Representa el 12% del total global sembrado
con cultivos extensivos en el mundo. Mientras que en Argentina alcanza
al 60% de las hectáreas sembradas y en producción de cereales y
oleaginosas.
Su producción tiene amantes y detractores, pero lo cierto es que le ha
dado un vuelco tan grande a la economía argentina que el valor agregado
por la cadena de la soja durante las últimas diez campañas fue, en
promedio, de U$S 9,9 miles de millones anuales, lo que equivale al 4,7%
del Producto Bruto Interno (PBI) durante el período, según consigna
Luciano Cohan en su libro “El aporte de la cadena de soja a la economía
argentina”.
Con precios internacionales tonificados y que en algunos casos han
tocado cifras récord, la Pampa Húmeda ha sido el escenario indiscutido
durante todos estos años del “boom sojero”.
Mendoza parecía relegada naturalmente a no pensar en su desarrollo por estos terruños.
Fundamentalmente, el requerimiento alto de agua, que arranca desde los
600 mm anuales por hectárea (el triple del régimen de lluvias promedio
de la provincia) hasta los 1.000 mm anuales por hectárea, se convirtió
en la principal barrera de ingreso al negocio.
De la mano de los desarrolladores de semillas, que han logrado una mejor
adaptación y ciclo, el cultivo tanto de soja como de otras oleaginosas y
cereales parece tener un nuevo impulso en la provincia.
Diversificar la matriz
En el último año, Santa Rosa se ha convertido en un foco interesante
para los inversores que quieren aventurarse en el negocio de los
cultivos de extensión bajo riego.
Así lo confirmó a Los Andes Franco Settepani, director de Desarrollo Económico de la municipalidad de Santa Rosa.
“Se ha instalado en el departamento una empresa que ya tiene sembrados
siete cultivos y la idea es llegar a trece para el año que viene. Esta
compañía ha implantado girasol para semilla, también hicieron una prueba
con trigo, algo de soja y sembraron maíz para choclo”, indicó. En
total, tienen 350 hectáreas sembradas funcionando en el departamento y
de las cuales obtuvieron rendimientos promedio por encima de la media
nacional.
En tanto, un cordobés, que tiene un campo en ese mismo departamento
pondrá a funcionar su cultivo de soja en 50 hectáreas. El campo, ubicado
en Colonia San Jorge, ya tiene un pozo, un reservorio de agua y riego
por aspersión.
“El próximo verano, allá por noviembre, vamos a plantar soja; de hecho,
ya tenemos las semillas. Vamos a probar en 50 hectáreas”, contó Jorge
Sanabria, a cargo del campo sojero. Aunque, el empresario remarcó que el
emprendimiento recién está comenzando. Las intenciones de poner un
cultivo de soja estaban previstas para este año pero, por problemas en
el sistema de riego, no pudieron llegar a término con los trabajos.
Settepani fue muy contundente a la hora de hablar sobre la necesidad de
diversificar la matriz productiva de su departamento. “No veo una
Mendoza sojizada, pero si una ganadera, en donde se puede convertir
proteína vegetal en animal”, indicó el directivo de la municipalidad.
En este sentido, se mostró confiado y sostuvo que “veo una provincia con
muchas alternativas. En un plan de rotación de cultivos hay varias
ecuaciones que pueden funcionar como: soja-maíz, soja-trigo, o
soja-centeno. La misma tecnología que se utiliza en la Pampa Húmeda se
puede colocar en la provincia con un sistema de riego eficiente”.
De hecho, en Santa Rosa, han lanzado un plan para diversificar la matriz
productiva en 35 hectáreas. Para ello la municipalidad ha brindado a
diferentes productores semillas, agroquímicos y el servicio de
maquinaria necesario para desarrollar maíz bajo riego.
“El productor puso la tierra y se encarga del cuidado del cultivo.
Cuando cosechamos, a través de una cooperativa, nosotros nos cobramos el
servicio”, cuenta Settepani. Aunque los resultados recién se van poder
ver en abril-mayo, el emprendimiento va por buen camino.
Otros polos
Al igual que en Santa Rosa, tanto en el departamento de San
Rafael como en Lavalle, también hay empresarios que se han decidido a
sembrar soja bajo riego.
Es el caso de José Orfila (h), quien confirmó que ya tiene en su poder
las semillas para implantar soja en una propiedad de la familia ubicada
en el sur provincial, más precisamente en San Rafael. Orfila indicó que
este año no llegaron con labores culturales requeridas para poder hacer
la prueba piloto, pero están confiados en realizarla durante el próximo
verano.
El empresario ya tiene funcionando un cultivo extensivo de maíz para
grano de ciclo corto, el cual tiene previsto comercializar en los
feedlots de la zona.
Orfila forma parte de una prueba piloto que la empresa de semillas Nidera está liderando en la provincia.
Francisco De Marchi, gerente de la empresa para la región sur de Córdoba
y San Luis, indicó que “estamos buscando hacer algunas parcelas de
ensayo en Mendoza con soja del Grupo 4 corto. La idea es ver cómo se
puede desarrollar, para penetrar en el mercado e ir haciendo soja en
Mendoza”.
De Marchi consideró entre las limitantes que existen en la provincia, la
poca o casi nula disponibilidad de la maquinaria para sembrar y para
cosechar. Por esta razón han buscado productores que tengan maquinarias
que se puedan adaptar de otros cultivos.
“Creo que de la mano de los resultados es que vamos a poder analizar si
el cultivo será relevante. Los productores deberán estudiarlo y ver si
lo pueden tomar como una opción de producción. Personalmente, considero
que el cultivo se puede implantar y tener buenos resultados. Igual hay
que esperar a que se concreten para evaluar si pueden tener algún tipo
de impacto en la zona”, sostuvo De Marchi.
El valor de la tierra y el agua
Sin lugar a dudas es la pregunta del millón: cuánto hay que
invertir para tener un cultivo de soja. Si bien no hay datos para la
provincia de Mendoza, el INTA Pergamino realiza quincenalmente un
estudio sobre los márgenes brutos de cultivos en dólares para la zona
norte de Buenos Aires.
Este informe cerrado el 22 de febrero indica que para la región de
influencia -teniendo en cuenta labranza, semilla, el uso de componentes
nitrogenados y fosforados para la tierra, agroquímicos y cosecha-, el
costo por hectárea debería rondar los 350 dólares para una hectárea de
soja con rindes promedio de 2.800 kilos, y para rindes promedio de 3.800
kilos se deberían contabilizar unos 373 dólares.
Sin embargo, este estudio no contempla la tierra y algo fundamentalmente
necesario en Mendoza, cual es la disponibilidad de agua o la inversión
necesaria en equipos de riego para eficientizar su uso.
Como para tener una idea, datos revelados en el sector indican que se
necesita una inversión no menor a 50 mil dólares para colocar un sistema
de riego por aspersión con pivote central en un campo de 55 hectáreas. A
esto habría que sumarle el costo de realizar una perforación para
obtener agua subterránea, el cual podría rondar en promedio los 50 mil
dólares en departamentos como Santa Rosa.
También hay que tener en cuenta el precio de la tierra. Una hectárea de
campo, sin cultivar en la zona de Santa Rosa, con derecho a riego, tiene
un precio promedio que va desde los $ 3 mil a los $4 mil dólares la
hectárea. Mientras que el zona nucleo de cultivo de soja de Buenos
Aires, el precio de la hectárea puede oscilar entre los $20 mil a los
$30 mil dólares.
El caso del maíz
Esta no es la primera vez que en Mendoza se intentan
desarrollar cultivos extensivos. Ya en la década del ‘80 se pretendió
desarrollar fuertemente el cultivo de maíz y de hecho varias empresas
importantes arribaron a la provincia con ese objetivo.
Además del factor climático, que no ayudó a que el cultivo prosperara,
también se enfrentó un problema en la comercialización, ya que el
transporte y la logística insumían toda la ganancia.
Los principales puertos de exportación de granos se encuentran en Santa
Fe y Buenos Aires, por lo que el transporte reducía prácticamente a cero
su rentabilidad.
Hoy el maíz es utilizado por algunos horticultores, principalmente los
que se dedican al ajo, como cultivo de rotación. La comercialización en
este caso es diferente ya que se buscan por lo general espacios como la
ganadería o la avicultura para vender la producción, evitando el costo
logístico.
Los números del boom
Según datos analizados por Luciano Cohan en
su libro "El aporte de la cadena de soja a la economía argentina", la
soja ha implicado que:
-Argentina lograra convertirse en uno de los principales actores en los
mercados globales de soja y derivados. Su participación creció del 15%
del total en el año 1995 a un máximo de 28% en el año 2007.
-Entre las campañas 2003/04 y 2007/08, todo el crecimiento en la siembra
de soja se realiza en producción de segunda. Desde 2008/09 se observa
una pronunciada caída de 3 millones de hectáreas en la soja de segunda y
un salto de la soja de primera de 4,7 millones de hectáreas.
-Argentina, junto con Uruguay y Paraguay, con casi el 100% de la soja
sembrada genéticamente modificada, se ubica como el país de mayor
difusión de este tipo de cultivos a nivel global.
Consideraciones para la diversificación productiva
Por Carlos Parera - Director del Centro Regional Mendoza-San Juan del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA)
La matriz productiva de Mendoza y los
valles andinos irrigados de otras provincias se basa en la producción
intensiva de frutas y hortalizas, donde la vid y el olivo son los
principales cultivos en superficie. Un cambio de esta matriz es factible
pero debe estar basado en estudios técnicos, económicos y sociales que
puedan dilucidar claramente el impacto que el mismo pueda ocasionar.
La producción de oleaginosas (soja, girasol, etc.) o cereales (maíz,
trigo, etc.) es posible en Mendoza, dados los avances tecnológicos que
están disponibles actualmente (genética, plaguicidas, maquinaria y
otros). Sin embargo aparecen luces rojas cuando analizamos la logística
de la que dispone la región para cultivos de esta naturaleza, el cálculo
de la superficie mínima de siembra para asegurar rentabilidad o la
factibilidad de mecanizar el cultivo. Otros factores también a
considerar y de gran importancia para nuestra región son la
disponibilidad de agua y la oportunidad de riego, factores clave para
lograr rendimientos competitivos; esto implica incorporar tecnología de
riego y un incremento en los costos de producción.
Desde el punto de vista social, se debe considerar el impacto que podría
tener un cambio de matriz productiva sobre la ruralidad. Al ser los
cereales y oleaginosas cultivos de baja demanda de mano de obra y al
reemplazar a cultivos intensivos, esta conjunción podría contribuir a
aumentar la emigración de la población rural hacia las ciudades.
Podríamos sumar a la argumentación otros considerandos, no obstante los
puntualizados hasta aquí dan idea de que el cambio de matriz productiva
no es sencillo, y que su impacto excede generalmente al productor.
Es importante evaluar qué iniciativas de diversificación o ampliación de
la matriz productiva pueden ser consideradas y de alguna manera
complementar otros desarrollos productivos que generen agregado de valor
en los territorios, caso de la avicultura o la producción de carne
bovina y/o porcina. La complementación de la producción de forraje o
alimentos y su transformación a carne puede aumentar la productividad
del territorio y transformarse en un modelo productivo a considerar y
desarrollar.
Desde el INTA apoyamos estas iniciativas, generando información que
pueda ayudar a la toma de decisiones y de esta forma asegurar modelos
productivos sustentables.
Fuente: Los Andes Online