viernes, 11 de septiembre de 2020

The Mars Society (capítulo Argentina): Impulsores de una cultura espacial
Jóvenes integrantes de una organización internacional con sede en Mendoza promueven charlas y talleres sobre ciencias espaciales, en particular sobre el conocimiento del planeta Marte. 
Por Magdalena Bagliardelli


Foto: Gentileza The Mars Society Argentina

¿Es posible para nuestro país llegar a Marte? “Sí”, afirma con convicción Gabriel Caballero, fundador y director del capítulo argentino de The Mars Society. El joven, de 25 años, es parte de una organización sin fines de lucro nacida en los Estados Unidos que busca “educar al público y a los gobiernos sobre la importancia de explorar el planeta Marte, llevar humanos allí y establecer una base fija en ese planeta”.

El 14 de abril de 2018, la sede de The Mars Society Argentina (TMSA) comenzó a funcionar en la ciudad de Mendoza. Un año antes, Gabriel Caballero, estudiante de la carrera Ingeniería Electrónica en la Universidad Tecnológica de Mendoza, había conocido la organización internacional a partir de una convocatoria para viajar a los Estados Unidos a participar en una base de simulación del planeta Marte, ubicada en el desierto de Utah. “Fue vivir una experiencia de astronauta, lo más realista posible. Era como estar en Marte, aislados en el desierto, sin medios de comunicación, encerrados por dos semanas. Fue muy realista”, recuerda Gabriel.

“¿Por qué tuve que viajar tan lejos para vivir esta experiencia, si en la Argentina tenemos la inteligencia para poder resolver problemas con pocos recursos?”, reflexiona en diálogo con Convivimos. “Creemos erróneamente que cualquier tema espacial tiene que surgir de los Estados Unidos o Europa, y no es así”, añade.

Durante estos dos años, TMSA ha organizado actividades abiertas a todo público, ya sea en eventos puntuales como el NASA Space Apps, mediante la generación de convenios con universidades del país y en la participación en el Congreso Argentino de Tecnología Espacial, que se realiza cada dos años. 

El NASA Space Apps Challenge es un concurso de proyectos, con formato de hackatón, que se realiza en simultáneo en más de 200 ciudades alrededor del mundo. La particularidad del evento es que no se limita a la realización de programas o software, sino que desde NASA lanzan una consigna para que los participantes, en grupo, propongan proyectos de hardware, audiovisuales, artísticos, sociales, entre otros, para resolverla. Pueden participar estudiantes de todos los niveles educativos y otras personas interesadas en la temática sin importar su edad o profesión. En general, los temas desafían a los grupos a enfrentar problemas reales actuales, tanto del planeta tierra como del espacio, cuya resolución podría originar nuevos equipos de trabajo y emprendimientos.

En 2019, participaron 200 personas, desde chicos de escuelas primarias hasta profesionales, en un evento que se desarrolló durante un fin de semana. Uno de los desafíos era proponer una solución al problema de contaminación de los océanos. 

“Desde que empieza el evento tratamos de tener expertos que vayan a los grupos a ver cómo están trabajando y luego los alentamos a que lo sigan haciendo durante el año”, explica Gabriel.

Como parte de las respuestas, propusieron un sistema de medición del caudal de agua que genera una casa, para concientizar sobre el derroche y promover el reciclado, así como un robot barredor de océanos. “De los once proyectos que surgieron, hubo varios que empezaron a tener su apoyo por parte de incubadoras para llevarlos adelante, pero este año con el tema de la pandemia se trabó todo”, afirma el director de TMSA.

“Sin lugar a dudas, este tipo de eventos tiende a motivar la vocación científica también entre las chicas. El año pasado contamos con la participación de Laura Moreschi, de CONAE e integrante del proyecto SAOCOM. Entonces, conocer a una mujer que estuvo al mando de una misión de un satélite argentino fue decir ‘Yo también puedo’. 

El impacto que genera esta propuesta es muy grande, y también motiva la posibilidad de hacer una carrera acá, en la Argentina. Queremos crear una cultura espacial y convencer a los chicos de que se puede hacer un desarrollo acá mismo para que los gobiernos inviertan más en investigación, ciencia y tecnología”, enfatiza. 

EXPERIENCIAS ESPACIALES

La sede argentina de The Mars Society participa del Consorcio Universitario de Ingeniería Espacial (UNISEC), cuyo objetivo es acercar proyectos del área espacial a universidades de todo tipo. “Hay muchas cátedras, materias, tesis que los estudiantes tienen que realizar sobre ciencias espaciales y no saben por dónde empezar, y el consorcio busca acercar proyectos, apoyarlos, darles recursos, conocimientos y que puedan recibirse dentro de su propia universidad”, comenta Caballero.

“Estamos trabajando en conjunto con la UTN de Mendoza, la de Córdoba y la de San Francisco. También con la Universidad Nacional de Cuyo. En el caso de Córdoba, que es el punto más influyente en el área espacial por las fábricas y las centrales de CONAE, nos hemos vinculado con estudiantes del Club de Robótica de la UTN que crearon un nanosatélite educativo, para luego construir un satélite. Desde UNISEC nos dijeron que repliquemos el proyecto para empezar a fomentar el desarrollo de tecnología espacial”, cuenta.

Otro de los proyectos que tiene en agenda TMSA es replicar la experiencia de Carl Sagan (astrónomo, escritor y divulgador científico estadounidense) de ir a escuelas y mostrar imágenes del espacio, poder crear maquetas de satélites, cohetes, modelos espaciales para que los chicos puedan armar las partes y conocer cómo funcionan. “Creemos que si pueden ir aprendiendo cómo está construido el elemento, se van a ir enamorando. Lo mismo queremos hacer con escuelas que trabajan con impresión 3D y las que tienen robótica: a esas la idea es ir con el estilo de nanosatélite, que es muy lindo, porque con poca inversión inicial se puede hacer un prototipo con el cual trabajar”, asegura. 

Cómo comunicarse: 

The Mars Society Argentina 




Gobierno mendocino enviará un "paquete tecnológico" de leyes para fomentar la industria del conocimiento
Lo anunció en el marco del foro Mendoza Tec 2020. Se trata de tres proyectos que enviará a la legislatura.




En el marco del foro Mendoza Tec 2020, que reunió de manera virtual a emprendedores y empresarios de la industria del conocimiento, el gobernador Rodolfo Suarez anunció a través de su cuenta de Twitter que enviará una serie de proyectos a la Legislatura para fomentar dicha industria.

"Comparto con ustedes el anuncio de un Paquete Tecnológico de tres leyes que enviaremos a la Legislatura para potenciar aún más el esfuerzo público- privado, generando empleo privado de calidad e incrementando las exportaciones de Mendoza", escribió el mandatario.

El primer proyecto se trata de una ley de Fomento Emprendedores: "busca la creación de nuevos emprendimientos de base tecnológica con fondos por 1.500.000 dólares y 3.330.000 pesos", afirma el Gobernador.

Luego, anunció la idea de crear una Agencia de Ciencia, Tecnología e Innovación, la cual buscará redefinir "la estrategia de desarrollo científico y tecnológico, articulando al ambiente académico, empresarial y productivo dando cumplimiento a una propuesta de campaña, destinando una suma de 1.500.000 dólares", según las palabras de Suarez.

Finalmente, Rody prevé crear una ley de Economía del Conocimiento: "buscamos fomentar el desarrollo de software, servicios informáticos y audiovisuales, entre otros considerados 'economía naranja'", sostuvo.

Para cerrar, sostuvo que con esta última ley buscará crear nuevas empresas y potenciar las que ya existen, inyectando fondos por 1.400.000 dólares y 95.000.000 de pesos.


Fuente:  voxpopuli.net.ar
Los próximos telescopios espaciales chinos para el estudio de exoplanetas
Por Daniel Marín



El programa espacial científico chino ha avanzado de forma vertiginosa en los últimos años, a pesar de que muchas misiones propuestas en la última década se han pospuesto —o evolucionado—, o bien han sido directamente canceladas. Entre las misiones que siguen adelante podemos destacar aquellas destinadas a estudiar exoplanetas. La primera de ellas es CHES (Close-by Habitable Exoplanet Survey), un telescopio espacial que estará situado en el punto de Lagrange L2 del sistema Tierra-Sol (ESML2). CHES es una misión interesante porque detectará exoplanetas mediante astrometría. Hasta ahora, la inmensa mayoría de exoplanetas se han descubierto usando el método del tránsito —empleado por las misiones Kepler y TESS de la NASA, por ejemplo—, un método seguido en popularidad por el de la velocidad radial. Sin embargo, por ahora no se ha lanzado una misión exclusivamente destinada a descubrir exoplanetas por este método (la misión europea Gaia detectará muchos planetas extrasolares con esta técnica, pero se trata de uno de sus muchos objetivos). La astrometría tiene la ventaja de ser complementaria al método del tránsito y el de la velocidad radial. Mientras estas dos últimas técnicas favorecen el descubrimiento de planetas situados muy cerca de sus estrellas, el método astrométrico favorece la detección de aquellos en órbitas más distantes.


Telescopio espacial chino CHES para descubrir exoplanetas mediante astrometría (B. Liu et al).


CHES es un telescopio espacial con un espejo primario de 1,4 metros de diámetro y una focal de 42 metros que se centrará en la búsqueda de planetas extrasolares alrededor de estrellas cercanas de tipo solar. En concreto, estudiará unas cien estrellas de tipos espectrales F, G y K situadas a menos de 32,6 años luz (o sea, 10 pársecs). Gracias al empleo de astrometría con una precisión de un microsegundo de arco, se estima que CHES descubrirá unos cincuenta exoplanetas de tamaño terrestre o supertierras. También descubrirá exoplanetas con periodos de entre 30 días y 10 años y será capaz de estudiar la atmósfera de algunos de ellos en busca de biomarcadores como agua o metano. Incluirá tres espectrógrafos en el ultravioleta, en el visible y en el infrarrojo, además de una cámara capaz de observar en el infrarrojo. La misión CHES recuerda al malogrado proyecto SIM de la NASA y a su sucesor, SIM Lite, que debían haber sido los primeros observatorios espaciales dedicados a la detección de exoplanetas mediante interferometría. Si todo sale bien, CHES debe despegar en 2028. Su misión primaria durará unos cinco años.


Rango de búsqueda de CHES de exoplanetas dependiendo de su masa y su periodo (CNSA).


El otro proyecto es Miyin (觅音, algo así como «el buscador de voces» en mandarín), una misión más ambiciosa a cargo de CASC (China Aerospace Science and Technology Corporation) destinada a buscar exoplanetas potencialmente habitables mediante un interferómetro espacial. La interferometría es una potente técnica que permite anular la luz de la estrella para poder ver los planetas que giran a su alrededor de forma directa. Aunque a principios de este siglo hubo dos propuestas muy potentes para sacar adelante misiones de este tipo —Darwin de la ESA y TPF/TPF-I (Terrestrial Planet Finder) de la NASA— las complejidades técnicas asociadas a este método impidieron su desarrollo. Miyin consistirá en cuatro telescopios que se situarán en el punto ESML2. Una vez allí, los satélites se dispondrán en disposición triangular, con una de las naves en el centro. Las tres naves exteriores estarán comunicadas con la nave central usando haces láser. Cada nave tendrá un telescopio que trabajarán en el infrarrojo medio (12 micras), ya que en esta zona del espectro el contraste de brillo entre la estrella y los posibles exoplanetas es mucho mayor que en el visible. De esta forma, Miyin logrará alcanzar 0,01 segundos de arco de resolución, lo que permitirá ver directamente exoplanetas alrededor de estrellas no muy lejanas. El interferómetro Miyin tendrá la misma resolución que un telescopio espacial con un espejo primario de 300 metros. Naturalmente, los exoplanetas rocosos se verán como puntos, pero incluso en este caso se puede extraer muchísima información sobre sus características e incluso sobre su atmósfera (en caso de existir). De hecho, uno de los objetivos de Miyin es detectar agua en planetas rocosos potencialmente habitables. Miyin se encuentra por ahora en una fase conceptual, por lo que puede no ser aprobado finalmente. En caso de que así sea, despegaría alrededor de 2030.


Características técnicas del interferómetro espacial infrarrojo Miyin (https://twitter.com/EL2squirrel).


A estos proyectos hay que sumar el que será el primer telescopio espacial chino, Xuntian (巡天), también conocido por sus siglas en inglés de CSST (Chinese Space Station Telescope). Xuntian es un telescopio de unas veinte toneladas que debe despegar en 2021 o 2022. Dispondrá de un espejo principal de 2,4 metros de diámetro como el del telescopio Hubble o el futuro Nancy Grace Roman (WFIRST), aunque al estar destinado a estudios de campo muy amplio, se parecerá más a este último que al Hubble. Xuntian se acoplará regularmente con la futura estación china permanente para que la tripulación sustituya sus instrumentos o repare los sistemas que sean necesarios. Xuntian es un telescopio de objetivo general que observará todo tipo de objetos astronómicos, aunque también estudiará exoplanetas. Además de estos proyectos, también existen otras propuestas que incluyen un telescopio para descubrir exoplanetas por el método del tránsito, aunque por el momento no se han materializado. Como vemos, la astronomía espacial china ha venido para quedarse.


El futuro telescopio espacial Xuntian (CNSA).



miércoles, 9 de septiembre de 2020

El futuro de CRISPR: bebés a la carta para parejas sin alternativas
Tras el escándalo de las gemelas cuyo genoma fue editado en China, un panel de expertos acaba de publicar un informe con recomendaciones sobre el uso de la tecnología. A corto plazo, solo contemplan que se utilice para ayudar a los futuros padres que compartan la misma enfermedad hereditaria.
por Antonio Regalado | traducido por Ana Milutinovic


AP Photo/Kin Cheung


En un informe de alto nivel a raíz del nacimiento de los bebés CRISPR en China en 2018, los científicos afirman que el próximo uso médico de esta tecnología debería restringirse estrictamente a los posibles padres incapaces de tener hijos sanos mediante otra vía, como las parejas negras que tienen anemia de células falciformes.

El informe de más de 200 páginas, de las Academias Nacionales de EE. UU. y la Royal Society de Reino Unido, advierte de que la "edición del genoma hereditario" o el uso de potentes herramientas de edición de ADN como CRISPR para reescribir los genes de embriones humanos, aún no es lo suficientemente seguro para aplicarse en clínicas de fecundación in vitro (FIV), pero anticipa que podría llegar a serlo en el futuro.

La próxima aplicación principal de esta tecnología solo debería servir para ayudar a las parejas que de otra manera no tienen posibilidades de tener hijos sanos, una situación poco común, pero en la que los beneficios podrían superar claramente los riesgos.

En una videollamada por Zoom con periodistas, el copresidente del panel de expertos y presidente de la Universidad Rockefeller (EE. UU.), Richard P. Lifton, describió el informe como un diagrama del "uso gradual de la tecnología, para asegurarse de que [sea] segura". Los miembros del panel creen que las aplicaciones futuristas como aquellas para mejorar la inteligencia o para crear niños con mayor resistencia a las enfermedades son demasiado inciertas para intentarlas.

Desde que CRISPR se desarrolló por primera vez, los científicos esperaban poder autorregular el uso de esa tecnología y evitar prohibiciones legales. Pero su objetivo sufrió un revés en noviembre de 2018, después de que el científico chino He Jiankui afirmara que había ido un paso más y había editado genéticamente los embriones de dos gemelas para que las niñas fueran resistentes al VIH.

Ampliamente criticado y luego condenado a tres años de prisión por violar las normas médicas, el arriesgado experimento de He desconcertó a los líderes científicos. No solo había revelado muchos de sus planes, también citó un informe anterior de las Academias Nacionales de EE. UU., como su luz verde ética. Ese informe de 2017 calificaba el uso de esta tecnología como prematuro, pero lo aprobaba como moralmente permisible.

El informe actual ha sido motivado de forma directa por esta debacle china, según la genetista de la Universidad de Oxford (Reino Unido) y copresidenta del nuevo panel de expertos, Kay Davies. A diferencia de informes anteriores, este no se centra en los debates éticos, sino que aborda la cuestión práctica de una "vía de traslación responsable", es decir, cuál podría ser el uso apropiado de esta tecnología en la medicina.

"Todo el mundo debe prestar atención a los usos principales de la tecnología y cómo se deberían limitar. De eso se trata", opina el director del Instituto Berman de Bioética de la Universidad Johns Hopkins (EE. UU.) y miembro del panel de expertos, Jeffrey Kahn.

Kahn, Davies, Lifton y el resto de autores explicaron que si CRISPR madura y los países llegan a permitir su uso, las primeras aplicaciones deberían limitarse a esas situaciones raras en las que las dos personas padecen la misma enfermedad hereditaria grave. En esos casos, ninguno de los padres tendría un gen normal para transmitir.

Un ejemplo serían dos personas con fibrosis quística que quieren tener hijos. Tales situaciones no son comunes y los expertos trataron de estimar con qué frecuencia podrían surgir. Por ejemplo, en EE. UU., aproximadamente uno de cada 13 afroamericanos es portador del rasgo genético de la anemia de células falciformes. Aquellos que heredan dos copias de esta mutación (aproximadamente una de cada 350 personas) desarrollarán la enfermedad, que afecta a los glóbulos rojos y puede causar complicaciones dolorosas que acortan la vida. El informe estima que podría haber 80 parejas en EE. UU. en las que ambos tienen la enfermedad de células falciformes.

Esas parejas no podrían tener hijos propios sanos sin edición genética. Por otra parte, en Asia, el trastorno sanguíneo beta talasemia es lo suficientemente común como para crear situaciones similares, según el informe, y otros problemas parecidos pueden surgir en culturas donde es frecuente que las personas se casen con primos cercanos.

La especialista en fertilidad de Shady Grove Fertility Jeanne O'Brien cree que el enfoque del grupo de expertos sobre edición de genes reproductivos para personas negras podría plantear dudas sobre equidad. Las personas con anemia de células falciformes en Estados Unidos "han quedado marginadas porque suelen ser negras y pobres", comenta, pero ahora se las busca para participar en experimentos de terapia genética. "Resulta irónico que este grupo sea actualmente el más demandado para innovación biotecnológica", resalta.

Los científicos que escribieron el informe todavía no creen que la edición del genoma esté lista para su uso en las clínicas reproductivas. Esto se debe a que tiende a introducir mutaciones inesperadas que son difíciles de detectar y puede generar embriones con una mezcla de células editadas y sin editar. Esos problemas, y otros, fueron evidentes en un manuscrito inédito que describe a los bebés CRISPR de China, del cual MIT Technology Review publicó algunos extractos.

Según el sociólogo de la Universidad Estatal de Arizona (EE. UU.) Benjamin Hurlbut, el nuevo proyecto se ha realizado "para salvar la perjudicada reputación del campo de la edición del genoma al mostrar cómo llevar a cabo de forma responsable lo que [He Jiankui] hizo de manera irresponsable".

El uso seguro de CRISPR en las clínicas reproductivas requerirá mejoras técnicas. Una de ellas debería permitir distinguir los embriones normales de los enfermos, incluso cuando se trata de una sola célula, de modo que los primeros no se tengan que editar "innecesariamente" o eliminar. También se necesitan métodos de edición más precisos capaces de reproducir las secuencias exactas de ADN que se encuentran en personas sanas.

Según el director del Broad Institute y miembro del panel de expertos, Eric Lander, la conclusión del grupo de que la tecnología de edición del genoma requiere varios años más de investigación equivale a una moratoria extendida sobre la creación de más bebés CRISPR. "La noción de unos límites claros y una atención especial sobre si cruzarlos es un aspecto importante del informe", destaca.

Además de señalar razones legítimas a nivel médico para la creación de bebés CRISPR, los panelistas también piden que un organismo internacional supervise ese trabajo. Podría ser algo parecido al Organismo Internacional de Energía Atómica, que inspecciona los sitios nucleares y regula los tratados. También se necesita una forma de que las personas denuncien los experimentos poco éticos, según el informe.

Lifton añade: "Nuestro grupo estaba muy preocupado por la posibilidad de que los científicos deshonestos se organizaran por su cuenta. Este campo obviamente se está moviendo muy rápido, con un alto ritmo de avance tecnológico. Pero no podemos seguir avanzando sin un mecanismo".

No se sabe si los futuros fabricantes de bebés o los gobiernos prestarán atención a estas recomendaciones. Pero muchos países ya prohíben la creación de seres humanos modificados genéticamente, sea cual sea su propósito: ese procedimiento está prohibido en Estados Unidos y, al menos, en otros 66 países, según los resultados de una encuesta inédita de la experta en bioética de la Universidad de Dalhousie (Canadá) Françoise Baylis. De más de 100 países cuyas leyes y regulaciones fueron revisados, solo un puñado de ellos permitiría el uso de esta tecnología.



Un vídeo muestra el rápido ensamblaje de los cazas surcoreanos de quinta generación
Corea del Sur presentó por primera vez su proyecto de un caza de quinta generación de fabricación nacional en 2016 y según afirman sus creadores, el primer prototipo podría alzar vuelo en 2022.




Aunque solo se trata de un prototipo, que estará realizando vuelos de prueba hasta 2026, según los planes de los aviadores surcoreanos, es una impresionante velocidad de desarrollo en términos de la aviación. Una muestra de ello es un vídeo del proceso de ensamblaje que han compartido los militares de Corea del Sur. 

En las imágenes se puede observar que la aeronave está compuesta por tres elementos principales: la parte frontal con la cabina de piloto y las tomas de aire, la parte central con las alas integradas, y la parte trasera donde irá el correspondiente empenaje. 

Korea Aerospace Industries, la compañía al frente del proyecto cuyo coste asciende a 7.400 millones de dólares, planea finalizar este primer prototipo para abril de 2021. 

A juzgar por el color de los elementos ya ensamblados, en el fuselaje de la aeronave se usan de manera extensa materiales compuestos. Estos ofrecen una multitud de ventajas, que incluyen una menor radio-detectabilidad, menor peso combinado con una mayor robustez, así como una mejor aerodinámica. 


© AP PHOTO / AHN YOUNG-JOON


Al igual que sus competidores de China —el FC-31— y de Turquía —TF-X—, el KF-X tiene una configuración general que se asemeja mucho a los cazas de quinta generación estadounidenses F-22 Raptor y el F-35 Lightning II. 

Según los diseñadores de la aeronave, su velocidad máxima tendría que llegar a los 2.200 km/h, con un alcance máximo de 2.900 km y una capacidad de carga total de 7,7 toneladas. Para tener semejantes prestaciones, la aeronave estará equipada con una versión especial de los motores GE Aviation F414, con un empuje de unos 100 kilonewtons. De hecho, la misma planta motriz propulsa a los cazas JAS 39E/F Gripen y a los F/A-18E/F Super Hornet. 

Al mismo tiempo, el KF-X también destaca en ciertos aspectos en comparación con otros cazas de quinta generación. Así, no estará portando su armamento dentro de un compartimento interno. En lugar de ello, sus misiles estarán medio escondidos en su fuselaje, de un modo similar a como se montan los misiles en el MiG-31 o en el F-14. Con ello, se contempla la posibilidad de integrar unos compartimentos internos con futuras actualizaciones del diseño.



Mendoza: Cultivo de cannabis, un proyecto provincial que une salud y economía
Legislatura. La iniciativa será tratata en las próximas sesiones de la comisión de Salud. Destacan la posibilidad de producir, generar una cadena de valor y aportar seguridad a los pacientes.
por Fernanda Oviedo


USO MEDICINAL. ACTUALMENTE EXISTE UN MERCADO PARALELO SIN MAYORES CONTROLES DE CALIDAD.

Tal como fue anunciado por el gobernador en la Apertura de Sesiones el pasado 1 de mayo, en la Legislatura provincial se está trabajando sobre un proyecto de ley presentado por el diputado del Frente Renovador, José María Videla. Mediante el mismo, como primera medida, se propone la adhesión de Mendoza a la ley nacional Nº 27.350 que establece un marco regulatorio para la investigación médica y científica del uso medicinal, terapéutico y/o paliativo del dolor de la planta de Cannabis y sus derivados y que fuese reglamentada el 21 de septiembre de 2017. Lo novedoso y lo que despierta el apoyo del Ejecutivo al proyecto de una fuerza que compone la alianza oficialista, es la visión de desarrollo productivo y económico.

Actualmente se está trabajando en conjunto con los dos ministerios a los que atañe fundamentalmente la iniciativa, el de Economía y Energía y el de Salud, Desarrollo Social y Deportes. “El proyecto es importante porque implica un marco jurídico frente a la posibilidad de producir, de generar una cadena de valor y que fundamentalmente puede aportar seguridad a los pacientes”, comentó el diputado Videla.

“La idea comenzó al observar una especie de mercado paralelo al que muchas personas con ciertas enfermedades o dolencias recurren para adquirir productos como el aceite o cremas de cannabis de los cuales se desconoce el origen y la calidad. Y al mismo tiempo, frente a una matriz productiva provincial que está bastante agotada, ver allí la oportunidad de desarrollo de nuevos polos productivos”.

La provincia de Mendoza cuenta con una ley pionera (N° 8952) promulgada en abril de 2017 que encomienda al Ministerio de Salud, Desarrollo Social y Deportes la implementación, vigilancia y control de investigaciones médicas y científicas, incluidos experimentos clínicos con aceite de cannabis y sus derivados de grado farmacéutico de pureza requerida por la ANMAT (Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica). Crea la Unidad de Vigilancia Tutelada conformada por profesionales especialistas de los Hospitales Central, Notti y demás efectores públicos del interior de la Provincia, cuyo propósito es la implementación del Protocolo de Directrices Clínicas sobre el uso de productos cannabinoides y la revisión de los criterios de admisión y utilización de los derivados en salud humana, pudiendo modificarlos según los resultados obtenidos en los pacientes y en la evidencia disponible. “En la actualidad, los pacientes incluidos en la Unidad rondan un número aproximado de 10, ya que se suman o se restan según la respuesta al tratamiento”, comenta el Dr. Andrés Barboza, jefe de Neurología del Hospital Central y miembro de la Unidad de Vigilancia Tutelada.

La provisión de aceite de cannabis y sus derivados para los pacientes incluidos es gratuita y en la legislación, se otorga al Ministerio de Salud provincial la facilidad de importación por medio de la ANMAT. Según informó el diputado Videla, en el período de abril de 2018 a marzo de 2019, la provincia importó más de 14 millones de pesos en aceite de cannabis producido en Canadá y Estados Unidos. Estas son las cifras que despiertan el interés del legislador impulsor en cuanto al carácter económico que implicaría poder sustituir las importaciones con producción local, aumentando las posibilidades en el mercado nacional entre provincias. Aporta más números: en 2019, en Canadá, la facturación de dicha industria representó el 0,3% del PBI. Estados Unidos, por su parte, generó 20 mil millones de dólares.

“Creo que puede generar fuentes de trabajo, y una entrada de dinero para la provincia. Puede permitir que en zonas de donde el cultivo de la vid tiene un valor menor, se pueda diversificar el cultivo”, comenta Videla y explica que las posibilidades que ofrece el cultivo de cáñamo no sólo se reducen a la industria farmacéutica o cosmética, hay experiencias de producción de plástico biodegradable, de uso en la producción de biodiesel para fines industriales, y hasta en la manufactura textil.

José María Videla explica que en el proyecto que en las próximas semanas será tratado en la Comisión de Salud de la Legislatura provincial, abre la posibilidad de participación a personas humanas y/o jurídicas públicas o privadas para el desarrollo de proyectos productivos, los cuales podrán comprender todas las etapas de la cadena de valor.

En cuanto al cultivo autónomo o “autocultivo”, en la actualidad, el mismo no se encuentra contemplado por la legislación nacional por lo que no puede avanzarse a nivel provincial.

“Desde antes del siglo XX, el cannabis estaba presente en el botiquín de los médicos, aunque no hay registro de cura de enfermedades con su uso”, comenta el neurólogo Barboza. Los derivados de cannabis como su aceite representan hoy una alternativa más dentro de los tratamientos de alivio sintomático pero no la única. Seguir incentivando la investigación y una producción bajo estándares de control y calidad puede propiciar en el futuro una mayor prescripción médica de los derivados de la planta de Cannabis, lo que posibilite continuar con la evaluación de efectos positivos y adversos como poner en valor el uso del cannabis como un medicamento más.

El jefe de Neurología del Hospital Centra considera importante contemplar estas posibilidades dentro del ámbito legislativo sin embargo expresa que “existen muchas necesidades más urgente e importante que no son contempladas, como poder garantizar el acceso a neurólogos especializados, el acceso a estudios complementarios, y el acceso a la medicación de forma gratuita”.

Debate sobre la incorporación del autocultivo controlado

El pasado agosto, La Liga Argentina Contra la Epilepsia (LACE), la Sociedad Argentina de Neurología Infantil (SANI), la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) y la Sociedad Argentina de Neurología (SNA) firmaron una comunicado frente a la propuesta de nueva reglamentación de la Ley 27.350 que, entre otros, permite el autocultivo controlado.

“Si bien el autocultivo por los propios familiares parecería proteger a los pacientes de este riesgo potencial de adquirir productos adulterados, advertimos que dicha situación, en la que los familiares se convierten en prescriptores y productores del tratamiento de sus seres queridos, dista de ser lo más recomendable. Esta práctica podría cargar a la familia de una excesiva responsabilidad y no está exenta de riesgos ya que estimamos que no será sencillo que las autoridades puedan controlar de manera adecuada la producción (composición del aceite) de cada familia en particular. La incertidumbre que esta situación plantea al profesional médico, al desconocer la calidad y composición del cannabis artesanal que recibe el paciente, ocasiona un conflicto en la tradicional relación médico-paciente. Estamos a favor de que todos los pacientes que requieran cannabis medicinal tengan un acceso garantizado a un producto de calidad certificada, sin que haya una diferencia de oportunidades basadas en la condición socio económica”.

Y para finalizar, “estas Sociedades instan a la reflexión a las autoridades que les compete y ofrecen sus grupos técnicos para asesorar con sus experiencias y conocimientos en beneficio de los pacientes”.



martes, 8 de septiembre de 2020

Promueven la creación del primer Museo Argentino del Espacio
Por Sebastián Muzi 


El bosquejo del proyecto, que estaría ubicado en la Ciudad de Buenos Aires.


Puede ser un pequeño paso para un hombre, pero uno gigantesco para la sociedad, sobre todo para la argentina. Algo así habrá pensado el ingeniero Pablo de León cuando comenzó a recolectar objetos de los distintos programas espaciales con el fin de, algún día, poder exhibirlos en la tierra que lo vio nacer.

El especialista en trajes de astronautas de la Universidad de Dakota del Norte, que trabajó en diseños tanto para la NASA como para SpaceX, dialogó en exclusiva con La Prensa sobre su proyecto de instalar en nuestro país un Museo Argentino del Espacio, el primero en su tipo y con cientos de manuales, videos, piezas de cohetes y materiales de los protagonistas.

"Cuando era chico lo más parecido que teníamos en la Argentina era el Museo Nacional de Aeronáutica, que es de aviones, y a mí que me gustaban los viajes espaciales me quedaba con esa cosa de por qué no había nada así" recuerda De León, quien ya con 30 años de carrera en Estados Unidos es uno de los argentinos más reconocidos en la temática espacial.

-¿Cómo surgió la idea del museo?

-A lo largo del tiempo, habiendo sido un historiador espacial aficionado y trabajado mucho en el Centro Espacial Kennedy, comencé a pensar en el hecho de que los que habían estado en el proyecto Apolo se estaban jubilando (a principios de los '90) y se deshacían de los recuerdos y objetos que habían recolectado. Muchas de esas cosas eran super interesantes, como partes de cohetes que habían explotado, y entonces hacían lo que en Norteamérica se denomina 'Garage sale', vendiéndolas. Yo me la pasaba por Cabo Cañaveral recorriendo lugares para comprarlas. Luego me hice un coleccionista más serio y obtuve cosas del programa espacial ruso y del argentino, porque justamente la idea del Museo Nacional del Espacio es mostrar todo lo que se hizo en el programa espacial de la república. Desde los '50 en adelante hubo mucha actividad en cohetería, con lanzamientos biológicos como el ratón Belisario y el mono Juan, hasta lo que se hace en nuestros días con satélites como el Arsat y los de la serie SAC. Es importante mostrar que la Argentina también tiene una tradición espacial porque no hay nada de ese tipo.

-¿Dónde estaría ubicado?

-Parece medio tonto responderlo porque aún no es preciso. Tenemos 3 o 4 lugares que estamos viendo; hemos tenido ofertas de locaciones y estamos en el proceso de selección. En principio la intención es establecer el museo en la Ciudad de Buenos Aires por una cuestión de acceso de la gente y posibilidades turísticas. Si bien va a ser sin fines de lucro, se tiene que autosostener y es difícil ponerlo alejado de los centros y del movimiento de las personas.

-Poseen un vasto volumen de piezas de la NASA y de otros centros espaciales. ¿Qué se podrá ver una vez abierto?

-Muchísimo. Tenemos un catálogo de más de 800 piezas, desde cosas que volaron al espacio, partes de naves Soyuz, norteamericanas, robots de la NASA (por supuesto que no los que fueron a Marte, pero sí réplicas), trajes espaciales desde ya. Eso fue lo que siempre me apasionó, y conseguí trajes en Rusia, Estados Unidos, reproducciones de todos los trajes en los que yo trabajé, y de hecho también el primero que hice en la Argentina, el 4SA1, bajo el agua. También vamos a tener una serie de elementos de realidad virtual: se van a poder poner unos antiparras y vivirán la sensación de estar dentro de un traje espacial o hacer una caminata por la Estación Espacial Internacional. Eso es bien interesante, tanto para los chicos como para los adultos. Además pensamos poner varios simuladores, inclusive uno del alunizaje de los módulos Apolo, y piezas personales de los astronautas o cosas tradicionales de museos modernos para que los chicos aprendan, como juegos participativos de diferentes fenómenos que se dan en el espacio: fuerza centrífuga, centrípeta, tiro vertical, física... Queremos que le agarren el gustito a la ciencia y la tecnología a través de lo que ven en el museo.

-El material recolectado se ha mostrado en varios países, ¿verdad?

-Sí. A través de un amigo que hace exposiciones itinerantes por el mundo, y luego de mucho tiempo de tratar de convencerme de que haga una en la Argentina, le dije que sí. Todavía no la pudimos hacer por los costos de importación, pero presentamos piezas en Colombia, Costa Rica, Uruguay y recientemente en Estonia. Las muestras estaban orientadas hacia programas espaciales de EE.UU., Rusia, Europa o China, pero no tenían nada argentino.

-Esta idea se desarrollará bajo la órbita de la Asociación Argentina de Tecnología Espacial. ¿Han pedido ayuda al Estado o es exclusivamente una iniciativa privada?

-La AATE es una entidad civil, que desde 1989 tiene personería jurídica y con la que hicimos un montón de proyectos. La asociación va a tener la misión de administrar y dirigir el museo, porque yo por mi trabajo no me puedo mudar permanentemente. Mi esfuerzo será instalarlo y después quedan ellos para manejarlo. Efectivamente hemos pedido ayuda a diferentes gobiernos, pero todavía no tuvimos una respuesta concreta. Una de las ideas era tratar de conseguir un inmueble fiscal que estuviera en desuso. Por otro lado, estoy en comunicación con las autoridades de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE), que nos han prometido maquetas y modelos de los distintos satélites que ellos lanzaron. En ese sentido sí fueron muy receptivos a nuestra propuesta.

-Teniendo en cuenta su experiencia de trabajo, más la participación de otros compatriotas como Ramón Alonso, César Sciammarella, Fernando Caldeiro o la historia espacial nacional, ¿es lejano pensar en un proyecto como el de la NASA en la Argentina?

-La Argentina tiene programa espacial, pero está enfocado a lo satélite-científico. La CONAE tiene proyectado ahora un lanzador espacial en el que estoy muy interesado, de repente no es lanzar astronautas, ir a la Luna o a Marte, pero el proyecto espacial argentino es muy importante, inclusive a nivel regional. De México para abajo somos el único país que tiene esa potencialidad. A pesar de los vaivenes políticos y económicos, nuestro país ha conseguido un posicionamiento líder en el desarrollo espacial. Sin duda somos la nación que tiene la mayor capacidad para el diseño, fabricación y testeo de satélites nacionales. Nos falta una pata que es lanzarlos y ponerlos en órbita, pero hubo un programa, el Tronador, del cual vamos a tener maquetas que se probaron. En el área del museo dedicada a nuestro país justamente vamos a tener un homenaje a todos los argentinos que trabajaron en el programa Apolo como los que comentás. De hecho tenemos una computadora de vuelo (funcional), que fue fabricada por el MIT, de la cual el ingeniero Alonso fue fundamental para su creación. En la visita a esa sala el personal a cargo explicará cómo funciona y la operará en tiempo real para que se den una idea de cómo esa tecnología llegó a la Luna y terminó revolucionando la vida de hoy.

-Por último, ¿pueden colaborar aficionados a la instalación del museo?

-Sí, hemos recibido un montón de mensajes en la página para ver en qué pueden colaborar. Desde gente de ciencia o de museos hasta algunos que nos decían, "mirá, yo sé pintar, sé hacer acrílicos o cualquier otra cosa", así que cualquiera es bienvenido. Es un proyecto de todos, que se me haya ocurrido a mí es un accidente porque la intención es que sea un Museo Argentino del Espacio para todo el que le interese la temática.



¿Podríamos detectar una sonda alienígena que se acerque al sistema solar a velocidades sublumínicas?
Por Daniel Marín



Es un escenario típico de muchas obras de ciencia ficción: una nave espacial alienígena se aproxima al sistema solar procedente del espacio interestelar. La idea de una nave nodriza extraterrestre que se acerque al Sol a casi la velocidad de la luz es, por decirlo suavemente, poco probable, pero, ¿y si hablamos de sondas alienígenas automáticas que viajan entre las estrellas a una centésima de la velocidad de la luz? ¿Y si lo hacen a una milésima parte? ¿Y si no usan ningún sistema de propulsión más allá de las asistencias gravitatorias? Este escenario ya no resulta tan fantástico, siempre y cuando la Paradoja de Fermi nos dé un respiro. Sea como sea, ¿podríamos detectar esta nave intrusa con tiempo suficiente? La pregunta puede parecer extraña. ¿Qué diferencia hay entre un objeto que se acerque «lentamente» al sistema solar con otro que lo hace muy rápidamente a la hora de que la detección sea más o menos fácil? Obviamente, un objeto que vaya a alta velocidad recorrerá el sistema solar en mucho menos tiempo, pero lo importante es que podemos descartar un origen natural para un cuerpo que se mueva tan rápido (los cometas y asteroides interestelares como ‘Oumuamua se acercan al sistema solar a velocidades de unos 30 km/s; rápido, sí, pero muy lejos de lo requerido para una misión interestelar).


Una vela láser como las del proyecto Breakthrough Starshot pasa por Proxima b. ¿Podríamos detectar algo así si pasa por nuestro sistema solar? (PHL@UPR Arecibo).

Por otro lado, una nave que se desplace tan rápido chocará con partículas interplanetarias, por lo que su temperatura externa aumentará en función de su velocidad. Esto implica que su superficie se calentará debido a la colisión con moléculas de hidrógeno y átomos de helio. Una vez que la nave se interne en la heliopausa, la densidad de hidrógeno y helio aumentará progresivamente con respecto a la del medio interestelar. Además, la nave también se calentará por acción de los rayos cósmicos, la radiación solar y el polvo (aunque se supone que la sonda evitaría la eclíptica para minimizar la posibilidad de impacto con partículas de polvo interplanetario). Pero, ¿cuál de estos factores es el dominante? Pues según un reciente estudio a cargo de Thiem Hoang y Abraham Loeb, si la nave está en el medio interestelar y se mueve por encima de una milésima parte de la velocidad de la luz, el factor principal será el calentamiento debido a la colisión con las partículas de gas, pero, una vez dentro del sistema solar, la fuente fundamental de calor será el Sol siempre y cuando se desplace por debajo del 10 % de la velocidad de la luz (0,1 c), aproximadamente. Esto implica que, lógicamente, cuanto menor sea la distancia de sobrevuelo con respecto al Sol, mayor será su temperatura. Bien, ¿pero se podría detectar?

Temperatura alcanzada por una nave de 10 metros a distintas distancias del Sol en función de su velocidad (Hoang et al.).


El calor es radiación infrarroja y, por tanto, para la detección de estas naves necesitamos telescopios que operen en la región infrarroja del espectro. Este es el motivo por el que se realizan campañas de búsquedas de cuerpos menores en el infrarrojo, ya que, a igualdad de condiciones, es mucho más fácil detectar un cometa o un asteroide en el infrarrojo que en el visible (por supuesto, hay que tener en cuenta otros factores como su tamaño y el albedo). Desde la superficie terrestre solo podemos observar el infrarrojo cercano, de ahí que sea necesario disponer de telescopios espaciales para estudiar esta radiación de forma satisfactoria. En el caso que nos ocupa, obviamente la nave emitiría en otras zonas del espectro —en principio no deja de ser un cuerpo negro ideal—, pero el pico de emisión estaría en el infrarrojo. Solo si se moviese a velocidades muy próximas a la de la luz, el calentamiento con el viento solar haría posible la detección en el visible.


Intensidad de la radiación emitida por una sonda de 10 metros a distintas velocidades y para varias distancias al Sol. Se representan los rangos de observación y sensibilidades (líneas negras) de los observatorios ALMA, James Webb y Vera Rubin (Hoang et al.).


Si suponemos un tamaño aproximado para la sonda alienígena de diez metros, Thiem Hoang y Abraham Loeb han analizado la posibilidad de que sea detectada por el radiotelescopio ALMA de Chile, el telescopio espacial James Webb de la NASA, que observará en el infrarrojo, o el observatorio Vera Rubin (LSST), también en Chile. De los tres instrumentos, solo el James Webb tendría sensibilidad suficiente para detectar una sonda extraterrestre que se mueva a casi cualquier velocidad sublumínica o relativista, aunque solo si pasa a, aproximadamente, una Unidad Astronómica (1 UA) del Sol (150 millones de kilómetros) o menos. Esto significa que solo detectaríamos una sonda de este tipo cuando la tuviésemos prácticamente encima. A cambio, el James Webb también sería capaz de detectar sondas a esta distancia con un tamaño mínimo de medio metro. Naturalmente, este telescopio podría descubrir una sonda a mayor distancia si la nave se moviese más rápido o fuese más grande. Por ejemplo, si la sonda tuviese 400 metros de diámetro y se moviese al 10 % de la velocidad de la luz o más, el telescopio espacial sería capaz de detectarla a 100 Unidades Astronómicas. O sea, unas tres veces la distancia de Neptuno al Sol. Si el tamaño de la nave fuera de cien metros, entonces se podría detectar a 10 Unidades Astronómicas (más o menos la distancia de la órbita de Saturno al Sol).

Por supuesto, para descubrir la sonda el telescopio James Webb debería estar apuntando a la región del cielo por la que se aproxima, algo muy poco probable. Los telescopios que vigilan el cielo en busca de nuevos asteroides y cometas son en su mayor parte pequeños instrumentos que trabajan en el visible (hay excepciones, como el telescopio espacial WISE), pero, en cualquier caso, no están preparados para detectar objetos que cruzan la bóveda celeste tan rápidamente como lo haría una sonda alienígena. Es decir, en este caso el rápido desplazamiento del objeto sería un contratiempo más que una ayuda a la hora de identificarlo, a diferencia de lo que ocurre con cometas y asteroides. Por tanto, la conclusión del estudio es que, a día de hoy, sería poco probable que detectásemos una sonda interestelar alienígena como las que propone el proyecto Breakthrough Starshot salvo que pasase muy cerca de la Tierra. Esta conclusión es lógica si tenemos en cuenta que, actualmente, carecemos de un sistema de alerta temprana para detectar cuerpos menores usando telescopios espaciales de gran campo que observen en el infrarrojo (como NEOSM). Una vez dispongamos de un sistema así, la Tierra no solo estará protegida contra cuerpos menores, sino que, además, seremos capaces de detectar hipotéticas naves alienígenas que decidan visitarnos.



lunes, 7 de septiembre de 2020

Satellogic lanzó Hypatia





Se trata del satélite número 11 de la empresa de analítica geoespacial Satellogic que está desplegando su propia flota de satélites de observación de la Tierra. El lanzamiento se realizó mediante un cohete Vega de Arianespace.

Crédito: Satellogic
Satellogic confirmó la puesta en órbita exitosa de un nuevo satélite desde el Centro Espacial de Guayana a través de un servicio de lanzamiento adquirido a la empresa Spaceflight. El satélite, un NewSat Mark IV, fue inyectado en una órbita sincrónica al Sol (SSO) en un cohete Vega de Arianespace a la 1:51 am UTC del 3 de septiembre de 2020.

El satélite fue nombrado «Hypatia» en honor a la filósofa, astrónoma y matemática que vivió en Alejandría y fue un símbolo del aprendizaje y la ciencia. Hypatia fue reconocida en su vida como una gran maestra y una consejera sabia y se convirtió en un icono de los derechos de las mujeres y precursora del movimiento feminista.

En línea con los NewSats de Satellogic que ya están en órbita, Hypatia está equipado con cámaras submétricas multiespectrales e hiperespectrales de 30 metros. Este NewSat Mark IV también está equipado con nuevas tecnologías al servicio de la investigación y el desarrollo de Satellogic en las capacidades de observación de la Tierra. Tras una puesta en servicio exitosa, estas nuevas capacidades estarán disponibles para los clientes existentes de Satellogic. El lanzamiento demuestra la capacidad de Satellogic para adaptar sus satélites a diferentes cohetes y sistemas de despliegue, indicó la empresa en su comunicado.

Esta misión también permitirá a Satellogic probar la tecnología de imágenes con resolución por debajo del metro. La constelación actual de Satellogic mapea el planeta en alta resolución, lo que, combinado con la oferta de bajo costo de Satellogic, ha abierto aplicaciones para sus clientes en todas las industrias. Mediante el perfeccionamiento de las imágenes submétricas, la empresa planea reducir aún más el costo de los análisis geoespaciales de alta frecuencia.

«Diseñamos y construimos nuestros propios satélites, lo que brinda a nuestros equipos de I+D la oportunidad de validar nuevas tecnologías en cada lanzamiento. Cada nueva generación de nuestros satélites incluye nuevos productos y cumple la promesa de un Nuevo Espacio», dijo el fundador y director de tecnología de Satellogic, Gerardo Richarte. «Este lanzamiento es un indicador emocionante de todo lo que vendrá a medida que continuamos incorporando nuevas soluciones a la producción y entregándolas al Espacio y a nuestros clientes».

En enero de 2020 Satellogic había lanzado dos satélites con la empresa CGWIC (China Great Wall Industry Corporation). Con este nuevo lanzamiento, Satellogic ahora tiene 11 satélites en órbita, lo que acerca a la compañía a su visión de una constelación capaz de entregar mapeos semanales de alta resolución de todo el planeta a un precio que establecerá un nuevo estándar de acceso y asequibilidad en este mercado, explica la empresa en su comunicado.

«Los esfuerzos ambiciosos de investigación y desarrollo son cruciales tanto para el desarrollo de la industria espacial como para el avance de la humanidad en general», dijo Stephane Israël, director ejecutivo de Arianespace. «Estamos orgullosos de trabajar con Spaceflight para lanzar este nuevo satélite de Satellogic, que permitirá a Satellogic probar tecnologías que tienen el potencial de reducir drásticamente el costo de la información geoespacial de alta resolución y alta frecuencia».

El equipo de científicos de datos de Satellogic ya está aprovechando su flota actual de satélites para brindar conocimientos y soluciones a escala planetaria para una variedad de industrias, que incluyen agricultura, silvicultura, petróleo y gas, finanzas y seguros, entre otras. Este satélite adicional entregará datos para ayudar a satisfacer la creciente demanda de servicios y soluciones de datos de Satellogic y también servirá a los clientes del servicio Dedicated Satellite Constellation en 2020. Fundada en 2010, Satellogic es una empresa global con 180 empleados y oficinas en Buenos Aires, Córdoba, Montevideo, Barcelona, Tel Aviv, Beijing, Charlotte y Miami.


Fuente: Satellogic/latamsatelital.com
China lanzó una nave espacial reutilizable




Un cohete CZ-2F lanzó una nave experimental reutilizable en un contexto de secretismo. La prensa china informó que el vehículo aterrizó exitosamente después de orbitar la Tierra durante dos días.

China lanzó el 4 de septiembre un nuevo vehículo espacial experimental reutilizable desde el Centro de Lanzamiento de Satélites de Jiuquan utilizando un cohete CZ-2F. El lanzamiento se realizó desde el complejo de lanzamiento LC43/91 bajo un velo de secreto sin fotos oficiales e incluso sin una hora de lanzamiento anunciada.

Anteriormente la prensa china había anunciado que el próximo lanzamiento del cohete CZ-2F sería la primera gran misión de investigación científica y experimental, luego del vuelo tripulado de la Shenzhou-11 en 2016, siendo la base para la implementación exitosa de los siguientes proyectos de vuelos espaciales tripulados y una clave para el futuro de la tecnología aeroespacial china.

Posteriormente, la agencia de noticias Xinhua anunció que “la nave espacial reutilizable regresó con éxito al lugar de aterrizaje programado el 6 de septiembre después de volar en órbita durante 2 días. El éxito total de este experimento marca un avance importante en la investigación tecnológica de China sobre naves espaciales reutilizables, que proporcionará una forma más conveniente y económica hacia y desde el uso pacífico del Espacio”.

Algunas fuentes informan que se habían realizado trabajos de modificación en la torre de lanzamiento del vehículo CZ-2F en los últimos meses. Esto llevó a la especulación de que este cambio permitiría un lanzamiento con una carga útil más grande que una misión estándar de este tipo de cohete. Un vehículo espacial alado podría requerir que se lleven a cabo tales configuraciones.


CZ-2F

China incluyó un proyecto de avión espacial en una ‘hoja de ruta de transporte espacial’ de 2017 publicada por China Aerospace Science and Technology Corp. (CASC), el principal contratista espacial del país. También se señaló el objetivo de desarrollar un avión espacial de una sola etapa a órbita (SSTO) para 2030. Los planes también incluían vehículos de lanzamiento totalmente reutilizables y, alrededor de 2045, un transbordador de propulsión nuclear.

Chen Hongbo, de la Academia China de Tecnología de Vehículos de Lanzamiento (CALT) de CASC, en declaraciones a la prensa en 2017 dijo que las naves espaciales reutilizables serían capaces de transportar tanto tripulación como cargas útiles, además de que los vehículos tendrían tanto características de aviones como de naves espaciales.

El cohete CZ-2F versión T, utilizado para esta misión, es un vehículo de lanzamiento de dos etapas que utiliza cuatro propulsores laterales durante la primera fase de la misión. La longitud total es de 52,0 metros, con diámetro de la primera etapa de 3,35 metros y un diámetro máximo de 8,45 metros contando los propulsores laterales. Con una masa de 493.000 kg, el CZ-2F es capaz de lanzar cargas de 8.600 kg a la órbita baja terrestre.

El CZ-2F se ha lanzado 14 veces transportando misiones de Shenzhou tripuladas y sin tripulación y dos laboratorios espaciales Tiangong.


Primera fábrica privada de satélites de China




Commsat inició su construcción el 2 de septiembre en Tangshan, provincia de Hebei, y estará operativa a principios de 2021. Tendrá la capacidad de fabricar alrededor de 100 satélites de entre 50 y 100 kg por año.

Crédito: Commsat
La construcción de la primera planta de fabricación de satélites privada de China comenzó el martes 2 de septiembre en Tangshan, una ciudad costera en la provincia de Hebei, y se espera que comience a operar el próximo año, según indicó el propietario de Beijing Commsat Technology Development Co. Ltd., conocida como Commsat.

La planta se encuentra en el distrito Lunan de Tangshan y entrará en funcionamiento a principios de 2021. Su capacidad de producción inicial será de unos 100 satélites por año con pesos que oscilan entre 50 y 500 kilogramos, dijo Commsat en un comunicado

El presidente de Commsat, Peng Yuanyuan, señaló en el comunicado que la planta de Tangshan adoptará líneas de fabricación y tecnologías de inteligencia artificial para fabricar satélites de una manera rápida y rentable. La planta, además de fabricar satélites, también realizará investigaciones sobre tecnologías de comunicación basadas en el Espacio y aplicaciones terrestres.

Ding Xiufeng, alcalde de Tangshan, dijo en la ceremonia de inauguración que el establecimiento de la fábrica de satélites impulsará el esfuerzo de la ciudad por fomentar las industrias locales de alta tecnología, como Internet por satélite e inteligencia artificial. La medida también ayudará a acelerar la transformación económica de Tangshan, agregó el alcalde.

Actualmente, todas las instalaciones de fabricación de satélites en China pertenecen a entidades de propiedad estatal, como China Aerospace Science and Technology Corp y la Academia de Ciencias de China.

Además de la fábrica de Tangshan, Commsat también está trabajando con el gobierno en Yibin, provincia de Sichuan, para preparar la construcción de una planta de producción para cargas útiles para satélites.

Pang Zhihao, investigador de la actividad espacial en Beijing, dijo que varios fabricantes de satélites privados chinos tienen planes de construir sus propias plantas. «Eso será bueno para la industria espacial de China porque más competencia y opciones diversificarán el mercado y también fortalecerán la capacidad espacial general del país», señaló Pang.

Fundada en junio de 2015 en Beijing, Commsat es una de las empresas privadas líderes en el sector empresarial espacial de China. Ha colocado ocho pequeños satélites en órbita de su propio diseñó y construcción. Sus ingresos ascendieron a casi 100 millones de yuanes (USD 14,7 millones) en 2019, y la compañía tiene planes de desarrollar y fabricar de cuatro a cinco satélites este año.

El director ejecutivo de Commsat, Xie Tao, dijo que el sector de las comunicaciones por satélite nacionales espera un «crecimiento explosivo» en los próximos tres a cinco años.



domingo, 6 de septiembre de 2020

Primera misión de la misteriosa nave reutilizable china
Por Daniel Marín



China ha completado la primera misión de una misteriosa nueva nave reutilizable, posiblemente un transbordador espacial no tripulado con alas. El lanzamiento tuvo lugar el 4 de septiembre de 2020 a las 07:30 UTC desde la rampa SLS-1 del centro espacial de Jiuquan mediante el tercer cohete Larga Marcha CZ-2F/T (CZ-2F/T3). Después de varios meses de rumores sobre el lanzamiento de una lanzadera experimental en los foros espaciales chinos, los medios occidentales han dado por hecho que se trataba de una nave alada, una especie de versión china del minitransbordador militar X-37B, pero lo cierto es que China no ha dado detalles sobre el vehículo, que ni siquiera tiene un nombre. Efectivamente, los medios oficiales chinos se han referido a la nave simplemente como 重复使用试验航天器, chóngfù shǐyòng shìyàn hángtiān qì, o sea, «nave experimental reutilizable» en mandarín. La nave fue situada en una órbita de unos 340 kilómetros de altura y 49,9º de inclinación y aterrizó dos días después, el 6 de agosto de 2020, alrededor de las 02:00 UTC. No se sabe dónde aterrizó el vehículo exactamente, pero, presuponiendo su «naturaleza alada» se han sugerido algunas pistas de aterrizaje localizadas en la Región Autónoma de Xinjiang. Poco antes de reentrar en la atmósfera, la nave parece que liberó otro satélite que sigue en órbita.


Recreación del CZ-2F/T3 camino de la rampa de lanzamiento en Jiuquan (la imagen está basada en una imagen real del lanzamiento de la Tiangong 2) (Weibo).


A pesar del secretismo, se pueden sacar algunas conclusiones a partir de las características de la misión. Primero, está claro que se trata de una misión militar o, por lo menos, con una fuerte participación de los militares. China ha sido y es relativamente abierta con respecto a sus programas civiles, al menos una vez que se hacen públicos. Por otro lado, el cohete usado es el CZ-2F/T. Es la tercera misión de la variante del CZ-2F/T (长征二号F/T), que es una versión de carga del CZ-2F/Y usado para lanzar las naves tripuladas Shenzhou y que ya había sido empleado para poner en órbita las dos estaciones espaciales Tiangong. Su capacidad máxima de carga se desconoce, pero ronda las 8,6 toneladas en órbita baja, por lo que algunos analistas han propuesto que la masa de la nave reutilizable debe ser considerable y, por tanto, muy superior a las 3,2 toneladas del X-37B. Evidentemente, nada impide que la masa de la nave sea inferior a la capacidad de este lanzador, pero si fuera mucho menor lo lógico sería haber empleado otro vector. Además, la cofia de esta misión parece ser una versión alargada de la usada con las estaciones Tiangong, un hecho que avala la posibilidad de un vehículo de gran tamaño.

Recreación del CZ-2F/T3 de esta misión (Homem do Espaço/https://twitter.com/HomemDoEspacoBr).


Independientemente de la verdadera naturaleza de esta nave, lo cierto es que China lleva décadas desarrollando un activo programa de naves reutilizables que, hasta ahora, no se había materializado en una misión orbital. Aunque el programa Shenzhou se remonta a principios de los años 90, ya en 1964 Qian Xuesen, el padre del programa espacial chino, propuso un transbordador reutilizable en el marco del Programa 640. China comenzó a estudiar la posibilidad de construir una nave tripulada en los años 70 gracias al programa Shuguang (Proyecto 714). Este programa no vería la luz por culpa, entre otros factores, de los radicales cambios políticos y sociales que experimentó el país tras la muerte de Mao Zedong, pero a raíz del proyecto Shuguang surgió un fuerte interés por los vehículos espaciales tripulados, que se concretaría en los años 80 en forma de múltiples estudios sobre el tema. Por supuesto, las naves de moda en los 80 eran los transbordadores espaciales (shuttle, Burán, Hermes, HOPE, etc.), así que es natural que muchos estudios de naves tripuladas se centrasen en naves reutilizables con alas. Entre estos proyectos de transbordadores de los años 80 podemos citar el Chang Cheng 1 (长城一号, ‘Gran Muralla 1’), una gran nave de 95 toneladas parecida al shuttle de la NASA, el Tianjiao 1 (天骄一号, ‘Puente Celestial 1’), una pequeña lanzadera de 20-25 toneladas para cinco personas, o el H-2, un sistema de lanzamiento orbital de dos etapas reutilizable —o sea, un sistema TSTO (Two Stage To Orbit)— formado por un transbordador de 138 toneladas y un avión hipersónico capaz de alcanzar una velocidad superior a Mach 5 (las otras dos propuestas usaban un cohete convencional como primera etapa).


Las tres propuestas más importantes del Programa 863/869 de los años 80. La propuesta H-2 es un sistema TSTO con una primera etapa consistente en un avión hipersónico.


Todos estos planes cayeron aparentemente en el olvido cuando en los años 90 el esfuerzo espacial del país se centró en el programa Shenzhou. En 2006 el fabricante aeroespacial CALT (China Academy of Launch Vehicle Technology) presentó en el congreso IAC (International Astronautical Congress) de Sevilla un plan para desarrollar varios vehículos reutilizables alados que debían culminar en la creación de un sistema TSTO «en quince años» (o sea, a partir de 2020). Una de las propuestas consistía en una lanzadera espacial de 32 metros de longitud y con capacidad para colocar 7 toneladas en órbita que recordaba poderosamente a los proyectos Tianjiao 1 y Chang Cheng 1 de los 80. En principio, esta lanzadera podría realizar misiones tanto tripuladas como no tripuladas. Para la primera etapa se propuso una versión del cohete Larga Marcha CZ-5. También se presentó un sistema TSTO consistente en una primera etapa alada de kerolox y una segunda etapa consistente un cohete convencional capaz de colocar 1 tonelada en órbita. En aquella época, y dadas las capacidades tecnológicas de la China del momento, no se dio mucha credibilidad a estos proyectos y se consideró que, como mucho, terminarían dando lugar a algunos demostradores tecnológicos, más o menos como el proyecto de transbordador RLV-TD de India.

Sistema TSTO de despegue horizontal con una segunda etapa convencional propuesto por CALT en 2006. La masa al lanzamiento sería de 100 toneladas. El pequeño lanzador desechable podría colocar 1 tonelada en órbita. La primera etapa usaría kerolox para la parte suborbital (CALT).


Proyecto de transbordador de CALT de 2006 con una primera etapa formada por una versión del CZ-5. La masa al lanzamiento sería de 700 toneladas y el transbordador reutilizable emplearía propulsión criogénica (CALT).


La situación dio un giro dramático en 2007 con la aparición de las primeras fotos del prototipo de avión espacial Shenlong (神龙, «dragón divino»), aunque parece que el programa había comenzado en 2005. Con una masa estimada de 3 a 7,5 toneladas y una longitud de entre 8,5 y 10 metros, el vehículo viajaba bajo la panza de un bombardero H-6 y en enero de 2011 parece ser que realizó al menos una prueba de planeo y aterrizaje al soltarse de su avión nodriza (otras fuentes apuntan a que la prueba atmosférica tuvo lugar en 2005 y que entre 2009 y 2011 se llevaron a cabo uno o más vuelos suborbitales). La supuesta prueba del Shenlong de 2011 tuvo lugar menos de un año después de la primera misión orbital del X-37B de la USAF, por lo que muchos observadores concluyeron que Shenlong era la respuesta de China al transbordador militar estadounidenses y que los primeros vuelos espaciales de esta nueva nave eran inminentes. No obstante, los lanzamientos orbitales no tuvieron lugar y el programa Shenlong desapareció de los medios oficiales casi sin dejar rastro.


Prototipo Shenlong de avión espacial/hipersónico bajo la panza de un bombardero H-6K. Imagen de 2007 (chinaspaceflight.com).


El avión militar no tripulado WZ-8 (o DR-8 según otras fuentes) presentado en 2019. Utiliza un H-6 como avión nodriza. Algunas fuentes lo vinculan con el programa Shenlong (Xinhua).


Nada más se supo de estos proyectos hasta que en 2016 la corporación CASIC (China Aerospace Science and Industry Corporation) presentó su proyecto de sistema de lanzamiento TSTO formado por un avión hipersónico y una segunda etapa alada reutilizable. La nave, denominada Tengyun (腾云), debe entrar en servicio en 2030. A pesar de que un gran número de analistas consideró que se trataba de un simple acto de powerpointismo sin mayor trascendencia, el hecho de que fuera un estudio del gigante CASIC hizo saltar algunas alarmas entre otros estudiosos del programa espacial chino. De hecho, en esta ocasión el programa no desapareció de los medios oficiales chinos. En 2018 se llevó a cabo una prueba de separación de las etapas usando maquetas y en octubre de 2019 la CAAA (Chinese Academy of Aerospace and Aerodynamics) publicó unas pruebas de separación de un sistema TSTO en un túnel de viento. Aunque se desconoce si estas pruebas están relacionadas directamente con el sistema Tengyun, su similitud es notable. ¿Guarda la nueva nave reutilizable china alguna relación con el sistema Tengyun o algún otro proyecto TSTO? No lo sabemos, pero la coincidencia en el tiempo hace inevitable pensar que, quizás, esta nave podría ser una prueba orbital de la segunda etapa del sistema.


Sistema TSTO Tengyun (chinaspaceflight.com).


Maqueta del sistema Tengyun (CASIC).


Pruebas de separación de un sistema TSTO en túnel de viento de 2019 (CAAA).


A estos proyectos civiles hay que sumar varias iniciativas militares para desarrollar drones hipersónicos propulsados mediante cohetes —programa WZ-8— o el misil DF-ZF —conocido como WU-14 por el Pentágono—, dotado de una segunda etapa hipersónica capaz de maniobrar para esquivar las defensas del enemigo. Para complicar un poco más el panorama, desde 2019 varias compañías privadas chinas han propuesto diversos sistemas de lanzamiento que incluyen transbordadores reutilizables o sistemas TSTO con primeras y segundas etapas aladas. Por ejemplo, tenemos la propuesta de sistema TSTO Qinglong (青龙) de la empresa Landspace, una propuesta de lanzadera suborbital alada de iSpace o la familia de vehículos alados Tianxing (天行) de la empresa Space Transportation. Esta empresa realizó el 22 de abril de 2019 una prueba del vehículo Jiageng 1 en colaboración con la Universidad de Xiamen en la que se alcanzó una altura de 26,2 kilómetros y una velocidad de 4300 km/h. Jiageng 1 es una nave de 3,7 toneladas, 8,7 metros de longitud y una envergadura alar de 2,5 metros que debe ser parte del vehículo espacial Tianxing 1.


Demostrador hipesónico Jiageng 1 de Space Transportation (Weibo).


Lanzamiento en abril de 2019 de Jiageng 1 (Weibo).


Algunas propuestas de naves aladas por parte de compañías privadas chinas. De izqda. a dcha.: vehículo suborbital alado de iSpace, lanzadera Tianxing de Space Transportation y Qinglong de Landspace.


Es poco probable que estos proyectos civiles privados estén relacionados con la nueva nave espacial reutilizable, pero es una muestra del interés de China hacia estos sistemas. Después de décadas y décadas de lento progreso parece que, ahora sí, las naves espaciales con alas ya son una realidad en el programa espacial chino.