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viernes, 28 de abril de 2023

Hamelbot-FanIOT presenta Wakure A, un cuatriciclo para productores misioneros
El presidente de FanIOT, Martín Bueno, presentó un nuevo vehículo eléctrico, Wakure A, diseñado para el sector de la chacra misionera. El mini tractor tiene la capacidad de transportar hasta 1500 kilos, con un bajo consumo eléctrico, una carga completa que dura entre 40 y 70 kilómetros y no emite ruido. El diseño del vehículo surgió a partir de la demanda de los yerbateros y tealeros de Misiones.
por Agostina Elizalde




Martín Bueno: Presentamos en el Silicon esta semana un nuevo vehículo eléctrico, que lo denominamos, Wakure A de agro, y a diferencia de los vehículos anteriores que utilizábamos de carácter monoplaza, esté, el usuario va a poder ir sentado. Es una especie de mini tractor eléctrico, por supuesto.

¿Qué tipo de tareas le va a permitir al productor misionero utilizarlo en su chacra?

MB: En referencia a ello, lo importante es que es un mini tractor que tracciona. Atrás soporta hasta 1500 kilos de transporte, obviamente las llantas que tiene son para uso en el campo. No son para uso en las ciudades, y realmente tiene varias ventajas, sobre todo lo que es el consumo. Dicho consumo eléctrico muy bajo, la batería se carga en apenas 4 horas, y tenemos un recorrido con la carga completa entre 40 y 70 kilómetros, y obviamente, bueno, una cuestión interesante también, esta unidad que presentamos, nosotros ya por suerte la vendimos, tuvimos nuestro primer cliente de Andresito, que la estuvo probando también, y bueno, una cosa que pareció muy interesante es el tema del ruido, que no hace absolutamente nada de ruido porque obviamente es eléctrico.

Responde a algún tipo de pedido de demanda del propio sector de la chacra misionera en esto de la construcción de este vehículo, y la segunda pregunta es, ¿Cuándo va a estar en el mercado para la venta?

MB: Realmente después de que lanzamos nuestro primer vehículo, vamos a decir, eléctrico, el Wakure, que uno va parado, y todas las pruebas que se hicieron con Parques Nacionales, que es nuestro principal cliente, tuvimos un montón de pedidos de chacras de Misiones, de yerbateros y tealeros, que necesitaban un vehículo para trabajar durante más tiempo, que puedan estar sentados, no parados, y ahí comenzamos el año pasado con todo el equipo de Hamelbot el rediseño de este segundo producto que no compite con el primero, y bueno, ahí lo fuimos adecuando, el tema de faroles, el tema de asiento, antes el asiento no podía moverse ni ajustarse. El tema de las luces, la potencia, los enganches, y en ese primer desarrollo que hicimos el año pasado, lo ajustamos bastante. Hoy en día quedó el producto terminado, y lo vamos a anunciar, el lanzamiento va a ser el día martes en Andrade con el Ministerio de Agro y el Ministerio de Ciencia y Tecnología, así que ahí lo vamos a presentar ya en sociedad, vamos a llevar la unidad ahí, y esperamos comercializarlo a partir del 15 de mayo.

¿Cómo es el avance, o cuánto avanzada está esta idea de un INVAP del norte grande con sede en la provincia de Misiones? Algo que se viene discutiendo hace bastante ya.

MB: Es un proyecto muy complejo, muy grande, básicamente es agrupar a las 10 provincias del norte grande en un consorcio público-privado que se llama CITEC, para desarrollar ciencia y tecnología apoyado por Nación. Hoy en día, hemos tenido un montón de reuniones con todos los gobernadores del norte grande, con todos los secretarios y ministros de ciencia y tecnología, y bueno, la buena noticia es que hay un consenso, que todos lo quieren hacer, todos quieren trabajar juntos, hay elementos muy importantes, por ejemplo, como el pasaporte CITEC, que si uno está viviendo en Misiones, podría trabajar para otra provincia del norte grande, y así intercambiar y unificar un montón de posibilidades laborales para todo lo que es el norte grande. Pero más allá de eso, hay una reunión que se va a proyectar el día 29 de junio en La Rioja, que es la tercera reunión del norte grande este año, y ahí ya se va a presentar el proyecto, vamos a decir, oficialmente, aunque ya todos obviamente lo conocen los gobernadores, pero empezar a delinear ahí un área de trabajo en conjunto y esperamos que sea positiva.

Martín, volviendo al prototipo diseñado para el agro de la provincia de Misiones, ¿Hay posibilidad de que se extienda la venta a algunos otros puntos del país?

MB: La venta va a ser online, obviamente, y lo van a poder comprar desde Ushuaia hasta la provincia de Buenos Aires, sí, sí. Obviamente, acá en Misiones vamos a tener probablemente una mayor aceptación porque lo van a poder ver, pero sí, la venta va a ser online, así que de cualquier parte del país lo van a poder adquirir.





jueves, 9 de septiembre de 2021

Agricultura vertical: el boom del millonario negocio de las frutas y verduras futuristas que crecen en las ciudades
por Russell Hotten


Tobias Peggs dice que esta industria incipiente aún está tratando de encontrar el mejor modelo de negocio.

Un estacionamiento justo frente a la urbanización donde creció el rapero Jay-Z parece un lugar inusual para una revolución agrícola.

En esa esquina de Brooklyn (Nueva York) hay diez contenedores llenos de dispositivos tecnológicos para controlar las condiciones climáticas en que crecen plantas que se distribuyen en bicicleta a negocios de la zona.

Se trata de una granja urbana.

Los contenedores son propiedad de Square Roots, una empresa que forma parte de la creciente industria de la agricultura vertical, un sector dominado por emprendedores tecnológicos convencidos de que la producción de alimentos está lista para dar un salto disruptivo.

La mejor albahaca del mundo viene supuestamente de Génova, Italia. Square Roots cultiva semillas genovesas en un conteinerque recrea las horas de luz de día de la ciudad, la humedad, los niveles de CO2, y utiliza agua rica en nutrientes que permiten el crecimiento hidropónico del producto.

"En lugar de enviar alimentos a todo el mundo, enviamos los datos climáticos y los incorporamos a nuestro sistema operativo", dice el cofundador Tobias Peggs.

Un negocio en rápida expansión

Siendo un experto en inteligencia artificial, Peggs fundó Square Roots con el inversionista Kimball Musk (hermano de Elon Musk) hace dos años. Han firmado un acuerdo con una de las grandes empresas de distribución de Estados Unidos, Gordon Food Service, para poner contenedores destinados al cultivo de plantas en unas 200 bodegas.

El emprendedor cuenta que el acuerdo representa el gigantesco potencial de la agricultura vertical: productos frescos cultivados localmente, de rápida comercialización, que se pueden cosechar durante todo el año, están libres de pesticidas y no se ven afectados por el mal tiempo.


Bowery abrirá su tercera granja vertical de tamaño industrial.

"La agricultura de interior puede responder muchas de las preguntas que hacen los consumidores de hoy sobre la procedencia, la sostenibilidad y la salud de los alimentos que comen", dice Peggs.

Jeffrey Landau, director de desarrollo de negocios de Agritecture Consulting, estima que el valor global del mercado agrícola vertical aumentará a aproximadamente a US$6.400 millones para 2023, desde US$403 millones en 2013, con casi la mitad de ese crecimiento en EE.UU.

A pesar de los altos costos del sector y la gama limitada de alimentos, el potencial de crecimiento es enorme.

Recientemente AeroFarms, un productor de lechugas y otras verduras de hoja verde, logró US$100 millones en inversiones, incluyendo fondos de Ingka Group, la empresa matriz de Ikea.

Bowery Farming logró más de US$100 millones en una ronda de financiación de 2018 respaldada por Google Ventures y el jefe de Uber, Dara Khosrowshahi.

Plenty, otro actor importante, recibió fondos del presidente ejecutivo de Softbank, Masayoshi Son, y del exjefe de Google, Eric Schmidt. La compañía tiene la ambición de construir cientos de granjas verticales en China.

En Reino Unido, la empresa de entrega de alimentos y robótica Ocado también está invirtiendo en el sector.

Pero también ha habido fracasos. "Las granjas verticales tienen un gasto de capital muy intensivo", dice Landau.

"Su sistema de iluminación es uno de sus mayores costos de capital". Y a eso hay que agregar la ventilación, aire acondicionado, riego y cosecha.

Peggs eligió un sistema modular basado en contenedores porque dice que es rápidamente escalable según la demanda.

"Podemos poner una granja en una nueva ciudad por menos de US$500.000 y estar operativos en dos meses. Simplemente presionamos el botón de albahaca, menta o estragón, y la caja se configura para generar condiciones climáticas óptimas".

Sin embargo, en Nueva Jersey, Bowery Farming adopta un enfoque diferente.

La compañía tiene granjas industriales. El caluroso exterior de una enorme bodega gris y sin ventanas contrasta con el interior frío donde un aroma de productos agrícolas frescos te golpea de inmediato.

El impacto de las luces LED


Irving Fain espera vender pronto rábanos y nabos.

Los productos se cultivan en bandejas apiladas hasta el techo para maximizar la superficie cultivada. Todo, desde la máquina de siembra automática hasta la cosecha, está a cargo del sistema operativo patentado de Bowery, que controla la luz, ajusta los nutrientes del agua y toma imágenes de cada planta para medir su salud.

"El sistema operativo es nuestro sistema nervioso central. Hay millones de datos", dice el fundador Irving Fain.

"La inteligencia artificial está constantemente aprendiendo y prediciendo cómo producir el producto de mejor calidad". Dirigir la granja manualmente sería difícil, dice. El personal hace el trabajo desde pantallas de computadoras y iPads.

El cultivo vertical de alimentos ha existido durante décadas, pero la industria tuvo un empujón con los avances de la iluminación LED, por su menor costo. Si eso se combina con robótica, innovaciones e inteligencia artificial, se crea una industria que, según Fain, es viable y escalable (con potencial de expansión).

"La gran pregunta era, ¿cómo podemos crecer en grandes volúmenes con una alta calidad constante? Pero de repente, la economía cambió", dice.

"Podemos crecer los 365 días del año, una gran diferencia con respecto a miles de años de agricultura. A diferencia de la agricultura al aire libre, nuestro rendimiento está prácticamente garantizado al 100%".

Los agricultores verticales hablan con el entusiasmo que tienen los emprendedores con experiencia en el mundo tecnológico. Con el crecimiento de la población y el cambio climático presionando la producción de alimentos, creen que pueden tener respuestas.


Los productos de Square Roots son repartidos en bicicletas.

Pero la industria tiene una gran limitación. No se puede alimentar al mundo con hojas verdes.

Dicho esto, para Fain, que Bowery alguna vez haya cultivado lechuga o col rizada, "sigue siendo una victoria". Pero sus ambiciones son mayores. Bowery está cultivando rábanos y nabos que espera que salgan al mercado en los próximos años.

Square Roots, por su parte, espera comenzar pronto la producción comercial de remolachas y fresas, y está experimentando con semillas raras y olvidadas hace mucho tiempo.

La polémica por la huella de carbono

Peggs dice que tiene sentido cultivar productos perecederos en el mismo vecindario del consumidor.

"Muchos productos, como tomates o fresas, se cultivan para viajar, no por gusto. Tiene sentido cultivar alimentos verticalmente con una larga vida útil".

Pero diferentes productos presentan diferentes desafíos, dice Landau. En lo que respecta a las plantas, no toda la luz se crea igual. Y distintos cultivos, como tomates, fresas y pimientos, tienen diferentes necesidades.


Códigos QR les dicen a los consumidores cuál es la historia del producto.

"Las luces para este tipo de cultivos generalmente son más caras, requieren más electricidad y producen más calor, lo que significa un enfriamiento adicional", dice Landau.

"Cosechar estos cultivos puede tener un costo operativo significativo".

Pero se está haciendo. En Estados Unidos, la empresa Oishii cultiva verticalmente la muy apreciada fresa japonesa Omakase durante todo el año.

Y Farm One produce más de 200 productos, incluidas 34 flores comestibles.

Plenty está experimentando con sandías. A medida que los costos tecnológicos caen y la investigación y desarrollo se intensifican, la variedad de cultivos se ampliará.

Eso también puede aliviar las críticas a la huella de carbono de la industria. En el debate de luz artificial versus la luz solar, esta última a menudo tiene la ventaja. Pero, entonces, los agricultores de interior señalan los costos de transporte y el desperdicio en la agricultura tradicional.

Por el momento, dice Landau, las preocupaciones sobre la huella de carbono son válidas, aunque espera que las granjas interiores aprovechen cada vez más las energías renovables.

"Y cuando nos fijamos en los mercados ubicados en entornos climáticos extremos o en naciones isleñas donde importan la mayoría de los alimentos, la agricultura de interior podría ser una opción viable", dice.

Peggs enfatiza que la industria aún es joven y está tratando de encontrar los modelos y la dirección comercial adecuada.

Entre los empresarios no hay consenso en todo, aunque ciertamente están de acuerdo en esto: la agricultura vertical tiene el potencial de transformar la producción mundial de alimentos tal como la conocemos.



Fuente: BBC Mundo

domingo, 5 de septiembre de 2021

La argentina de 23 años que fue premiada por la NASA hoy trabaja en el proyecto de un vehículo lunar
La joven mendocina fue galardonada por la startup Zonda Inc. Además, es oradora en el Foro Económico Mundial. En dialogo con DEF habló sobre sus nuevos proyectos y cómo generar cambios sociales.
Por Pablo Nardi


Julieta Porta: “Hay muchos jóvenes que entienden que la tecnología permite crear soluciones y escalarlas”. Foto: Fernando Calzada.


Hay muchas cosas que no se ven. Julieta Porta, estudiante de Ingeniería Comercial de 23 años, lo señala varias veces. En ocasiones, se refiere a ideas, proyectos y emprendimientos que no tienen visibilidad. Otras, a los pasos necesarios para que un proyecto se lleve a cabo, instancias en las que el error es una pieza clave: “Hay un montón de cosas que no se ven; en realidad, pierdo en la mayoría de convocatorias en las que me presento, pero en una quedo, y eso es lo que la mayoría publica”.

Si bien el año pasado integró uno de los equipos ganadores del Space App Challenge, organizado por la NASA, y este año fue invitada a disertar en el Foro Económico Mundial para Mujeres, la joven mendocina prefiere hacer más hincapié en el impacto social de las iniciativas que en los reconocimientos. El proyecto que premió la NASA se llama “A Flood of Ideas”, de la startup Zonda Inc., y propone estimar daños por inundaciones con información de imágenes satelitales.

En las últimas semanas, Agrojusto, un emprendimiento en el que también participa, fue distinguido como Best Small Business Good for All entre más de 143 países y más de 2000 emprendimientos en la Cumbre Mundial de los Sistemas Alimentarios, por impulsar un sistema para crear una cadena de alimentos más justa y eficiente.

Además, Julieta es oradora: brinda charlas y talleres en diferentes provincias, escuelas, universidades y empresas a lo largo de todo el país. En diálogo con DEF, conversó sobre sus inicios, intereses y motivaciones.


-¿Cómo nació tu interés por la tecnología y el emprendimiento?

-El interés surgió cuando me cambié de carrera: antes estudiaba Ingeniería Industrial, y me pasé a Ingeniería Comercial. Estaba un poco perdida porque veía la revolución 4.0, la tecnología, lo que pasaba en el mundo. Yo decía: “¿Cómo puedo estar escuchando a alguien, al mismo tiempo chequeándolo en Google, pero esperar tanto tiempo para trabajar las ideas?”. Siempre fui muy curiosa, mis abuelos me decían: “Basta de cambiar de carrera, el que mucho abarca poco aprieta”. No me sentía en un momento como para emprender y llevar a cabo las ideas que tenía en la cabeza. Pedí cursar materias de quinto año, y cuando empecé a participar en competencias de emprendedores y demás, descubrí un mundo. Ahí conocí el emprendedorismo, un emprendedorismo que busca solucionar problemas sociales, siempre vinculado con la tecnología. Hay muchos jóvenes que entienden que la tecnología permite crear soluciones y escalarlas.


Con el boom mediático de la NASA y el Foro Económico, a Julieta Porta le ofrecieron varios trabajos muy bien pagos y siempre dijo que no. Foto: Fernando Calzada.


-En otra entrevista, dijiste: “No me meto en proyectos que no generen impacto social o ambiental”. ¿A qué te referías?

-Con el boom mediático de la NASA y el Foro Económico, me ofrecieron varios trabajos. Algunos muy bien pagos, con estabilidad y demás. Yo siempre dije que no, pero no porque suene cool, sino porque siento que no estoy aportando y no doy el máximo si no estoy en algo que tenga impacto social o ambiental.

-¿Cuál fue tu primer proyecto?

-Tuve un montón y muy distintos. La gente me decía: “Basta de meterte en tantos proyectos, ¿por qué no te dedicás a uno que empiece y termine?”. Siempre hice oídos sordos, porque tenía la necesidad de experimentar, entender cómo funcionaban las cosas y cómo algo generaba cambios. Tuve un proyecto, por ejemplo, de becas, porque la gente me preguntaba cómo hacía para enterarme de los concursos. Con amigos de la otra facultad, armamos un bot, pero nos dimos cuenta de que la gente ganaba la beca y desinstalaba la app: nos fue mal. Después concursamos con una vivienda social hecha para personas del norte, 268 personas en situación de calle: quedamos semifinalistas, pero no funcionó. Luego, fui con otra app, en una competencia en Buenos Aires que se llamaba “Me falta uno”. Geolocalizaba gente con los mismos intereses para armar un proyecto, jugar algún deporte o practicar un idioma. Nos dijeron que no, y después de un año apareció la misma app con el mismo logo… Eso es todo lo que no se ve detrás de las noticias. Son las cosas que te tienen que salir mal para que algo te salga bien.

-¿Es importante la fase del fracaso en un proyecto?

-Más que el fracaso, la percepción del fracaso. Yo creo que hay una tasa mayor de proyectos que fracasan que de proyectos que triunfan, porque no tenemos esa resiliencia o esa resistencia ante las vulnerabilidades. Netflix no nació siendo Netflix, Facebook nació como un juego en una universidad. Nadie se enamora de la primera versión del producto. Mucha gente se frustra porque le fue mal en un proyecto, o no tiene los fondos, o no se dio. Yo creo que no se dio porque no buscaste la forma de que se diera: hay que golpear puertas, preguntar a quien más sabe del tema. La suerte encuentra, pero vos también tenés que moverte.

-Decías que tu primer momento importante fue el cambio de carrera. ¿Qué lugar ocupa el reconocimiento de la NASA en tu mapa personal?

-En realidad, localmente primero fue una comunidad de jóvenes en Mendoza. Traccionamos un montón de gente sin saber del tema, salimos a buscar auspiciantes. Era un momento en el que se decía que no íbamos a conseguir nada, pero conseguimos patrocinadores grandes, como Nescafé, Santander Rio, sin tener figura legal, cuenta bancaria ni antecedentes. Ahí empezamos a hacer eventos en los que muchas veces nos fue mal. El mismo formato que usamos en la NASA ya lo habíamos hecho acá: cómo llevar una idea a la ejecución en poco tiempo. Obviamente, siempre con equipo. Empezamos a hacer esos eventos, aparecieron un montón de startups. Ahí empezó el espíritu de que el evento se hacía igual, aunque no consiguiéramos escenario y se hiciera en medio de la calle arriba de un micro viejo. Lo de la NASA también fue importante, pero eso fue más para el resto, no para mí. La gente que me decía “Quedate con una cosa, dejá de dar vueltas”, pensó: “Ah, la NASA escucha sus proyectos”.


“Netflix no nació siendo Netflix, Facebook nació como un juego en una universidad”, dice Porta para ejemplificar que siempre hay que trabajar más allá de los primeros resultados. Foto: Fernando Calzada.


-¿Qué relación tenés con tu ciudad, Maipú?

-Toda mi vida viví en Maipú. Siempre dije que no me iba a ir de Maipú hasta que no cambiara algo de lo que vi toda la vida. Me acuerdo de ir al colegio, a la facu, y querer cambiar cosas. Me motiva mucho lo que pasa alrededor. Tuve la suerte de viajar y conocer otras realidades. Uno se da cuenta de que lo que parece extraño en otros lugares es familiar, y lo que parece familiar es extraño para otros. Pero no me considero una persona que esté siempre en el mismo lugar, soy bastante nómade.

-Mencionaste la revolución tecnológica. ¿Qué ventajas tiene vivir en la era de la información?

-Tenemos el mismo acceso a la información que otras personas en otras partes del mundo. Antes era muchísimo más difícil si no tenías el libro en una biblioteca cercana. Podemos mandar mensajes, conseguir mails, contactarnos con alguien que sabe de un tema, y si no es él, se puede intentar con la gente cercana a él. La globalización nos hace entender que lo que hacemos afecta al otro, ya lo vimos con la pandemia. Lo que hace un sector de la sociedad afecta al resto de la población. Eso es la globalización. Yo no me defino como que soy de Mendoza o de Maipú, tampoco digo que soy del mundo porque está de moda. Hay cosas que van más allá de dónde estudiaste, de dónde sos, cómo te mostrás en Instagram. Siento que falta un poco de humanización detrás de lo que vemos.

-¿Qué podés decir de tu participación en el Foro Económico Mundial para Mujeres?

-Cuando me llegó la invitación, pensé: “¿Qué está pasando, se habrán equivocado?”, porque decía que se invitaba a premios Nobel, gobernantes. Acepté la invitación porque me siento en la responsabilidad de visibilizar las cosas que están pasando, sé que hay un montón de gente haciendo proyectos y ejecutando ideas en pujas que a veces no se ven. También hay que poner el foco en hacer alianzas y colaborar.


Porta piensa que el desarrollo de un ecosistema fuerte de startups es un vehículo para el crecimiento, no solo para Argentina, sino también de América Latina. Foto: Fernando Calzada.


-¿Cuáles son los principales temas sociales que se discuten en el mundo de la tecnología? ¿Considerás que el lugar de la mujer es uno de ellos?

-Me parece difícil hablar de un tema aislado. En relación con la mujer, se desprenden un montón de temas. Yo creo que un tema es la inclusión en general. Gente en condiciones vulnerables, que no tiene acceso a la educación, que no se reconoce en su género, adultos mayores, chicos sin empleo. Me súper interesa el tema de la mujer. Lo veo, lo vivo. En las entrevistas, me hacen preguntas sobre el nombre del proyecto o de cómo veo a la mujer, y no de lo que en realidad trabajamos entre todos. Quizás una tarea la tuve yo, y se la preguntan a otro porque asumen que no puedo hacerme cargo de eso. Pasa todo el tiempo. Mientras más marcamos la diferencia entre géneros o sectores, más la hacemos notar. Hay lugares para mujeres, nosotras los tenemos que ocupar. Y, si no se nos da el lugar, ahí hay que salir a hacer ruido. Pero no me gusta tanto marcar la diferencia entre mujeres y hombres.

-¿Cómo ves el panorama de innovación en Argentina?

-Me gusta mucho la filosofía del libro Startup nation: la nación de startups. Cuenta cómo una nación, cuando estaba en crisis económica y política, pudo resurgir gracias a un milagro económico de las startups. Es el caso de Israel. Y yo sentí que durante la pandemia pasó mucho en Argentina. Por día, me seguían dos o tres emprendimientos de gente que necesitaba generar una actividad económica para subsistir porque el sistema no los podía contener. Me parece que esa es una buena salida, no solo para Argentina, sino también para América Latina. Me encanta el libro Argentina emprendedora, de Andy Freire.

-¿En qué estás trabajando ahora?

-Trabajo en un proyecto para la creación de un vehículo lunar con el que fuimos finalistas con los compañeros del proyecto de la NASA. La competencia se llama Open Space, y el proyecto es para hacer minería en la Luna y crear una forma de energía limpia. Hay un equipo de veinte personas, yo estoy en negocios. Hay chicos de Argentina, ingenieros de todo tipo, muchos están afuera. Al mismo tiempo, soy cocoordinadora de la comunidad de Quinto Impacto-Mendoza, una empresa B cuyo modelo está basado en desarrollos tecnológicos con integración social. Dentro de Quinto Impacto, hay varios proyectos. Uno se llama Semillero, donde entran chicos con conocimientos de programación que no son contratados por empresas por falta de experiencia laboral. Nosotros les damos el primer oficio en proyectos de impacto.

-¿Qué es Agrojusto, la startup reconocida por la ONU?

-Es una plataforma que genera circuitos cortos de comercialización de productos agrícolas, es decir, conecta a productores y emprendedores con clientes, y hace más eficientes y justos los sistemas alimentarios. El 27, 28 y 29 de julio, estuvimos en el encuentro previo a la Cumbre Mundial de los Sistemas Alimentarios, que va a ser en Nueva York. El secretario de la ONU nombró a Agrojusto, de Mendoza, Argentina, como una de las mejores startups del mundo, inspiradora para que las empresas la tomen como referencia en el tema de inclusión y medioambiente. Entonces, volvemos al inicio: el múltiple impacto con una actividad económica. De eso voy a hablar en el Foro, de eso se trata lo de la NASA y de eso hablo cuando hablo de Agrojusto: de cómo una actividad económica puede generar cambios buenos en la sociedad, teniendo en cuenta el medioambiente.



lunes, 26 de julio de 2021

Cómo Japón está revolucionando la agricultura sin tierra ni trabajadores
por Fatima Kamata


Yuichi Mori se inspiró en las membranas utilizadas en los riñones artificiales para desarrollar películas de polímeros para su uso en la agricultura.


Las frutas y verduras cultivadas por el japonés Yuichi Mori no están en el suelo y no necesitan tierra.

Las raíces de lo que él planta salen de un dispositivo que originalmente estaba diseñado para un tratamiento médico.

Mori cultiva sobre una película de polímero transparente hecha a base de un hidrogel permeable que ayuda a almacenar líquidos y nutrientes.

Las plantas crecen en la parte superior de la película y las raíces se desarrollan a un lado.

Además de permitir que la verdura crezca en cualquier entorno, la técnica consume un 90% menos de agua que la agricultura tradicional y no utiliza pesticidas ya que los poros del polímero bloquean los virus y las bacterias.


Los productos de la agricultura vertical son frescos, cultivados localmente, se pueden cosechar durante todo el año, están libres de pesticidas y no se ven afectados por el mal tiempo, dicen sus defensores.


"Adapté los materiales que se usan para filtrar la sangre en los tratamientos de diálisis renal al medio de crecimiento de las plantas", explica el investigador a BBC News Brasil.

Su empresa, Mebiol, tiene patentes para la invención registradas en casi 120 países y supone una revolución agrícola en Japón.

Los campos se están convirtiendo en centros tecnológicos, con ayuda Inteligencia artificial (IA), internet de las cosas y conocimiento sacados de los laboratorios.

En un país con escasez de tierra cultivable y falta de mano de obra, la agrotecnología ha aumentado la precisión en el monitoreo y mantenimiento de los cultivos.

Incluso permite cultivar sin tierra o en áreas con acceso limitado al agua, una preocupación creciente en todo el mundo.

El método de cultivo sin tierras se conoce como agricultura hidropónica.


El método de producción con películas de polímeros permite la agricultura en cualquier parte del planeta.


El Informe Mundial de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo de los Recursos Hídricos de este año estima que el 40% de la producción de granos y el 45% del Producto Interno Bruto mundial se verán comprometidos para 2050 si la degradación de medio ambiente y el agua continúan a las tasas actuales.

El cultivo en polímeros, tal y como lo hace Yuichi Mori, ha cruzado fronteras.

Se practica en más de 150 localidades dentro de Japón, pero también en regiones como el desierto de Emiratos Árabes Unidos.

El método también se está utilizando para reconstruir áreas agrícolas del noreste de Japón contaminadas por sustancias que llegaron con el tsunami después del gran terremoto de marzo de 2011.

Robot tractor

Con el aumento previsto de la población mundial (de 7.600 millones a 9.800 millones de personas para 2050), las empresas están apostando en oportunidades de negocio relacionadas con la demanda mundial de alimentos, así como por el potencial del mercado de maquinaria.


La humanidad ha aprendido como cultivar plantas sin tierra, alimentándolas directamente con nutrientes minerales del agua e iluminándolas directamente.


El gobierno japonés está subsidiando actualmente el desarrollo de 20 tipos de robots, capaces de ayudar en varias etapas de la agricultura, desde la siembra hasta la cosecha en varios cultivos.

En asociación con la Universidad de Hokkaido, la compañía Yanmar ha desarrollado un tractor robot que se está probando en el campo.

Una persona puede operar dos tractores al mismo tiempo gracias a un sensor integrado que identifica obstáculos y evita colisiones.

El fabricante de automóviles Nissan ya lanzó este año un robot equipado con GPS, conexión WiFi y energía solar.

Llamado Duck, el robot de reducidas dimensiones, navega el agua de los campos de arroz para ayudar a que se oxigene, reduciendo el uso de pesticidas y el impacto ambiental.


Los agricultores en muchos países no cuentan con suministros de electricidad confiables, infraestructura suficiente ni mano de obra calificada.

Agricultura sin gente

Con la tecnología, el gobierno busca atraer a los jóvenes que tienen poco interés en trabajar directamente en el campo, pero a los que sí les gusta la tecnología.

Es un intento por revivir una industria clave que cada vez cuenta con menos personas.

En casi una década, el número de productores agrícolas japoneses ha caído de 2,2 millones a 1,7 millones y la edad media es de 67 años.

Solo el 7% de la población activa de Japón está empleada en el campo, y la mayoría de los agricultores trabajan solo a tiempo parcial.

La topografía limita en gran medida la agricultura de Japón, que puede producir solo el 40% de los alimentos que necesita.

Alrededor del 85% del territorio está ocupado por montañas y la mayor parte de la tierra cultivable restante se dedica a cultivar arroz.

Este grano siempre ha sido el alimento básico de los japoneses.

El gobierno otorga subsidios a los productores de arroz para mantener la producción en pequeñas propiedades de una hectárea, pero el cambio de los hábitos alimenticios ha robado protagonismo a este cultivo.

El consumo per cápita ha caído desde 118 kg en 1962 a menos de 60 kg de arroz en los últimos años.


La alta tecnología ha permitido la expansión cultivos sin tierra.


Así Japón ha comenzado a fomentar la diversificación en el campo.

Como no hay mano de obra disponible, los agricultores recurrieron a la maquinaria y la investigación biotecnológica.

Cada vez se utilizan más drones en tareas como la fumigación, haciendo en media hora el trabajo que llevaría un día completo a cualquier trabajador.

La alta tecnología ha permitido la expansión cultivos sin tierra.

A través de la producción en invernaderos e hidroponía, Japón ha podido expandir su producción de frutas y verduras.

La empresa Mirai Group es pionera en la producción de alimentos en vertical y actualmente cosecha alrededor de 10.000 lechugas al día.

La productividad es cien veces mayor en comparación con el método convencional.

A través de un sensor, la compañía controla la luz artificial, los nutrientes, el dióxido de carbono y la temperatura de cultivo hidropónico.

La luz artificial hace que las plantas crezcan rápidamente, y el manejo controlado elimina la pérdida por enfermedades.

A pesar del alto costo de energía que representa el método, el número este tipo de fábricas en Japón se ha triplicado en una década, a casi 200 instalaciones actuales.


La tecnología japonesa permite la producción de tomate del desierto, como esta en Dubái.


El mercado hidropónico está creciendo en todo el mundo y actualmente representa un poco más de US$1.500 millones.

Y de acuerdo con el pronóstico de Allied Market Research, se espera que se multiplique por cuatro para 2023, llegando a los US$6.400 millones.

Ayuda a países en desarrollo

Con el apoyo de la tecnología, Japón también se ha comprometido a ayudar a los países del continente africano a duplicar la producción anual de arroz a 50 millones de toneladas para 2030.

Ya se están llevando a cabo proyectos específicos en África.

En Senegal, por ejemplo, los japoneses invirtieron en capacitar a técnicos agrícolas y en transferir tecnología principalmente de riego.

Como resultado, la productividad aumentó de cuatro a siete toneladas de arroz por hectárea y los ingresos de los productores aumentaron aproximadamente un 20%.

La estrategia japonesa es promover la inversión privada y expandir el comercio de maquinaria agrícola sostenible en todo el continente africano.

En un periodo de 15 años, el PIB de África se expandió 3,4 veces de US$632.000 millones en 2001 a US$2,1 trillones en 2016.

Con la intención de ayudar a reducir las pérdidas posteriores a la cosecha, revitalizar la industria alimentaria y aumentar los ingresos rurales, en 2014 el Ministerio de Agricultura, Silvicultura y Pesca de Japón formuló la Estrategia Global de la Cadena de Valor Alimentario para aplicarla en los países en desarrollo como Vietnam, Myanmar o Brasil.



Fuente: BBC Mundo

sábado, 2 de enero de 2021

Cultivar tomates en la Luna o Marte podría ser una realidad: la misión de los agricultores espaciales
Por Alejandro Cuevas Vidal


© Foto : Stéphane Guisard


El desarrollo de la agricultura en la Luna o Marte se entrevé fundamental en un futuro cercano. Producir alimentos en el espacio es la llave para los posibles asentamientos humanos. Miles de investigadores trabajan en buscar una solución. Uno de estos equipos es español.

La tecnología define el avance de la civilización. Si preguntamos qué invento ha revolucionado la existencia humana, las respuestas serían variadas. El teléfono, Internet o los automóviles sonarían más de una vez. Menos lo harían la penicilina o la electricidad, a pesar de su importancia. En un mundo que corre más que camina, es difícil no dejarse llevar por el deslumbre de las nuevas creaciones. Sin embargo, para llegar a las pantallas y la alta velocidad, hay que fijar unos cimientos. Una base técnica, pero también social. Probablemente, a la cuestión anterior, casi nadie pronunciaría la palabra agricultura.


© FOTO : CORTESÍA DE LETICIA RAMÍREZ


Una técnica milenaria que permitió al ser humano pasar del nomadismo al sedentarismo. La producción de alimentos fue germen del comercio y de la creación de sociedades más complejas. Cultivar la tierra supuso el nacimiento de la civilización en los valles fértiles de Oriente Medio, China o América Central. "La agricultura nos hizo dar un salto evolutivo enorme. Es el punto de partida de cualquier asentamiento", reconoce el ingeniero José María Ortega a Sputnik Mundo. El siguiente paso es llevarla al espacio.

En la actualidad, más de 3.400 proyectos en todo el mundo investigan cómo cultivar en suelo extraterrestre para permitir la instalación de colonias humanas en otros cuerpos celestes. Entre ellos, uno es español. Su nombre es Green Moon Project. Al igual que el resto, su objetivo es conseguir dotar de independencia alimenticia a las futuras misiones espaciales. "Llevar unos tomates a la Luna cuesta millones de euros. Además, tardarían unos tres días en llegar. Si hablamos de Marte, tendríamos que esperar hasta seis meses. Si queremos avanzar, no solo en la exploración espacial, sino también en la creación de poblaciones en suelo extraterrestre, necesitamos aprender a cultivar en el espacio", indica Ortega, coordinador general del proyecto.


Investigadores del programa Green Moon Project © FOTO : CORTESÍA DE GREEN MOON PROJECT


Compuesto por un equipo de ingenieros y biólogos, Green Moon Project arrancó en 2016 en la Universidad de Málaga. Lo hizo al calor de distintos concursos espaciales. Participaron en un certamen de Google, que quedó desierto. Más tarde, fueron seleccionados entre más de 3.000 propuestas en la competición Lab to Moon, celebrada en la India. Incluso, viajaron al subcontinente. Pero, contratiempos en el calendario dejaron la prueba sin ganadores. Esto no les hizo desistir. El proyecto siguió madurando y en 2019 obtuvo su recompensa: un acuerdo de colaboración con el Centro de Exploración Espacial de la Universidad de Chongqing (China). Casi un año antes la sonda china Chang’e 4 consiguió posarse sobre suelo lunar y hacer brotar una semilla de algodón.

"Hemos unido sinergias con los investigadores chinos y hemos relanzado Green Moon Proyect. Integramos geología planetaria, biología vegetal e ingeniería espacial", comenta el coordinador general.

Precisamente, de la mano de China, el equipo español sueña con subir a la Luna. Y es que el trabajo conjunto realizado con el gigante asiático podría traducirse en un despegue en 2022. Y no es la única opción. Green Moon Project también tiene la posibilidad de embarcarse en el programa Artemisa de la NASA y ha sido preseleccionado por la Agencia Espacial Europea (ESA) para viajar en un gran aterrizador logístico en el que se probarán varias tecnologías. No obstante, el líder del proyecto pide prudencia. "Hay que ser precavidos para decir fechas", recuerda Ortega.


José María Ortega junto a un investigador de la Universidad de Chongqing © FOTO : CORTESÍA DE GREEN MOON PROJECT
    

¿Cómo cultivar en el espacio?

"Llevar los invernaderos de Almería a la Luna. Ese es el objetivo", ríe el ingeniero. Una explicación que puede parecer laxa, pero que resume a grandes rasgos el concepto del proyecto. Y es que, para cultivar fuera del planeta, es necesario crear una serie de estructuras que fomenten el crecimiento de la planta. "No es tirar una semilla y esperar que crezca", explica.

Los investigadores de Green Moon Project han invertido horas en el diseño y puesta a punto de una cápsula que integre todas las tecnologías necesarias para impulsar la agricultura extraterrestre. Al espacio viajaría este artefacto, un cilindro de 15 centímetros de base y 30 centímetros de altura. Un pequeño modelo, situado unos metros por encima del suelo lunar, que servirá para experimentar cómo crecen las plantas. Este podría ser la base de los futuros invernaderos en el satélite.

Unas estructuras que deberán contar con sistemas que garanticen la luz necesaria para la fotosíntesis, temperatura, humedad, dióxido de carbono, presión media equivalente a la existente al nivel del mar y oxígeno. El equipo de científicos españoles ya ha llegado a varias soluciones. Por ejemplo, reutilizar el oxígeno que emiten las propias plantas o utilizar generadores artificiales para apañar la falta de Sol.


Cápsula ideada por Green Project Moon


No obstante, los mayores problemas de la agricultura espacial provienen de la gravedad y la radiación. En el caso de la primera, solo se podrán conocer sus efectos sobre los vegetales cuando estos estén fuera de la Tierra. "Creemos que como en la Luna la gravedad es seis veces menor que en nuestro planeta, la planta crecerá más rápido, ya que se aceleraría el transporte de nutrientes", hipotetiza Ortega. Por otro lado, para combatir la radiación, además de utilizar la propia cápsula, Green Moon Project considera que hay que cultivar bajo la superficie. "En la Luna no hay una atmósfera protectora y en Marte es muy fina. Plantar en el exterior es completamente imposible. Necesitamos un ambiente controlado y protegido", expone Ortega.

Motivo por el que Green Moon Project ha viajado a Lanzarote. En la isla canaria existen unas formaciones denominadas tubos de lava. Se trata de unas cuevas originadas a partir del paso del magma caliente. Un tipo de cavidad volcánica también hallado en la Luna, Marte o Venus. En su interior es donde se instalarían los huertos espaciales, al reducirse la radiación cósmica. Incluso, las futuras colonias humanas.


Ejemplo de tubo de lava en Lanzarote (Islas Canarias)


Apoyados por el Cabildo y Geoparque de Lanzarote, Instituto de Geociencias y Red Española de Planetología y Astrobiología, los investigadores del proyecto ya experimentan en territorio lanzaroteño. Y no solo por la presencia de los tubos de lava. El regolito, capa de materiales no consolidados, basáltico de la isla es muy similar al de nuestro satélite. Por ello, los expertos estudian cómo las plantas obtienen los nutrientes de los terrenos volcánicos insulares. Trabajo que realiza la empresa colaboradora Innoplant, especializada en la adaptación de suelos a los cultivos. "Se está evaluando cómo reaccionan los vegetales a tres tipos de suelo distintos: uno terrestre, otro específico de Lanzarote y uno que simula al lunar. Es interesante analizar el comportamiento en este último, ya que sería importante poder utilizar los recursos del astro".

"Además, se está probando qué semillas serían las mejores para una primera toma de contacto. Hemos ensayado con lechuga, tomate y rábano. Podrían ser las primeras, aunque tampoco lo tenemos del todo claro", afirma el coordinador general del programa.

Por otro lado, el propio regolito podría servir de protección. Más allá de los tubos de lava, el experto en geología planetaria Jesús Martínez Frías prepara este material para fabricar unos escudos alrededor de la futura estructura de los invernaderos para protegerlos de las emisiones solares y la radiación galáctica.

Pero, antes tiene que llegar la cápsula de Green Moon Project a la Luna. Los resultados que obtenga en un futuro podrían ser claves para desentrañar las posibilidades de la vida vegetal más allá de la Tierra. En caso de éxito, el siguiente paso es Marte. Investigadores de la Universidad de Georgia ya han comenzado a experimentar con réplicas del suelo marciano.

"Creo que en 2040 o 2050, veremos humanos en la Luna. El objetivo final es convertir al ser humano en una especie interplanetaria sostenible. Y todo pasa por la agricultura", sentencia Ortega. La civilización comenzó a andar al ritmo de la azada y la guadaña en el Creciente Fértil. Así lo hizo en la Tierra. A base de brazos robóticos, podría despertar en la Luna o Marte. La revolución común en ambos momentos es la agricultura. No el móvil.



sábado, 14 de noviembre de 2020

"Ya hemos convertido seis cadáveres humanos en tierra fértil"
Katrina Spade ha fundado Recompose, una empresa que convierte los cuerpos muertos en abono como alternativa a los tradicionales entierros e incineraciones. Centrada en la lucha contra el cambio climático, afirma que su proceso ahorra una tonelada métrica de CO2 frente a una cremación convencional.
por Britta Lokting | traducido por Ana Milutinovic


Katrina Spade


Han pasado cinco años desde que Katrina Spade convirtió un cuerpo humano en abono por primera vez. Gracias a su esfuerzo y al apoyo de grupos de presión, el estado de Washington (EE. UU.) fue el primero (y de momento el único) en Estados Unidos en ofrecer legalmente una alternativa al entierro y la cremación: "descomposición sobre el suelo", también conocida como "reducción orgánica natural". Es decir, dejar que el cadáver se descomponga en el suelo.

En 2017, Spade fundó Recompose, una empresa de compostaje humano para llevar a cabo este servicio para cualquier cliente que desee y pueda gastar los casi 5.000 euros que cuesta el proceso, una cifra que, por otro lado, sigue siendo mucho menor que la mayoría de los funerales. 

Según Spade, su negocio se dedica a la lucha contra el cambio climático. En Estados Unidos, los cementerios ocupan más de 4.000 kilómetros cuadrados de tierra (algo menos que toda La Rioja); los ataúdes destruyen 16.000 kilómetros cuadrados de bosques cada año; y los entierros utilizan 30 millones de tablas de madera y casi cuatro millones de litros de líquido de embalsamar

Según el analista de Sostenibilidad y asesor de Recompose, Troy Hottle, el dióxido de carbono que se ahorra al convertir un cadáver humano en compost asciende a entre 0,84 y 1,4 toneladas métricas. Una tonelada métrica equivale a la quema de 500 kilogramos de carbón o a conducir alrededor de 4.000 kilómetros en un coche. 

La ley de Washington entró en vigor a principios de este año, justo a tiempo para que Recompose comenzara a recibir sus primeros cadáveres en noviembre. Hemos hablado con Spade sobre la mecánica del compostaje humano, su impacto ambiental y si alguna vez se volverá popular.

Usted ha sido la primera persona en dedicarse a la descomposición de cuerpos humanos como negocio. ¿Cómo se le ocurrió?

No quería que me enterraran de una manera convencional. Se me ocurrió que la cremación equivale a destruir lo poco que queda de nosotros cuando morimos. Todos los nutrientes que se mantienen en nuestro cuerpo se queman cuando nos incineran, y pensé: "Esto no encaja con la forma en la que quiero hacer las cosas". 

Mientras pensaba en esto, me llamó una amiga. Me preguntó si había oído hablar de los granjeros que convertían en compost a vacas enteras. Es una práctica que ha existido durante décadas en Estados Unidos en las granjas. Tuve una especie de epifanía: si es posible hacerlo con una vaca, probablemente también con un cuerpo humano. Comencé a basarme en esos principios que los agricultores han estado usando y aplicarlos al sistema de atención de la muerte para los seres humanos. 

Decidí estudiar la industria funeraria estadounidense porque tenía curiosidad por saber qué haré con mi cuerpo cuando muera.

Está preparada para recibir sus primeros cuerpos en noviembre. ¿Cómo se siente?

Hemos hecho un proyecto piloto con la Universidad Estatal de Washington. Recibimos seis cuerpos humanos y los convertimos en tierra fértil. Así que esta no será la primera vez que esto ocurra en el mundo. Tengo mucha confianza, quiero decir en la tecnología, pero en realidad, es la naturaleza haciendo su trabajo. Lo he visto suceder muchas veces antes, así que sobre todo estoy ilusionada. Por supuesto que también un poco nerviosa.

Empezó a pensar en los servicios fúnebres cuando estaba en el postgrado de arquitectura. ¿Cómo ocurrió eso?

Durante un tiempo me obsesioné con el compostaje. Antes de la escuela de arquitectura, fui a la de diseño y estudié permacultura [diseñar en conjunto con la naturaleza de manera sostenible]. Luego, en el posgrado, acababa de cumplir 30 años y tenía hijos pequeños, y empecé a ser consciente de mi mortalidad. Decidí estudiar la industria funeraria estadounidense porque tenía curiosidad por saber qué haré con mi cuerpo cuando muera.

¿Qué pensaba en ese momento?

Crecí en un entorno rural y me mudé a mi primera ciudad cuando tenía 18 años. Sabía que siempre viviría en una ciudad. Prefiero la vida urbana, el estilo de vida urbano, pero, tenía la sensación de que cuando muriera, tendría un entierro natural sin embalsamamiento, sin un ataúd elegante, etcétera. Pensé: "Qué interesante que siendo tan urbana quisiera que mi cuerpo fuera a la naturaleza después de la muerte". Es una extraña paradoja. Al pensar en lo importante que es la naturaleza para nosotros en el duelo o en la muerte, comencé a preguntarme cómo sería el servicio funerario en la ciudad si realmente estuviera ligado a la naturaleza. 

¿Cómo es el proceso de compostaje en Recompose?

Cada cuerpo tiene su recipiente individual en forma de cono y se coloca sobre astillas de madera, alfalfa y paja, una agradable mezcla de materiales naturales, y se cubre con más de lo mismo. El cuerpo parece un capullo y permanece en ese recipiente durante 30 días. Estando allí, los microbios descomponen el cuerpo y las astillas de madera, la alfalfa y la paja para crear este hermoso suelo. Tendremos 10 de esas unidades para comenzar. Podremos recibir 10 cadáveres al mes.




¿Cómo es el espacio de Recompose?

En realidad, hemos hecho bastantes cambios desde que comenzó la pandemia de coronavirus (COVID-19) en marzo. Habíamos estado trabajando en este hermoso espacio de almacén y, cuando empezó la pandemia, nos quitaron la financiación. El principal ajuste que hicimos fue decidir abrir una instalación mucho más pequeña y reducida para comenzar, lo que creo que probablemente haya sido una buena idea, pero fue un poco decepcionante. El sistema de recipientes es el mismo: un conjunto de 10 recipientes en su marco hexagonal, por lo que se parece un poco a una colmena. Pero el espacio que abriremos en noviembre es un pequeño almacén. Nuestro objetivo es tener una instalación más grande el próximo año que las familias puedan visitar.

Mientras continúa esta pandemia, ¿la gente piensa de manera diferente sobre la muerte?

Parece que todos somos aún más conscientes de nuestra propia mortalidad en este momento. Si pensamos en el hecho de que algún día moriremos y que nuestros seres queridos morirán, es posible que nos interese más lo que le ocurre a nuestro cuerpo y la posibilidad de un último regalo que podríamos devolver al planeta. Mi opinión personal es que todo el mundo debería planificar el final de su vida pronto y con frecuencia.

Un lado positivo de la pandemia es que la gente lo está planificando más. Gran parte del impulso de este proyecto se basó en la crisis climática. Nuestro proceso ahorra una tonelada métrica de dióxido de carbono en comparación con la cremación o el entierro convencional. Para muchas personas, no se trata solo de crear suelo, que es un recurso fundamental, sino también de mitigar el daño que producimos a través de nuestras prácticas funerarias. La pandemia nos ha distraído de la crisis climática, pero tengo la sensación de que la gente está volviendo a pensar en ello y se está dando cuenta de que todavía tenemos que dedicar nuestra energía a eso. En un mundo perfecto, seguiríamos reconociendo nuestra mortalidad y luego devolveríamos nuestras energías a la crisis climática. 

Las personas que mueren de COVID-19 no pueden convertirse en compost, ¿verdad?

Sí que pueden. La reducción orgánica natural en el ser humano destruye los patógenos a través del calor creado por la actividad microbiana. Se ha demostrado que esta forma de disposición destruye los coronavirus mediante el calor en un período de tiempo relativamente corto. Por ley, el proceso debe incluir las temperaturas de 55 °C durante 72 horas. Se ha demostrado que los coronavirus, en concreto, se destruyen en unos 30 minutos bajo esas temperaturas. 

No lo sabía. Tenía la impresión de que si alguien muere de una enfermedad infecciosa, no puede convertirse en abono natural.

Tenemos dos casos en los que una persona no podría hacerlo. El ébola es uno de ellos. Es tan increíblemente contagioso que los CDC recomiendan la cremación directa. El otro es alguna enfermedad causada por priones como la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob, que aún no se ha demostrado que se destruya con el compostaje. Pero en términos de enfermedades infecciosas en general, la reducción orgánica natural hace un excelente trabajo destruyendo esos patógenos.

La gente puede llevarse esa tierra a casa, ¿verdad?

Sí. Recompose colabora con Bells Mountain, un fondo de conservación de 283 hectáreas. Se trata principalmente de un bosque que fue talado de forma inadecuada en la década de 1930, y todavía se está recuperando. Nuestra primera oferta es: "Vamos a crear casi un metro cúbico de tierra por persona, eso es bastante. Por supuesto que puede llevarlo todo, pero si quiere, aquí hay un bosque que lo necesita". Me imagino que muchas familias se llevarán una pequeña caja a casa y la usarán para su jardín de rosas o para un árbol que aman, pero esperamos que muchas otras prefieran donar esa tierra a este terreno de conservación. 

¿Recompose puede llegar a personas con menos conciencia ambiental?

La mayoría de la gente quiere poder elegir qué pasará con su propio cuerpo y con el de sus seres queridos. Cuando se habla de distintas opciones para el final de la vida, es algo que resuena para muchos tipos de personas diferentes. Hemos descubierto que aquí en Washington, por ejemplo, los agricultores del lado este del estado realmente lo entienden, porque utilizan una práctica similar para sus animales de la granja, aman su suelo y comprenden los ciclos de la vida probablemente mejor que la mayoría de la gente.

¿Cómo la gente podría conservar las tradiciones relacionadas con la muerte - como visitar el cementerio y esparcir las cenizas - con la reducción orgánica natural?

Hay muchas similitudes con el acto de esparcir las cenizas, pero a algunas personas les parece más profundo tener este uso productivo y significativo del suelo que se ha creado.

¿Va a convertir en compost su propio cuerpo?

Sí. Definitivamente planeo convertirme en tierra algún día, pero espero que no sea pronto. Aún me queda mucho por hacer.



jueves, 8 de octubre de 2020

Desarrollo del Conicet incrementa el rendimiento del trigo y la soja: innovación que resiste la sequía
La investigadora superior del Conicet, Raquel Chan, detalló a PáginaI12 cómo descubrieron esta tecnología que aún no se comercializa.
Por Natalí Risso


La Universidad del Litoral y el Conicet realizaron un convenio con Bioceres para el desarrollo. Imagen: Alejandro Elías


”Fuimos por una pregunta básica, pero teníamos en la mano una tecnología”, reflexiona la investigadora superior del Conicet Raquel Chan, directora del grupo de investigación que descubrió el gen HB4 del girasol, que permite que algunas especies pueden adquirir mayor tolerancia a la sequía. Aplicado en plantas de interés económico -como el trigo y la soja-, implica un rendimiento 22 por ciento mayor en producción de estos cultivos. En diálogo con PáginaI12 cuenta cómo descubrieron la tecnología y en qué estado se encuentra hoy para su comercialización. 


-¿Qué motivó esta investigación?

-Con el equipo de investigación del Instituto de Agrotecnología del Litoral venimos trabajando para responder una pregunta muy simple, que tiene que ver con cómo se adaptan las plantas al medio ambiente a nivel molecular. Para que una planta se adapte a su medio hay muchos factores involucrados: agua, luz, temperatura, etcétera. La falta de agua es el más impactante en la producción. A su vez, la planta tiene una capacidad de adaptación al medio ambiente, que depende de las especies. En esos procesos hay involucrados entre 20 mil y 50 mil genes y proteínas, algunos de los cuales tienen mucha importancia para esa respuesta de adaptación. El girasol es la especie más resistente a la falta de agua, así que tomamos uno de sus genes y se lo insertamos en una planta que no lo tenía. Esa planta que recibe el gen pasa a ser un transgénico. Le pusimos un gen exógeno y descubrimos que en el girasol era efectivo en términos de que mejoraba su rendimiento frente a distintas condiciones de riego y con respecto a otras plantas sin el gen. El razonamiento fue, si le ponemos el gen a una planta de mayor interés económico, tenemos nueva tecnología en mano. 

-¿En qué consiste el convenio con Bioceres?

-Al entender que contábamos con una tecnología novedosa que podía aportar de forma positiva a la producción agropecuaria, la Universidad del Litoral y el Conicet realizaron un convenio con Bioceres. Es que para aplicar la tecnología en plantas de interés agronómico, hace falta inversión en patentes, agrónomos que hicieran ensayos a campo de verdad, e incluso espacios para hacer estas pruebas; además de asegurarse una producción a escala. 

-¿Cuáles son los argumentos que de quienes se oponen a la comercialización de este descubrimiento?

-Hay al menos dos grupos de personas en contra de esta tecnología. Por un lado los ambientalistas, que cuestionan cualquier producto que sea modificado. Hubo mucha mala propaganda de transgénicos a principios de los 2000, y la gente asocia transgénicos a glifosatos, porque efectivamente el transgénico más difundido es el resistente al glifosato. Pero este no es el caso. Por otro lado, están los grupos económicos, a los que no les conviene que Argentina sea pionera en desarrollar una tecnología de tolerancia a la sequía, y mucho menos que se la apropie una empresa relativamente chica como es Bioceres.

-¿En qué estado de aprobación está esta tecnología para su comercialización?

-Para que en un país como el nuestro se apruebe un producto transgénico, debe pasar por tres áreas del Ministerio de Agricultura: la Comisión Nacional Asesora de Biotecnología Agropecuaria (Conabia), el Senasa y la Dirección Nacional de Mercados Agropecuarios. En esta última aún no emitieron dictamen. Bioceres se encargó de financiar y gestionar los temas regulatorios. Conabia requiere una demostración de que el nuevo producto no es dañino para el medio ambiente, o por lo menos igual de dañino que el producto sin el gen. Los resultados fueron positivos. Senasa exige corroborar que el producto no tenga más alérgenos o tóxicos que el original. También se demostró que no es dañino para la seguridad alimentaria humana y animal. 

-¿Cuál es la función de la Dirección Nacional de Mercados Agropecuarios?

-Define que el producto no le genere un problema económico al país. Para el caso de la soja, el convenio comercial con China establece que hasta que nuestro principal comprador no apruebe el producto no podemos comercializarlo. Nos exige los mismos ensayos que se hicieron en Argentina, pero en su tierra. Bioceres los está realizando hace cinco años y aparentemente está en la recta final. Con el trigo, nuestro principal cliente es Brasil y no hay un convenio, pero sí una cuestión de mercado. Aquí es más complejo porque Bioceres pide que se apruebe la comercialización del producto, supeditado a que Brasil lo apruebe; pero Brasil no va a aprobar si el país de origen no da el visto bueno. 

-¿Cuán importante es la aprobación de este producto para Argentina?

-Sería importantísimo ser pioneros en esta tecnología que se realizó gracias a una exitosa asociación público-privada y que generaría muchas divisas para el país. Asimismo, su no aprobación es un mensaje negativo para la investigación. Es decir, interpretamos que no deberíamos investigar más para conseguir tecnologías de este tipo, porque se la vamos a seguir comprando a empresas extranjeras.


Raquel Chan, investigadora superior del Conicet.