miércoles, 22 de junio de 2022

Las naciones ricas están tallando el espacio y sus riquezas, y dejando a otros países atrás
Las tendencias actuales sugieren que las naciones poderosas están definiendo las reglas de uso de recursos en el espacio y el acceso satelital de manera que dificultará que las naciones en desarrollo se pongan al día.
Por Theodora Ogden


Hay una bandera estadounidense en la luna, pero en el futuro, los países pueden comenzar a convertir el acceso a la luna y los asteroides en riqueza seria. NASA/Neil A. Armstrong


Los satélites ayudan a ejecutar Internet y la televisión y son fundamentales para el sistema de posicionamiento global. Permiten el pronóstico del clima moderno, ayudan a los científicos a rastrear la degradación ambiental y desempeñan un papel importante en la tecnología militar moderna.

Las naciones que no tienen sus propios satélites que proporcionan estos servicios dependen de otros países. Para aquellos que desean desarrollar su propia infraestructura satelital, las opciones se están agotando a medida que se llena el espacio.

Soy investigadora de la Universidad Estatal de Arizona, estudiando los beneficios más amplios del espacio y las formas de hacerlo más accesible para los países en desarrollo.

La inequidad ya se está desarrollando en el acceso a los satélites. En el futuro no tan lejano, la capacidad de extraer recursos de la luna y los asteroides podría convertirse en un punto importante de diferencia entre los que tienen acceso al espacio y los que no tienen. A medida que surgen políticas, existe el riesgo de que estas desigualdades se vuelvan permanentes.


Las órbitas geoestacionarias, donde un satélite permanece por encima de un solo punto a lo largo del ecuador de la Tierra, son muy valiosas. Pero solo hay suficiente espacio para 1.800 satélites en esta órbita, y muchas de estas posiciones ya están tomadas o habladas. Mikerun/Wikimedia Commons


Dónde estacionar un satélite

Gracias a la rápida comercialización, la miniaturización y la caída de los costos de la tecnología satelital en los últimos años, más países pueden obtener los beneficios del espacio.

Los cubsats son satélites pequeños, baratos y personalizables que son lo suficientemente simples como para ser construidos por estudiantes de secundaria. Empresas como SpaceX pueden lanzar uno de estos satélites en órbita por un precio relativamente barato, desde $ 1.300 por libra. Sin embargo, solo hay tantos lugares para "estacionar" un satélite en órbita alrededor de la Tierra, y estos se están llenando rápidamente.

El mejor estacionamiento está en la órbita geoestacionaria, a alrededor de 22.250 millas (35.800 kilómetros) sobre el ecuador. Un satélite en la órbita geoestacionaria gira a la misma velocidad que la Tierra, permaneciendo directamente por encima de una sola ubicación en la superficie de la Tierra, lo que puede ser muy útil para las telecomunicaciones, la transmisión y los satélites meteorológicos.

Solo hay 1.800 espacios orbitales geoestacionarios, y a partir de febrero de 2022, 541 de ellos estaban ocupados por satélites activos. Los países y las empresas privadas ya han reclamado la mayoría de las posiciones desocupadas que ofrecen acceso a los principales mercados, y los satélites para llenarlos actualmente están siendo ensamblados o en espera del lanzamiento. Si, por ejemplo, una nueva nación espacial quiere poner un satélite meteorológico en un lugar específico en el Océano Atlántico que ya está reclamado, tendrían que elegir una ubicación menos óptima para el satélite o comprar servicios del país que ocupan el lugar que quería.

Las espacios orbitales son asignados por una agencia de las Naciones Unidas llamada Unión Internacional de Telecomunicaciones. Las posiciones son gratuitas, pero van a los países por orden de llegada. Cuando un satélite llega al final de su vida útil de 15 a 20 años, un país simplemente puede reemplazarlo y renovar su control sobre la posición. Esto efectivamente permite a los países mantener estas posiciones indefinidamente. Los países que ya tienen la tecnología para utilizar la órbita geoestacionaria tienen una gran ventaja sobre aquellos que no lo hacen.

Si bien las posiciones orbitales geoestacionarias son las más útiles y limitadas, hay muchas otras órbitas alrededor de la Tierra. Estos también se están llenando, aumentando el creciente problema de los desechos espaciales.


Empresas como SpaceX y Blue Origin planean poner miles de satélites en órbita, como se ve en la foto de 60 satélites SpaceX Starlink a punto de separarse de un cohete. SpaceX/Flickr


La órbita baja de la Tierra está a unas 1.000 millas (1.600 km) sobre la superficie. Los satélites en órbita terrestre baja se mueven rápidamente en un entorno altamente congestionado. Si bien este puede ser un buen lugar para los satélites de imágenes de la Tierra, no es ideal para satélites de comunicación individual, como los que se usan para transmitir televisión, radio e Internet.

Se puede usar una órbita terrestre baja para las comunicaciones si múltiples satélites trabajan juntos para formar una constelación. Empresas como SpaceX y Blue Origin están trabajando en proyectos para poner miles de satélites en órbita terrestre baja en los próximos años para proporcionar Internet en todo el mundo. La primera generación de StarLink de SpaceX consta de 1.926 satélites, y la segunda generación agregará otros 30.000 a la órbita.

A la velocidad actual, los principales jugadores espaciales ocupan rápidamente órbitas geoestacionarias y bajas en la tierra, potencialmente monopolizando el acceso a importantes capacidades satelitales y agregando a la basura espacial.


Los asteroides contienen cantidades alucinantes de metales valiosos, como 16 Psique, que se ve aquí, que contiene reservas masivas de US $ 10 quintillones en hierro. NASA/JPL-CALTECH


Acceso a recursos en el espacio

Las posiciones orbitales son un área donde la inequidad existe hoy. El futuro del espacio podría ser una fiebre del oro para los recursos, y no todos se beneficiarán.

Los asteroides tienen cantidades asombrosas de valiosos minerales y metales. Más adelante este año, la NASA está lanzando una investigación para explorar un asteroide llamado 16 Psique, que los científicos estiman que contiene más de US $ 10 quintillones en hierro. Aprovechar enormes depósitos de recursos como este y transportarlos a la Tierra podría proporcionar impulsos masivos a las economías de las naciones espaciales mientras interrumpen las economías de países que actualmente dependen de la exportación de minerales y metales.

Otro recurso muy valioso en el espacio es el Helio-3, una versión rara de helio que los científicos creen que podría usarse en reacciones de fusión nuclear sin producir residuos radiactivos. Si bien hay que superar los obstáculos tecnológicos considerables antes de que el helio-3 sea una fuente de energía factible, si funciona, hay suficientes depósitos en la Luna y en otras partes del sistema solar para satisfacer los requisitos de energía de la Tierra durante varios siglos. Si los poderosos países espaciales desarrollan la tecnología para usar y extraer helio-3, y elige no compartir los beneficios con otras naciones, podría resultar en desigualdades duraderas.

Las leyes espaciales internacionales existentes no son adecuadas para manejar la complicada red de empresas privadas y naciones que compiten por recursos en el espacio. Los países se están organizando en grupos, o "bloques espaciales", que se unen a objetivos y reglas para futuras misiones espaciales. Dos bloques espaciales notables son las misiones de planificación para establecer bases y operaciones mineras potenciales en la Luna: los acuerdos de Artemisa, dirigidos por los Estados Unidos, así como los planes conjuntos chinos y rusos.

En este momento, los principales jugadores en el espacio están estableciendo las normas para explotar los recursos. Existe el riesgo de que, en lugar de centrarse en lo que es mejor para todos en la Tierra, la competencia impulsará estas decisiones, dañando el entorno espacial y causando conflictos. La historia muestra que es difícil desafiar las normas internacionales una vez que se establecen.

Avanzando

El acceso al espacio es crítico para el funcionamiento de una nación moderna. El acceso al espacio solo será más importante a medida que la humanidad avance rápidamente hacia un futuro de hoteles y colonias espaciales en Marte.

El Tratado del Espacio Exterior de 1967, el documento fundador de la ley espacial, dice que el espacio debe usarse "para el beneficio y en interés de todos los países". Las políticas que toman forma hoy dictarán si este es el caso en el futuro.

Theodora Ogden, investigadora en países espaciales emergentes, Universidad Estatal de Arizona


lunes, 20 de junio de 2022

¿Ruta turística por las profundidades del mar? Es posible con este submarino construido en España
Por Iris Ladari Fuentes


© Foto : Juan Camilo Moreno


En el lugar más hondo entre los fondos marinos de la Tierra (abismo Challenger​), un explorador llamado Victor Vescovo logró el año pasado la inmersión más profunda realizada por cualquier humano en la historia. Viajó a través de un submarino de la empresa Triton Submarine, la cual ha construido en España el primer sumergible turístico del mundo.

Aunque Vescovo recorrió su aventura a través de un submarino llamado DSV Limiting Factor —fabricado por la misma compañía—, el modelo de submarino elegido para realizar la atracción turística es el DeepView 100/24, una embarcación eléctrica transparente que puede transportar hasta 24 personas, sin contar con el piloto y copiloto, a 100 metros de profundidad.

"Es el submarino más nuevo de la flota mundial con la última tecnología y el único submarino turístico con un casco transparente, afirma a Sputnik la vicepresidenta de comunicación, Kelly Downey.

Triton Submarine, cuya sede se encuentra en Florida, abrió́ un centro de operaciones en Barcelona en 2017, para ofrecer servicio técnico a sus clientes en el Mediterráneo. La empresa decidió apostar fuerte por España y convertir su centro en Barcelona en un astillero de submarinos turísticos que acaba de entregar su primer pedido a Vietnam, donde pronto comenzará la formación de los pilotos que llevarán turistas bajo las aguas de la isla de Hon Tre en Nha Trang, a finales de este año. Según confiesa la compañía a Sputnik, actualmente no hay ningún contrato pendiente con otros países, "pero se están llevando a cabo conversaciones con posibles compradores en todo el mundo". 


El DeepView puede transportar hasta 24 personas © FOTO : JUAN CAMILO MORENO


El DeepView se sumerge a 100 metros de profundidad para que sus pasajeros puedan hacer turismo bajo el mar, mientras disfrutan de las vistas del océano a través de su cabina transparente. "Esto proporciona a los huéspedes una notable experiencia visual que es muy superior a los convencionales submarinos con casco de acero con mirillas. Asimismo, el DeepView aprovecha al máximo los avances en electrónica, comunicación, sistemas de soporte vital, etc.", responde Downey.

Los pasajeros que decidan vivir esta experiencia podrán estar a bordo alrededor de 12 horas, pero que no cunda el pánico: el Tritón permanece a presión superficial, por lo que podrán bucear y emerger totalmente protegidos de los efectos fisiológicos de este tipo de viajes.


Control de mandos del submarino DeepView 24 © FOTO : CORTESÍA DE TRITON SUBMARINES


Además, es totalmente eléctrico y silencioso, y al igual que el resto de sumergibles de la compañía, tiene cero impacto ambiental porque no produce emisiones. "Es extraordinario poder aplicar la tecnología desarrollada para llegar al punto más profundo de nuestro planeta para reinventar los submarinos turísticos y abrir el fondo del mar al gran público, de una forma completamente respetuosa y sostenible", explica el director de Triton Submarines EMEA, Héctor Salvador. 

Por todo ello, el que decida comprarlo necesitará bolsillos tan profundos como los océanos, pues tal y como confiesa la compañía, "el Triton DeepView 24 se ha puesto a la venta por un precio de 7,7 millones de dólares", lo que equivale en euros a 6,8 millones.



sábado, 18 de junio de 2022

La UBA lanza un posgrado con salida laboral asegurada
El proyecto surge a partir de un acuerdo con el ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Nación. El objetivo es que los alumnos puedan desarrollarse en materia de satélites y tecnologías del espacio.




El ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Nación firmará un acuerdo con la Universidad de Buenos Aires (UBA) para que se dicte en sus aulas un posgrado en industrias y sistemas aeroespaciales.

La cursada es de un año y tiene como objetivo solucionar la falta de recursos humanos en tecnología. Las clases serán presenciales con una enseñanza teórica - práctica y se dictarán en distintas partes del país: ingeniería de la UBA, en Invap de Bariloche, y en la Estación Terrena Falda del Carmen de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (Conae).

La UBA pretende que los alumnos puedan nutrirse y formarse en el desarrollo de satélites y distintas tecnologías del espacio.

“Necesitamos que más chicas y chicos elijan carreras científicas, porque tiene mucho que ver con la soberanía, el desarrollo, el crecimiento y la justicia social”, había afirmado días atrás el Ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación, Daniel Filmus.

“Una vez más, la Universidad de Buenos Aires trabaja en forma mancomunada con el mundo científico y empresarial, para crear carreras con la máxima excelencia académica y con impacto directo sobre áreas estratégicas para el desarrollo nacional”, expresó, por su parte, Alberto Barbieri, rector de la UBA.




La Licenciatura en Ciencias de Datos, que existe hace sólo dos años, fue la mas elegida este año en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales

Los nuevos proyectos relacionados a la ciencia y la tecnología no son una casualidad: la Licenciatura en Ciencias de Datos, que existe hace sólo dos años, se convirtió en la más elegida por quienes asisten a la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales, con una suba del 43% este año en el número de anotados.

Por otro lado, según la información que brinda el Ciclo Básico Común (CBC), entre el período 2016-2022 las ingenierías crecieron 42%, lideradas por Informática y Petróleo, áreas relevantes en cuanto al perfil productivo que puede tener el país en un futuro no tan lejano.




El número de inscripciones registradas para el CBC llegó a 63.044 en este 2022, con un importante aumento en las carreras relacionadas a la ciencia y la tecnología.

Medicina fue la carrera más elegida del CBC y tuvo un aumento del 10 por ciento respecto al año pasado. Psicología se consolidó como la número dos y volvió a sobrepasar a la tercera, Abogacía, aunque ambas sufrieron una disminución en sus inscripciones.


miércoles, 15 de junio de 2022

Una empresa finlandesa se asoció con la estatal VENG para fabricar satélites en Córdoba
VENG aportará a ReOrbit servicios de ingeniería a través de sus capacidades operativas y de recursos humanos especializados, tanto para los clientes de la empresa finlandesa en Latinoamérica como en el resto del mundo, y la fabricación y ensayos de satélites basados en el modelo diseñado por la empresa finlandesa.
Por Julio Mosle




La empresa estatal VENG, contratista principal de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (Conae) para el desarrollo del proyecto Tronador, firmó un acuerdo con la empresa finlandesa ReOrbit para fabricar y exportar satélites desde su sede en la provincia de Córdoba.

VENG aportará a ReOrbit servicios de ingeniería a través de sus capacidades operativas y de recursos humanos especializados, tanto para los clientes de la empresa finlandesa en Latinoamérica como en el resto del mundo, y la fabricación y ensayos de satélites basados en el modelo diseñado por la empresa finlandesa.

ReOrbit, con sede en Helsinki, diseñó una plataforma satelital que puede ser utilizada en distintas órbitas (bajas, medias, altas y en el espacio profundo) y adaptarse a cargas útiles, que van desde los 150 hasta los 500 kilos.

El desarrollo, que se denomina "Gluon Satellite Bus", es una plataforma altamente autónoma y puede interconectarse con otros satélites para aumentar su capacidad operativa.

Los directivos de ambas empresas se reunieron el viernes pasado en el Centro Espacial Teófilo Tabanera, ubicado en la localidad de Falda del Cañete, provincia de Córdoba, para firmar y formalizar el acuerdo, y conocer las instalaciones y facilidades que opera VENG.

De la firma participaron, por parte del directorio de VENG, Marcos Actis y Juan Cruz González Allonca, presidente y vicepresidente, respectivamente; y José Luis Randazzo, gerente general de la compañía. Por parte de ReOrbit, estuvo presente Carlos Pedalino, vicepresidente de Ingeniería.

Pedalino, ingeniero aeronáutico egresado de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) y vicepresidente de Ingeniería de ReOrbit, afirmó a Télam que la empresa "busca expandirse en el mercado satelital de América Latina, ofreciendo a los países de la región plataformas satelitales que se ajusten a sus necesidades a un bajo costo y que tengan un centro de desarrollo cercano para que puedan participar del proceso".

Pedalino agregó: "Mi vínculo con ReOrbit se dio a través de su jefe de Tecnología, con quien yo ya había trabajado, y, cuando se decidió la expansión al mercado latinoamericano, ya teníamos contacto con VENG, porque Marcos Actis fue docente mío y nunca perdimos contacto".

Desde esa compañía consideran que el mercado latinoamericano es "un gran activo" para poder ofrecer a los potenciales clientes la capacidad de desarrollar e integrar un satélite de acuerdo con sus necesidades específicas en un centro cercano en el que, además, puedan participar del proceso.

En ese sentido, ReOrbit dispone de una muy buena plataforma satelital y VENG demostró que puede ofrecer distintos instrumentos y cargas útiles.

"Eso nos pone en condiciones de ofrecer un producto muy confiable a bajo costo y, además, si el cliente lo pide, podríamos ofrecer las tareas de guiado y control a través de los servicios de VENG", precisó Pedalino.

El presidente de VENG y decano de la Facultad de Ingeniería de la UNLP, Marcos Actis, afirmó a Télam que, "a través de este acuerdo, se aprovechan las instalaciones y capacidades de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) que opera VENG y que la dotan de las capacidades para construir plataformas satelitales, ensayarlas, desarrollar instrumentos y aportar sistemas a la carga útil de un satélite, además de su seguimiento y operación a través de las estaciones terrenas".

"En todos esos campos, venimos acumulando experiencia y conocimiento desde el SAC-B", completó.

Además, Actis remarcó que "este acuerdo no sólo promueve un desarrollo industrial de alto valor agregado que va a representar un ingreso genuino de divisas al país", sino que, además, le brinda a la empresa "mayor experiencia en el desarrollo de plataformas satelitales; un área en la que, en nuestro país, INVAP tiene importantes avances pero que, ante el incremento exponencial de la demanda de satélites que se va a dar en los próximos años, es conveniente ampliar".

"ReOrbit es una empresa joven que, hoy por hoy, vende sus satélites al mercado japonés y todavía está en desarrollo, lo que para nosotros es mejor que si fuese una gran firma con todas las áreas cubiertas, porque nos permite avanzar resolviendo necesidades en conjunto y satisfaciendo demandas que surjan más allá de la fabricación y el ensayo, como podría ser el diseño y producción de instrumentos o las tareas de seguimiento y operación", añadió.

En ese marco, el titular de VENG resaltó que, en el mediano plazo, la empresa incluso podría ofrecer "el servicio de puesta en órbita que hoy ReOrbit licita a través de empresas alemanas y noruegas que todavía no tienen puestas en órbita, pero cuyos lanzadores están más avanzados que el Tronador".

"Si no se hubiese frenado a finales de 2015 el desarrollo de nuestro lanzador, hoy ya estaríamos comercializando sus servicios, por eso es muy importante la decisión del Gobierno nacional para reactivar el proyecto", señaló Actis en referencia al impacto negativo de las políticas aplicadas durante la gestión de Mauricio Macri.

ReOrbit es una empresa con sede en Helsinki, Finlandia, que ofrece satélites a diferentes clientes alrededor del mundo para misiones en órbitas LEO, MEO y GEO, con el fin de satisfacer la creciente demanda social de conectividad y digitalización.

VENG es una empresa de servicios y desarrollos tecnológicos de alto valor agregado, con especialidad en la actividad espacial, más 20 años de experiencia, y una nómina actual de 470 colaboradores.

Participa en proyectos estratégicos del Plan Espacial Nacional Argentino, como el desarrollo de prototipos de vehículos lanzadores para el acceso al espacio y la integración y ensayos de componentes satelitales, entre los cuales se destacan, las antenas radar de los satélites SAOCOM.

Por otra parte, se dedica a la operación de dos estaciones terrenas en el país, en las provincias de Córdoba y Tierra del Fuego, y también de centros de control de misiones satelitales.

VENG está constituida como sociedad anónima con participación estatal mayoritaria a través de la Conae.



jueves, 9 de junio de 2022

Sol Pedre: “El CAREM es un salto cualitativo para el sector nuclear argentino”
La gerenta del proyecto CAREM habló con TSS sobre el estado de los avances en la construcción de este reactor modular, que podría comenzar a funcionar en el año 2027. Cómo trabajan en el desarrollo de proveedores, los esfuerzos por lograr la mayor cantidad de componentes nacionales y los desafíos de poner en marcha el primer reactor de potencia de diseño argentino.
Por Matías Alonso





El área nuclear es una rara excepción en el desarrollo de tecnología en la Argentina. El 31 de mayo, la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) cumplió 72 años desde su creación por un decreto del presidente Perón. En todos esos años, este sector fue atravesado por políticas que lo favorecieron y otras que lo desfinanciaron, pero la institución logró sostener proyectos de largo plazo y ha sido el germen del desarrollo tecnología para centrales nucleares y también de empresas como INVAP, que se ha expandido a las áreas de desarrollo de satélites y radares, entre otras.

A mediados de la década de los 80, investigadores de la CNEA presentaron una idea por entonces novedosa: en lugar de hacer reactores cada vez más grandes y potentes, ¿por qué no hacer reactores pequeños, que puedan ser instalados en zonas remotas y construidos de manera modular? Esa idea prendió en el mundo y, con el resurgimiento de la necesidad de contar con energía nuclear en muchos países, debido a que no emite gases de efecto invernadero y permiten un abastecimiento constante de energía, varios países se lanzaron a diseñar sus propios reactores pequeños y modulares.

El CAREM (por Central Argentina de Elementos Modulares) hizo punta en iniciar su construcción, en el año 2014, pero los retrasos en la obra –en parte por demoras propias del desarrollo de un prototipo pero también por el desfinanciamiento que sufrió durante el gobierno de Macri– le han hecho perder terreno frente a sus pares de otros países. Aún así, todavía tiene un gran potencial para ser utilizado y también exportado.

La gerenta del proyecto CAREM, la doctora en Ciencias de la Computación Sol Pedre, habló con TSS sobre el estado de los avances en la construcción de este reactor modular.


¿Cómo está hoy la construcción del CAREM?

Estamos avanzando bien con el hormigonado pero todavía no lo terminamos. La obra civil está en un 72%. En enero de este año volvimos al hormigonado que se había paralizado durante la cuarentena y el gobierno anterior. En junio del año pasado hicimos un contrato para que una empresa recupere la obra que había dejado Techint y todos los meses estamos mejorando la cantidad de hormigón, se está avanzando muy bien. Eso en cuanto a la obra civil. En lo nuclear, estamos terminando la finalización de componentes. Hace varios años que estamos con el recipiente de presión y varios de los elementos internos. En CONUAR estamos terminando el generador de vapor, porque es bastante especial y necesitábamos saber si era fabricable. Estamos avanzando bastante con contratos para lanzar la fabricación de muchos de los componentes estáticos calificados con CONUAR y otras empresas a través de IMPSA. Y en los componentes no calificados también estamos trabajando mucho con ADIMRA. Este año probablemente saquemos las órdenes de compra del 50% de los equipos calificados y el 13 o 14% de los no calificados.


“Para darse una idea, hay que fabricar 220 componentes de distintos tamaños”, dice Pedre.


¿Por qué es tan complejo el generador de vapor?

El CAREM tiene 12 generadores de vapor con un diseño integrado dentro del recipiente de presión y de una forma helicoidal muy particular. No estaba tan claro si eran construibles porque son muy particulares. Es complicado porque son 52 tubitos de un centímetro de diámetro y 30 metros de largo que hay que enhebrar en seis camisas. Firmamos un primer contrato con CONUAR para hacer el primer generador de vapor, el preserie, para terminar la construcción y hacer todos los ensayos de tolerancia y requerimientos mecánicos. Si todo sale bien haremos la orden de compra por los 12 generadores de vapor y uno más para hacer pruebas afuera. Eso va muy bien y probablemente este mes o el que viene terminen de armarlo y podamos hacer la orden de compra en septiembre u octubre.

Originalmente se pensaba que podría llegar a modo crítico en 2024. ¿Se puede llegar a esa fecha? ¿Qué problemas hubo que retrasaron la construcción?

El programa que tenemos hoy habla de 2027. Hay que tener en cuenta que hay varias cosas muy importantes para terminar el programa. Una son los pendientes de ingeniería porque es el primer reactor de potencia de diseño argentino y plantea desafíos tecnológicos para el país y para el mundo. Es de los primeros reactores de este tipo, entonces hay cosas de ingeniería que hay que terminar de afinar todavía. La segunda cuestión tiene que ver con la capacidad de fabricación local que tenemos y estamos hablando mucho con ADIMRA sobre eso. Obviamente, el objetivo de esto es generar la mayor cantidad de componentes nacionales: queremos un 70% de integración nacional y es un objetivo muy alto, porque, por ejemplo, la electrónica se importa prácticamente toda. Pero haremos una gran proporción con los componentes metalmecánicos. En la Argentina hay dos empresas que tienen la estampa para hacer cosas calificadas, que son IMPSA y CONUAR, y también hay un conjunto de empresas que pueden hacer cosas calificadas con el sello de IMPSA o fabricar cosas no calificadas pero que tienen que tener una calidad importante. Para darse una idea, hay que fabricar 220 componentes de distintos tamaños. Entonces, hay que ver qué capacidad de respuesta tiene la industria argentina. También pasaron los cuatro años de Macri y la pandemia: hubo un recorte salarial muy grande en la CNEA y perdimos muchos ingenieros y técnicos, y eso también tuvo efecto en las empresas nacionales. IMPSA estuvo al borde de la quiebra y eso hizo que se retrasara muchísimo el recipiente de presión. De todas maneras, hoy en día estamos pensando la puesta en marcha para 2027, y seguramente será una puesta en marcha larga porque hay que hacer la prueba de todos los sistemas que son innovadores antes de poner el núcleo. Se llevará a temperatura y presión de trabajo con otro método que no sea nuclear y se probarán todos los sistemas antes de poner la parte nuclear.

¿Parte del proyecto CAREM es poder desarrollar proveedores para poder producirlo después en serie?

Totalmente, el tema de los proveedores es muy importante. Uno de los sentidos de la industria nuclear, la razón de ser del desarrollo tecnológico nuclear, es desarrollar los proveedores metalmecánicos lo más posible, la ingeniería misma, o la programación e integración de la electrónica, todo ese tipo de tareas. Ahí se puede ver el trabajo que hacemos con ADIMRA y la unidad del sector nuclear en su conjunto. El trabajo también es con NASA y tampoco es el único proyecto nuclear que hay. Ahora se viene la extensión de vida de Atucha I, que ya tiene 48 años de operación y es un montón de trabajo para la Argentina, el almacenamiento en seco de los combustibles gastados y el proyecto nacional CANDU, que no tiene financiamiento pero es una línea que tanto la dirección de NASA como la CNEA quieren continuar, porque es en la que mayor desarrollo autónomo tenemos. Y el desarrollo de los combustibles cuando se pueda hacer Atucha III.

Parte de los combustibles del CAREM son de uranio enriquecido. Si quisiéramos vender un CAREM al exterior se debería poder hacer el ciclo completo del combustible. ¿Hay capacidad para hacer el enriquecimiento a nivel industrial?

Una cosa es hacer el combustible y otra es enriquecer uranio. Para enriquecer uranio CNEA tiene proyectos y se tiene el objetivo de enriquecer uranio a escala industrial. Hoy en día no tenemos esa capacidad pero sí a nivel planta piloto en Pilcaniyeu, que se puso en producción nuevamente durante el gobierno de Cristina Fernández. Eso nos permite estar en un club muy reducido de países a los cuales nos pueden vender uranio enriquecido. Tenés que demostrar que podés hacerlo vos para que te vendan uranio enriquecido. Todo el resto del combustible se desarrolla en la Argentina.


El programa actual del CAREM estima que en 2027 podría comenzar a funcionar el reactor.


Claro, pero habría que ver si le venden a la Argentina uranio enriquecido para el país que sea su cliente, ¿no?

Claro, es un problema y tenemos que trabajar para poder enriquecer uranio de manera industrial. Brasil tiene una planta de enriquecimiento de uranio y habría que ver una posibilidad de acuerdo con ellos. Lamentablemente, el uranio natural se importa, no estamos haciendo minería de uranio en la Argentina pese a que tenemos las líneas, tenemos la capacidad y es otro de los temas que debemos trabajar para poder cerrar el ciclo del combustible. También producimos los combustibles de los reactores de investigación que son con uranio enriquecido, e INVAP los exporta. Es fundamental trabajar en la línea de enriquecimiento de uranio y tener toda la capacidad. El desarrollo que tenemos es muy importante y, en particular para el CAREM, el combustible se desarrolló en la CNEA y esa tecnología se transfirió a CONUAR, y prácticamente están todas las pastillas de combustible fabricadas. La importancia de poder producir el combustible desde el punto de vista de la independencia que nos da y también en la posibilidad de poder exportarlo abre todo un camino de posibilidades. El CAREM es un reactor de potencia y la idea es poder vender reactores pero hay un montón de otras cosas que también se pueden comercializar del reactor, como los servicios de ingeniería. Una de nuestras fortalezas son los equipos de ingeniería que desarrollamos en el proceso. Es importante, para entender los retrasos, recordar todos los años del menemismo y lo que generaron. En 2006 se decidió reflotar el proyecto y en 2009 empezó el financiamiento. Los equipos no existían y tampoco los edificios para que trabajen. Fueron diez años de formar gente que hoy en día somos los que estamos liderando el proyecto, sobre todo jóvenes, porque hay una brecha generacional. De 45 años de edad para arriba hay pocos en la CNEA. Yo tengo 41 y la mayoría de quienes están liderando el proyecto tienen entre 35 y 40 años.

Hace poco tiempo hubo una visita de representantes de Estados Unidos que dijeron que estaban interesados en trabajar en conjunto en el proyecto CAREM. ¿Consideran que es conveniente? ¿En qué aspecto podrían hacer aportes?

Estados Unidos tiene su propio reactor pequeño y tiene una política muy fuerte de desarrollar este tipo de reactores. El más avanzado es el NuScale, que es un reactor de agua liviana y uranio enriquecido. Tiene licencia aprobada en Estados Unidos y están con una política comercial muy agresiva, sobre todo para países de Europa del Este. A partir de la guerra entre Rusia y Ucrania el discurso empezó a cambiar en Estados Unidos y está muy basado en la seguridad nacional, lo que es entendible. Cuando uno piensa en el sector nuclear, y también en la Argentina, es un tema muy vinculado con la soberanía, con la geopolítica, no se lo puede ver solamente como un desarrollo tecnológico industrial. No creo que la intención estadounidense sea realmente colaborar con nuestro proyecto, no hubo ninguna oferta de colaboración, ni financiamiento, ellos tienen sus diseños y creo que los dichos tienen que ver con lo que se publicó en los diarios, de que no vayamos con China y la central Hualong. Me parece que no tiene que ver con un interés real de querer trabajar en conjunto con nuestro diseño. Nosotros queremos avanzar de manera independiente y soberana para tener un reactor de potencia. Es un salto cualitativo para el sector nuclear y se abren un montón de posibilidades para poder tener instalados en nuestro territorio reactores de diseño propio.

¿Adónde sería ideal instalar un CAREM?

Hay una cuestión que es la licencia social. Hoy estamos haciendo el prototipo en Lima porque están Atucha I y Atucha II, y es adonde más nos pueden ayudar con las pruebas. Pero la realidad es que si uno piensa dónde serviría, podría pensarse en Córdoba, que ya tiene Embalse pero también hay ciudades que están más alejadas, tienen requerimientos energéticos y es difícil llevarles la energía. Hay lugares adonde está la demanda energética pero además no solo sirven para producir energía eléctrica, sino que también se puede pensar en, por ejemplo calentar agua para procesos industriales. Casos como ALUAR, que son empresas que tienen un alto consumo energético y además de energía eléctrica también necesitan agua caliente para procesos. También están las comunidades aisladas: por ejemplo, Villa La Angostura es hermosa pero queman gasoil porque no están conectados a la red eléctrica. Para ese tipo de ciudades va perfecto, el tema es que hay que dar un debate y tener una política amplia sobre que la energía nuclear es parte de la transición para descarbonizar la matriz energética y que una sociedad tenga la energía para desarrollarse y no destruya el ambiente en el camino, y que se complementa muy bien con las energías renovables. En particular, pienso que en nuestro país se agrega una línea más y es que el sector nuclear en la Argentina genera trabajo de calidad con altos estándares de tecnología y un altísimo valor agregado, por lo que tiene mucho sentido seguir impulsando este tipo de tecnología. Realmente creo que el CAREM está en un momento adecuado y en el lugar justo. No es posible pensar en una transición energética solamente con energía solar o eólica simplemente porque no son energías de base, son intermitentes.


“Fabricar el recipiente de presión es tan complejo que nosotros tenemos inspectores de manera constante”, dice Pedre.


De todas formas no son tan flexibles, no se pueden acelerar y frenar a lo largo de un día.

El CAREM es un poquito más flexible porque permite no tener módulos tan grandes. Además, lo que puede hacer también y se está estudiando para este tipo de reactores es poder usar la energía que te sobra para producir hidrógeno. Entonces, durante ese tiempo entregás menos a la red porque con el excedente estás produciendo hidrógeno y, como ya tenés agua caliente, lo puede hacer de manera más eficiente que solo con electrólisis. Cuando los molinos de viento o los paneles solares dejan de producir se puede usar el hidrógeno que almacenaste. Hay muchos proyectos de este estilo.

¿La estatización de IMPSA impactó en el proyecto CAREM?

Definitivamente. Para nosotros es fundamental que eso haya sucedido. Si IMPSA iba a la quiebra, que además venía de pelear unos años muy difíciles, más allá de las complicaciones técnicas que tiene la fabricación del recipiente de presión, no había otro lugar en la Argentina adonde se pudiera hacer ese componente ni otros. Fabricar el recipiente de presión es tan complejo que nosotros tenemos inspectores de manera constante, hay que chequear cosas todo el tiempo y tener un seguimiento muy fluido del proceso, y si fuera un proveedor en otro país sería imposible. El recipiente de presión ya se llevó 52 millones de dólares del proyecto, que es más o menos el 10% del total del presupuesto. IMPSA es la única empresa que tiene calificación como para hacerlo además de CONUAR y es fundamental que en la Argentina se defienda a este tipo de empresas. Si no se daba era muy difícil seguir con el CAREM. Además, perder esta capacidad como país no tendría sentido.



Fuente: unsam.edu.ar
El ambicioso plan de China para convertirse en la superpotencia espacial
por Wanyuan Song y Jana Tauschinski




Tres astronautas chinos comenzaron una misión de seis meses para trabajar en la nueva estación espacial del país.

Es el último paso de China para convertirse en una superpotencia espacial en las próximas décadas.

¿Qué es la Estación Espacial Tiangong?

El año pasado, China puso en órbita el primer módulo de su estación espacial Tiangong o "Palacio Celestial".

Planea agregar más módulos, como el laboratorio de ciencias de Mengtian, para fin de año.

El próximo año lanzará un telescopio espacial, llamado Xuntian. Este volará cerca de la estación espacial y se acoplará a ella para el mantenimiento y el reabastecimiento de combustible.

Tiangong tendrá su propia energía, propulsión, sistemas de soporte vital y viviendas.

China es el tercer país en la historia que ha puesto astronautas en el espacio y ha construido una estación espacial, después de la Unión Soviética (ahora Rusia) y Estados Unidos.




Pekín tiene grandes ambiciones para Tiangong y espera que reemplace a la Estación Espacial Internacional (ISS), que dejará de operar en 2031.

Los astronautas chinos están excluidos de la ISS porque la ley estadounidense prohíbe que su agencia espacial, la NASA, comparta sus datos con China.

Los planes de China para llegar a la Luna y Marte

Las ambiciones de China no terminan ahí.

Dentro de unos años quiere tomar muestras de asteroides cerca de la Tierra.

Para 2030, tiene como objetivo haber colocado a sus primeros astronautas en la Luna y haber enviado sondas para recolectar muestras de Marte y Júpiter.




¿Qué están haciendo otros países?

A medida que China amplía su papel en el espacio, varios otros países también aspiran a llegar a la Luna.

La NASA planea regresar al satélite con astronautas de EE.UU. y otros países a partir de 2025 y ya realizó pruebas para el lanzamiento de su nuevo cohete gigante SLS en el Centro Espacial Kennedy.

Japón, Corea del Sur, Rusia, India y los Emiratos Árabes Unidos también están trabajando en sus propias misiones lunares.

India ya lanzó su segunda gran misión a la Luna y quiere tener su propia estación espacial para 2030.

Mientras tanto, la Agencia Espacial Europea, que está trabajando con la NASA en misiones a la Luna, también está planeando una red de satélites lunares para facilitar la comunicación de los astronautas con la Tierra.


¿Quién establece las reglas del espacio?

El Tratado del Espacio Exterior de la ONU de 1967 establece que ningún lugar del espacio puede ser reclamado por ninguna nación.

El Acuerdo de la Luna de la ONU de 1979 dice que el espacio no debe ser explotado comercialmente, pero EE.UU., China y Rusia se han negado a firmar.

Ahora, EE.UU. está promoviendo sus Acuerdos de Artemisa, que explican cómo las naciones pueden explotar los minerales de la Luna de manera cooperativa.

Rusia y China no firmarán los Acuerdos, y dicen que Estados Unidos no tiene derecho a establecer las reglas para el espacio.


¿Cuál es la historia de China en el espacio?

China puso en órbita su primer satélite en 1970.

Las únicas otras potencias que habían ido al espacio en esa etapa eran EE.UU., la Unión Soviética, Francia y Japón.

En los últimos 10 años, China ha lanzado más de 200 cohetes.

Ya envió una misión no tripulada a la Luna, llamada Chang'e 5, para recolectar y devolver muestras de rocas.

Plantó una bandera china en la superficie lunar, que era deliberadamente más grande que las banderas estadounidenses anteriores.

Con el lanzamiento de Shenzhou 14, China ha puesto ahora 14 astronautas en el espacio, en comparación con los 340 de EE.UU. y los más de 130 de la Unión Soviética.

Pero ha habido contratiempos. En 2021, parte de un cohete chino se salió de órbita y se estrelló contra el Océano Atlántico y dos lanzamientos fallaron en 2020.





¿Quién paga el programa espacial de China?

El medio estatal chino Xinhua afirma que al menos 300.000 personas han trabajado en proyectos espaciales de China, casi 18 veces más que las que trabajan actualmente para la NASA.

La Administración Nacional del Espacio de China se creó en 2003 con un presupuesto anual inicial de 2.000 millones de yuanes (US$300 millones).

Sin embargo, en 2016, China abrió su industria espacial a empresas privadas, y ahora están invirtiendo más de 10.000 millones de yuanes (US$1.500 millones de dólares) al año, según los medios chinos.




¿Por qué China quiere ir al espacio?

China está interesada en desarrollar su tecnología satelital para telecomunicaciones, gestión del tráfico aéreo, pronóstico del tiempo, navegación y más.

Pero muchos de sus satélites también tienen fines militares. Pueden ayudarle a espiar a las potencias rivales y guiar misiles de largo alcance.

Lucinda King, gerente de proyectos espaciales en la Universidad de Portsmouth, en Reino Unido, dice que China no solo se está enfocando en misiones espaciales de alto perfil: "Son prolíficos en todos los aspectos del espacio. Tienen la motivación política y los recursos para financiar sus programas planificados".

Las misiones a la Luna de China están motivadas en parte por las oportunidades de extraer metales de tierras raras de su superficie, como el litio.

Sin embargo, el profesor Sa'id Mosteshar, director del Instituto de Política y Derecho Espacial de la Universidad de Londres, dice que probablemente no sería rentable para China enviar repetidas misiones mineras a la Luna.

El experto cree que el programa espacial de China está impulsado más por el deseo de la nación asiática de impresionar al resto del mundo.

"Es una proyección de poder y una demostración de avance tecnológico".



lunes, 6 de junio de 2022

La política espacial renace con los cohetes lanzadores
El programa de Acceso al Espacio, reimpulsado en noviembre, avanza en el desarrollo del proyecto Tronador II/III, con los que planean poner en órbita satélites de hasta 750 kilos a una altura que irá de los 400 a los 700 kilómetros. A fines de 2023 probarán el primer vehículo.
Por Cecilia Farré




El lanzamiento de satélites argentinos desde Estados Unidos o Guayana Francesa va camino a cambiar su locación hacia una geografía más cercana, en el Centro Espacial Manuel Belgrano, al sudoeste bonaerense, gracias al avance del proyecto nacional Tronador II/III. De esa manera, la Argentina contará con una base y cohetes propios.

Desde el relanzamiento del programa de Acceso al Espacio, en noviembre de 2021, la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE), junto con las empresas y organismos asociados, están trabajando en el desarrollo de los distintos componentes para los vehículos lanzadores Tronador II-70 y Tronador II-150. Y el primero de ellos, según estiman, será probado a finales del próximo año. Lo que será un hito para la historia espacial del país.

El Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Nación, que retomó el proyecto hace casi medio año, destinó para este año una inversión de 4500 millones de pesos con el fin de darle un nuevo impulso al desarrollo de cohetes lanzadores y de la infraestructura necesaria para hacer las bases y las pruebas.

El proyecto contempla la construcción del vehículo lanzador Tronador II, para colocar en órbitas de entre 400 y 700 kilómetros de altura a satélites, o un conjunto de ellos, de hasta 500 kilos de peso, y del Tronador III, con el cual la capacidad de carga ascenderá hasta 750 kilos. El diseño contempla lanzadores de dos etapas, de 28 metros de altura y 2,5 metros de diámetro, con un empuje de unas 120 toneladas al despegue. Tendrán como propelentes oxígeno líquido y kerosene.


Foto: Diego Feld


“Ahora estamos con el desarrollo de la propulsión de los motores para los vehículos lanzadores y retomando actividades destinadas a poner a punto las infraestructuras necesarias para la parte de ensayos y de integración del vehículo lanzador”, adelanta a Tiempo el director ejecutivo y técnico de la CONAE, Raúl Kulichevsky.

El ingeniero agrega que también se avanza en los componentes del fuselaje de los vehículos, como los tanques estructurales, y en la tecnología necesaria para poder construirlos, con una máquina especial de soldadura en frío. Las condiciones del espacio y de la atmósfera requieren de soldaduras que garanticen la mayor seguridad posible.




La fabricación de los vehículos lanzadores tendrá su epicentro en el Centro Espacial Punta Indio (CEPI), en la localidad bonaerense de Pipinas, así como también la base de ensayos para pruebas, por lo cual se está mejorando y adaptando la infraestructura del lugar.

Al mismo tiempo, la empresa VENG y la Fábrica Militar de Aviones «Brigadier San Martín» (FAdeA) comenzaron con la elaboración de las tapas o casquetes de aluminio que los tanques de los lanzadores, con forma cilíndrica y 2,5 metros de diámetro, llevarán en sus extremos. Cada tapa consta de ocho porciones iguales o “gajos” muy delgados de 3,2 milímetros de espesor por medio de un proceso de conformado por estirado. Con esta metodología pueden obtener geometrías de curvatura compleja con gran precisión, indispensable en la industria aeronáutica y aeroespacial.

En una primera etapa, en Córdoba se fabricarán 40 gajos para ensamblar dos tanques y tener un casquete de prueba. Cada lanzador lleva dos tanques estructurales, uno para combustible y otro para oxígeno líquido. El presidente de VENG, Marcos Actis, que también es decano de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), celebra la vuelta del proyecto Tronador, y resalta: “FAdeA desarrolló la experiencia y el conocimiento necesarios para fabricar estos gajos a través del proceso de conformado por estirado. Es una de las pocas empresas de Sudamérica con esta capacidad”.




Ciencia y divisas

Años atrás, en 2014, en una etapa anterior al relanzado proyecto, se probaron dos vehículos de prueba, experiencias que permitieron obtener información para hacer cambios en el diseño y comprobar sistemas de propulsión, navegación, de guiado y control. Los nuevos modelos pensados como lanzadores operativos cuentan con una tecnología más avanzada para lograr la altura y las órbitas deseadas: “Trabajamos en la optimización de los distintos procesos de fabricación para conseguir los resultados”, asegura el director de CONAE.

Además del avance tecnológico que implican las distintas etapas para desarrollar una ciencia soberana nacional, el objetivo final del proyecto también tiene aristas económicas: ofrecer una plataforma completa de lanzamiento de satélites nacionales, privados o de agencias espaciales de la región, y así generar divisas. Especialmente en un área en constante ascenso con desarrollos que sirven para intervenir en situaciones ambientales y económicas clave para los países. “Estamos pensando en satisfacer las necesidades internas y también insertarnos en el mercado y poder competir en un sector que crecerá en los próximos años por la cantidad de satélites que se está proyectando colocar en órbita, por lo que los vehículos lanzadores serán cada vez más demandados”, adelanta Kulichevsky.

La futura base de lanzamiento en Puerto Belgrano, partido de Coronel Rosales, cercana a Bahía Blanca, se encuentra en una posición que permite colocar satélites de órbita baja geosincrónica, que es la que en general requieren las sondas para observar la Tierra.

Para el presidente de VENG, “el proyecto es un gran desafío. No por algo son pocos los países que pueden hacer lanzamientos”. En América Latina sería de vanguardia. Además, añade Actis, el avance tecnológico que genera “impacta en otras industrias como la automotriz. La inversión en ciencia y tecnología derrama en la sociedad y no se limita al proyecto”.

El director ejecutivo y técnico de CONAE remarca que “hoy un país como Argentina tiene que seguir apostando en las producciones primarias que vienen del campo, pero no puede depender solo de eso. Si queremos dar un salto cualitativo y cuantitativo de crecimiento, hay que apostar a la ciencia y a la tecnología”.

Como ejemplo, Kulichevsky menciona la misión SAOCOM que cuenta con dos satélites con antena radar, tecnología con la que comenzó a trabajar INVAP. Luego de la experiencia, desarrollaron una línea y ahora la mayoría de los radares de control de tránsito aéreo y meteorológico integrados en el país son provistos por esta empresa de avanzada ubicada en Bariloche. “Hicimos una sustitución de importaciones de entre 700 y 800 millones de dólares para radares que antes se compraban afuera”, detalla el ingeniero.

Mientras tanto, subraya que el proyecto Tronador es un enorme desafío que implica el trabajo integrado entre distintas empresas e instituciones para lograr resultados que se espera excedan los objetivos específicos: “Tanto el sector espacial como el aeronáutico son desarrolladores de tecnologías, que luego derraman hacia los ámbitos a veces más insospechados de la vida cotidiana”.


Foto: CONAE


El papel estratégico de los SAOCOM

Los fines prácticos y estratégicos de una política espacial pueden visibilizarse a través de la constelación de los dos satélites SAOCOM con antena radar, que sirven para medir la humedad del suelo y asistir en situaciones de emergencias como inundaciones o sequías, en la detección de derrames de hidrocarburos en el mar o registrando el aumento de la productividad de la agricultura. Pero no solo eso: ahora también serán parte del Centro de Investigación, Desarrollo e Innovación para la Gestión Integral del Agua en el Árido (CeGIAA) en San Juan, creado por el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación de 2,8 millones de dólares. En el marco de esta iniciativa, la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE), el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) Regional San Juan y Mendoza, el Centro Regional Andino del Instituto Nacional del Agua, y la Universidad de San Juan buscarán estrategias para enfrentar la crisis hídrica de la región.

“SAOCOM aportará información para optimizar el uso del agua y el diseño de políticas en estas condiciones en donde hay una carencia importante de agua”, explica el director ejecutivo y técnico, Raúl Kulichevsky. Además, por segundo año consecutivo, la misión satelital sirvió de apoyo a la Campaña Antártica de Verano aportando imágenes con el fin de definir las rutas más convenientes entre los hielos para la navegación del rompehielos Almirante Irízar. La capacidad de los satélites SAOCOM de poder dar información sin depender de factores meteorológicos o de la luz solar, son de gran utilidad para este tipo de contribuciones.



jueves, 2 de junio de 2022

Bloques espaciales: el futuro de la cooperación internacional en el espacio se está dividiendo a lo largo de líneas de poder en la Tierra
En los últimos 10 años, las alianzas internacionales en la Tierra han comenzado a expandirse hacia el espacio. Las naciones con intereses similares colaboran entre sí mientras compiten con otros bloques espaciales.
Por Svetla Ben-itzhak


En la próxima década, tanto un grupo liderado por Estados Unidos como una colaboración entre Rusia y China tienen como objetivo establecer bases en la Luna. Tesis/iStock


Incluso durante tiempos de conflicto sobre el terreno, el espacio históricamente ha sido un escenario de colaboración entre las naciones. Pero las tendencias de la última década sugieren que la naturaleza de la cooperación en el espacio está cambiando, y las consecuencias de la invasión de Ucrania por parte de Rusia han puesto de relieve estos cambios.

Soy un académico de relaciones internacionales que estudia las distribuciones de poder en el espacio: quiénes son los principales actores, qué capacidades poseen y con quién deciden cooperar. Algunos académicos predicen un futuro en el que los estados individuales persiguen varios niveles de dominio, mientras que otros prevén un escenario en el que las entidades comerciales unen a las naciones.

Pero creo que el futuro puede ser diferente. En los últimos años, grupos de naciones con intereses estratégicos similares en la Tierra se han unido para promover sus intereses en el espacio, formando lo que yo llamo “bloques espaciales”.

De los esfuerzos espaciales liderados por el estado a la colaboración

Estados Unidos y la Unión Soviética dominaron las actividades espaciales durante la Guerra Fría. A pesar de las tensiones sobre el terreno, ambos actuaron con cuidado para evitar causar crisis e incluso cooperaron en una serie de proyectos en el espacio.


En 1975, 10 naciones europeas fundaron la Agencia Espacial Europea. En 1998, EE. UU. y Rusia unieron esfuerzos para construir la Estación Espacial Internacional, que ahora cuenta con el apoyo de 15 países.

Estas empresas multinacionales se centraron principalmente en la colaboración científica y el intercambio de datos.


La Estación Espacial Internacional es el ejemplo por excelencia de la colaboración internacional en el espacio. NASA a través de Wikimedia Commons


La aparición de bloques espaciales

La Agencia Espacial Europea, que ahora incluye 22 naciones, podría considerarse entre los primeros bloques espaciales. Pero se puede ver un cambio más pronunciado hacia este tipo de estructura de poder después del final de la Guerra Fría. Los países que compartían intereses sobre el terreno comenzaron a unirse para perseguir objetivos de misión específicos en el espacio, formando bloques espaciales.

En los últimos cinco años, han surgido varios bloques espaciales nuevos con varios niveles de capacidades espaciales. Estos incluyen la Agencia Espacial Africana, con 55 estados miembros; la Agencia Espacial Latinoamericana y del Caribe, con siete estados miembros; y el Grupo de Coordinación Espacial Árabe, con 12 estados miembros de Medio Oriente.

Estos grupos permiten que las naciones colaboren estrechamente con otras en sus bloques, pero los bloques también compiten entre sí. Dos bloques espaciales recientes, los Acuerdos Artemisa y el acuerdo lunar chino-ruso, son un ejemplo de tal competencia.


Ningún ser humano ha estado en la Luna en 50 años, pero en la próxima década, tanto los Acuerdos de Artemisa liderados por Estados Unidos como una misión chino-rusa tienen como objetivo establecer bases en la Luna. NASA/Neil Armstrong a través de Wikimedia Commons


Carrera a la Luna

Los Acuerdos de Artemisa se lanzaron en octubre de 2020. Están liderados por EE. UU. y actualmente incluyen 18 países miembros. El objetivo del grupo es hacer que las personas regresen a la Luna para 2025 y establecer un marco de gobierno para la exploración y la minería en la Luna, Marte y más allá. La misión tiene como objetivo construir una estación de investigación en el polo sur de la Luna con una estación espacial lunar de apoyo llamada Gateway.

De manera similar, en 2019, Rusia y China acordaron colaborar en una misión para enviar personas al polo sur de la Luna para 2026. Esta misión conjunta chino-rusa también tiene como objetivo construir una base lunar y colocar una estación espacial en órbita lunar.

Que estos bloques no colaboren para cumplir misiones similares en la Luna indica que los intereses estratégicos y las rivalidades en tierra se han trasladado al espacio.

Cualquier nación puede unirse a los Acuerdos de Artemisa. Pero Rusia y China, junto con varios de sus aliados en la Tierra, no lo han hecho porque algunos perciben los acuerdos como un esfuerzo por expandir el orden internacional dominado por Estados Unidos al espacio exterior.

De manera similar, Rusia y China planean abrir su futura estación de investigación lunar a todas las partes interesadas, pero ningún país de Artemisa ha expresado interés. La Agencia Espacial Europea incluso suspendió varios proyectos conjuntos que había planeado con Rusia y, en cambio, está ampliando sus asociaciones con EE. UU. y Japón.

El impacto de los bloques espaciales en el terreno

Además de buscar poder en el espacio, los países también están utilizando bloques espaciales para fortalecer sus esferas de influencia sobre el terreno.

Un ejemplo es la Organización de Cooperación Espacial de Asia y el Pacífico, que se formó en 2005. Dirigida por China, incluye a Bangladesh, Irán, Mongolia, Pakistán, Perú, Tailandia y Turquía.

Si bien su objetivo general es el desarrollo y lanzamiento de satélites, el objetivo principal de la organización es expandir y normalizar el uso del sistema de navegación chino BeiDou, la versión china del GPS. Los países que utilicen el sistema podrían volverse dependientes de China, como es el caso de Irán.

El papel de las empresas espaciales privadas

Ha habido un enorme crecimiento de las actividades comerciales en el espacio en la última década. Como resultado, algunos académicos ven un futuro de cooperación espacial definido por intereses comerciales compartidos. En este escenario, las entidades comerciales actúan como intermediarios entre los estados, uniéndolos detrás de proyectos comerciales específicos en el espacio.

Sin embargo, es poco probable que las empresas comerciales dicten la futura cooperación internacional en el espacio. De acuerdo con la ley espacial internacional actual, cualquier empresa que opere en el espacio lo hace como una extensión y bajo la jurisdicción del gobierno de su país de origen.

El dominio de los estados sobre las empresas en los asuntos espaciales ha sido claramente ejemplificado a través de la crisis de Ucrania. Como resultado de las sanciones impuestas por el estado, muchas empresas espaciales comerciales han dejado de colaborar con Rusia.

Dado el marco legal actual, parece más probable que los estados, no las entidades comerciales, continúen dictando las reglas en el espacio.


Las empresas privadas ahora son jugadores importantes en el espacio, pero los lanzamientos, como las muchas misiones de SpaceX, todavía están bajo la jurisdicción de las naciones de origen de las empresas. NASA/Tony Green


Bloques espaciales para colaboración o conflicto

Creo que, en el futuro, las formaciones estatales, como los bloques espaciales, serán el principal medio a través del cual los estados promoverán sus intereses nacionales en el espacio y en tierra. Hay muchos beneficios cuando las naciones se unen y forman bloques espaciales. El espacio es difícil, por lo que tiene sentido compartir recursos, mano de obra y conocimientos. Sin embargo, dicho sistema también conlleva peligros inherentes.

La historia ofrece muchos ejemplos que muestran que cuanto más rígidas se vuelven las alianzas, más probable es que surja un conflicto. La creciente rigidez de dos alianzas, la Triple Entente y la Triple Alianza, a fines del siglo XIX se cita a menudo como el desencadenante clave de la Primera Guerra Mundial.

Una lección clave es que mientras los bloques espaciales existentes sigan siendo flexibles y abiertos a todos, la cooperación prosperará y el mundo aún puede evitar un conflicto abierto en el espacio. Mantener el enfoque en los objetivos científicos y los intercambios entre y dentro de los bloques espaciales, mientras se mantienen a raya las rivalidades políticas, ayudará a asegurar el futuro de la cooperación internacional en el espacio.

Svetla Ben-Itzhak, Profesor Asistente de Relaciones Espaciales e Internacionales, Air University