, cambiar a esas personas. En cuanto a mi experiencia en gestión, diría que por ahora tengo un nivel 3, soy jefa de departamento, pero he participado en un sinfín de otras actividades de gestión en el Consejo de Administración de la Fundación Balseiro, como coordinadora de proyectos de la Agencia (I+D+i), como presidenta de la Asociación Argentina de Cristalografía, y también tengo participación en un montón de comisiones del CONICET y en evaluación de un montón de proyectos y personal. Desde mayo del 2020 soy directora alterna de una unidad ejecutora de más de 200 investigadores y becarias y becarios, además de estar también como coordinadora del Sistema Nacional de Rayos X. La gente que me conoce sabe que a mí nunca me interesó trabajar por una candidatura personal. Me gusta sumar al conjunto de organizaciones que nuclean al Frente de Todos dentro del CAB. Venía con un trabajo más bien de apoyo al Gobierno nacional y de querer contribuir con mis conocimientos y tratar de lograr una mejor transferencia tecnológica de cualquiera de las personas que estuvieran dentro de la CNEA. En principio no pensé en una candidatura, no tenía el interés, pero si desde el Gobierno se veía como una salida a la crisis de egos personales, yo iba a aceptar como la expresión de un equipo que quiere sumarse a un trabajo que tiene que ver con la reorganización de esta institución.


“La gente que me conoce sabe que a mí nunca me interesó trabajar por una candidatura personal”, dijo Serquis.


En los últimos años, los empleados de la CNEA han perdido mucho poder adquisitivo en sus salarios y eso hizo que se fueran muchos empleados. ¿Cómo se puede solucionar este problema?

Esa es la prioridad cero: un salario digno y un poco más competitivo para la gente que está en sectores tecnológicos, incluso comparado con otras instituciones del Estado, que nos permita retener a la gente que se fue formando y que es vital para muchos de los proyectos que están en curso actualmente.

Cuando trabajó en la investigación sobre la muerte de Rafael Nahuel recibió críticas desde diversos ámbitos. ¿Fue respaldada por la CNEA en ese momento?

Creo que hubo bastante buena voluntad desde la institución pero, en general, no se ha tomado la misma iniciativa que una institución que decide protege a sus trabajadoras y trabajadores. Inmediatamente después de la crítica mediática, desde el CONICET y el área de Legales del CONICET recibí un llamado de apoyo. Pero también me tocó salir a buscar el apoyo por mi lado. Y no solo yo, sino también otras personas tomaron ese rol de querer buscar un apoyo porque hay un trabajo académico y científico atrás, y está en juego el aval de la institución. No fue un ataque personal, sino que fue a la credibilidad académica de la institución. Decir que no recibí apoyo sería injusto, decir que quizás no lo recibí en el tiempo que correspondía sería más correcto. Sí hubo una movida desde los gremios para la defensa del trabajo institucional.

Ese tipo de críticas también buscan sembrar desconfianza sobre el trabajo científico, ¿no?

Claro, por suerte la institución en eso sí se ha puesto la camiseta, en el sentido de decir que un trabajo científico no puede estar influido por cuestiones personales. Cuando la crítica tiene que ver con tu ideología política quiere decir que las personas que la hacen creen que es posible alterar un resultado científico según la ideología política, y eso no debería ser así.



Europa lanzará la misión EnVision a Venus
Por Daniel Marín



De cero a tres en menos de una semana. Después de décadas de sequía en la exploración de Venus —con perdón de Venus Express y Akatsuki—, ahora tenemos tres nuevas misiones de golpe. Si hace una semana la NASA aprobaba las misiones VERITAS y DAVINCI+ a Venus, hoy la Agencia Espacial Europea (ESA) ha dado luz verde a EnVision, un orbitador destinado a levantar un mapa de radar de alta resolución de la superficie de Venus (la superficie de Venus está oculta bajo una gruesa capa de nubes, de ahí la necesidad de usar radar). EnVision ha sido elegida como la quinta misión de tamaño medio de la agencia espacial (M5) en detrimento de la otra finalista, el observatorio de altas energías THESEUS (Transient High-Energy Sky and Early Universe Surveyor). Si todo sale según lo previsto, EnVision despegará en 2031, después de las sondas venusinas de la NASA, a bordo de un Ariane 62 destino a Venus, aunque podría ser lanzada en 2032 o 2033 (la fecha de referencia de despegue del proyecto es mayo de 2032).


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EnVision (ESA).


Las misiones de tipo M de la ESA son equivalentes al programa Discovery de la NASA, con un coste máximo de unos 550 millones de euros. Entonces, ¿cuál es la diferencia entre EnVision y VERITAS? ¿No son dos misiones gemelas? Evidentemente, sí, son muy parecidas. Los dos son son orbitadores dotados de radares de apertura sintética (SAR) destinados a hacer un mapa de alta resolución de la superficie de Venus, que es prácticamente invisible desde la órbita. Pero, obviamente, hay diferencias. La más paradójica tiene que ver, precisamente, con el origen de cada radar. Mientras que VERITAS cuenta con colaboración europea para construir su radar, el de EnVision, denominado VenSAR, lo suministrará el JPL a través de la NASA. Un curioso crossover sonderil.


Instrumentos de EnVision (ESA).


Mapa global de Venus obtenido por Magallanes (NASA/USGS).


EnVision es una sonda de 1,35 toneladas con una estructura central de 2 x 2 x 3 metros. Posee dos paneles solares que generarán 2,8 kilovatios. Tardará 15 meses en llegar a Venus y primero se colocará en una órbita altamente elíptica. Tras 16 meses de aerofrenado, quedará situada en una órbita científica ligeramente elíptica de 220 x 540 kilómetros de altura e inclinada entre 87º y 89º, con un periodo de 92 minutos. A lo largo de su misión científica de cuatro años terrestres —es decir, seis días de Venus (sí, días)— transmitirá unos 210 Terabits de datos a través de su antena principal de 2,5 metros de diámetro. El instrumento principal es el radar VenSAR de la NASA. Se trata de un radar en banda S que permitirá crear un mapa global de Venus con una resolución espacial de entre 10 y 30 metros (30 metros en el 30% de la superficie del planeta y 10 metros en el 2% o el 3% de la misma). También podrá generar datos topográficos en estéreo con 300 metros de resolución espacial y entre 20 y 50 metros de precisión en altura. Es decir, unas prestaciones parecidas al radar en banda X VISAR de VERITAS, que alcanzará una resolución media de 30 metros y hasta 15 metros en el 20% de la superficie.


Simulación de la resolución del radar VenSAR (derecha) comparada con la de Magallanes (ESA).


Lugares de interés en Venus (ESA).


No obstante, las estrategias de ambas misiones son diferentes. Además de la resolución espacial, VERITAS pondrá el énfasis en la topografía, pudiendo alcanzar una resolución de hasta 5 metros en vertical, mientras que VenSAR se apoyará en el resto de instrumentos para obtener una imagen global de Venus en diferentes longitudes de onda, desde las bajas frecuencias de radio hasta el ultravioleta. Además, y por primera vez, el radar VenSAR será capaz de medir la rugosidad del terreno dependiendo de la polarización del haz radar, así como la temperatura a partir de la radiometría en función del ángulo, dos características que lo diferencian de VISAR. El radar VenSAR de EnVision realiza el análisis topográfico de la superficie mediante imágenes en estéreo, mientras que VISAR lo obtiene directamente con interferometría. Precisamente, el radar VISAR está optimizado para obtener datos relevantes con un solo pase orbital, mientras que VenSAR depende de múltiples sobrevuelos para sacarle todo el ‘jugo’ a la información.


Cobertura espectral de los instrumentos de EnVision (ESA).


Frente a los dos instrumentos principales de VERITAS —el radar VISAR y la cámara infrarroja VEM—, EnVision llevará cuatro instrumentos adicionales. Primero tenemos el radar de baja frecuencia STS (Subsurface Sounder), para estudiar el subsuelo de Venus hasta un kilómetro de profundidad, toda una primicia en Venus. Luego el espectrómetro VenSpec para analizar la superficie y la atmósfera del planeta, dividido en los espectrómetros VenSpec-M —una cámara infrarroja que observará la atmósfera y la superficie entre los 0,86 y las 1,18 micras—, VenSpec-H —un espectrómetro para estudiar la atmósfera en busca de posibles evidencias de actividad volcánica (agua, dióxido de azufre, etc.)— y VenSpec-U —un espectrómetro ultravioleta que estudiará la alta atmósfera—. Los espectrómetros VenSpec permitirán a EnVision estudiar la atmósfera de Venus mucho mejor que VERITAS y complementarán los datos de la sonda atmosférica DAVINCI+. Al igual que VERITAS, EnVision dispondrá de un experimento de radio para analizar la estructura del interior del planeta a partir de los cambios de frecuencia de las señales de comunicaciones con la sonda.


Diseño de EnVision de 2015 (ESA).


Diseño actual de EnVision (NASA).


Si algo nos ha enseñado la exploración planetaria es que cada vez que se ha observado un mundo con una resolución un orden de magnitud superior a los datos existentes nuestras teorías han tenido que ser revisadas casi por completo. Pasó en Marte gracias la cámara MOC de la Mars Global Surveyor y, posteriormente, con la HiRISE de la MRO. VERITAS y EnVision crearán un mapa de Venus un orden de magnitud superior al mejor actualmente disponible, obtenido por la sonda Magallanes en los años 90 (y no nos olvidemos de la futura sonda Shukrayaan de India, que realizará un mapa de Venus de menos resolución, pero antes de que lleguen estas dos misiones). Nuestra visión de Venus cambiará para siempre.