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jueves, 2 de abril de 2026

Primer día de la misión lunar de la NASA: un percance con el baño y maniobras de la nave espacial

Primer día de la misión lunar de la NASA: un percance con el baño y maniobras de la nave espacial
El primer día de la misión Artemis II , la tripulación entró en órbita terrestre y se preparó para su viaje alrededor de la Luna.
Por Jackie Flynn Mogensen


Vista de la Tierra desde la nave espacial Orión de la NASA mientras orbita sobre el planeta durante el vuelo de prueba Artemis II. [NASA]

La misión Artemis II de la NASA ha comenzado oficialmente, y el primer día estuvo marcado por una serie de maniobras exitosas y un problema —afortunadamente— solucionado con el inodoro a bordo.

La tripulación de Artemis II está compuesta por los astronautas de la NASA Reid Wiseman, Victor Glover y Christina Koch, y el astronauta de la Agencia Espacial Canadiense Jeremy Hansen. Poco después de despegar, se les encomendó una prueba crucial: comprobar el funcionamiento del inodoro. Al fin y al cabo, esta es la primera vez que una nave espacial tripulada con destino a la Luna cuenta con un inodoro funcional.

Según la NASA, fue preocupante que detectaran una "luz de avería intermitente" en el inodoro, pero el problema duró poco y ya se ha solucionado.

El inodoro es una innovación notable. Fabricado en titanio, se encuentra en el suelo de la nave espacial Orion y permite a los astronautas defecar y orinar simultáneamente, un lujo del que carecían los astronautas que utilizaban modelos de inodoros anteriores. (Los astronautas del programa Apolo usaban bolsas para recoger sus desechos). Además, como otra primicia para las misiones lunares, también cuenta con una puerta.

Según los informes, el software también estaba fallando: en una grabación de la transmisión en vivo desde Orion, se podía escuchar a los astronautas decir que sus computadoras tenían dos versiones de Microsoft Outlook, ninguna de las cuales parecía funcionar. La NASA no respondió de inmediato a la solicitud de comentarios sobre este tema realizada por Scientific American .

Sin embargo, la resolución de problemas no era la única tarea en la lista de pendientes del equipo para el primer día.

Los astronautas también practicaron una importante maniobra de acoplamiento para probar las capacidades de la nave Orion de cara a futuras misiones. Glover, el piloto de la misión, probó la capacidad de la nave para moverse hacia arriba, abajo, izquierda y derecha, así como para inclinarse en el espacio, algo fundamental para garantizar su maniobrabilidad en futuras misiones.

En la prueba de acoplamiento, en lugar de acoplarse a otra nave espacial, la tripulación utilizó un objetivo en la etapa de propulsión criogénica provisional (ICPS), que originalmente formaba parte del cohete Space Launch System (SLS) que lanzó a Orion y a la tripulación al espacio antes de separarse de la cápsula.

Tras la prueba, el ICPS encenderá sus motores para una "quemadura de eliminación", que lo enviará de vuelta a la Tierra y al Océano Pacífico.

La nave Orion también realizó varias maniobras de propulsión, incluida una el jueves por la mañana , para elevar su órbita, asegurándose de que no volviera a caer a la Tierra y colocándola en la trayectoria correcta mientras orbita el planeta antes de dirigirse a la Luna.

El resto del segundo día también incluirá algunas maniobras importantes, aunque después de que los astronautas hayan descansado. Alrededor de las 8:12 p. m. EDT del jueves, la tripulación de Artemis II realizará una maniobra de inyección translunar, un paso crucial que impulsará a la nave Orion hacia la Luna. Durante esta maniobra, los motores permanecerán encendidos durante aproximadamente seis minutos.



domingo, 22 de marzo de 2026

El Comando Sur alerta por 12 sitios espaciales chinos en la región y Argentina queda en el foco por los más sensibles

El Comando Sur alerta por 12 sitios espaciales chinos en la región y Argentina queda en el foco por los más sensibles



  • El jefe del Comando Sur afirmó ante el Congreso de Estados Unidos que entidades chinas ya tienen presencia o buscan acceso a al menos 12 sitios espaciales en la región.
  • Washington sostiene que esas instalaciones podrían servir para monitorear satélites, recolectar información sobre activos militares e interceptar datos sensibles.
  • Aunque el documento no identifica los países ni los emplazamientos, Argentina vuelve a quedar bajo la lupa por la estación de Neuquén y otros proyectos vinculados a Beijing.
  • La advertencia forma parte de una preocupación más amplia de Estados Unidos por la infraestructura de uso dual que China desarrolla en el hemisferio occidental.

Estacion de Espacio Profundo China Neuquen

El Comando Sur de Estados Unidos volvió a poner a la infraestructura espacial china en América Latina en el centro de la competencia estratégica. En su declaración anual ante la Cámara de Representantes, el general Francis L. Donovan advirtió que entidades chinas ya controlan o buscan acceso a por lo menos 12 sitios espaciales en América del Sur y el Caribe, una red que, según Washington, podría utilizarse para monitorear satélites en el hemisferio occidental, recolectar información sobre activos militares estadounidenses e interceptar datos sensibles. La advertencia elevó el perfil de un tema que hasta hace poco aparecía circunscripto a debates técnicos y de defensa.

La novedad no pasa solo por el número. Lo más relevante es que el Comando Sur ya incorpora esa infraestructura dentro de una discusión más amplia sobre posiciones estratégicas, instalaciones de uso dual e influencia china en áreas críticas del hemisferio. En la lógica de Washington, no se trata de antenas aisladas ni de acuerdos científicos desconectados entre sí, sino de una red con valor operativo, tecnológico y geopolítico, en un momento en que la competencia con Beijing dejó de girar únicamente en torno al comercio y las telecomunicaciones.

Aunque la declaración no detalla uno por uno los países o emplazamientos involucrados, Argentina aparece inevitablemente en el centro de esa lectura. El motivo es doble: por un lado, por la estación de espacio profundo instalada en Neuquén; por otro, por la acumulación de otros proyectos, acuerdos y desarrollos asociados a la cooperación espacial con China en distintos puntos del país. Para Estados Unidos, el problema no es únicamente la existencia de esas instalaciones, sino el valor estratégico que adquieren por ubicación, capacidad de seguimiento y eventual utilidad militar indirecta.


Crédito: Programa de China del IISS

Argentina, en el punto más sensible del mapa

El caso más conocido es la estación de espacio profundo de Neuquén, operada en el marco de la cooperación entre la CONAE y China. Desde la posición oficial argentina, la instalación tiene fines pacíficos y científicos, vinculados al seguimiento de misiones espaciales y a programas de exploración de espacio profundo. Sin embargo, desde hace años Washington mira el acuerdo con desconfianza por el tipo de organismo chino involucrado, por el margen de opacidad sobre determinadas actividades y por el potencial de uso dual que tienen este tipo de infraestructuras.

A eso se suma otro dato clave: la ubicación geográfica argentina le ofrece a China una ventaja que no puede replicar desde su propio territorio. La posición austral del país permite cubrir trayectorias orbitales, ventanas de observación y segmentos del cielo particularmente valiosos para seguimiento satelital, enlaces de espacio profundo y telemetría. Esa condición convierte al territorio argentino en una pieza especialmente atractiva dentro de cualquier arquitectura espacial con ambición global.

Por eso, cuando el Comando Sur habla de 12 sitios en la región, la preocupación no se agota en la cantidad. Lo que subyace es una evaluación sobre cuáles de esos nodos ofrecen mayor valor operativo. En ese punto, Argentina sobresale por albergar algunos de los emplazamientos más sensibles del hemisferio, tanto por localización como por la naturaleza de las capacidades que pueden brindar. No se trata solo de infraestructura científica: para Washington, el riesgo es que esos activos aporten redundancia, cobertura y profundidad a un entramado espacial chino cada vez más extendido en el hemisferio sur.


Imagen satelital de la Base Espacial China en Argentina. Crédito: Google Earth

La advertencia también se inscribe en una visión más amplia del Comando Sur sobre la presencia china en América Latina. En su declaración, la cuestión espacial aparece junto con puertos, minerales críticos, corredores logísticos y acceso a infraestructura estratégica. Eso muestra que Estados Unidos ya no analiza estos avances como fenómenos separados, sino como parte de una misma competencia por posiciones, acceso y capacidad de influencia en su área de interés inmediato.

Del lado argentino, la defensa oficial sigue apoyándose en el carácter pacífico de los acuerdos firmados con China y en las cláusulas que limitan el uso militar de las instalaciones. Pero el problema para Washington no pasa tanto por la letra de esos compromisos como por la dificultad para verificar de manera permanente qué funciones cumplen estos nodos y cómo se articulan dentro de una red regional más amplia.

Lo que deja la nueva advertencia del Comando Sur es un cambio de escala en el debate. La presencia espacial china en América Latina ya no aparece como un tema marginal ni como una controversia diplomática episódica. Para Estados Unidos, forma parte de la disputa por infraestructura crítica en el hemisferio occidental. Y dentro de ese tablero, Argentina vuelve a quedar bajo la lupa por alojar algunos de los activos que, por ubicación y capacidades, resultan más sensibles para esa competencia.



viernes, 20 de marzo de 2026

Argentina despega al espacio: el plan para ser potencia que llegó al Congreso

Argentina despega al espacio: el plan para ser potencia que llegó al Congreso
La propuesta es impulsada por Noel De Castro, candidata argentina a astronauta, junto a otras organizaciones.
por Francisco Angulo



Un proyecto presentado ante el Congreso de la Nación propone declarar de interés estratégico nacional al sector espacial argentino y crear un Régimen de Promoción específico destinado a impulsar el desarrollo económico de esta industria.

La iniciativa apunta a transformar las capacidades científicas y tecnológicas del país en actividad económica sostenida, exportaciones de alto valor agregado y generación de empleo calificado.

La propuesta fue impulsada por Noel De Castro, candidata argentina a astronauta, junto a organizaciones del ecosistema espacial como Constelar Space, la Red Espacial Argentina y Propulsar, Ecosistema Espacial Argentino.

De aprobarse, la iniciativa podría convertirse en uno de los pilares estratégicos para el desarrollo tecnológico, industrial y productivo de la Argentina en las próximas décadas.

Argentina y su trayectoria en el desarrollo espacial

Argentina cuenta con una larga tradición en el desarrollo de tecnología espacial, reconocida a nivel internacional. A lo largo de los años, el país ha desarrollado satélites, infraestructura científica y capacidades técnicas que lo posicionan como uno de los actores relevantes en América Latina.

Sin embargo, según el proyecto presentado, esas capacidades aún no se han traducido plenamente en un mercado económico espacial estructurado, capaz de generar actividad comercial sostenida, atraer inversiones y exportar servicios tecnológicos.

Los impulsores del proyecto sostienen que el contexto internacional actual presenta una oportunidad histórica para que Argentina fortalezca su presencia en la llamada economía espacial global, un sector que crece rápidamente y que involucra actividades como:
  • Desarrollo de satélites
  • Servicios de observación terrestre
  • Comunicaciones espaciales
  • Tecnologías aplicadas a agricultura, energía y minería
  • Investigación científica en órbita
En ese escenario, el país necesitaría un marco legal y económico que permita transformar el conocimiento científico en actividad productiva.

Qué propone el proyecto de ley

El proyecto plantea dos medidas centrales:
  • Declarar al sector espacial como área de interés estratégico nacional.
  • Crear un Régimen de Promoción del Sector Espacial Argentino.
La iniciativa busca establecer reglas claras, incentivos económicos y herramientas institucionales que permitan consolidar el crecimiento del sector.

Entre los principales objetivos se encuentran:
  • Fortalecer la industria espacial nacional
  • Promover la formación de profesionales especializados
  • Impulsar la articulación público-privada
  • Incrementar la inversión en investigación y desarrollo
  • Integrar al país en las cadenas globales de valor del sector espacial
Según los fundamentos del proyecto, el desarrollo del sector espacial debe entenderse como una política de Estado de largo plazo, con metas progresivas y mecanismos de seguimiento institucional.

La economía espacial como motor de desarrollo

Uno de los conceptos centrales de la iniciativa es el de economía espacial, que refiere al conjunto de actividades económicas vinculadas con el uso del espacio y las tecnologías derivadas.

El documento sostiene que el desarrollo de este sector no surge de manera espontánea, sino que requiere decisiones estratégicas del Estado para generar condiciones de mercado favorables.

En ese sentido, el proyecto toma como referencia experiencias internacionales en las que los gobiernos crean marcos regulatorios que reducen riesgos y atraen inversiones privadas, permitiendo el crecimiento de empresas y startups del sector.

El objetivo sería transformar capacidades científicas dispersas en un ecosistema económico organizado, capaz de generar:
  • contratos internacionales
  • exportaciones tecnológicas
  • inversiones extranjeras
  • empleo altamente calificado
Impacto en sectores productivos de la economía

El proyecto destaca que el desarrollo de tecnología espacial tiene efectos directos sobre múltiples sectores productivos.

Entre las áreas que podrían beneficiarse se mencionan:
  • agricultura de precisión
  • energía
  • minería
  • planificación territorial
  • infraestructura
  • telecomunicaciones
  • logística
  • seguridad y defensa
Las tecnologías espaciales permiten, por ejemplo, monitorear cultivos, detectar cambios ambientales, mejorar sistemas de navegación y optimizar la gestión de recursos naturales.

Por esa razón, los impulsores de la iniciativa consideran que la economía espacial debe ser entendida como una infraestructura estratégica para la toma de decisiones del Estado y el desarrollo productivo.

Economía espacial y exportación de servicios

Uno de los principales objetivos es posicionar a la Argentina como proveedor regional e internacional de servicios espaciales.

Para ello se plantea:
  • crear incentivos para atraer proyectos tecnológicos
  • promover la participación en ferias internacionales
  • facilitar la instalación de empresas del sector
  • desarrollar programas de experimentación espacial aplicada
Infraestructura tecnológica y cadena de valor

Otra de las líneas de acción consiste en relevar y organizar las capacidades espaciales existentes en el país.

El proyecto identifica componentes clave de la cadena de valor, entre ellos:
  • estaciones terrenas
  • servicios de comunicaciones satelitales
  • desarrollo de satélites y nanosatélites
  • sistemas de propulsión y cohetería
  • industria metalmecánica aplicada al espacio
  • electrónica avanzada y nanotecnología
  • sistemas energéticos y paneles solares espaciales
Creación de un centro de entrenamiento de astronautas

La iniciativa también contempla la creación de un Centro de Entrenamiento de Astronautas y Capacidades Humanas Espaciales.

Este centro tendría como objetivo preparar a profesionales para misiones espaciales mediante entrenamiento en condiciones extremas, incluyendo:
  • aislamiento prolongado
  • operaciones en entornos hostiles
  • simulaciones de vuelo espacial
  • entrenamiento físico y psicológico especializado
El proyecto plantea aprovechar capacidades ya existentes en instituciones del Estado, como las Fuerzas Armadas, para desarrollar estas actividades.

En ese sentido, los impulsores del proyecto consideran que la economía espacial puede convertirse en uno de los motores de innovación y crecimiento de la Argentina en el siglo XXI.



martes, 17 de marzo de 2026

Mendoza avanza con su plan espacial mientras el Conicet abre alianzas

Mendoza avanza con su plan espacial mientras el Conicet abre alianzas
Argentina empieza a organizar su economía espacial: un diálogo entre el Conicet y Axiom Space y un plan estratégico que se impulsa desde Mendoza.


Reuniones científicas y planes provinciales revelan un movimiento creciente en el sector aeroespacial argentino, con Mendoza buscando consolidar su rol. (Imagen ilustrativa) ChatGPT

El sector aeroespacial argentino empieza a mostrar algunos movimientos que, aunque todavía incipientes, reflejan un proceso de organización que involucra al sistema científico, universidades y empresas. En los últimos días se conocieron dos hechos que ocurrieron casi en paralelo y que apuntan en esa dirección.

Por un lado, el Conicet mantuvo una reunión con referentes del ecosistema espacial privado argentino y con representantes de una empresa internacional que desarrolla misiones espaciales. Al mismo tiempo, en Mendoza se avanza en la construcción de un Plan Estratégico Aeroespacial provincial con participación académica y del sector productivo.

Ambos procesos se desarrollan en ámbitos distintos, pero reflejan una misma tendencia: la búsqueda de articular conocimiento, industria y talento local para insertarse en la creciente economía espacial global.

El sistema científico busca alianzas internacionales



En el plano nacional, el presidente del Conicet, Daniel Salamone, recibió a integrantes de Propulsar – Ecosistema Espacial Argentino y a representantes de la empresa estadounidense Axiom Space, dedicada al desarrollo de misiones espaciales tripuladas.

El encuentro tuvo como objetivo explorar oportunidades de cooperación en ciencia aeroespacial y analizar posibles líneas de trabajo conjunto que permitan integrar capacidades científicas argentinas en proyectos internacionales.

Propulsar es una iniciativa que reúne a empresas tecnológicas, startups, inversores, universidades y especialistas interesados en impulsar el desarrollo de la economía espacial en el país. Durante la reunión se intercambiaron perspectivas sobre las capacidades existentes en Argentina y los desafíos para articularlas con el sector privado.

Entre los temas que se abordaron también apareció la experiencia de Noel De Castro, candidata argentina a astronauta para una futura misión tripulada de Axiom Space, además de posibles convocatorias que permitan vincular proyectos científicos con el desarrollo tecnológico espacial.

Mendoza avanza con su propio plan aeroespacial



Mientras tanto, en Mendoza se realizó un paso importante en la construcción del Plan Estratégico Aeroespacial Provincial. El proceso se desarrolló en el marco del 7° Foro de Inversiones y Negocios de Mendoza, donde se realizó un taller para avanzar en la segunda etapa del proyecto.

La iniciativa es impulsada por el Clúster Aeroespacial Mendoza y cuenta con la participación de universidades, empresas y distintos actores del ecosistema tecnológico local. Según se explicó durante el taller, la primera etapa del plan incluyó un relevamiento del entramado productivo, tecnológico y científico vinculado al sector aeronáutico y espacial de la provincia. Ese trabajo permitió identificar capacidades existentes, detectar brechas y dimensionar el potencial que tiene Mendoza en este campo.

Universidades y redes de conocimiento como base del ecosistema

El desarrollo de sectores tecnológicos emergentes también depende de la capacidad de las instituciones académicas para articularse y generar conocimiento aplicado. En ese sentido, las universidades mendocinas comenzaron a fortalecer espacios de cooperación orientados a la innovación y la sustentabilidad.

El pasado 3 de marzo se realizó una reunión en el edificio de Rectorado de la Universidad Nacional de Cuyo (UNCuyo) para renovar compromisos dentro de la iniciativa Acción Colmena y profundizar el conocimiento sobre el Proyecto RITA (Regions Impact to Alliance).

Acción Colmena promueve la generación colaborativa de iniciativas vinculadas a la sustentabilidad y al desarrollo regional dentro de la comunidad académica de Mendoza. El espacio fomenta el diálogo interuniversitario y permite visibilizar prácticas ambientales, sociales y educativas que ya se desarrollan en distintas casas de estudio.

La red está integrada por la Universidad del Aconcagua, la Universidad Nacional de Cuyo, la Universidad Tecnológica Nacional, la Universidad de Mendoza, la Universidad de Congreso, la Universidad Champagnat, la Universidad Maza, el Instituto Universitario de Ciencias Empresariales, la Universidad Católica Argentina y la Universidad Siglo 21.

Dentro de ese mismo ámbito también se presentaron avances del proyecto RITA, una iniciativa que busca fortalecer regiones de impacto mediante alianzas entre universidades, organizaciones e instituciones públicas y privadas. La propuesta destaca el rol estratégico de las universidades en la construcción de territorios más sostenibles y con mayor capacidad de innovación.

Un sector que empieza a organizarse

Aunque todavía se trata de iniciativas en desarrollo, los movimientos que comienzan a registrarse en el país muestran un escenario en el que ciencia, universidades y empresas empiezan a articularse alrededor de la llamada economía espacial.

En ese contexto, provincias como Mendoza buscan identificar sus capacidades y construir estrategias propias para participar de un sector que, a nivel global, crece de la mano de nuevas tecnologías, inversión privada y cooperación internacional.



sábado, 28 de febrero de 2026

China despliega en América Latina una red espacial de doble uso y enciende alarmas en Washington

China despliega en América Latina una red espacial de doble uso y enciende alarmas en Washington



Estados Unidos volvió a poner la lupa sobre la presencia espacial de China en América Latina. Un nuevo informe del Congreso norteamericano sostiene que lo que Pekín presenta como cooperación científica y tecnológica también funciona como infraestructura de apoyo para operaciones militares. En el centro de la discusión está una red de estaciones terrestres, radiotelescopios y sistemas de seguimiento que, según el documento, permitiría rastrear satélites y recolectar inteligencia en el hemisferio occidental.

La investigación fue publicada por el Select Committee on the Chinese Communist Party de la Cámara de Representantes, y afirma haber identificado al menos once instalaciones vinculadas a China en Argentina, Venezuela, Bolivia, Chile y Brasil. El texto, titulado Pulling Latin America into China’s Orbit, presenta estas capacidades como parte de una estrategia más amplia de “fusión civil-militar” y de expansión global del segmento terrestre chino, la infraestructura en tierra que permite comandar satélites, bajar datos y seguir objetos en órbita.


China despliega en América Latina una red espacial de doble uso y enciende alarmas en Washington. Crédito: Select Committee on China.

El informe de Washington

Es claro que tener satélites en órbita no sirve de nada si no se tienen antenas en tierra que reciban los datos y comanden la operación. El informe sostiene que China habría asegurado acceso a nodos clave en América Latina para mejorar sus capacidades para detectar, seguir y predecir movimientos de satélites y basura espacial. Para Washington, además de tener valor científico, eso también puede apoyar operaciones de inteligencia, contraespacio y planificación militar.

En su comunicado, el comité enmarca el tema como un riesgo directo para los sistemas satelitales de los que dependen comunicaciones, navegación y servicios críticos. Además, recomienda que la NASA revise cooperaciones para evitar violaciones a la “Wolf Amendment”, una restricción legal a la cooperación bilateral con China. Finalmente, sugiere que el gobierno estadounidense busque frenar la expansión de infraestructura espacial china en la región.

El informe agrupa tres tipos de infraestructura. Primero, las estaciones terrenas, con antenas que realizan telemetría, seguimiento y comando (TT&C). Éstas monitorean el estado de salud de un satélite, le envían órdenes y bajan datos. Segundo, los radiotelescopios, que en astronomía detectan señales muy débiles del espacio, pero también pueden contribuir a detectar emisiones y tareas de seguimiento de objetos en órbita. Tercero, los sitios de Satellite Laser Ranging (SLR), que miden distancias con pulsos láser reflejados por satélites y permiten calcular órbitas con gran precisión. En particular, el reporte afirma que esa precisión puede ser relevante para sistemas militares que requieren geodesia fina y referencias exactas.

Ubicada en China, una antena solo puede comunicarse con un satélite pasa relativamente cerca de su territorio y tiene contacto con él. Pero, cualdo los satélites pasan por el otro hemisfero, Pekín pierde el contacto. Para lograr cobertura casi continua, hacen falta estaciones distribuidas por el planeta, y América Latina es parte de esa lógica.

El caso argentino: Neuquén, San Juan y Río Gallegos

Argentina aparece como uno de los ejes del informe. El documento destaca la Estación CLTC–CONAE de Neuquén, parte de la red china de espacio profundo y operada en cooperación con la agencia espacial argentina. En la visión estadounidense, la preocupación no es tanto la antena, sino el control y la supervisión sobre qué tráfico se cursa y con qué fines.

Del lado argentino, hay información pública que describe un uso civil y científico. La CONAE explica que la estación brinda soporte de telemetría, seguimiento y control para misiones del programa chino de exploración lunar. También hay comunicados oficiales que muestran su uso como apoyo a misiones específicas, como el satélite Queqiao y el programa interplanetario hacia Marte.

Además de Neuquén, el informe menciona un proyecto SLR en el Observatorio Astronómico Félix Aguilar, en San Juan, y una estación en Río Gallegos vinculada a servicios satelitales comerciales. En este último caso, el documento afirma que el sitio tendría antenas en bandas X y C y lo conecta con empresas y personal que, según su análisis, tendrían lazos con estructuras militares chinas. Se trata de señalamientos que el comité presenta como parte de su argumento de doble uso.

Chile, Brasil, Bolivia y Venezuela: ciencia, datos y geopolítica

En Chile, el debate se cruzó con proyectos astronómicos y de procesamiento de datos. Un caso citado fue el de un observatorio chino en el desierto de Atacama, que quedó bajo revisión en medio de presiones políticas y cuestionamientos de seguridad. China, por su parte, defiende estas iniciativas como científicas y acusa a Estados Unidos de politizar la cooperación.

Brasil aparece asociado a cooperación académica y a proyectos de radioastronomía. A fines de 2025, por ejemplo, se anunció la creación de un laboratorio conjunto China–Brasil para tecnologías de radioastronomía. El informe del comité toma este tipo de infraestructura como potencialmente reutilizable para tareas de seguimiento de satélites y clasificación de emisiones, aun cuando su objetivo declarado sea científico.

En Bolivia y Venezuela, el foco pasa por estaciones de control de satélites ligadas a programas nacionales desarrollados con soporte chino. El reporte describe nodos TT&C como parte de una red regional más amplia. Además, sostiene que, una vez instaladas, estas capacidades pueden prestar servicios a terceros, desde control de satélites hasta apoyo a enlaces y transferencia de datos.
Un capítulo más de la competencia espacial global

El informe refleja un cambio de época, en el que las discusiones geopolíticas sobre poder ya no pasan solo por infraestructura militar terrestre, sino por bases o estaciones espaciales. La carrera espacial contemporánea no es únicamente por desarrollar cohetes reutilizables o llegar a la Luna. También es por la red de antenas y centros de cómputo que hacen funcionar a los satélites que orbitan allá arriba y permiten saber qué hay en el espacio.

Para América Latina, representa un problema a nivel tecnológico: la cooperación espacial con China trajo satélites, financiamiento, formación y capacidades locales en varios países. Sin estos vínculos, muchas naciones no podrían desarrollar esas tecnologías por cuenta propia. Pero el debate por el doble uso pone sobre la mesa dudas sobre la operación, los datos que circulan y los controles. Sin embargo, la mayor incógnita de todas será coómo se seguirá moviendo cada país entre dos potencias que hoy tratan al espacio no como un bien común abstracto, sino como un terreno central de su competencia estratégica.



La primera argentina en viajar al espacio: cómo será la misión en 2027

La primera argentina en viajar al espacio: cómo será la misión en 2027
La ingeniera biomédica Noel Castro integra un proyecto conjunto entre la Comisión Nacional de Actividades Espaciales y empresas privadas. 



La ingeniera biomédica Noel Castro se convertirá en la primera argentina en viajar al espacio, impulsada por un proyecto conjunto entre la Comisión Nacional de Actividades Espaciales y empresas privadas. En diálogo exclusivo con Infobae a las Nueve, Castro detalló los desafíos de la misión y su objetivo de expandir la ciencia nacional fuera del planeta.

En una entrevista exclusiva para Infobae en vivo, la joven anticipó el hito histórico que protagonizará el año próximo: “Vamos bastante encaminados. Esperamos que el despegue sea en enero”. La salteña, formada en bioastronáutica, será la primera argentina en tripular una misión espacial, resultado de la cooperación entre CONAE y el sector privado.

Durante su paso por el estudio de Infobae a las Nueve, donde dialogó con Gonzalo Sánchez, Tatiana Schapiro, Ramón Indart y Cecilia Boufflet, Castro compartió detalles íntimos del proceso que la llevó a este desafío único. “Ahora va a empezar el entrenamiento, que es la parte más dura, empieza a finales de marzo, inicios de abril. Son nueve meses específicos de la misión espacial”.

El entrenamiento de una pionera y la misión argentina en el espacio

Castro reveló que la travesía será a bordo de un cohete de SpaceX: “Voy a viajar en la cápsula Dragon. Es la que hoy en día usa NASA para llevar a sus astronautas a la Estación Espacial Internacional”.

Aunque su lugar está casi asegurado, aclaró: “Estamos ahí. Creo que en las próximas dos semanas se termina de definir todo. Hasta que se arme toda la tripulación, puede ser que también se retrase el despegue. La industria espacial es así”.

Consultada sobre el objetivo central de la misión, destacó: “Como ingeniera biomédica, tengo un compromiso con NASA de los equipos de soporte vital. Pero del lado científico, la idea es llevar lo que Argentina quiera proponer. Estoy interesada en investigación biomédica, de cómo el cuerpo humano puede cambiar en el espacio, pero también queremos empezar a llevar granos al espacio. La agricultura se está estudiando mucho porque se quiere llegar a la Luna y, en el futuro, a Marte. Espero que Argentina pueda tener un futuro en la alimentación de los astronautas”.


La ingeniera biomédica Noel Castro será la primera argentina en viajar al espacio en una misión prevista para 2027.

La misión se nutre de un componente colectivo: “No trabajo para NASA, sino que NASA regula lo que voy a hacer en el espacio, porque ellos manejan la Estación Espacial Internacional. La idea es armar una misión que sea argentina, que pueda llevar desarrollo científico argentino, que la gente que esté acompañándome, médicos o gente que esté en Mission Control, sean argentinos. Que podamos capacitar argentinos en una misión espacial. Es un proyecto que va más allá de que Noel Castro va a subir a un cohete: es poder armar una misión compartida con muchos argentinos”.

El rol estratégico del Estado argentino y la formación científica

Castro detalló el papel clave de la CONAE y el Estado: “En cuanto a la parte regulatoria, porque todo esto tiene que tener una parte legal importante de cómo se hacen las colaboraciones entre Estados Unidos, NASA y Argentina. El Estado va a ser quien regula el proyecto espacial argentino, porque esta misión va a decantar con la Agencia Espacial Argentina, que es la CONAE, y va a tocar muchas aristas. Es importante empezar a armar un plan estratégico para que todo pueda fluir después de la misión”.

El proceso de selección de los experimentos científicos también será nacional y abierto: “Hicimos una convocatoria por las redes, así que todos los que estén en investigación pueden mandar su proyecto que quiera ser estudiado en microgravedad, y lo vamos a estar eligiendo con la CONAE. Vamos a definir cuál va más ligado a la estrategia espacial argentina que queramos”.


La trayectoria de Noel Castro, desde Salta hasta la bioastronáutica internacional, simboliza la integración de la ciencia argentina al ámbito espacial global (@noel.decastro)

La preparación es exhaustiva y multidimensional: “Antes de que empezara este entrenamiento, ya venía entrenando, sacaba mi licencia de piloto, buceo, pero siempre tenía mi tiempito libre. Ahora, que se vienen estos nueve meses, es un trabajo full time. Es entrenamiento físico, pero también la parte educativa. Me tengo que aprender toda la cápsula Dragon, todos los procesos de emergencia de la Estación Espacial Internacional, comunicaciones y la investigación que voy a hacer. Son 14 días que tengo que ordenar con todo el resto de investigaciones argentinas, estudiarlas, prepararme, ver cómo las vamos a hacer en el espacio. Se usa todo el tiempo”.

El sentido de pertenencia nacional atraviesa su relato: “Cada vez que pienso que vamos a llevar la bandera argentina, es algo así que me mueve. Cuando trabajo con Argentina puede ser complicado, con los tiempos de NASA que se mueven así, a veces me entra un poco de frustración y digo: ‘Quiero ver a mi país arriba, quiero empezar a ver que la gente ya no se pone la camiseta de NASA, se pone la camiseta de Argentina en el espacio’. Avanzar en la industria espacial argentina es lo que más me emociona”.

Desde sus inicios en Salta, pasando por la Universidad Favaloro, hasta convertirse en referente internacional, la historia de Castro es además un ejemplo de cómo la ciencia argentina puede integrarse a las grandes ligas: “Estudié en Buenos Aires, en la Universidad Favaloro, hice mi carrera de Ingeniería Biomédica. Después trabajé en un hospital y apliqué a la maestría en Bioastronáutica en Estados Unidos. Ahí empecé a relacionar la ingeniería biomédica con trajes espaciales, soporte de vida para astronautas. A la par, empecé mi segunda maestría en Ingeniería Aeroespacial. Fue espectacular”.

La futura astronauta también fue recibida por el presidente argentino Javier Milei: “Estuve con el presidente, sí. Está muy interesado en la industria espacial. Me preguntó de la misión, cómo podíamos traer todo lo que era la industria espacial a Argentina. Lo importante es que la misión pueda ser compartida con muchos argentinos”.



viernes, 27 de febrero de 2026

La argentina que es candidata a ser astronauta de la NASA y sueña con llegar a la Luna en la misión Artemis

La argentina que es candidata a ser astronauta de la NASA y sueña con llegar a la Luna en la misión Artemis
Lorna Evans es médica aeroespacial, piloto y referente en investigación espacial. Desde Florida, impulsa la ciencia y busca inspirar a jóvenes a perseguir sus sueños, con la mirada puesta en el espacio.
Por Fernanda Jara


La doctora Lorna Evans muestra con orgullo la bandera argentina en un evento de la NASA, simbolizando la presencia y el talento latinoamericano en la agencia espacial.

Cuando era niña, Lorna Evans salía al patio de su casa a contemplar el cielo, las estrellas y la Luna. No sabía qué la impulsaba a pasar largos ratos allí; simplemente se dejaba guiar por la emoción que sentía en ese momento de conexión con el cosmos. Pero un día encontró la respuesta: “¡Quiero ser astronauta!”, le dijo a su padre en aquel patio de Lanús que siempre compartían, donde el universo parecía al alcance de la mano.

Su padre, médico de terapia intensiva, fue un faro y una brújula para ella. “Desde muy chiquita tuve esa pasión por el universo, que también me inculcó mi papá”, recuerda sobre el hombre que la llevaba a ver volar aviones, y revive el momento en que él le contó que no había astronautas argentinos ni estaciones espaciales en el país. “Entonces, yo voy a ser la primera”, manifestó al aire cuando la llamaban Yeyé, y el mismísimo universo se encargó, desde entonces, de que todo comenzara a tomar forma.

A los 37 años, Lorna —egresada de Medicina de la UBA y piloto de vuelos privados— se postula como candidata a astronauta análoga en la NASA, la agencia espacial a la que llegó hace una década y donde actualmente colabora como investigadora externa en dos proyectos: uno analiza cómo se comporta el dióxido de carbono dentro de la Estación Espacial Internacional y sus efectos sobre los astronautas; el otro estudia la nutrición en el espacio, con un enfoque especial en la alimentación basada en plantas, para optimizar la salud de las tripulaciones en misiones de larga duración.

Sin dejar de lado a Yeyé confiesa: “Mi sueño es ser parte de la misión Artemis”, el programa espacial de la NASA que busca regresar astronautas a la Luna por primera vez desde 1972, establecer una presencia humana sostenible en la superficie lunar y en la órbita, y utilizar ese conocimiento para desarrollar las capacidades necesarias que permitan, en el futuro, enviar misiones tripuladas a Marte.


Lorna Evans de la NASA sonríe y hace un signo de paz en el Centro de Control de Misiones, donde pantallas gigantes y una figura del Capitán Kirk son visibles.

La UBA y el despertar de una vocación única

En la vida de Lorna, la determinación marcó el inicio de un camino que parecía impensado o poco alcanzable para una familia de clase media-baja, donde el esfuerzo y el estudio eran la mayor herencia. “No somos una familia pudiente; yo tenía que trabajar para mantenerme, pagar los viáticos a la facultad, las fotocopias de los apuntes y las horas de vuelo cuando comencé a estudiar para ser piloto”, cuenta sobre el momento en que unió sus pasiones.

La aviación apareció en paralelo, cumpliendo el sueño de estar lo más cerca posible del espacio, que tanto conmovía a Yeyé. Mientras cursaba Medicina en la UBA, Lorna trabajaba para costearse las horas necesarias para obtener su licencia de piloto. “Yo quería estar lo más cerca del cielo posible, y ser piloto me daba esa oportunidad. Nunca dejé de lado la idea de ser astronauta, y cuando vi los requisitos para lograrlo, noté que buscan pilotos con determinada cantidad de horas de vuelo. Para mí era un plus, pero sobre todo respondía al deseo de estar cerca del cielo”, reconoce.

El hogar, sostenido por el trabajo y el afecto, fue siempre el espacio donde sus sueños encontraron impulso antes de iniciar el camino que la trajo a este presente. “Mi papá me decía: ‘Te va a fascinar la medicina, te va a gustar mucho’. Y tenía razón, me fascinó”, admite. Así, la vocación médica y el amor por el universo crecieron en paralelo, como las dos puntas de un hilo de una misma madeja, aunque en ese momento no se diera cuenta del todo.

En la Universidad de Buenos Aires, Lorna encontró la base científica y la disciplina que marcarían su recorrido profesional. “La UBA me dio muchísimo. La universidad pública fue fundamental para mí. No éramos una familia superpudiente, pero con esfuerzo y gracias a la UBA pude construir mi camino, porque me dio todas las herramientas”, destaca con orgullo. La carrera se convirtió en un desafío atravesado por la resistencia y la pasión.


Lorna Evans de la NASA posa frente a una pantalla gigante que muestra un mapa mundial con órbitas satelitales en el Centro de Control de Misión.

El interés por la medicina aeroespacial surgió casi de manera natural. El primer contacto fue cuando le tocó hacer un examen psicofísico obligatorio para los alumnos de piloto privado. “Uno tiene que estar sano para volar un avión, tanto psicológica como físicamente. Ahí descubrí que había médicos que se dedicaban a eso y pensé: ‘¿Habrá alguna residencia, habrá algo?’”. Tardó segundos en averiguarlo.

En Argentina existía la residencia en Medicina Aeroespacial, pero orientada a la aviación militar y comercial. “Yo quería ir un paso más. Mi mente curiosa e investigadora quería hacer medicina aeroespacial vinculada a la microgravedad y a la salud de los astronautas”, recuerda sus motivaciones primarias cuando ni se imaginaba lo que la esperaba. Por eso, la falta de opciones no la desanimó; por el contrario, la impulsó a buscar oportunidades fuera del país.

Recibirse de médica fue apenas el comienzo. “Apenas me recibí pensé: ‘Bueno, en Argentina no hay oportunidad para hacer medicina espacial, solo hay para hacer aeronáutica... no me queda otra que irme al exterior’”, recuerda un tanto apenada el momento en que la realidad llegó de golpe. Se trasladó a Estados Unidos y llegó a la Mayo Clinic, donde comenzó como investigadora en cirugía robótica. “Yo seguía buscando oportunidades para hacer medicina aeroespacial y empecé a ver convocatorias en la NASA para estudiar medicina aeroespacial y realizar rotaciones como investigadora. Me postulé y me rechazaron muchas veces, pero seguí intentándolo”, cuenta.

El camino fue duro y agotador, y aunque fueron siete las veces en que le dijeron que no, insistió, porque si hay algo que marca su vida eso es la perseverancia. “Mis mentores me decían: ‘Seguí aplicando, seguí aplicando’... Apliqué y apliqué hasta que se me dio. Pude entrar, hacer investigación con la NASA en dos oportunidades y estudiar medicina aeroespacial y, más específicamente, medicina espacial”, detalla. El proceso fue lento, pero cada obstáculo se transformó en una lección de perseverancia y Yeyé saltaba de felicidad...


Lorna Evans sonríe con orgullo frente a un complejo panel de control, luciendo parches de las banderas de EE. UU. y Argentina en su uniforme

Tocar el cielo con las manos: la NASA

El día que finalmente ingresó a la NASA quedó grabado en su memoria. “Fue una felicidad extrema, algo que nunca había sentido en la vida adulta. Me hizo sentir como una niña otra vez, porque era realmente mi sueño de infancia: ser astronauta. No soy astronauta en este momento, pero estoy haciendo investigación en medicina aeroespacial, que es mi pasión, lo que amo. Y estoy en la NASA. Decirlo es: ¡guau!”, enfatiza y no evita reír con una humildad asombrosa que destacará durante toda la entrevista.

Desde ese día ya pasaron unos diez años. Lorna ahora está en Florida, trabajando de forma externa en dos proyectos en la NASA y pensando en el deseo supremo de ser candidata a astronauta análoga tras la postulación al programa HERA o Análogo de Investigación de Exploración Humana.

Esta experiencia, dice, le permitió comprender de cerca los desafíos de la vida en el espacio y cómo se vincula la investigación científica con la salud de los astronautas, consolidando su camino dentro de la NASA y preparándose para futuras misiones de larga duración o incluso para la Estación Espacial Internacional.


Lorna posa sonriente frente a la entrada principal del Centro Espacial Johnson de la NASA, con el icónico logotipo en el suelo

Ser astronauta implica una gran responsabilidad, no solo por la investigación científica, sino también por el impacto en futuras generaciones. “Es una oportunidad para inspirar a niños y jóvenes argentinos a interesarse por las ciencias STEM —Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas—, motivarlos a perseguir sus sueños y demostrarles que todo se puede lograr con perseverancia, convicción, trabajo y fe. Para mí, esta es una forma de contribuir al avance de la ciencia y seguir explorando, algo que me inspiró desde que era niña”, dice emocionada.

La experiencia en la agencia espacial estadounidense no solo impulsó su crecimiento profesional, sino que también le devolvió el asombro de la infancia. Aunque el trabajo era intenso y las jornadas largas, nada pesaba cuando se trataba de dedicarse a lo que más le apasiona. “No se siente como un trabajo. Eran días exigentes, desde las ocho de la mañana hasta las cuatro de la tarde, y después seguía con mi proyecto de investigación. Dormía poco, pero lo hacía con gusto”, reconoce.

En la actualidad, Lorna vive en Jacksonville, Florida, donde trabaja en la Mayo Clinic en proyectos de investigación en medicina aeroespacial y aeronáutica, en colaboración con la NASA.


Lorna Evans de NASA sonríe junto a la cápsula espacial Orion en una instalación de la agencia, donde se prepara para futuras misiones espaciales.

Medicina aeroespacial

La medicina aeroespacial se dedica a estudiar y cuidar la salud, la seguridad y el rendimiento de las personas que viajan o trabajan en la aviación y en el espacio. Es un campo que combina medicina, ciencia y exploración para entender cómo responde el cuerpo humano en entornos muy distintos a los de la Tierra. En la aviación y en el espacio existen desafíos únicos, como la microgravedad, la radiación, las fuerzas G o los cambios en la presión y el oxígeno. Todos esos factores pueden afectar al organismo. Por eso, quienes trabajan en esta área buscan comprender esos efectos y desarrollar estrategias para que las personas estén preparadas, se mantengan seguras y puedan desempeñarse de la mejor manera posible.

“Se trata de un campo muy amplio que estudia desde el vuelo atmosférico y espacial hasta otros entornos extremos. A medida que aprendemos más sobre estos ambientes, podemos ayudar a que las misiones y la exploración espacial sean cada vez más seguras y, si se anticipa algún tipo de desafío, trabajar para mitigarlo mediante protocolos específicos”, explica la doctora Evans.

Su trabajo con la NASA y en la Mayo Clinic le permitió sumergirse en esta disciplina de manera práctica. “Mi objetivo es entender cómo los viajes espaciales afectan la fisiología y cómo podemos intervenir para proteger la salud de los astronautas. No solo se trata de misiones de corto plazo; estamos pensando en misiones a Marte o estancias prolongadas en la Luna”, detalla sobre los programas espaciales que llegan a durar un año o varios meses. Gracias a esto, desarrolló protocolos de cirugía robótica y entrenamiento para entornos de microgravedad, con simuladores que replican las condiciones del espacio para preparar futuras tripulaciones.


Lorna Evans en la NASA.

Lorna cuenta con pasión todo lo que se vive en el espacio, el día a día de los astronautas, dando a entender que lo que pasan es un laboratorio en sí mismo. “Experimentan microgravedad y fuerzas G que ponen al cuerpo en situaciones límite. Su ritmo circadiano se altera porque la estación da dieciséis vueltas al planeta por día. Necesitan horarios rigurosos para dormir; los fluidos se desplazan hacia la cabeza, lo que impacta en los ojos, los huesos y la salud renal. La alimentación está empaquetada y deshidratada; hasta la sal y la pimienta vienen en formato acuoso para evitar riesgos”, describe Evans. Cada día implica experimentación científica, mantenimiento de la nave y tareas operativas, además de ejercicios, meditación y comunicación con sus familias. Incluso dormir requiere procedimientos específicos: si no se atan dentro de la bolsa de dormir, flotan, y deben simular la noche aunque haya luz solar constante.

El entrenamiento previo es tan exigente como la vida en órbita. “El proceso de selección de la NASA es extremadamente competitivo. Incluye simulaciones de microgravedad en piletas y misiones análogas en módulos terrestres durante 45 días. Tuve el placer de postularme al programa HERA (Human Exploration Research Analog), en Houston, Texas, un hábitat de simulación diseñado para estudiar los efectos del aislamiento, el confinamiento y el estrés en tripulaciones de larga duración”, cuenta orgullosa.

Durante estas simulaciones, tripulaciones de cuatro voluntarios realizan investigaciones científicas y tareas operativas mientras enfrentan retrasos en la comunicación y ciclos de luz y oscuridad, permitiendo estudiar cómo estos factores afectan la salud, el rendimiento y la dinámica de la tripulación. En años anteriores, hubo 15 mil personas postuladas y quedaron cuatro, igual que este año.


Junto a Jessica Watkins, astronauta de la NASA, geóloga y exjugadora de rugby que hizo historia en 2022 al convertirse en la primera mujer afroamericana en cumplir una misión de larga duración en la Estación Espacial Internacional (EEI)

La concreción de otro sueño

El recorrido de Lorna Evans no solo se traduce en logros individuales, sino en la construcción de oportunidades para toda una generación de profesionales latinoamericanos. Para eso creó la Asociación Latinoamericana de Medicina Aeroespacial, Ingeniería y Biotecnología (AIMA) y, junto a su equipo, organizó el primer Congreso Latinoamericano de Medicina Aeroespacial, un espacio de encuentro, formación y motivación para médicos, enfermeros, ingenieros biomédicos y todos los interesados en la exploración espacial.

“Lo más importante para mí es que las próximas generaciones se vean inspiradas y quieran dedicarse a esto. Y que quienes ya tienen interés encuentren una manera concreta de hacerlo realidad”, asegura. La ONG busca acortar los tiempos de acceso a la especialización y brindar las herramientas necesarias para que los profesionales argentinos y latinoamericanos puedan formarse al mismo nivel que en Estados Unidos o Europa. “Fue algo muy difícil de lograr, casi descabellado, pero porque no hay un camino armado en esto. Yo tuve que abrirme paso a través de todo”, reflexiona con el anhelo de que a las demás les cueste menos...

Por eso, el objetivo es doble: formar y motivar. Los programas incluyen talleres, seminarios, simulaciones y oportunidades de investigación que conectan a los participantes con la ciencia de frontera. “Queremos ayudar y formar a las próximas generaciones de profesionales para que puedan acceder a estas oportunidades. No se trata solo de inspirar, sino de darles un camino concreto para desarrollarse”, señala.


Lorna Evans durante su entrenamiento en el NBL (Neutral Buoyancy Laboratory), una de las piscinas más grandes del mundo, donde los astronautas practican maniobras y procedimientos en un entorno que simula la microgravedad del espacio

Además, la asociación busca fomentar la curiosidad y el interés por la ciencia en los más jóvenes. “Si un niño o adolescente ve que alguien como él puede trabajar con la NASA, estudiar medicina aeroespacial y participar en simulaciones como HERA, puede imaginar que él también puede hacerlo. La idea es motivarlos, mostrarles que los sueños difíciles se pueden lograr con perseverancia, convicción, trabajo y fe”, enfatiza.

“Se puede lograr. Incluso alguien que no tiene todos los recursos, como fue mi caso. Con esfuerzo, gracias a la universidad pública y también al propio compromiso, por eso es importante rodearse de personas que acompañen y estimulen. Mi mentor me decía: ‘No te preocupes, seguí adelante, vas a entrar’. Y ese es el mensaje que quiero dejar para que llegue a quienes lo necesitan. Existe la medicina aeroespacial, existe la medicina aeronáutica. Queremos construir caminos para que los profesionales argentinos puedan cumplir sus sueños como lo estoy haciendo yo”.

Emocionada concluye: “Quiero inspirar a los jóvenes a que sigan sus sueños, que sí se puede. Incluso si parece imposible, se puede lograr”. Lorna habla con inspiración y pasión; emociona tanto que es fácil imaginar que Yeyé ahora mira las estrellas con una enorme sonrisa.

*Puede seguir a Lorna Evans en la cuentas de Instagram almaib.inc / lorna.am



Tauber recibió al equipo que desarrolló el satélite universitario USAT-1

Tauber recibió al equipo que desarrolló el satélite universitario USAT-1



El vicepresidente Académico de la Universidad Nacional de La Plata, Fernando Tauber, recibió en el Rectorado al equipo responsable del desarrollo del satélite universitario USAT-1, el primer CubeSat construido en una universidad pública del país. La comitiva estuvo acompañada por el decano de la Facultad de Ingeniería, Marcos Actis.

Durante el encuentro, los investigadores de Ingeniería brindaron detalles del estado actual del proyecto, que atraviesa su etapa final de ensayos e integración. En ese marco, el satélite será trasladado a España en los próximos días, donde se realizarán las pruebas técnicas previas a su envío al sitio final de lanzamiento, en Estados Unidos.

De la reunión participaron los integrantes el equipo: Joaquín Brohme, Aldana Guilera, Ramón López La Valle, Facundo Pasquevich, Frida Alfaro, Gaspar Ramírez, Erick Molina, Agustín Catellani, Julián Crosta, Elián Hanisch, Santiago Rodríguez, Gabriel Vega Leañez, Francisco Núñez, Julián Encinas y Ezequiel Marranghelli.



El USAT-1 es un satélite de formato CubeSat, de aproximadamente 10 por 10 por 34 centímetros y un peso cercano a los 4 kilogramos. Fue diseñado para la demostración tecnológica de técnicas GNSS aplicadas a la observación de la Tierra. Sus sensores permitirán recopilar datos sobre presión y temperatura atmosférica, humedad del suelo y características de la vegetación, entre otros parámetros ambientales.

El proyecto lo llevan adelante especialistas de la Facultad de Ingeniería, a través del Centro Tecnológico Aeroespacial (CTA), y el grupo de Sistemas Electrónicos de Navegación y Telecomunicaciones (SENyT), en colaboración con organismos del sistema científico nacional, como la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) y la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA).

Desde el punto de vista tecnológico, el satélite fue desarrollado íntegramente en el ámbito universitario, incluyendo la integración de sus sistemas electrónicos, estructuras, comunicaciones y control de altitud. El proceso incluyó etapas de ensayos funcionales en configuración FlatSat —con los componentes accesibles para pruebas de laboratorio— y posteriormente la integración del modelo de vuelo definitivo, tal como operará en el espacio.

Uno de los hitos clave de esta etapa final es el ensayo de vibraciones, que simula las condiciones extremas del lanzamiento y permite verificar la integridad estructural del satélite. Superada esa instancia, el dispositivo es preparado para su integración en el dispensador que lo liberará en órbita.

Debido a sus dimensiones y a la presencia de baterías de litio, el satélite será transportado a Europa como equipaje de mano por el propio equipo de la UNLP, cumpliendo con las regulaciones aeronáuticas. En España, la empresa encargada de la integración lo incorporará al mecanismo de liberación orbital.

El desarrollo del USAT-1 implicó una inversión cercana a los 70 mil dólares, una cifra significativamente inferior a los costos habituales de proyectos similares a nivel internacional, que rondan los 200 mil dólares. El lanzamiento, estimado en unos 100 mil dólares, será financiado mayoritariamente por la UNLP con el acompañamiento de un subsidio nacional.

En términos de antecedentes, el proyecto se inscribe en la tradición satelital argentina iniciada con el µSAT-1 Víctor, lanzado en 1996, y el Pehuensat-1, puesto en órbita en 2007. Sin embargo, el USAT-1 constituye el primer CubeSat desarrollado íntegramente en el ámbito de una universidad argentina, lo que lo convierte en un hito para la formación de recursos humanos y el desarrollo de tecnología espacial en el sistema universitario.

Durante el encuentro, Tauber destacó la importancia estratégica del proyecto para la Universidad y para el país, al tiempo que subrayó el valor de la formación de profesionales en áreas tecnológicas de alta complejidad y el trabajo conjunto entre docentes, investigadores y estudiantes.

“La universidad pública es una herramienta fundamental para canalizar el conocimiento y ponerlo al servicio del desarrollo nacional”, dijo Tauber. Y agregó: “por eso quiero felicitarlos en nombre de toda la comunidad universitaria, porque ustedes son responsables de que la universidad y la ciencia pública crezcan; ustedes son el ejemplo de que tenemos los recursos humanos formados para no tener que salir siempre a comprar el cocimiento. Ustedes son la referencia máxima de esa condición, que nos conmueve y nos enorgullece”.

Finalmente, Tauber concluyó: “nosotros vamos a seguir respaldando este modelo de universidad que aporta tecnología, nuevos desarrollos y avances, gracias a nuestro propio conocimiento. Sobre esas bases queremos construir un futuro mejor para nuestro país”.

Por su parte, Actis remarcó “el carácter colectivo del desarrollo y el compromiso del equipo que llevó adelante el satélite, concebido como una plataforma de formación, innovación y transferencia tecnológica”.

El encuentro permitió reconocer el trabajo del equipo y reafirmar el compromiso de la Universidad Nacional de La Plata con el desarrollo científico, la innovación tecnológica y los proyectos estratégicos de alto impacto para el país, en la antesala de un lanzamiento que marcará un nuevo hito para la ingeniería espacial universitaria argentina.





lunes, 16 de febrero de 2026

Cuáles son los centros y estaciones espaciales de la CONAE y para qué sirven

Cuáles son los centros y estaciones espaciales de la CONAE y para qué sirven



Cuando se habla del programa espacial, casi siempre se piensa primero en los satélites. Pero para que un satélite sea útil no alcanza con ponerlo en órbita, también hay que operarlo todos los días, comunicarse con él, bajar los datos y procesarlos para convertirlos en un producto útil. Ahí es donde entran los centros y estaciones espaciales de la CONAE, la infraestructura que hace posible que una misión funcione, desde la Tierra.


El Centro Espacial Teófilo Tabanera (CETT) cuenta, entre otras cosas, con la Estación Terrena Córdoba. A través de las antenas de la imagen, la estación se comunica por radio con los satélites para operarlos y recibir/enviar datos.

Un centro espacial es un predio con varias capacidades concentradas: laboratorios, integración, ensayos, control de misión, formación. Una estación, por su parte, suele estar más asociada a antenas y sistemas de comunicaciones para controlar los satélites o naves espacials. En el caso argentino, la red de centros y estaciones de la CONAE no solo acompaña misiones propias, sino que también sostiene acuerdos internacionales y servicios de seguimiento y adquisición de datos. Esa combinación de hardware en Tierra, operación y datos es la columna vertebral que transforma el espacio en información útil para el país.

El Centro Espacial Teófilo Tabanera, corazón operativo

El principal nodo de la red es el Centro Espacial Teófilo Tabanera (CETT), ubicado a unos 30 km de la ciudad de Córdoba. Allí conviven una estación terrena, un centro de control de misión, laboratorios de integración y ensayos, áreas de aseguramiento/espacialización y hasta un instituto de formación e investigación avanzada. Es un lugar pensado para cubrir el ciclo completo de una misión: desde preparar y ensayar hardware, hasta operar satélites en vuelo y gestionar datos.

Dentro de ese predio funciona la Estación Terrena Córdoba, una instalación dedicada a telemetría, telecomando y control (TT&C) y a la recepción de información de satélites de observación. Desde allí se controlaron misiones argentinas como SAC-A, SAC-B, SAC-C y SAC-D, y también se reciben datos de satélites internacionales. Además, la estación integra la red de soporte del sistema ítalo-argentino SIASGE de información satelital.

Ese punto es importante, porque demuestra que las estaciones terrenas no son “solo una antena”. Son un conjunto de sistemas que permiten programar el satélite, recibir su estado de salud, enviar comandos, y bajar la información científica o de observación para luego procesarla. En el caso de misiones radar como SAOCOM, el circuito completo incluye operación, distribución de imágenes y coordinación con el socio internacional del sistema.


Dentro de las instalaciones del CETT, un grupo de visita observa un prototipo del satélite argentino radar SAOCOM. Crédito: CONAE.

Dos centros para el acceso al espacio

Además del CETT, Argentina tiene centros que empujan más hacia el acceso al espacio con capacidades propias. Por un lado está el Centro Espacial Punta Indio, pensado para manufactura, integración y ensayos de grandes elementos estructurales, incluyendo bancos de ensayos mecánicos que permitirían probar vehículos completos y subsistemas de gran escala. Es infraestructura típica de un programa que necesita fabricar, integrar y validar hardware grande, no solo piezas de laboratorio.


Instalaciones móviles que constituyen una plataforma de lanzamiento en el Centro Espacial Punta Indio, como parte de los ensayos para el Proyecto Tronador. Crédito: Argentina.gob.

Por otro lado está el Centro Espacial Manuel Belgrano, instalado en terrenos del Área Naval de Puerto Belgrano, asociado a la idea de disponer de una plataforma de lanzamiento y un área de integración final para un lanzador nacional, la familia Tronador. Aunque el acceso al espacio suele dominar titulares por los lanzamientos, lo menos visible es la infraestructura en Tierra: plataformas, integración final, seguridad, comunicaciones y procedimientos. Este centro se encuadra justamente en esa lógica.


El Centro Espacial Manuel Belgrano, en obra durante el desarrollo del Proyecto Tronador.

La Estación Terrena Tierra del Fuego

Además de Córdoba, la CONAE cuenta con una estación en el sur del país: la Estación Terrena de Tierra del Fuego, cerca de Tolhuin. Está pensada para sumar capacidad de recepción y soporte de misiones, con sistemas de antenas parabólicas. Este tipo de estación se vuelve estratégica por geometría: cuanto más al sur, más oportunidades de contacto con satélites en ciertas órbitas y más margen para planificar descargas de datos.

En la práctica, estaciones como esta brindan oportunidades adicionales para bajar información y asegurar continuidad operativa. Si el satélite pasa y no lo escuchás, perdiste esa ventana. Con una red distribuida, se reduce ese riesgo y se gana flexibilidad, clave cuando los satélites generan grandes volúmenes de datos o cuando hay necesidades de respuesta rápida.


La Estación Terrena de Tierra del Fuego presta apoyo a la misión SAOCOM, y presta soporte para misiones nacionales e internacionales a partir de acuerdos con la CONAE.

Dos antenas de espacio profundo

La red argentina también incluye infraestructura asociada a espacio profundo: comunicaciones a enormes distancias, enlaces más exigentes y antenas gigantes, con aplicación principal a misiones interplanetarias. En Malargüe se instaló la estación Deep Space 3 (DS3), parte de la red de la Agencia Espacial Europea (ESA), en el marco de la cooperación espacial con la CONAE. Se trata de una estación con antena de 35 metros, utilizada para dar apoyo a misiones interplanetarias y científicas europeas. Desde Argentina, esta base aporta cobertura global a la red, porque para tener contacto continuo con naves lejanas necesitás estaciones distribuidas por el planeta.


Las principales funciones de la estación DS3 son recibir telemetría, enviar telecomandos y realizar mediciones radiométricas en naves científicas y de espacio profundo. Crédito: Agencia Espacial Europea.

En Neuquén opera la Estación CLTC–CONAE, construida a partir de acuerdos con China. Esta instalación brinda telemetría, seguimiento y control para misiones del programa chino de exploración lunar y otros programas de investigación de espacio profundo. También se describe que cuenta con una antena de 35 metros y equipamiento para operar en bandas S, X y Ka, típicas de comunicaciones espaciales.

Las antenas de espacio profundo son infraestructura crítica y cara, y por eso casi siempre se montan en cooperación.


La Estación CLTC brinda soporte de telemetría, seguimiento, control de las misiones del Programa Chino para Exploración de la Luna (CLEP) e investigación científica del espacio lejano. Crédito: Argentina.gob.

Sin Tierra, no hay espacio útil

La CONAE desarrolla y coordina misiones satelitales orientadas a necesidades de usuarios, desde producción y ambiente hasta emergencias y planificación, pero para que esa promesa se cumpla hace falta un circuito industrial y operativo completo. El CETT permite operar misiones y transformar señales en información procesable; las estaciones del sur aumentan ventanas de contacto y robustez; y las antenas de espacio profundo insertan al país en redes globales de exploración y cooperación.

Visto en perspectiva internacional, esta arquitectura es bastante estándar. Las agencias fuertes no solo fabrican de satélites, sino que operadoran sistemas. La diferencia está en la escala, pero la lógica es la misma: sin centros para integrar y ensayar, no hay confiabilidad; sin control de misión, no hay operación sostenida; sin estaciones para bajar datos, no hay producto final.