viernes, 20 de agosto de 2021

El Ejército Argentino evalúa la FV300 de FixView



El día jueves 12 de agosto de 2021 se realizó en el Aeródromo Militar de Campo de Mayo una demostración por parte de la empresa nacional Fixview a distintas autoridades del Ejército. La misma consistió en la presentación del sistema FV300 montado en un helicóptero AB206B1, con sus distintos componentes y equipos de transmisión en tiempo real.

Durante la tarde y ante la presencia del Jefe del Estado Mayor General del Ejército, General Agustín Cejas, el personal de Fixview demostró todas las capacidades de su producto, a la espera de un acuerdo que posibilite la adquisición del mismo con la finalidad de aumentar las capacidades de exploración, reconocimiento y vigilancia del Ejército.




La cámara, además de su capacidad de AVT (Automatic Video Tracking) posee una AHRS propia (Attitude and Heading Reference System) (Sistema de referencia de rumbo y actitud) para poder determinar su posición y actitud y así determinar las coordenadas de lo que está viendo (Geo-location). Además, si se conoce las coordenadas de un blanco, la cámara puede apuntar a las mismas y mantenerse enfocada en esa posición para el guiado de armas (Geo-Tracking).

La torreta permite la detección e identificación de objetos con luz diurna a distancias de más de 20 kilómetros y más de ocho kilómetros con sensores infrarrojos, que pueden ir desde una balsa salvavidas en el mar o una actividad ilegal en zonas boscosas.

Para empleo junto con el armamento de la aeronave, la torreta puede asociarse al sistema de armas y la cámara se alinea con la mira del arma.

Parte de la demostración consistió en equipar al helicóptero con un transmisor de Video+Datos de la empresa española SVP Downlink, que Fixview representa en la región, el cual permite transmitir toda la información obtenida por la FV300 hasta una estación en tierra. El sistema tiene un alcance de 80 km con la estación terrestre portátil (la que se puede ver en una de las imágenes), y de 150 km o más con la estación fija.


Comandos de la FV300.


El sistema giro-estabilizado FV300 define los nuevos estándares en los sistemas compactos aéreos de alta performance “NO-ITAR”. Está pensado para tareas de Inteligencia, Vigilancia y Adquisición de Blancos (ISTAR), Control Fronterizo, Soporte Aéreo en operaciones de Búsqueda y Rescate, Cumplimiento de la Ley, Asistencia en Alerta Temprana de Desastres Naturales, Monitoreo de Tráfico, Asistencia en operaciones de Manejo del Fuego, Control de Pesca Furtiva y Relevamiento Aéreo.

Entre las ventajas que tiene la FV-300 frente a equipos producidos en otros países se encuentran su costo inferior, el mantenimiento local, mayor facilidad y simpleza de instalación en helicópteros y un peso menor, lo que permite ser llevado en aeronaves más livianas y con menor potencia requerida para su operación. Además, está producido bajo normas militares MIL-STD-810F y RTCA DO-160.


Estación móvil para recibir las imágenes captadas por la FV300, con hasta 80 km de alcance. La estación fija tiene hasta 150 km de alcance.


Instalación del sistema de transmisión de datos SVP Downlink.








Fuente: pucara.org

jueves, 19 de agosto de 2021

El abrazo del Gobierno a los unicornios
Guzmán se reunión con el titular de Ualá, fintech financiera que se sumó al pelotón de firmas de 1000 millones de dólares. Los datos del sector impactan: es el tercer exportador y bate récords de empleo.
Por Leandro Renou


Guzmán y Pierpaolo Barbieri, ceo de Ualá. Reunión de agenda abierta en Economía. Imagen: Ministerio de Economía


Pierpaolo Barbieri tiene sólo 34 años y su empresa, una especie de banco on line llamado Ualá, ya vale más de 1000 millones de dólares, un estatus que alcanzan pocas empresas en la Argentina y el mundo. Hace unas horas, este unicornio fue noticia por haber sido recibido por el ministro de Economía, Martín Guzmán, en una conversación que giró en torno a la economía en general y el negocio en particular.

La postal grafica un acercamiento concreto del Gobierno a un sector, como el de la economía del conocimiento, que ingresa millones de dólares y tiene un potencial de empleabilidad bastante superior a algunos rubros convencionales de la economía. Además, según se congratulan en los pasillos oficiales, la mitad de los 11 unicornios actuales que tiene Argentina, nacieron en gobiernos peronistas, empujados por políticas enfocadas al sector.

Un tercer factor impacta en la caricia oficial a la actividad, ese perfil de empresario menos acostumbrado al lobby sinuoso y más afín a plantear escenarios diferentes. El más cultor de esa idea es el propio Guzmán, que hace unas semanas también se sentó a charlar con otra rara avis del establishment, el ceo de la biotecnológica Syngenta, Antonio Aracre, con quien se habla del contexto y la política, además de los negocios.

El ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, es quien a diario tiene el vínculo con estos ceos. En junio, Globant, la empresa creada por Martín Migoya con créditos productivos en el año 2003, le anunció una inversión de 800 millones de pesos en el Chaco. Globant tiene más de 12 mil empleados y contrata en todo el país sin necesidad de incluir a esos trabajadores en un espacio físico. Esa es una de las características que le marcan potencial a la economía del conocimiento, una definición que refiere a aquellas firmas que utilizan de manera intensiva el conocimiento generado en base a las nuevas tecnologías.

Esta semana, no sólo Ualá se transformó en unicornio, también lo hizo Tienda Nube, nacida en 2006. Esta última firma, una plataforma de venta on line, recibió 500 millones de dólares de inversión y superó la valuación de 1000 millones de dólares.

“Con estos casos de unicornios, también queremos mostrar que las pymes que no son gigantes pueden tener buen rendimiento en empleo y exportaciones en este rubro”, contó a Página I12 un alto funcionario experto en esas cuestiones. La generación de empleo del sector es casi un tema fetiche en el Gobierno: Ualá le presentó a Producción, a principios de año, un esquema de contratación de 1000 empleados. Luego de la capitalización de esta semana, sumó otros mil. Mercado Libre, pionero, prometió a principios del 2021 1500 puestos nuevos. Y Accenture, otro unicornio, ya supera los 11 mil empleados. Para tener dimensión de lo que eso supone, sólo el sector supermercadista tiene más plantilla. Alguna automotriz muy intensiva puede llegar, en el mejor de los casos, a reunir entre 6000 y 7000 empleados, pero el resto están muy por debajo de ese número. El carácter federal de las contrataciones de los unicornios es para el Ejecutivo otro punto a favor.

El otro factor de peso es el potencial exportador. La economía del conocimiento le aporta a la Argentina 6200 millones de dólares en ventas externas, tales los datos a 2019 referentes a servicios profesionales e informáticos. Si a eso le suman los aportes de empresas audiovosuales y biotecnológicas, se puede llegar a 8000 millones. Sólo por encima quedan las exportaciones de soja y de la industria automotriz.

Hoy, los 11 unicornios nacionales valen, además, más que todas las empresas del rubro que residen en Brasil. Y Argentina tiene la mayor cantidad de empresas de este estilo por habitante en América Latina. ¿Por qué el país es semillero de las nuevas chimeneas? En el ministerio de Economía refieren a algunos hitos puntuales, como la Ley de Economía del Conocimiento, que otorga beneficios impositivos. Actualmente se trabaja, además, en procesos de simplificación tributaria para que no haya cargas administrativas grandes para los comercios que operen con medios de pago digital o billeteras virtuales. En paralelo, juega allí también el monotributo unificado, que permite a aquellos que venden en todo el país no tener retenciones en IVA y Ganancias. En paralelo, se elabora una retención unificada a nivel federal para que todos paguen lo mismo en las provincias.



2021: odisea millonaria en el espacio
El sector espacial vive una época dorada gracias a la llegada de inversores privados como fondos de capital riesgo y grandes fortunas.
por Natalia Otero


Recreación de la nave SpaceX Starship para llevar astronautas de la NASA a la luna. SPACEX/NASA / AP


Hace 52 años que Neil A. Armstrong pronunció las ya famosas palabras “un pequeño paso para el hombre, un gran salto para la humanidad”. Con aquella frase, Estados Unidos cruzó la meta de la carrera espacial contra la desaparecida Unión Soviética, cuyos méritos eclipsó, en plena Guerra Fría. Pero el programa Apolo fue una excepción, una confluencia de situaciones extraordinarias con un cheque prácticamente en blanco —cuya cifra final ascendió a lo que hoy serían 280.000 millones de dólares—. Y una vez que las aguas políticas que la propiciaron volvieron a su cauce, no había razón para repetir semejante proeza. Ni gasto.

La euforia por el espacio de los sesenta fue consumiéndose en una especie de indiferencia de la que en los últimos años ha emergido un nuevo interés marcado por la entrada de multimillonarios con retos personales tan grandes como sus fortunas y, en ocasiones, egos. Internet satelital, exploración, turismo espacial, fabricación en gravedad cero, minería… La comercialización de la última frontera dio un paso más adelante con los viajes recientes de Virgin Galactic y Blue Origin, y el límite de la extensión del capitalismo en el espacio parece estar ya tan lejos como lejos pueda llegar la humanidad en él.

“Creo que estamos en uno de los periodos más emocionantes de la historia del espacio”, dice por teléfono Casey Dreier, asesor de política espacial de la organización Planetary Society. “La transformación de la industria espacial, distanciándose de la inversión únicamente gubernamental hacia compañías independientes de visionarios altamente capaces, no había pasado antes. Y es histórico”. Es histórico y, aunque lo parezca, nada repentino.

A mediados de los noventa la fundación XPrize ofreció un premio de 10 millones de dólares para quien consiguiese desarrollar un vehículo espacial privado y reutilizable capaz de llevar a personas a 100 kilómetros de la Tierra. Unos años después, un puñado de multimillonarios de la era del software vieron en el estancamiento del espacio un nuevo internet y fundaron sus propias compañías de transporte aeroespacial. A su vez, la NASA se abría a un nuevo modelo de relación con el sector privado, que operaba estrictamente bajo financiación y control estatal.

En 2005, dos años después del accidente del transbordador Columbia, la NASA presentó el programa de Servicios Comerciales de Transporte Orbital. “Un programa relativamente pequeño, experimental, con el objetivo de que la agencia pasase de ser el único cliente de las empresas espaciales comerciales a ser uno entre muchos”, dice Matthew Weinzierl, profesor en Harvard Business School e investigador. Para él, este fue un punto de inflexión clave. Siete años después, una nave privada llevó por primera vez suministros a la Estación Espacial Internacional (EEI).

Y, como dice el refrán, el dinero llama al dinero. Si emprendedores de éxito apuestan por el espacio, igual merece la pena echar un vistazo. “Lo que ahora está modelando el mundo desde un punto de vista empresarial es la introducción de un nuevo tipo de inversión. Firmas de capital riesgo, multimillonarios con una visión de futuro para el espacio…”, dice Carissa Christensen, fundadora y consejera delegada de Brycetech, una compañía de ingeniería y análisis.

“Esos inversores, especialmente desde 2015, han posibilitado la aparición de cientos de start-ups”, señala Christensen. Estos actores toleran grados muy altos de riesgo, dice, haciendo posible que las compañías que financian persigan objetivos más grandes, más transformación. Hoy por hoy, la principal fuente de financiación del sector proviene de firmas de capital riesgo, el 71%, 4.000 de los casi 6.000 millones de dólares invertidos en 2019, según datos de Brycetech.

El sector espacial llevaba años moviéndose por inercia, lejos de la euforia de décadas atrás, y la aparición de nuevos actores privados, dice Weinzierl, ha inyectado dinamismo y voluntad de reinvención. La liberalización del sector privado, apunta por su parte Dale Ketcham, vicepresidente de Florida Space, la agencia para el desarrollo económico aeroespacial del Estado de Florida, ha fomentado un entorno de innovación y progreso más vigoroso. “Las mejoras más recientes en la recuperación de impulsores y la reutilización de vehículos son resultado más del sector privado que de la inversión gubernamental”, apunta.

La reutilización es la base del nuevo espacio. Mientras la cápsula de Jeff Bezos seguía subiendo para que el hombre más rico del mundo diese unas cuantas volteretas ingrávido, la lanzadera que la había elevado volvía a posarse en el suelo en una verticalidad perfecta. Dar carpetazo al usar y tirar supone una reducción drástica de costes, y a menor gasto, mayor actividad, mayores posibilidades y menos barreras.

El Falcon 9 de SpaceX, de la compañía de Elon Musk, se convirtió en el primer cohete orbital (el New Shepard de la Blue Origin de Bezos es suborbital) capaz de volar más de una vez. La compañía ha conseguido reutilizar las partes más caras y esto supuso una reducción de siete veces el coste medio por lanzamiento entre 1970 y 2000, según datos de la NASA. En 2020, un Falcon 9 fue utilizado en la primera misión tripulada de SpaceX, que llevó a astronautas de la NASA a la EEI.

Los vuelos tripulados son los fuegos artificiales, el recordatorio de un futuro que está por llegar, pero no lo que engorda las cuentas del sector actualmente. “Las empresas que hoy en día hacen dinero en el espacio son empresas digitales, empresas satelitales”, apunta Christensen. De los 371.000 millones de dólares facturados por el sector en 2020, casi 271.000 pertenecían a empresas satelitales, siendo la televisión y los dispositivos y chips de navegación las principales fuentes de ingresos, según datos de Brycetech.

La industria no satelital ingresó 100.700 millones, de los que 98.000 millones provenían de presupuestos estatales, con EE UU a la cabeza, para labores militares, científicas, de exploración, de seguridad, defensa, etcétera. Los vuelos espaciales comerciales tripulados supusieron alrededor de 2.000 millones, una cantidad nada desdeñable, pero tímida comparada con el resto.

La estimación actual del valor de la industria es de 425.000 millones, según Ronald J. Epstein, analista de Bank of America Global Research, una cantidad un 25% mayor que hace cinco años y que prevén que alcance 1,4 billones de dólares en 2030. “Cada sector se está convirtiendo en un sector espacial. Piense en el impacto del GPS. El GPS ha proliferado en todos los sectores e industrias”, dice.

La carrera espacial privada es hoy por hoy un pulso entre el segundo y el primer hombre más rico del mundo, con una fortuna conjunta estimada en 388.500 millones de dólares. Jeff Bezos fue el primero en cruzar la línea de salida, con la fundación de Blue Origin en 2000. Elon Musk lo hizo dos años después, con SpaceX. Mientras Bezos mantenía su empresa más bien fuera del radar, Musk aparcaba el primer Falcon frente al Museo Nacional del Aire y del Espacio en Washington en 2003. Cada multimillonario con sus visiones, ambiciones y su manera de alcanzarlas.


El rover Perseverance de la NASA, tras su aterrizaje en el cráter Jezero en Marte, el 18 de febrero de 2021. NASA / GETTY IMAGES


“Creo que SpaceX no es solo la más famosa, sino la más exitosa. Cambió la actitud de la clase inversora, mostró que los esfuerzos de invertir en el espacio podrían ser muy exitosos y rentables”, señala Dreier. Bezos ha sido el primero de los dos en atravesar la atmósfera y ha abierto su línea de negocio de turismo suborbital, con reservas por valor de 100 millones, pero sus logros quedan ensombrecidos por el humo de los motores de SpaceX.

La compañía ha llevado astronautas a la EEI, trabaja en un cohete para viajes más lejanos y Starlink, su proyecto de internet satelital, ya tiene 1.500 satélites operativos. Algo que, por cierto, no hace ninguna gracia a los astrónomos, que han de separar cada vez más el grano de la paja cuando miran al cielo. En primavera, Musk arañó unos minutos más de ventaja al hacerse con el contrato por 2.900 millones de dólares de la NASA para desarrollar un módulo de aterrizaje lunar, frente a Blue Origin y Dynetics, que apelaron la decisión.

“Lo que creo que estamos empezando a ver es el comienzo de una nueva era de exploración espacial, pero una impulsada por compañías privadas tanto o más que por el Gobierno”, dijo Elon Musk en 2004. En este nuevo escenario, ¿dónde queda lo público? “Es el papel de Estados y naciones abrir fronteras”, asevera Michael López-Alegría, exastronauta de la NASA y vicepresidente de desarrollo de negocio de la empresa de infraestructura espacial Axiom Space. “Pero una vez que se establece seguridad, el Estado debe salir y dejar que el mercado empiece a hacer su papel. Y eso está pasando ahora en órbita baja terrestre”, apunta. “Las agencias deben poner su visión un poco más allá”.

En el caso de la agencia estadounidense, lo más cerca, la Luna. Artemisa, la hermana gemela de Apollo, será la misión encargada de que el ser humano vuelva a pisarla. “El objetivo es 2024, pero el espacio es complicado”, comenta por videollamada el administrador de la NASA Bill Nelson. “Y sabemos por la historia de los programas espaciales, de todos, no solo de los de EE UU, que habitualmente hay retrasos. Así que debemos ser sobriamente realistas”, asegura.

Además, la NASA mantiene entre sus planes desembarcar humanos en Marte, de acuerdo con Nelson a finales de la década de los treinta, y ha anunciado dos misiones a Venus. Además de programas científicos, militares y un nuevo telescopio que desarrolla en colaboración con las agencias espaciales europea y canadiense.

“Ya la hemos visto ser extremadamente exitosa en la entrega de carga desde y hacia la Estación Espacial Internacional. Y ahora hemos presenciado el éxito en la entrega de tripulación”, señala Nelson sobre la cooperación público-privada. En la NASA vieron que los contratos se podrían cerrar a un precio fijo y no como habitualmente, en modalidades que conllevan absorber los sobrecostes del desarrollo tecnológico. “Y eso es mucho más barato para la NASA”.

No conviene olvidar, sin embargo, que en el nuevo tablero las empresas privadas mueven ficha siguiendo sus propios intereses, que no tienen por qué coincidir con los valores que se espera de las naciones. La clave, apunta el experto de Planetary Society, está en el equilibrio entre ambas partes y se consigue “con una buena supervisión pública, un sistema regulatorio bueno y permitiendo que cada una se centre en su especialidad”.

Si algo no ha cambiado desde la primera era espacial, es la hegemonía de EE UU. Por el momento, el resto de jugadores internacionales está a años luz. Su presupuesto es el más alto y empresas como SpaceX o Blue Origin aún no encuentran reflejo en otros países del globo.

La Agencia Espacial Europea (ESA), por ejemplo, tiene un presupuesto tres veces menor que el de la NASA, de 23.300 millones de dólares. Aun así, aseguran con orgullo que está bien utilizado. “A pesar de que el gasto en el sector espacial es solo el 16% del mundo, Europa retiene alrededor del 30% de los ingresos en fabricación de satélites, siendo el segundo exportador mundial”, señala Javier Ventura-Traveset, director de la Oficina Científica de Navegación por Satélite de la ESA y portavoz de la agencia en España.

Industria española

La ESA tiene a sus espaldas éxitos como el programa Galileo, de geolocalización, y Copérnico, de observación. Y entre los que vendrán, la misión robótica a Marte Exomars en 2022 y la exploración de las lunas heladas de Júpiter. Además, Artemisa llevará ADN europeo en diferentes componentes. La agencia, cuenta Ventura-Traveset, tiene entre sus objetivos impulsar la comercialización para no quedarse atrás en la nueva economía espacial. Y señala tres caminos para conseguirlo: generar y retener talento, mejorar el acceso de inversores al capital y acelerar la innovación y la entrada en los mercados.

“En el plano europeo podemos situar a España como la quinta potencia en industria, tras Francia, Alemania, Italia y Reino Unido”, señala Jorge Potti, vicepresidente de Espacio de la Asociación Española de Empresas Tecnológicas de Defensa, Seguridad, Aeronáutica y Espacio (Tedae). El sector español es muy joven, cuenta, pero con un crecimiento de un 10% de media anual en los últimos cinco años. En 2019 facturó casi 1.000 millones.

“Nuestro país ha dado un gran salto tecnológico y cualitativo. Hemos pasado de ser suministradores de equipos a estar en condiciones de fabricar sistemas de satélites completos, segmentos terrenos y operaciones”, señala Potti. La mayor parte de clientes, un 60%, son privados.

“Hoy en día el sector espacial genera un gran impacto económico a través de un gran número de aplicaciones y servicios cuyo desarrollo sigue en continuo crecimiento”, dicen fuentes de GMV, empresa española líder de los sistemas de control desde tierra de Galileo. La innovación, la productividad, las exportaciones y la capacidad de generar empleo, dicen, lo hacen ser rentable. La división espacial de la empresa tuvo una facturación de 154 millones de euros en 2020 y da trabajo a alrededor de 1.250 personas.

El negocio de extraer minerales o agua 

Hasta el momento y, al menos durante un tiempo, los servicios y productos espaciales para consumo en la tierra seguirán siendo la columna vertebral comercial del espacio. “Es probable que el papel cada vez mayor del internet de las cosas y la demanda cada vez mayor de datos garanticen que los satélites de telecomunicaciones y observación de la Tierra, y todas las empresas auxiliares, sigan dominando el sector durante algún tiempo”, dice Matthew Weinzierl, profesor en Harvard Business School e investigador.

“Luego tienes turismo espacial o aventura espacial, como quieras llamarlo. Es probable, creo, que ese sea el mayor motor”, aseveró Musk en segundo lugar. Los planes y desarrollos de SpaceX, Blue Origin, Virgin Galactic, Boeing y otras compañías menos famosas están haciendo las primeras pequeñas grietas de una brecha llamada a cambiar el espacio, para bien o para mal. “Las grandes cosas empiezan siendo pequeñas”, dijo en varias ocasiones el magnate Jeff Bezos tras su vuelo espacial.

“Es muy pronto para saber cómo crecerá la economía space-for-space. Mi mejor conjetura es que el turismo será clave en su crecimiento, pero otros ven más potencial en la manufacturación”, dice Weinzierl. Un segmento que también se explora para uso terrestre: “Creo que hay un fuerte interés en encontrar productos que puedan ser manufacturados en el espacio, en una escala que pudiera generar retornos exitosos”, señala Carissa Christensen, consejera delegada de Brycetech. ¿Ejemplos? Fibra óptica e implantes médicos.

Musk cree que a largo plazo, suponiendo que se cumpla la previsión de establecer dos bases en la Luna y Marte, el negocio se expandirá. “Me gustaría morir en Marte, solo que no estrellándome”, dijo una vez. Además, a mayor presencia y actividades humanas en el espacio, más necesidades y más variadas. Algunas también podrían ser satisfechas desde el propio espacio.

La minería de asteroides para la extracción de agua, minerales y metales figuran entre los diez motores del nuevo ecosistema espacial para Morgan Stanley. “El primer billonario será la persona que mine asteroides para obtener sus recursos naturales. Solo lo digo…”, aseguró el astrofísico estadounidense Neil DeGrasse Tyson en 2015. Estos cuerpos menores son un recurso interesante, pero, comenta Casey Dreier, asesor sénior de política espacial de Planetary Society, difícil desde un punto de vista tecnológico. Y poco rentable si se pretende llevar lo extraído a la Tierra.

Otro asunto sería hacerlo en la Luna. Muchas naciones y compañías han puesto sus ojos en ella. Canadá, dice Dreier, mandará un rover, también Emiratos, Corea enviará una nave y Brasil quiere hacer lo propio, además de empresas privadas estadounidenses que entregarán cargas útiles de investigación científica bajo el ala de la NASA. Toda esta actividad se entrelaza con la idea de arrancar algún tipo de economía en el satélite. “Y ahí es donde es más probable que se comience a ver personas tal vez extrayendo hielo para combustible o cultivando oxígeno o algo que se pueda vender a otros clientes que ya están en la Luna”.

Hasta ahora, las idas y venidas de la raza humana en el cosmos se han regido por el Tratado del Espacio, firmado en 1967. Fruto de su tiempo, en el que el espacio era, principalmente, el tablero de juego de dos países en lados opuestos del Telón de Acero, no contemplaba un escenario con actividades comerciales. Ningún país puede reclamar para sí un cuerpo celeste, pero ¿qué sucede, por ejemplo, con lo que extrae de él?

“Es una especie de área gris rara. Y el enfoque que se ha tomado en los últimos dos años, en cierta medida liderado por los EEUU, es usar el marco legal diseñado para las aguas internacionales”, explica Dreier. La NASA, por ejemplo, anunció en septiembre del año pasado su intención de comprar muestras lunares de empresas privadas para establecer un marco legal para sus aspiraciones y transacciones.

EE UU y China, los principales competidores de lo que muchos, incluido el administrador de la NASA, Bill Nelson, consideran la nueva carrera espacial entre naciones, ya han pisado Marte con sus rovers. Pero mandar personas es harina de otro costal. Las complicaciones son evidentes en misiones en las que solo el viaje de ida y vuelta duraría un año y medio. Si EE UU o el mundo, dice Dreier, dejasen todo lo demás y encauzasen sus esfuerzos en enviar gente a Marte sería tecnológicamente muy posible, pero no hay una razón política de peso para respaldarlo. Por eso, las compañías privadas pueden ser un factor clave ya que pueden dedicar los recursos sin atender a razones políticas o dar explicaciones.



Fuente: elpais.com

miércoles, 18 de agosto de 2021

Vuelve la conexión aérea Mendoza-Salta-Iguazú
El denominado Corredor Federal se retomará en septiembre. Tendrá dos frecuencias semanales, que desde noviembre pasarán a ser tres. Además, el presidente de Aerolíneas anunció más vuelos hacia Córdoba.


Foto: publicada por Télam


Aerolíneas Argentinas volverá a operar desde septiembre los vuelos del denominado Corredor Federal, que une a las ciudades de Mendoza, Salta e Iguazú. En el mismo mes se concretará el regreso de la ruta entre Córdoba y Tucumán, como también la que une Neuquén con Salta.

La ruta entre Mendoza y Salta comenzará a operar el 4 de septiembre, con dos frecuencias semanales que serán tres a partir de noviembre. El mismo día comenzará la operación regular entre Salta e Iguazú, con dos vuelos por semana que serán tres a partir de noviembre, precisó la empresa en un comunicado.




Además, la compañía confirmó que volará desde septiembre dos frecuencias semanales entre Neuquén y Salta y, de igual forma, operará dos vuelos por semana entre Córdoba y Tucumán. El último viernes, el presidente de Aerolíneas Argentinas anunció en Rosario los vuelos entre esa ciudad y Salta y entre Rosario y Mendoza, con lo cual la ciudad santafesina se incorpora al restablecido Corredor Federal.

“Sabemos la importancia que tienen estos vuelos para la conectividad del territorio porque permiten a los pasajeros ir de un punto al otro sin pasar por Buenos Aires. Esto es fundamental si queremos tener un país verdaderamente federal”, señaló Pablo Ceriani, titular de Aerolíneas.

Desde principio de 2021, Aerolíneas Argentinas restableció la conectividad federal con más de 25 rutas intertramos que conectan el país sin pasar por el Aeroparque Jorge Newbery.




Por otra parte, además de la ruta desde Córdoba hacia y desde Tucumán con dos frecuencias semanales, tres a partir de noviembre, la ruta entre Córdoba y Buenos Aires contará con 35 frecuencias semanales desde septiembre, que pasarán a ser 42 en noviembre.

Por su parte, la ruta entre Córdoba y Mendoza, que actualmente opera cuatro frecuencias semanales, pasará a seis desde noviembre y se prevén incrementos en las rutas con Salta y Neuquén que pasarán de dos a tres semanales en noviembre, del mismo modo que la ruta Córdoba-Bariloche recibirá una frecuencia extra y pasando de tres a cuatro semanales.

Durante 2021, además de las rutas mencionadas, se restablecieron los servicios aéreos entre Río Cuarto y Buenos Aires y los intertramos de Córdoba con Iguazú, Jujuy, Mar del Plata (temporada de verano) y San Martín de los Andes (temporada de invierno).

“Córdoba es nuestro segundo mercado en importancia y, por ende, un generador de trafico importantísimo. Por eso apostamos a recuperar paulatinamente la conectividad desde la provincia”, sostuvo Ceriani.

Desde Córdoba, se operan actualmente 49 frecuencias semanales en toda la red, que serán 55 en septiembre y 68 desde noviembre.



Después de cuatro años, retoman el proyecto del lanzador satelital argentino
Planean realizar una prueba en el segundo semestre del año que viene; investigadores de Mar del Plata desarrollarán materiales compuestos para los tanques y la cúpula.
Por Nora Bär




Exequiel Rodríguez, investigador independiente del Conicet está contento y no es para menos: junto con su grupo del Instituto de Investigaciones en Ciencia y Tecnología de Materiales (Intema), de la Universidad Nacional de Mar del Plata, acaba de recibir financiamiento para avanzar en la elaboración de componentes y materiales compuestos para el vehículo lanzador que la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (Conae) desarrolla dentro de su proyecto de acceso al espacio.

El equipo (que también integran Juan Morán, Lucía Asaro, Pablo Montemartini, Pablo Leiva, Liliana Manfredi y Analía Tomba) resultó seleccionado en el programa de “investigaciones orientadas para satélites” del Fonarsec (Fondo Argentino Sectorial), uno de los instrumentos con los que la Agencia I+D+I distribuye su presupuesto para la promoción de la ciencia y la tecnología en el país. En este caso, está destinado a desarrollar los recipientes de presión que permiten almacenar el combustible, y los gases presurizantes y propelentes que se emplean durante el despegue.

“La concreción de este proyecto es un hito para nosotros y el resultado de muchos años de trabajo, estamos muy contentos –manifiesta el investigador en un comunicado del Instituto–. El financiamiento nos permitirá cambiar de escala y obtener productos que puedan emplearse directamente en los cohetes fabricados en el país”.



Recibirán 15 millones de pesos, pero ese es solo el comienzo de un camino que se había desandado y que hoy vuelve a retomarse. “El proyecto se había aprobado hace alrededor de tres años, pero nunca habían aparecido los fondos –cuenta Raúl Kulichevsky, director ejecutivo y técnico de la Conae–. Pero vamos a tener contratos particulares de desarrollo con Intema que, de acuerdo con los planes de trabajo que vayamos desarrollando, estoy seguro que van a superar esa cifra, porque son trabajos que requieren de mucha mano de obra, de mucha investigación, tiempos prolongados”.

Los materiales compuestos son los que exigen muchas partes del vehículo lanzador cuyo desarrollo está en manos de la Conae y su empresa de alta tecnología Veng SA. Se llama así a los formados por dos componentes principales, explica Kulichevsky: uno que otorga resistencia (en general, son fibras de carbono embebidas en un polímero). Esto permite generar materiales muy fuertes, mucho más que los metales, pero diez veces más livianos. Son cruciales para la actividad espacial, pero hay que diseñarlos y fabricarlos artesanalmente. “Hay que saber muy bien cómo uno superponer capas para lograr las propiedades que necesita –destaca el director de la Conae–. Los materiales se hacen ad hoc para cada pieza. Todo esa investigación es la que ahora va a estar haciendo la gente del Intema”.

Los primeros prototipos que obtuvieron los investigadores marplatenses fueron desarrollados con materiales de muy bajo peso basados en fibras de carbono y nanocompuestos poliméricos. El diseño mecánico se obtuvo empleando métodos basados en algoritmos genéticos, un tipo particular de inteligencia artificial. Pero luego habrá que investigar otras estructuras para la cúpula del lanzador, donde irá ubicado el satélite que se desee poner en órbita. Tanques y cúpula son totalmente distintos, y cada uno requiere de su investigación, su desarrollo, sus ensayos para que se comporten como se espera.

Así, paso a paso, la Conae está rearmando el entramado de pymes, centros de investigación, y otras instituciones de ciencia y tecnología que participaban en el proyecto y que hoy hay que reconstruir. “La falta de continuidad es un gran problema –dice Kulichevsky–. Las empresas y los institutos de investigación no pueden quedarse esperando a que uno retome. Entonces desarman lo que tienen hecho para dedicarse a otra cosa. Hay que volver a remar parte del camino que ya se había hecho”.

Pero no todo fue tiempo perdido. Los científicos no se quedaron de brazos cruzados e invirtieron estos años en desarrollar mejores soluciones de ingeniería. “El objetivo final, que es tener un vehículo lanzador que pueda colocar en órbitas bajas satélites de hasta 750 kg, sigue siendo el mismo –destaca Kulichevsky–. Pero la tecnología no se detiene y seguimos aprendiendo, capacitándonos para entender algunos procesos que nos van a permitir tener un modelo óptimo”.

En este momento, intentan rearmar el cronograma y evaluando las capacidades de las empresas que colaboran, no solo en dinero, sino en recursos humanos para volver a sumarlas. También se reanudó la alianza con la Universidad Nacional de la Plata (UNLP), cuya Facultad de Ingeniería siempre tuvo una participación destacada en este proyecto.




“Estamos trabajando en algunas mejoras de los vehículos experimentales (VEx) y esperamos que en el segundo semestre del año próximo podremos hacer un nuevo vuelo con un vehículo experimental. Tenemos que seguir trabajando con los sistemas de separación, pero también volver a poner en funcionamiento todas las capacidades de infraestructura que teníamos en Pipinas, que estos años se fueron deteriorando”.

El Tronador fue pensado como un vehículo de navegación autónoma; es decir, que una vez programado busca su órbita. Está siendo íntegramente diseñado y producido en el país, un desafío mayúsculo si se tiene en cuenta que no hay información disponible sobre los procesos de construcción.

Tendrá dos "etapas". La primera es la que lo impulsa algo más de los primeros dos minutos de vuelo hasta que logra vencer la fuerza de gravedad. Ésta llega hasta los 100 km de altura, se desprende y cae al océano. Con el 10% restante, la segunda etapa sigue hasta inyectar el satélite en la órbita predeterminada. Completo, medirá algo más de 30 metros de altura por dos metros y medio de diámetro y pesará 7000 kilos.

Para Diego Hurtado de Mendoza, historiador de la ciencia y actual secretario de Planeamiento y Políticas en Ciencia, Tecnología e Innovación del Ministerio de Ciencia, así como la autonomía del sector nuclear se alcanzó cuando logramos dominar el ciclo de combustible (las aleaciones, las vainas, el propio procesamiento de uranio), poner un satélite en órbita también requiere completar un círculo: tener el vehículo, la base de lanzamiento, y la capacidad de hacer satélites (incluido el combustible). “La Conae fue la institución más golpeada en el ranking de recortes presupuestarios entre 2016 y 2019 –asegura–. Batió récords con una disminución del 70%. Pero el proyecto Tronador volvió a ser prioritario y tiene su financiamiento asegurado. En este momento, hay todo un plan de obras de infraestructura vinculado con la base de lanzamiento en Puerto Belgrano y ya tenemos todo un cronograma que retoma la serie VEx”.

“Estamos volviendo después de un parate muy importante. Tras cuatro años hay recursos –coincide Marcos Actis, ingeniero espacial y vicepresidente del área institucional de la UNLP–. Por suerte, el personal mantuvo los equipos. Pero perdimos mucha gente que uno tarda años en preparar. Chicos que estaban porque eran parte de un proyecto que era un sueño en la Argentina. Hoy tenemos la promesa de que se va a mantener la financiación. Y este es un nicho que deberíamos aprovechar: Bahía Blanca (donde se estaba construyendo la base) es un punto estratégico para lanzar sobre el mar y alcanzar órbitas polares, que son las que se están utilizando para satélites de baja altura. La Argentina podría brindar servicios para toda América latina. La única forma de salir de la pobreza es con valor agregado y desarrollo tecnológico”.


Estados Unidos apunta a la venta de cazas a la Argentina
Por Santiago Rivas





Desde que se conoció el avance en las negociaciones entre China y la Argentina por la posible compra de un lote inicial de una docena de aviones de combate JF-17 Block 3 Thunder, lo que, además, va junto a un avance en la presencia del país asiático en América Latina, el gobierno estadounidense comenzó a analizar la amenaza que para ellos significa que su hoy principal adversario empiece a ocupar espacios en lo que ellos llaman su “patio trasero”.




Ya desde 2020 comenzaron a oírse advertencias dentro del gobierno de Estados Unidos sobre la necesidad de mirar más de cerca el ingreso de China, y también de Rusia, en la región, por un lado, a través de su diplomacia sanitaria, por otro apoyando a gobiernos como las dictaduras de Cuba, Venezuela y Nicaragua y, por otro, a través de inversiones y apoyo económico, haciendo lentamente ingresar a América Latina a lo que China llama la Iniciativa de la ruta de la seda.

Durante años, China comprendió bien dónde había fallado Estados Unidos en su política hacia América Latina: por un lado, participando abiertamente en la política interna de los países, apoyando golpes de estado y algunos dictadores. Por otro, en el área de defensa, las ventas o donaciones de material bélico estadounidense siempre fueron con capacidad de combate real muy limitada, en el intento del país del norte, en parte justificado, de no romper los equilibrios regionales, así como tampoco permitir que algún país de la región pueda convertirse en una amenaza para ellos. Fue una visión que, desde su punto de vista se puede entender, pero insostenible en el tiempo, por el resentimiento que fue generando hacia ellos en toda América Latina y que hoy es más que evidente.

En el caso de la Argentina, se sumó el embargo británico a toda venta de armas desde la Guerra de Malvinas en 1982, el cual por muchos años los británicos se esforzaron por negar y ocultar, pero que hoy ha quedado totalmente a la vista.

La dureza del embargo británico, junto al lobby ejercido, con el apoyo de corrientes políticas locales tanto socialistas como liberales, más las concurrentes crisis económicas, han llevado a la práctica destrucción de las Fuerzas Armadas Argentinas desde 1983. Las dificultades para comprar cualquier tipo de equipo moderno en occidente han puesto de manifiesto en los últimos dos años la realidad impuesta por Gran Bretaña, lo cual ha llevado desde entonces a que la Argentina salga a buscar proveedores no occidentales, principalmente Rusia y China.

Rusia hasta ahora no ha logrado hacer ofrecimientos de material que sean atractivos para la Argentina. En general se trata de material tecnológicamente superado o con costos operativos excesivamente altos, además del ya conocido y problemático soporte postventa.

Días atrás publicamos un reportaje sobre la propuesta rusa y tomamos conocimiento sobre cuál fue la oferta final por MiG-35, entregada pocos días atrás, la cual plantea que los aviones tienen un costo operativo incluso superior al estimado originalmente (2,5 veces el costo operativo de un JF-17) y la oferta de armamento y sensores fue bastante pobre en cantidad y calidad (como ya dijimos anteriormente, ni Rusia ni China venden sin restricciones). Así, la opción rusa para aviones de combate ya fue descartada, al plantear una plataforma cara de operar, que operan pocos países y que en equipamiento no permitiría un salto significativo en capacidades.

Cuando las negociaciones con China por el JF-17 comenzaron a tomar un ritmo más acelerado a comienzos de 2021, Estados Unidos empezó a inquietarse y se acercó a la Fuerza Aérea Argentina para ver cómo ellos podían ofrecer el nuevo avión de combate y sacar a China del negocio. Las primeras tratativas, en febrero, fueron por F/A-18C y D Hornet, pero el alto costo operativo y el hecho de que hoy solo hay una flota reducida de los mismos y pronto serán reemplazados, lleva a plantearse el interrogante de la posible falta de repuestos en un mediano plazo, teniendo en cuenta que la FAA planea operar el nuevo avión por no menos de 20 años.

En mayo, cuando el Jefe del Estado Mayor General de la FAA, brigadier Xavier Isaac, viajó a Estados Unidos, se tocó el tema de la posibilidad de la venta de F-16C y D, más, al menos un Boeing KC-135E Stratotanker para poder reabastecerlos. Este último fue descartado, por su antigüedad y no estar modernizado y se solicitó que se ofrezca un modelo más moderno, con una mayor vida útil por delante y menores costos operativos.

En el caso de los F-16, la FAA se comprometió a entregar, antes de fin de 2021, una carta de requerimiento (Letter of Requirement, LOR), con todo lo que desea incorporar en cuanto a versión del avión, equipamiento, armamento, sensores, etc.

Estados Unidos comprende que el embargo es un problema

El 3 de agosto pasado, el US Senate Armed Services Committee del congreso estadounidense entrevistó a la teniente general Laura Richardson del US Army para aprobar su candidatura a ser la comandante del US Southern Command (SOUTHCOM), la cual fue finalmente aceptada, reemplazando al almirante Craig Faller.

Durante dicha entrevista, el senador Mark Kelly le consultó sobre su opinión sobre la posible compra del JF-17 por parte de la Argentina y destacó el problema que genera el embargo británico y que fuerza a la Argentina a acercarse a China. Kelly trazó ante Richardson un panorama de la decadencia de la aviación de combate argentina desde la baja de los Mirage en 2015, pero también de los distintos intentos de la Argentina de comprar aviones de combate en Occidente y que fueron vetados por Gran Bretaña. Así, le preguntó a Richardson cómo podía Estados Unidos ofrecer material a la Argentina para impedir la compra de JF-17 y que a la vez se pueda sortear el embargo británico.

Richardson respondió que, de ser elegida, trabajaría con el Departamento de Estado de los EE. UU. y con “nuestros sistemas de Ventas Militares Extranjeras (FMS) y de Financiamiento Militar Extranjero (FMF)” para ayudar a Argentina a encontrar una solución a las necesidades de la FAA que evite que “el equipo militar chino esté en el área de operaciones [del SOUTHCOM]”.

En estas declaraciones hay un punto fundamental a destacar y es la cita del posible uso del sistema FMF, que permite financiar la venta, lo cual hasta ahora solo ha estado reservado para aliados muy cercanos y nunca fue puesto a disposición de las naciones latinoamericanas. Este planteo demuestra el fuerte interés de Estados Unidos por proveer a la Argentina de aviones de combate y evitar como sea posible la entrada de China en dicho mercado.

Otro punto importante de la consulta del senador Kelly y la exposición de Richardson es el reconocimiento explícito de Estados Unidos de la existencia del (negado por Gran Bretaña) embargo británico, y el planteo de que esa situación hoy, lejos de traer un beneficio, ya que la Argentina hoy no plantea ninguna acción bélica para recuperar Malvinas, genera la mucho más importante amenaza para los intereses estadounidenses de la entrada de China como proveedor de armas de primera línea de América Latina.

¿Qué puede ofrecer Estados Unidos?

A pesar de lo trascendido en algunos medios, no hubo hasta ahora ninguna oferta por parte de Estados Unidos, ya que se espera la entrega de la LOR por parte de la Argentina, tras lo cual el país del norte analizará si acepta todo, parte o nada de lo que la FAA pida.

La FAA apunta a poder obtener aviones de los bloques 50 o 52, eventualmente bloques 40 o 42, lo cual no tendría mayores inconvenientes, pero sí puede haber fuertes limitaciones en cuanto al armamento y algunos sensores. En este punto Estados Unidos debe hacer frente a la disyuntiva de mantener su política de entregas limitadas de armas a América Latina, como ha mantenido con todos los países, pero que puede ser poco atractiva para la Argentina frente a una oferta muy amplia y con menos limitaciones que hizo China.

Si bien la información sobre cantidad y tipos de armas ofrecida por China es reservada, la oferta fue bastante atractiva para la FAA y le permitiría dar un salto cualitativo y cuantitativo muy grande, poniéndola prácticamente al nivel de las fuerzas más poderosas de la región. Por lo tanto, una oferta pobre en ese sentido por parte de Estados Unidos podría significar el rechazo por parte de la FAA y que se continúe con la opción china.

La Argentina apunta a obtener al menos un lote de misiles AMRAAM, además de aumentar la cantidad de Sidewinder en su inventario, así como armas aire-superficie guiadas, pods de reconocimiento, selección de blancos y guiado de armas y sistemas de guerra electrónica y autoprotección. El punto es que, si se va a ir por la opción estadounidense, el salto en capacidades que ésta permita sea similar al que se puede dar con la opción china. Si Estados Unidos aceptara proveer lo que la Argentina pide y además ofrece un esquema de financiación a través de FMF, la oferta de ellos sería muy tentadora, ya que se suma el hecho de que la FAA ya tiene mucha experiencia empleando material estadounidense, se conoce bien el soporte postventa y el modo de empleo de sus sistemas, y hay buena relación entre las fuerzas, entre otros factores.

China o Gran Bretaña

Por otro lado, si Estados Unidos acepta proveer una cantidad importante de equipos y sensores, se encontrará con las protestas y el fuerte lobby británico. En ese punto, va a pesar no solo la astucia de los lobistas de cada país, sino el peso que Estados Unidos considere que tiene el argumento británico de una posible amenaza argentina en Malvinas con la amenaza que es para Estados Unidos una entrada fuerte de China en América Latina y la posibilidad de que la Argentina se convierta en la cabeza de playa de los chinos.

Esta última posibilidad, en el marco de una creciente tensión global entre China y Estados Unidos (y entre China y Gran Bretaña), debería tener mucho más peso que el obsoleto argumento británico (sostenido firmemente por sus fuerzas armadas para justificar aumentos de presupuesto o evitar su reducción). Incluso para Gran Bretaña hoy, como planteamos anteriormente su empecinamiento contra la Argentina les puede ser muy contraproducente. Una Argentina aliada de China no solo podría reequiparse militarmente sin que Gran Bretaña pueda tener control, sino que, en un escenario de enfrentamiento China-Occidente, a los primeros les puede resultar muy conveniente aumentar la tensión en el Atlántico Sur para desviar la atención de las áreas alrededor de China. Además, la Argentina, especialmente su extremo sur, puede ser la cabeza de puente china para su presencia antártica.



Fuente: pucara.org

lunes, 16 de agosto de 2021

Argentina, polo mundial para medir la radiación cósmica
*por Beatriz García


INSTRUMENTO EN LA MONTURA DE PRUEBA, EN EL LABORATORIO DE INTEGRACIÓN DE LA CNEA REGIONAL NOROESTE (SALTA).


Nuestro país está instalando un experimento de frontera en cosmología observacional que le permitirá ubicarse a la vanguardia de la ciencia moderna y potenciar el sitio de Alto Chorrillos (Salta), un paso adelante para consolidar un polo científico /astronómico.

Puede parecer extraño, pero en lo que hace a los instantes iniciales de la historia del universo (una fracción insignificante de tiempo) los datos observacionales son consistentes con el paradigma de la “inflación”.

Alrededor de 1912 George Lemaître propuso la base de la teoría que conocemos con el nombre de Big Bang, o Modelo Estándar, para el origen del universo, hace unos 13.800 millones de años, cuando un punto sin dimensiones y donde no existía el tiempo, comenzó a expandirse; al expandirse, se enfrió y al enfriarse, la energía se transformó en materia.

Sin embargo, durante una pequeña fracción de segundo después del origen, el universo parece haberse expandido exponencialmente, más rápido que lo usual. Es lo que conocemos como “inflación”, una modificación a la teoría que aparece de la mano de Allan Guth, alrededor de 1980. Este escenario es muy importante, porque explica parte de las observaciones, por ejemplo:

¿Por qué el Universo parece no tener curvatura?

¿Por qué es igual en todas las direcciones?

¿Por qué existen estructuras en el Universo?

A pesar de que la inflación explica de manera convincente estos enigmas, no tenemos evidencia directa de ella.

Predicciones de la inflación dicen que existen fluctuaciones en la densidad de la materia primigenia (responsables de la aparición de las galaxias) y también se espera la producción de ondas gravitacionales primordiales.

Para tratar de descubrir estas perturbaciones, es necesario observar los fotones más antiguos que vienen viajando desde el momento en que la materia y la radiación se separan y la materia se recombina para producir átomos, unos 400.000 años después del origen del universo. Esa radiación es la que llamamos “radiación cósmica de fondo en microondas” (CMB).

Así como el Modelo Estándar predijo que el universo estaba en expansión (verificado en 1930), en 1948 Gamow, Alpher y Herman predijeron que esos fotones que viajan desde 400.000 años después del origen, debían detectarse en nuestros tiempos como una radiación de baja energía, fría, en torno de los 3o Kelvin, equivalente a -270° Celsius. Hubo que esperar hasta 1964 para que Arno Penzias y Robert Wilson la descubrieran, utilizando una antena de comunicaciones como radiotelescopio. Este descubrimiento, les valió el Premio Nobel en 1978.

En 1992, con el telescopio en el espacio COBE, se detectan las anisotropías “primordiales” en la radiación de fondo y los científicos en este proyecto obtienen el Nobel en 2006.

En 2013 el telescopio Planck mide con precisión las fluctuaciones en la CMR y mejora la teoría.

Los fotones de la CMR fueron desviados de su trayectoria inicial en el momento de la recombinación y la radiación se polarizó: el campo eléctrico dejó de vibrar en todas las direcciones para hacerlo sólo en una. Esta polarización se llama lineal (como la que logramos al poner un filtro polarizador en las ventanillas del auto) y presenta dos modos, E y B. El primero está relacionado con perturbaciones en la densidad y el modo B estaría vinculado con la producción de ondas gravitacionales primordiales.

En 1993, un joven científico argentino, Matías Zaldarriaga, propone en su tesis de licenciatura (UBA) el estudio de la polarización a gran escala angular para discriminar entre fluctuaciones relacionadas con densidad de materia y aquellas predichas por el paradigma de la inflación, el modo B, que permitiría verificar a existencia de ondas gravitacionales primordiales.

“Actualmente la colaboración Qubic está formada por seis países, 22 laboratorios, más de 100 miembros, de los cuales cerca de 50 son argentinos. La participación nacional en este proyecto involucra al Mincyt, la CNEA, el Conicet y la provincia de Salta a través de un convenio cuatripartito.”

La primera detección de polarización -modos E- ocurrió en 2002. En marzo de 2014 se hizo el anuncio de detección de modos B por la colaboración Bicep, un detector instalado en la Antártida, con gran repercusión internacional, pero análisis posteriores de los datos mostraron que la detección era falsa: la radiación estaba contaminada por emisión polarizada de polvo galáctico y la búsqueda de modos B primordiales se revitalizó.

Por eso se creó Qubic (Q-U Bolometric Interferometer for Cosmology), un instrumento original destinado a medir, con alta sensibilidad y precisión, la polarización de la radiación cósmica de fondo con un novedoso diseño, que combina sensores ultra sensibles y súper enfriados que detectan pequeñas variaciones en la temperatura de la señal (bolómetros) y la posibilidad de dividir la luz que llega a ellos en varios haces para hacer interferometría.

Inicialmente, la colaboración Qubic planificó la instalación del instrumento en la estación franco-italiana de Concordia, en la Antártida. Existían varias ventajas, como la de una atmósfera ideal, pero también desventajas: logística complicada y costos altos.

Argentina contaba con un lugar competitivo, un sitio ubicado en Alto Chorrillos, San Antonio de los Cobres (Salta), con fácil acceso, una atmósfera adecuada a 5.000 metros sobre el nivel del mar y un grupo de científicos listos para colaborar.


LA TECNOLOGÍA SE USARÁ PARA PROBAR A CIENCIA CIERTA LA TEORÍA DEL BIG BANG DESDE LA PUNA SALTEÑA. EL TRIBUNO


El trabajo en Argentina

El desarrollo del Observatorio Pierre Auger (Malargüe) y el hecho de contar con investigadores e ingenieros especialistas en bajas temperaturas, fue fundamental para que Argentina surgiera como posible candidata para albergar a QUBIC. El proceso de aceptación del país fue vertiginoso.

En setiembre de 2015, investigadores franceses y argentinos visitan el sitio de Alto Chorrillos y días después se presenta el proyecto en el Ministerio de Ciencia y Tecnología - Secretaría de Articulación, contando con el apoyo del gobernador de Salta, el embajador de Francia, y los investigadores principales en el proyecto. El 9 de junio de 2016 se realiza la reunión en Roma donde se acepta el sitio salteño y la incorporación de Argentina en la colaboración. A partir de ese momento, el país inició una serie de tareas que incluyen construcción de caminos, albergue y montura del instrumento y del laboratorio de integración en CNEA-Salta.

El 7 de julio pasado, Qubic llegó a la Argentina, ya está en Salta donde se lo está armando y testeando con ayuda y guía remota de científicos franceses e italianos que colaboran con argentinos de instituciones como ITeDA, CNEA, IAR, IB-CAB, IAFE y UNLP.

Nuestro país ha iniciado un camino de investigación e innovación en cosmología observacional que permitirá la formación de recursos humanos en nuevas tecnologías de detección. Todo un desafío.

*La autora es investigadora del Conicet y miembro de la Colaboración Qubic.



domingo, 15 de agosto de 2021

Científicos marplatenses desarrollarán componentes del lanzador de satélites Tronador
Investigadores marplatenses que trabajarán en el proyecto nacional de desarrollo de componentes del lanzador de satélites Tronador aseguraron que el financiamiento que aportará la Agencia I+D+i de la cartera de Ciencia y Técnica permitirá obtener productos “que puedan emplearse directamente en los cohetes fabricados en el país”.




La Agencia otorgó un financiamiento de 15 millones de pesos al Instituto de Investigaciones en Ciencia y Tecnología de Materiales de la Universidad Nacional de Mar del Plata (Intema-Conicet-Unmdp) para el desarrollo del proyecto que demandará unos tres años.

Este impulso “nos permitirá cambiar la escala y obtener productos que puedan emplearse directamente en los cohetes fabricados en el país”, destacaron los investigadores mediante un comunicado emitido por el Conicet Mar del Plata.

El financiamiento está destinado a desarrollar recipientes de presión ultralivianos que serán utilizados en vehículos espaciales del proyecto “Tronador” que lleva adelante la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (Conae) con la participación de Veng S.A y numerosas instituciones científicos técnicas nacionales.

El grupo marplatense es dirigido por Exequiel Rodríguez, quien manifestó que la concreción de este proyecto “es un hito para el grupo y es el resultado de muchos años de trabajo”.

De esta forma “la Facultad de Ingeniería de la Unmdp y el Intema se constituyen como proveedores directos del plan espacial nacional”, dijo Rodríguez.

El grupo “construirá los recipientes de presión, elemento que resulta indispensable en los lanzadores espaciales ya que en ellos se almacena el combustible y gases presurizantes y propelentes que se emplean en el despegue”, destacó el Conicet Mar del Plata.

El proyecto tendrá tres años de duración y permitirá escalar el proceso de fabricación, realizar pruebas y obtener componente certificados a utilizarse en pruebas de lanzamiento.

El equipo de trabajo está conformado por los investigadores Juan Morán, Lucía Asaro, Pablo Montemartini, Pablo Leiva, Liliana Manfredi y Analía Tomba, todos pertenecientes al Intema y a la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de Mar del Plata.



sábado, 14 de agosto de 2021

Los billonarios vuelan al espacio en plan de negocios
Una nueva “guerra fría” aeroespacial ha comenzado: Jeff Bezos, Elon Musk y Richard Branson son billonarios voladores compitiendo por la privatización de la Luna y Marte en plan de minería y turismo. Detrás hay proyectos militares y negocios que podrían generar al primer trimillonario.
Por Julián Varsavsky




El 20 de julio pasado, el creador de Amazon Jeff Bezos voló al espacio exterior en su cohete privado llevando a Oliver Daemen, quien a sus 18 años recibió de su padre holandés como regalo de graduación, un ticket que habría costado 30 millones de dólares. El New Shepard despegó echando fuego desde un desierto en Texas y en tres minutos salió de la atmósfera: la cápsula superior se desprendió y sus cuatro ocupantes desabrocharon cinturones, entre ellos Wally Funk, una frustrada astronauta de 82 años que de joven superó las pruebas para volar con la NASA, pero fue rechazada por ser mujer. En el video interior del vuelo se la ve feliz junto al hermano de Bezos y los demás, liberados de la gravedad: algunos dan vuelta carnero hacia atrás, otros se tiran pelotitas y Bezos besa el techo con las nalgas. Mientras el cohete ya sin punta regresa a Tierra --es reutilizable-- los pasajeros miran a 100 kilómetros de altura, el disco azul terrestre. La fiesta flotante duró poco: volvieron a sus asientos y se abrieron paracaídas. A los 10 minutos de vuelo la cápsula se posó en tierra levantando polvareda. El holandés se acababa de patinar 3 millones de dólares por minuto y Bezos era ya el primer prestador turístico privado en llevar un cliente al espacio (el Estado ruso fue pionero hace 20 años). La nave --sin piloto-- operó con Inteligencia Artificial.

Sin embargo, al listo Jeff Bezos –hombre más rico del mundo-- le había ganado de mano el británico Richard Branson, dueño de Virgin Group, creador de Virgin Galactic. Su plan era el de Bezos, pero antes pretendía hacer otra prueba de su nave alada como un pequeño avión. Para cumplir su desafío de ser el primer billonario en volar a la zona de gravedad cero en su propio juguete, se jugó: adelantó sus planes y despegó nueve días antes que Bezos virándole el podio (aun no llevó turistas sino pilotos). Ninguno de estos vuelos para ricos fue una proeza científica: volaron incluso más bajo que el pionero Yuri Gagarin en 1961 (cerca de 900 astronautas han hecho eso). La novedad es la inauguración de la era neoliberal aeroespacial.

Elon Musk rey de Marte

El tercer implicado en la carrera espacial entre billonarios es el sudafricano Elon Musk, creador de PayPal y Tesla. En 2002 vendió PayPal por 1500 millones de dólares para fundar SpaceX y lanzar cohetes tripulados. Los dos primeros –sin astronautas-- explotaron en el aire y el tercero fue su éxito inicial en 2008. Su despegue económico fue en 2020: desde Cabo Cañaveral llevó dos astronautas de la NASA a la Estación Espacial Internacional en el cohete reutilizable Falcon 9, reduciendo así costos. Donald Trump --allí presente-- declaró que esa empresa “corporiza el ethos americano de pensar a lo grande”. Musk ya ha lanzado centenares de satélites --aspira instalar 30.000 alimentando una peligrosa basura cósmica-- y transporta astronautas con regularidad (él nunca volado). Trump firmó una orden ejecutiva para privatizar la Luna que declara al espacio exterior “un dominio legal y físicamente único de la actividad humana, y EE.UU no lo ve como un bien común global”, en el contexto de que “la incertidumbre respecto al derecho a usar los recursos lunares ha desanimado a algunas entidades comerciales a participar en esa empresa”.




Musk es el más exitoso de los billonarios en este rubro. Desde la tragedia de los transbordadores Challenger y Columbia y el fin de la Guerra Fría, la NASA decaía. Para enviar astronautas en misión, dependió de la agencia rusa Roscosmos por nueve humillantes años, a la que pagaba 80 millones de dólares por cabeza. Aquí el sudafricano encontró su nicho con eficacia y velocidad inéditas. Musk elige sus objetivos por telescopio: Luna en 2024 --“no de visita”-- y Marte en 2030 subcontratado por la NASA. Él mismo aspira “morir en Marte, pero tras vivir allí unos cuantos años”.

Cada emprendedor tiene su relato épico aspiracional. Musk desea convertirnos en una “civilización interplanetaria” que no quede “atrapada” en la Tierra, una estrategia de supervivencia: da por sentado que terminaremos de arruinarla y por eso declaró “debemos llegar a Marte cuanto antes… si nuestra especie pretende sobrevivir, de alguna manera tendremos que escapar”. Se piensa como futuro colono y no mero vendedor de turismo como Branson y Bezos. Se cree un Mesías aero-tecnológico que instalará un reino de avanzada en el medio siglo de vida que le puede quedar.

La República de Bezos

En el reparto de negocios, a Blue Origin --empresa de Bezos-- le tocará un papel junto a su competidora SpaceX en el proyecto Artemisa: la NASA aspira regresar a la Luna como trampolín a los planetas. El relato corporativo de este ingeniero en computación incluye “una red de urbanizaciones espaciales”. Pero en su perspectiva anti-apocalíptica difiere de Musk. No cree que un asteroide o guerra nos obliguen a desalojar la Tierra. Entiende que la demanda energética del planeta agotará las fuentes: “tendremos que parar de crecer, lo cual es un muy mal futuro”. Su idea para evitarlo es construir descomunales estructuras cilíndricas que floten en órbita para mudar la industria pesada y “mantener la Tierra como una bella gema”. Serían ciudades satélite flotantes con trenes aéreos, rascacielos, campos, aves y playas “sin lluvias ni terremotos… y trillones de humanos en el sistema solar… nacerían miles de Mozarts y Einsteins; será una civilización increíble.”. A la Tierra volveríamos como de vacaciones. La gran pregunta es: ¿Esas personas serían exiliadas o una aristocracia privilegiada?

Bezos ve allí una forma de descompresión poblacional y ecológica. Sus planes los presentó con renders y videos aclarando que serían para generaciones futuras: “tenemos que ir al espacio para salvar la Tierra” dijo emocionado, justificando su monopolio de ventas detrás de un generoso ecologismo. Por eso considera a Blue Origin su “trabajo más importante”, para el cual habría hecho su fortuna previa. Su primera novia declaró que Jeff –fan de Star Trek-- “ganó tanto dinero con el único objetivo de viajar al espacio”. En 1982 un periodista del Miami Herald hizo una crónica que recogió frases proféticas del discurso de graduación en el secundario de un tal Bezos: “quiero construir colonias espaciales para dos o tres millones de personas… el objetivo final es convertir la Tierra en un gran parque nacional.”

Amos del universo

Uno de los negocios sería la minería de asteroides, la Luna y Marte en busca de platino, litio, paladio, níquel y helio-3. Desde que se descubrió hielo en la Luna, se sabe que hay agua divisible en oxígeno e hidrógeno para propulsión (como el cohete de Bezos). Eso reflotó el interés chino y ruso en ella como estación de servicio para seguir viaje (EE.UU aprieta el acelerador reviviendo la astropolitiks). Se calcula que el turismo aeroespacial costará 250.000 dólares por un vuelo corto. Pero el negocio está en los contratos de transporte, telecomunicaciones y armamento con la NASA y el Pentágono. Musk desarrolla cohetes para transportar armas de destrucción masiva. Ese uso militar se mantiene con bajo perfil tras el show de vuelos tripulados que son casi una entelequia, útiles a nivel marketing hacia la opinión pública y los políticos para que se continúe contratando a estos emprendedores preocupados por la humanidad. Un grupo reducido de ellos facturó entre 2012 y 2017 al Estado 10.000 millones de dólares: su supuesta autosuficiencia se basa en millonarias subvenciones en un país que no le garantiza a parte de su población una salud pública de calidad.

Dentro de poco habrá hoteles y restaurantes suborbitales (hoy se cena en vertiginosas plataformas colgantes al aire libre en rascacielos). Existirán parques de diversiones para niños adultos muy ricos que lo hayan probado todo en la Tierra –habiéndole perdido el gustito-- y quieran jugar a los astronautas, ya sin padres que les pongan límite. Pero detrás de esto ha comenzado una nueva “guerra fría” aeroespacial entre CEOs con egos estratosféricos --ricos como nadie lo ha sido-- fogueados ya en el cyberespacio. Son Genghis Khanes de la posmodernidad: la Tierra le ha quedado chica a sus imperios. Algunos coquetean con la inmortalidad digital y acaso crean posible ver concretadas sus utopías flotantes. Hoy por hoy, tienen voraces negocios terrenales y cierto espíritu aventurero real: exponen un poco el cuerpo. Los ceba la evidencia del crecimiento exponencial de sus empresas y la profecía del senador Ted Cruz: “el primer trimillonario se constituirá en el espacio”.



viernes, 13 de agosto de 2021

La futura nave militar norteamericana que será hipersónica y reutilizable
por David Parra




Muchas potencias mundiales invierten enormes cantidades de dinero para contar con los mejores sistemas de ataque y de defensa, para así contrarrestar cualquier aviso peligroso y poder reaccionar lo antes posible ante ella. Desde drones, vehículos autónomos o sistemas de Inteligencia Artificial, lo último de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos es una nave que podrá alcanzar velocidades hipersónicas y que además se podrá reutilizar para futuras misiones.

El ejército americano ha invertido una cantidad cercana a los 51 millones de euros para que una compañía especializada fabrique el que sería la primera aeronave reutilizable del mundo capaz de alcanzar velocidades hipersónicas.

Velocidades superiores a los 6000 km/h

Hace algo más de una semana que se cerró el contrato que acuerda crear esta nave. Se ha establecido que los objetivos que quiere conseguir la compañía se lograran a lo largo de los próximos tres años. Se crearían un total de tres modelos distintos y cada uno tendría la capacidad de alcanzar velocidades hipersónicas.

Si todo avanza según las previsiones, esta aeronave podrá superar los 6.000 kilómetros por hora. Para hacer comparaciones, el X-59, la nueva aeronave supersónica de la NASA alcanzará casi los 1600 kilómetros por hora.




Por tanto, con esta futura aeronave la Fuerza Aérea de los Estados Unidos podrá recorrer enormes distancias en muy poco tiempo. Mientras que por ejemplo para viajar de Nueva York a París se tardaría más o menos unas siete horas, con este nuevo avión se tardaría tan solo hora y media.

El primer modelo que se haga no podrá tener tripulantes en su interior, con la finalidad de que las primeras pruebas que se realicen en una aeronave de estas característica no pongan en peligro la salud de ninguna persona.

El avión mas potente del mundo será reutilizable

Al parecer la compañía ya habría fabricado un primer modelo de motor hipersónico que llevaría la aeronave.

En un comunicado oficial por parte de la compañía, se ha asegurado que este será el avión más rápido del mundo además de ser reutilizable, una vez que se hayan terminado de hacer todas las pruebas pertinentes.

Además, aseguran que su tecnología podría aplicarse también en los aviones convencionales, con la finalidad de mejorar la tecnología de estos. También firmaron un acuerdo con la NASA para hacer una labor de investigación y desarrollo en sus aeronaves de gran velocidad.




Es una tendencia en los últimos años que muchas empresas y compañías dedicadas a la tecnología aérea creen vehículos aéreos que prometen viajes más rápidos y mejores. Veremos si finalmente sale todo bien durante el proceso de desarrollo y si en un futuro podremos observar en el cielo estas aeronaves que a simple vista cuentan con un diseño muy futurista.