martes, 28 de diciembre de 2021

Argentina avanza con el proyecto del buque polar
El 27 de diciembre, por Decisión Administrativa 1269/2021 el gobierno argentino aprobó la contratación directa onteradministrativa Nº 35-0038-CDI21entre la Armada Argentina y la empresa Tandanor para el desarrollo de la ingeniería básica y plan de construcción de un buque polar para la Armada Argentina.
por Santiago Rivas



El contrato es por un total de 63.525.000 pesos y 6.917.812 euros y será pagado con partidas presupuestarias específicas de la Jurisdicción 45 – Ministerio de Defensa, subjurisdicción 45 - 20 – Ministerio de Defensa.

El buque polar es una de las prioridades de la Armada Argentina, para reemplazar finalmente al ARA Bahía Paraíso, perdido en 1989, y apoyar al rompehielos ARA Almirante Irízar en la labor antártica.




Hasta ahora se han venido manejando distintas opciones por casi una década, incluyendo la posible participación de China, aunque por ahora se inclinarían por la opción europea.

Entre los díseños evaluados, el que más convence a la Armada es el ARC 133 que el astillero finlandés Aker desarrolló como anteproyecto entre 2014 y 2015 a pedido de la Armada Argentina.

En noviembre de 2014, Aker Arctic se adjudicó el contrato para el diseño conceptual de un nuevo buque de propósito especial para el gobierno argentino.

El diseño conceptual se completó a finales de febrero de 2015. Según informó Aker en ese entonces, el buque se construiría en China y el trabajo de diseño se llevaría a cabo en estrecha colaboración con los operadores y el astillero. Sin embargo, el gobierno argentino finalmente ha decidido que el buque se construya en el país en Tandanor.




Dimensiones principales (estimadas, ya que pueden variar en el diseño definitivo)

  • Longitud total de unos 131,5 m
  • Longitud en diseño alrededor de 125 m en la línea de flotación
  • Manga máxima, de unos 23,9 m
  • Manga en la línea de flotación de unos 23,6 m
  • Calado, en diseño 8.0 m desde la línea de flotación
  • Calado, máximo 8,3 m
  • Profundidad hasta la cubierta principal 11,8 m
  • Francobordo con calado máximo de 3,5 m
  • El buque será Clase PC 4 de la IACS para confición de hielo


Fuente: pucara.org
Cicaré y sus desarrollos en alas rotativas
Visitamos la planta industrial de Cicaré S.A. y entrevistamos a su presidente, el señor Juan Manuel Cicaré, con quien conversamos sobre el presente y futuro de la única fábrica argentina de helicópteros y simuladores de vuelo de alas rotativas.
Por José Javier Díaz*



Pucará: ¿Cuándo y cómo surge esta prestigiosa PYME argentina?

Juan Manuel Cicaré: Cicaré S.A. se constituye formalmente como tal en el año 2005, con el objeto de desarrollar y producir helicópteros, simuladores de vuelo, sistemas aéreos no tripulados y otras tecnologías de avanzada en materia de aeronaves de alas rotativas.

Sin embargo, desde hace casi medio siglo, con diferentes nombres comerciales, Augusto “Pirincho” Cicaré formó parte de otras empresas y sociedades dedicadas a desarrollar, innovar, producir y mantener aeronaves de alas rotativas.

Nuestra planta industrial, situada en Saladillo, Provincia de Buenos Aires, tiene 2.300 metros cuadrados cubiertos dentro de un predio de casi tres hectáreas.

Contamos con 25 colaboradores entre ingenieros aeronáuticos, diseñadores industriales, soldadores certificados, pilotos e instructores de helicópteros y técnicos electromecánicos egresados de la Escuela de Educación Técnica N° 1 General Savio, que también tiene su sede en Saladillo.

Asimismo, disponemos de moderna maquinaria entre la cual se destacan varios tornos de tipo horizontal, fresadoras, router CNC, soldadoras tipo TIG y MIG, un horno de curado de materiales compuestos, etc.




Pucará: ¿Cómo fue su evolución en términos técnicos, económicos, clientes locales y extranjeros? ¿Apoyo del Estado provincial y nacional?

JMC: En términos técnicos sigue siendo una continua evolución, nunca se detuvo la capacidad innovadora y de desarrollo de Augusto como referente máximo y, por supuesto del equipo todo.

En cambio, en términos económicos, y por sobre todo de potencial apoyo en ámbito Provincial y/o Nacional, ha sido muy fluctuante y nunca superó un mero crédito blando, sin apoyo sostenido ni de mediano y/o largo plazo.

Pucará: ¿Cuáles han sido los principales proyectos en los que trabajó Cicaré? ¿Fueron por iniciativa propia o a pedido? ¿Todos llegaron a producción en serie?

JMC: En parte han sido por pedido, valen los ejemplos de proyectos como el del CH-5, helicóptero monoplaza, monomotor de 162 hp con prestaciones para el agro en los años 80, requerido por la Fuerza Aérea Argentina; o el biplaza tándem a turbina CH-14 en el 2005 a pedido del Ejército Argentino.

Por su parte, el desarrollo del CH-12 -si bien nace de iniciativa propia poco antes del 2000- derivó en el año 2015 en la firma de un contrato para producir partes del mismo en FAdeA.

Lamentablemente, estos proyectos fueron discontinuados por diversas razones que excedieron a nuestra empresa. Ya en los últimos diez años, con exclusividad estamos trabajando en Proyectos de iniciativa y financiación propia y son justamente éstos los que llegaron -en mayor o menor medida- a ser producidos en serie.





Pucará: ¿Qué nos puede comentar respecto al simulador de vuelo de helicópteros?

JMC: El Entrenador de Vuelo de Helicópteros SVH-4 es único en su tipo y continúa siendo una herramienta clave en la iniciación de aspirantes a pilotos de helicópteros. Lo más destacado es la obtención del Certificado otorgado por la FAA de los Estados Unidos para reconocer las 10 primeras horas del curso PPH (Piloto Privado de Helicóptero) desde hace ya varios años, y que continúa en vigencia mediante revalidaciones cada 5 años.

El actual SVH-4 es una evolución del SVH-3, simulador de vuelo de helicópteros que obtuviera el primer premio como Invento del Año y recibió la Medalla de Oro en la Categoría Aeronáutica en el año 1999 en Ginebra, Suiza.

Los principales usuarios de estos simuladores son las Fuerzas Armadas (FFAA) y de Seguridad (FFSS) argentinas, también hemos vendido varios ejemplares de ambas versiones a diversas Escuelas de Aviación Privadas, tanto locales como internacionales.

Pucará: Al presente ¿cuál es su producto estrella? ¿Cuál es su nivel de nacionalización? ¿Se comercializa a nivel global, se produce en otros países?

JMC: Desde hace unos cinco años nuestro producto estrella es el Cicaré 8. Se trata de un biplaza lado a lado de excepcionales prestaciones. Tiene un fuerte componente nacional en término de proveedores y valor agregado, y se comercializa en todo el mundo.

Por el momento, el Cicaré 8 sólo se produce en nuestra planta industrial de Saladillo, Provincia de Buenos Aires, pero, dado el interés sostenido y creciente en poder fabricar componentes en otras partes del mundo, estamos llevando a cabo negociaciones con potenciales socios extranjeros para ampliar la producción de nuestros helicópteros.

Cabe destacar que el Cicaré 8 está próximo a obtener el Certificado Tipo en su categoría en Alemania, siendo este hito de gran trascendencia para nuestros planes de ganar mercado en Europa y otros países del mundo.




Pucará: ¿Considera que, además del FONDEF, es necesario contar con una Ley de Investigación, Desarrollo, Innovación y Producción para la Defensa? Como empresa PYME argentina, ¿qué incentivos o medidas esperaría del Estado nacional para fomentar el desarrollo tecnológico e industrial para la defensa?

JMC: Entiendo que cualquier fondo dirigido al desarrollo y que provenga del Estado necesariamente debería de ir acompañado de una ley acorde, no sólo por la transparencia de la herramienta en sí misma, sino también para su debida gestión.

Sería también, en mi opinión, de mucha ayuda la quita de impuestos y el fomento a la manufactura y comercialización de aeropartes entre las empresas locales del sector. Hoy, y desde hace ya unos años, se hace muy difícil el comercio exterior, lo cual afecta nuestro potencial para crecer tanto en lo que hace a la producción para el mercado doméstico (sustituyendo importaciones y por ende reduciendo la fuga de divisas) así como también la colocación de nuestros productos en el mercado mundial.

Disponer de una Ley de Investigación, Desarrollo, Innovación y Producción para la Defensa creo que permitiría traccionar no sólo a las pequeñas y medianas empresas del sector privado, sino también a las compañías estatales como FAdeA, INVAP, Fabricaciones Militares, etc.

Si nos guiamos por la experiencia internacional, todos los países que hoy están a la vanguardia en el desarrollo tecnológico y productivo del sector aeroespacial cuentan con leyes y normas impositivas que estimulan la inversión de empresas locales y extranjeras, por caso podemos citar Brasil, Israel, España, etc.





Pucará: ¿Cómo surgió el proyecto del CH-14 “Aguilucho”?

JMC: Este proyecto para desarrollar de cero un helicóptero ligero, en tándem, propulsado a turbina y diseñado para cumplir tareas de formación de pilotos, observación, exploración y reconocimiento, surgió en el año 2005, a partir de un requerimiento realizado por el Ejército Argentino.

Apreciamos el apoyo y la confianza de esa fuerza en confiar en nuestra empresa y de su fundador, Augusto Cicaré, para llevar a cabo este proyecto que, hasta el presente, representa el mayor desarrollo tecnológico autónomo llevado a cabo por un país latinoamericano en materia de helicópteros.

Realizamos en muy poco tiempo un enorme esfuerzo de ingeniería, en el cual también participaron especialistas (pilotos y mecánicos) del Comando de Aviación del Ejército (CAE) y personal de la Facultad de Ingeniería Aeronáutica de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP).

Quiero destacar la calidad de los más de cien proveedores locales y regionales, no sólo de la Provincia de Buenos Aires sino también de otras jurisdicciones como Santa Fe, Córdoba y Mendoza, que participaron en este proyecto.

Reactivar el desarrollo, certificación y producción en serie del CH-14 “Aguilucho” sigue siendo factible o viable en la medida que se entienda que, al igual que cualquier otro proyecto de alta tecnología, implica un proceso de maduración de mediano a largo plazo, durante el cual se debe mantener el apoyo de las autoridades ministeriales y militares, con su consiguiente correlato en lo que hace al flujo presupuestario.

Al día de hoy, si se deseara retomar el proyecto CH-14, se deberían volver a desarrollar varios de los proveedores locales, capacitar nuevamente a los ingenieros, etc.

Desde que recibimos la solicitud por parte del Ejército hasta llegar al desarrollo del prototipo y lograr el vuelo controlado del CH-14 todo sucedió en cuestión de dos años.

Creo que es un despropósito no mantener la continuidad en los proyectos de I+D y Producción para la Defensa, ya que éstos buscan sustituir importaciones y generar nuevas capacidades militares, tecnológicas e industriales.

La reciente sanción de la Ley que creó el Fondo Nacional de la Defensa (FONDEF) y que en esa norma se estipule la mayor participación posible de la industria argentina me parece una excelente iniciativa, que esperamos se materialice en la concreción de algunos proyectos que fueron suspendidos años atrás y en otros nuevos que requieren nuestras Fuerzas Armadas.

Reitero, son políticas que deben quedar por fuera de cualquier vaivén Político-Social-Económico, si es sincero el objetivo de lograr soberanía en estas tecnologías.




Pucará: ¿Qué nos puede decir respecto al desarrollo del sistema aéreo no tripulado (RUAS) de alas rotativas en el que están trabajando?

JMC: Se trata de una plataforma con sistema de doble rotor tipo coaxial contra rotante desarrollada por Augusto Cicaré en el año 2008 y que, previamente, volara de forma tripulada por él mismo en el año 1997.

En la actualidad y con el nombre de RUAS-160, a raíz del interés en poner en vuelo autónomo el CH-10, en conjunto a INVAP SE y Marinelli Technology, llevamos más de 90 horas de vuelo de pruebas.

Este proyecto no sólo tiene aplicaciones previstas para usuarios civiles (productores agropecuarios, Oil and Gas, instituciones policiales, etc.) sino también clientes militares, que emplean este tipo de sistemas aéreos no tripulados para tareas de inteligencia, vigilancia, reconocimiento, búsqueda y rescate, etc.

Pucará: ¿Cómo avanzan los contratos con la Policía de Santa Fe y la Armada para incorporar estos ingenios? ¿El Ejército y otras instituciones no han expresado su interés en UAV de alas rotativas?

JMC: Al presente ya se ha suscrito un Convenio Marco entre INVAP y el Gobierno de la Provincia de Santa Fe y se está trabajando en un convenio específico de provisión de varios sistemas RUAS-160 con el Ministerio de Seguridad de la Provincia.

Por su parte, con la Armada Argentina se están terminando de definir algunos aspectos contractuales para firmar el contrato por la provisión de un primer sistema RUAS-160.

Dadas las prestaciones esperadas de este sistema aéreo no tripulado, hemos recibido diversas solicitudes de información y cotización por parte de otras Fuerzas Armadas y de Seguridad, así como también de otras instituciones estatales y empresas privadas, principalmente del Sector Agropecuario.




Pucará: ¿Qué clientes nacionales y extranjeros son los más representativos para Cicaré SA?

JMC: De las más de 100 unidades vendidas, el mercado se reparte en un 30% local y un 70% extranjero. Dentro del mercado extranjero lo más representativo es el de Europa como tracción continua de nuestro modelo Cicaré 8, Asia como el principal demandante de los SVH-4, y el Cicaré 7 en Australia.

Localmente, los modelos Cicaré 7 y el biplaza 8 son los más solicitados, en parte por sus bajos Costos Operativos.

Pucará: ¿La pandemia del COVID afectó las actividades y proyectos de CICARÉ? ¿Qué expectativas o planes tienen a mediano y largo plazo?

JMC: Primero ser agradecidos de no haber sufrido mayores afectaciones que algún que otro contagio de parte del personal.

En lo comercial fue y sigue siendo un impacto sensible debido a que se suspendieron varias ferias internacionales donde habitualmente participamos y significan gran tracción de ventas en el exterior. Y los contratiempos fueron los mismos que sufrió y continúa afectando a la población toda. Claramente hubo contratiempos del tipo proveeduría de materiales, partes, importaciones y el consecuente retraso en tiempos productivos.




Pucará: ¿Alguna reflexión que quiera transmitir a nuestros lectores?

JMC: Que, a pesar de los obstáculos varios, muchas PYMES del sector o vinculadas a la industria metalmecánica nacional continúan apostando a que la Argentina siga teniendo renombre mundial. Todos los recursos están aquí y debemos aprender a identificarlos y aprovecharlos, tanto en el ámbito público como en el privado.

*El autor es Master europeo en Dirección Estratégica y Tecnológica, fue Oficial Comando de la Armada Argentina y Asesor de los Ministros de Defensa y de Seguridad de la Nación; de Industria, Comercio y Desarrollo Tecnológico de Córdoba. Se desempeña como Consultor de Empresas y Organismos Gubernamentales.



Fuente: pucara.org

lunes, 27 de diciembre de 2021

Argentinos buscan llegar a la Luna con la nave más pequeña y económica de la historia
Un equipo de jóvenes de distintas universidades del país fue premiado en un concurso de innovación tecnológica en Dubái.




Un equipo de jóvenes de distintas universidades del país fue premiado en un concurso de innovación tecnológica en Dubái por desarrollar una nave espacial de 34 centímetros de altura que pretende ser "el vehículo más pequeño y económico de la historia en aterrizar en la Luna", contaron a Télam los responsables del proyecto.

Franco Ruffini, Tomás Boschetto y Facundo Gavino, tres ingenieros aeronáuticos egresados de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) se entusiasman cuando explican la misión Pulqui XXI que aspira a convertirse en un transporte espacial de "ultra bajo costo" utilizando el estándar de diseño CubeSat, que refiere a nanosatélites conformados por cubos de 10 centímetros.

"Nuestro vehículo es un CubeSat de tres unidades de estos cubitos, por lo que en total mide 10 x 10 x 34 centímetros de altura y sería el más pequeño en llegar a la superficie lunar", aseguró a Télam Ruffini de 23 años y flamante ingeniero aeronáutico.

El grupo conformado por nueve profesionales recibió el segundo puesto en el concurso #T-TeC que se realizó el 16 de diciembre en Dubái y fue organizado por las empresas Leonardo y Telespazio, líderes mundiales en alta tecnología aeroespacial.

"Recibir el premio fue una gran validación del trabajo que veníamos realizando hasta ahora y es un gran impulso para afrontar el futuro", aseguró Tomás Boschetto, quien viajó a Dubái junto con Ruffini en representación de todo el equipo.

"Notamos que varios referentes aeroespaciales del mundo demostraron bastante interés en nuestro proyecto y esa es una de las mejores experiencias que obtuvimos del viaje", agregó Ruffini.

La misión Pulqui XXI consiste en un vehículo de aproximadamente seis kilos, lo que lo distingue de otros equipos que rondan la media tonelada, a la vez que tiene la ventaja de "acceder a cráteres de muy difícil acceso".

"Nuestra nave tiene dos partes: un satélite y una sonda que simplemente se posa sobre la superficie lunar y es capaz de aguantar el impacto. Hasta ahora siempre que se aterrizó en la Luna fue con un cohete controlado", detalló Boschetto de 25 años y oriundo de la localidad bonaerense de Zárate.

La sonda tiene la forma de una esfera y está construida por barras de aluminio encastradas siguiendo el principio de una novedosa tecnología llamada "Tensegrity" que es desarrollada en el campo académico por el profesor argentino Julián Rímoli en la Universidad Georgia Tech de Estados Unidos, pero que todavía no fue puesta en práctica en ninguna misión.

Esta tecnología permite absorber mejor el impacto del alunizaje y "es como si fuera tirar una pelota de plastilina, se deforma sin rebotar y protege lo que va en el interior", graficó Boschetto, quien actualmente cursa una maestría en la Escuela Politécnica Federal (ETH) de Zúrich en Suiza.

Otra característica para destacar de la esfera son las velocidades de impacto: "en las pruebas realizadas en el Centro Tecnológico Aeroespacial (CTA) de la Facultad de Ingeniería de la UNLP las velocidades fueron de 25 y 50 kilómetros por hora", indicó a Télam Facundo Gavino y remarcó que el costo del prototipo de esta bola fue de "menos de un dólar".

"Toda la nave tiene un presupuesto de 120 mil dólares pero la diseñamos de tal manera que se puede comprar todo en el mercado", continuó el ingeniero de 25 años oriundo de la ciudad de Berazategui.

"El objetivo principal es mostrar que se puede llegar con poco", subrayó el joven y comparó el proyecto con una de las últimas misiones de Israel que tuvo un costo de 100 millones de dólares.

En la misma línea, Boschetto planteó que "si resulta tan barato desplegar equipos, nuestro proyecto tiene un potencial enorme para la expansión de la humanidad sobre el sistema solar".

Si bien su misión no es tripulada, puede colaborar en "establecer las bases" para instalar a futuro una colonia de astronautas en la Luna, indicó Ruffini y detalló que este satélite natural tiene gran importancia porque suele utilizarse "como escala para ir a Marte".

Otro de los objetivos del proyecto es que la esfera de la nave transporte en su interior un instrumento científico que pese alrededor de 250 gramos y sirva para relevar parámetros de interés como "presencia de agua en cráteres del polo sur, composición del polvo lunar, o radiación".

Hasta el momento, los prototipos que probaron en el Centro Tecnológico Aeroespacial resultaron "positivos" y los ingenieros señalaron a Télam que "la estructura funcionó como queríamos, así que ahora estamos trabajando en optimizarla".

Respecto a los próximos pasos, indicaron que van a utilizar el premio de 6.000 euros en desarrollar parte de la misión y aseguraron que hacerlo a través de la UNLP "sería un sueño".

Boschetto explicó que "por ahora el apoyo más fuerte que hemos tenido en concreto ha sido del país: tuvimos la ayuda de muchos profesores, los ensayos los hicimos en la UNLP y queremos participar en un programa de la Universidad para hacer pruebas de nuestro satélite en órbitas terrestres".

También realizaron ensayos de propulsión en la Facultad de Ingeniería del Ejército, donde estudiantes desarrollan el trabajo final de la carrera en misiones espaciales similares.

"Creemos que contamos con apoyo suficiente para dar los primeros pasos en Argentina y después aprovechar toda la ayuda que podamos", coincidieron los jóvenes a la vez que celebraron que "se están empezando a sumar muchas personas".

El equipo de la misión Pulqui XXI se formó para una competencia argentina llamada Open Space el año pasado y desde entonces trabajan juntos porque formaron un "re lindo grupo" que reúne a profesionales de distintas disciplinas: Franco Ruffini, Facundo Gavino, Sonia Botta, Frida Alfaro, Tomás Boschetto y Byron Escobar Benítez son ingenieros aeronáuticos por la UNLP; mientras que Santiago Manuel Labayen es ingeniero informático por la Universidad Argentina de la Empresa (UADE); Lucila Hermida es estudiante de diseño industrial en la Universidad de Buenos Aires; y María del Pilar Oubiña es estudiante de publicidad en la Universidad de Palermo.

El nombre de la misión hace referencia al primer avión a reacción de Argentina, y el octavo en todo el mundo, bautizado como Pulqui I que en lengua mapuche significa "flecha" y realizó su vuelo inaugural el 9 de agosto de 1947, marcando un hito histórico en la industria aeronáutica nacional.

Como una continuación de aquel proyecto, los jóvenes ingenieros aseguraron: "Con la misión Pulqui XXI queremos ser el primer alunizaje de Argentina y de Latinoamérica. Sabemos que lo vamos a terminar haciendo".



Fuente: ambito.com

viernes, 24 de diciembre de 2021

Este titánico buque coordinó el aterrizaje ruso en Venus y otras misiones espaciales
por Nikolai Shevchenko


Alexánder Mokletsov/Sputnik


Este increíble centro flotante de control de misiones espaciales empleaba 71 antenas y cuatro parabólicas gigantes, dos de las cuales pesaban juntas 480 toneladas.

A partir de los años 50, la Unión Soviética no escatimó recursos para desarrollar su programa espacial. Los ingenieros soviéticos lanzaron el primer satélite artificial, pusieron a un hombre en el espacio y realizaron la primera caminata espacial.

Cada misión era más dura que la anterior. Los nuevos objetivos exigían decisiones creativas. Esto fue especialmente cierto en el campo del control de las misiones de vuelos espaciales.

Los cálculos balísticos mostraron que las naves espaciales que orbitaban la Tierra hacían seis de sus 16 vueltas diarias sobre el Océano Atlántico. Durante esos periodos, la calidad de la comunicación con el control de la misión ubicado en la Unión Soviética siempre se deterioraba considerablemente.

Los científicos pensaron entonces en una solución inteligente: ¿Por qué no crear un control de misión flotante, capaz de supervisar los vuelos espaciales desde cualquier punto de la Tierra?

En 1971, el buque ‘Kosmonavt Yuri Gagarin’ fue botado.




El aspecto poco ortodoxo de la nave es lo primero que llamaba la atención, debido al desconcertante número de antenas y antenas parabólicas del que estaba dotado. La nave llevaba a bordo todo un complejo de comando y medición radiotécnica (llamado “Fotón”) para monitorear las naves espaciales en vuelo orbital.

El equipo permitía trabajar con hasta dos naves espaciales simultáneamente, enviándoles coordenadas, cambiando su trayectoria y manteniendo el contacto con los cosmonautas, utilizando teléfonos y telégrafos. El navío también estaba en constante comunicación con el Centro de Control de Misiones, en Korolev.


Alexánder Mokletsov/Sputnik



Además del control de vuelo, el “Kosmonavt Yuri Gagarin” también era capaz de buscar naves espaciales perdidas y supervisar el rescate de cosmonautas en el océano.

El buque tenía un total de 75 antenas y parabólicas de diferentes tamaños y propósitos. Pero de todas ellas, la mirada del observador siempre reparaba en las cuatro más grandes. Dos de ellas, instaladas en el puente de proa, tenían 12 metros de diámetro y pesaban 180 toneladas cada una. Las otras dos eran aún más grandes y más potentes, cada una de ellas medía 25 metros de diámetro y pesaba la asombrosa cantidad de 240 toneladas cada una.


Alexánder Mokletsov/Sputnik


La enorme cantidad y la ubicación específica de las antenas crearon ciertos problemas relacionados con la capacidad de navegación del barco, lo que requirió de la búsqueda de soluciones únicas y constructivas.

El mayor problema era asegurar la estabilidad del barco, su capacidad para soportar fuerzas externas y la habilidad de volver a un estado de estabilidad una vez que estas fuerzas disminuyeran.

Las gigantescas antenas parabólicas, con sus soportes y bases de sujeción, no sólo pesaban toneladas, sino que tenían que ser colocadas en los lugares menos convenientes para garantizar una navegación segura y estable. Los elementos más pesados se elevaban sobre la cubierta, mientras que en comparación, los equipos eléctricos y de navegación, muy ligeros, se encontraban bajo cubierta.



Sverdlov/Sputnik


Un problema adicional en la calidad de la navegación, acentuado por el gran tamaño de las antenas parabólicas, era que había que inclinarlas de lado cuando se establecía conexión más allá de nuestra atmósfera. Para evitar el riesgo de rotura, o que el barco simplemente volcara, las sesiones de comunicación nunca se realizaban con vientos fuertes.


Mai Nachinkin/Sputnik


Siempre que el barco estaba ocupado comunicándose con una nave espacial, no podía elegir cualquier rumbo y tenía que mantenerse en una trayectoria establecida. Esto llevó a la necesidad de mejorar la maniobrabilidad del navío incluso en condiciones climáticas favorables y a velocidades más bajas.

Para resolver esta tarea, se instalaron dispositivos especiales de dirección interna en forma de dos motores alados en la proa y en la popa. Esta construcción facilitaba el manejo a velocidades más bajas, durante los giros y el acoplamiento, compensando la fuerza de las mareas durante la comunicación.

Las tareas que se plantean ante un centro de control de una misión espacial flotante requieren de un alto grado de autonomía, dada la presencia casi constante del buque en el mar, lejos de combustible y provisiones. Las reservas de carburante afectan directamente al alcance de los viajes ininterrumpidos: éste es un factor crucial para tareas específicas que sólo pueden realizarse en determinados lugares, a menudo a cientos de millas del puerto más cercano.

El ‘Gagarin’ tenía una autonomía de 20.000 millas náuticas. En comparación, el alcance del portaaviones pesado 'Almirante Kuznetsov' es de sólo 13.546 km.


Alexánder Mokletsov/Sputnik



El Gagarin fue una parte crucial en las misiones espaciales soviéticas ‘Luna 20’, ‘Venera 8’ ‘Soyuz’ y ‘Salyut-7’.

A pesar de sus características únicas, el famoso buque tuvo un triste final. Tras la desintegración de la Unión Soviética, el barco, anteriormente registrado en Odessa, pasó a manos de la Ucrania independiente y su Ministerio de Defensa.

Los nuevos propietarios de la nave no albergaban ambiciones espaciales como sí los rusos y carecían de cualquier nave espacial o cosmódromo propio. El ‘Gagarin’, como resultado, quedó inactivo. En 1996, Ucrania vendió la nave a la compañía austriaca Zuid Merkur por 170.000 dólares por tonelada.

El 1 de agosto de 1996, el barco fue enviado a Alang, en la India, para su desguace.



Fuente: es.rbth.com

miércoles, 22 de diciembre de 2021

Entrevista con Raúl Kulichevsky: Tres décadas por la soberanía espacial argentina
por Nadia Luna




La Comisión Nacional de Actividades Espaciales cumplió 30 años de desarrollo tecnológico de alto nivel y compiló sus hitos en el libro “Mirar la Tierra desde el espacio”. El director ejecutivo y técnico, Raúl Kulichevsky, habló con TSS sobre los inicios del programa espacial, las misiones satelitales, el desarrollo del primer lanzador nacional y los desafíos que se vienen.

Como si la experiencia de lanzar un satélite fabricado en la Argentina no fuera lo suficientemente desafiante, en 2020 hubo un ingrediente que agregó más adrenalina: había que ponerlo en órbita en medio de una pandemia. El SAOCOM 1B iba a lanzarse en marzo del año pasado. El equipo enviado a la base de Cabo Cañaveral, en Estados Unidos, estaba terminando los últimos ensayos cuando supo que el lanzamiento se cancelaba hasta nuevo aviso debido a la crisis sanitaria que estaba empezando a causar el Covid-19.

“Fue traumático. Tuvimos que dejarlo allá, prácticamente listo para lanzarlo, y emprender el regreso con mucha frustración”, cuenta hoy a TSS el director ejecutivo y técnico de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE), Raúl Kulichevsky. Pero como vieron que las consecuencias de la pandemia se extenderían, enseguida empezaron a pensar cómo podían modificar los procedimientos para poder lanzar el satélite en el nuevo contexto mundial.


Centro Espacial Teófilo Tabanera de la CONAE (Córdoba).


Así, durante el año pasado hubo que organizar burbujas de trabajo tanto para el equipo que volvería a viajar a la base estadounidense como para los grupos encargados de monitorear y comandar el satélite desde Córdoba, Buenos Aires y Bariloche. Primero se reprogramó para julio, pero se volvió a cancelar. Finalmente, en medio de protocolos sanitarios, cuarentenas estrictas y aún sin vacunas disponibles, el 30 de agosto de 2020 el satélite se puso en órbita. “Sin dudas, el lanzamiento del SAOCOM 1B es uno de los hitos históricos de la Conae”, afirma Kulichevsky.

Este año, la principal institución encargada de desarrollar tecnología espacial en la Argentina cumplió tres décadas de existencia. Para celebrar sus logros y plantar la semilla de nuevos desafíos, la CONAE acaba de publicar el libro “Mirar la Tierra desde el espacio: 30 años de la Agencia Espacial Argentina”. Allí, se hace un repaso por la historia de la institución, sus principales hitos y la importancia de invertir en desarrollos tecnológicos a largo plazo para tener mayor soberanía espacial.

“Nuestra misión principal es brindar información satelital vinculada a la observación de la Tierra a partir del diseño, la fabricación y el ensayo de satélites pensados especialmente para satisfacer las necesidades de nuestro país. Para lograr esto, trabajamos con una gran comunidad de contratistas e instituciones del sistema científico. A su vez, ese desarrollo tecnológico derrama positivamente en otras actividades. Por ejemplo, a raíz de su trabajo en la misión SAOCOM, la empresa rionegrina INVAP desarrolló también radares para control de tránsito aéreo y meteorológicos que permitieron la sustitución de importaciones por cientos de millones de dólares”, explica el ingeniero.


Un hito. El SAC-A. Tras el lanzamiento desde el transbordador espacial Endeavour en 1998.


Por eso, hay dos objetivos que se desprenden directamente de la misión principal de CONAE: el impulso a la creación y fortalecimiento de empresas de base tecnológica que funcionan como proveedoras de insumos, y la capacitación de recursos humanos calificados para poder llevar adelante estos desarrollos de alta complejidad. Solo para la misión SAOCOM, participaron más de ochenta empresas y unos novecientos trabajadores del sistema científico, entre ingenieros, técnicos, científicos y estudiantes.

Además de tener convenios con universidades para el dictado de carreras y posgrados vinculados al mundo espacial y satelital, la CONAE creó en 2006 el Programa 2Mp, que permite llevar la tecnología espacial a las escuelas primarias y secundarias de todo el país para despertar el interés de los más jóvenes. “La pata educativa de la CONAE es muy importante porque todo lo que hacemos sería imposible de lograr sin la capacitación de recursos humanos”, remarca Kulichevsky.

La cocina de los satélites: el Plan Espacial Nacional

La CONAE se creó el 28 de mayo de 1991 a través del decreto 995/91. Su antecedente inmediato era la Comisión Nacional de Investigaciones Espaciales (CNIE), que funcionaba bajo la órbita de la Fuerza Aérea. La CONAE, en tanto, nació como un organismo espacial civil, dependiente de la Presidencia de la Nación, concebido para interactuar con las principales agencias del mundo, como la Administración Nacional de Aeronáutica y Espacio de Estados Unidos (NASA) y la Agencia Espacial Europea (ESA). Su primer presidente fue el astrónomo Jorge Sahade, que estuvo a cargo de las tareas fundacionales. En 1994, asumió el ingeniero Conrado Varotto, quien desempeñó el rol de director ejecutivo y técnico hasta 2018.

En 1994, se diseñó el primer Plan Espacial Nacional, estableciendo la actividad espacial como política de Estado. “La CONAE decidió concentrar los esfuerzos en desarrollar satélites de observación de la Tierra. Lo lógico era ir arriba, al espacio, para mirar hacia abajo, a la Tierra, y así producir información de claro impacto socioeconómico para el país, manteniendo una cierta libertad para generar nuevas ideas, sin renunciar a la posibilidad del acceso al espacio por medios propios”, recuerda Varotto en el libro.


“Varotto (centro, en la foto) es el alma máter de la actual CONAE. Es un enorme desafío y responsabilidad tener que continuar su legado”, dice Kulichevsky.


La creación de ese plan es, para Kulichevsky, el primer gran hito de la CONAE porque fue lo que marcó la hoja de ruta a seguir en las décadas siguientes. “Todo nace a partir del Plan Espacial Nacional. Allí se contemplan cuáles van a ser nuestras actividades en los próximos diez años y luego se hacen revisiones periódicas cada dos o tres. Este año estuvimos trabajando en una nueva versión del plan y convocamos para ello a los distintos actores involucrados, desde usuarios de la información espacial hasta diversos sectores del sistema científico-tecnológico, empresas, ministerios, para detectar y definir cuáles son las principales necesidades que tienen”, explica Kulichevsky.

Como ingeniero aeronáutico, Kulichevsky comenzó a vincularse con la CONAE en 2002, cuando trabajaba en la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA). Ese año, las instituciones habían firmado un convenio para el desarrollo de la estructura y mecanismos de la antena SAR, el corazón de la misión SAOCOM. Al poco tiempo comenzó a trabajar en la CONAE y pasó por diversos proyectos hasta que en 2016 asumió como director adjunto de la agencia y en 2018, tras la jubilación de Varotto, se hizo cargo de la dirección ejecutiva y técnica. “Varotto es el alma máter de lo que hoy es la CONAE. Para mí, es un enorme desafío y responsabilidad tener que continuar su legado”, dice Kulichevsky.

Otros grandes hitos de la CONAE son, por supuesto, las misiones satelitales. La primera fue la serie SAC (Satélites de Aplicaciones Científicas), que constó de cuatro satélites de observación de la Tierra desarrollados junto con la NASA. El primero en lanzarse fue el SAC-B, en 1996. Llevaba cuatro instrumentos científicos pero no pudo completar su misión debido a una falla del vehículo lanzador Pegasus que no logró separarse del satélite. Pese a la falla, llegaron a establecer comunicación con el SAC-B y comprobaron que funcionaba correctamente. En 1998, se lanzó el SAC-A, concebido para ensayar diversas tecnologías y metodologías de desarrollo que fueron utilizadas en las subsiguientes misiones de la CONAE.




En tanto, el SAC-C fue puesto en órbita en 2000 y se convirtió en el primer satélite argentino de observación de la Tierra. El éxito de esta misión demostró que nuestro país tenía la capacidad científica y tecnológica para realizar un proyecto espacial con un fuerte componente de cooperación nacional para su desarrollo y construcción. Finalmente, en 2011 se lanzó el SAC-D/Aquarius. En esta misión, la NASA le confió a la Argentina el Aquarius, instrumento principal a bordo del satélite, en cuyo desarrollo invirtió unos 220 millones de dólares. Entre sus principales logros, se destaca la creación de mapas semanales de la salinidad superficial del mar a nivel global, lo cual constituye información sin precedentes para el estudio del cambio climático del planeta.

En paralelo a esos desarrollos, la CONAE estaba trabajando en otra ambiciosa misión satelital. En 2005, había firmado con la Agencia Espacial Italiana un convenio para la fabricación y puesta en órbita del Sistema Ítalo-Argentino de Satélites para la Gestión de Emergencias (SIASGE). Se trata de una constelación conformada por seis satélites, dos de los cuales son los argentinos SAOCOM 1A – lanzado en 2018 – y 1B – lanzado en 2020 -. Cada uno pesa 3.000 kilos y lleva a bordo un Radar de Apertura Sintética (SAR) en banda L, una longitud de onda que le permite atravesar la superficie de los suelos para obtener información. Además, a diferencia de los instrumentos ópticos de observación que dependen de la energía solar, los radares pueden generar datos de día y de noche, esté despejado o nublado.


Lanzamiento del SAC-1B en 2020.


Si bien estos satélites toman datos de todo el mundo, el énfasis está puesto en resolver las necesidades planteadas por otras instituciones nacionales, como el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), que necesitaba elaborar mapas de humedad del suelo para brindar información a los productores; y el Instituto Nacional del Agua (INA), para mejorar el pronóstico de inundaciones y sequías. “Los lanzamientos son momentos clave que representan muchos años de trabajo previo pero también posterior porque es el punto de partida para la siguiente fase: empezar a proveer información satelital en tiempo y forma a todos esos organismos que la precisan”, señala Kulichevsky.

Lo que se viene: el primer lanzador y satélites de nueva generación

Además de los importantes logros en materia satelital, en 1996 la CONAE planteó otro objetivo: desarrollar tecnología espacial para poner en órbita los satélites fabricados en el país. El área de Acceso al Espacio es la encargada de llevar adelante el proyecto de Vehículos Lanzadores. En el 2007, se lanzó el Tronador I, un vehículo de tres metros de longitud que inició la serie de prototipos de lo que será el primer lanzador argentino. El ensayo más reciente en esta línea fue el del VEx5A, lanzado en 2017.

La empresa VENG es la contratista principal del segmento de vuelo de este proyecto mientras que INVAP lo es del segmento de tierra. En tanto, diversas universidades, institutos del CONICET y empresas proveedoras locales se encargan del desarrollo de distintas partes y procesos, como es el caso de investigadores de la Universidad Nacional de Mar del Plata, que trabajan en el desarrollo de materiales compuestos resistentes y ultralivianos para la fabricación del lanzador. “Poder lanzar nuestros satélites desde nuestro país es el desafío más importante que vamos a estar encarando en los próximos años, además de avanzar en la próxima generación de satélites SAOCOM, el proyecto SABIA-Mar y los satélites de arquitectura segmentada”, adelanta Kulichevsky.


Antena radar del SAC-1B en su fase de preparación.


Los SABIA-Mar son dos satélites concebidos junto con la Agencia Espacial Brasileña (AEB) para el estudio del mar y las costas. Este proyecto está en la etapa de ingeniería de detalle y la puesta en órbita del primero está prevista para 2023. En tanto, la serie SARE de arquitectura segmentada representa un nuevo concepto en materia satelital, ya que es como un clúster de pequeños satélites que se comunican entre sí y que tienen ventajas como que, ante una falla, se pueda reemplazar solo el segmento que no funciona.

Como todos los proyectos de la CONAE son a largo plazo es muy importante que haya una inversión sostenida en el área, más allá de los cambios de gobierno. Sin embargo, al igual que sucedió con el resto del sistema científico argentino, durante el gobierno anterior hubo un desfinanciamiento generalizado hacia el sector, lo cual retrasó proyectos y generó la caída de convenios con algunos proveedores.

“Los problemas presupuestarios que tuvimos impactaron no solo en el desarrollo de los proyectos, sino también en la posibilidad de retener recursos humanos. A todos los que estamos en CONAE nos mueve la pasión, pero también necesitamos que haya un horizonte claro y un apoyo político. Hoy estamos viendo cómo retomar convenios con pequeñas y medianas empresas que estaban relacionadas con nuestros proyectos y a los que no pudimos darle continuidad. Ese es otro desafío que tenemos: volver a entusiasmar y convencer a esas empresas de que vale la pena ser parte de estos proyectos tecnológicos tan valiosos para nuestro país”, finaliza Kulichevsky.


2021. Antena Radar SAOCOM 1B y personal del LIE en el CETT-CONAE.




martes, 21 de diciembre de 2021

Radares de INVAP: 10 años vigilando el espacio aéreo
En noviembre pasado se cumplieron diez años de la puesta en funcionamiento del primer radar funcional de vigilancia del espacio aéreo desarrollado por la empresa INVAP. Hablamos con Darío Giussi, gerente del área de defensa de la empresa, para contar cómo evolucionó el desarrollo de la familia RPA y qué se viene.
Por Santiago Rivas



En noviembre de 2011, INVAP instalaba el MET 5, o Modelo de Evaluación Tecnológica 5, del proyecto del Radar Primario Argentino (RPA), coronando el desarrollo, desde cero, del primer radar de vigilancia de largo alcance producido en la Argentina, un hito que demostró la capacidad de producir localmente alta tecnología para la defensa y seguridad. El MET 5, aunque no era el modelo de serie, era el último modelo de desarrollo del radar, ya con plenas capacidades operativas, que serviría para validar el producto. Según explica Darío Giussi, gerente del área de defensa de INVAP, esta validación implicaba no solo verificar que se cumplan los requerimientos en cuanto a capacidades del radar, sino también que eso se cumpla de la manera que el usuario lo requiere y en un contexto operativo normal. “Esto nos puso del lado seguro, de haber probado la resolución técnica de la mayor parte de los desafíos y riesgos que implicaba el desarrollo de este radar, que era más ambicioso que lo que habíamos hecho con los RSMA (Radar Secundario Monopulso Argentino, para control de tránsito aéreo) y, de esa manera, estar confiados y poder avanzar hacia la fabricación en serie” explica Giussi, quien agrega que este paso “consolidó la decisión de avanzar en la fabricación de la primera serie, que consistió de seis radares, cinco de los cuales están instalados”.




INVAP trabaja de una manera en la que los desarrollos se van probando con modelos incrementales, en donde se van evaluando distintas funcionalidades, cada uno de los cuales se llama Modelo de Evaluación Tecnológica, hasta ir integrando todo en el modelo final. En el caso del RPA, se inició con un MET 1 muy elemental, un MET 2, que era un modelo funcional, pero de corto alcance y menor resolución, pero que les permitió probar la capacidad de detección y el sistema end-to-end. El MET 3 empezó a validar tecnologías definitivas y después se convirtió en el RAM, con una antena del mismo ancho, pero un cuarto de la altura final del RPA. “Teníamos la resolución azimutal, pero no la capacidad de detección ni la resolución en elevación que tiene el radar definitivo, pero ya tenía los módulos de transmisión y recepción de potencia plena. Era uno de los desafíos hacerlos en Argentina, a tal punto de que, como plan de mitigación de riesgos, habíamos contactado a una empresa europea de RF y radares porque ya tenían en desarrollo un módulo de transmisión y recepción, y nosotros queríamos tener un plan B, aunque fuera para las primeras unidades. Tenían el desarrollo avanzado y nos pasaron una cotización un poco elevada, pero la consideramos. Estaban resolviendo temas de refrigeración y demás. Al final seguimos con el nuestro y este diseño terminó siendo exitoso. La anécdota es que, cuatro años después, en un evento muy importante, me encontré con la gente con la que había hablado y nos preguntaron cómo nos había ido con el desarrollo y nosotros les respondimos ‘bien, acá está el radar’, y nos responden ‘¿nos podrían vender los módulos TR?, porque nosotros no llegamos…’” cuenta Giussi. El modelo que siguió al MET 3 fue el 4 en 2010, que era solamente estructural, con la antena final para evaluar sus mecanismos, la calificación ambiental y estructural y otros parámetros, sin que tenga capacidad de emisión. Validados todos los parámetros, se avanzó con el MET 5, que era el modelo final, aunque aún le faltaba la parte de contra-contramedidas, pero ya se estaba por buen camino y en 2011 se instaló. “Ahí se vio el resultado, en un producto desarrollado desde cero y producido en la Argentina por INVAP y un conjunto de empresas y organismos. Y con un trabajo desde distintos roles, pero con el mismo objetivo, con la Fuerza Aérea, usuario del sistema. Desarrollo nacido de una decisión soberana del Gobierno Nacional, que fue la creación del SINVYCA, en el año 2004” explica Giussi. Con esa iniciativa clave de “hacer los radares en el país y con INVAP” se puso fin a varios años de fracasos en procesos de adquisición, generando también una enorme oportunidad, tecnológica y operativa.




Cuando se instaló el MET 5, la empresa estaba además pasando de la primera a la segunda serie de radares secundarios, que era la primera consecuencia del SINVYCA y con el RPA avanzado, ya teníamos el segundo saldo positivo de esa decisión clave. “Después se ejecutó el contrato de la serie, se instalaron los radares, con todos los bemoles que tuvo la obtención de los sitios, que no son del Ministerio de Defensa, son sitios provinciales o privados, con una gestión muy compleja. Después de ralentizó el proyecto, en el periodo 2016 a 2019, por falta de inversión. Así y todo, tuvimos la posibilidad y el desafío de desarrollar una variante dentro de esta familia, que es el RPA 170, que nos lo pidió el Gobierno Nacional para el G20, durante 2018. Hicimos un radar táctico basado en la tecnología del RPA 240 en diez meses, (además de dos modernizaciones de los TPS-43). Realmente fue una cosa muy rápida y exitosa. Ese radar evolucionó a lo que es ahora el RPA 200, que representa la mayor parte del nuevo contrato de la Serie 2 que firmamos en marzo de este año con la Fuerza Aérea Argentina, y que se viene ejecutando muy bien con recursos del Fondef” contó Giussi.

En cuanto a la diferencia entre los modelos RPA 170, 200 y 240, Giussi explicó que la principal es la evolución de tecnologías utilizadas, algunas diferencias en la capacidad de detección y su capacidad de despliegue. La denominación de cada uno indica las millas náuticas de alcance instrumentado. El 240 es un radar transportable/fijo, ya que se lo puede reubicar en módulos del tamaño de contenedores ISO20, que pueden entrar en la bodega de un Hercules, pero no es un radar de despliegue rápido. En cambio, el 170 y el 200 sí lo son, aunque del 200 hoy la Fuerza Aérea Argentina está comprando la variante fija, ya que irán a sitios determinados, como los del 240.

El RPA 200 es un radar más compacto y que agrega, entre otras, tecnologías de Digital Beam Forming, lo cual le da una mayor versatilidad, un mejor rechazo de interferencias y una mejor relación desempeño/tamaño . “Aunque tiene una capacidad de detección algo menor que el 240, es totalmente apto para el requerimiento operativo y con un costo de ciclo de vida aún menor que su predecesor. Está planeado también un modelo que se denominará RPA 250 de 250 millas náuticas, también en variantes móvil y transportable/ fijo, que se obtiene por escalado del 200”, agrega Giussi y explica que esta versión se ha pensado en principio para algunos clientes internacionales, que han piden más volumen de cobertura y algunas capacidades de detección particulares, para otros usos. No descartamos que sea parte del SINVYCA también en la siguiente etapa.

Actualmente la empresa está produciendo la nueva serie de radares contratados en marzo de 2021, aunque a un ritmo un poco más lento de lo pensado debido a la pandemia, y la crisis de los semiconductores, que llevó a que se retrase la llegada de algunos componentes, pero igualmente el proyecto se encuentra dentro del cronograma previsto. También se está trabajando en la producción de los dos radares para Nigeria que, si bien son de uso civil, se basan en la misma plataforma del RPA 200 y serán móviles.




El área de radares de INVAP

INVAP es una empresa que tiene una estructura matricial. “Nosotros tenemos cuatro áreas de negocio, una de las cuales se conoce como “radares2, porque es lo principal que hacemos, pero hacemos otras cosas dentro de lo que es defensa y seguridad, aeronavegación y ambiente. Entonces esa matriz en INVAP se compone de grupos de proyecto y de Ingeniería de Sistema y especialistas en cada área de negocio, y las áreas tecnológicas que son transversales a la empresa, encargándose del diseño de detalle y la provisión de base. Después eso se integra, se verifica, se valida y se entrega al cliente. Hoy aproximadamente hay unas 250 personas trabajando directamente en radares, más subcontrataciones. Es una actividad de desarrollo e ingeniería, pero también hay una actividad productiva importante en las series. El contrato RPA 200 lo estamos desarrollando con la Fuerza Aérea Argentina y el MINDEF, con la coordinación de la Secretaria de Investigación, Política Industrial y Producción para la Defensa, tenemos el contrato de Nigeria y otro contrato más que estamos por firmar, estamos encarando por ahora una serie de 10 unidades”, contó Giussi, y agregó que ese último contrato es para un cliente nacional, mientras que de a poco se va retomando la agenda internacional y esperan tener buenas noticias en 2022.

La familia de radares

De los desarrollos de radares de uso militar, INVAP ha avanzado hacia una familia, que sumará radares aerotransportados, de defensa aérea, de infantería y antidrones, entre otros. “Cuando empezamos a hacer nuestros primeros radares, los secundarios y la modernización de los RASIT, que fueron dos proyectos contemporáneos, lo veíamos solo como proyectos tecnológicos, muy interesantes y para resolver necesidades puntuales de la Argentina. Después fuimos aprendiendo el dominio, entendiendo los distintos ámbitos de aplicación, los conceptos operativos, fuimos aprendiendo del dominio de la defensa y de la seguridad, que en cierto sentido usa soluciones parecidas, pero que tiene características diferentes. Del dominio de la aeronavegación, que es un dominio y un área de negocios con leyes muy exigentes. Luego, los radares meteorológicos, que tienen algunas tecnologías comunes y otras no, y usos diferentes y actividades importantes de vinculación con la Academia y la investigación. Fuimos entendiendo por dónde podríamos ir desarrollando esas capacidades de radar como tecnología clave, estratégica en términos soberanos, que ahora tiene la Argentina. Fuimos aprendiendo, en Defensa, en conjunto con la Fuerza Aérea, con el Ejército y con la Armada y eso nos permitió ir evolucionando hasta plantearnos sistemas competitivos en el mercado y aumentando nuestra oferta, y ahora estamos incursionando en los radares aerotransportados. Con un ‘roadmap’ que incluye antenas AESA de barrido electrónico de distinta complejidad, radares embarcados y radares de defensa antiaérea. Lo que vemos que hace falta acá y que se demanda y hace falta también en muchos otros mercados, con una oferta que sea competitiva en precios y en prestaciones” describe.

En este punto, una de las mayores ventajas de INVAP en el mercado internacional es que hoy ofrece tecnologías que, si bien algunos países dominan, muchos de ellos no las venden en el mercado internacional. Esto permite a otras naciones poder acceder a ellas, además de hacerlo a un costo competitivo.


Render del radar desarrollado para Nigeria.


De los productos de la familia de radares, Giussi explica que tanto con el radar de vigilancia terrestre y el de defensa aérea han avanzado en la ingeniería. El de vigilancia terrestre y de defensa aérea de baja cota ahora entrará en la etapa de prototipo. Ya tienen un diseño maduro para avanzar en un MET y apuntan a ir escalando el trabajo para concretar contratos.

A la vez, están trabajando con EANA en la modernización de los radares secundarios con modo S, nuevos radares primarios de área terminal, así como en incorporación de ADS-B, para lo cual tendrán productos en campo en 2022. Y con la Secretría de Infraestructura y Política Hídrica se acaba de firmar la etapa 3 del Sistema Nacional de Radares Meteorológicos, con diez radares nuevos.

Con respecto al RMF200 de defensa aérea terrestre y embarcado, están negociando contratos con todas las fuerzas, con el objetivo de que se use tanto en unidades terrestres como en buques, para defensa antiaérea y, en el caso de los últimos, también para detección de superficie. “Esas cosas las estamos cerrando, en todos los casos apoyados con la enorme contribución que significa el Fondef. Como ya lo hemos charlado en otras oportunidades, un recurso muy importante que tiene que mantenerse por encima de vaivenes políticas, es esencial que se mantenga como recurso nacional y Política de Estado” sostuvo Giussi y agregó que la inversión del Estado en estos proyectos, alimenta todo un ecosistema que INVAP tracciona. “Nosotros decimos por cada dos pesos o dólares que entran a INVAP en términos de contrato, típicamente uno de esos sale al ecosistema productivo, tenemos cerca de mil proveedores (desde unipersonales hasta PyMES), de software, productoras de estructuras, de mecanismos, pintura, electrónica, obra civil, servicios, etc. Eso, a su vez, tiene otro factor de multiplicación, porque ese peso o dólar en tecnología se multiplica varias veces más en la cadena productiva”.

En este punto, destaca la importancia de desarrollar productos tecnológicos que luego generan exportaciones de alto valor, destacando que en la última década INVAP realizó exportaciones por 2.000 millones de dólares, a lo cual hay que sumar las soluciones para el mercado local que permitieron sustituir importaciones. En ese sentido, para ejemplificar otra experiencia en la región, destacó el camino realizado por Brasil, que se ha consolidado como productor de tecnología, con persistencia y decisiones acertadas. “En ese sentido y a pesar de muchas diferencias evidentes, Embraer es un buen punto de referencia”, “Una decisión soberana tomada hace algunas décadas de impulsar el transporte aerocomercial entre ciudades, desarrollo de flota propia (con capacidades iniciales que obtuvieron en su momento de nuestra fábrica de aviones, hoy FAdeA) y hoy un jugador de primera línea mundial, manteniendo esa política en el tiempo”.

En cuanto a cómo es la oferta de INVAP, ejemplificó: “en el área satelital tuvimos una experiencia de exportación y transferencia importante con Brasil, ellos hicieron algunos contratos con otros países: con Europa no les fue muy bien, con Oriente no les fue muy bien, con nosotros les fue bien. La aviónica, las computadoras de a bordo, la plataforma de su primer satélite es algo que desarrollaron acompañados por nosotros, en un proceso de transferencia y de formación de personal. Y hoy han hecho ese sistema solos, para el satélite Amazonia. Es interesante, porque es parte de la oferta exportable de INVAP, no vendemos solo productos, sino también capacidades, porque esta bueno que desarrollen también, nosotros creceremos, desarrollaremos más, nos asociaremos…quizás haya competencia en algún punto, pero lo que dominará es un avance de la región, y cooperaciones. Siempre insisto en lo mismo, no hace falta comprar mucha tecnología de otros países más desarrollados, podemos resolverlo con lo que hay acá si tenemos el grado de consenso y de coordinación adecuado, y fundamentalmente de decisión de los responsables políticos para que estos procesos tengan continuidad. En todo caso, la soberanía del conocimiento es indispensable para elegir que hace uno y que compra”.


Render del proyecto de radar RMF200 de defensa aérea.


Radares aerotransportados

En este segmento, INVAP está trabajando, por un lado, en el pod para el Pucará Fénix con un radar de banda X de apertura sintética (SAR), y barrido electrónico y por otro en uno con una antena giratoria que apunta a los Beechcraft Huron de la Fuerza Aérea Argentina, a los B-200 y P-3B Orión de la ARA, para vigilancia aire-tierra o aire-mar. “El producto se llama RMF 160 y también hay un escalado de productos más chicos para plataformas no tripuladas. Este es el primero que estamos haciendo, después vendrían alguna variante más grande, para otras plataformas y misiones”, explicó Giussi.

El RMF 160 también lo plantean para helicópteros, pero primero planean trabajar con modelos que ya están certificados con transformaciones estructurales que permiten albergar un radar de este tipo. Esto permitirá a INVAP ofrecer en el mercado global una plataforma de vigilancia competitiva con un radar SAR, que es muy importante, porque no lo obstaculizan las nubes y tiene un alcance muy importante.

Por otro lado, la empresa trabaja en conceptos de sistemas de alerta radar y guerra electrónica, “es un tema que lo mantenemos activo, tanto el Radar Warning Receiver como los equipos MAE y SIGINT”, explicó, con lo cual la empresa podría en el futuro ofrecer sistemas que permitan una mejor conciencia situacional y estar mejor preparados para enfrentar amenazas.


Proyecto de radares de infantería.

Futuro

Cuando le preguntamos sobre cómo ve la actividad en radares de INVAP para los próximos diez años, Giussi destacó que ve una continuación en la ejecución de estos planes soberanos como el SINVYCA, los productos antes mencionados y aportando junto a otros actores en nuevos programas, como el SINVYCEM, “todo un capítulo el de los radares costeros, y/o los OTH (Over The Horizon, más allá del horizonte), ambos de vigilancia desde tierra al mar. Esto sumaría a consolidar las respuestas a necesidades importantes de nuestro país. Geográficamente nos vemos en América Latina en varios países, probablemente con alguna asociación y sin dudas con coproducciones locales, siendo así referentes en el continente, y desarrollando una oferta competitiva en otros, como África y Asia que son mercados que crecen. Lo veo también contribuyendo a que se desarrolle la tecnología radar en ámbitos académicos y de investigación, (con todo el conocimiento científico y tecnológico que implica), porque es un área indispensable para avanzar de manera sustentable. Las funciones del radar hoy están presentes en muchas aplicaciones sensibles desde el espacio al mar, desde la Defensa a la Ciencia, cada vez más. En términos de sistema, nos imaginamos también una tendencia a la descentralización, a que haya muchos más sensores de menor alcance, redes de sensores o de sensores que tengan capacidades de procesamiento distribuidos funcionando a través de mecanismos avanzados de conectividad de manera colectiva. Mirando horizontes más largos, también hay conceptos nuevos, un poco en términos científicos y claramente en tecnología, como los radares cuánticos, que es algo muy interesante. Si se cumple la mitad de lo que promete podría ser un “game changer” ya que mejoraría notablemente la sensibilidad de la detección, la posibilidad de clasificar blancos, detectar cosas que están muy mezcladas con el ruido y también serían muy robustas a técnicas de engaño y ataque electrónico. Por ahora es incipiente, pero será lindo ver cómo evoluciona. Definitivamente vamos a un mundo donde la conciencia situacional va a estar atada por muchos sensores en red: radares activos y pasivos, sensores ópticos, lidares y otros, interconectados en tiempo real y con mucha inteligencia artificial corriendo sobre enormes volúmenes de datos para obtener información”.



Fuente: pucara.org
Científicos hallan nuevas pistas sobre la vida en Venus: ¿podría ser habitable pese a su atmósfera abrasadora?
Venus es el planeta más caliente del sistema solar, con temperaturas de hasta 480 grados centígrados, aunque en los términos de tamaño, masa y densidad se parece mucho a la Tierra.


Imagen ilustrativa. Shutterstock


Un grupo de investigadores liderado por la astrofísica Sara Seager, profesora de ciencias planetarias del Instituto de Tecnología de Massachusetts (EE.UU.), sugiere en un estudio publicado este lunes en Proceedings of the National Academy of Sciences que el amoníaco contenido en las nubes venusianas puede hacer apto para la vida a este planeta abrasador.

El año pasado, la científica participó en otro estudio que, por primera vez, planteó la posibilidad de habitar algún día Venus después de detectar gas fosfano en su atmósfera, que en pequeñas cantidades se puede producir naturalmente como resultado de la degradación de materia orgánica.

"Fue bastante controvertido, pero llamó mucho la atención sobre Venus", contó Seager a Inverse.

Venus es el segundo planeta más cercano al Sol, pero el más caliente de nuestro sistema, con temperaturas de hasta 480 grados centígrados, aunque en términos de tamaño, masa y densidad se parece mucho a la Tierra. La atmósfera de Venus está formada principalmente por dióxido de carbono y atrapa el calor, como ocurre actualmente con los gases de efecto invernadero en nuestro planeta.

Sin embargo, los científicos depositan su esperanza en las nubes venusianas, ya que sus temperaturas son más soportables, y la potencial habitabilidad del planeta puede originarse en las gotas de líquido de las que estas se componen.

Mientras algunos autores del estudio publicado en 2020 quisieron seguir investigando la posibilidad de que las nubes de Venus pudieran ser habitables, dejando de lado las investigaciones relacionadas con el fosfano, el equipo de Seager creó un modelo químico de la atmósfera venusiana suponiendo que el planeta posee una forma de vida que genera el gas de amonio, producido naturalmente por la putrefacción de plantas y animales.

Aunque los científicos no están seguros del origen del amoníaco venusiano, sugieren que puede ser el resultado de procesos biológicos, que también explicarían la presencia de oxígeno en la atmósfera, detalla Inverse.

"Una consecuencia realmente agradable de ello [la presencia de amoníaco] es que algunas de las gotas de las nubes de Venus fueran más habitables de lo que se pensaba", explicó Seager. La mayoría de estas partículas están hechas de ácido sulfúrico, una sustancia peligrosa y tóxica para la vida terrestre. Pero si el nuevo modelo es correcto, algunas de las gotas, tal vez, no son tan ácidas como el ácido sulfúrico puro y concentrado.

A pesar de que el reciente estudio no aporta ninguna prueba de vida en Venus, es un paso importante para descifrar los misterios del planeta y evaluar su potencial para ser habitable.

"No afirmamos que haya vida en Venus. Solo estamos planteando una hipótesis", aclaró la astrofísica. "Y en un futuro muy lejano, si todo va bien, podremos intentar traer a la Tierra una muestra de nube para buscar la propia vida", agregó.