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miércoles, 19 de agosto de 2026

Más allá de Malvinas: el mapa de la red británica que atraviesa el Atlántico Sur

Más allá de Malvinas: el mapa de la red británica que atraviesa el Atlántico Sur
La estrategia de Defensa Nacional del Reino Unido incluye una estructura militar y logística que atraviesa el océano Atlántico desde la isla Ascensión -cercana a África- hasta Malvinas, proyectando su presencia hacia la Antártida.
por Cecilia Degl'Innocenti


Armada Británica. | X @estendenciavzl

La protesta argentina por el movimiento del buque británico HMS Medway hacia la costa continental volvió a poner a Malvinas en el centro de la política exterior, aunque detrás de ese episodio existe una estructura bastante más extensa que la disputa por el archipiélago.

El 13 de julio, por instrucción del canciller Pablo Quirno, la Argentina presentó una nota formal ante la Embajada británica por los movimientos del buque realizados "sin consulta previa", según el comunicado, y que pasaron por aguas jurisdiccionales argentinas. El episodio ocurrió, además, en los días en que la relación bilateral estaba atravesada por la enorme exposición que tuvo el partido entre Argentina e Inglaterra por el Mundial 2026.

La discusión volvió así a concentrarse no solo sobre la soberanía del archipiélago, sino en torno a la explotación ilegal de sus recursos pesqueros y petroleros (con el proyecto León Marino preparando el terreno para iniciar la extracción en 2027).

En ese contexto, el despliegue británico en el sur del país obligó a ampliar la mirada hacia la estructura militar y logística, anclada en los territorios de ultramar que atraviesan el océano Atlántico y que le permite a la lejana Londres proyectar su influencia en una de las regiones más estratégicas del mundo.

Desde la isla de Ascensión, al oeste del cuerno de África, hasta las Islas Malvinas. y desde allí hacia Georgias del Sur, Sandwich del Sur y la Antártida argentina, Londres sostiene una estructura de posiciones y capacidades militares que le permite mantener presencia en una de las regiones más alejadas de su territorio continental.


Las bases del Reino Unido en el Atlántico medio y sur. Fuente: Perfil.com/Ministerio de Defensa británico.

Malvinas, clave de la estrategia de seguridad nacional británica

La arquitectura de esta proyección, en tanto, fue trazada por el propio gobierno británico según consta en sus documentos estratégicos publicados a lo largo de 2025, empezando por su Estrategia de Seguridad Nacional (National Security Strategy) publicada en junio.

"Mantendremos nuestra presencia militar en Gibraltar, las Áreas de Base Soberana de Akrotiri y Dhekelia, la isla Ascensión, las islas Malvinas, Georgias del Sur y las islas Sandwich del Sur", sostuvo el comunicado publicado por el gobierno británico, marcando sus prioridades en Defensa, muy alineadas con el contexto internacional, dominado por la renovada doctrina de seguridad de su histórico socio, Estados Unidos.

El mismo documento agrega que esos territorios de ultramar ofrecen al Reino Unido y a sus aliados bases ubicadas estratégicamente que sostienen una amplia variedad de capacidades de seguridad, y vincula esa presencia con el apoyo a la presencia científica británica en la Antártida argentina.

Dentro de esa estructura, sin embargo, Malvinas no aparece como un punto más sino como la pieza alrededor de la cual Londres articula su postura militar en el Atlántico Sur. El documento llamado Revisión de la Defensa Estratégica (Strategic Defence Review), publicado en junio de 2025 por el Ministerio de Defensa británico, establece que el Reino Unido mantendrá "una postura militar defensiva en las Islas Malvinas, Georgias del Sur y las Islas Sandwich del Sur", junto con la defensa de otros intereses británicos y el cumplimiento de sus obligaciones bajo el sistema del Tratado Antártico.

La formulación revela a Malvinas como la pieza clave de la planificación militar británica en una región que despierta cada vez más interés por sus recursos naturales, más allá de la disputa por la soberanía del archipiélago con Argentina, reiterada en instancias multilaterales.

Por otro lado, documentación británica permite seguir la conexión hacia el norte. En mayo de 2024, el Gobierno de Ascensión, el Ministerio de Relaciones Exteriores (Foreign Office) y el Ministerio de Defensa británico publicaron una declaración conjunta (Ascension Island One Island Vision Statement) sobre el futuro de la isla en la que incluyeron entre sus objetivos de Defensa mantener el papel de Ascensión en el apoyo al acceso a las Islas Malvinas, sirviendo de nodo que conecta el Atlántico medio con el extremo sur.


Islas Malvinas argentinas.

A esto se suma la inclusión de este mapa en la estructura de las fuerzas armadas británicas, especialmente las denominadas Fuerzas Británicas de las Islas del Atlántico Sur, encargadas de preservar la dominación de los territorios usurpados en 1833. La iniciativa, en tanto, forma parte de otra mayor: la Red Integrada de Defensa Global británica.

Con respecto a la Antártida, y pensando en la renegociación del tratado que preserva el continente blanco, la estrategia incluye una operación llamada Austral Endurance, en la que personal de las fuerzas especiales británicas para el Atlántico sur trabajó con efectivos chilenos y otros socios británicos para fortalecer el acceso y la capacidad de operación en el entorno antártico.

Llevada a cabo en enero de 2026, la operación buscó reforzar la presencia, el acceso y la cooperación logística británica en la región. El texto agrega que los activos británicos basados en las Malvinas contribuyen "estratégicamente a la seguridad, la cooperación y el apoyo científico en el Atlántico Sur, además de la defensa de las islas".

La arquitectura, entonces, no depende de una sucesión de grandes instalaciones militares, sino que combina territorios de ultramar, infraestructura, capacidades aéreas y navales, transporte y cooperación con otros países. En todos los casos, la base aérea Monte Agradable, en las afueras de Puerto Argentino en Malvinas, aparece como la pieza central.



lunes, 17 de agosto de 2026

La secretaria de Malvinas argentina trabaja para formar cuadros ingleses

La secretaria de Malvinas argentina trabaja para formar cuadros ingleses
El programa Chevening vuelve a poner bajo la lupa la influencia británica en la formación de dirigentes argentinos y los vínculos de funcionarios del área de Malvinas con iniciativas impulsadas por Londres, en un escenario atravesado por la explotación petrolera, la pesca y la disputa por la soberanía en el Atlántico Sur.
Por Nicolás Lantos



El programa Chevening del Foreign Office es una de las más potentes herramientas de soft power con las que cuenta el gobierno británico. En la Argentina opera desde la década del ‘90, ofreciendo becas de formación superior en liderazgo y relaciones internacionales a dirigentes, diplomáticos, intelectuales, empresarios y otros perfiles cuidadosamente seleccionados para ir a estudiar a Inglaterra.

La más reciente de esas iniciativas se lanzó la semana pasada, cuando la Fundación Argentina Global abrió la inscripción al Future Leaders Programme Argentina, una convocatoria para estudiantes universitarios avanzados y graduados recientes de todo el país. Tres logos comparten el encabezado del anuncio: el de la fundación, el de la embajada y el del programa Chevening. Pero hay un pequeño detalle que lo cambia todo.



Una de las fundadoras de Argentina Global, que sigue muy vinculada a esa organización, es Paola Di Chiaro, la actual secretaria de Malvinas, Antártida, Política Oceánica y Atlántico Sur. La funcionaria que, desde enero de 2014, durante todo el mandato de Javier Milei, ocupó el cargo que existe para sostener el reclamo de soberanía frente al Reino Unido.



La diplomacia blanda y la formación de cuadros

“Gran Bretaña ya no necesita desplegar tropas para conquistar, ahora usa diplomacia blanda; al instruir a la militancia de la derecha argentina, el Foreign Office se asegura de que, cuando estos cuadros ocupan puestos clave en Cancillería o Defensa, las decisiones nacionales se ejecutan bajo el libreto redactado en Londres”, expresó al respecto un exembajador argentino en Londres en una queja que encontró eco en el ámbito diplomático.



Di Chiaro es una politóloga criada en el riñón de Fulvio Pompeo, el secretario de Asuntos Estratégicos de Macri que encabeza el think tank que fundaron juntos. En 2019 la secretaría de Estrategia y Asuntos Militares de Defensa. Pompeo abrirá el primer taller del programa el 7 de septiembre. El acto de cierre, en febrero de 2027, será en la sede de la Embajada Británica.

Petróleo, pesca y presencia británica

El 10 de diciembre de 2025, Navitas y Rockhopper tomaron la decisión final de inversión del yacimiento Sea Lion, en la cuenca de Malvinas: 1.800 millones de dólares, primer barril previsto para 2028. Este año, 108 buques pescaron calamar illex bajo licencia isleña, y en julio el patrullero HMS Medway cruzó el mar territorial argentino sin aviso. La funcionaria que debería ocuparse de que eso no suceda, trabaja con el ocupante.´

Una política de Estado

Es política de Estado. En septiembre de 2024, la Cancillería de Milei reflotó en su comunicado conjunto con Londres la fórmula del "paraguas de soberanía" de 1989, el mismo mecanismo del pacto Foradori-Duncan que la Argentina había denunciado en 2023. El propio Foradori, que firmó el acuerdo en estado de ebriedad, fue premiado por Milei con la embajada ante los organismos internacionales en Ginebra.



miércoles, 29 de julio de 2026

Ex director de la Escuela Superior de Guerra sostuvo que la campaña anti argentina fue contra la reivindicación de Malvinas

Ex director de la Escuela Superior de Guerra sostuvo que la campaña anti argentina fue contra la reivindicación de Malvinas
El coronel Gabriel Camilli afirmó que los ataques surgidos durante el Mundial no respondieron solamente a una rivalidad deportiva, sino a una disputa vinculada con la cuestión Malvinas. “Esta bandera tiró por tierra años de campaña de desmalvinización”, aseguró.


Gabriel Camilli | Linkedin

En Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190), el coronel Gabriel Camilli aseguró que la aparición de símbolos vinculados con Malvinas durante el Mundial expuso una disputa que, según su análisis, continúa vigente desde 1982. “Esta bandera tiró por tierra años de campaña de desmalvinización”, afirmó el ex director de la Escuela Superior de Guerra Conjunta, al explicar que los conflictos actuales también se libran en el terreno “cibernético y cognitivo”.

Gabriel Camilli es un coronel mayor retirado del Ejército Argentino, académico, escritor y reconocido analista geopolítico especializado en historia de la guerra y defensa estratégica. Se desempeñó como director de la Escuela Superior de Guerra Conjunta de las Fuerzas Armadas, ejerció el cargo de decano dentro de la Universidad de la Defensa Nacional, además fue jefe del Regimiento de Infantería Mecanizado 3, que en el Alpegrano preside la Fundación Estudios y Legados en Valores Nacionales, desde donde dicta conferencias sobre geopolítica y el pensamiento de próceres argentinos.

—El coronel Camilli escribió un excelente artículo que publicó el diario La Prensa, explicando, desde una perspectiva militar, que los recursos de defensa de un país no son solamente sus armas, que es lo que tiene doble valor viniendo casualmente de un militar. Así que le pido, si usted pudiera sintetizar oralmente su artículo a nuestra audiencia.

—El artículo se llama La Argentina Bajo Ataque. Esto fue motivado porque tengo un centro, una fundación de estudios, que seguimos el problema estratégico de los valores nacionales. Y mirando el Mundial, como lo hacía cualquier ciudadano argentino que sigue este torneo, empecé a ver, habiendo escudriñado un poco en las redes sociales y habiendo estudiado esto, que se estaba dando delante de mis ojos una nueva forma de agresión que yo venía estudiando en guerras que se vienen dando en otros lugares del mundo.

Desde La Prensa seguimos en una columna la guerra de Ucrania y Rusia, los acontecimientos en el Medio Oriente. Y nosotros siempre hablamos de que hay distintos campos o dominios en los cuales se desarrollan las operaciones en la actualidad. Nosotros, y la mayoría de la gente, piensa que la guerra se desarrolla en la tierra, con los ejércitos; el mar, el aire. Pero en estos últimos tiempos se ha determinado que hay otros espacios importantes que tienen tanta o más trascendencia que estos clásicos que he mencionado.

Tenemos el campo aeroespacial, se pasó a una dimensión mayor, el campo cibernético y el campo cognitivo, que es el que llega al celular, a la pantalla de cada uno de los ciudadanos, para hacerse de la mente de él mismo. Entonces, después de los primeros partidos, llegando hacia la semifinal, empecé a ver que los ataques a la Argentina eran no solamente de tono futbolístico, que no hubiese tenido ningún tipo de preocupación porque es discutible, y más con la pasión que le ponen los aficionados al fútbol a esto en todo el mundo.

Pero, a partir sobre todo de la victoria sobre Egipto se empezó a desencadenar una serie de ataques que nada tenían que ver con el fútbol; tenían que ver con la Argentina, con otras cosas. Y lo de la victoria sobre Inglaterra y la exposición de esa maravillosa bandera que la afición le acercó a nuestra magnífica selección, eso fue un desencadenante explosivo.

Porque tenemos que entender hoy, aunque parezca exagerado lo que estoy diciendo, de que el mundo se mueve por las redes y por el marco cibernético, la psico-guerra. Entonces, esta bandera tiró por tierra, según mi entender, años de campaña de desmalvinización, en la cual el Reino Unido y otras potencias invierten ingentes cantidad de dinero. Entonces, no fue una reacción natural de la ficción contraria o de los partidarios que no quieren a la selección argentina, sino que fue una cosa perfectamente instrumentada y fabricada desde otras usinas de poder. Y esto quedó determinado.

—¿Puedo decir entonces, escuchándolo, que la guerra de Malvinas no terminó nunca y que la guerra continuó por parte de Inglaterra fomentando la desmalvinización, que es una forma de consolidar su triunfo?

—Absolutamente bien resumido. Porque la paz, ¿qué es? La paz es, según una definición clásica, la tranquilidad en el orden. Es una definición clásica de la paz. Hay tranquilidad hoy porque no nos estamos agrediendo físicamente como en el 82, pero no hay orden. El orden es volver las cosas a su justo sitio. El orden es que, de mínima, se cumpla la resolución de Naciones Unidas que obliga a las partes a sentarse a negociar, de mínima.

Y para nosotros el orden es restaurar esa usurpación que en 1833, de forma absolutamente arbitraria y por la fuerza, desalojó a la población argentina que venía ocupando ese lugar. Entonces, como usted bien dice, la guerra no terminó. La guerra en estos 44 años posteriores tuvo un desarrollo muy interesante, con períodos que nosotros estudiamos acabadamente: período de desmalvinización fuerte, período en que la guerra era el carro atmosférico para la Argentina, la guerra en que los chicos de la guerra eran los locos de la guerra, hasta que después el tiempo, o la verdad, fue decantando de que esta fue una justa guerra, y la Argentina fue reconociendo a sus veteranos.

La Argentina, a pesar de esas campañas de desmalvinización, como lo muestra esta bandera y este espíritu de gente sencilla, de nuestros jugadores que con todo el corazón, en todos los momentos, mostrado este amor por Malvinas. Acordémonos la canción en el mundial anterior, en la hinchada por los muchachos de Malvinas. Entonces, esto ha quedado fijo del lado nuestro y del lado del enemigo no ha cesado. No ha cesado porque hay pruebas fehacientes de que existen usinas de pensamiento producidas desde Gran Bretaña, en la cual se le paga a profesionales y expertos para generar un ambiente de desmalvinización, de que los argentinos abjuremos de Malvinas.

Hay un hecho muy fuerte que yo siempre destaco. Hay una campaña que promueve la Embajada Británica en Buenos Aires que se llama Visitemos a nuestros vecinos los Kelpers, en la cual invitan a jóvenes universitarios dedicados al área de la comunicación para que visiten Malvinas, a cambio de que los jóvenes produzcan piezas de orden publicitario que favorezcan esta amistad con los Kelpers.

Este es un problema muy grave porque desde el Gobierno argentino, del Estado Nacional, no se hace nada para impedir esto porque los Kelpers no son ni nuestros vecinos, son usurpadores de un territorio nacional. Y todo esto, aunque parezca mentira y parezca una fantasía, quedó demostrado en 30 segundos, con la aparición en el mundo, en el éter mundial, de esta bandera que desplegaron nuestros jugadores.

—Usted dice que, sabiendo que venía el partido con Inglaterra, el origen de toda esta campaña, en el fondo, es parte de la agresión de la guerra de Malvinas.

—Yo creo que sí, y de otros poderes que quieren que la Argentina no surja. La Argentina es un país por naturaleza rebelde. No se puede perdonar, ni no nos perdonaron en los 44 años posteriores de la guerra, el haber osado querer cambiar el statu quo que en 1965 las Naciones Unidas decían que debía cambiarse. La Argentina se ha esforzado por todos los medios en tratar de lograr recuperarla pacíficamente. Entonces, esto no se perdona.

—Y, visto en retrospectiva, ¿Cuál es su opinión de Galtieri?

—Al general Galtieri lo conocí. Tuve la oportunidad de conocerlo cuando yo era un joven teniente. El general Galtieri estaba cumpliendo prisión en la Escuela de su Oficial, el Sargento Cabral, el lugar que yo revistaba en ese momento. Y, como con un espíritu curioso, digo: bueno, tengo a esta persona acá, quiero entrevistarlo, quiero conocerlo. Así que varias veces pedí tomar un café con él.

Imagínense, yo era un teniente de 23, 24 años y el general era una persona bastante más grande. Y encontré una persona distinta a la que cuentan los medios, una persona que estaba consciente. Él me dijo a mí: “Mire, Camilli, la historia a mí me va a matar, me va a destruir”. Era perfectamente consciente y tomaba con una gran austeridad esta prisión que se le había impuesto. No tengo palabras negativas. Vi a una persona bastante simple, sencilla, y esa fue mi experiencia personal con el general Galtieri.

—Y desde el punto de vista militar, no personal, sino desde el punto de vista militar, ¿qué opina de la decisión de Galtieri de haber ido a la guerra? No sé si de Galtieri o de la Marina, en cualquiera de los casos? ¿Fue un error o finalmente fue un error útil en algún sentido?

—Lo entiendo perfectamente y, por supuesto, que como 40 años de estudio de este tema me llaman poderosamente la atención y soy el primer interesado en conocer la verdad. La llegada a Malvinas está envuelta en una serie de circunstancias que no son conocidas. Yo tengo una gran amistad con el licenciado José Enrique García Enciso, que fue senador nacional y vicegobernador de la provincia de Corrientes, que a la sazón, en ese momento, era un joven de veintitantos años que formaba parte del gabinete de crisis del general Galtieri por el tema de su conocimiento del idioma inglés.

García Enciso demuestra cabalmente y con pruebas que en 1981, ya en el gobierno del general Viola, se estaba preparando una reacción argentina en forma diplomática fuerte para evitar el cumplimiento de los 150 años ininterrumpidos en el 83 de la Guerra de Malvinas. Hubo una preparación y había un plan B que se empezó a gestar allá por el 81, que era el menos querido, que era hacer una especie de touch and go para cambiar y simplemente mover la sensibilidad de Gran Bretaña y obligarla a cumplir con la directiva de las Naciones Unidas. Estoy resumiendo brevemente porque él lo explica en un libro. Así que tengo una prueba presencial. Es una de las pocas personas vivas que formaban parte del ápice estratégico...

—O sea, usted lo dice que el objetivo era el touch and go. Y cuando ofrecieron las tres banderas fue el error de Galtieri. O sea, el error no fue iniciar la guerra sino seguirla.

—Exactamente. Fue el error, pero condicionado. Porque en este tema de las tres banderas, el presidente Belaunde Terry había logrado... y en la noche del primero al 2 de mayo...

—Hunde en el general Belgrano.

—Sí, señor, pero antes que lo que la gente no sabe, que esa noche se acordó entre las tres partes, Margaret Thatcher, Galtieri y Haig, que era el ministro de Relaciones Exteriores, un alto el fuego momentáneo para negociar. Margaret Thatcher incumple con esa orden y hunde al general Belgrano.Y ahí es cuando el general Galtieri no acepta seguir adelante. Ahora, podemos decir, tendría que haber sido con sangre fría y haber continuado con el acuerdo. De esto es testigo mucha gente del Perú y el mismo García Enciso, de lo que estoy diciendo. No es una cosa imposible de certificar. No justifico. Estoy diciendo: en el proceso de toma de decisiones de un Estado, de una nación, intervienen muchos factores.

—Coronel, me gustaría finalmente que usted le compartiera a nuestra audiencia la conclusión final que usted hace, diciendo de que el poderío de una nación se mide también por su capacidad cultural. Se mide también por cuestiones de soft power. Usted cita el INVAP, el CONAE, el CNEA. Grandes símbolos colectivos de la capacidad y la potencia de un país. Que la fortaleza no es exclusivamente las armas que un país tiene, sino que son la consecuencia de toda una capacidad científica, educativa, tecnológica, económica. Me gustaría un cierre con ese punto.

—Sí, la defensa nacional no es el aparato militar. En un sentido literal, podemos ver la figura de un hombre con un arco y una flecha que se proyecta hacia un blanco. La punta de la flecha, el metal, es solamente el poder militar. Pero todo lo demás que está detrás del arco, la flecha y todo el hombre y todo el esfuerzo, es todo el poderío nacional, toda la potencia nacional que hace posible la ejecución de ese esfuerzo último que tiene una nación cuando va a la guerra. Entonces, si nosotros debilitamos nuestro aparato tecnológico, nuestro aparato productivo, nuestro aparato industrial, nuestro conocimiento científico, y es un activo también la selección nacional, aunque te le parezca mentira, es un activo porque el fútbol Es pasión de las multitudes. Entonces, es un activo nacional.

Todo eso hace al ser y a la esencia de la defensa nacional. Pero tenemos que ponerlo en valor, tenemos que ponerlo a trabajar todos juntos detrás de ese esfuerzo, como ese hombre y ese arco y la flecha. No va la flecha por un lado, la soga por el otro y el músculo por otro. Va todo encaminado hacia cumplir un objetivo. Lo que yo veo es que la Argentina anda así, a la deriva, como una veleta, donde va el viento. Lo que creo que es el momento lo llama a buscar rumbos, a elegir conductores que busquen rumbos, que marquen direcciones y encolumnarnos todos detrás de ese esfuerzo.



jueves, 23 de julio de 2026

Monopolio mediático y desprecio: la radiografía de Marcela Pagano sobre los diarios ingleses

Monopolio mediático y desprecio: la radiografía de Marcela Pagano sobre los diarios ingleses
Con un fuerte descargo, la periodista identificó a los dueños de los medios que instigan la indignación contra el país y diferenció la crítica seria del periodismo sensacionalista.



Dice la diputada:

Esta semana un diario británico nos llamó “criminales”. Hoy le escribí una carta a la sociedad argentina para contarles algo que casi nadie sabe: la campaña anti-argentina de la prensa británica tiene fecha exacta de nacimiento. Día, mes y año.



No nació en este Mundial. Ni con Messi. Ni con la bandera de Malvinas. Nació hace 44 años, un día concreto, con una tapa concreta. Y quedó probada por los propios británicos. Te lo cuento con fechas: la bronca dura un día, la memoria documentada dura para siempre.

Primero, el material. 23/7/1966: tras eliminarnos en Wembley, el DT inglés Alf Ramsey nos llamó “animals”. La prensa de Londres convirtió el insulto en doctrina: salvajes, tramposos, “maestros de las artes oscuras”. Todavía no era una campaña. Era el material.



La campaña nació el 4 de mayo de 1982. Ese día The Sun —diario de Rupert Murdoch— festejó en tapa el hundimiento del Belgrano: “GOTCHA” (“te agarré”). En el agua helada quedaban 323 argentinos. Después preguntaron si los ahogados llegaban a 1.200. 




¿Por qué digo que ESE día nació la campaña? Porque en 1982, y solo en 1982, la propaganda fue coordinada entre el Estado británico y su prensa. No lo digo yo: lo probaron sus propias universidades. 


Terminada la guerra, la operación no se desmontó: se privatizó. Pegarle a la Argentina vendía y lo hicieron género: “Argie-bashing”. 2013: The Sun pagó una solicitada en Buenos Aires: “HANDS OFF!”. 2014: la BBC paseó por la Patagonia la patente H982 FKL. Falklands 82.



Julio 2026: la reactivación. “Los 31 trucos sucios de Argentina” (Telegraph). Nuestra “enfermedad sigue contagiosa” (Times). Por una bandera que dice lo que dice nuestra Constitución: “Argie arrogance” (Sun) y “repugnante” (Daily Mail). Y tras la final: “criminales”.



Mira el recorrido del diccionario:
1966: “animals”
1982: “Argies”
2026: “criminals”
Sesenta años. Tres palabras. Una sola fábrica. 



Y las fábricas tienen dueños. Tres grupos concentran el 90% de los diarios del Reino Unido. Murdoch: The Sun y The Times. La familia Rothermere: el Daily Mail. La indignación británica contra la Argentina no nace en los lectores: se imprime en muy pocas rotativas. 



Y para ser exacta, que es lo que a ellos les falta: no es TODA la prensa británica. The Guardian y The Independent fueron más duros con Inglaterra que con nosotros. La crítica seria no generaliza: identifica. Yo identifico un bloque, con nombres y balances. 

Todo esto, con cada fecha, cada medio y cada archivo, está en la carta que hoy le escribí a la sociedad argentina. No para que odiemos: para que leamos con los ojos abiertos. Un pueblo con memoria documentada no se deja definir por la tapa de un tabloide. 



La Argentina no les pide respeto. Los tiene identificados. Y si esta semana te indignaste con un titular, compartí este hilo: la mejor respuesta a una fábrica de desprecio es un pueblo que conoce a sus dueños.



viernes, 17 de julio de 2026

The Guardian: ¿Las Malvinas son argentinas? No exactamente, pero las Malvinas no pueden seguir siendo británicas para siempre

¿Las Malvinas son argentinas? No exactamente, pero las Malvinas no pueden seguir siendo británicas para siempre
La enemistad entre Londres y Buenos Aires se ha prolongado demasiado; tarde o temprano, la sensatez prevalecerá.
por Simon Jenkins


Jugadores argentinos sostienen una pancarta que proclama "Las Malvinas son Argentinas" tras la semifinal de la Copa Mundial de la FIFA contra Inglaterra el 15 de julio de 2026. Fotografía: MB Media/Getty Images

Esta semana, Gran Bretaña y España acordaron derribar la frontera que separaba Gibraltar de la península ibérica. Fue una buena noticia. Décadas de negociación culminaron en un feliz compromiso. Lamentablemente, el acuerdo no se celebrará el domingo en la final del Mundial entre España e Inglaterra. Pero, ¿es demasiado pedir que surja una negociación similar tras la semifinal de anoche, una aplastante derrota de Inglaterra a manos de Argentina, después de la cual el tema de las Malvinas resurgió con fuerza en forma de pancarta en el campo ? ¿Acaso nada bueno puede seguir al generoso abrazo de Lionel Messi y Harry Kane?

Ninguno de los territorios de la época imperial británica tiene derecho eterno a permanecer como está, y mucho menos uno que le cuesta a los contribuyentes británicos más de 60 millones de libras esterlinas al año en gastos de defensa. En el caso de las Malvinas, su estatus de territorio de ultramar ha sido defendido con firmeza por sucesivos gobiernos, principalmente como el precio de la victoria en la guerra de las Malvinas de 1982. En realidad, sospecho que esto tiene mucho que ver con el hecho de que los isleños, a diferencia de los hongkoneses abandonados o los habitantes de Diego García, eran británicos blancos. La guerra también salvó al gobierno de Margaret Thatcher de la impopularidad y cubrió de gloria a la entonces primera ministra, a diferencia de posteriores aventuras militares.

Lo que se olvida es que, antes de la guerra, los gobiernos británicos estaban negociando la transferencia de la soberanía de las islas con Argentina. Esto se produjo tras un acuerdo de comunicaciones alcanzado con Buenos Aires en 1971, que permitió a los isleños comerciar y viajar con el continente, utilizando sus hospitales, tiendas y demás servicios. Incluso contaban con becas en las escuelas locales. Cientos de argentinos solían visitar Puerto Stanley, la capital de las Malvinas, como turistas. Los isleños estaban entablando gradualmente relaciones cordiales con sus vecinos costeros, de las que se esperaba que surgiera un futuro acuerdo.

En aquel entonces, las Naciones Unidas alentaban a las antiguas potencias coloniales europeas a deshacerse de los restos de sus imperios, incluidos Francia, Portugal y España. En el caso de Gran Bretaña, esto incluía Hong Kong, Diego García, las Malvinas y, se esperaba, Gibraltar. La cuestión no radicaba en derechos históricos —un argumento eterno— sino en el sentido común geográfico. Para Gran Bretaña, era absurdo que un Estado europeo financiara una gran armada para defender territorios distantes y en disputa. Desesperado por ahorrar dinero, el gobierno ya se estaba retirando del Atlántico Sur. Las Malvinas quedaron expuestas e indefensas.

El ministro laborista de Asuntos Exteriores, Ted Rowlands, visitó las islas a finales de la década de 1970 y discutió la posibilidad de extender el acuerdo de comunicaciones a un contrato de arrendamiento con opción de recompra, en el que Argentina mantendría la soberanía, aunque el control del gobierno permanecería en manos británicas. En 1977, se creía que Rowlands los había convencido con garantías de autonomía continua y una garantía de seguridad bajo los auspicios de la ONU. El gobierno de Thatcher, en 1979, heredó la propuesta de Rowlands. Si bien el nuevo ministro, Nicholas Ridley, carecía del poder de persuasión de Rowlands, Thatcher lo autorizó a seguir adelante con ella.

Fue una auténtica barbaridad que el ejército argentino invadiera las Malvinas en 1982, mientras sus ministros negociaban con los británicos en Nueva York. El resultado, inevitablemente, provocó el fracaso de las conversaciones. Pero tal era su plausibilidad que tanto Estados Unidos como Perú continuaron buscando un acuerdo antes del desembarco de la fuerza naval británica del Atlántico Sur. Aunque Argentina podría haberse resignado, Gran Bretaña ya no estaba interesada. Tal era la lógica de la guerra: una vez iniciada, requería una victoria. Un acuerdo podría haber salvado cientos de vidas y miles de millones de libras.

Lo que la guerra de 1982 no requirió fue la suspensión total por parte de Gran Bretaña de cualquier debate futuro sobre la soberanía de las islas durante más de 40 años. El referéndum de las Malvinas de 2013, en el que el 99,8% de los 1.517 votantes optaron por mantener el statu quo, se cita como el fin de la discusión. La realidad es que estas colonias, tarde o temprano, inevitablemente se integrarán a sus continentes. No pueden estar protegidas indefinidamente por un protector europeo, y las reivindicaciones de Argentina no van a desaparecer. Sin la guerra de 1982, las Malvinas podrían haber firmado ahora la paz con su vecino, Argentina, ojalá bajo algún tipo de autonomía bajo mandato de la ONU.

Tal como están las cosas, las Malvinas deben seguir existiendo como una fortaleza militar aislada, al otro lado del mundo, lejos de su generoso protector, Gran Bretaña. Pero tarde o temprano, un gobierno británico tendrá el valor de reanudar las negociaciones. Por ahora, el Ministerio de Asuntos Exteriores y el Ministerio de Defensa simplemente posponen el problema. Sería gratificante que la bandera de las Malvinas ondeando en un partido de fútbol en EE.UU. impulsara a alguien a actuar. Lo dudo mucho.



sábado, 11 de julio de 2026

El plan británico para militarizar los mares, tejer alianzas sudamericanas y asegurar sus colonias

El plan británico para militarizar los mares, tejer alianzas sudamericanas y asegurar sus colonias
El atlas estratégico editado por el Council on Geostrategy y el Centro de Estudios Estratégicos de la Marina Real británica. Con el prólogo del Primer Lord del Mar, el documento expone la doctrina militar que concibe a las Islas Malvinas como pieza clave de una red de proyección de fuerza global. El rol de Chile, Brasil y Uruguay en el esquema logístico y tecnológico de Whitehall.



El informe del Council on Geostrategy sepulta de manera definitiva las teorías biempensantes que suponen que el Reino Unido accederá a sentarse a negociar la soberanía de las islas por razones de "buena voluntad diplomática".

El Reino Unido ha decidido abandonar de manera definitiva su posición defensiva de la posguerra y se prepara para disputar el orden mundial mediante el uso explícito de la fuerza, el despliegue tecnológico de vanguardia y la consolidación de sus enclaves coloniales. Así lo revela "Britain's world: The strategy of security in twelve geopolitical maps" (El mundo de Gran Bretaña: La estrategia de seguridad en doce mapas geopolíticos), un minucioso informe doctrinario editado por los estrategas James Rogers y Andrew Young bajo el sello de la corporación Geostrategy Ltd..



El documento cuenta con la validación política e institucional del mismísimo General Sir Gwyn Jenkins, Primer Lord del Mar (First Sea Lord) y Jefe del Estado Mayor Naval del Reino Unido, quien firma un prólogo donde convoca a la comunidad estratégica británica a prepararse activamente para el combate y la defensa de sus infraestructuras globales. En sus páginas, la geografía de la usurpación en el Atlántico Sur deja de ser un "asunto pendiente" de la diplomacia y pasa a ser catalogada como un activo logístico militar indispensable para la metrópoli.

La "Nueva Marina Híbrida" y el horizonte a cinco años

El núcleo de esta estrategia descansa sobre el concepto de la "Nueva Marina Híbrida" (New Hybrid Navy). El General Jenkins establece una directriz operativa drástica para los astilleros británicos: “nuestra flota será tripulada por robots siempre que sea posible, y por humanos sólo cuando sea estrictamente necesario”. Este recambio tecnológico —que ya se financia con el compromiso de la OTAN de elevar el gasto militar al 3.5% del PIB hacia 2035— busca masificar el uso de drones submarinos autónomos, vehículos de superficie no tripulados y cazas de sexta generación desarrollados a través del programa GCAP.



Desde la perspectiva de Agenda Malvinas, este salto tecnológico persigue un fin claro: industrializar la guerra, convirtiendo el gasto militar en un dinamizador económico interno para corporaciones como BAE Systems y Rolls-Royce, las cuales concentran sus fábricas de armas y submarinos nucleares fuera de la congestionada Londres. El plan busca reconfigurar el aparato estatal e industrial británico en un plazo inmediato de cinco años, preparando al país para escenarios de alta intensidad hacia el cierre de la década.

El cerco diplomático en Sudamérica: Chile, Brasil y Uruguay en la mira de Whitehall

Para los fueguinos y para la causa soberana argentina, el capítulo más crítico del atlas es el mapa de "Alcance Marítimo" (Maritime Reach). El informe detalla que, para que el Reino Unido pueda mitigar "la tiranía de la distancia" y hacer valer sus intereses en las islas y espacios marítimos circundantes, la diplomacia de defensa de Su Majestad debe operar de manera agresiva en el continente americano. El documento explicita la necesidad imperiosa de coordinar con terceros Estados para asegurar un entramado de "derechos de sobrevuelo territorial y acceso marítimo" que permita responder a contingencias o sostener el puente logístico colonial.

Es allí donde cobra relevancia el rol histórico y presente de los socios sudamericanos, cuyas relaciones son cuidadosamente cultivadas por el Servicio Diplomático de Su Majestad (HMDS): 

Chile, el socio estratégico e industrial: El documento destaca cómo el Reino Unido utiliza la exportación de tecnología de defensa para generar interoperabilidad profunda y lazos de dependencia a largo plazo. Chile es el principal exponente de esta política en la región, habiendo adquirido históricamente fragatas británicas (como las Type 23) y manteniendo una cooperación constante en entrenamiento naval y cartografía antártica. Para Londres, el estrecho de Magallanes y las bases chilenas son el reaseguro de contingencia frente a cualquier escalada en el Atlántico Sur.

Brasil y el balance de poder atlántico: La estrategia británica mira a Brasilia no como un aliado automático, sino como una potencia regional con la que es vital mantener lazos en materia científico-tecnológica y de seguridad marítima. El Reino Unido vigila estrechamente el desarrollo del programa de submarinos brasileño (PROSUB) y busca asociarse en la protección de las líneas de comunicación del Atlántico Sur (la llamada "Amazonia Azul"). Al integrar a Brasil en ejercicios y diálogos de defensa, Londres intenta neutralizar cualquier intento de conformar un bloque sudamericano de defensa que sea hostil a su presencia en Malvinas.

Uruguay, el "puente humanitario" y comercial: Aunque Montevideo sostiene formalmente el reclamo argentino en los foros internacionales, la geofinalidad de Whitehall sigue considerando a los puertos y aeropuertos uruguayos como el nexo logístico civil y sanitario más cercano y eficiente para el archipiélago. El flujo de vuelos de evacuación médica y el aprovisionamiento de buques pesqueros que operan con licencias ilegales kelpers encuentran históricamente en la península oriental una ventana de oxígeno que debilita la estrategia argentina de aislamiento económico al invasor.

Conclusiones urgentes para la política exterior argentina

El informe del Council on Geostrategy sepulta de manera definitiva las teorías biempensantes que suponen que el Reino Unido accederá a sentarse a negociar la soberanía de las islas por razones de "buena voluntad diplomática". Para los planificadores de Whitehall, las Malvinas son una trinchera geoestratégica vital para proyectar poder hacia la Antártida, controlar el paso bioceánico y vigilar los recursos naturales de la plataforma continental.

Este documento demuestra que el invasor está reforzando sus defensas y su red de alianzas continentales para los próximos cinco años, buscando consolidar su posición extractiva y militar antes de que la crisis global de recursos se agudice. Revertir este despojo exige reactivar de forma urgente una geopolítica nacional firme, que asuma que el Atlántico Sur es hoy el teatro de operaciones de una potencia que se prepara, sin tapujos, mediante un cerco diplomático que busca que nuestros propios vecinos operen como la retaguardia logística del colonialismo británico.



sábado, 24 de enero de 2026

La mayor amenaza que enfrenta Gran Bretaña pronto podría ser Estados Unidos, pero el establishment no lo reconocerá

La mayor amenaza que enfrenta Gran Bretaña pronto podría ser Estados Unidos, pero el establishment no lo reconocerá
Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, todas las miradas han estado puestas en Rusia. Sin embargo, la presidencia cada vez más errática y hostil de Trump está desbaratando viejas suposiciones.
por Andy Beckett


Keir Starmer y Donald Trump en una cumbre de paz en Egipto el 13 de octubre de 2025. Fotografía: Evan Vucci/AFP/Getty Images


Una de las cosas en las que el debilitado y a menudo denigrado Estado británico aún destaca es en persuadir al público de que otro país representa una amenaza. Siendo una pequeña isla belicosa junto a una masa continental mucho mayor, Gran Bretaña lleva siglos cultivando su propio sentido de aprensión. Podría decirse que prepararnos para un conflicto con alguna parte del mundo exterior es nuestra mentalidad natural.

Nuestros primeros ministros y los principales partidos políticos, servicios de inteligencia y funcionarios, oficiales militares en activo y retirados, centros de estudios de defensa y asuntos exteriores, y periodistas de derecha e izquierda difunden advertencias sobre posibles países enemigos. En ocasiones, el proceso es relativamente sutil y encubierto: periodistas o parlamentarios reciben información extraoficial sobre nuestra «seguridad nacional» —un término potencialmente impreciso— ante una nueva amenaza.

Y a veces el enfoque del Estado es más directo. El mes pasado, el jefe de las fuerzas armadas del Reino Unido, Richard Knighton, pronunció una conferencia ampliamente difundida en la que advirtió que «la situación [de seguridad nacional] es más peligrosa de lo que he conocido durante mi carrera», la cual comenzó durante la Guerra Fría en 1988. «Requiere una respuesta de toda la nación», continuó, «un sentido de orgullo y propósito nacional que ha caracterizado a nuestra nación en tiempos de conflicto». Para un número cada vez mayor de nuestras altas figuras militares, de inteligencia y políticas, Gran Bretaña ya se encuentra en una guerra no declarada.

¿Pero con quién? Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, según el estado de seguridad británico, nuestro enemigo más probable ha sido Rusia. Su invasión de Ucrania ha provocado que ese mensaje se difunda de nuevo. Ya sea bajo el mar, en el cielo, en tierra o en el espacio digital, se asume ampliamente que la mayor amenaza para este país proviene del este.

Sin embargo, con la presidencia cada vez más errática, agresiva y, a menudo, abiertamente hostil de Donald Trump, esa suposición parece cada vez más simplista. La crisis de Groenlandia es solo el ejemplo más reciente y claro de la profunda antipatía de esta administración hacia la Europa relativamente liberal, incluyendo a Gran Bretaña. Hasta ahora, ha provocado disputas fundamentales sobre la libertad de expresión, los aranceles, la crisis climática, el multiculturalismo, el gasto militar, el derecho internacional, la regulación de las empresas tecnológicas, el auge del populismo de extrema derecha, la injerencia estadounidense en elecciones extranjeras y el gobierno y la vigilancia policial de diversas ciudades europeas como Londres.


Miembros de las fuerzas armadas danesas y francesas participan en un ejercicio militar en Groenlandia, el 17 de septiembre de 2025. Fotografía: Guglielmo Mangiapane/Reuters

A principios de este mes, la directora del respetado think tank británico Chatham House, Bronwen Maddox, declaró que los países occidentales «deben ahora contemplar lo impensable: defenderse de Estados Unidos, tanto en el ámbito comercial como en el de la seguridad». Añadió: «No es grandilocuente decir que esto supone el fin de la alianza occidental».

¿Qué tan preparada está Gran Bretaña para este enorme cambio? Muchos votantes ya parecen estar adaptándose: una encuesta reciente de Opinium reveló que el 32% considera a Estados Unidos una amenaza, un porcentaje significativamente mayor que antes del regreso de Trump al poder. A pesar de los siglos de vínculos culturales, económicos y sociales entre ambos países, millones de británicos parecen comprender sin dificultad que la administración Trump no está de nuestro lado, por aterradora que sea esta perspectiva. En el volátil mundo actual, los votantes están aprendiendo a ser flexibles en su perspectiva global.

Pero para las personas o instituciones más comprometidas con el statu quo, aceptar su colapso o decadencia puede ser mucho más difícil. La "relación especial" angloamericana ha sido central en el pensamiento y las actividades políticas de Westminster y Whitehall durante más de 80 años. Otros lugares de colaboración, a menudo secreta, se encuentran dispersos por toda Gran Bretaña: desde el centro de vigilancia del GCHQ en Cheltenham, que colabora con la inteligencia estadounidense, hasta nuestros submarinos con armas nucleares en Faslane, Escocia, con sus misiles mantenidos por Estados Unidos; desde 13 bases de la fuerza aérea estadounidense hasta la vasta residencia del embajador estadounidense, Winfield House, que cuenta con el segundo jardín más grande de Londres después del Palacio de Buckingham.

La última vez que esta relación fue ampliamente cuestionada en Gran Bretaña fue durante la presidencia de Ronald Reagan, hace más de 40 años. Su enfoque inicial de confrontación durante la Guerra Fría, incluyendo la invasión de Granada en 1983 —que indignó incluso a la habitualmente atlantista Margaret Thatcher—, hizo que muchos británicos vieran a Reagan como un líder peligroso e inestable. Las bases británicas de Estados Unidos y otros privilegios oficiales en el país se volvieron polémicos, convirtiéndose en el foco del entonces floreciente movimiento por la paz, películas como "Defence of the Realm" y canciones de bandas de rock político como New Model Army y The The.

Pero entonces Reagan se volvió más conciliador con Rusia, la Guerra Fría terminó y la relación entre Estados Unidos y el Reino Unido volvió a ser prácticamente incuestionable para el Estado y el electorado británicos. En junio pasado, cinco meses después del ya alarmante segundo mandato de Trump, el gobierno de Keir Starmer publicó una revisión estratégica de defensa. Sus siete amplios capítulos consideraron las amenazas de Rusia, China, Irán y Corea del Norte, pero ignoraron esencialmente la política exterior antieuropea de Trump, mencionando en cambio brevemente un "cambio en las prioridades de seguridad de Estados Unidos".

A pesar de las tardías y duras palabras de Starmer sobre Groenlandia el miércoles, en su enfoque más amplio hacia Trump, su gobierno parece aún aferrado a la ortodoxia británica de que hay poco que ganar, y mucho que perder, al romper radicalmente con Estados Unidos. Además de la creencia en la relación especial, hay otros impulsos profundos en juego. Desde que este país perdió su supremacía global en la década de 1940, nuestros gobernantes y diplomáticos se han acostumbrado a intentar sacar el máximo provecho de las malas situaciones y a ganar tiempo. Por mucho que lo desee, Trump no será presidente para siempre.

Sin embargo, ahora hay muchos otros políticos y estrategas estadounidenses de alto rango con una visión antieuropea del mundo, como el vicepresidente y probable candidato presidencial, J.D. Vance. Su desprecio por los "gobiernos minoritarios inestables" de Europa y su creencia de que Estados Unidos podría y debería lograr un "dominio" aún mayor de Occidente —en palabras de la última estrategia de seguridad nacional de la administración Trump— es un sistema de creencias que, antes semisumergido bajo ideas más consensuadas, ahora ha aflorado a la superficie de la política estadounidense. Incluso si los republicanos pierden las elecciones intermedias y las próximas elecciones presidenciales gracias al irregular historial nacional de Trump y su constante impopularidad, este monstruo nacionalista podría no desaparecer de la vista durante mucho tiempo.

El Estado británico puede creer que su relación con Estados Unidos se mantiene esencialmente igual, o que puede ajustarse, o que puede extenderse de forma reducida durante algunos años más. O puede reflexionar de forma innovadora.

Andy Beckett es columnista del Guardian.



domingo, 11 de enero de 2026

Starmer considera enviar militares a Groenlandia mientras Trump intensifica su retórica

Starmer considera enviar militares a Groenlandia mientras Trump intensifica su retórica
La posibilidad de que haya tropas británicas en territorio danés se produce días después de que el primer ministro prometiera desplegar tropas sobre el terreno en Ucrania.
por David Maddox


Kemi Badenoch teme que la OTAN pueda colapsar.

Sir Keir Starmer está considerando enviar tropas británicas a Groenlandia mientras la retórica de Donald Trump sobre arrebatar el territorio danés continúa aumentando.

Esto ocurre apenas unos días después de que el primer ministro se comprometiera a enviar tropas a Ucrania como núcleo de la coalición de dispuestos a garantizar la paz, mientras ex altos mandos militares cuestionaban si el Reino Unido tiene suficiente personal.

La revelación llega después de que el ex secretario de Estado adjunto de Obama, Frank Rose, dijera a The Independent que las acciones de Trump amenazan con socavar la defensa de Estados Unidos en la región y llevar a que los aliados se vuelvan contra él.

El presidente Trump ha insistido en que quiere el control de Groenlandia y no ha descartado la posibilidad de utilizar la fuerza militar para apoderarse del territorio danés semiautónomo.


Keir Starmer podría enviar tropas británicas a Groenlandia a medida que aumentan las tensiones sobre el futuro del territorio (Getty)

La secretaria de Transporte, Heidi Alexander, insistió en que las discusiones sobre la seguridad del Alto Norte frente a Rusia y China eran parte de los “negocios habituales” de la OTAN y no una respuesta a la amenaza militar estadounidense.

La líder conservadora, Kemi Badenoch, criticó las discusiones, advirtiendo que existe el peligro de que la alianza de la OTAN colapse y argumentando que Groenlandia es un "tema de segundo orden".

Le dijo a Laura Kuenssberg de la BBC: «Ahora mismo, lo que realmente me preocupa es si habrá una OTAN. Necesitamos mantener a Estados Unidos de nuestro lado».

Mientras tanto, el exembajador del Reino Unido en EE. UU., Peter Mandelson, insistió en que no cree que Trump envíe tropas estadounidenses a tomar el control de Groenlandia y acusó a los críticos del presidente estadounidense de "querer aferrarse a las perlas" en lugar de afrontar la realidad. Sin embargo, el par laborista también criticó al primer ministro, quien lo destituyó como embajador, por no haber cumplido con el aumento prometido del gasto en defensa.

The Telegraph informó que los jefes militares están elaborando planes para una posible misión de la OTAN a Groenlandia, que podría implicar el despliegue de soldados, buques de guerra y aviones británicos en la isla.


La Sra. Alexander restó importancia a la sugerencia y le dijo a la Sra. Kuenssberg que el informe "posiblemente interpreta algo más en las discusiones habituales entre los aliados de la OTAN de lo que realmente hay".


Se ha informado de que los jefes militares están elaborando planes para una posible misión de la OTAN a Groenlandia (PA)

Dijo que el Reino Unido estaba de acuerdo con el presidente Trump en que el Círculo Polar Ártico “se está convirtiendo en una parte cada vez más disputada del mundo con las ambiciones de [Vladimir] Putin y China”.

“Si bien no hemos visto en esa parte del mundo las terribles consecuencias que hemos visto en Ucrania, es realmente importante que hagamos todo lo que podamos con todos nuestros aliados de la OTAN para garantizar que tengamos una disuasión efectiva en esa parte del mundo contra Putin”.

Trump ha dicho que quiere obtener el control de Groenlandia, que tiene una ubicación estratégica y recursos naturales, y "si no lo hacemos de la manera fácil, lo haremos de la manera difícil".

Pero Lord Mandelson dijo que no creía que Trump utilizaría el ejército contra un aliado de la OTAN.

“El presidente Trump no va a desembarcar en Groenlandia ni a tomarla por la fuerza”, dijo. “No es tonto. Lo que va a pasar es que habrá mucha discusión, mucha consulta, mucha negociación y, al final, todos tendremos que darnos cuenta de la realidad de que el Ártico necesita protección contra China y Rusia.

“Y si me preguntan quién va a liderar ese esfuerzo de seguridad, todos sabemos, ¿no es así?, que serán los Estados Unidos”.


Donald Trump quiere que Estados Unidos tome el control de Groenlandia (AFP vía Getty)

Argumentó que el Sr. Trump «cree que vivimos en un mundo de conflictos y poder duro… y que a veces hay que agarrar las ortigas. Tenemos que entenderlo».

También criticó a Sir Keir por no cumplir su compromiso con los aumentos prometidos en el gasto de defensa.

“Lo siento, pero el dinero tiene que llegar”, dijo. “Creo que el principio [de gasto adicional en defensa] es aceptado. Creo que se acepta la financiación, pero no he visto los planes financieros. No para el futuro, no de la forma en que deben desarrollarse y desarrollarse en los próximos años”.

Fuentes de Downing Street señalaron que el primer ministro comparte la opinión del presidente Trump de que hay que disuadir la creciente agresión de Rusia en el Alto Norte y fortalecer la seguridad euroatlántica, y que el Reino Unido se toma "extremadamente en serio" las amenazas de Rusia y China en la región.

Confirmaron que las discusiones de la OTAN sobre el refuerzo de la seguridad en la región continúan y que nunca nos adelantaremos a ellas, pero el Reino Unido está trabajando con los aliados de la OTAN para impulsar los esfuerzos para reforzar la disuasión y la defensa en el Ártico.


El futuro de Groenlandia sigue en duda tras las amenazas de Estados Unidos de actuar "les guste o no" (AP)

El año pasado, comandos británicos participaron en el Ejercicio Joint Viking en Noruega –uno de los ejercicios más grandes de la OTAN en el Alto Norte a temperaturas bajo cero– junto con 7.000 tropas aliadas, patrulleras de la Marina Real y el RFA Lyme Bay.

Este año, 1.500 marines reales se desplegarán en el Ejercicio Cold Response en Noruega, Finlandia y Suecia, entrenándose con aliados para defender terreno clave y demostrar la unidad de la OTAN.

Pero la semana pasada, altos mandos militares retirados advirtieron que el Reino Unido está sobreexigido incluso con el compromiso de Sir Keir con Ucrania.

En un informe para Policy Exchange, el mariscal del aire retirado Edward Stringer advirtió que el aumento del gasto de defensa en el Reino Unido está siendo "devorado por el sobregiro del Ministerio de Defensa [MoD]", y que la presencia militar del Reino Unido se está reduciendo en un momento crítico.

Su informe, titulado “Las lagunas en la defensa”, señala que el Ejército británico ahora tiene sólo 14 obuses en total; la Marina Real no ha podido poner más de un submarino de ataque en el mar durante un tiempo; y la RAF tuvo que enviar pilotos de unidades de entrenamiento al mar para garantizar la certificación de la Fuerza F-35 en el portaaviones.

Mientras tanto, otro informe de Policy Exchange a principios de la semana de otro mariscal aéreo retirado, Lord Stirrup, describió cómo el Reino Unido se había vuelto demasiado dependiente de la posesión de armas nucleares para la disuasión, lo que, advirtió, no estaba asustando a Vladimir Putin.

Esto ocurrió cuando Sir Richard Shirreff, quien sirvió como comandante supremo adjunto de los aliados de la OTAN en Europa entre 2011 y 2014, dijo que las fuerzas aliadas necesitarían al menos 50.000 tropas en Ucrania para disuadir un ataque de Rusia, mientras que el ejército actualmente tiene menos de 75.000 efectivos.



viernes, 14 de noviembre de 2025

Documentos secretos británicos confirman el apoyo militar de Estados Unidos al Reino Unido durante la Guerra de Malvinas

Documentos secretos británicos confirman el apoyo militar de Estados Unidos al Reino Unido durante la Guerra de Malvinas
Por Alejo Sanchez Piccat




Una nueva serie de documentos clasificados del Ministerio de Defensa británico, revelados por el analista militar Sir Humphrey (@pinstripedline), expone la profundidad de la cooperación entre el Reino Unido y Estados Unidos durante la Guerra de Malvinas.

Los archivos, fechados entre abril y mayo de 1982 y marcados como “SECRET UK EYES A” y “CONFIDENTIAL”, detallan solicitudes urgentes de equipamiento, armas e inteligencia estratégica que Londres elevó a Washington mientras la Task Force avanzaba hacia el Atlántico Sur.

Entre los requerimientos, el documento destaca el pedido de inteligencia satelital en tiempo real, reconocimiento fotográfico y señales (SIGINT) sobre movimientos argentinos, además de comunicaciones encriptadas, municiones y sistemas antiaéreos. Se trataba de una lista de “requerimientos prioritarios” para sostener la operación Corporate, que incluía incluso el pedido de 20 minas lapa (limpet mines) para las unidades de fuerzas especiales SBS (Special Boat Service).

“Las minas actualmente en uso son de la Segunda Guerra Mundial, obsoletas y con tiempos de detonación imprecisos. La provisión desde fuentes estadounidenses daría a la SBS una capacidad de ataque naval más confiable y efectiva”, señala uno de los informes fechados el 28 de abril de 1982 y firmado por el Mayor P. J. Henderson, del Cuerpo Real de Transporte británico.

The April 1982 list of Royal Navy Falklands related urgent requirements for support from the USA. It included intelligence on surface and submarine movements, CIWS for HMS ILLUSTRIOUS and 20 limpet mines for the SBS as "the current mine is obsolete". pic.twitter.com/lYPQVRCTQu— Sir Humphrey (@pinstripedline) November 3, 2025






Armas, inteligencia y apoyo logístico estadounidense

Los documentos incluyen también una solicitud para equipar a los buques de patrulla clase CASTLE con cañones de 76 mm, con el fin de “darles una función de presencia y control” en las islas tras la eventual ocupación.



Otros pedidos abarcaron misiles Sidewinder AIM-9L —misiles aire-aire de última generación en ese momento—, minas antibuque, y apoyo en reabastecimiento y comunicaciones satelitales (FLTSATCOM y Gapfiller). El texto indica además que Washington brindó “considerable apoyo” en materia de inteligencia antes del inicio formal de las operaciones, confirmando que la cooperación militar anglo-estadounidense fue decisiva en la campaña del Atlántico Sur.

“El documento evidencia una cadena directa de coordinación logística, inteligencia y reabastecimiento entre la Marina Real británica y la Armada estadounidense”, subrayó Sir Humphrey en su publicación.



Cooperación encubierta y participación regional

Los documentos filtrados también hacen referencia al uso de instalaciones chilenas y a la provisión de combustible desde Panamá y Chile a buques británicos. Estos vínculos, hoy parcialmente confirmados, refuerzan la hipótesis de que Chile desempeñó un papel logístico clave a favor del Reino Unido, una cuestión que sigue siendo diplomáticamente sensible.

Parte del material continúa clasificado bajo la cláusula de “protección de las relaciones internacionales”, la misma que el Ministerio de Defensa invocó recientemente para mantener en secreto tres de los 14 planes de guerra discutidos por el alto mando británico el 29 de abril de 1982, revelados por Escenario Mundial el mes pasado.


La 1435 Flight mantiene cuatro Typhoon FGR4 en QRA para la defensa del espacio aéreo de las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur integrados a la 905 Expeditionary Air Wing. Créditos: Real Fuerza Aérea

En octubre de 2025, Escenario Mundial había informado sobre un conjunto de documentos del MoD británico que detallaban las 14 opciones estratégicas evaluadas por el gobierno de Margaret Thatcher para la guerra, de las cuales tres permanecen clasificadas hasta 2057.

Estos nuevos archivos completan el panorama de una guerra planificada con múltiples capas de coordinación internacional, espionaje y disuasión, en la que Washington habría aportado apoyo tecnológico, logístico y material mucho más amplio de lo admitido públicamente.