martes, 7 de septiembre de 2021

Nace YPF Litio: la petrolera argentina fabricará baterías para vehículos eléctricos




YPF anunció la creación de YPF Litio, su división especializada en baterías para vehículos eléctricos. La petrolera estatal argentina ya comenzó con la instalación de una planta de producción en la localidad bonaerense de Ensenada. La fabricación arrancará en el segundo semestre de 2022.

En una primera etapa, la planta de YPF Litio producirá en baja escala industrial. Las primeras baterías se utilizarán para impulsar colectivos eléctricos. Se trabajará a un ritmo de producción de 13 Mw/hora por año, lo que equivale a las baterías de unos 45 colectivos eléctricos.

El objetivo a mediano y largo plazo es convertirse en la primera Gigafactoría de la Argentina, con fabricación de baterías a gran escala industrial.

Hay más información en el cable de la Agencia Télam, acá abajo.

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YPF Litio tendrá su planta de producción en Ensenada.


En una primera etapa, producirá baterías a baja escala industrial.


Servirán para abastecer a 45 colectivos eléctricos al año.

YPF Litio trabajará en alianza con la Universidad de La Plata.

La presentación de YPF Litio se realizó la semana pasada.


Hay más información en el Cable de la Agencia Télam, acá abajo.


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Cable de la Agencia Télam
YPF refuerza su estrategia en litio y desarrolla la tecnologÌa para fabricar baterÌas
Por Ignacio Ortiz



YPF presentó hoy detalles de su estrategia del litio como mineral y de su cadena de valor, lo que incluirá la incursión en el sector minero como el desarrollo de la tecnología para la fabricación de baterías a baja escala industrial en una planta que se inaugurará en el segundo semestre de 2022.

La estrategia de la compañía se llevará adelante a través de la nueva empresa YPF Litio S.A -cuya creación ya había sido anticipada a mediados de junio- y del centro de investigación y desarrollo Y-Tec, en sociedad con el Conicet y la Universidad Nacional de La Plata.

Los detalles de la presentación realizada hoy ante la prensa en la sede de Y-Tec, en el partido bonaerense de Ensenada, estuvo a cargo del economista y asesor de la presidencia de YPF, Hernán Letcher; el presidente de Y-Tec, Eduardo Dvorkin, y el gerente general de Y-Tec, Santiago Sacerdote.

El emergente final de la estrategia es la construcción de una planta industrial de baja escala que demandará una inversión de casi 5 millones de dólares, que ya empezó a desarrollarse en un terreno de la Universidad de La Plata y que debería comenzar a producir en el segundo semestre de 2022.

La magnitud del proyecto que ya a través de su etapa piloto a escala de laboratorio permitirá en tres turnos de trabajo permitirá una producción de 13 Mw/hora por año que resulta el equivalente a equipar las baterías para unos 45 colectivos eléctricos.

Esta experiencia industrial será la primera en su tipo en toda Latinoamérica y sus resultados permitirán determinar si se le da mayor escala a nivel de las grandes gigafactorias como las que ya existen en Estados Unidos, Europa, China, Japón o Corea, o abre el camino a otras iniciativas a partir de esa tecnología.

Letcher explicó que la decisión de crear YPF Litio permitirá incursionar en “el desarrollo del aprovechamiento de este mineral de alta demanda para el proceso de electrificación global y en particular para su industrialización” como materia prima de las baterías de los vehículos eléctricos y las energías renovables.

Para la compañía es “una decisión estratégica, ya que permite diversificar el negocio energético en el mediano y largo plazo en el marco de la transición energética y que suma horizontes de inversiones para los accionistas”, enfatizó el economista.

También planteó Letcher que la iniciativa cuenta “con el acompañamiento de las provincias productoras” que tienen interés en diversos rubros, no solamente la producción del mineral sino en llevar adelante nuevas figuras asociativas que diversifiquen el horizonte de negocios y de ampliación de toda la cadena de valor.

Sacerdote, por su parte, explicó que el rol de Y-Tec es “explorar qué tecnologías se pueden desarrollar para potenciar esa estrategia. En el caso del litio hace años que se viene trabajando apalancados en los recursos que tiene el Conicet en el país con la idea de desarrollar materiales activos para hacer potencialmente buenas baterías”.

“Hacer eso y transformar el litio en celdas y acoplarlo en un desarrollo concreto de baterías es lo que se está dando inicio con la construcción de una planta industrial de baja escala” explicó al presentar el proyecto que comenzó a construirse en un predio de la Universidad de La Plata.

Por su parte, Dvorkin detalló que desde algunos años se viene desarrollando los materiales activos que conforman el cátodo y ánodo y permiten fabricar las celdas que conforman las baterías que se pueden utilizar para almacenamiento de energía o para movilidad eléctrica.

“El objetivo es desagregar el paquete tecnológico, es decir que el Estado argentino entienda la tecnología de las baterías de litio ya sea que esta planta se expanda a través de capitales públicos o privados que deseen instalar una planta más grande manejando tecnología propia”, precisó Dvorkin.

En una mirada integral de la estrategia, YPF Litio tendrá parte de su misión enfocada en el sector extractivo, para lo cual tiene la experiencia necesaria no sólo por la actividad hidrocarburífera que desarrolla hace 99 años sino sobre la base de la división de minería a través de la Compañía de Inversiones Mineras S.A. (Cimsa) que acaba de absorber formalmente este año.

Pero también avanzará en el proceso de investigación y desarrollo de los procesos variados de industrialización del mineral, lo que incluye la etapa final de producción de baterías de litio para la industria automotriz y de energías renovables, rubros de alto valor agregado para el mineral.

En este último eslabón de la cadena, con Y-Tec a la cabeza, contará como socios además del Conicet -socio accionario- y la Universidad Nacional de la Plata con el Instituto de Investigaciones Científicas y Técnicas para la Defensa, el Ministerio de Defensa del que depende; el Centro de Investigaciones Científicas y la provincia de Buenos Aires.



lunes, 6 de septiembre de 2021

A 25 años del Víctor, Córdoba quiere lanzar un nuevo satélite
Se trata de un proyecto entre varias instituciones. Tendrá el mismo tamaño pero servirá para probar tecnología de punta y formar ingenieros especialistas.
por Lucas Viano


Equipo. Hace 15 años La Voz reunió a buena parte del equipos que diseñó y construyó el satélite Víctor 1. (La Voz / Archivo)


“El recuerdo está presente cada año. Fue algo muy importante para todo el grupo porque veníamos de un momento feo con la cancelación del proyecto Cóndor 2”, menciona Eduardo Zapico, ingeniero integrante del equipo cordobés que diseñó y construyó el primer satélite argentino que orbitó la Tierra hace 25 años.

Tanto tiempo ha pasado pero el mérito de aquel proyecto sigue presente en los cordobeses que rememoran el lanzamiento del Víctor-1 desde la base Plesetsk, en Rusia, el 29 de agosto de 1996.

Algunos integrantes de aquel grupo sumarán sangre más joven para volver a lanzar otro satélite cordobés en los próximos años. “El motor y parte del hardware ya están desarrollados”, asegura Zapico.

La Fuerza Aérea viene trabajando en este proyecto desde hace unos años y decidió invitar a la Universidad Nacional de Córdoba, donde ahora trabaja Zapico. Además, cuenta con el apoyo de los ministerios de Ciencia de Córdoba y la Nación, porque la tecnología espacial es una línea estratégica. Y hay interés de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (Conae).

En 1990 un grupo de radioaficionados argentinos lanzó el Lusat-1, un satélite comprado llave en mano en EE.UU. Pero el Víctor 1, técnicamente Musat-1, fue el primero diseñado y construido en Argentina. Y el segundo de América latina, cuya misión fue exitosa.

Zapico recuerda que el Musat-1 fue construido a partir de equipos industriales que se “espacializaron” en Córdoba para que soporten el rigor del lanzamiento y el ambiente espacial. Por ejemplo, para simular la radiación solar utilizaron una linterna de cine.

“Generó conocimiento que en ese momento no existía en el país. Ni Conae ni nosotros teníamos mucha idea de cómo hacer un satélite”, asegura Zapico.

La anécdota más recordada es la construcción del sistema de separación del lanzador. El importado era carísimo, por lo que se les ocurrió utilizar un resorte de embrague de auto.

“Fui a una casa de repuestos de la avenida Las Heras y le pedí como 10 embragues para medir cuál podía funcionar mejor. El vendedor me preguntó para que los necesitaba. ‘Porque estamos construyendo un satélite’, le dije. Todavía recuerdo la cara del tipo”, cuenta Zapico.

Nuevo satélite

El nuevo satélite cordobés tendrá el mismo tamaño que el Víctor 1 (un cubo de unos 30 kilos y 35 centímetros de lado, aproximadamente) pero con instrumentos más modernos.

“Los conceptos son los mismos, pero ha cambiado la tecnología. Con la misma superficie de paneles solares ahora alcanzamos 35 vatios de potencia y hace 25 años se conseguía solo ocho. Ni hablar de las cámaras. Cada foto pesaba 256 kilobytes. Ahora son de varios megabytes”, cuenta.

El objetivo de desarrollar un satélite pequeño es poder formar recursos humanos en un corto plazo y probar tecnología en condiciones reales. Según Zapico, eso no puede lograrse con un Cubesat, satélites universitarios con limitaciones para probar tecnología y baja tasa de éxito; ni con grandes satélites, como los Saocom, que demoran mucho tiempo en desarrollarse y son muy costosos.

“Este satélite tiene como ventaja poder trabajar en menos tiempo, costos acotados y niveles de calidad y de tecnología que se aproximan a los de un satélite grande”, explica.

El “nuevo Víctor” servirá para probar tecnologías satelitales de punta como cámaras para captar imágenes de alta resolución y varios espectros, y motores de plasma. También para ensayar la desorbitación, una maniobra para evitar que siga girando en el espacio como chatarra espacial.

El artefacto podría servir para medir humedad del suelo, con aplicaciones agropecuarias y para estudiar sequías e inundaciones.

El nuevo satélite Víctor




A Conae, la institución espacial de Argentina por excelencia, le interesa el proyecto porque permitirá formar recursos humanos especializados en un corto plazo que después pueden captar para sus grandes misiones. En este sentido, Zapico estima que el proyecto involucrará unas 50 personas entre dedicaciones exclusivas y parciales.

El costo del proyecto ronda el millón de dólares y se necesitaría un millón más para el lanzamiento. Zapico prevé que una vez que se firmen los convenios entre las instituciones, el satélite estará listo para su lanzamiento dentro de dos a tres años.



Fuente: lavoz.com.ar

domingo, 5 de septiembre de 2021

La argentina de 23 años que fue premiada por la NASA hoy trabaja en el proyecto de un vehículo lunar
La joven mendocina fue galardonada por la startup Zonda Inc. Además, es oradora en el Foro Económico Mundial. En dialogo con DEF habló sobre sus nuevos proyectos y cómo generar cambios sociales.
Por Pablo Nardi


Julieta Porta: “Hay muchos jóvenes que entienden que la tecnología permite crear soluciones y escalarlas”. Foto: Fernando Calzada.


Hay muchas cosas que no se ven. Julieta Porta, estudiante de Ingeniería Comercial de 23 años, lo señala varias veces. En ocasiones, se refiere a ideas, proyectos y emprendimientos que no tienen visibilidad. Otras, a los pasos necesarios para que un proyecto se lleve a cabo, instancias en las que el error es una pieza clave: “Hay un montón de cosas que no se ven; en realidad, pierdo en la mayoría de convocatorias en las que me presento, pero en una quedo, y eso es lo que la mayoría publica”.

Si bien el año pasado integró uno de los equipos ganadores del Space App Challenge, organizado por la NASA, y este año fue invitada a disertar en el Foro Económico Mundial para Mujeres, la joven mendocina prefiere hacer más hincapié en el impacto social de las iniciativas que en los reconocimientos. El proyecto que premió la NASA se llama “A Flood of Ideas”, de la startup Zonda Inc., y propone estimar daños por inundaciones con información de imágenes satelitales.

En las últimas semanas, Agrojusto, un emprendimiento en el que también participa, fue distinguido como Best Small Business Good for All entre más de 143 países y más de 2000 emprendimientos en la Cumbre Mundial de los Sistemas Alimentarios, por impulsar un sistema para crear una cadena de alimentos más justa y eficiente.

Además, Julieta es oradora: brinda charlas y talleres en diferentes provincias, escuelas, universidades y empresas a lo largo de todo el país. En diálogo con DEF, conversó sobre sus inicios, intereses y motivaciones.


-¿Cómo nació tu interés por la tecnología y el emprendimiento?

-El interés surgió cuando me cambié de carrera: antes estudiaba Ingeniería Industrial, y me pasé a Ingeniería Comercial. Estaba un poco perdida porque veía la revolución 4.0, la tecnología, lo que pasaba en el mundo. Yo decía: “¿Cómo puedo estar escuchando a alguien, al mismo tiempo chequeándolo en Google, pero esperar tanto tiempo para trabajar las ideas?”. Siempre fui muy curiosa, mis abuelos me decían: “Basta de cambiar de carrera, el que mucho abarca poco aprieta”. No me sentía en un momento como para emprender y llevar a cabo las ideas que tenía en la cabeza. Pedí cursar materias de quinto año, y cuando empecé a participar en competencias de emprendedores y demás, descubrí un mundo. Ahí conocí el emprendedorismo, un emprendedorismo que busca solucionar problemas sociales, siempre vinculado con la tecnología. Hay muchos jóvenes que entienden que la tecnología permite crear soluciones y escalarlas.


Con el boom mediático de la NASA y el Foro Económico, a Julieta Porta le ofrecieron varios trabajos muy bien pagos y siempre dijo que no. Foto: Fernando Calzada.


-En otra entrevista, dijiste: “No me meto en proyectos que no generen impacto social o ambiental”. ¿A qué te referías?

-Con el boom mediático de la NASA y el Foro Económico, me ofrecieron varios trabajos. Algunos muy bien pagos, con estabilidad y demás. Yo siempre dije que no, pero no porque suene cool, sino porque siento que no estoy aportando y no doy el máximo si no estoy en algo que tenga impacto social o ambiental.

-¿Cuál fue tu primer proyecto?

-Tuve un montón y muy distintos. La gente me decía: “Basta de meterte en tantos proyectos, ¿por qué no te dedicás a uno que empiece y termine?”. Siempre hice oídos sordos, porque tenía la necesidad de experimentar, entender cómo funcionaban las cosas y cómo algo generaba cambios. Tuve un proyecto, por ejemplo, de becas, porque la gente me preguntaba cómo hacía para enterarme de los concursos. Con amigos de la otra facultad, armamos un bot, pero nos dimos cuenta de que la gente ganaba la beca y desinstalaba la app: nos fue mal. Después concursamos con una vivienda social hecha para personas del norte, 268 personas en situación de calle: quedamos semifinalistas, pero no funcionó. Luego, fui con otra app, en una competencia en Buenos Aires que se llamaba “Me falta uno”. Geolocalizaba gente con los mismos intereses para armar un proyecto, jugar algún deporte o practicar un idioma. Nos dijeron que no, y después de un año apareció la misma app con el mismo logo… Eso es todo lo que no se ve detrás de las noticias. Son las cosas que te tienen que salir mal para que algo te salga bien.

-¿Es importante la fase del fracaso en un proyecto?

-Más que el fracaso, la percepción del fracaso. Yo creo que hay una tasa mayor de proyectos que fracasan que de proyectos que triunfan, porque no tenemos esa resiliencia o esa resistencia ante las vulnerabilidades. Netflix no nació siendo Netflix, Facebook nació como un juego en una universidad. Nadie se enamora de la primera versión del producto. Mucha gente se frustra porque le fue mal en un proyecto, o no tiene los fondos, o no se dio. Yo creo que no se dio porque no buscaste la forma de que se diera: hay que golpear puertas, preguntar a quien más sabe del tema. La suerte encuentra, pero vos también tenés que moverte.

-Decías que tu primer momento importante fue el cambio de carrera. ¿Qué lugar ocupa el reconocimiento de la NASA en tu mapa personal?

-En realidad, localmente primero fue una comunidad de jóvenes en Mendoza. Traccionamos un montón de gente sin saber del tema, salimos a buscar auspiciantes. Era un momento en el que se decía que no íbamos a conseguir nada, pero conseguimos patrocinadores grandes, como Nescafé, Santander Rio, sin tener figura legal, cuenta bancaria ni antecedentes. Ahí empezamos a hacer eventos en los que muchas veces nos fue mal. El mismo formato que usamos en la NASA ya lo habíamos hecho acá: cómo llevar una idea a la ejecución en poco tiempo. Obviamente, siempre con equipo. Empezamos a hacer esos eventos, aparecieron un montón de startups. Ahí empezó el espíritu de que el evento se hacía igual, aunque no consiguiéramos escenario y se hiciera en medio de la calle arriba de un micro viejo. Lo de la NASA también fue importante, pero eso fue más para el resto, no para mí. La gente que me decía “Quedate con una cosa, dejá de dar vueltas”, pensó: “Ah, la NASA escucha sus proyectos”.


“Netflix no nació siendo Netflix, Facebook nació como un juego en una universidad”, dice Porta para ejemplificar que siempre hay que trabajar más allá de los primeros resultados. Foto: Fernando Calzada.


-¿Qué relación tenés con tu ciudad, Maipú?

-Toda mi vida viví en Maipú. Siempre dije que no me iba a ir de Maipú hasta que no cambiara algo de lo que vi toda la vida. Me acuerdo de ir al colegio, a la facu, y querer cambiar cosas. Me motiva mucho lo que pasa alrededor. Tuve la suerte de viajar y conocer otras realidades. Uno se da cuenta de que lo que parece extraño en otros lugares es familiar, y lo que parece familiar es extraño para otros. Pero no me considero una persona que esté siempre en el mismo lugar, soy bastante nómade.

-Mencionaste la revolución tecnológica. ¿Qué ventajas tiene vivir en la era de la información?

-Tenemos el mismo acceso a la información que otras personas en otras partes del mundo. Antes era muchísimo más difícil si no tenías el libro en una biblioteca cercana. Podemos mandar mensajes, conseguir mails, contactarnos con alguien que sabe de un tema, y si no es él, se puede intentar con la gente cercana a él. La globalización nos hace entender que lo que hacemos afecta al otro, ya lo vimos con la pandemia. Lo que hace un sector de la sociedad afecta al resto de la población. Eso es la globalización. Yo no me defino como que soy de Mendoza o de Maipú, tampoco digo que soy del mundo porque está de moda. Hay cosas que van más allá de dónde estudiaste, de dónde sos, cómo te mostrás en Instagram. Siento que falta un poco de humanización detrás de lo que vemos.

-¿Qué podés decir de tu participación en el Foro Económico Mundial para Mujeres?

-Cuando me llegó la invitación, pensé: “¿Qué está pasando, se habrán equivocado?”, porque decía que se invitaba a premios Nobel, gobernantes. Acepté la invitación porque me siento en la responsabilidad de visibilizar las cosas que están pasando, sé que hay un montón de gente haciendo proyectos y ejecutando ideas en pujas que a veces no se ven. También hay que poner el foco en hacer alianzas y colaborar.


Porta piensa que el desarrollo de un ecosistema fuerte de startups es un vehículo para el crecimiento, no solo para Argentina, sino también de América Latina. Foto: Fernando Calzada.


-¿Cuáles son los principales temas sociales que se discuten en el mundo de la tecnología? ¿Considerás que el lugar de la mujer es uno de ellos?

-Me parece difícil hablar de un tema aislado. En relación con la mujer, se desprenden un montón de temas. Yo creo que un tema es la inclusión en general. Gente en condiciones vulnerables, que no tiene acceso a la educación, que no se reconoce en su género, adultos mayores, chicos sin empleo. Me súper interesa el tema de la mujer. Lo veo, lo vivo. En las entrevistas, me hacen preguntas sobre el nombre del proyecto o de cómo veo a la mujer, y no de lo que en realidad trabajamos entre todos. Quizás una tarea la tuve yo, y se la preguntan a otro porque asumen que no puedo hacerme cargo de eso. Pasa todo el tiempo. Mientras más marcamos la diferencia entre géneros o sectores, más la hacemos notar. Hay lugares para mujeres, nosotras los tenemos que ocupar. Y, si no se nos da el lugar, ahí hay que salir a hacer ruido. Pero no me gusta tanto marcar la diferencia entre mujeres y hombres.

-¿Cómo ves el panorama de innovación en Argentina?

-Me gusta mucho la filosofía del libro Startup nation: la nación de startups. Cuenta cómo una nación, cuando estaba en crisis económica y política, pudo resurgir gracias a un milagro económico de las startups. Es el caso de Israel. Y yo sentí que durante la pandemia pasó mucho en Argentina. Por día, me seguían dos o tres emprendimientos de gente que necesitaba generar una actividad económica para subsistir porque el sistema no los podía contener. Me parece que esa es una buena salida, no solo para Argentina, sino también para América Latina. Me encanta el libro Argentina emprendedora, de Andy Freire.

-¿En qué estás trabajando ahora?

-Trabajo en un proyecto para la creación de un vehículo lunar con el que fuimos finalistas con los compañeros del proyecto de la NASA. La competencia se llama Open Space, y el proyecto es para hacer minería en la Luna y crear una forma de energía limpia. Hay un equipo de veinte personas, yo estoy en negocios. Hay chicos de Argentina, ingenieros de todo tipo, muchos están afuera. Al mismo tiempo, soy cocoordinadora de la comunidad de Quinto Impacto-Mendoza, una empresa B cuyo modelo está basado en desarrollos tecnológicos con integración social. Dentro de Quinto Impacto, hay varios proyectos. Uno se llama Semillero, donde entran chicos con conocimientos de programación que no son contratados por empresas por falta de experiencia laboral. Nosotros les damos el primer oficio en proyectos de impacto.

-¿Qué es Agrojusto, la startup reconocida por la ONU?

-Es una plataforma que genera circuitos cortos de comercialización de productos agrícolas, es decir, conecta a productores y emprendedores con clientes, y hace más eficientes y justos los sistemas alimentarios. El 27, 28 y 29 de julio, estuvimos en el encuentro previo a la Cumbre Mundial de los Sistemas Alimentarios, que va a ser en Nueva York. El secretario de la ONU nombró a Agrojusto, de Mendoza, Argentina, como una de las mejores startups del mundo, inspiradora para que las empresas la tomen como referencia en el tema de inclusión y medioambiente. Entonces, volvemos al inicio: el múltiple impacto con una actividad económica. De eso voy a hablar en el Foro, de eso se trata lo de la NASA y de eso hablo cuando hablo de Agrojusto: de cómo una actividad económica puede generar cambios buenos en la sociedad, teniendo en cuenta el medioambiente.



sábado, 4 de septiembre de 2021

Paneles solares espaciales, tecnología made in Argentina con proyección global
La Comisión Nacional de Energía Atómica provee los paneles a la startup Innova Space para sus “picosatélites”, el primero de los cuales se lanzará en diciembre.
Por Carlos Boyadjian





Aunque no siempre queda claro cuál es su aplicación práctica, hay ocasiones en las que la simbiosis entre organismos estatales y compañías privadas se traduce en un emprendimiento win-win, con rentabilidad casi garantizada y proyección en los negocios compartidos.

Es el caso de la fabricación de paneles solares espaciales para picosatélites –satélites de menos de 1 kg de masa- que está desarrollando la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), a través del Departamento de Energía Solar – Gerencia de Investigación y Aplicaciones no Nucleares, junto a la startup Innova Space.

El pasado 17 de agosto, la CNEA y esta firma radicada en Mar del Plata suscribieron un nuevo Contrato de Tecnología y Servicios (CTS) para fabricar los paneles solares de los dos primeros picosatélites que desarrolla Innova Space.

El primero de ellos se llama MDQubeSAT-1 y será lanzado en diciembre de 2021 desde Cabo Cañaveral (Florida, Estados Unidos) a través del cohete Falcon 9 de la compañía Space X, propiedad del multifacético magnate y emprendedor sudafricano Elon Musk.

En el proyecto, Innova Space tiene como objetivo diseñar la primera arquitectura satelital IoT (Internet de las cosas) de América Latina, con un perfil de bajo costo y alto impacto. Será tecnología aplicada, en este caso, para dar acceso a la comunicación en áreas sin cobertura, especialmente para aplicaciones agrícolas. El satélite de Innova Space tiene un tamaño de 10 x 5 x 5 cm y es el más pequeño producido en Latinoamérica.

Por su parte, la CNEA proveerá los paneles solares espaciales, en lo que es el segundo contrato suscripto entre el organismo e Innova Space. La fabricación se realiza en las instalaciones que el organismo estatal tiene en el Centro Atómico Constituyentes. Aunque por ahora se trabaja en los dos primeros picosatélites, la idea de la compañía es fabricar cientos de ellos, por lo que “se prevé una relación a largo plazo que beneficiará a la CNEA, a la empresa y al país”, señaló el organismo público en un comunicado.




Un paso adelante

Tras la firma del convenio, Javier García, cabeza del grupo de investigadores y técnicos de la CNEA, afirmó que es clave apoyar este tipo de emprendimientos desde sus inicios, cuando las startups son más vulnerables, considerando que sólo una de cada diez firmas logra sobrevivir.

En diálogo con EOL, el ingeniero Daniel Raggio, que se desempeña en el Departamento de Energía Solar de la CNEA explicó que, a diferencia de los paneles solares terrestres que tienen celdas de silicio, “las celdas espaciales están fabricadas con otra tecnología llamada multi-juntura porque en el espacio hay mucha radiación que genera degradación y estas celdas la soportan mejor”. Además, sostiene que tienen mucha más eficiencia y gracias a ello el satélite usa menos energía por superficie. Es un dato clave porque “cada kilo que mandás al espacio cuesta una fortuna”, admite Raggio.

CNEA tiene amplia experiencia en integración de paneles solares en satélites. Todo arrancó en abril de 2001 con un convenio con la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) para el proyecto “Paneles solares para uso espacial”. Se trabajó en el diseño, fabricación y ensayo de paneles solares destinados a misiones satelitales en el marco del Plan Nacional Espacial, con foco en las misiones SAC-D Aquarius (puesto en órbita en 2011), SAOCOM IA y IB (2018 y 2020) y SABIA-Mar.

En asociación con INVAP, CNEA también intervino en la fabricación de paneles para 7 satélites de la empresa Satellogic, que actualmente están en órbita. En el proyecto con Innova Space, la CNEA fabrica los paneles solares espaciales y desarrolla la electrónica para carga de las baterías, además de integrar todos los componentes. Según explica Raggio “es un trabajo que se hace en forma artesanal para adaptar los paneles a la cofia, porque cada proyecto es ad hoc”.

La Argentina está dando pasos importantes en la tecnología satelital y en la fabricación de paneles solares espaciales, aunque la competencia internacional se hace sentir, en especial por parte de gigantes como China. Pese a ello, la CNEA busca ampliar su presencia internacional y se están ofreciendo los paneles solares espaciales a países latinoamericanos, con el fin de pisar fuerte en la región.



viernes, 3 de septiembre de 2021

Actividad espacial: materiales para el Tronador
Investigadores del CONICET y de la Universidad Nacional de Mar del Plata avanzan en el desarrollo de materiales compuestos para la fabricación del lanzador satelital de la CONAE, que busca conquistar así otro hito en la industria aeroespacial argentina.
Por Nadia Luna




La Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) avanza en la reactivación del plan espacial argentino tras los los recortes de presupuesto durante la gestión de Cambiemos. Uno de sus proyectos más ambiciosos es la fabricación de un vehículo lanzador de satélites, el Tronador II. En este marco, un grupo de investigadores del Instituto de Investigaciones en Ciencia y Tecnología de Materiales (INTEMA), perteneciente al CONICET y a la Universidad Nacional de Mar del Plata, trabaja en el desarrollo de materiales compuestos resistentes y ultralivianos para la fabricación del lanzador.

“En un principio, el objetivo es fabricar los recipientes de presión o tanques que se usan en el lanzador para almacenar el combustible y los gases presurizantes y propelentes. Además, a mediano plazo, la idea es escalar esta tecnología para fabricar directamente todo el cuerpo del cohete, ya que es básicamente un gran tanque que contiene oxígeno líquido, uno de los elementos fundamentales del combustible”, le dijo a TSS Exequiel Rodríguez, investigador del INTEMA a cargo del proyecto.

Rodríguez trabaja en el desarrollo de materiales compuestos de uso aeroespacial desde 2010, a raíz de la demanda concreta de VENG, la empresa que funciona como brazo ejecutor de la CONAE y que está encargada de la construcción del cohete. Primero, el grupo trabajó en el desarrollo de materiales destinados a proteger los motores de las temperaturas altísimas que alcanza la nave durante el despegue. El siguiente desafío fue elaborar materiales para la fabricación de la cofia del vehículo. Actualmente, están abocados al desarrollo de materiales para los recipientes de presión.

“Los materiales compuestos son el resultado de unir dos materiales para que se logre un efecto sinérgico. Los más utilizados a nivel de industria son los que están compuestos por unas fibras que a veces vienen en forma de tela, como las fibras de carbono, de kevlar o de vidrio, unidas a una resina polimérica. Esta resina es líquida al principio y permite darle forma al material. Después, se vuelve rígida y el material en su conjunto adquiere propiedades únicas: es muy resistente y ultraliviano”, explicó Rodríguez.


“Los materiales compuestos son el resultado de unir dos materiales para que se logre un efecto sinérgico”, explicó Rodríguez.


Esas dos características son muy importantes en el ámbito de la industria espacial porque brinda resistencia a las temperaturas extremas que hay en el espacio y, a la vez, es más liviano que otro tipo de materiales, como los recipientes metálicos tradicionales. Este ahorro en el peso permite que el cohete lleve una mayor carga útil y demande menos combustible, lo que hace que el lanzamiento sea más rentable.

Por otra parte, estos materiales también tienen aplicaciones que van más allá de la industria espacial. En particular, el grupo del INTEMA está trabajando también en el diseño y fabricación de recipientes para contener hidrógeno. El objetivo, en este caso, es obtener un prototipo funcional que pueda utilizarse, por ejemplo, en vehículos eléctricos. También podría servir para fabricar tubos de GNC más livianos, barcos de competición y otros vehículos.

“La importancia de desarrollar este tipo de tecnologías en el país tiene que ver con que la industria aeroespacial es una industria muy sensible que los países centrales cuidan mucho por dos razones. La primera es porque en algunos lugares puede darse un uso dual y la misma tecnología con la que se fabrica un lanzador puede usarse para fabricar un misil. Si bien no es el caso de la Argentina, que siempre ha hecho un uso pacífico, esto hace que sean conocimientos que no se comparten. La otra razón tiene que ver con que son tecnologías estratégicas que muy pocos países dominan y, por lo tanto, les da ventajas respecto a países que no la tienen”, dijo el investigador.

Rodríguez destacó que el desarrollo de tecnologías aeroespaciales derrama sobre otras áreas de la economía. “Es muy importante que haya continuidad a lo largo de los gobiernos para que no se produzcan baches, como ocurrió en el gobierno anterior, cuando se desfinanció mucho este proyecto”, apunta. En ese sentido, el investigador destaca el rol de VENG que, a pesar del recorte, trató de mantener dentro de lo posible la incubación de empresas tecnológicas que pudieran ser futuras proveedoras del plan espacial.


Rodríguez destacó que el desarrollo de tecnologías aeroespaciales derrama sobre otras áreas de la economía.


A las dificultades de esos años, se sumaron las que trajo la pandemia, que puso un freno a los ensayos que estaban realizando. Si bien siguieron con trabajo teórico, recién pudieron retomar los experimentos este año. En cuanto a los desafíos propios de la tecnología, lo que más tiempo les llevó fue lograr que el material producido tenga la menor cantidad de defectos posible, porque una grieta ínfima en la pared del recipiente puede hacer que el gas se fugue.

Recientemente, el proyecto fue uno de los seleccionados en la convocatoria enmarcada en el Plan Espacial Nacional, financiada por el Fondo Argentino Sectorial (FONARSEC) de la Agencia Nacional de Promoción de la Investigación, el Desarrollo Tecnológico y la Innovación (Agencia de I+D+i). El subsidio es de casi 12 millones de pesos, a lo que se suma un aporte de la contraparte (la UNMDP) de 3 millones de pesos. El plazo de finalización está estipulado para 2024 y, además de Rodríguez, el equipo se completa con los investigadores Juan Morán (codirector), Lucía Asaro, Pablo Montemartini, Pablo Leiva, Liliana Manfredi y Analía Tomba.

“Actualmente, tenemos un prototipo probado y lo que vamos a hacer ahora, para lo cual el financiamiento nos va a ayudar, es cambiar la escala de fabricación. También vamos a avanzar en calificar estos recipientes. Esto implica estar 100% seguros de que resisten lo que tienen que resistir y de que no van a tener una falla prematura. Para eso será necesario fabricar muchos recipientes y someterlos a distintas pruebas. El objetivo final es dejar la tecnología apta para utilizar en el lanzador”, finalizó Rodríguez.



Un informe reveló tres nuevos proyectos industriales de Fiat, Ford y VW para la Argentina




La consultora internacional IHS Markit, especializada en la industria automotriz mundial, publicó un informe sobre proyectos de nuevos modelos en estudio para diferentes países, incluyendo a la Argentina. El diario Ámbito Financiero accedió a ese informe y publicó los detalles en su edición de hoy.

Se trata de dos nuevos vehículos que IHS Markit ya da por hecho que se fabricarán en la Argentina, bajo las marcas Fiat y Volkswagen. Ámbito Financiero agregó también el proyecto de la Ford Everest.

* Fiat Dobló: Según IHS Markit, la próxima generación del utilitario de carga y pasajeros de Fiat podría fabricarse en la planta de Peugeot-Citroën en El Palomar. Esta fábrica hoy pertenece al nuevo Grupo Stellantis (fusión de PSA con FCA) y permitiría aprovechar la línea de producción que dejaron vacantes los Peugeot 308, Peugeot 408 y Citroën C4 Lounge que fueron discontinuados el mes pasado.
* VW Tarok: Es la pick-up compacta de VW. Estará basada en la misma plataforma de la VW Taos y, según IHS Markit, se comenzará a producir en la planta de Pacheco en 2025. Para esa misma fecha, la consultora marca el fin de la producción de la actual generación de la pick-up Amarok.
* Ford Everest: Es la SUV basada en la pick-up Ranger. La próxima generación de la Ranger ya está confirmada para producirse en Pacheco en 2023 y la SUV para siete pasajeros también será fabricada en nuestro país, siempre según la misma consultora. Esto le permitirá a Ford competir contra otras SUVs derivadas de pick-ups, como las Toyota SW4 y Chevrolet Trailblazer.

Hay más información en la nota de Ámbito Financiero, que se reproduce acá abajo.

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Nota del diario Ámbito Financiero
Tres proyectos industriales: utilitario Fiat, la Tarok en 2025 y el SUV de la Ranger
Por Horacio Alonso


El nacimiento de Stellantis -la fusión entre el grupo francés PSA y el italoamericano FCA- provoca, lógicamente, muchos movimientos y especulaciones. En la Argentina, ya se percibe en algunos cambios internos, a niveles ejecutivos y hasta de oficinas, pero también en cuestiones comerciales e industriales.

En este último punto, hay distintas señales que muestran que se puede estar cerca del primer efecto concreto en las novedades productivas del nuevo gigante automotriz. En la planta ubicada en El Palomar, donde se vienen fabricando desde hace años los modelos Peugeot y Citroën, podría haber noticias en el corto plazo.

Lo último que se sabe de esa planta es que se dejaron de fabricar los Peugeot 308, 408 y Citroën C4 Lounge. Quedaron en línea el 208 y los utilitarios Partner y Berlingo. Es cierto que la apuesta fuerte a la nueva plataforma, sobre la que se produce el modelo chico de la marca del león, está cumpliendo los objetivos. Incluso, superándolos.

Es por eso que se decidió poner fin a los clásicos sedanes y hatchs que se fabricaban en el lugar. En un momento, se pensó también despedir a los utilitarios, pero la buena demanda interna hizo que se replanteara la decisión.

La fábrica tiene una capacidad para cerca de 140.000 unidades y, por más exitoso que esté siendo el 208, sobra espacio para otras siluetas. En el grupo estiman que tienen una demanda de Partner y Berlingo para unos años más. Un dato que se escuchó por los pasillos de la empresa es que podrían vender unas 50.000 unidades de estos vehículos. No es poco. ¿Se justifica, entonces, darlos de baja? No parece.

Es ahí donde entra a jugar el factor de las nuevas marcas de Stellantis. Lo que se comenta en el sector es que la planta bonaerense podría sumar la producción de un nuevo utilitario de la marca Fiat. A la automotriz italiana le está faltando un vehículo en ese segmento. Distintas fuentes reconocen que el tema está en análisis, aunque no dan precisiones de qué modelo sería. Si un “trillizo” directo de Partner o Berlingo o algo diferente.

Un dato a tener en cuenta surge de información que llega del exterior. La consultora IHS Markit se especializa en todo lo que pasa en la industria automotriz mundial, con buen manejo de información sobre volúmenes de producción, plataformas y demás datos claves del sector. Muchas veces anticipa proyectos que sólo conocen las máximas autoridades de las casas matrices. En sus informes, habla del tema en cuestión.

Según aparece en sus publicaciones, para la planta bonaerense está prevista la producción de un modelo Fiat. Dice que se trata del utilitario Doblo y pone fecha de inicio para 2022/2023 y fin de ciclo para 2028. Este modelo se fabrica en Brasil y, según la consultora internacional, se estaría dando de baja en ese país.

Algunos movimientos internos en El Palomar, en cuanto a la habilitación técnica de la marca Fiat para operar en las playas de igual forma que Peugeot y Citroën, suman más elementos a esta idea.

Otro dato que surge de IHS Markit es que, según sus informaciones, figura ya como proyecto concreto la producción de la pickup compacta Volkswagen Tarok en la planta de General Pacheco. La fecha de inicio es 2025. Este modelo comparte plataforma con el SUV Taos que se produce en esa fábrica y es una especulación que se viene haciendo desde hace bastante tiempo.

Volkswagen tiene que resolver qué hace con Amarok, después de la caída local del Proyecto Cyclone con Ford. En la empresa aseguran que habrá Amarok hasta 2025. No se sabe cuál. Si la actual, un restyling profundo o… Lo cierto es que la nueva Ranger saldrá en un par de años y habrá en el mundo una Amarok “melliza” nueva. Si se deja de producir la pickup alemana en el país, la planta tendrá mucha capacidad ociosa, ya que Taos sólo ocupará la mitad de producción del establecimiento. Ahí es donde entra a jugar la necesidad de un nuevo vehículo y la Tarok es la posibilidad más lógica. La consultora lo da como un hecho.

Ya que se mencionó a Ford y a la nueva Ranger, circulan las versiones de que la planta de la automotriz podría sumar la silueta SUV, derivada de la pickup. La idea es aumentar la ocupación de la fábrica que liberó mucho espacio con la salida del Focus. De la “chata”, se prevén fabricar 58.800 unidades y el SUV agregaría 15.000 más. Habrá que esperar para saber si es cierto.



miércoles, 1 de septiembre de 2021

El sueño de las estaciones espaciales de energía solar y la «nave de un kilómetro» china
Por Daniel Marín



El pasado 24 de junio Long Lehao, ingeniero jefe de la serie de cohetes Larga Marcha, dio una conferencia en la Universidad de Hong Kong sobre el programa espacial chino. La conferencia tuvo una gran repercusión mediática porque en la misma se presentó el nuevo diseño del cohete gigante Larga Marcha CZ-9, entre otras novedades. Sin embargo, en esa misma conferencia, Long Lehao habló de otros planes de futuro que pasaron más desapercibidos. El más importante fue quizás la utilización del CZ-9 para construir estaciones espaciales de energía solar. Por primera vez, se daban cifras y plazos relativos al proyecto. Según la presentación, China quiere tener disponible en 2030 una estación espacial de energía solar experimental capaz de generar un megavatio de potencia. Esta estación, situada en órbita geoestacionaria, tendría una masa de 660 toneladas y unas dimensiones de 600 x 300 metros. Su vida útil sería de unos quince años. Para lanzar una estructura tan gigantesca serían necesarios unos 17 lanzamientos del CZ-9.


Recreación de una estación SPS según un estudio de la NASA de los años 70 (NASA / David S. F. Portree / http://spaceflighthistory.blogspot.com/).


Pero la cosa no queda ahí. Al fin y al cabo, hemos dicho que esta era solamente una estación experimental. El objetivo para 2050 —un año después de la celebración del centenario de la República Popular China— sería disponer de una estación solar de un gigavatio de potencia. Esta estación tendría una masa de diez mil toneladas (!), con una longitud de veinte kilómetros y un ancho de un kilómetro (!!). Este monstruo requeriría 143 lanzamientos del CZ-9 para cobrar vida. Como vemos, son cifras apabullantes, de ahí que la nueva versión del CZ-9 será diseñada con la reutilización en mente. Antes de continuar, debemos recordar, por si hay algún despistado en la sala, que los satélites de energía solar o SPS (Solar Power Satellites) no son un concepto nuevo. La idea es, sobre el papel, muy sencilla. Basta con colocar paneles solares fotovoltaicos en la órbita geoestacionaria para que así puedan estar iluminados casi permanentemente. Al estar en GEO, desde la Tierra su posición es prácticamente estacionaria en el cielo —por algo se llama así la órbita—, por lo que pueden enviar la energía generada al mismo punto de la superficie terrestre. ¿Cómo? Mediante microondas. Una enorme antena en la superficie se encargaría de convertir la radiación de microondas en electricidad. Y ya está. Energía solar limpia e ilimitada para todos.


Los planes chinos para desarrollar un sistema SPS según la presentación de Long Lehao del pasado junio. La estación SPS que aparece en la imagen es un concepto de Boeing de los años 70 (CASC/Weibo).


Long Lehao introduce el nuevo diseño del CZ-9 en la Universidad de Hong Kong (CASC/Weibo).


Naturalmente, las cosas son un pelín más complejas. El primer estudio serio de un sistema SPS fue propuesto por Peter E. Glaser en 1968. Hoy en día el concepto nos puede parecer una locura, pero en aquella época era normal pensar a lo grande. Con la crisis del petróleo de los años 70, los sistemas SPS ganaron mucha popularidad y la NASA y el Departamento de Energía financiaron una gran cantidad de estudios para analizar su viabilidad. Todo en los proyectos SPS era descomunal. Por ejemplo, el diseño de referencia de Boeing de mediados de los 70 concebía una red SPS formada por más de una decena de inmensos satélites, cada uno de ellos con una longitud de 21 kilómetros y un ancho de un kilómetro. ¿Te suenan estas cifras? Efectivamente, son más o menos las mismas que las presentadas por Long Lehao el pasado junio para la estación de un gigavatio que China quiere tener lista en 2050. Los estudios de la NASA concluyeron que para construir estas estructuras había que diseñar primero nuevos lanzadores superpesados reutilizables que habrían dejado pequeña a la Starship de SpaceX. También hubiera sido necesario construir grandes estaciones espaciales en órbita baja para montar las gigantescas estaciones SPS antes de enviarlas a GEO, además de mandar regularmente naves tripuladas y no tripuladas a la órbita geoestacionaria para mantener y reparar los descomunales paneles. Huelga decir que el proyecto no pasó la fase de papel (por aquella época todavía no había powerpoints).


Diseño genérico de un satélite SPS de los años 70. La energía se emite a la Tierra en forma de microondas (NASA / David S. F. Portree / http://spaceflighthistory.blogspot.com/).


Diseño de referencia del satélite SPS de la NASA y el DOE, con una longitud de 10 km (NASA/DOE).


.Satélite SPS según el diseño de referencia de Boeing de 1974, con una longitud de 20 km (Boeing).


En los años 90 el interés en los sistemas SPS comenzó a repuntar de nuevo con el auge de las energías renovables y la preocupación por el cambio climático. Desde entonces, numerosas naciones, no solo China, continúan investigando la viabilidad de estos sistemas. La mayor eficiencia de los paneles solares actuales y las nuevas técnicas de despliegue y montaje de grandes estructuras espaciales prometen hacer un poco menos imposible el sueño de los sistemas SPS. Por otro lado, en estas últimas décadas el rango de posibles diseños y órbitas para un SPS se ha multiplicado, así como sus aplicaciones. Ya no solo se trata de alimentar a la Tierra con energía limpia, sino que se han propuesto sistemas SPS para suplir las necesidades de bases lunares o marcianas, por ejemplo, o incluso de otros satélites en órbita terrestre (en el caso de la Luna y Marte se podrían usar láseres o máseres en vez de microondas gracias a la ausencia del engorro que es la atmósfera terrestre). Sin ir más lejos, el X-37B, el avión militar del Pentágono, despegó en mayo de 2020 con el experimento PRAM (Photovoltaic Radio-frequency Antenna Module) con el objetivo de estudiar la viabilidad de transmitir la energía generada por paneles fotovoltaicos mediante microondas. La agencia espacial japonesa JAXA también tiene interés en los sistemas SPS y en 2014 anunció su intención de colocar en órbita una estación de un gigavatio alrededor de 2030, aunque la financiación del proyecto parece que no ha estado a la altura de la ambición del mismo. Otras naciones, como Rusia, también han expresado su interés en los sistemas SPS.


Satélite SPS para alimentar infraestructuras en la superficie de Marte. En este caso la energía se transmite mediante un láser (NASA/Boeing).


En cuanto a China, ya en 2010 se publicó un plan oficial para desarrollar sistemas SPS, aunque en su momento poca gente le prestó atención dado el estado del por entonces bastante modesto programa espacial chino. En 2016 se hizo relativamente famosa una propuesta de estación SPS desarrollada por CAST que pasaba por la construcción de un satélite de casi doce kilómetros de longitud capaz de generar 2,4 gigavatios de potencia eléctrica. La estación usaría un haz de microondas de 5,8 gigaherzios para transmitir la energía hasta la Tierra. La estación terrestre produciría un gigavatio de potencia aproximadamente. Más recientemente, la ciudad de Chongqing ha declarado su intención de construir una estación experimental de recepción de energía solar mediante microondas con una extensión de 0,8 kilómetros cuadrados. Los sistemas SPS han aparecido además en multitud de documentos relacionados con las tecnologías claves que debe dominar el país asiático y que se recogen de forma periódica los planes quinquenales.


Concepto de estación receptora terrestre de microondas de la NASA (NASA / David S. F. Portree / http://spaceflighthistory.blogspot.com/).


Variación de la densidad de potencia de la antena receptora (NASA)


Factores que dispersan la energía del haz de microondas de un satélite SPS (NASA).


Como vemos, el interés de China en los sistemas SPS no es nuevo. Pero la magnitud de la tarea es tan enorme que resulta fácil darlo por imposible y creer que es solo un concepto fantasioso que jamás verá la luz (nunca mejor dicho). Sin embargo, la reciente noticia de que China está estudiando la construcción de una nave experimental de un kilómetro ha vuelto a poner sobre la mesa los sistemas SPS en el intervalo de pocos meses. En la noticia no se dan detalles técnicos de cómo será esta nave, más allá de que todavía se trata de un concepto experimental para ensayar técnicas de cara al montaje de grandes estructuras en órbita, pero sí se menciona explícitamente que una de las aplicaciones de estas estructuras ultralargas sería la construcción de satélites SPS. La NNSFC (National Natural Science Foundation of China) es la organización que estaría a cargo de este, aparentemente, extravagante proyecto experimental. Aunque, recalcamos, por el momento es solo un estudio, esta noticia muestra a las claras una vez más que China no se está tirando un farol y que valora seriamente construir de verdad un sistema SPS. ¿Tendrá éxito China allá donde la NASA fracasó hace medio siglo?


Proyecto de estación de energía solar china MR-SPS de 2016 de CAST (http://spacejournal.ohio.edu/).




Para celebrar sus 45 años, Invap cambia de receta
Hay una nueva generación que se prepara para manejar la empresa estatal rionegrina. Cambia el paradigma pero no la mística.
Por Martín Belvis


El área de radares de la empresa, la más nueva (Foto: Chino Leiva)


Hace hoy 45 años un grupo de científicos de la Comisión Nacional de Energía Atómica decidió fundar una empresa de ingeniería aplicada sin saber quizás que lo más difícil no era utilizar el conocimiento más allá del laboratorio sino encontrar alguien que esté dispuesto y tenga la capacidad de pagar por eso. La mayoría de los que tomaron la decisión de crear Invap hoy ya no está, pero la generación que ahora maneja la compañía heredó aquel espíritu y prepara la receta para que los más jóvenes asuman la posta.

El año pasado murió Héctor Otheguy, el físico graduado en el Instituto Balseiro que llegó a CEO de Invap para transformarla en una empresa de envergadura y con presencia en los cinco continentes.

La posta que dejó Otheguy la tomó hace ya unos años Vicente Campenni. “La empresa está en una buena situación, con excelentes desafíos a la vista, tanto desde el punto de vista tecnológico, como el comercial o de la gestión de conocimiento”, le dijo ayer el CEO de Invap a RÍO NEGRO en la sala del directorio, un ambiente austero en el que resalta el retrato de Otheguy que hizo el genial Pablo Bernasconi.


Vicente Campenni, el gerente general de Invap (Foto: Chino Leiva)


“Hay que hacer una nueva receta”, dice Campenni que decía Otheguy. “Es innegable que la situación es compleja” en todo sentido luego de que el mundo quedara patas para arriba con la pandemia, pero una de las fortalezas de Invap ha sido su capacidad de adaptación.

La actividad en el exterior, que hasta antes de la pandemia representaba el 50% de los ingresos de la empresa, se va recuperando. Y los proveedores también van retomando el ritmo de trabajo.

Invap importa el 20% de lo que precisa. Y en el 80% restante hay una participación de proveedores argentinos que equivale a la mitad.

“Nos gusta pensar en Invap como un conjunto social”, dijo Campenni. Recordó que hace menos de una década se plantearon la transición con las nuevas generaciones: “cómo generar un proceso evolutivo en la gestión de la empresa”, resumió el CEO actual. Como consecuencia de aquella preocupación hoy observan que los más jóvenes se apropian de esa mística que tiene la empresa y del valor del trabajo en grupo.

No hay un Elon Musk ni un Jeff Bezos. Entre Invap y los llamados “unicornios” (las compañías que, de manera disruptiva, logran valer por encima de los 1.000 millones de dólares) hay un abismo. “Acá no hay un campeón ni un héroe, lo que se ve es la necesidad de un equipo por obtener un resultado”, lo describió Campenni.

Cada uno de los emprendimientos en marcha

La mayoría de los proyectos en los que trabaja Invap se fueron reactivando:

Holanda: se terminó la ingeniería básica y está a punto de iniciarse la ingeniería de detalle del reactor nuclear de investigación.

Bolivia: uno de los tres centros de radioterapia, el de El Alto, está a punto de terminarse; sólo resta un paso administrativo. Las tareas, que se habían interrumpido luego del golpe de Estado contra Evo Morales, se restablecieron.

Brasil: se cumplió el contrato por la ingeniería de detalle del reactor nuclear de potencia RMB.

Argentina: el acuerdo con la CNEA por el reactor de potencia RA10 fluye con normalidad.

India: la construcción de una planta de radioisótopos está en la etapa final, pero sufrió una pausa con la pandemia. Hoy se está retomando.

Arabia Saudita: la construcción de un reactor sufrió una caída en el ritmo de avance por la pandemia. Ahora se retomaron las tareas de modo virtual y en breve regresarán de modo presencial.

Nigeria: el diseño de radares primarios móviles está en la etapa inicial de la ingeniería.

Turquía: avanza el desarrollo de “smallgeos”, un modelo de satélite que le permite a Invap incorporar conocimientos para aplicar al SG1, el próximo aparato que la empresa estatal Arsat planea enviar al espacio.



Mendoza: primer vuelo comercial de LADE
El 31 de agosto fue el día del arribo del primer vuelo comercial de Lineas Aéreas del Estado (LADE) a Mendoza.





La empresa de fomento dependiente de la Fuerza Aérea Argentina, comenzó hace ya mas de 75 años a operar en Argentina, realizando vuelos en el NEA pero principalmente en la Patagonia Argentina, estableciendo como base la ciudad de Comodoro Rivadavia para tal fin.

La región cuyana no estuvo comprendida, lo mismo que la región central del país, en la ruta de vuelos de la empresa.

Pero desde hace un par de años se comenzó a desarrollar un plan de expansión de la empresa y se comenzó a diagramar una red de rutas a nivel nacional.

Es por ello que este año se comenzó a volar en todo el país, donde se produce el arribo como bien habíamos señalado, del primer vuelo comercial de LADE a nuestra provincia.

El vuelo LDE467 arribó procedente de la ciudad de Neuquen con 3 pasajeros, posiblemente debido a la poca publicidad que se ha realizado con estos vuelos, y partió hacia el mismo destino con 2 pasajeros a bordo.





De acuerdo a lo informado, LADE realizara un vuelo semanal uniendo Comodoro Rivadavia con Mendoza, con escalas, siendo la ruta la siguiente:

- Comodoro Rivadavia/Trelew/Bahía Blanca/Neuquén/Mendoza y viceversa, con un costo de ida y vuelta rondando los 33.600 pesos (16.800 pesos por tramo).

El precio lo encontramos caro para una empresa de fomento, teniendo en cuenta que, en el mismo caso de un vuelo Mendoza/Comodoro Rivadavia/Mendoza, realizado en la empresa Aerolíneas Argentinas, y yendo vía Neuquén, cuesta unos 25.700 pesos.