miércoles, 30 de agosto de 2023

Arriban a San Juan las piezas para la instalación de CART, el radiotelescopio chino-argentino
Contribuirá a mejorar las tecnologías satelitales de observación de la Tierra y de navegación GPS. Se trata de uno de los primeros instrumentos de este tipo que están ubicados en el hemisferio sur.
Por Nicolás Retamar


El radiotelescopio tiene un plato de 40 metros de diámetro y pesa más de mil toneladas. Imagen: UNSJ

Durante las últimas semanas comenzaron a llegar al Complejo Astronómico ubicado en el Parque Nacional El Leoncito, provincia de San Juan, las primeras piezas del radiotelescopio chino-argentino denominado CART. El equipamiento servirá para explorar el universo de forma conjunta entre ambos países. Se espera que el equipo comience a funcionar a mediados de 2024 y contribuya a mejorar las tecnologías satelitales de observación de la Tierra y de navegación GPS.

El Radiotelescopio, que tiene un plato de 40 metros de diámetro y pesa más de mil toneladas, está formado por tres partes principales: la antena, el receptor y el sistema de procesamiento de datos. "La antena es la encargada de recolectar la señal proveniente del cielo. El receptor es el encargado de tomar la energía suministrada por la antena y de acondicionar la misma a niveles y frecuencias adecuadas para su registro. Por su parte, el procesamiento de datos se realiza mediante un sistema de computación”, explica Marcelo Segura, manager del proyecto.

En concreto, CART trabajará en los campos de Radioastronomía y Geodesia Espacial. Hasta ahora, la mayoría de los radiotelescopios de este tipo se encuentran en el hemisferio norte. La instalación del equipo en San Juan no solo ayudará a mejorar la cobertura global de la red y beneficiará a todos los países del mundo, sino que servirá para estudiar el hemisferio sur, especialmente Argentina.

“La Radioastronomía se dedica a la exploración del universo mediante la detección de señales electromagnéticas en longitudes de onda de radio. Hay muchos objetos celestes que emiten en esas longitudes de onda”, cuenta Ana María Pacheco, astrónoma de la Universidad Nacional de San Juan (UNSJ) e integrante del Comité Científico del CART. Por ejemplo, hay objetos denominados púlsares que se comportan como una especie de faro costero: brillan por unos segundos, se apagan y al rato vuelven a prenderse. Otros cuerpos interesantes que emiten en onda de radio son los cuásares, galaxias luminosas muy distantes de la Tierra.

Por su parte, la Geodesia Espacial trabaja con señales electromagnéticas que permiten el posicionamiento preciso sobre la superficie de la Tierra. En este sentido, “CART servirá de apoyo para la técnica conocida como GPS y será parte del marco de referencia terrestre internacional”, destaca Pacheco.

20 años de trabajo

El acuerdo entre Argentina y China comenzó a gestarse en 2004 bajo la presidencia de Néstor Kirchner. Siete años después se firmó el primer Memorando de Entendimiento entre la Academia de Ciencias Chinas, el Conicet, la Universidad Nacional de San Juan y el gobierno provincial. En 2012, la UNSJ y el Observatorio Nacional de Astronomía de China acordaron la construcción colaborativa del Radiotelescopio.

“En 2014 fui designado como manager del proyecto y al año siguiente se firmó el Acuerdo Marco cuatripartito entre la UNSJ, el Conicet, el gobierno de San Juan y el Observatorio de China”, recuerda Segura. Dos años después, el Instituto Sismológico Volponi y el Instituto de Materiales y Suelos (ambos pertenecientes la Universidad) realizaron estudios de suelo y en 2017 se colocó la piedra fundamental del CART en El Leoncito.

En la actualidad ya se encuentra finalizada la base y los sensores sísmicos necesarios para la instalación del CART. Incluso, además del equipamiento necesario, ya aterrizó en San Juan el primer grupo de técnicos chinos que, junto a especialistas locales, montarán el radiotelescopio.

Capital nacional del astroturismo

Ver el cielo nublado en San Juan es algo casi imposible. De hecho, la mayoría de los días están despejados y esta particularidad se transforma en un privilegio a nivel mundial para la observación astronómica. Por eso, la Provincia cuenta con varios sitios dedicados al rubro.

Dos de ellos son el Complejo Astronómico El Leoncito, que depende del Conicet, y la Estación de altura Carlos U. Cesco (CASLEO), que depende la UNSJ. Este último se caracteriza por la oscuridad de su cielo nocturno: más de 250 noches por año despejadas de nubes casi sin viento. Además, tiene una atmósfera especial ya que está exenta de contaminación y un escaso contenido de vapor de agua.

También, en la ciudad de San Juan se encuentra el Observatorio Félix Aguilar y el Museo Astronómico Reinaldo Carestia. De esta manera, miles de turistas quedan cautivados por los cielos de una provincia especial.



El INTI consideró un “hito tecnológico” su nueva planta destinada a la producción de medicamentos
El organismo científico producirá ingredientes farmacéuticos activos que son claves para sustituir la importación de insumos claves para la industria farmacéutica y la salud pública.


El INTI inauguró una nueva planta de Ingredientes Farmacéuticos Activos.

En el Instituto Nacional de Tecnología Industrial se inauguró la primera planta pública para la producción de Ingredientes Farmacéuticos Activos (IFAs), sustancias responsables de la función terapéutica en los medicamentos. Su puesta en funcionamiento permitirá impulsar el desarrollo y la innovación en el sector farmoquímico y farmacéutico, y promover tanto la sustitución de importaciones como la exportación de nuevos productos en un mercado que a nivel global significa más de USD 22.000 millones por año.

Las capacidades facilitarán la colaboración con el sistema científico nacional para potenciar las oportunidades de transferencia de sus desarrollos a través del escalado de procesos y la producción de lotes de compuestos, candidatos a nuevos fármacos destinados a estudios clínicos. Asimismo, se fortalecerán los vínculos con laboratorios públicos nacionales, aportando suministros de insumos estratégicos y de alto costo.

Argentina vuelve a mostrar que está en la avanzada tecnológica. Esta nueva planta que pusimos en marcha en el INTI es un nuevo logro de la sinergia público y privada, y posiciona a la industria farmacéutica nacional a la vanguardia mundial porque nos va a permitir producir un insumo clave en la cadena que hasta hoy importamos en más de un 90%”, resaltó el secretario de Industria y Desarrollo Productivo de la Nación, José Ignacio de Mendiguren. “Esto se logra con gente capaz, formada y comprometida como los profesionales del INTI”.

“La inauguración de este establecimiento nos permitirá sustituir gradualmente la importación de IFAs, que actualmente provienen mayoritariamente de China e India. La independencia en este sector es estratégica, para garantizar el acceso a los medicamentos y evitar situaciones de desabastecimiento como las que atravesamos a nivel mundial durante la pandemia de COVID-19”, destacó la presidenta del INTI, Sandra Mayol.

Síntesis química

La nueva planta contará con capacidad instalada para realizar procesos de síntesis química en una escala de hasta 160 litros que permitirá realizar producciones de medicamentos de alto valor económico y sanitario. Operará en condiciones de Buenas Prácticas de Manufactura; y estará habilitada por la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología (ANMAT).

La construcción de esta nueva planta piloto para la producción de ingredientes farmacéuticos comenzó a realizarse en 2021 con una inversión conjunta en infraestructura y equipamiento de más de 2,5 millones de dólares, financiada por la Secretaría de Industria y Desarrollo Productivo de la Nación y los ministerios de Salud y de Ciencia, Tecnología e Innovación.




Productos estratégicos

Buscando a aportar e identificar productos estratégicos, en articulación con la Agencia Nacional de Laboratorios Públicos (ANLAP), el INTI seleccionó 80 IFAs con potencial de ser producidos en la planta piloto, incluyendo algunos vinculados al tratamiento de enfermedades desatendidas como Chagas, Tuberculosis y Fibrosis quística.

“Entre los proyectos en los que estamos trabajando se encuentra el de la producción de uno de los activos que se utiliza para el tratamiento de la tuberculosis, destinado a un laboratorio público que está desarrollando una nueva formulación”, señaló María Julieta Comin, gerenta de Desarrollo Tecnológico e Innovación del INTI.

En el marco del apoyo del gobierno nacional al sistema científico-tecnológico, se ha podido recuperar todo el potencial del Instituto y avanzar en temas estratégicos que impactan positivamente en el desarrollo productivo. El desafío se centra en transferir estas capacidades para aportar al agregado de valor a nivel federal y fomentar las exportaciones argentinas de IFAs a un mercado global estimado en US$ 22 mil millones anuales.

Argentina cuenta con una industria farmacéutica establecida, que mantiene una importante ventaja comparativa en relación con otros países de la región gracias a la presencia y participación de laboratorios de capitales nacionales en el mercado interno. Sin embargo, más del 90% de los IFAs que utiliza son de origen importado y esta es una de las principales problemáticas que se busca revertir a partir de la inauguración de la planta piloto en el Instituto Nacional de Tecnología Industrial.



lunes, 28 de agosto de 2023

‘Es como hacer una expedición al Ártico con científicos alemanes en 1943’: la vida en la Estación Espacial Internacional en tiempos de guerra
En la ISS, los astronautas de Rusia y Occidente comparten una nave del tamaño de una casa familiar numerosa. Entonces, ¿qué pasó cuando Moscú inició un conflicto a 400 kilómetros abajo en la Tierra?
por Stephen Walker


Credito: Dima Zel/Shutterstock


Una tarde de enero de 2015, Terry Virts, un astronauta de la NASA a bordo de la Estación Espacial Internacional (ISS), decidió visitar la sede rusa, reunirse con sus colegas rusos y contemplar la vista. Para las vistas, nada supera a la estación espacial. Desde esta posición en órbita aproximadamente a 250 millas (400 km) sobre la Tierra, decenas de astronautas se han vuelto líricos sobre la belleza de nuestro planeta: sus fascinantes amaneceres y atardeceres en rápido movimiento, sus colores brillantes y su sorprendente fragilidad.

Virts, ex piloto del transbordador espacial de 47 años y en su segunda visita a la estación espacial, había experimentado todo esto él mismo y lo volvería a vivir muchas veces. Pero esta noche sería diferente.

Junto a Virts junto a la ventana estaba Alexsandr Samokutyayev. Tres años menor que Virts, el cosmonauta ruso también realizaba su segunda visita a la estación espacial. Ambos hombres habían sido pilotos militares en sus países. Hablaban los idiomas del otro. Intercambiaron regalos de Navidad. Eran amigos. Ahora el ruso y el estadounidense flotaban amigablemente uno al lado del otro en la microgravedad de la órbita y contemplaban el mundo que había debajo.

Generalmente por la noche las zonas habitadas de la Tierra presentan un espectáculo sensacional de deslumbrantes luces urbanas. Pero en ese momento la estación espacial pasaba sobre el este de Ucrania. Abajo reinaba la oscuridad, interrumpida por repentinos destellos rojos. Estaban viendo una guerra.

Había pasado sólo un año desde que Rusia se anexó Crimea. Ahora las fuerzas prorrusas se enfrentaban a los ucranianos en su frontera oriental. Los dos hombres se quedaron mirando, paralizados. "Estábamos viendo cómo la guerra rusa mataba a personas desde el espacio", me dice Virts. “Ambos nos miramos. Fue un momento sombrío. Pero no dijimos una palabra”.

Hoy en día se disparan muchas más armas y los astronautas y cosmonautas de la estación espacial también ven lo que vieron Virts y Samokutyayev, y mucho más. El hecho de que estén allí juntos hace que Virts se enoje mucho. "Es como asociarnos con científicos alemanes en 1943 para emprender una expedición al Ártico", dice. "Eso es básicamente lo que estamos haciendo ahora". Sus propias relaciones con sus antiguos camaradas rusos se han derrumbado casi por completo. El año pasado, el propio Samokutyayev, ahora miembro de la Duma Estatal rusa, fue sancionado por el Reino Unido y otras naciones occidentales. Ha demostrado ser un partidario activo de la invasión de Vladimir Putin. "Es una traición", dice Virts, "al nivel más profundo".


Comandante Terry Virts. Fotografía: Larry French/Getty Images


Traición o no, desde que comenzó la guerra, la palabra oficial de la NASA y la Agencia Espacial Europea (ESA), así como de sus agencias canadienses y japonesas, ha sido que todo sigue igual a bordo de la ISS. En abril de este año, su socio ruso Roscosmos, una corporación estatal, se comprometió formalmente a continuar las operaciones en la estación hasta 2028, apenas dos años antes de la fecha prevista para su desmantelamiento. Si bien todas las demás empresas espaciales conjuntas entre Occidente y Rusia han sido canceladas, y mientras Estados Unidos y sus aliados están imponiendo el mayor paquete de sanciones de la historia a Rusia, la estación espacial sigue siendo inmune, una zona libre de sanciones. “Está exento”, me dice Robyn Gatens, directora de la ISS de la NASA, desde su oficina de Houston. "Hacemos negocios juntos".

Llegaremos al porqué un poco más adelante. Mientras tanto, esta maravilla de la ingeniería formada por laboratorios y viviendas sigue orbitando la Tierra a 10 veces la velocidad de una bala de rifle, 16 veces al día, todos los días, tal como lo ha hecho durante el último cuarto de siglo: flotando en un entorno físico y algunos podrían decir moral, vacío, muy por encima del desorden que hay aquí abajo. Cuatro nuevos compañeros de tripulación, incluidos un ruso y un estadounidense, despegaron esta mañana y se espera que atraquen en la estación mañana. Antes de eso, en el interior vivían siete personas: tres estadounidenses (Stephen Bowen, Warren Hoburg, Frank Rubio); tres rusos (Sergey Prokopyev, Dmitri Petelin, Andrey Fedyaev); y, quizás un poco torpemente en el medio metafórico, un emiratí, el sultán al-Neyadi. A medida que la guerra en Ucrania se cobra más vidas en ambos bandos y los gritos entre Rusia y Occidente se hacen más fuertes, estos siete humanos han tenido que coexistir en el espacio durante meses. Y tres de ellos han tenido que hacerlo desde hace casi un año.


Imagen satelital de Mariupol, Ucrania, 2022. Fotografía: Maxar/DigitalGlobe/Getty Images


Su casa es aproximadamente del tamaño de una casa de seis habitaciones, con áreas de vida y de trabajo separadas para los rusos y los estadounidenses (los emiratíes duermen con estos últimos, como lo hacen todos los no rusos) conectadas por un corredor – “unos 10 a 15 segundos de distancia”, explica el astronauta canadiense Bob Thirsk, que estuvo allí en 2009. Y, aparte de algún que otro paseo espacial en el entorno más hostil, no tienen absolutamente ningún lugar adonde ir.

¿Cómo se las arreglan allí arriba? ¿Cómo funcionan cuando sus países están en desacuerdo o cuando Putin amenaza con emprender una guerra nuclear? ¿Mencionan la guerra? Y a medida que la EEI se acerca a su 25º aniversario en noviembre, ¿hasta qué punto se ha alejado de los ideales internacionales subrayados en su nombre? En 2014, incluso fue nominada al Premio Nobel de la Paz. Pero, ¿la asociación actual entre Rusia y Occidente se parece más a uno de esos horribles matrimonios en los que a ambas partes les encantaría salir pero están realmente estancados?

Para encontrar respuestas a esas preguntas, es necesario comenzar por el principio, con la propia estación espacial. ¿Qué es exactamente y para qué sirve?

En pocas palabras, dice Charles Bolden, un alegre exastronauta de 77 años y jefe de la NASA desde 2009 hasta 2017, la estación espacial existe para mejorar nuestras vidas en la Tierra. Incluso él sonríe ante la grandiosidad de esa afirmación. "Sé que suena un poco trivial", añade, "pero eso es un hecho". Los 16 módulos presurizados que hoy componen la estación están diseñados en torno a un propósito central: ser un laboratorio en órbita permanentemente habitado. A lo largo de décadas, se han realizado miles de experimentos en las condiciones únicas de la microgravedad. Con entusiasmo, Bolden comienza a enumerar algunos de los resultados que salvaron vidas, como la ingeniería de cristales de proteínas que, según afirma, ha ayudado a dar forma a las vacunas modernas contra el cáncer.

Bolden explica que era “una cuestión de necesidad” que la ISS se volviera internacional. La estación fue concebida originalmente durante la administración Reagan como un proyecto llamado Freedom, pero resultó demasiado costosa y, a pesar de varios cambios importantes en el diseño, nunca se construyó. A principios de los años 90, la URSS se había derrumbado y Rusia estaba sumida en el caos. Pero los rusos conocían las estaciones espaciales: en la época soviética habían construido siete de ellas, comenzando con Salyut 1 allá por 1971. He aquí, entonces, una oportunidad de oro para aprovechar la experiencia y el personal rusos y, al mismo tiempo, salvar miles de millones de dólares.

El presidente Bill Clinton apoyó con fuerza el proyecto, ahora rebautizado como Estación Espacial Internacional, afirmando que al traer a los rusos estaba ayudando a su incipiente democracia. “Los trajimos para evitar que se comportaran peor que antes”, dice Bolden, notando la ironía. Menos abiertamente discutido fue el motivo de dar a los ingenieros de cohetes rusos un trabajo remunerado en Rusia, en lugar de verlos terminar construyendo misiles en Irán o Corea del Norte. "Se trataba de mantener a tus amigos cerca y a tus enemigos más cerca".

Al unir áreas exclusivas del know-how estadounidense y ruso, los dos socios más importantes estaban creando efectivamente un sistema interdependiente. "Es toda una nave espacial integrada", dice Jay Chladek, biógrafo de la ISS. "Piense en ello como si dos personas construyeran casas y las conectaran en un dúplex". Los rusos traen la propulsión y el control de altitud para mantenerlo en órbita, así como el combustible para alimentar esos sistemas. Los estadounidenses velan por el poder interno y otros sistemas. Esa división del trabajo se mantuvo firme a medida que la estación espacial crecía, módulo tras módulo, como piezas de Lego, hasta alcanzar el asombroso logro de ingeniería que es hoy: un monstruo que en la Tierra pesaría casi lo mismo que dos Estatuas de la Libertad.

En ese matrimonio no sólo había rusos y estadounidenses. Esta fue, y sigue siendo, la colaboración más grande y ambiciosa jamás realizada en el espacio. En total participan cinco agencias espaciales, incluida la ESA, que representa a 22 países. Incorporada en sus contratos hay una disposición que permite a cualquier agencia salir de la estación con un aviso de un año, pero no hay ninguna disposición para expulsar a nadie más. Una vez que agregas toda esa interdependencia a la mezcla, comienzas a apreciar por qué es tan difícil abandonar el programa. “Si quieres divorciarte”, dice Anatoly Zak, un reportero espacial ruso independiente que ahora vive en Estados Unidos, “no puedes [hacerlo] sin perder la estación espacial”. Y si se pierde la estación, argumenta Bolden, se pierde “una joya de la corona” cuyos beneficios para la humanidad son “mucho mayores que la relación con cualquier país”.

Por eso, en última instancia, sigue exenta de sanciones. "Nos necesitamos unos a otros para poder operar", dice Gatens. Los equipos incluso beben la orina de los demás, una vez reciclada. "Se recicla con una eficiencia superior al 90%", dijo Hoburg a los periodistas recientemente. "En realidad, sabe delicioso".

A las pocas horas de la invasión rusa, Dmitry Rogozin, el agitador jefe de la agencia espacial rusa, amenazaba con estrellar la estación espacial.


Dmitri Rogozin el año pasado. Fotografía: Mikhail Klimentyev/Sputnik / AFP/Getty Images

Pero si el matrimonio sigue intacto, fue brutalmente puesto a prueba el 24 de febrero de 2022. Pocas horas después de la invasión rusa de Ucrania, Dmitry Rogozin, el agitador jefe de la agencia espacial rusa, un hombre que una vez afirmó notoriamente que Alaska todavía pertenecía a Rusia, amenazaba con estrellar la estación espacial.

Respondiendo en Twitter al anuncio de Joe Biden ese día de sanciones contra la industria aeroespacial rusa, Rogozin acusó al presidente estadounidense de sufrir la enfermedad de Alzheimer y tuiteó que cualquier bloqueo de la cooperación podría significar que la estación espacial de “500 toneladas” podría entrar en una “desorbitación incontrolada y caer en Estados Unidos o Europa. La ISS no sobrevuela Rusia, por lo que todos los riesgos son tuyos. ¿Estas listo para ellos?" Por fantástico que pareciera, Rogozin amenazaba con desconectar el sistema de propulsión que mantenía la estación espacial en el aire y dejarla a su suerte.

La NASA y sus socios occidentales lo ignoraron deliberadamente, reafirmando su compromiso de continuar con las operaciones. "Hemos ignorado los tuits del señor Rogozin", afirma Frank De Winne, director del Centro de Astronautas de la ESA en Colonia, responsable de la selección y formación de los astronautas europeos. "Fue una época muy volátil", recuerda Gatens. "Hicimos todo lo posible para mantener las relaciones normales, de especialista a especialista, de director de programa a director de programa... Queríamos bajar la temperatura".

Quizás hubieran querido hacerlo, pero Rogozin no. Ya sancionado por Estados Unidos en 2014 por su firme apoyo a la anexión de Crimea, Putin lo nombró para dirigir Roscosmos en 2018. "Es grande, ruidoso, bebe mucho", dice Virts, que lo conoció mientras entrenaba. En Rusia. "Él es Putin al cuadrado", dice Zak. "Un nacionalista extremo, famoso por hacer saludos hitlerianos".


El astronauta estadounidense Mark Vande Hei en la ISS, 2022. Fotografía: Kayla Barron/AP


Y así siguieron llegando las provocaciones. Nueve días después de la invasión, apareció en Telegram un vídeo falso aparentemente creado por Roscosmos, etiquetado con el logotipo de la agencia de noticias estatal rusa RIA Novosti. En el clip muy editado, una mezcla de imágenes reales y CGI, se ve a dos cosmonautas rusos despidiéndose de su colega estadounidense Mark Vande Hei antes de subir al segmento ruso, cerrar las escotillas y, ante el aplauso de los controladores de la misión de Moscú, separar toda la parte rusa del resto de la estación espacial, abandonando a Vande Hei a bordo.

Era un escenario ridículo y totalmente impráctico. Pero el vídeo provocó un revuelo en los medios occidentales, ya que Vande Hei debía regresar a la Tierra con sus colegas rusos apenas tres semanas después, después de casi un año en el espacio. La madre de Vande Hei, Mary, describió todo el asunto como “una amenaza terrible” y le dijo a un periodista: “Simplemente estamos orando mucho”. Roscosmos afirmó que el vídeo era sólo una broma y trajo a Vande Hei de regreso con los dos cosmonautas según lo previsto. En una rueda de prensa tras su aterrizaje, el astronauta declaró que sus “compañeros de tripulación rusos eran, son y seguirán siendo muy queridos amigos míos”. Pero la broma de Roscosmos pasó desapercibida para sus socios internacionales. Y presumiblemente sobre la madre de Vande Hei.

Más estaba por venir. Primero, una caminata espacial el mes siguiente, cuando dos cosmonautas desplegaron una pancarta de victoria rusa supuestamente para marcar la derrota del nazismo en 1945, un gesto abiertamente incendiario dada la narrativa rusa sobre la desnazificación de Ucrania. Luego, en julio, los tres cosmonautas rusos en la estación se tomaron selfies con las banderas de las “repúblicas populares” de Donetsk y Luhansk. Roscosmos describió la captura rusa de la región de Luhansk como “un día de la liberación para celebrar tanto en la Tierra como en el espacio”.


Los cosmonautas rusos en la ISS se toman una selfie con la disputada bandera de Donetsk el año pasado. Fotografía: Roscosmos


En ese momento, la paciencia de la NASA finalmente se acabó. La agencia deploró el uso de la ISS para apoyar la guerra y recordó a Rogozin que era “fundamentalmente inconsistente con la función principal de la estación”, es decir, hacer avanzar la ciencia con fines pacíficos. Según los estándares habitualmente diplomáticos de la NASA, esto fue como lanzar una bomba nuclear. "En general", dice Gatens, "hemos estado tratando de no avivar ningún tipo de llamas políticas". Pero la declaración dio en el blanco. Ocho días después, Rogozin fue despedido. "Él estaba llevando el programa espacial ruso hacia la cuneta", dice el reportero espacial estadounidense Eric Berger. Y en el proceso molesta seriamente a su jefe. “Sólo Putin puede hacer declaraciones incendiarias”, dice Cathleen Lewis, curadora de programas espaciales internacionales del Instituto Smithsonian. “Y Rogozin superó a Putin”.

El reemplazo de Rogozin fue Yury Borisov, un ex viceprimer ministro y una figura tan incolora como no lo era Rogozin (ciertamente no alguien dado a hacer declaraciones incendiarias). Las cosas son “mucho más estables ahora”, me dice Gatens, con palpable alivio. Pero lo realmente interesante es que, a pesar de todas las fanfarronadas de Rogozin, la relación se mantuvo firme. Los controles de la misión en Houston y Moscú todavía se comunicaban. La NASA mantuvo personal en Rusia y sus astronautas continuarían teniendo un asiento en la venerable Soyuz rusa, volando hacia y desde la ISS. Y, según un nuevo acuerdo de intercambio de asientos, los cosmonautas rusos viajarían en uno de los Crew Dragons de Elon Musk, una nave espacial de última generación que recién había comenzado a operar en 2020. Llevaría a su primera rusa, Anna Kikina, a la estación espacial en octubre de 2022, lanzada desde Cabo Cañaveral.

En cuanto a Rogozin, pasó los siguientes meses sin trabajo posando con uniformes militares para su cuenta de Telegram antes de que un proyectil ucraniano explotara en su fiesta de cumpleaños número 59 en diciembre de 2022 en un restaurante de Donetsk, hiriéndolo gravemente. Recientemente ha vuelto a la forma al arrojar dudas sobre la veracidad de los alunizajes del Apolo. Pero la estación espacial ha sobrevivido.

Hasta aquí la asociación: ¿qué pasa con las relaciones entre las tripulaciones? Tomemos a los rusos primero. "Lo que sí sé", dice Berger, "es que muchos cosmonautas simpatizan mucho con la guerra". Samokutyayev, ex colega de Virts, no es el único sancionado. Muchos son productos del ejército y sólo escuchan una versión de la historia. “A algunos de ellos les han lavado completamente el cerebro hasta volverlos locos. Es simplemente una locura”, afirma Scott Kelly, ex comandante de la estación espacial de la NASA que devolvió su medalla espacial rusa disgustado después de la invasión.

He aquí un ejemplo del pasado mes de mayo, cuando Oleg Novitsky, expiloto de combate y veterano de tres viajes a la ISS entre 2012 y 2021, recibió la Orden al Mérito de la Patria de manos del propio Putin. “En todo momento”, declaró Novitsky, “nuestros enemigos, en su mayoría occidentales, han tratado de apoderarse de nuestra tierra y esclavizar a nuestro pueblo”. Luego se ofreció a luchar en primera línea, a la edad de 51 años. También fue condecorado su colega cosmonauta Pyotr Dubrov, quien proclamó que “hoy se quitan las máscaras y el nazismo occidental ha mostrado su verdadero rostro al mundo”.

Puede resultar sorprendente saber que Novitsky y Dubrov son los mismos "queridos amigos" con quienes Vande Hei vivió en la estación espacial. Pero lo que importa es quién escucha. "Estos incidentes son ciertamente provocativos", dice Lewis, "pero están dirigidos a su audiencia en tierra, no a sus colegas en la estación espacial". Y hay algunos cosmonautas que sienten la guerra de manera muy diferente; simplemente no te lo dirán porque es demasiado peligroso. Básicamente, cada uno de los ocho astronautas occidentales con los que hablo ha dejado de comunicarse con sus colegas rusos o, en las muy raras ocasiones que lo hacen, nunca sobre política. Además, podría poner en riesgo a los rusos. "La gente se está entregando entre sí", dice Kelly. "No quiero comprometer la seguridad de nadie". Por la misma razón, ningún cosmonauta se ha opuesto abiertamente a la guerra. Sólo uno, Gennady Padalka, que registró un récord de 879 días en el espacio, hizo un comentario ligeramente cuestionador en el periódico Novaya Gazeta, desde entonces prohibido. Eso fue 16 días después de la invasión. No ha hablado desde entonces.

Pero trate de discutir el impacto de la guerra en los miembros actuales de la tripulación con miembros de la agencia espacial y la respuesta será un retroceso casi visceral. “Te lo aseguro, no es una decisión fácil de tomar”, dice De Winne. Eligiendo cuidadosamente sus palabras, dice que no ha visto “ningún deterioro en la dinámica de la tripulación”. Pero reconoce que “es tremendamente estresante para nuestras tripulaciones estar allí en esas circunstancias”. Pasar largos períodos en un entorno confinado es difícil, explica (como comandante de una estación espacial en 2009, lo sabía), pero la guerra “añade una capa de incomodidad”.


El astronauta alemán Matthias Maurer en una exhibición aérea a principios de este año. Fotografía: Reuters


Muy pocos astronautas en servicio admitirán públicamente cómo se siente esa capa. Vande Hei es uno de ellos, y reveló en su conferencia de prensa posterior al vuelo en abril de 2022 que la guerra era “desgarradora” y había dejado a todos sus compañeros de tripulación, incluidos los rusos, sintiéndose “impotentes”. Lo discutieron, dijo, y luego continuaron con la misión. Su colega alemán, Matthias Maurer, que regresó a la Tierra un mes después, describió haber visto “enormes nubes de humo sobre ciudades como Mariupol” e impactos de cohetes en Kiev. “Planteamos el tema muy rápida y proactivamente. Los seis, siete de nosotros inmediatamente estuvimos de acuerdo en que es una situación horrible. Todos estábamos conmocionados, los colegas rusos y los colegas estadounidenses; nadie podía entender lo que estaba sucediendo allí abajo”.

Pero Vande Hei y Maurer son excepciones. La regla en las conferencias de prensa es centrarse en la misión, no en la guerra; cualquier pregunta sobre la “dinámica de la tripulación” se aborda brevemente y luego se espanta como moscas. Cuando le pregunto a De Winne si puedo hablar con Maurer o con otro de sus astronautas que han estado en la ISS recientemente, casi puedo oír cómo se cierran las contraventanas. Las repetidas solicitudes durante las siguientes semanas resultan en blanco. En la NASA ocurre lo mismo: no hay astronautas disponibles. Pero sigo intentándolo.

Mientras tanto, recopilo pistas de astronautas que han dejado el trabajo y están menos limitados. Surgen patrones de comportamiento: inevitablemente quienes trabajan en la ISS están unidos por un propósito común, las pasiones compartidas. “La guerra es un elefante en la estación”, dice Thirsk, “pero los cosmonautas son muy similares a los astronautas occidentales en muchos aspectos. Todos hemos soñado con volar al espacio desde pequeños, todos somos unos frikis. Y después de unos días o semanas, pierdes el sentido de identidad nacional: se va al fondo de tu cerebro”.

Esos vínculos se ven fortalecidos por los peligros compartidos. En julio de 2015, Kelly y sus dos compañeros de tripulación rusos tuvieron solo 90 minutos de antelación para refugiarse en su cápsula de escape Soyuz cuando una lluvia de desechos espaciales pasó a toda velocidad por la estación. "Literalmente dependen el uno del otro para vivir su vida", dice. Tampoco fue este un incidente aislado. Con una cantidad cada vez mayor de basura espacial y satélites en órbita baja, la ISS tiene que maniobrar para evitar colisiones casi todos los años. En noviembre de 2021, apenas tres meses antes de la invasión, los siete miembros de la tripulación, incluidos dos rusos, se vieron obligados a refugiarse temporalmente en sus cápsulas de escape después de que 1.500 restos rastreables de una prueba de misil antisatélite ruso amenazaran la estación. Afortunadamente, fallaron, pero el mismo campo de escombros sigue regresando.

Incluso Virts, que sostiene que seguir permitiendo a los rusos volar en naves espaciales estadounidenses y viceversa es un “indignación”, acepta sin embargo que las cosas son diferentes una vez que estás allí. “La política es política. No vamos a cambiar la política, así que tratemos de no morir en el vacío del espacio. Trabajemos juntos como equipo”.

Esa capacidad está integrada en el proceso de selección. De las casi 23.000 solicitudes de astronautas que recibió la ESA el año pasado, revela De Winne, los individuos fueron elegidos en parte por lo que él llama su “resistencia al estrés”. Para reforzar aún más esa resistencia, la NASA tiene varios trucos de entrenamiento bajo la manga. Uno de ellos es la Misión de Operaciones de Medio Ambiente Extremo de la NASA (Neemo), un hábitat submarino en el fondo del océano frente a la costa de Florida, donde los astronautas en formación pasan tiempo aprendiendo a desenvolverse sin arrancarse los ojos unos a otros. Otra son las extenuantes expediciones en equipo dirigidas por la Escuela Nacional de Liderazgo al Aire Libre de EE. UU. en las zonas más salvajes de Estados Unidos.

Steve Swanson, ex ingeniero de vuelo de la NASA, hizo uno de esos y nunca olvidó las lecciones que le enseñó. Su estancia de 10 días en una isla en el noroeste del Pacífico resultó crucial después de que atracó en la ISS en marzo de 2014 en una Soyuz con dos compañeros de tripulación rusos. Llegaron pocos días después de la anexión de Crimea por parte de Putin. Las cosas se pusieron incómodas cuando un cosmonauta, Aleksandr Skvortsov, le dijo a Swanson que su hermano ruso había sido expulsado de Ucrania. Una y otra vez insistió en que los ucranianos eran nazis y hooligans. "Estaba realmente molesto", dice Swanson. “Pero no iba a decirle lo que pensaba al respecto, porque eso no iba a mejorar la situación. Le dejé hablar. Porque necesitaba desahogarse”.

Voces así ayudan a iluminar la vida actual en la estación. Pero sigo esperando encontrar un testigo que haya estado allí desde la invasión. Y luego me encuentro con Mike López-Alegría, que ha sido astronauta durante más tiempo del que existe la ISS. Voló allí por primera vez en el transbordador espacial en el año 2000 y regresó nuevamente en 2002 y 2006-2007. Para entonces había realizado 10 caminatas espaciales, más que cualquier otro astronauta estadounidense en ese momento. “Ser un satélite humano es una experiencia increíble”, me dice asombrado. “Estás ahí afuera, tienes este traje que te protege, que es una maravilla de la ingeniería, que te permite existir en estas condiciones en las que no se puede sobrevivir... Son menos 200, son más 200, es un vacío, está lleno de radiación. Es muy estimulante. Lo volvería a hacer cien veces”.

En 2012, López-Alegría dejó la NASA, pero el año pasado, a los 63 años, volvió a la estación. Para entonces, se había unido a Axiom, una empresa en ascenso en el nuevo y valiente mundo del comercio espacial actual cuyo plan es construir la primera estación espacial comercial del mundo a partir de 2025, con diseños interiores de Philippe Starck. La misión de López-Alegría era acompañar a tres turistas espaciales, Larry Connor, Mark Pathy y Eytan Stibbe, a la ISS. López-Alegría no se fijará en el precio por asiento, pero más de 50 millones de dólares están “en el estadio”. Llegaron el 9 de abril de 2022, apenas seis semanas después de la invasión. Y como está retirado de la NASA, López-Alegría puede hablar de ello.

Permaneció 15 días. Aparte de notar cuánto había cambiado desde 2007 –“Parece que hay cosas por todas partes, simplemente está lleno de ordenadores portátiles y cables”, dice–, observó que ninguno de los habitantes (tres estadounidenses, tres rusos y Maurer, un alemán) mencionó la guerra. "Lo que estaba pasando no estaba pasando", dice. "Era como si nada de eso estuviera pasando en el planeta". Como invitado, López-Alegría nunca sacó a relucir el tema. “¿Por qué perturbarías la armonía? Creo que simplemente lo dejaste pasar”.


El astronauta Mike López-Alegría (segundo a la derecha) acompaña a tres turistas espaciales a la ISS el año pasado. Fotografía: AP


Incluso con sus compatriotas estadounidenses, les pregunto. López-Alegría hace una pausa. "Creo que a veces hablamos de no discutirlo". Mientras tanto, los rusos “fueron extraordinariamente amables”. Los dos sábados por la noche todos se reunían para ver películas. Vieron La princesa prometida y Salyut 7, una película rusa basada libremente en la realidad sobre una estación espacial soviética dañada que los estadounidenses intentan (y fracasan) secuestrar durante la guerra fría. Cualesquiera que sean las ironías de esa elección, nadie las explicó. En la Pascua ortodoxa, los cosmonautas los invitaron a unirse a las celebraciones. Tomaron postre y té ruso y uno de ellos, Oleg Artemyev, les dio regalos: galletas especiales preparadas por su esposa. “Fue encantador”, dice López-Alegría. Los rusos incluso les permitieron usar su baño cuando el norteamericano se estropeó. De hecho, se averió dos veces.

Nada en la historia de López-Alegría contradice las impresiones que ya he escuchado. Pero aquí está la cuestión. Apenas cuatro días después de su partida el 24 de abril, dos de esos cosmonautas, Denis Matveev y Artemyev, de las galletas caseras, desplegaron esa incendiaria pancarta de la victoria rusa en su caminata espacial. Y los tres cosmonautas posaron aquel mes de julio con las banderas de Donetsk y Luhansk. Quizás nuevamente lo que cuenta sea el público local. “Pero me puso triste”, dice López-Alegría, “porque esos tipos tienen que hacer lo que les dicen”. Y luego agrega: “No quiero especular sobre dónde están personalmente en ese tema, pero incluso si estuvieran todos a favor, creo que no se les escapa que usar esa plataforma para ese tipo de mensaje es inapropiado.”

Esa tristeza afecta a todas las personas con las que hablo en esta pequeña comunidad. Swanson también voló con Artemyev y lo recuerda como “simplemente una persona maravillosa, el tipo más agradable. Pero nunca se sabe lo que está pasando allí”.

Mientras tanto, cada intento que hago de contactar a un cosmonauta ruso para esta pieza choca contra paredes de ladrillo. Cuando le pregunto a un experto espacial ruso que prefiere no ser identificado si puede ayudarme, me dice sin rodeos: “No conozco a ninguna persona en Rusia que hable abiertamente estos días. Es el momento equivocado. Confía en mí. El país está ocupado con otros problemas”.


El cosmonauta ruso Alexander Misurkin. Fotografía: Agencia Anadolu/Getty Images

Luego, finalmente, a través del amigo de un amigo, encuentro a alguien. Alexander Misurkin ha volado tres veces en la ISS, la última vez en 2021, y regresó solo dos meses antes de la invasión. No conozco su política y mantenemos nuestra conversación por Zoom, que probablemente será monitoreada, apolítica; de hecho, en un giro ligeramente surrealista, parte de ella gira en torno a su amor por el bádminton. Habla con entusiasmo sobre su carrera en el espacio y su afecto por sus compañeros de tripulación se siente muy genuino. Y cuanto más hablamos, más me sorprende que nuestra interacción refleja curiosamente la de los equipos: charlamos sobre deportes, familia, trabajo, todo lo demás, pero nada de política. Luego cuenta una historia que, según él, todavía lo persigue hasta el día de hoy.

En 2013, el astronauta italiano Luca Parmitano estaba realizando un paseo espacial cuando su casco empezó a llenarse de agua por una fuga. Misurkin estaba dentro cuando la emergencia se desarrolló rápidamente. En el vacío, el agua subió por el rostro de Parmitano. "Casi se hunde dentro de su traje espacial". De alguna manera logró volver a través de la esclusa de aire – “Aún me resulta increíble cómo lo logró” – y todos, rusos y estadounidenses, se unieron para quitarle el casco, hacerle respirar y salvarle la vida. "Fue la situación más peligrosa en toda mi experiencia espacial", dice Misurkin. “Gracias a Dios sobrevivió”. Se detiene por un momento, reviviendo el drama. Y luego, con verdadero sentimiento, dice: “No sé si la Estación Espacial Internacional es un símbolo o no. Pero sí sé con seguridad que es el mejor ejemplo de cómo deberíamos comportarnos todos sobre el terreno”.

Si lo es, es todo lo que Rusia tiene ahora. Mientras Estados Unidos y sus aliados, y China por sí sola, siguen adelante con nuevas estaciones espaciales, un regreso a la Luna y, en última instancia, a Marte, el único programa espacial humano real de Rusia en la actualidad es la ISS, de 25 años de antigüedad. Ése es un legado de la terrible guerra de Putin. Las sanciones y el aislamiento han hecho el resto. La tecnología está envejeciendo, el dinero se está acabando y el equipo a veces está defectuoso. defectuoso. Y los golpes siguen cayendo. La semana pasada, Luna-25, la primera sonda rusa que regresó a la Luna en casi medio siglo, se estrelló en la superficie sólo cuatro días antes de que una sonda india aterrizara allí con éxito. El año pasado, dos naves espaciales rusas atracadas en la ISS experimentaron alarmantes fugas de refrigerante en sistemas idénticos, lo que sugiere graves deficiencias de producción en tierra. Y, como pude comprobar personalmente a finales de 2019, el puerto espacial de Baikonur, en Kazajstán, desde donde Yuri Gagarin pasó a la historia en 1961, está visiblemente en decadencia, con sus descoloridos murales soviéticos, sus edificios en ruinas y sus perros callejeros en libertad.

Una vez, el mundo se maravilló de la nación que envió al primer ser humano al espacio. Pero el mundo ha seguido adelante. Los rusos hablan de construir su propia estación espacial, de ir a la luna o de colaborar con China pero, como dice Zak: “La palabra clave es hablar. Rusia no tiene nada. Rusia no tiene adónde ir sin la ISS”.

Mientras tanto, la estación continúa, la primera y quizás la última gran colaboración de este tipo. Y a menos que Putin haga algo realmente estúpido –en cuyo caso, como me dice secamente Gatens, “nuestro liderazgo definitivamente tendría algunas conversaciones”– podrá vivir sus últimos años, labrando órbitas elípticas del planeta mientras los hombres y mujeres a bordo continúan realizando sus experimentos, comiendo, durmiendo, viendo películas juntos, celebrando sus fiestas, disfrutando de las vistas, evitando hablar de política y, en última instancia, cuidándose unos a otros. Incluso puedes verla en el cielo una noche despejada, una estrella brillante que se mueve constantemente de oeste a este mientras sus acres de paneles solares captan la luz del sol debajo del horizonte, una vergüenza moral para algunos, un rayo de esperanza para otros. Pero es innegablemente sorprendente.



El omnibus eléctrico de la UNLP está listo para funcionar
El decano de la Facultad de Ingeniería de la casa de estudios superiores, Marcos Actis, presentó el desarrollo realizado junto a la empresa Nueve de Julio, de La Plata.




El ómnibus eléctrico de la Universidad Nacional de La Plata está listo para funcionar y fue presentado por el decano de la Facultad de Ingeniería, Marcos Actis, en el Anfiteatro de Hidráulica de la unidad académica.

Educación pública y gratuita, desarrollo tecnológico, cambio climático, energías alternativas, valor agregado y la importancia de contar con ingenieros e ingenieras para el progreso del país. Estos fueron algunos de los conceptos expresados por el decano de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), Marcos Actis, durante una charla dirigida a estudiantes en el Anfiteatro de Hidráulica de la unidad académica. Allí tuvo lugar la presentación del micro desarrollado por Ingeniería junto a la empresa Nueve de Julio.

El decano Actis estuvo acompañado por el coordinador alterno del Grupo de Ensayos Mecánicos Aplicados (GEMA) de la Facultad de Ingeniería, Alejandro Patanella, y por el propietario de la empresa de colectivos, Marcos Mastropietro.

Omnibus eléctrico

Los alumnos tuvieron la posibilidad de dar un paseo en el colectivo que recorrió la zona que circunda a la Facultad, en el bosque platense. Además, recibieron información técnica sobre la reconversión de vehículos de motor convencional a coches con propulsión eléctrica. Y sobre los importantes logros obtenidos por profesionales y estudiantes de Ingeniería junto a técnicos y personal de la compañía, presidida por Mastropietro.

El decano les manifestó a los estudiantes que la Facultad, con sus unidades de investigación, lleva adelante muchos trabajos de transferencia al medio productivo que permiten obtener fondos para equipamiento y mejoras en la institución. También afirmó que “si la educación no fuera pública y gratuita muchos de nosotros no podríamos hoy estar sentados acá”. En esa misma línea, Patanella añadió la necesidad de “protegerla para las próximas generaciones”.

“En nuestra Facultad egresan 450 ingenieros por año. Somos una de las casas de estudio que más egreso tiene en relación a los ingresantes. Pero hacen falta más ingenieros. Un país es desarrollado cuando, por cada 2000 o 3000 habitantes, tenga un ingeniero”, remarcó Actis.

Colectivo platense con baterías de litio

El decano también se refirió a la ardua tarea que significó reconvertir el colectivo O km en un transporte eléctrico con baterías de litio. Asimismo, recordó cuando la Facultad comenzó a trabajar con las baterías de litio en el año 2007, siendo un desarrollo que estuvo destinado al satélite SAC/D, a lo que se sumaron posteriormente los lanzadores satélites de la línea VEx que se probaron en La Capetina (localidad bonaerense de Pipinas), siendo un proyecto en el que tuvo una participación destacada el Centro Tecnológico Aeroespacial (CTA) de la Facultad.

El colectivo eléctrico 0 km es silencioso, sin vibraciones y no produce emisiones contaminantes. Tanto la Facultad como la Nueve de Julio esperan poder concretar la instalación de la máquina lectora de tarjeta SUBE para habilitar su circulación como transporte. Cuando eso suceda la nueva unidad podrá transitar por cualquiera de los recorridos de la línea Oeste. Cabe mencionar que, la circulación por el circuito universitario, es un anhelo de la Facultad.

Fotografías: Prensa Facultad de Ingeniería.



Ya se prueba en el país la más novedosa estrategia contra el cáncer
Consiste en tomar linfocitos del paciente y devolvérselos “potenciados”. Todavía no tiene aprobación, pero se ensaya en tres hospitales locales contra el mieloma múltiple.
por Nora Bar



Desde que fue elegida entre los 10 hechos más importantes de 2013 por la revista Science, la inmunoterapia, que consiste en ayudar al sistema inmunológico para que ataque los tumores, no deja de sorprender con sus acelerados avances. Entre los más rutilantes se encuentra una estrategia denominada de células CAR-T, que está mostrando resultados que entusiasman a los especialistas en cánceres de la sangre. Uno de ellos es el mieloma múltiple, en el que un tipo de glóbulos blancos denominados "células plasmáticas”, que normalmente ayudan a combatir infecciones, se malignizan, se acumulan en la médula ósea, desplazan a las células sanguíneas sanas y en lugar de producir anticuerpos útiles, fabrican proteínas anormales que dañan el organismo.

Por primera vez, esta estrategia de alta complejidad se está ensayando en el país, precisamente en pacientes con esta afección que tuvieron recaídas después de recibir medicaciones convencionales. “En este campo ofrece resultados muy significativos –cuenta Gonzalo Garate, jefe de oncohematología del Hospital Alemán, donde está a cargo del estudio–. Por ejemplo, en pacientes con linfoma y con mieloma son abrumadores, con porcentajes de respuesta que en algunos casos superan el 90%. Algo nunca visto. Tan es así que en los Estados Unidos, Europa y Brasil esta terapia ya está aprobada para pacientes que recayeron después de haber sido tratados con otras indicaciones”.




De acuerdo con Garate, lo que se observó hasta ahora es que las personas que se encuentran en el grupo de los que logran una respuesta completa superan los cuatro años de sobrevida. “Es tan nueva esta estrategia que todavía no hay un seguimiento adecuado como para sacar una conclusión definitiva, pero es mucho mayor comparado contra lo que había, que era prácticamente nada –agrega–. Como suele suceder, cuando los resultados son tan importantes en pacientes que no habían tenido respuesta a otros tratamientos, se empiezan a probar en estadios más tempranos”.

El estudio clínico en marcha, financiado por el Laboratorio Janssen, es para pacientes con mieloma de reciente diagnóstico. Se inició en 2022 y en la Argentina participan los hospitales Alemán, Italiano de Buenos Aires y Privado de Córdoba. Entre todos los centros tienen proyectado estudiar (“randomizar”: dividirlos en dos grupos y asignarles al azar el tratamiento de rutina o el de células CAR-T) a 15 pacientes. El reclutamiento está activo y finaliza a fin de año. “Estamos muy entusiasmados. Nosotros tenemos siete pacientes de los cuales ya randomizamos a tres –explica el oncohematólogo–. Cada uno recibe seis meses de tratamiento convencional y luego [por sorteo] el 50% recibe células CAR-T o el tratamiento convencional, que es una medicación oral”.

La terapia consiste en obtener linfocitos T [células inmunitarias] del paciente, tratarlas en el laboratorio y devolvérselas “potenciadas” gracias a la inserción de algo conocido como ‘receptor quimérico de antígeno (Chimeric Antigen Receptor, de allí su nombre: CAR, en el que se fusionan componentes de linfocitos B y T). Hace algunas semanas, investigadores argentinos del Instituto de Biología y Medicina Experimental del Conicet y españoles del Centro de Investigación Médica Aplicada de la Universidad de Navarra, Pamplona, lograron desentrañar los mecanismos moleculares que explican la eficacia de una de estas estrategias que estaban probando en ratones. Vieron que gracias a la presencia de azúcares modificados en sus proteínas de membrana, estos linfocitos interactúan de forma más eficiente con las células que tapizan los vasos sanguíneos. Este proceso les permite migrar más eficazmente al interior de las metástasis tumorales, reconocerlas y destruirlas.

“Se trabaja con células que uno cultiva y expande in vitro para que se reproduzcan, y se les introducen estos CAR. La idea es devolverlas al paciente mejoradas, potenciadas, diríamos que en versión ‘turbo’. Es como sacar un jugador medio débil, entrenarlo y después devolverlo al campo de juego”, explicó en ese momento Gabriel Rabinovich, líder del equipo argentino.

El proceso es exigente desde el punto de vista logístico. “Los linfocitos del paciente se obtienen por aféresis [proceso por el cual una máquina separa diferentes componentes de la sangre]. Se guardan en nitrógeno líquido a -120° C y luego se envían a los Estados Unidos, donde se realiza la transfección genética en la planta elaboradora; es decir, que (a través de un virus que actúa como vehículo) se les introduce la secuencia genética contra el antígeno [sustancia que hace que el sistema inmunitario produzca anticuerpos contra sí mismo] que expresan las células de mieloma. Luego esos linfocitos se multiplican. “Es un preparado individual para cada paciente. En alrededor de seis semanas están listas para ser devueltas a la Argentina y para ser infundidas”, subraya Garate.




Los centros que administran estas terapias deben tener una habilitación, un control de calidad y una capacitación particulares. “Es un recurso de alta complejidad y de alto costo, que exige una selección muy estricta del candidato a recibirlo –explica el médico–. Pero puede aplicarse con los recursos disponibles en un hospital que tenga una unidad de trasplante de médula ósea habilitada por el Incucai”.

Garate aclara, sin embargo, que más allá de las expectativas que despierta, el tratamiento todavía no está aprobado ni disponible en nuestro medio, excepto en el marco de un ensayo clínico como en este caso. “Un hecho para destacar es que hayan tenido en cuenta a nuestro país para participar ya que es de extrema complejidad”, comenta el especialista.

Aunque alcanzaron un éxito notable, como explica Rabinovich, “estos tratamientos pueden tener efectos adversos. Uno es el síndrome de liberación de citoquinas [pequeñas proteínas] proinflamatorias, algo equivalente a lo que llamábamos ‘tormenta de citoquinas’ durante la infección por SARS-CoV-2. Causan una inflamación muy, muy grande, un reclutamiento de células como macrófagos y monocitos que dañan ciertos tejidos y es importante poder frenarlo a tiempo. Se están desarrollando estrategias para detectar en qué momento se produce. Por otro lado, esas mismas citoquinas y las propias células de origen mieloide tienen un importante componente de neurotoxicidad y se está tratando de bloquearlas; por ejemplo, con anticuerpos que pueden revertir ese proceso”.

Si bien el mieloma es mucho menos frecuente que otros cánceres, como el de mama o colon, el entusiasmo de los médicos se explica, entre otras cosas, porque por lo general era incurable. “En los últimos años se avanzó enormemente en el desarrollo de nuevas drogas –concluye Garate–. Estamos viviendo una revolución; primero con los nuevos fármacos y que ahora con la inmunoterapia. Por ejemplo, los anticuerpos bioespecíficos [que se elaboran combinando dos anticuerpos monoclonales diferentes en una sola molécula] dirigidos contra dos blancos y con los que se obtienen respuestas fenomenales. Creo que es algo que en los próximos años, no muchos, vamos a tener disponible también en el país”.



domingo, 27 de agosto de 2023

La CNEA expuso su oferta tecnológica para reactivar la Planta Industrial de Agua Pesada
La presidenta del organismo, Adriana Serquis, recibió a las autoridades de ENSI de cara a la puesta en marcha de la planta que abastece a las centrales nucleares de Atucha y Embalse.




Las autoridades de la Empresa Neuquina de Servicios de Ingeniería (ENSI) fueron recibidas por la presidenta de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), Adriana Serquis, y autoridades de distintas gerencias del organismo.

Durante la recorrida tomaron contacto con los principales laboratorios del CAB, finalizando en el Instituto Balseiro, donde los representantes de ENSI brindaron un seminario.

El 12 de mayo de este año las dos instituciones firmaron el acuerdo específico para la conservación, mantenimiento y acondicionamiento para la puesta en marcha de la Planta Industrial de Agua Pesada (PIAP), emplazada en Arroyito, Neuquén.

Conservación y mantenimiento

Desde la firma del contrato se han realizado trabajos de conservación y mantenimiento de la planta. En el marco del Acondicionamiento para la Puesta en Marcha, en septiembre comenzarán los trabajos en la Playa de Alta Tensión (132 kV) que provee de energía eléctrica a la planta.

Este es un paso importante para alcanzar el objetivo de retomar la producción de 80 toneladas anuales de agua pesada grado reactor con una de las líneas de la PIAP. Se trata de un insumo fundamental para los reactores nucleares de potencia para generación de energía eléctrica.

“En cada visita que he tenido que hacer al Centro Atómico Bariloche, siempre me llevo el trabajo que desarrollan todos los científicos y el deseo de verlo aplicado en la industria. El esfuerzo que se hace es muy grande y sería bueno que la sociedad supiera el valor que tiene realizar nuevos proyectos en tecnología innovadora para impulsar el sector”, señaló el gerente general de ENSI Alexander Berwyn.

“Es un placer recibir a los profesionales de ENSI y poder mostrar todas las capacidades que hay en nuestra institución y el interés mutuo que puede haber en diversas actividades, no sólo para la prestación de servicios a ENSI, como la caracterización de materiales y los laboratorios de física y química que tenemos a disposición, sino también para el funcionamiento de la planta de agua pesada que es de gran interés para la CNEA”, manifestó la presidenta Adriana Serquis.

Acuerdos

Serquis destacó, también, que desde la Gerencia de Área Energía Nuclear de la CNEA se continúa realizando el seguimiento del acuerdo específico para cumplir con los compromisos pautados, con el involucramiento de grupos de especialistas del organismo en cada una las áreas del proyecto.

ENSI SE nace el 21 de diciembre de 1989 mediante un convenio entre la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) y el Gobierno de la Provincia de Neuquén, con el objetivo de producir y comercializar agua pesada (D2O) virgen grado reactor.



IMPSA desarrollará grúas portuarias para la Armada de Estados Unidos
La empresa de infraestructura tecnológica mendocina cerró un acuerdo con una contratista que le presta servicios al gobierno del país norteamericano.




La empresa de infraestructura tecnológica de la provincia de Mendoza, especializada en obras de carácter estratégico, IMPSA comenzará a ser proveedora de la Marina de Estados Unidos luego de que se adjudique el contrato.

IMPSA, que desarrolló obras claves para el sector energético y para la Defensa, entre otros rubros, construirá desde la provincia e irá al Norte de América con dos grúas portuarias que se ejecutarán en 24 meses.

Las grúas portuarias desarrolladas por IMPSA

La adjudicación no fue directa con la “U.S Navy” -por sus siglas en inglés- sino por medio de una empresa contratista norteamericana que le presta servicio al Gobierno.

A un año y medio de la capitalización por parte del Estado Nacional y de Mendoza, alcanzaron nuevos proyectos. “Impsa viene trabajando muy bien con el Ministerio de Defensa, con un puente grúa para la Armada Argentina en Puerto General Belgrano”, comentó Pablo Portuso, director por las acciones clase A (acreedores). Portuso es ingeniero industrial con una maestría en Energía y es parte de los equipos técnicos de energía que asesoran a la senadora nacional por Mendoza Anabel Fernández Sagasti.

Agregó que entre otros proyectos están el tanque argentino mediano, los tanques, las torretas: “Estamos haciendo 72 tanques, la maquinación completa de la carcasa y también avanzando con algunos de los elementos de defensa, asumiendo cada vez mayores responsabilidades en lo mismo, que es dotar a esos tanques, modernizarlos y dotarlos de instrumentación para la guerra electrónica y todo esto que lo que viene por otro lado avanzando con el tren de rodamientos”.

Visita de Taiana

Este miércoles 23 de agosto estuvo en Mendoza el ministro de Defensa, Jorge Taiana, y junto con Portuso hicieron una recorrida e inauguraron una de las de las naves: “La vamos a dedicar exclusivamente a los contratos que tenemos con Defensa, bautizada con el nombre Malvinas Argentinas”.

“La decisión estratégica de dedicar un espacio para el área de Defensa tiene como objetivo optimizar la producción en series cortas de distintos proyectos y potenciar el desarrollo tecnológico de esta industria”, publicó Taiana en su cuenta de la red social X junto con un video.

En julio, el ministro de Defensa y el jefe de Gabinete, Agustín Rossi, junto con el secretario de Industria y Desarrollo Productivo, José Ignacio de Mendiguren, presentaron los primeros vehículos blindados modernizados del Tanque Argentino Mediano (TAM2C). Es un trabajo conjunto entre la empresa industrial IMPSA, la firma Elbit Systems de Israel, y el Ejército Argentino que promueve la industria de la defensa nacional con mano de obra local, capacitación y desarrollo de tecnología.

“Estamos presenciando lo que se está constituyendo como un verdadero clúster, un conjunto de empresas nacionales que están produciendo partes y sustituyendo partes extranjeras, no solo para el tanque argentino, sino también para los más de 400 vehículos blindados de distintos tipos con los que cuentan nuestras Fuerzas Armadas”, expresó en ese momento el ministro Taiana.

“Este es el resultado de una política que ha tenido continuidad, que es la del Fondo Nacional de la Defensa (FONDEF) y gracias a ella está llevando a cabo la activación de la Producción para la Defensa, que es una cuenta fundamental y que continúa fortaleciéndose con la recuperación y el desarrollo del sector privado, sobre todo de la pequeña y mediana empresa, en producción para la defensa”, concluyó.

Antecedentes de grúas

IMPSA fue contratada por la Armada de la República Argentina (ARA) para la ejecución de un proyecto que incluye el diseño, la fabricación, el montaje y la puesta en marcha de una Grúa de Astillero para la Base Naval “Puerto Belgrano” en Bahía Blanca.



sábado, 26 de agosto de 2023

La Argentina encabeza una iniciativa para desarrollar un satélite meteorológico regional
Fortalecerá la cooperación y la independencia tecnológica de los países latinoamericanos, que hoy utilizan los servicios de los Estados Unidos.
por Nora Bar



Según las estimaciones, en este momento hay unos 2500 satélites en órbita. De estos, apenas un puñado que se cuenta con los dedos de una mano son meteorológicos. Los dos únicos continentes que no cuentan con uno propio son América latina y África. Pero si progresa un proyecto que está en sus inicios, dentro de cinco a ocho años esto podría cambiar.

La idea surgió en ocasión de una reunión de servicios meteorológicos de la región realizada en 2018. El Servicio Meteorológico Nacional (SMN) y la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (Conae) se pusieron a trabajar y en agosto de 2022 presentaron una hoja de ruta. Hace algunas semanas, ya se realizó el primer Taller sobre el desarrollo de un satélite geoestacionario regional, en el que participaron representantes de ambas entidades, el Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil (INPE); la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica de los Estados Unidos (NOAA) y la Oficina Regional para las Américas de la Organización Meteorológica Mundial OMM. Lentamente, la iniciativa va tomando vuelo.




“La Organización Meteorológica Mundial está dividida en regiones –cuenta Luciano Vidal, investigador del SMN–. En nuestro caso, hay una que nuclea todos los servicios meteorológicos de habla hispana. Cuando nos reunimos, discutimos prioridades en materia meteorológica, inversiones en infraestructura, necesidades de cada país. Y una de las que se estableció en 2018 fue la de contar con un satélite meteorológico que responda a las demandas de esta parte del continente. Hoy utilizamos uno que es propiedad de los Estados Unidos, operado por la NOAA y la NASA, pero las prioridades están puestas en fenómenos que tienen impacto directo en ese país, como huracanes, ciclones o tornados. Por ejemplo, hay una capacidad que se conoce como ‘escaneo de mesoescala’ (observar pequeñas regiones dentro de un continente, como una tormenta fuerte que ocurre en Mendoza o San Juan), que se puede configurar desde el satélite, pero si bien podemos pedirlo, solemos quedar en el puesto 25 de la lista de prioridades. De hecho, nos pasó el otro día, cuando lo necesitábamos por las tormentas que iban a estar afectando el AMBA y justo coincidió con fenómenos en la zona del Caribe, e incendios entre Canadá y Estados Unidos”.

Por requerimientos como éste o el de poder decidir qué tipo de instrumentos viajan a bordo del aparato, que surgió la idea de independizarse. Ya hacia 2015 se había especulado con la posibilidad de agregarle a los Arsat alguna capacidad tecnológica para hacer monitoreo meteorológico, pero solo ahora se comenzó a trabajar en firme.

¿Qué hace exactamente un satélite meteorológico? “Para poder monitorear lo que sucede en la atmósfera, nosotros utilizamos un conjunto de herramientas –explica Vidal–. Las más clásicas son el termómetro [mide temperatura], el pluviómetro [cantidad de agua caída], el anemómetro [velocidad del viento], que nos indican cuáles son las condiciones del tiempo a nivel del suelo. Para saber cómo está la atmósfera más arriba, utilizamos globos sonda con instrumentos. Y además, tenemos ‘sensores remotos’, que nos permiten hacer estimaciones indirectas. Por ejemplo, de la temperatura del aire, que es una propiedad del fluido. La puedo medir directamente con un termómetro, porque lo pongo en contacto con el fluido en sí, pero con los sensores remotos la estimo de manera indirecta. Eso es lo que hace un satélite”.


Uno de los parámetros que se observan desde el satélite es la cubierta de nubes.

Los hay de diferentes tipos. Una de sus características principales está dada por la órbita en la que circulan. Los geoestacionarios dan una vuelta a la Tierra en 24 horas; es decir, que se desplazan a la misma velocidad angular que la de la rotación del planeta por lo que, vistos desde la superficie, parecen estar detenidos siempre en el mismo lugar. “Con el satélite, una de las cosas que observamos son las nubes y de allí surge mucha otra información –destaca Vidal–. Estamos pensando en un satélite geoestacionario que ‘vea’ toda América Latina. Estaría a una altura de unos 36.000 kilómetros (similar a la de los Arsat). Este tipo de satélites, posicionados sobre el Ecuador, pueden observar todo un continente. Algunos, están dedicados a monitorear Europa y parte de África; otros, la India, Rusia, China o Japón. Se cuentan con los dedos de una mano. Dado que tienen una cobertura tan amplia, con cinco satélites se puede abarcar todo el globo”.

Uno de los puntos todavía por definir es el de los instrumentos que viajarán a bordo. “Toda misión satelital arranca con la definición de su aplicación estratégica, que es la que justificará la inversión –comenta Vidal–. Por ejemplo, en el caso de la misión SABIA-Mar [Satélite de Aplicaciones Basadas en la Información Ambiental del Mar, cuya puesta en órbita está prevista para 2025], lo que queremos es estudiar el color y las temperaturas de la superficie del océano, y la llamada ‘carga útil’ cumplirá con los requerimientos necesarios para hacer análisis y medir esas propiedades. En este proyecto en particular eso todavía no lo tenemos definido, es muy probable que alguno de los instrumentos sea similar a los que hay disponibles en el que ya estamos usando. Uno sirve para monitorear la nubosidad, medir la energía térmica que emiten las nubes, pero también estimar algunos parámetros del suelo e incluso de la temperatura superficial del mar, aunque no está optimizado para esa aplicación. Cuando se decide cuál es el objetivo estratégico, se desarrolla un instrumento para ese uso. También estamos pensando que deberíamos contemplar uno que detecte la actividad eléctrica de las tormentas, que pueda ver el resplandor de los relámpagos. Se trata de una información muy crítica para el seguimiento de los sistemas meteorológicos de muy rápido desarrollo”.


Ilustración artística del Arsat, también un satélite geoestacionario.


Contar “ojos propios” en el espacio arrojaría beneficios para nuestro propio servicio meteorológico y otros de la región. Entre otras cosas, permitiría disponer más rápidamente de información para la toma de decisiones. Como valor agregado, se piensa que permitiría mejorar los pronósticos, ya que se podrían utilizar los datos observados para optimizar los "modelos numéricos del tiempo", ecuaciones que permiten simular cómo se mueve la atmósfera. “Cuánto mejor determinadas estan las condiciones y mayor es la cantidad de observaciones de que se dispone, mejor performance tienen los pronósticos”, destaca Vidal.

De aquí en más, la idea es articular con las otras agencias espaciales de la región y ubicar este proyecto en el marco de la agencia espacial de Latinoamérica y el Caribe, cuya creación se firmó en septiembre de 2021 en la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) para coordinar actividades de cooperación entre los Estados en el ámbito espacial. “Este proyecto podría ser el primero de la nueva agencia –se entusiasma Vidal–. Permitiría trabajar en dos áreas: por un lado, articular con los servicios meteorológicos de los otros países y por otro, con las agencias espaciales. Hay que definir las fuentes de financiamiento y acordar compromisos firmes con cada uno de los que participen”.

El proyecto tendría también un beneficio extra: la formación de recursos humanos, especialmente en países que carecen de ellos. “Estamos tratando de promover la colaboración regional, pero, por experiencia y trayectoria, y por contar con empresas como Invap y Arsat, lo estamos traccionando desde acá con la importante participación de Brasil”, concluye Vidal.



Desarrollan un dispositivo que cambia el dióxido de carbono por oxígeno
Es un purificador del aire que funciona a partir de microalgas nativas, desarrollado entre un instituto de investigación del CONICET y la empresa de tecnología de YPF, Y-TEC.




La empresa de tecnología perteneciente al CONICET y a YPF, Y-TEC, junto al Instituto de Investigaciones en Biodiversidad y Biotecnología (INBIOTEC-CONICET) desarrollaron un purificador del aire a base de microalgas nativas, que absorbe dióxido de carbono y genera oxígeno en una estación de servicio YPF en la ciudad de Buenos Aires.

Leonardo Curatti, investigador del Instituto de Investigaciones en Biodiversidad y Biotecnología (INBIOTEC-CONICET) y responsable técnico del proyecto “Optimización del cultivo de Microalgas” explica que se trata de un reactor desarrollado junto a Y-TEC que busca contribuir con la descarbonización en entornos urbanos ya funciona en una estación de servicio del barrio de Belgrano, en la ciudad Buenos Aires. El dispositivo contiene microalgas nativas del sudeste de la provincia de Buenos Aires que se encargan de convertir dióxido de carbono y luz, natural o artificial, en oxígeno y biomasa.

Microalgas

Las microalgas utilizadas en el dispositivo se caracterizan por poseer una alta eficiencia fotosintética por lo que son consideradas una alternativa ‘2 prometedora para la captura de dióxido de carbono, uno de los gases que incrementa el efecto invernadero. Este desarrollo es una posible estrategia de mitigación frente al cambio climático, especialmente en zonas donde el desarrollo urbano no permite la forestación. El dispositivo, por otro lado, permite utilizar agua de lluvia colectada por los techos que luego puede ser empleada para riego, mientras que la biomasa de algas que se genera podría ser utilizada en la producción de fertilizantes, biocombustibles, suplementos proteicos e incluso ladrillos, contribuyendo a un ciclo productivo sustentable.

Además de sus utilizades biológicas, el dispositivo tiene un diseño que visibiliza la investigación y busca concientizar y sensibilizar a la sociedad sobre la problemática del cambio climático y el avance que se realiza en materia de tecnologías ambientales.

Cambio climático

Curatti cuenta que el proyecto se enmarca en la línea de investigación con la que él inició su carrera de investigador dentro del CONICET, planteada en relación al Cambio Climático, la captura de dióxido de carbono, el aprovechamiento del nitrógeno del aire en la fertilización de cultivos y la producción de biocombustibles a partir del cultivo de microalgas y cianobacterias.

“En 2019, Y-TEC (CONICET-YPF) se interesó primero en nuestros prototipos de biofertilizantes y acondicionadores de suelo árido, y luego en la captura de dióxido de carbono, como estrategia complementaria para la mitigación del Cambio Climático. Ambos procesos dependen del cultivo de microalgas y cianobacterias. De esta manera se estableció una colaboración muy fructífera”, señala Curatti.

El desarrollo se llevó a cabo en el marco de un convenio de I+D firmado entre el INBIOTEC e Y-TEC y es un paso trascendental para consolidar esta alianza estratégica y continuar afianzando la tecnología que desarrollan desde el instituto según sostiene Curatti. El convenio contempla aspectos de financiamiento para las investigaciones futuras, de propiedad intelectual, transferencia de conocimientos científico-tecnológicos y el posible usufructo comercial de los productos y servicios derivados.

Participaron del desarrollo de Y-Algae los integrantes del INBIOTEC Mauro Do Nascimento, Macarena Perez Cenci y Marcelo Juárez. Y en próximas etapas del proyecto se incorporarán Luciana Pagnussat y Marcos Lancia.



La UBA tiene lista su vacuna contra el Chagas
Por la enfermedad fallecen unas 12.000 personas al año, en su mayoría en Latinoamérica. En la Argentina, hay 1,6 millones de infectados y 7 millones en riesgo.




La Universidad de Buenos Aires culminó una vacuna de última generación, de bajo costo y fácil administración, contra la enfermedad del Chagas. La misma es aplicada sin agujas, sólo por un spray nasal similar al que se utiliza para la congestión nasal o para problemas de rinitis.

“Luego de años de trabajar en la identificación de una vacuna logramos desarrollar un antígeno vacunal por ingeniería genética a partir de porciones de tres proteínas del parásito, que resultan importantes para infectar y penetrar en las células humanas. Este antígeno quimérico, que llamamos Traspaína, en combinación con un adyuvante de última generación, demostró ser protectivo contra la infección por Trypanosoma cruzi”, afirmó Malchiodi.

Una quimera genética

La vacuna Cruzivax no sólo podrá utilizarse como prevención, sino también de forma terapéutica para aquellos que ya están infectados, a fin de modular la respuesta inmune y proteger de la enfermedad, tanto en solitario, como en combinación con una de las drogas utilizadas normalmente en los tratamientos, el Benznidazol.

Ya se pasaron las pruebas en ratones, perros y primates no humanos, así como los estudios de producción de los componentes para que se puedan administrar a humanos. También los estudios de seguridad y toxicidad y formulación de la vacuna para administración nasal. Todo esto se presentará en las agencias regulatorias para obtener autorización del estudio de fase I en humanos con el fin de evaluar la seguridad y la dosis.

“Nos aprovechamos del sistema inmune de mucosas, que puede generar una respuesta inmune importante que luego se hace sistémica”, explicó Malchiodi, quien añadió: “Es decir, aparecen los anticuerpos en la mucosa nasal, y luego en el torrente sanguíneo. Es lo que se conoce como recirculación linfocitaria entre todas las mucosas”.

Al mismo tiempo que avanzan en esta vacuna, el equipo de Malchiodi colaboró con la lucha contra la COVID-19 y están trabajando en otras dos vacunas, una para la fiebre amarilla y otra para la leishmaniasis, dos enfermedades también producidas por parásitos.