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martes, 14 de abril de 2026

Sceye - Dirigible estratosférico SE2

Sceye - Dirigible estratosférico SE2
Desarrollado por Sceye Inc., es un dirigible lanzado el 25/03/2026 desde el Centro Aéreo Industrial de Roswell, Nuevo México, EE. UU.




Propósito del vuelo y descripción de la carga útil

Este fue un vuelo de prueba de un dirigible estratosférico realizado por SCEYE Inc., una empresa de ciencia de materiales que está desarrollando una nueva generación de estaciones de plataforma de gran altitud (HAPS). La empresa ha optado por el formato de dirigible en lugar de globos y aeronaves de ala fija, ya que permite la capacidad geoestacionaria a la vez que transporta y alimenta mucha más carga útil que cualquier otra plataforma. El objetivo futuro es ofrecer servicios de comunicaciones y teledetección desde una altitud operativa de 65 000 pies con capacidad de mantenimiento de posición durante semanas.

En cuanto a las comunicaciones, el enfoque es ofrecer conectividad a internet directamente a dispositivos en tierra en comunidades rurales y centros urbanos, conectando ubicaciones desatendidas que antes eran inaccesibles. En el campo de la teledetección, el dirigible puede transportar sensores avanzados para la observación de la Tierra, incendios forestales y protección del territorio, búsqueda y rescate marítimo, y monitoreo de emisiones industriales.

No hay mucha información sobre la composición y construcción de los dirigibles. Según la información publicada por la empresa, su tejido de casco, comparado con la alternativa más cercana utilizada por otros en intentos de construir la plataforma estratosférica, es 5 veces más resistente en relación con su peso, 1500 veces más hermético a los gases y resistente a los rayos UV y al ozono. La plataforma se alimenta con energía solar durante el día y con baterías por la noche. Para ello, el tejido del casco cuenta con una capa ultraligera que cubre la superficie superior de la plataforma y capta la energía solar. La laminación avanzada de las capas resistentes a la intemperie ha logrado una reducción de peso extrema. Los paneles solares están formados por células de seleniuro de cobre, indio y galio y arseniuro de galio. La energía captada del sol se almacena en baterías de litio-azufre con una densidad energética de aproximadamente 400 Wh/kg. Se utilizan motores eléctricos con hélices para la propulsión y la maniobra.

Detalles de la misión y mapa que muestra parte de la trayectoria de vuelo



  • Globo lanzado el: 25/03/2026 a las 14:27 UTC
  • Lugar de lanzamiento: Roswell Industrial Air Center, Nuevo México, EE. UU.
  • Globo lanzado por: Sceye Inc.
  • Fabricante/tamaño/composición del globo: Dirigible estratosférico Sceye High-Altitude Platform Station
  • Número de identificación del vuelo: N519HB
  • Fin del vuelo (L para hora de aterrizaje, W para último contacto, de lo contrario hora de finalización) : 06/04/2026
  • Duración del vuelo del globo (F: tiempo de flotación solamente, de lo contrario tiempo total de vuelo en d:días / h:horas o m:minutos) : 12 d
  • Lugar de aterrizaje: Frente a la costa norte de Brasil






El dirigible estratosférico Sceye fue lanzado el 25 de marzo desde su hangar en el Centro Aéreo de Roswell, Nuevo México. Tras cruzar Estados Unidos y el Caribe, siguió una trayectoria hacia el sur, bordeando las Antillas Menores antes de llegar a aguas internacionales en el Océano Atlántico, frente a la costa de Brasil, ligeramente al norte de la línea ecuatorial. Allí, el vehículo permaneció en posición durante varios días más antes de su aterrizaje en el Océano Atlántico el 6 de abril de 2026. Durante el vuelo, el dirigible recorrió aproximadamente 6400 millas a una altitud media de 50 000 pies.

La misión, realizada dentro del Programa de Resistencia de la compañía, representó un hito importante al ser el vuelo más largo logrado desde que comenzaron las operaciones en 2014.

A lo largo de la misión, la plataforma demostró un vuelo sostenido y controlado en múltiples regiones, incluyendo fases de mantenimiento de posición prolongadas. Mantuvo su posición sobre áreas seleccionadas durante más de 88 horas, alcanzando un radio de mantenimiento de posición de tan solo 1 km, y completó varios ciclos diurnos completos tanto sobre Nuevo México como frente a las costas de Brasil.

Un objetivo primordial fue la validación del funcionamiento continuo mediante circuitos cerrados de energía y presión. La energía solar captada durante el día se utilizó para recargar las baterías a bordo, lo que permitió un vuelo nocturno ininterrumpido, mientras que la presión interna del fuselaje se mantuvo dentro de límites estables a lo largo de los ciclos térmicos.

El vuelo concluyó el Programa de Resistencia, estableciendo una configuración estable para misiones de larga duración y mejorando subsistemas clave, como la gestión de energía, el control de vuelo y la regulación térmica. Los resultados proporcionaron los datos operativos y de ingeniería necesarios para la transición hacia vuelos estratosféricos de varios meses de duración y su despliegue precomercial.



Un plan secreto soviético para bombardear Estados Unidos con armas nucleares desde el Polo Sur estaba funcionando. Hasta que unos cazadores de OVNIs miraron hacia arriba

Un plan secreto soviético para bombardear Estados Unidos con armas nucleares desde el Polo Sur estaba funcionando. Hasta que unos cazadores de OVNIs miraron hacia arriba
Cuando en 1967 apareció una misteriosa media luna sobre Moscú, los entusiastas de los extraterrestres desconocían que en realidad estaban rastreando un arma de 3 megatones diseñada para eludir el radar estadounidense.
Por Kyle Mizokami


VICTOR HABBICK VISIONS/SCIENCE PHOTO BIBRARY // Getty Images

A finales de la década de 1960, un programa soviético ultrasecreto para introducir armas nucleares de contrabando, burlando los radares de alerta temprana estadounidenses, fue confundido por los ciudadanos de Moscú con una oleada de avistamientos de OVNIs. El arma, conocida como FOBS, creó un patrón misterioso en el cielo nocturno que muchos interpretaron erróneamente como señales de visitas extraterrestres.

En la primavera de 1967, los habitantes del oeste de la Unión Soviética notaron algo extraño en el cielo al anochecer: una misteriosa franja de luz en forma de media luna, del tamaño de la luna vista desde la mayoría de las direcciones, pero más grande desde otras. La media luna apareció seis veces en 1967, siempre a la misma hora del día, antes de desaparecer finalmente.

Según el veterano experto espacial James Oberg, de la revista Air & Space Magazine, la prensa soviética especuló con que se trataba de OVNIs, y surgieron grupos de entusiastas de los OVNIs en todo el país para registrar los avistamientos.

De repente, tras el sexto incidente, la cobertura de la prensa soviética sobre los sucesos cesó abruptamente. Alguien en Moscú con la autorización necesaria se dio cuenta de que las medias lunas en el cielo al atardecer eran prueba fehaciente de una prueba de armas ultrasecreta, que violaba los tratados vigentes sobre el despliegue de armas nucleares en el espacio.


Toberas de cohete de un R-36 [Wikipedia]

Los supuestos avistamientos de OVNIs resultaron ser lanzamientos de prueba del R-36 Orb, un misil espacial nuclear secreto. Desarrollado a partir del misil balístico intercontinental SS-9 Scarp, el R-36 Orb fue diseñado para alcanzar la órbita terrestre baja y desorbitar sobre Estados Unidos. Lanzado hacia el sur, el arma podría sobrevolar el Polo Sur y luego dirigirse hacia Estados Unidos desde México, eludiendo la red de radares de alerta temprana orientados hacia el norte.

El viaje sería más largo, pero pillaría a los estadounidenses por sorpresa, dando a los soviéticos la oportunidad de detonar un arma termonuclear de 2 a 3 megatones donde quisieran.

El R-36 era un arma de "primer ataque". La única razón lógica para poseer tal arma era usarla primero en una guerra nuclear, como arma sorpresa destinada a destruir el liderazgo estadounidense y los sistemas de mando y control nuclear. ¿El problema? El R-36 no era preciso.

En promedio, la mitad de los misiles R-36 lanzados en una guerra caerían a menos de cinco kilómetros de su objetivo. Si bien esto no representa un gran problema con una ojiva de 5 megatones, sí descarta la destrucción de silos de misiles enemigos. Aun así, el R-36 seguiría siendo útil para aniquilar la Casa Blanca, el Pentágono, los bombarderos nucleares estadounidenses estacionados en la pista y otras instalaciones vitales de Estados Unidos en un ataque sorpresa.


Misil SS-9 durante el desfile. [Wikipedia]

El ejército soviético realizó seis pruebas del R-36, cada una a la misma hora del día en que los misiles estaban iluminados, pero las cámaras de grabación se encontraban en la sombra. La media luna iluminada se debía a la maniobra de frenado del misil, durante la cual el motor de desorbitación se encendía y expulsaba gases de escape al girar el misil 180 grados. Esto creaba una letra "C" claramente visible en el cielo al anochecer. Este proceso ralentizaba el R-36 hasta que entraba en órbita terrestre baja, para luego volver a encenderse y comenzar el proceso de desorbitación.

Aunque los soviéticos inicialmente justificaron las pruebas como lanzamientos de "satélites de investigación científica", la inteligencia estadounidense acabó descubriendo sus verdaderas intenciones y denunció a la URSS. Ocho meses después de la primera prueba, según Oberg, Estados Unidos afirmó que el R-36 era un arma de primer ataque que utilizaba un sistema de órbita y desorbitación.

Esto contravendría el Tratado del Espacio Ultraterrestre, que estaba a punto de finalizarse y que prohibiría el emplazamiento de armas nucleares en órbita. También iría en contra de la Resolución 1884 de la ONU, aprobada en 1963, que instaba a Estados Unidos y a la URSS a no colocar armas nucleares en el espacio.


Los radares terrestres, como este sistema Pave Paws en Colorado, contribuyeron a que el modo de ataque sorpresa del R-36 quedara obsoleto. [Wikipedia]

La Unión Soviética nunca reveló la verdad sobre el R-36. Dieciocho de estas armas estaban almacenadas en silos cerca de Tyuratam y posteriormente fueron prohibidas por el tratado de control de armas SALT II. Las armas llevaban tiempo obsoletas, neutralizadas por el despliegue de nuevos radares estadounidenses de alerta temprana orientados hacia el sur y submarinos soviéticos de misiles balísticos que podían lanzar un ataque desde esa dirección con mucha mayor rapidez. Al final, resultó que los OVNIs no eran tan desconocidos como parecían.



jueves, 2 de abril de 2026

Primer día de la misión lunar de la NASA: un percance con el baño y maniobras de la nave espacial

Primer día de la misión lunar de la NASA: un percance con el baño y maniobras de la nave espacial
El primer día de la misión Artemis II , la tripulación entró en órbita terrestre y se preparó para su viaje alrededor de la Luna.
Por Jackie Flynn Mogensen


Vista de la Tierra desde la nave espacial Orión de la NASA mientras orbita sobre el planeta durante el vuelo de prueba Artemis II. [NASA]

La misión Artemis II de la NASA ha comenzado oficialmente, y el primer día estuvo marcado por una serie de maniobras exitosas y un problema —afortunadamente— solucionado con el inodoro a bordo.

La tripulación de Artemis II está compuesta por los astronautas de la NASA Reid Wiseman, Victor Glover y Christina Koch, y el astronauta de la Agencia Espacial Canadiense Jeremy Hansen. Poco después de despegar, se les encomendó una prueba crucial: comprobar el funcionamiento del inodoro. Al fin y al cabo, esta es la primera vez que una nave espacial tripulada con destino a la Luna cuenta con un inodoro funcional.

Según la NASA, fue preocupante que detectaran una "luz de avería intermitente" en el inodoro, pero el problema duró poco y ya se ha solucionado.

El inodoro es una innovación notable. Fabricado en titanio, se encuentra en el suelo de la nave espacial Orion y permite a los astronautas defecar y orinar simultáneamente, un lujo del que carecían los astronautas que utilizaban modelos de inodoros anteriores. (Los astronautas del programa Apolo usaban bolsas para recoger sus desechos). Además, como otra primicia para las misiones lunares, también cuenta con una puerta.

Según los informes, el software también estaba fallando: en una grabación de la transmisión en vivo desde Orion, se podía escuchar a los astronautas decir que sus computadoras tenían dos versiones de Microsoft Outlook, ninguna de las cuales parecía funcionar. La NASA no respondió de inmediato a la solicitud de comentarios sobre este tema realizada por Scientific American .

Sin embargo, la resolución de problemas no era la única tarea en la lista de pendientes del equipo para el primer día.

Los astronautas también practicaron una importante maniobra de acoplamiento para probar las capacidades de la nave Orion de cara a futuras misiones. Glover, el piloto de la misión, probó la capacidad de la nave para moverse hacia arriba, abajo, izquierda y derecha, así como para inclinarse en el espacio, algo fundamental para garantizar su maniobrabilidad en futuras misiones.

En la prueba de acoplamiento, en lugar de acoplarse a otra nave espacial, la tripulación utilizó un objetivo en la etapa de propulsión criogénica provisional (ICPS), que originalmente formaba parte del cohete Space Launch System (SLS) que lanzó a Orion y a la tripulación al espacio antes de separarse de la cápsula.

Tras la prueba, el ICPS encenderá sus motores para una "quemadura de eliminación", que lo enviará de vuelta a la Tierra y al Océano Pacífico.

La nave Orion también realizó varias maniobras de propulsión, incluida una el jueves por la mañana , para elevar su órbita, asegurándose de que no volviera a caer a la Tierra y colocándola en la trayectoria correcta mientras orbita el planeta antes de dirigirse a la Luna.

El resto del segundo día también incluirá algunas maniobras importantes, aunque después de que los astronautas hayan descansado. Alrededor de las 8:12 p. m. EDT del jueves, la tripulación de Artemis II realizará una maniobra de inyección translunar, un paso crucial que impulsará a la nave Orion hacia la Luna. Durante esta maniobra, los motores permanecerán encendidos durante aproximadamente seis minutos.



viernes, 27 de marzo de 2026

Drones sofisticados atacaron la base de bombarderos de Barksdale, en Luisiana

Drones sofisticados atacaron la base de bombarderos de Barksdale, en Luisiana
Es la primera vez que una base aérea estadounidense queda temporalmente fuera de servicio en tiempos de guerra, algo que nunca ocurrió ni siquiera durante la Segunda Guerra Mundial.
Por Stephen Bryen


Tres bombarderos B-52H Stratofortress se encuentran en la pista de aterrizaje durante un ejercicio realizado en 2012 en la Base de la Fuerza Aérea Barksdale, Luisiana, EE. UU. Foto: Wikipedia

La base aérea de Barksdale, en Luisiana, en la parroquia de Bossier, cerca de Shreveport, fue atacada por enjambres de drones durante la semana del 9 de marzo. El ataque interrumpió los despegues de aviones B-52H en apoyo de la Operación Furia Épica contra Irán. Es la primera vez que una base aérea estadounidense queda temporalmente fuera de servicio en tiempos de guerra, algo que nunca ocurrió ni siquiera durante la Segunda Guerra Mundial.

Cada oleada obligó a la Fuerza Aérea a detener las operaciones y enviar a su personal a refugios. Barksdale es el centro de mando del Comando de Ataque Global de la Fuerza Aérea de EE. UU. Allí no solo se encuentran estacionados los B-52, sino que la base forma parte de la tríada nuclear estadounidense. Alberga misiles de crucero nucleares de largo alcance (como el AGM-86B) y pronto albergará un nuevo misil de crucero de largo alcance de ataque a distancia. Los refugios y las instalaciones de almacenamiento para los nuevos misiles están en construcción.

La única otra base aérea importante de EE. UU. para los B-52 es la Base Aérea de Minot, en Dakota del Norte. Ambas bases dan apoyo a la Operación Epic Fury. Los aviones pueden volar al Reino Unido y luego a Irán, o (como hicieron durante el período en que el Reino Unido les impidió el paso) volar directamente desde Barksdale a Irán, una misión muy larga que requiere ocho reabastecimientos de combustible en vuelo.

Las oleadas de drones duraban aproximadamente cuatro horas al día, un tiempo de permanencia extraordinariamente largo para un dron. Se desconoce si los drones eran de ala fija o cuadricópteros, o cómo se alimentaban (combustible líquido o electricidad). Cada oleada constaba de entre 12 y 15 drones, que volaban con las luces encendidas para hacerse visibles.

La base aérea de Barksdale no cuenta con defensas aéreas ni con aviones de combate capaces de derribar drones.

La base aérea dispone de contramedidas electrónicas diseñadas para desactivar el GPS y los enlaces de datos entre los drones y sus operadores remotos. Sin embargo, estas contramedidas electrónicas no funcionaron.

Es posible que los propios drones fueran autónomos o semiautónomos, y que su funcionamiento sugiriera que estaban equipados con múltiples sensores que dirigían el comportamiento de cada dron sobre la base y en respuesta a los intentos de interferencia.

En resumen, los drones que operaron sobre Barksdale eran mucho más sofisticados que cualquier cosa vista en Ucrania, donde se utilizan drones de forma intensiva, y superaban con creces las capacidades iraníes.

Los drones podrían provenir de un adversario potencial, ya que China es el país mejor equipado para producir un dron del tipo que sobrevoló Barksdale. Por lo que se ha observado, el diseño del dron supera a casi cualquier otro del arsenal estadounidense.

Lo que sabemos es que los drones tenían un alcance extraordinario, podían resistir interferencias de amplio espectro y presentaban características de señal no comerciales. Aún más sorprendente, los drones utilizaban diversas rutas de entrada y salida y operaban en patrones dispersos, lo que hacía prácticamente imposible su seguimiento (mediante la triangulación de señales).

Desconocemos si los drones transmitieron información mientras sobrevolaban la base o si almacenaron la información que transmitieron posteriormente, o si los drones pudieron haber tenido enlaces satelitales.

Una forma de entender el fenómeno de los drones es que representan la respuesta de China al derribo de sus globos espía. Uno de ellos, de vital importancia, fue derribado por un F-22 a principios de 2023, pero no sin antes sobrevolar la base aérea de Malmstrom (Montana), donde se encuentran los silos de misiles balísticos intercontinentales Minuteman III, y la base aérea de Whiteman (Missouri), sede del bombardero furtivo B-2.


Marineros estadounidenses recuperan un globo de vigilancia de gran altitud, presuntamente chino, que fue derribado por Estados Unidos sobre aguas territoriales estadounidenses frente a la costa de Myrtle Beach, Carolina del Sur, el 5 de febrero de 2023.

Si bien ha habido mucha preocupación por el hecho de que Rusia estuviera proporcionando información de inteligencia a Irán mientras se desarrollaba el ejercicio Epic Fury, los enjambres de drones sobre Barksdale sugieren firmemente que China está proporcionando a Irán información de inteligencia crucial, así como armas, suponiendo que estos drones procedieran de China y fueran operados por chinos o por agentes chinos.

No cabe duda de que los operadores estaban bien entrenados e introdujeron de contrabando el equipo en Estados Unidos. La operación fue persistente, disciplinada y altamente sofisticada.

El impacto de estos vuelos fue significativo. Las oleadas de drones retrasaron operaciones críticas en apoyo de Epic Fury. Los B-52 lanzados desde Barksdale transportaban misiles AGM-158 JASSM-ER y bombas GBU-57 Massive Ordnance Penetrator “Bunker Buster”. El JASSM es un misil aire-tierra de largo alcance que lleva una ojiva penetrante WDU-42/B de 450 kg (1000 lb).


Especialistas en armamento se reúnen frente a una maqueta del misil penetrador masivo y el simulador de carga de armas del B-2 el 18 de diciembre en la Base de la Fuerza Aérea Whitman, Missouri. Foto de la Fuerza Aérea de EE. UU.

El JASSM está clasificado como un arma de baja detectabilidad (es decir, sigilosa), y la versión ER tiene un alcance de 1000 km. La GBU-57 es una bomba guiada por GPS de 13 600 kg (30 000 libras). Existen informes de que las GBU se utilizaron contra la instalación Taleghan-2 en el complejo militar de Parchin. Taleghan-2 desarrollaba detonadores nucleares para el programa de bombas nucleares de Irán.

Las imágenes satelitales publicadas el 11 de marzo por el Instituto Vantor mostraron tres puntos de impacto masivos y precisos en una fila ordenada directamente sobre la estructura de hormigón. El tamaño y la precisión de los cráteres son "en general consistentes" con proyectiles penetrantes de 5000 libras (GBU-72/B) o incluso de 30 000 libras (GBU-57/B). A diferencia de los ataques con B-2 en Fordow, que utilizaron conductos de ventilación como "puntos de entrada", estos impactos parecen haber atravesado directamente el nuevo endurecimiento del hormigón para colapsar las cámaras de prueba internas.


Imagen satelital ©2026 Vantor

Al posponer los lanzamientos de los B-52, Irán dispone de más tiempo para retirar recursos críticos. Si bien no lo sabemos con certeza, es muy posible que los drones no solo sobrevolaran la zona o tomaran fotografías, sino que interceptaran planes de guerra y operaciones de mando y control.

Barksdale se encuentra en un distrito congresional representado por el presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson (republicano).

Además del incidente de Barksdale, otros ataques con drones se centraron en activos estratégicos y de liderazgo de Estados Unidos. Entre diciembre de 2023 y junio de 2025, alguien lanzó enjambres de drones durante diecisiete noches en la base aérea de Langley, en Hampton, Virginia. Como consecuencia de estos ataques, los cazas furtivos F-22 estadounidenses tuvieron que ser reubicados debido a la amenaza que sufrían. Se informó que algunos de los drones utilizados en el ataque medían más de 6 metros de largo y volaban a más de 160 km/h.

A finales de 2024 y durante 2026, se registraron avistamientos persistentes sobre la Planta 42 de la Base Aérea Edwards en Palmdale, California. Este es el hogar del famoso Skunk Works. Lockheed Martin, Northrop Grumman y Boeing operan en estas instalaciones en proyectos altamente clasificados.

Entre el 10 y el 20 de marzo de 2026, varios drones no identificados sobrevolaron Fort Leslie J. McNair en Washington, D.C. Tanto el secretario de Estado, Marco Rubio, como el secretario de Defensa, Pete Hegseth, residen en la base, lo que sugiere que un adversario "desconocido" los tenía como objetivo.

Estados Unidos cuenta con cierta capacidad para combatir drones, incluyendo sistemas de microondas de alta potencia, pero estos apenas están empezando a estar disponibles. Se trata de unidades de gran tamaño que ocupan un contenedor de transporte de 20 pies. Requerirán operadores capacitados y cierta integración con los radares de las bases y los centros de mando.

Si bien están surgiendo otros productos de la Fuerza Aérea y otros laboratorios que pueden brindar cierta protección, siendo realistas, Estados Unidos está a años de contar con una verdadera capacidad nacional para contrarrestar los drones.



Fuente: asiatimes.com

domingo, 22 de marzo de 2026

El Comando Sur alerta por 12 sitios espaciales chinos en la región y Argentina queda en el foco por los más sensibles

El Comando Sur alerta por 12 sitios espaciales chinos en la región y Argentina queda en el foco por los más sensibles



  • El jefe del Comando Sur afirmó ante el Congreso de Estados Unidos que entidades chinas ya tienen presencia o buscan acceso a al menos 12 sitios espaciales en la región.
  • Washington sostiene que esas instalaciones podrían servir para monitorear satélites, recolectar información sobre activos militares e interceptar datos sensibles.
  • Aunque el documento no identifica los países ni los emplazamientos, Argentina vuelve a quedar bajo la lupa por la estación de Neuquén y otros proyectos vinculados a Beijing.
  • La advertencia forma parte de una preocupación más amplia de Estados Unidos por la infraestructura de uso dual que China desarrolla en el hemisferio occidental.

Estacion de Espacio Profundo China Neuquen

El Comando Sur de Estados Unidos volvió a poner a la infraestructura espacial china en América Latina en el centro de la competencia estratégica. En su declaración anual ante la Cámara de Representantes, el general Francis L. Donovan advirtió que entidades chinas ya controlan o buscan acceso a por lo menos 12 sitios espaciales en América del Sur y el Caribe, una red que, según Washington, podría utilizarse para monitorear satélites en el hemisferio occidental, recolectar información sobre activos militares estadounidenses e interceptar datos sensibles. La advertencia elevó el perfil de un tema que hasta hace poco aparecía circunscripto a debates técnicos y de defensa.

La novedad no pasa solo por el número. Lo más relevante es que el Comando Sur ya incorpora esa infraestructura dentro de una discusión más amplia sobre posiciones estratégicas, instalaciones de uso dual e influencia china en áreas críticas del hemisferio. En la lógica de Washington, no se trata de antenas aisladas ni de acuerdos científicos desconectados entre sí, sino de una red con valor operativo, tecnológico y geopolítico, en un momento en que la competencia con Beijing dejó de girar únicamente en torno al comercio y las telecomunicaciones.

Aunque la declaración no detalla uno por uno los países o emplazamientos involucrados, Argentina aparece inevitablemente en el centro de esa lectura. El motivo es doble: por un lado, por la estación de espacio profundo instalada en Neuquén; por otro, por la acumulación de otros proyectos, acuerdos y desarrollos asociados a la cooperación espacial con China en distintos puntos del país. Para Estados Unidos, el problema no es únicamente la existencia de esas instalaciones, sino el valor estratégico que adquieren por ubicación, capacidad de seguimiento y eventual utilidad militar indirecta.


Crédito: Programa de China del IISS

Argentina, en el punto más sensible del mapa

El caso más conocido es la estación de espacio profundo de Neuquén, operada en el marco de la cooperación entre la CONAE y China. Desde la posición oficial argentina, la instalación tiene fines pacíficos y científicos, vinculados al seguimiento de misiones espaciales y a programas de exploración de espacio profundo. Sin embargo, desde hace años Washington mira el acuerdo con desconfianza por el tipo de organismo chino involucrado, por el margen de opacidad sobre determinadas actividades y por el potencial de uso dual que tienen este tipo de infraestructuras.

A eso se suma otro dato clave: la ubicación geográfica argentina le ofrece a China una ventaja que no puede replicar desde su propio territorio. La posición austral del país permite cubrir trayectorias orbitales, ventanas de observación y segmentos del cielo particularmente valiosos para seguimiento satelital, enlaces de espacio profundo y telemetría. Esa condición convierte al territorio argentino en una pieza especialmente atractiva dentro de cualquier arquitectura espacial con ambición global.

Por eso, cuando el Comando Sur habla de 12 sitios en la región, la preocupación no se agota en la cantidad. Lo que subyace es una evaluación sobre cuáles de esos nodos ofrecen mayor valor operativo. En ese punto, Argentina sobresale por albergar algunos de los emplazamientos más sensibles del hemisferio, tanto por localización como por la naturaleza de las capacidades que pueden brindar. No se trata solo de infraestructura científica: para Washington, el riesgo es que esos activos aporten redundancia, cobertura y profundidad a un entramado espacial chino cada vez más extendido en el hemisferio sur.


Imagen satelital de la Base Espacial China en Argentina. Crédito: Google Earth

La advertencia también se inscribe en una visión más amplia del Comando Sur sobre la presencia china en América Latina. En su declaración, la cuestión espacial aparece junto con puertos, minerales críticos, corredores logísticos y acceso a infraestructura estratégica. Eso muestra que Estados Unidos ya no analiza estos avances como fenómenos separados, sino como parte de una misma competencia por posiciones, acceso y capacidad de influencia en su área de interés inmediato.

Del lado argentino, la defensa oficial sigue apoyándose en el carácter pacífico de los acuerdos firmados con China y en las cláusulas que limitan el uso militar de las instalaciones. Pero el problema para Washington no pasa tanto por la letra de esos compromisos como por la dificultad para verificar de manera permanente qué funciones cumplen estos nodos y cómo se articulan dentro de una red regional más amplia.

Lo que deja la nueva advertencia del Comando Sur es un cambio de escala en el debate. La presencia espacial china en América Latina ya no aparece como un tema marginal ni como una controversia diplomática episódica. Para Estados Unidos, forma parte de la disputa por infraestructura crítica en el hemisferio occidental. Y dentro de ese tablero, Argentina vuelve a quedar bajo la lupa por alojar algunos de los activos que, por ubicación y capacidades, resultan más sensibles para esa competencia.



sábado, 28 de febrero de 2026

China despliega en América Latina una red espacial de doble uso y enciende alarmas en Washington

China despliega en América Latina una red espacial de doble uso y enciende alarmas en Washington



Estados Unidos volvió a poner la lupa sobre la presencia espacial de China en América Latina. Un nuevo informe del Congreso norteamericano sostiene que lo que Pekín presenta como cooperación científica y tecnológica también funciona como infraestructura de apoyo para operaciones militares. En el centro de la discusión está una red de estaciones terrestres, radiotelescopios y sistemas de seguimiento que, según el documento, permitiría rastrear satélites y recolectar inteligencia en el hemisferio occidental.

La investigación fue publicada por el Select Committee on the Chinese Communist Party de la Cámara de Representantes, y afirma haber identificado al menos once instalaciones vinculadas a China en Argentina, Venezuela, Bolivia, Chile y Brasil. El texto, titulado Pulling Latin America into China’s Orbit, presenta estas capacidades como parte de una estrategia más amplia de “fusión civil-militar” y de expansión global del segmento terrestre chino, la infraestructura en tierra que permite comandar satélites, bajar datos y seguir objetos en órbita.


China despliega en América Latina una red espacial de doble uso y enciende alarmas en Washington. Crédito: Select Committee on China.

El informe de Washington

Es claro que tener satélites en órbita no sirve de nada si no se tienen antenas en tierra que reciban los datos y comanden la operación. El informe sostiene que China habría asegurado acceso a nodos clave en América Latina para mejorar sus capacidades para detectar, seguir y predecir movimientos de satélites y basura espacial. Para Washington, además de tener valor científico, eso también puede apoyar operaciones de inteligencia, contraespacio y planificación militar.

En su comunicado, el comité enmarca el tema como un riesgo directo para los sistemas satelitales de los que dependen comunicaciones, navegación y servicios críticos. Además, recomienda que la NASA revise cooperaciones para evitar violaciones a la “Wolf Amendment”, una restricción legal a la cooperación bilateral con China. Finalmente, sugiere que el gobierno estadounidense busque frenar la expansión de infraestructura espacial china en la región.

El informe agrupa tres tipos de infraestructura. Primero, las estaciones terrenas, con antenas que realizan telemetría, seguimiento y comando (TT&C). Éstas monitorean el estado de salud de un satélite, le envían órdenes y bajan datos. Segundo, los radiotelescopios, que en astronomía detectan señales muy débiles del espacio, pero también pueden contribuir a detectar emisiones y tareas de seguimiento de objetos en órbita. Tercero, los sitios de Satellite Laser Ranging (SLR), que miden distancias con pulsos láser reflejados por satélites y permiten calcular órbitas con gran precisión. En particular, el reporte afirma que esa precisión puede ser relevante para sistemas militares que requieren geodesia fina y referencias exactas.

Ubicada en China, una antena solo puede comunicarse con un satélite pasa relativamente cerca de su territorio y tiene contacto con él. Pero, cualdo los satélites pasan por el otro hemisfero, Pekín pierde el contacto. Para lograr cobertura casi continua, hacen falta estaciones distribuidas por el planeta, y América Latina es parte de esa lógica.

El caso argentino: Neuquén, San Juan y Río Gallegos

Argentina aparece como uno de los ejes del informe. El documento destaca la Estación CLTC–CONAE de Neuquén, parte de la red china de espacio profundo y operada en cooperación con la agencia espacial argentina. En la visión estadounidense, la preocupación no es tanto la antena, sino el control y la supervisión sobre qué tráfico se cursa y con qué fines.

Del lado argentino, hay información pública que describe un uso civil y científico. La CONAE explica que la estación brinda soporte de telemetría, seguimiento y control para misiones del programa chino de exploración lunar. También hay comunicados oficiales que muestran su uso como apoyo a misiones específicas, como el satélite Queqiao y el programa interplanetario hacia Marte.

Además de Neuquén, el informe menciona un proyecto SLR en el Observatorio Astronómico Félix Aguilar, en San Juan, y una estación en Río Gallegos vinculada a servicios satelitales comerciales. En este último caso, el documento afirma que el sitio tendría antenas en bandas X y C y lo conecta con empresas y personal que, según su análisis, tendrían lazos con estructuras militares chinas. Se trata de señalamientos que el comité presenta como parte de su argumento de doble uso.

Chile, Brasil, Bolivia y Venezuela: ciencia, datos y geopolítica

En Chile, el debate se cruzó con proyectos astronómicos y de procesamiento de datos. Un caso citado fue el de un observatorio chino en el desierto de Atacama, que quedó bajo revisión en medio de presiones políticas y cuestionamientos de seguridad. China, por su parte, defiende estas iniciativas como científicas y acusa a Estados Unidos de politizar la cooperación.

Brasil aparece asociado a cooperación académica y a proyectos de radioastronomía. A fines de 2025, por ejemplo, se anunció la creación de un laboratorio conjunto China–Brasil para tecnologías de radioastronomía. El informe del comité toma este tipo de infraestructura como potencialmente reutilizable para tareas de seguimiento de satélites y clasificación de emisiones, aun cuando su objetivo declarado sea científico.

En Bolivia y Venezuela, el foco pasa por estaciones de control de satélites ligadas a programas nacionales desarrollados con soporte chino. El reporte describe nodos TT&C como parte de una red regional más amplia. Además, sostiene que, una vez instaladas, estas capacidades pueden prestar servicios a terceros, desde control de satélites hasta apoyo a enlaces y transferencia de datos.
Un capítulo más de la competencia espacial global

El informe refleja un cambio de época, en el que las discusiones geopolíticas sobre poder ya no pasan solo por infraestructura militar terrestre, sino por bases o estaciones espaciales. La carrera espacial contemporánea no es únicamente por desarrollar cohetes reutilizables o llegar a la Luna. También es por la red de antenas y centros de cómputo que hacen funcionar a los satélites que orbitan allá arriba y permiten saber qué hay en el espacio.

Para América Latina, representa un problema a nivel tecnológico: la cooperación espacial con China trajo satélites, financiamiento, formación y capacidades locales en varios países. Sin estos vínculos, muchas naciones no podrían desarrollar esas tecnologías por cuenta propia. Pero el debate por el doble uso pone sobre la mesa dudas sobre la operación, los datos que circulan y los controles. Sin embargo, la mayor incógnita de todas será coómo se seguirá moviendo cada país entre dos potencias que hoy tratan al espacio no como un bien común abstracto, sino como un terreno central de su competencia estratégica.



La primera argentina en viajar al espacio: cómo será la misión en 2027

La primera argentina en viajar al espacio: cómo será la misión en 2027
La ingeniera biomédica Noel Castro integra un proyecto conjunto entre la Comisión Nacional de Actividades Espaciales y empresas privadas. 



La ingeniera biomédica Noel Castro se convertirá en la primera argentina en viajar al espacio, impulsada por un proyecto conjunto entre la Comisión Nacional de Actividades Espaciales y empresas privadas. En diálogo exclusivo con Infobae a las Nueve, Castro detalló los desafíos de la misión y su objetivo de expandir la ciencia nacional fuera del planeta.

En una entrevista exclusiva para Infobae en vivo, la joven anticipó el hito histórico que protagonizará el año próximo: “Vamos bastante encaminados. Esperamos que el despegue sea en enero”. La salteña, formada en bioastronáutica, será la primera argentina en tripular una misión espacial, resultado de la cooperación entre CONAE y el sector privado.

Durante su paso por el estudio de Infobae a las Nueve, donde dialogó con Gonzalo Sánchez, Tatiana Schapiro, Ramón Indart y Cecilia Boufflet, Castro compartió detalles íntimos del proceso que la llevó a este desafío único. “Ahora va a empezar el entrenamiento, que es la parte más dura, empieza a finales de marzo, inicios de abril. Son nueve meses específicos de la misión espacial”.

El entrenamiento de una pionera y la misión argentina en el espacio

Castro reveló que la travesía será a bordo de un cohete de SpaceX: “Voy a viajar en la cápsula Dragon. Es la que hoy en día usa NASA para llevar a sus astronautas a la Estación Espacial Internacional”.

Aunque su lugar está casi asegurado, aclaró: “Estamos ahí. Creo que en las próximas dos semanas se termina de definir todo. Hasta que se arme toda la tripulación, puede ser que también se retrase el despegue. La industria espacial es así”.

Consultada sobre el objetivo central de la misión, destacó: “Como ingeniera biomédica, tengo un compromiso con NASA de los equipos de soporte vital. Pero del lado científico, la idea es llevar lo que Argentina quiera proponer. Estoy interesada en investigación biomédica, de cómo el cuerpo humano puede cambiar en el espacio, pero también queremos empezar a llevar granos al espacio. La agricultura se está estudiando mucho porque se quiere llegar a la Luna y, en el futuro, a Marte. Espero que Argentina pueda tener un futuro en la alimentación de los astronautas”.


La ingeniera biomédica Noel Castro será la primera argentina en viajar al espacio en una misión prevista para 2027.

La misión se nutre de un componente colectivo: “No trabajo para NASA, sino que NASA regula lo que voy a hacer en el espacio, porque ellos manejan la Estación Espacial Internacional. La idea es armar una misión que sea argentina, que pueda llevar desarrollo científico argentino, que la gente que esté acompañándome, médicos o gente que esté en Mission Control, sean argentinos. Que podamos capacitar argentinos en una misión espacial. Es un proyecto que va más allá de que Noel Castro va a subir a un cohete: es poder armar una misión compartida con muchos argentinos”.

El rol estratégico del Estado argentino y la formación científica

Castro detalló el papel clave de la CONAE y el Estado: “En cuanto a la parte regulatoria, porque todo esto tiene que tener una parte legal importante de cómo se hacen las colaboraciones entre Estados Unidos, NASA y Argentina. El Estado va a ser quien regula el proyecto espacial argentino, porque esta misión va a decantar con la Agencia Espacial Argentina, que es la CONAE, y va a tocar muchas aristas. Es importante empezar a armar un plan estratégico para que todo pueda fluir después de la misión”.

El proceso de selección de los experimentos científicos también será nacional y abierto: “Hicimos una convocatoria por las redes, así que todos los que estén en investigación pueden mandar su proyecto que quiera ser estudiado en microgravedad, y lo vamos a estar eligiendo con la CONAE. Vamos a definir cuál va más ligado a la estrategia espacial argentina que queramos”.


La trayectoria de Noel Castro, desde Salta hasta la bioastronáutica internacional, simboliza la integración de la ciencia argentina al ámbito espacial global (@noel.decastro)

La preparación es exhaustiva y multidimensional: “Antes de que empezara este entrenamiento, ya venía entrenando, sacaba mi licencia de piloto, buceo, pero siempre tenía mi tiempito libre. Ahora, que se vienen estos nueve meses, es un trabajo full time. Es entrenamiento físico, pero también la parte educativa. Me tengo que aprender toda la cápsula Dragon, todos los procesos de emergencia de la Estación Espacial Internacional, comunicaciones y la investigación que voy a hacer. Son 14 días que tengo que ordenar con todo el resto de investigaciones argentinas, estudiarlas, prepararme, ver cómo las vamos a hacer en el espacio. Se usa todo el tiempo”.

El sentido de pertenencia nacional atraviesa su relato: “Cada vez que pienso que vamos a llevar la bandera argentina, es algo así que me mueve. Cuando trabajo con Argentina puede ser complicado, con los tiempos de NASA que se mueven así, a veces me entra un poco de frustración y digo: ‘Quiero ver a mi país arriba, quiero empezar a ver que la gente ya no se pone la camiseta de NASA, se pone la camiseta de Argentina en el espacio’. Avanzar en la industria espacial argentina es lo que más me emociona”.

Desde sus inicios en Salta, pasando por la Universidad Favaloro, hasta convertirse en referente internacional, la historia de Castro es además un ejemplo de cómo la ciencia argentina puede integrarse a las grandes ligas: “Estudié en Buenos Aires, en la Universidad Favaloro, hice mi carrera de Ingeniería Biomédica. Después trabajé en un hospital y apliqué a la maestría en Bioastronáutica en Estados Unidos. Ahí empecé a relacionar la ingeniería biomédica con trajes espaciales, soporte de vida para astronautas. A la par, empecé mi segunda maestría en Ingeniería Aeroespacial. Fue espectacular”.

La futura astronauta también fue recibida por el presidente argentino Javier Milei: “Estuve con el presidente, sí. Está muy interesado en la industria espacial. Me preguntó de la misión, cómo podíamos traer todo lo que era la industria espacial a Argentina. Lo importante es que la misión pueda ser compartida con muchos argentinos”.



viernes, 27 de febrero de 2026

La argentina que es candidata a ser astronauta de la NASA y sueña con llegar a la Luna en la misión Artemis

La argentina que es candidata a ser astronauta de la NASA y sueña con llegar a la Luna en la misión Artemis
Lorna Evans es médica aeroespacial, piloto y referente en investigación espacial. Desde Florida, impulsa la ciencia y busca inspirar a jóvenes a perseguir sus sueños, con la mirada puesta en el espacio.
Por Fernanda Jara


La doctora Lorna Evans muestra con orgullo la bandera argentina en un evento de la NASA, simbolizando la presencia y el talento latinoamericano en la agencia espacial.

Cuando era niña, Lorna Evans salía al patio de su casa a contemplar el cielo, las estrellas y la Luna. No sabía qué la impulsaba a pasar largos ratos allí; simplemente se dejaba guiar por la emoción que sentía en ese momento de conexión con el cosmos. Pero un día encontró la respuesta: “¡Quiero ser astronauta!”, le dijo a su padre en aquel patio de Lanús que siempre compartían, donde el universo parecía al alcance de la mano.

Su padre, médico de terapia intensiva, fue un faro y una brújula para ella. “Desde muy chiquita tuve esa pasión por el universo, que también me inculcó mi papá”, recuerda sobre el hombre que la llevaba a ver volar aviones, y revive el momento en que él le contó que no había astronautas argentinos ni estaciones espaciales en el país. “Entonces, yo voy a ser la primera”, manifestó al aire cuando la llamaban Yeyé, y el mismísimo universo se encargó, desde entonces, de que todo comenzara a tomar forma.

A los 37 años, Lorna —egresada de Medicina de la UBA y piloto de vuelos privados— se postula como candidata a astronauta análoga en la NASA, la agencia espacial a la que llegó hace una década y donde actualmente colabora como investigadora externa en dos proyectos: uno analiza cómo se comporta el dióxido de carbono dentro de la Estación Espacial Internacional y sus efectos sobre los astronautas; el otro estudia la nutrición en el espacio, con un enfoque especial en la alimentación basada en plantas, para optimizar la salud de las tripulaciones en misiones de larga duración.

Sin dejar de lado a Yeyé confiesa: “Mi sueño es ser parte de la misión Artemis”, el programa espacial de la NASA que busca regresar astronautas a la Luna por primera vez desde 1972, establecer una presencia humana sostenible en la superficie lunar y en la órbita, y utilizar ese conocimiento para desarrollar las capacidades necesarias que permitan, en el futuro, enviar misiones tripuladas a Marte.


Lorna Evans de la NASA sonríe y hace un signo de paz en el Centro de Control de Misiones, donde pantallas gigantes y una figura del Capitán Kirk son visibles.

La UBA y el despertar de una vocación única

En la vida de Lorna, la determinación marcó el inicio de un camino que parecía impensado o poco alcanzable para una familia de clase media-baja, donde el esfuerzo y el estudio eran la mayor herencia. “No somos una familia pudiente; yo tenía que trabajar para mantenerme, pagar los viáticos a la facultad, las fotocopias de los apuntes y las horas de vuelo cuando comencé a estudiar para ser piloto”, cuenta sobre el momento en que unió sus pasiones.

La aviación apareció en paralelo, cumpliendo el sueño de estar lo más cerca posible del espacio, que tanto conmovía a Yeyé. Mientras cursaba Medicina en la UBA, Lorna trabajaba para costearse las horas necesarias para obtener su licencia de piloto. “Yo quería estar lo más cerca del cielo posible, y ser piloto me daba esa oportunidad. Nunca dejé de lado la idea de ser astronauta, y cuando vi los requisitos para lograrlo, noté que buscan pilotos con determinada cantidad de horas de vuelo. Para mí era un plus, pero sobre todo respondía al deseo de estar cerca del cielo”, reconoce.

El hogar, sostenido por el trabajo y el afecto, fue siempre el espacio donde sus sueños encontraron impulso antes de iniciar el camino que la trajo a este presente. “Mi papá me decía: ‘Te va a fascinar la medicina, te va a gustar mucho’. Y tenía razón, me fascinó”, admite. Así, la vocación médica y el amor por el universo crecieron en paralelo, como las dos puntas de un hilo de una misma madeja, aunque en ese momento no se diera cuenta del todo.

En la Universidad de Buenos Aires, Lorna encontró la base científica y la disciplina que marcarían su recorrido profesional. “La UBA me dio muchísimo. La universidad pública fue fundamental para mí. No éramos una familia superpudiente, pero con esfuerzo y gracias a la UBA pude construir mi camino, porque me dio todas las herramientas”, destaca con orgullo. La carrera se convirtió en un desafío atravesado por la resistencia y la pasión.


Lorna Evans de la NASA posa frente a una pantalla gigante que muestra un mapa mundial con órbitas satelitales en el Centro de Control de Misión.

El interés por la medicina aeroespacial surgió casi de manera natural. El primer contacto fue cuando le tocó hacer un examen psicofísico obligatorio para los alumnos de piloto privado. “Uno tiene que estar sano para volar un avión, tanto psicológica como físicamente. Ahí descubrí que había médicos que se dedicaban a eso y pensé: ‘¿Habrá alguna residencia, habrá algo?’”. Tardó segundos en averiguarlo.

En Argentina existía la residencia en Medicina Aeroespacial, pero orientada a la aviación militar y comercial. “Yo quería ir un paso más. Mi mente curiosa e investigadora quería hacer medicina aeroespacial vinculada a la microgravedad y a la salud de los astronautas”, recuerda sus motivaciones primarias cuando ni se imaginaba lo que la esperaba. Por eso, la falta de opciones no la desanimó; por el contrario, la impulsó a buscar oportunidades fuera del país.

Recibirse de médica fue apenas el comienzo. “Apenas me recibí pensé: ‘Bueno, en Argentina no hay oportunidad para hacer medicina espacial, solo hay para hacer aeronáutica... no me queda otra que irme al exterior’”, recuerda un tanto apenada el momento en que la realidad llegó de golpe. Se trasladó a Estados Unidos y llegó a la Mayo Clinic, donde comenzó como investigadora en cirugía robótica. “Yo seguía buscando oportunidades para hacer medicina aeroespacial y empecé a ver convocatorias en la NASA para estudiar medicina aeroespacial y realizar rotaciones como investigadora. Me postulé y me rechazaron muchas veces, pero seguí intentándolo”, cuenta.

El camino fue duro y agotador, y aunque fueron siete las veces en que le dijeron que no, insistió, porque si hay algo que marca su vida eso es la perseverancia. “Mis mentores me decían: ‘Seguí aplicando, seguí aplicando’... Apliqué y apliqué hasta que se me dio. Pude entrar, hacer investigación con la NASA en dos oportunidades y estudiar medicina aeroespacial y, más específicamente, medicina espacial”, detalla. El proceso fue lento, pero cada obstáculo se transformó en una lección de perseverancia y Yeyé saltaba de felicidad...


Lorna Evans sonríe con orgullo frente a un complejo panel de control, luciendo parches de las banderas de EE. UU. y Argentina en su uniforme

Tocar el cielo con las manos: la NASA

El día que finalmente ingresó a la NASA quedó grabado en su memoria. “Fue una felicidad extrema, algo que nunca había sentido en la vida adulta. Me hizo sentir como una niña otra vez, porque era realmente mi sueño de infancia: ser astronauta. No soy astronauta en este momento, pero estoy haciendo investigación en medicina aeroespacial, que es mi pasión, lo que amo. Y estoy en la NASA. Decirlo es: ¡guau!”, enfatiza y no evita reír con una humildad asombrosa que destacará durante toda la entrevista.

Desde ese día ya pasaron unos diez años. Lorna ahora está en Florida, trabajando de forma externa en dos proyectos en la NASA y pensando en el deseo supremo de ser candidata a astronauta análoga tras la postulación al programa HERA o Análogo de Investigación de Exploración Humana.

Esta experiencia, dice, le permitió comprender de cerca los desafíos de la vida en el espacio y cómo se vincula la investigación científica con la salud de los astronautas, consolidando su camino dentro de la NASA y preparándose para futuras misiones de larga duración o incluso para la Estación Espacial Internacional.


Lorna posa sonriente frente a la entrada principal del Centro Espacial Johnson de la NASA, con el icónico logotipo en el suelo

Ser astronauta implica una gran responsabilidad, no solo por la investigación científica, sino también por el impacto en futuras generaciones. “Es una oportunidad para inspirar a niños y jóvenes argentinos a interesarse por las ciencias STEM —Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas—, motivarlos a perseguir sus sueños y demostrarles que todo se puede lograr con perseverancia, convicción, trabajo y fe. Para mí, esta es una forma de contribuir al avance de la ciencia y seguir explorando, algo que me inspiró desde que era niña”, dice emocionada.

La experiencia en la agencia espacial estadounidense no solo impulsó su crecimiento profesional, sino que también le devolvió el asombro de la infancia. Aunque el trabajo era intenso y las jornadas largas, nada pesaba cuando se trataba de dedicarse a lo que más le apasiona. “No se siente como un trabajo. Eran días exigentes, desde las ocho de la mañana hasta las cuatro de la tarde, y después seguía con mi proyecto de investigación. Dormía poco, pero lo hacía con gusto”, reconoce.

En la actualidad, Lorna vive en Jacksonville, Florida, donde trabaja en la Mayo Clinic en proyectos de investigación en medicina aeroespacial y aeronáutica, en colaboración con la NASA.


Lorna Evans de NASA sonríe junto a la cápsula espacial Orion en una instalación de la agencia, donde se prepara para futuras misiones espaciales.

Medicina aeroespacial

La medicina aeroespacial se dedica a estudiar y cuidar la salud, la seguridad y el rendimiento de las personas que viajan o trabajan en la aviación y en el espacio. Es un campo que combina medicina, ciencia y exploración para entender cómo responde el cuerpo humano en entornos muy distintos a los de la Tierra. En la aviación y en el espacio existen desafíos únicos, como la microgravedad, la radiación, las fuerzas G o los cambios en la presión y el oxígeno. Todos esos factores pueden afectar al organismo. Por eso, quienes trabajan en esta área buscan comprender esos efectos y desarrollar estrategias para que las personas estén preparadas, se mantengan seguras y puedan desempeñarse de la mejor manera posible.

“Se trata de un campo muy amplio que estudia desde el vuelo atmosférico y espacial hasta otros entornos extremos. A medida que aprendemos más sobre estos ambientes, podemos ayudar a que las misiones y la exploración espacial sean cada vez más seguras y, si se anticipa algún tipo de desafío, trabajar para mitigarlo mediante protocolos específicos”, explica la doctora Evans.

Su trabajo con la NASA y en la Mayo Clinic le permitió sumergirse en esta disciplina de manera práctica. “Mi objetivo es entender cómo los viajes espaciales afectan la fisiología y cómo podemos intervenir para proteger la salud de los astronautas. No solo se trata de misiones de corto plazo; estamos pensando en misiones a Marte o estancias prolongadas en la Luna”, detalla sobre los programas espaciales que llegan a durar un año o varios meses. Gracias a esto, desarrolló protocolos de cirugía robótica y entrenamiento para entornos de microgravedad, con simuladores que replican las condiciones del espacio para preparar futuras tripulaciones.


Lorna Evans en la NASA.

Lorna cuenta con pasión todo lo que se vive en el espacio, el día a día de los astronautas, dando a entender que lo que pasan es un laboratorio en sí mismo. “Experimentan microgravedad y fuerzas G que ponen al cuerpo en situaciones límite. Su ritmo circadiano se altera porque la estación da dieciséis vueltas al planeta por día. Necesitan horarios rigurosos para dormir; los fluidos se desplazan hacia la cabeza, lo que impacta en los ojos, los huesos y la salud renal. La alimentación está empaquetada y deshidratada; hasta la sal y la pimienta vienen en formato acuoso para evitar riesgos”, describe Evans. Cada día implica experimentación científica, mantenimiento de la nave y tareas operativas, además de ejercicios, meditación y comunicación con sus familias. Incluso dormir requiere procedimientos específicos: si no se atan dentro de la bolsa de dormir, flotan, y deben simular la noche aunque haya luz solar constante.

El entrenamiento previo es tan exigente como la vida en órbita. “El proceso de selección de la NASA es extremadamente competitivo. Incluye simulaciones de microgravedad en piletas y misiones análogas en módulos terrestres durante 45 días. Tuve el placer de postularme al programa HERA (Human Exploration Research Analog), en Houston, Texas, un hábitat de simulación diseñado para estudiar los efectos del aislamiento, el confinamiento y el estrés en tripulaciones de larga duración”, cuenta orgullosa.

Durante estas simulaciones, tripulaciones de cuatro voluntarios realizan investigaciones científicas y tareas operativas mientras enfrentan retrasos en la comunicación y ciclos de luz y oscuridad, permitiendo estudiar cómo estos factores afectan la salud, el rendimiento y la dinámica de la tripulación. En años anteriores, hubo 15 mil personas postuladas y quedaron cuatro, igual que este año.


Junto a Jessica Watkins, astronauta de la NASA, geóloga y exjugadora de rugby que hizo historia en 2022 al convertirse en la primera mujer afroamericana en cumplir una misión de larga duración en la Estación Espacial Internacional (EEI)

La concreción de otro sueño

El recorrido de Lorna Evans no solo se traduce en logros individuales, sino en la construcción de oportunidades para toda una generación de profesionales latinoamericanos. Para eso creó la Asociación Latinoamericana de Medicina Aeroespacial, Ingeniería y Biotecnología (AIMA) y, junto a su equipo, organizó el primer Congreso Latinoamericano de Medicina Aeroespacial, un espacio de encuentro, formación y motivación para médicos, enfermeros, ingenieros biomédicos y todos los interesados en la exploración espacial.

“Lo más importante para mí es que las próximas generaciones se vean inspiradas y quieran dedicarse a esto. Y que quienes ya tienen interés encuentren una manera concreta de hacerlo realidad”, asegura. La ONG busca acortar los tiempos de acceso a la especialización y brindar las herramientas necesarias para que los profesionales argentinos y latinoamericanos puedan formarse al mismo nivel que en Estados Unidos o Europa. “Fue algo muy difícil de lograr, casi descabellado, pero porque no hay un camino armado en esto. Yo tuve que abrirme paso a través de todo”, reflexiona con el anhelo de que a las demás les cueste menos...

Por eso, el objetivo es doble: formar y motivar. Los programas incluyen talleres, seminarios, simulaciones y oportunidades de investigación que conectan a los participantes con la ciencia de frontera. “Queremos ayudar y formar a las próximas generaciones de profesionales para que puedan acceder a estas oportunidades. No se trata solo de inspirar, sino de darles un camino concreto para desarrollarse”, señala.


Lorna Evans durante su entrenamiento en el NBL (Neutral Buoyancy Laboratory), una de las piscinas más grandes del mundo, donde los astronautas practican maniobras y procedimientos en un entorno que simula la microgravedad del espacio

Además, la asociación busca fomentar la curiosidad y el interés por la ciencia en los más jóvenes. “Si un niño o adolescente ve que alguien como él puede trabajar con la NASA, estudiar medicina aeroespacial y participar en simulaciones como HERA, puede imaginar que él también puede hacerlo. La idea es motivarlos, mostrarles que los sueños difíciles se pueden lograr con perseverancia, convicción, trabajo y fe”, enfatiza.

“Se puede lograr. Incluso alguien que no tiene todos los recursos, como fue mi caso. Con esfuerzo, gracias a la universidad pública y también al propio compromiso, por eso es importante rodearse de personas que acompañen y estimulen. Mi mentor me decía: ‘No te preocupes, seguí adelante, vas a entrar’. Y ese es el mensaje que quiero dejar para que llegue a quienes lo necesitan. Existe la medicina aeroespacial, existe la medicina aeronáutica. Queremos construir caminos para que los profesionales argentinos puedan cumplir sus sueños como lo estoy haciendo yo”.

Emocionada concluye: “Quiero inspirar a los jóvenes a que sigan sus sueños, que sí se puede. Incluso si parece imposible, se puede lograr”. Lorna habla con inspiración y pasión; emociona tanto que es fácil imaginar que Yeyé ahora mira las estrellas con una enorme sonrisa.

*Puede seguir a Lorna Evans en la cuentas de Instagram almaib.inc / lorna.am