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domingo, 22 de marzo de 2026

El Comando Sur alerta por 12 sitios espaciales chinos en la región y Argentina queda en el foco por los más sensibles

El Comando Sur alerta por 12 sitios espaciales chinos en la región y Argentina queda en el foco por los más sensibles



  • El jefe del Comando Sur afirmó ante el Congreso de Estados Unidos que entidades chinas ya tienen presencia o buscan acceso a al menos 12 sitios espaciales en la región.
  • Washington sostiene que esas instalaciones podrían servir para monitorear satélites, recolectar información sobre activos militares e interceptar datos sensibles.
  • Aunque el documento no identifica los países ni los emplazamientos, Argentina vuelve a quedar bajo la lupa por la estación de Neuquén y otros proyectos vinculados a Beijing.
  • La advertencia forma parte de una preocupación más amplia de Estados Unidos por la infraestructura de uso dual que China desarrolla en el hemisferio occidental.

Estacion de Espacio Profundo China Neuquen

El Comando Sur de Estados Unidos volvió a poner a la infraestructura espacial china en América Latina en el centro de la competencia estratégica. En su declaración anual ante la Cámara de Representantes, el general Francis L. Donovan advirtió que entidades chinas ya controlan o buscan acceso a por lo menos 12 sitios espaciales en América del Sur y el Caribe, una red que, según Washington, podría utilizarse para monitorear satélites en el hemisferio occidental, recolectar información sobre activos militares estadounidenses e interceptar datos sensibles. La advertencia elevó el perfil de un tema que hasta hace poco aparecía circunscripto a debates técnicos y de defensa.

La novedad no pasa solo por el número. Lo más relevante es que el Comando Sur ya incorpora esa infraestructura dentro de una discusión más amplia sobre posiciones estratégicas, instalaciones de uso dual e influencia china en áreas críticas del hemisferio. En la lógica de Washington, no se trata de antenas aisladas ni de acuerdos científicos desconectados entre sí, sino de una red con valor operativo, tecnológico y geopolítico, en un momento en que la competencia con Beijing dejó de girar únicamente en torno al comercio y las telecomunicaciones.

Aunque la declaración no detalla uno por uno los países o emplazamientos involucrados, Argentina aparece inevitablemente en el centro de esa lectura. El motivo es doble: por un lado, por la estación de espacio profundo instalada en Neuquén; por otro, por la acumulación de otros proyectos, acuerdos y desarrollos asociados a la cooperación espacial con China en distintos puntos del país. Para Estados Unidos, el problema no es únicamente la existencia de esas instalaciones, sino el valor estratégico que adquieren por ubicación, capacidad de seguimiento y eventual utilidad militar indirecta.


Crédito: Programa de China del IISS

Argentina, en el punto más sensible del mapa

El caso más conocido es la estación de espacio profundo de Neuquén, operada en el marco de la cooperación entre la CONAE y China. Desde la posición oficial argentina, la instalación tiene fines pacíficos y científicos, vinculados al seguimiento de misiones espaciales y a programas de exploración de espacio profundo. Sin embargo, desde hace años Washington mira el acuerdo con desconfianza por el tipo de organismo chino involucrado, por el margen de opacidad sobre determinadas actividades y por el potencial de uso dual que tienen este tipo de infraestructuras.

A eso se suma otro dato clave: la ubicación geográfica argentina le ofrece a China una ventaja que no puede replicar desde su propio territorio. La posición austral del país permite cubrir trayectorias orbitales, ventanas de observación y segmentos del cielo particularmente valiosos para seguimiento satelital, enlaces de espacio profundo y telemetría. Esa condición convierte al territorio argentino en una pieza especialmente atractiva dentro de cualquier arquitectura espacial con ambición global.

Por eso, cuando el Comando Sur habla de 12 sitios en la región, la preocupación no se agota en la cantidad. Lo que subyace es una evaluación sobre cuáles de esos nodos ofrecen mayor valor operativo. En ese punto, Argentina sobresale por albergar algunos de los emplazamientos más sensibles del hemisferio, tanto por localización como por la naturaleza de las capacidades que pueden brindar. No se trata solo de infraestructura científica: para Washington, el riesgo es que esos activos aporten redundancia, cobertura y profundidad a un entramado espacial chino cada vez más extendido en el hemisferio sur.


Imagen satelital de la Base Espacial China en Argentina. Crédito: Google Earth

La advertencia también se inscribe en una visión más amplia del Comando Sur sobre la presencia china en América Latina. En su declaración, la cuestión espacial aparece junto con puertos, minerales críticos, corredores logísticos y acceso a infraestructura estratégica. Eso muestra que Estados Unidos ya no analiza estos avances como fenómenos separados, sino como parte de una misma competencia por posiciones, acceso y capacidad de influencia en su área de interés inmediato.

Del lado argentino, la defensa oficial sigue apoyándose en el carácter pacífico de los acuerdos firmados con China y en las cláusulas que limitan el uso militar de las instalaciones. Pero el problema para Washington no pasa tanto por la letra de esos compromisos como por la dificultad para verificar de manera permanente qué funciones cumplen estos nodos y cómo se articulan dentro de una red regional más amplia.

Lo que deja la nueva advertencia del Comando Sur es un cambio de escala en el debate. La presencia espacial china en América Latina ya no aparece como un tema marginal ni como una controversia diplomática episódica. Para Estados Unidos, forma parte de la disputa por infraestructura crítica en el hemisferio occidental. Y dentro de ese tablero, Argentina vuelve a quedar bajo la lupa por alojar algunos de los activos que, por ubicación y capacidades, resultan más sensibles para esa competencia.



sábado, 28 de febrero de 2026

China despliega en América Latina una red espacial de doble uso y enciende alarmas en Washington

China despliega en América Latina una red espacial de doble uso y enciende alarmas en Washington



Estados Unidos volvió a poner la lupa sobre la presencia espacial de China en América Latina. Un nuevo informe del Congreso norteamericano sostiene que lo que Pekín presenta como cooperación científica y tecnológica también funciona como infraestructura de apoyo para operaciones militares. En el centro de la discusión está una red de estaciones terrestres, radiotelescopios y sistemas de seguimiento que, según el documento, permitiría rastrear satélites y recolectar inteligencia en el hemisferio occidental.

La investigación fue publicada por el Select Committee on the Chinese Communist Party de la Cámara de Representantes, y afirma haber identificado al menos once instalaciones vinculadas a China en Argentina, Venezuela, Bolivia, Chile y Brasil. El texto, titulado Pulling Latin America into China’s Orbit, presenta estas capacidades como parte de una estrategia más amplia de “fusión civil-militar” y de expansión global del segmento terrestre chino, la infraestructura en tierra que permite comandar satélites, bajar datos y seguir objetos en órbita.


China despliega en América Latina una red espacial de doble uso y enciende alarmas en Washington. Crédito: Select Committee on China.

El informe de Washington

Es claro que tener satélites en órbita no sirve de nada si no se tienen antenas en tierra que reciban los datos y comanden la operación. El informe sostiene que China habría asegurado acceso a nodos clave en América Latina para mejorar sus capacidades para detectar, seguir y predecir movimientos de satélites y basura espacial. Para Washington, además de tener valor científico, eso también puede apoyar operaciones de inteligencia, contraespacio y planificación militar.

En su comunicado, el comité enmarca el tema como un riesgo directo para los sistemas satelitales de los que dependen comunicaciones, navegación y servicios críticos. Además, recomienda que la NASA revise cooperaciones para evitar violaciones a la “Wolf Amendment”, una restricción legal a la cooperación bilateral con China. Finalmente, sugiere que el gobierno estadounidense busque frenar la expansión de infraestructura espacial china en la región.

El informe agrupa tres tipos de infraestructura. Primero, las estaciones terrenas, con antenas que realizan telemetría, seguimiento y comando (TT&C). Éstas monitorean el estado de salud de un satélite, le envían órdenes y bajan datos. Segundo, los radiotelescopios, que en astronomía detectan señales muy débiles del espacio, pero también pueden contribuir a detectar emisiones y tareas de seguimiento de objetos en órbita. Tercero, los sitios de Satellite Laser Ranging (SLR), que miden distancias con pulsos láser reflejados por satélites y permiten calcular órbitas con gran precisión. En particular, el reporte afirma que esa precisión puede ser relevante para sistemas militares que requieren geodesia fina y referencias exactas.

Ubicada en China, una antena solo puede comunicarse con un satélite pasa relativamente cerca de su territorio y tiene contacto con él. Pero, cualdo los satélites pasan por el otro hemisfero, Pekín pierde el contacto. Para lograr cobertura casi continua, hacen falta estaciones distribuidas por el planeta, y América Latina es parte de esa lógica.

El caso argentino: Neuquén, San Juan y Río Gallegos

Argentina aparece como uno de los ejes del informe. El documento destaca la Estación CLTC–CONAE de Neuquén, parte de la red china de espacio profundo y operada en cooperación con la agencia espacial argentina. En la visión estadounidense, la preocupación no es tanto la antena, sino el control y la supervisión sobre qué tráfico se cursa y con qué fines.

Del lado argentino, hay información pública que describe un uso civil y científico. La CONAE explica que la estación brinda soporte de telemetría, seguimiento y control para misiones del programa chino de exploración lunar. También hay comunicados oficiales que muestran su uso como apoyo a misiones específicas, como el satélite Queqiao y el programa interplanetario hacia Marte.

Además de Neuquén, el informe menciona un proyecto SLR en el Observatorio Astronómico Félix Aguilar, en San Juan, y una estación en Río Gallegos vinculada a servicios satelitales comerciales. En este último caso, el documento afirma que el sitio tendría antenas en bandas X y C y lo conecta con empresas y personal que, según su análisis, tendrían lazos con estructuras militares chinas. Se trata de señalamientos que el comité presenta como parte de su argumento de doble uso.

Chile, Brasil, Bolivia y Venezuela: ciencia, datos y geopolítica

En Chile, el debate se cruzó con proyectos astronómicos y de procesamiento de datos. Un caso citado fue el de un observatorio chino en el desierto de Atacama, que quedó bajo revisión en medio de presiones políticas y cuestionamientos de seguridad. China, por su parte, defiende estas iniciativas como científicas y acusa a Estados Unidos de politizar la cooperación.

Brasil aparece asociado a cooperación académica y a proyectos de radioastronomía. A fines de 2025, por ejemplo, se anunció la creación de un laboratorio conjunto China–Brasil para tecnologías de radioastronomía. El informe del comité toma este tipo de infraestructura como potencialmente reutilizable para tareas de seguimiento de satélites y clasificación de emisiones, aun cuando su objetivo declarado sea científico.

En Bolivia y Venezuela, el foco pasa por estaciones de control de satélites ligadas a programas nacionales desarrollados con soporte chino. El reporte describe nodos TT&C como parte de una red regional más amplia. Además, sostiene que, una vez instaladas, estas capacidades pueden prestar servicios a terceros, desde control de satélites hasta apoyo a enlaces y transferencia de datos.
Un capítulo más de la competencia espacial global

El informe refleja un cambio de época, en el que las discusiones geopolíticas sobre poder ya no pasan solo por infraestructura militar terrestre, sino por bases o estaciones espaciales. La carrera espacial contemporánea no es únicamente por desarrollar cohetes reutilizables o llegar a la Luna. También es por la red de antenas y centros de cómputo que hacen funcionar a los satélites que orbitan allá arriba y permiten saber qué hay en el espacio.

Para América Latina, representa un problema a nivel tecnológico: la cooperación espacial con China trajo satélites, financiamiento, formación y capacidades locales en varios países. Sin estos vínculos, muchas naciones no podrían desarrollar esas tecnologías por cuenta propia. Pero el debate por el doble uso pone sobre la mesa dudas sobre la operación, los datos que circulan y los controles. Sin embargo, la mayor incógnita de todas será coómo se seguirá moviendo cada país entre dos potencias que hoy tratan al espacio no como un bien común abstracto, sino como un terreno central de su competencia estratégica.



sábado, 24 de enero de 2026

El crecimiento de la Armada china: pasado, presente y futuro

El crecimiento de la Armada china: pasado, presente y futuro
Una revisión de los principales avances del PLAN durante los últimos cinco años y hacia dónde es probable que se dirija la flota a partir de ahora.
Por Rick Joe


Crédito: Sina Weibo


En los últimos años, se han concretado varios proyectos importantes para la Armada del Ejército Popular de Liberación (APL). Junto con estos avances, es cada vez más frecuente ver en los medios de defensa y la prensa especializada una supuesta ventaja en tamaño de flota o construcción naval para la APL, a menudo en comparación con la Armada estadounidense. Esto ha sido especialmente evidente en el contexto de la inquietud sobre la vitalidad de la construcción naval estadounidense, los retrasos en los programas y algunos cambios recientes en los programas de combate de superficie, como la fragata clase Constellation y el acorazado clase Trump.

He documentado diversas iniciativas de adquisición de la PLAN en el último lustro. Ahora es momento de revisar algunas de estas proyecciones anteriores en el contexto de lo que realmente se materializó. Al mismo tiempo, podemos evaluar las narrativas comunes de los analistas de defensa (como la relevancia de la industria de la construcción naval y el tamaño de la flota) en el contexto de los avances genuinos de la PLAN en general. Finalmente, revisaré brevemente las misiones prospectivas para la PLAN en evolución y las posibles trayectorias de crecimiento y plataformas futuras.

La PLAN hoy

En 2019 hice una proyección amplia del orden de batalla de la PLAN de 2030. Aunque es cuatro años antes, revisar esta estimación puede ayudar a contextualizar la situación en 2026.

En cuanto a los combatientes de superficie, ocho destructores 055 están en servicio y seis más en fase poslanzamiento; entre 25 y 30 destructores 052D están en servicio y otros 10 o más en fase poslanzamiento, complementados por seis destructores 052C más antiguos; dos fragatas 054B y más de 40 fragatas 054A están en servicio, y media docena o más de 054A en fase poslanzamiento. Once destructores más antiguos, pero modernizados, están en servicio, así como 50 corbetas 056A y varias fragatas más antiguas.

En cuanto a los grandes buques anfibios, se encuentran en servicio ocho diques de desembarco anfibio 071, complementados con cuatro helipuertos 075 y un helipuerto 076 equipado con catapulta en pruebas de mar. Estos se complementan con hasta 30 buques de desembarco de tanques de la familia 072 y varias lanchas de desembarco convencionales y aerodeslizadoras más pequeñas.

Tres portaaviones están en servicio: el Liaoning y el Shandong, equipados con trampolines, y el Fujian, equipado con catapultas. Sin embargo, el Fujian no entró en servicio hasta finales de 2025 y tardará un tiempo en alcanzar su capacidad operativa inicial.

El número exacto de submarinos de la Armada del Ejército Popular de Liberación (PLA) es difícil de determinar; sin embargo, se estima que hay entre 50 y 60 submarinos diésel-eléctricos (SSK) en servicio (la producción reciente se compone de las modernas clases 039B y 039C), y entre seis y diez submarinos de ataque nuclear (SSN) en servicio, con cuatro adicionales en proceso de acondicionamiento o pruebas de mar. Del total de SSN en servicio, hasta ocho fueron botados desde 2022, de la clase 09IIIB, de mayor capacidad. Hay entre seis y ocho submarinos de misiles balísticos (SSBN) de la familia 09IV en servicio.

Buques adicionales de todas las categorías se encuentran en construcción activa o es probable que reanuden su producción en los próximos años. Este breve resumen muestra que la PLAN parece estar encaminada hacia mi predicción de 2019 sobre la composición de la flota para 2030 (los detalles completos se pueden consultar en el artículo anterior).

Una advertencia sobre las comparaciones populares respecto de la PLAN

Este crecimiento en el tamaño y tonelaje de la flota de la PLAN ha llevado a muchos medios de comunicación generales (y algunos medios de defensa y agencias gubernamentales) a utilizar el recuento de cascos para describir a la PLAN como la "más grande del mundo", especialmente al establecer una comparación directa con la Armada de los EE. UU.

Muchos han criticado con razón el uso del número de cascos como indicador implícito de la capacidad naval general, ya que no refleja la capacidad cualitativa de cada buque. Una corbeta 056A de 1400 toneladas es muy diferente de un destructor 055 de 13 000 toneladas, que a su vez es diferente de un portaaviones clase Ford de 100 000 toneladas; sin embargo, todos constituyen un solo buque. Se han explorado otras medidas, como el tonelaje o el armamento del sistema de lanzamiento vertical, como indicadores de mayor valor.

En general, es innegable que la PLAN ha crecido sustancialmente independientemente de cuál de estas métricas se elija, pero describirla como la "armada más grande del mundo" sin salvedades suele ser un indicador de mala comprensión o una señal de un inminente argumento falaz.

La capacidad de construcción naval (incluyendo astilleros activos y la construcción naval civil) se ha convertido en otro motivo de consternación en los últimos años. La diferencia entre la capacidad de construcción naval china y estadounidense es más real que la idea de que la Armada de EE. UU. "supere" en tamaño a la Armada estadounidense. Dicho esto, la supuesta capacidad de construcción naval "200 veces mayor" de China no guarda una relación lineal con los resultados navales reales. La construcción naval no depende únicamente de la capacidad de construcción naval, sino que también se ve limitada por subsistemas clave (centrales motrices, sensores, armamento, informática), además de estar limitada por la financiación para adquisiciones, costos operativos y personal.

Es cierto que la capacidad de construcción naval beneficia a la construcción naval, pero el alcance del potencial explotable depende de la resolución de otros cuellos de botella. Sería prudente que los comentaristas de defensa reconocieran con frecuencia estos matices, para evitar el riesgo de impresiones inadvertidas entre la población general.

Además, en caso de un conflicto de alta intensidad, la naturaleza de largo plazo de la construcción naval significa que la capacidad naval relevante de cada lado puede ponderarse mucho más a favor de los buques existentes en servicio o próximos a entrar en servicio que a favor de la capacidad de iniciar nuevas construcciones, aunque, por supuesto, esto depende de la duración del conflicto.

Brechas restantes para la PLAN

La modernización de la flota de la PLAN ha venido acompañada de nuevos sensores (radares, sensores pasivos, electroópticos y sonares, entre otros), redes de comunicaciones y un armamento considerable. Numerosos tipos de armas antibuque subsónicas, supersónicas y, más recientemente, hipersónicas, están en servicio en buques, submarinos y aeronaves de la PLAN. Asimismo, existe una creciente variedad de misiles tierra-aire y sistemas de torpedos embarcados con mayor capacidad y sofisticación.

Describir estos sensores y armas podría llenar varios artículos por sí solo, pero es prudente reconocer estos avances para visualizar que, en términos generales, los nuevos combatientes de superficie y submarinos de China han encajado con subsistemas y armas proporcionalmente modernos.

También es pertinente identificar las deficiencias restantes en capacidades, plataformas y sistemas. Esta afirmación es, en sí misma, algo forzada, ya que implica un nivel esperado de capacidad naval mínima, que a su vez depende de las misiones estratégicas que el gobierno asigna a la armada. Sin embargo, para las necesidades genéricas de conflictos multidominio de alta intensidad, se pueden identificar algunas necesidades obvias.

La aviación naval orgánica embarcada es un ámbito importante que requiere expansión y maduración. Esto implica no solo más aviación embarcada, además de los tres portaaviones en servicio, sino también la proliferación de helicópteros, incluyendo modernos helicópteros multifunción de guerra antisubmarina (ASW) como el Z-20F. La consolidación y expansión de la aviación embarcada ya no supone un desafío tecnológico e industrial, sino que depende más de la financiación y el tiempo. Sin embargo, en el contexto de las numerosas demandas que enfrenta la AELP, estos elementos no son gratuitos.

La guerra submarina, que incluye tanto los SSN, SSK y la guerra antisubmarina de superficie y aérea y sus sensores, armas y redes necesarios, son dominios relacionados en los que la PLAN probablemente aún no se siente cómoda o satisfecha con su progreso, a pesar de los avances significativos en capacidad.

En la actualidad, la PLAN cuenta con la flota de combate de superficie más grande del mundo equipada con suites de sonar de "cola doble" (sonar lineal remolcado y sonar de profundidad variable). Los buques de la PLAN con sonar de "cola doble" incluyen toda la flota 055, 052D y 056A, así como su moderna flota de fragatas (excepto los 16 cascos iniciales de 054A); en total, más de 130 buques en el agua. Al menos unas pocas docenas de aeronaves ASW de ala fija con base en tierra en forma de plataformas de la familia KQ-200 están en servicio, con una iteración más moderna entrando en servicio en los últimos dos años. El mencionado Z-20F también ofrecerá un moderno helicóptero de clase 10 toneladas para ASW aérea orgánica embarcada. Al menos dos sistemas diferentes de misiles-torpedos de separación están en servicio con los combatientes de superficie de PLAN.

Probablemente se prevé una mayor expansión de la capacidad de guerra antisubmarina (ASW), así como una mayor modernización de la flota de submarinos de ataque de la Armada (SSK) (reemplazando los cascos restantes de las clases 039 y Kilo). Además, será necesario un crecimiento significativo de la flota de submarinos de ataque de largo alcance (SSN) para proporcionar escoltas submarinas persistentes de larga distancia, así como para habilitar una flota de submarinos de ataque de largo alcance más fiable, capaz de realizar misiones independientes. La adquisición de submarinos de ataque de largo alcance dependerá de los avances cualitativos en rendimiento (incluido el sigilo acústico), que serán objeto de un próximo artículo; sin embargo, se considera un área de crecimiento.

La maduración de la capacidad SSBN de China también es una brecha que debe subsanarse. Esto depende no solo de los avances en la tecnología de submarinos nucleares, sino también del progreso de sistemas estratégicos como los misiles balísticos, el mando y control estratégicos y la doctrina general de disuasión nuclear.

Tras lo anterior, existen otras deficiencias para la AELP, en gran medida en consonancia con otras fuerzas navales globales. La AELP también buscará nuevas clases sucesoras de combatientes de superficie y considerará los requisitos de forma de casco, armamento, grupos motopropulsores y sensores. La AELP está investigando plataformas no tripuladas de superficie, submarinas y aéreas, que probablemente serán componentes importantes de una futura fuerza en algún momento. El avance de los conceptos existentes de sensores y armas, la maduración de tipos de armas más exóticos (armas de energía dirigida, posiblemente cañones de riel, entre otros), y los sistemas dispersos y en contenedores, probablemente también se tendrán en cuenta en futuras adquisiciones. Una mayor integración de sensores y fuegos multidominio, una coordinación más estrecha con los recursos espaciales y los avances en los sistemas de gestión de combate (incluida la automatización y la inteligencia artificial) son aspectos genéricos, pero es necesario reconocerlos.

Trayectoria de una flota en 2035

Al momento de escribir este artículo, a mediados de enero de 2026, es un poco más difícil predecir una posible flota de la PLAN para 2035, en comparación con predecir una flota para 2030 en 2019. Esto se debe en parte al mayor secretismo del boca a boca en China, y en parte a una mayor variedad de posibles prioridades de adquisición y factores tecnológicos que puedan generar confusión.

Es probable que los buques de combate de superficie de la Armada Popular China (AEP) sigan creciendo y modernizándose hasta 2035, y durante este período podrían surgir algunas clases sucesoras de las 055, 052D y 054A/B, respectivamente. Estas clases podrían optar por la propulsión eléctrica, cascos más nuevos y de mayor tamaño con avances en sensores y armamento, así como mayor resistencia e instalaciones para la tripulación.

Es probable que más portaaviones entren en servicio para 2035, coincidiendo con una mayor madurez del ala aérea de los portaaviones. Ya se ha fotografiado un supuesto portaaviones de propulsión nuclear, del que se rumorea que se encuentra en fase inicial de ensamblaje en el astillero de Dalian, y se rumorea que un portaaviones de propulsión convencional se encuentra en fabricación en el astillero de Jiangnan en Shanghái. El reciente Informe sobre el Poder Militar Chino del Departamento de Defensa de EE. UU. sugirió que la PLAN podría contar con nueve portaaviones para 2035, pero esto parece improbable (y la redacción no era específica en el documento original). Alcanzar los nueve portaaviones requeriría el lanzamiento de seis portaaviones adicionales para 2035, lo cual sería improbable incluso si China pudiera mantener la construcción continua de portaaviones en dos astilleros entre ahora y 2035.

También es probable que la Armada (AELP) amplíe el tamaño de su flota de SSN (y posiblemente de SSBN). Se sugiere que las clases más modernas —los SSN 09IIIB, actualmente en producción, y los futuros 09V— ofrecerán importantes avances cualitativos en capacidad. La AELP parece estar lo suficientemente satisfecha como para aprobar una producción a gran escala, con entre seis y ocho cascos 09IIIB botados en tres años.

Las capacidades existentes de la PLAN ya cubren en cierta medida las demandas de capacidad de un conflicto localizado en Taiwán. Sin embargo, es probable que la preparación de la PLAN aún se compare con la perspectiva de un conflicto de mayor escala, como uno que involucre a la Armada de los Estados Unidos. Los próximos avances de la PLAN probablemente buscarán habilitar operaciones más lejanas en el Pacífico Occidental y, potencialmente, en el Pacífico Central, en condiciones de guerra, para enfrentar a las fuerzas navales estadounidenses y las instalaciones insulares en esas regiones, apoyadas por activos multidominio aliados.

Mientras tanto, los despliegues a larga distancia en tiempos de paz, compuestos por grupos de trabajo de mayor escala, probablemente se volverán más habituales, tanto para fines de entrenamiento como de señalización. En general, la PLAN tenderá a contar con una presencia en alta mar más completa, sofisticada y sostenida en tiempos de paz, centrándose principalmente en combatir un conflicto multidominio de alta intensidad en el Pacífico Occidental.



martes, 13 de enero de 2026

La red de alianzas espaciales de Argentina: ¿con qué países mantiene acuerdos estratégicos?

La red de alianzas espaciales de Argentina: ¿con qué países mantiene acuerdos estratégicos?
Por Sofía Arocena



Para crecer en el espacio se necesita construir capacidades: know-how, profesionales especializados, infraestructura. Para países como Argentina, donde cada salto tecnológico se erige con esfuerzo y recursos finitos, la cooperación es parte de esa construcción. No reemplaza la industria local, pero puede acortar tiempos de aprendizaje, dar acceso a herramientas críticas y abrir oportunidades.

En ese camino, los acuerdos internacionales en materia espacial son fundamentales para habilitar intercambio de datos, capacitación, cooperación en misiones, estaciones en tierra o navegación satelital. A continuación, presentamos los acuerdos más importantes de la red de alianzas espaciales de Argentina.

Estados Unidos: misiones científicas y reglas para operar en órbita

El comienzo del vínculo con Estados Unidos surge con una serie de Memorándums de Entendimiento firmados con la NASA, vinculados a la famila de Satélites de Aplicaciones Científicas (SAC). EE.UU. se comprometió con Argentina para llevar adelante 4 misiones científicas, que se extendieron desde 1994 hasta 2015: SAC-A, SAC-B, SAC-C y SAC-D/Aquarius.

La Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) desarrolló con INVAP como contratista los 4 satélites, y Estados Unidos brindó desde conocimiento y asistencia técnica hasta instrumentos científicos. Esos proyectos dejaron en el conocimiento, el personal capacitado y la infraestructura instalada consolidaron el programa espacial nacional y sentaron las bases para los satélites de alta complejidad que se desarrollaron en los años siguientes.

Por su parte, en 2013 entró en vigor el Acuerdo Marco Sobre Cooperación en los Usos Pacíficos del Espacio Ultraterrestre, aún vigente. En la práctica, ordena cómo cooperar en operaciones y proyectos, en términos de intercambio de información y personal, apoyo con estaciones y enlaces de comunicación, y transferencia datos técnicos.


Aquarius, el instrumento principal del SAC-D, fue construido por el Jet Propulsion Laboratory (JPL) y el Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA. Fuente: JPL.

China: cooperación formal, estaciones y navegación

La pieza más tangible del vínculo con China es la estación de espacio profundo en Neuquén, vigente desde 2015. Es un convenio de largo plazo y le da a Beijing una antena para misiones de espacio profundo, mientras prevé tiempo de uso para la comunidad científica argentina. En 2016 se firmó un protocolo adicional para reafirmar el uso exclusivamente pacífico de la estación.

Sobre esa base, el instrumento más importante es el Acuerdo Marco para la Cooperación en el Campo de las Actividades Espaciales, en vigor desde 2020. Funciona como “paraguas” para habilitar proyectos entre organismos, e incluye áreas como ciencia y tecnología espacial, teleobservación, navegación satelital, estaciones terrestres y servicios de seguimiento y control.

Por otro lado, en 2022, CONAE y la China Satellite Navigation Office firmaron un acuerdo para instalar una estación de monitoreo del sistema de navegación satelital BeiDou en el Centro Espacial Teófilo Tabanera, en Córdoba. Este tipo de estaciones fortalece el monitoreo del sistema y mejora desempeño regional del servicio.


Estación de Espacio Lejano de China, en Neuquén, Argentina. Se observa la antena de seguimiento para misiones de espacio profundo.

Rusia: GLONASS y cooperación de navegación

Con Rusia, la cooperación nace a partir de un Memorándum de Entendimiento entre CONAE y Roscosmos, firmado en 2010, para navegación satelital.

El acuerdo establece que Roscosmos provea a CONAE acceso a las señales del sistema de navegación satelital GLONASS de forma global e ininterrumpida. Además, promueve la cooperación técnica para proyectos conjuntos y deja abierta la puerta a acuerdos posteriores.


Representación de un satélite de navegación por satélite tipo GLONASS, parte de la constelación rusa de navegación.

India y México: un marco para observación, comunicaciones e infraestructura

Con India, Argentina firmó un Acuerdo Marco para cooperación espacial con fines pacíficos que entró en vigor en 2018. En la práctica, este tratado no pauta el desarrollo de hardware o software concreto, sino que allana el terreno para colaborar sin redefinir el vínculo desde cero en cada iniciativa. Contempla misiones de observación de la Tierra, comunicaciones, infraestructura terrestre y capacitación.

Con México, la lógica es similar pero a nivel interinstitucional. CONAE y la Agencia Espacial Mexicana firmaron en 2016 un Acuerdo Marco para facilitar cooperación y aplicaciones cuando haya agenda y proyectos, con un plazo de 5 años renovable automáticamente.

Europa: radar, datos, industria y formación

El vínculo entre CONAE y la Agenzia Spaziale Italiana (ASI) comenzó en 2005 con el sistema ítalo-argentino SIASGE, que integra los satélites radar nacionales SAOCOM 1A y 1B con la constelación italiana COSMO-SkyMed. Este convenio se funda en una lógica complementaria: los radares argentinos e italianos operan distintas bandas, por lo que se complementan para obtener un mayor espectro de observaciones que mejora la información.

En 2011 ambos organismos firmaron además un Memorándum de Entendimiento enfocado en la cooperación alrededor del Instituto Mario Gulich. Este instrumento sirve para formar especialistas, mejorar métodos de procesamiento y sostener una capacidad que permita convertir datos en productos útiles para gestión y planificación.

En paralelo, Argentina se apoya en el ecosistema europeo para acceso a datos y formación. CONAE formalizó acuerdos para acceso a información satelital del programa Copernicus, con los satélites Sentinel, y lanzó iniciativas con la Agencia Espacial Europea (ESA) vinculadas a investigación y capacitación.

Por otro lado, existen instrumentos puntuales y marcos generales. Con Bélgica, rige un acuerdo específico asociado al proyecto SAOCOM desde 2000. Con Ucrania, hay un Acuerdo Marco vigente desde 2009 para cooperación en usos pacíficos del espacio, con el objetivo de habilitar trabajo conjunto.


Giorgio Saccoccia (ASI) y Raúl Kulichevsky (CONAE) suscriben el acuerdo que refuerza el trabajo conjunto en el ámbito espacial.

Brasil: del antecedente extinguido al marco moderno y proyectos conjuntos

El vínculo con Brasil comienza con un acuerdo de 1983 en teleobservación de la Tierra, ya extinguido, que funcionó como antecedente temprano para cooperación técnica e intercambio en aplicaciones.

La relación moderna se ordena con el Acuerdo Marco de 1996, que habilita cooperación en ciencia y tecnología espaciales. A partir de ahí, comenzaron a realizarse programas técnicos conjuntos.

El primer gran proyecto entre CONAE y la Agencia Espacial Brasileña (AEB) fue el satélite SABIA-3. A fines de los 90 se trabajó en su definición y diseño preliminar. Esa iniciativa se formalizó con Protocolo Complementario de 2005, cuyo objetivo era el desarrollo de un satélite conjunto para monitorear recursos hídricos, agricultura y ambiente.

Más recientemente, la cooperación evoluciona y cambia de nombre. Entonces surge el programa SABIA-Mar, orientado al estudio de mares y zonas costeras. Esta iniciativa contempla el desarrollo de dos satélites complementarios, el SABIA-Mar A, o simplemente SABIA-Mar, a cargo de Argentina; y el SABIA-Mar B o Amazonia 1B, a cargo de Brasil. Con dos plataformas orbitales, se puede obtener mejor cobertura y revisita para el mismo objetivo de observación.


SABIA-Mar, Satélite de Aplicaciones Basadas en la Información Ambiental del Mar, actualmente en desarrollo. Fue concebido dentro del Plan Nacional Espacial de CONAE como una misión de Observación de la Tierra.

Latinoamérica: acuerdos que se traducen en datos, capacitación e infraestructura

En América Latina, la cooperación espacial argentina se funda principalmente en acuerdos que sirven como “paraguas”. Estos instrumentos habilitan el trabajo conjunto cuando aparece financiamiento y proyectos concretos.

Con Perú se firmó un acuerdo que establece un marco general para cooperación en actividades espaciales. Con Ecuador, el acuerdo marco tiene el objetivo de ordenar cooperación en actividades espaciales sin renegociar desde cero cada iniciativa. Finalmente, con Chile, el acuerdo marco de cooperación en actividades espaciales que enumera áreas típicas de cooperación regional, y sirve de base para proyectos específicos. Todos ellos entraron en vigencia entre 2009 y 2010.

El caso más operativo dentro del bloque regional es Venezuela. Además de un acuerdo marco firmado en 2011, en 2013 se firmó un convenio específico en el campo satelital entre CONAE y la Agencia Bolivariana para Actividades Espaciales (ABAE), pensado para materializar el vínculo con trabajo concreto. En particular, se destaca la capacitación profesionales venezolanos en el Instituto Gulich y la formación de profesionales argentinos en gerencia de proyectos espaciales.



martes, 30 de diciembre de 2025

Los portaaviones chinos superarán en número a los estadounidenses en el Pacífico en 2035, según analistas

Los portaaviones chinos superarán en número a los estadounidenses en el Pacífico en 2035, según analistas
La nueva estimación del Pentágono prevé que Pekín construirá un portaaviones cada 20 meses.


Visitantes observan réplicas de los portaaviones chinos Liaoning y Shandong, exhibidas en el Museo Naval del Ejército Popular de Liberación en Qingdao, provincia de Shandong, China. © Reuters KEN MORIYASU


China podría tener más portaaviones en el Pacífico que Estados Unidos en 2035, según la evaluación de los analistas tras un informe del Departamento de Defensa, lo que subraya el fuerte impulso del desarrollo militar de Beijing.

La semana pasada, el Pentágono dijo en su Informe anual sobre el poder militar de China (CMPR) que la Armada del Ejército Popular de Liberación (PLAN) "apunta a producir seis portaaviones para 2035, para un total de nueve".

Estados Unidos opera 11 portaaviones, pero están desplegados globalmente, a diferencia de la PLAN, que se centra en el Pacífico occidental.

"Suponiendo que la Armada de Estados Unidos mantiene una división 60/40 a favor del Pacífico sobre el Atlántico, y tiene un inventario total de 11, entonces eso significa siete o menos portaaviones estadounidenses asignados al Pacífico a lo largo del tiempo", dijo el analista militar de China Tom Shugart, investigador adjunto senior del Centro para una Nueva Seguridad Estadounidense (CNAS).

Según estimaciones del propio Pentágono, "China superaría esa cifra antes de 2035", añadió.

China cuenta actualmente con tres portaaviones operativos, cada uno con nuevas características. El Liaoning es un portaaviones pesado exsoviético que fue adquirido, remolcado y reconvertido, inicialmente como buque de entrenamiento, pero que posteriormente se ha adaptado a funciones de combate. El Shandong fue el primer portaaviones chino de fabricación nacional, pero mantuvo el sistema de salto de esquí de estilo soviético para los aviones embarcados.

El tercer buque, el Fujian, se convirtió en el segundo portaaviones del mundo, después del USS Gerald R. Ford de la Armada estadounidense, en contar con catapultas electromagnéticas para su lanzamiento. Se espera que un cuarto portaaviones, actualmente en construcción en Dalian, marque un gran avance al utilizar propulsión nuclear, aunque el informe del Pentágono no mencionó este buque.

"Si analizamos los cronogramas de entrega de la Armada de Estados Unidos en el mismo período, para 2035 deberíamos tener tres portaaviones entregados", dijo Shugart.

Mi sorpresa ante la estimación del Pentágono radica en que la Armada estadounidense construye actualmente portaaviones cada cuatro o cinco años. Si el EPL realmente va a adquirir seis portaaviones durante la próxima década, entonces, en promedio, se construirá un nuevo portaaviones cada veinte meses.

Ryan Fedasiuk, miembro del American Enterprise Institute, afirmó que el CMPR aclara públicamente por primera vez que la PLAN tiene la intención de operar nueve portaaviones para 2035. "Es un aumento del 50 % con respecto a la estimación, frecuentemente citada, de '6' para ese período, lo que situaría su flota de portaaviones justo por detrás de la de Estados Unidos", señaló.

"Si Pekín se acerca a una trayectoria de nueve portaaviones, el riesgo es que pueda concentrar más portaaviones en el Pacífico occidental que Washington en un momento dado, porque la demanda estadounidense es global y los ciclos de mantenimiento reducen constantemente lo que realmente está disponible en el Indo-Pacífico", dijo.

El portaaviones ha sido considerado durante mucho tiempo como la pieza central de la estrategia naval estadounidense, permitiendo a la Armada de Estados Unidos proyectar poder aéreo en cualquier lugar del planeta sin depender de bases extranjeras.

Sin embargo, muchos analistas creen que el portaaviones se está volviendo militarmente redundante debido al avance de la tecnología de misiles avanzados.

Sin embargo, Pekín no parece verlo así. En 1996, después de que China realizara una serie de pruebas de misiles en las aguas que rodean Taiwán, supuestamente para intimidar al entonces presidente taiwanés, Lee Teng-hui, la Armada estadounidense desplegó dos grupos de ataque de portaaviones cerca del estrecho de Taiwán.

China, ante la enorme brecha en poder militar, ha realizado desde entonces un esfuerzo concertado para aumentar sus capacidades navales, incluidos los portaaviones.

Sin embargo, esto no significa que China vaya a construir portaaviones a este ritmo indefinidamente, advirtió Shugart. "Podrían estar planeando un aumento repentino de la construcción durante la próxima década para alcanzar algo similar a la paridad con la Armada estadounidense, como parte del 'ejército de clase mundial' que China se propone para 2049".



viernes, 14 de noviembre de 2025

Tras el freno de Milei al radiotelescopio CART, académicos bonaerenses salieron en defensa de la ciencia argentina

Tras el freno de Milei al radiotelescopio CART, académicos bonaerenses salieron en defensa de la ciencia argentina
La Academia Nacional de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires, emitieron un comunicado expresando su disconformidad con la decisión del gobierno nacional.


El Radiotelescopio Chino-Argentino.-


La decisión del presidente Javier Milei de frenar la construcción del Radiotelescopio Chino-Argentino (CART) en Calingasta derivó en diferentes opiniones. Este lunes la Academia Nacional de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, que forman parte de la Universidad de Buenos Aires realizó un comunicado en defensa de la ciencia argentina que “a lo largo del tiempo ha crecido, se ha sostenido y enriquecido a través de múltiples colaboraciones con un gran número de naciones del mundo, se ve en la necesidad de destacar el valor científico de la instalación del radiotelescopio CART (China Argentina Radio Telescope), un proyecto de colaboración científica y tecnológica, reconocido como de gran importancia y apoyado por numerosas instituciones del país y del extranjero”, expresa.

A la vez se enumeró cada uno de los puntos en cuestión.

SOBRE EL USO CIENTÍFICO DEL RADIOTELESCOPIO:

El instrumento consiste de una antena de 40 metros de diámetro equipada para operar con receptores entre 1 y 45 GHz. Fue concebido para ser utilizado con dos finalidades: para aplicaciones de geodesia y georreferenciación y para investigaciones astronómicas. Será el mayor radio telescopio de disco simple de Sud América y pasará a operar en red con otros radiotelescopios similares ubicados en el hemisferio sur permitiendo mejorar la determinación de parámetros fundamentales de nuestro planeta y aportar al perfeccionamiento de tecnologías satelitales para navegación (GPS). En astronomía, operando como disco simple permitirá investigar extensamente y con alta sensibilidad nubes interestelares, determinar regiones de posible formación de estrellas, y muchos otros objetivos celestes. A futuro, operando en conjunto con otro radiotelescopio (LLAMA, a instalarse en el norte de Argentina) estará en condiciones de hacer descubrimientos únicos para la humanidad, ya que brindará la posibilidad de explorar fenómenos celestes con una definición espacial nunca alcanzada hasta el presente.

SOBRE LA ELECCIÓN DEL SITIO:

Se ubica en San Juan porque la Universidad de San Juan, con un observatorio pionero en temas de geodesia y Georreferenciación (Observatorio Astronómico Félix Aguilar) viene trabajando con científicos chinos desde hace más de 30 años. Así, en 2012 se firmó un acuerdo de colaboración entre la Universidad de San Juan y el Observatorio Astronómico Nacional de China (NAOC), dependiente de la Academia de Ciencias China, para extender dicha cooperación incorporando instrumentos nuevos. En 2015 se avanzó con la firma un acuerdo cuatripartito (UNSJ, Gobierno de San Juan, CONICET y NAOC) y en 2016 se obtuvo la aprobación de los Ministerios de Relaciones Exteriores, de Defensa y de Comunicaciones de Argentina, permitiendo avanzar sin objeciones en la construcción del instrumento. En 2018 el Senado de la Nación Argentina aprobó una “Declaración de beneplácito por la construcción del radiotelescopio más grande de América Latina en Barreal, San Juan”.

SOBRE EL SUPUESTO PELIGRO DE USO DE ESTA ANTENA PARA SEGUIMIENTO SATELITAL:

El telescopio ha sido diseñado para observar las fuentes más distantes del Universo. Una antena para rastrear satélites en órbita terrestre baja (LEO) debe poder moverse a altas velocidades, del orden de algunos grados por segundo, para seguir el ritmo de la velocidad del satélite (de unos 28.000 km/h).

La antena de CART se moverá entre 0.003 y 0,3 grados por segundo, o sea de 10 a 1000 veces más lento que lo necesario para seguir satélites.

SOBRE LA DISTRIBUCIÓN DESIGUAL DEL TIEMPO DE ACCESO AL FUTURO RADIOTELESCOPIO:

Así, se negocia en todas las colaboraciones multinacionales que operan grandes facilidades astronómicas. Sin embargo, en este caso Argentina negoció hábilmente los tiempos de acceso por parte de sus científicos y para trabajos en colaboración con científicos chinos obteniendo una proporción de uso muy conveniente en comparación con el aporte monetario. Si en el futuro se demuestra un mayor aporte de parte de Argentina, se ampliará el tiempo de acceso.



jueves, 6 de noviembre de 2025

Milei detiene el proyecto del radiotelescopio chino en San Juan: Argentina pierde una gran oportunidad científica

Milei detiene el proyecto del radiotelescopio chino en San Juan: Argentina pierde una gran oportunidad científica
Por Sofía Arocena



El gobierno de Javier Milei decidió no renovar el convenio que permitía la instalación del Radiotelescopio Argentino-Chino (CART) en el paraje El Leoncito, provincia de San Juan. Se trataba de una antena de 40 metros de diámetro, destinada a observaciones astronómicas y espaciales de largo alcance, fruto de más de tres décadas de cooperación entre la Universidad Nacional de San Juan (UNSJ), el CONICET y la Academia China de Ciencias (CAS).

El Ejecutivo justificó la cancelación alegando posibles usos duales de la antena —científicos y militares— y supuestos riesgos para la soberanía nacional. Sin embargo, el argumento resulta poco convincente si se analizan los antecedentes técnicos y los objetivos del proyecto, orientados a la radioastronomía y la observación del espacio profundo.


La antena de observación china que iba a instalarse en El Leoncito, San Juan.

El CART era una oportunidad estratégica para insertar a la Argentina en el mapa de la investigación astronómica internacional. El sitio elegido —en el entorno del complejo astronómico de El Leoncito, con condiciones atmosféricas excepcionales— habría permitido instalar una de las antenas más avanzadas del hemisferio sur.

La Universidad Nacional de San Juan calificó la decisión de “una noticia muy triste para toda la ciencia del mundo”.

El proyecto, estimado en US$ 350 millones, incluía infraestructura civil, instrumentación, operación conjunta y formación de investigadores locales. Además, fortalecía la cooperación científico-técnica entre Argentina y China, un vínculo iniciado en los años 80 y consolidado durante la última década con misiones y proyectos compartidos.

El mito del “uso dual”

El argumento del uso dual, la posibilidad de que un proyecto sirva también para fines militares, se repite frecuentemente cuando se trata de iniciativas chinas. Sin embargo, en el caso del CART, ese señalamiento carece de sustento técnico.

Un radiotelescopio de estas dimensiones no tiene capacidad de vigilancia militar. Su función es captar señales de radio de fuentes astronómicas distantes, no emitir ni rastrear objetivos terrestres. Tampoco puede operar como radar activo, ya que carece de los sistemas de transmisión necesarios para ello.

El razonamiento detrás de las advertencias sobre “seguridad hemisférica”, promovidas por Estados Unidos, se apoya más en la rivalidad geopolítica con China que en un análisis científico real. La Estación de Espacio Lejano china ya operativa en Neuquén, dedicada a misiones de exploración lunar y marciana, es un ejemplo. Desde su inauguración en 2018 no se ha demostrado ningún uso militar ni violación de acuerdos internacionales.

Y no es un caso aislado. La Agencia Espacial Europea (ESA) también posee una estación de espacio profundo en Malargüe, Mendoza, con características técnicas similares y operada por personal extranjero, pero nunca fue objeto de cuestionamientos ni sospechas de uso dual. La diferencia, entonces, no parece radicar en la naturaleza de las instalaciones, sino en el origen de la bandera que ondea sobre ellas.

De hecho, los convenios preveían participación argentina, inspecciones conjuntas y acceso a los datos para la comunidad científica nacional. Si el objetivo era reforzar la transparencia, el gobierno podría haber renegociado los términos en lugar de cancelar el proyecto.


La Estación de Espacio Lejano pertenece a la Administración Espacial Nacional China y forma parte de la Red de Espacio Profundo de China. Opera en Neuquén desde su fundación en 2018.

Soberanía tecnológica: un concepto mal entendido

La decisión de frenar el radiotelescopio se presentó como una defensa de la soberanía nacional. Pero en un mundo donde el conocimiento científico es una herramienta de poder, cerrar la puerta a la cooperación tecnológica puede significar, precisamente, ceder soberanía.

El verdadero desafío para la Argentina no era evitar la presencia de infraestructura extranjera, sino asegurar una participación equitativa, con mayor tiempo de uso, transferencia tecnológica, desarrollo de capacidades locales y control conjunto de la operación.

Renunciar a un proyecto de este tipo no fortalece la independencia del país, sino que lo margina de los grandes programas internacionales de exploración y observación del espacio, donde la colaboración es la norma.

Entre la ciencia y la geopolítica

El contexto internacional también explica la decisión. La estrecha alineación del gobierno oficialista con Estados Unidos y su discurso de distanciamiento respecto de China influyeron directamente en la cancelación. Washington lleva años advirtiendo sobre la “expansión tecnológica” de Beijing en América Latina, y cada proyecto científico o de infraestructura vinculado al gigante asiático es leído como una amenaza estratégica, cuando en realidad es una oportunidad de cooperación.

Los envíos de materiales desde China fueron detenidos en la Aduana, y el convenio con la UNSJ y el CONICET expiró sin renovación. Así se desactivó una iniciativa que había avanzado durante años, incluso con la visita de delegaciones científicas chinas en junio pasado, cuando el proyecto ya estaba prácticamente paralizado.

La medida envía una señal clara a la comunidad internacional: Argentina privilegia los alineamientos políticos sobre la continuidad de sus proyectos científicos. Y esa señal no solo afecta la cooperación con China, sino también la confianza de otros socios potenciales en materia tecnológica.

Un país que mira el cielo… desde el costado

En tiempos en que el conocimiento astronómico y la observación espacial se transforman en motores de innovación —con aplicaciones en comunicaciones, geolocalización, defensa planetaria y cambio climático—, la Argentina eligió bajarse de un proyecto que la hubiera colocado en el mapa global de la radioastronomía. La antena de El Leoncito no era una amenaza militar, era una oportunidad científica. La decisión de frenarla, en cambio, sí puede tener consecuencias estratégicas reales. Porque cada vez que un país renuncia a producir conocimiento, termina dependiendo del de otros.

Evidentemente, el gobierno argentino está más concentrado en alinear su política exterior y tecnológica con los lineamientos de Estados Unidos, que impulsa una narrativa de desconfianza hacia todo proyecto científico vinculado a China. El costo de seguir esa agenda es alto. Se pierden inversiones, se interrumpen vínculos consolidados y se debilita la presencia argentina en los foros internacionales de investigación. En nombre de una prudencia geopolítica que no nos pertenece, terminamos cediendo autonomía científica y capacidad de decisión.

Porque mientras algunos países miran al cielo buscando comprender el universo, otros parecen conformarse con mirar cómo lo hacen los demás. Y ese es, quizá, el precio de confundir soberanía con obediencia.



sábado, 25 de octubre de 2025

Competencia espacial: el gobierno argentino quedó en la mira por "paralizar" un multimillonario proyecto con China

Competencia espacial: el gobierno argentino quedó en la mira por "paralizar" un multimillonario proyecto con China
En San Juan, vecinos, académicos y científicos alertan sobre el proyecto CART, el radiotelescopio construido en conjunto desde 2016 y que está casi finalizado. Quedó en suspenso por una "omisión" del Conicet y una resolución que desliza la presión de Estados Unidos en el marco de la puja por el Atlántico sur.
por Cecilia Degl'Innocenti


Informe sobre proyecto CART. | Cedoc

En el corazón de los Andes sanjuaninos, una gigantesca antena blanca mira al cielo. Es el CART, el Complejo Argentino-Chino de Radioastronomía, un proyecto concebido hace casi una década como símbolo de cooperación científica entre Buenos Aires y Beijing, y que hoy se encuentra en el centro de una tormenta diplomática. Lo que alguna vez fue celebrado como un hito tecnológico —y una política de Estado que superó la grieta—, se transformó en un nuevo campo de disputa en la competencia entre China y Estados Unidos, con Argentina, una vez más, en el incómodo lugar de rehén de esa rivalidad.

El CART comenzó a construirse en 2016, impulsado por la Universidad Nacional de San Juan, el Conicet, el gobierno provincial y la Academia China de Ciencias. El esquema fue claro: China aportaba la tecnología —unos 20 millones de dólares, según datos oficiales—, San Juan ofrecía la infraestructura —caminos, energía, red de datos y agua—, y el Conicet contribuía con el conocimiento científico. El acuerdo establecía un uso compartido: sesenta por ciento del tiempo de observación para China, veinte por ciento para Argentina y el restante para la comunidad internacional. La elección del sitio tampoco fue casual. Desde los años ‘50, universidades estadounidenses como Yale y Columbia ya observaban los cielos diáfanos de San Juan, por su baja humedad y la estabilidad atmosférica. El CART coronaba esa tradición, pero también marcaba un punto de inflexión: por primera vez, una infraestructura espacial china se instalaba en el hemisferio sur.

Durante años, el proyecto fue presentado como un ejemplo de cooperación Sur-Sur y de diplomacia científica, proyectando a Argentina como un actor "privilegiado" en el campo de la investigación espacial. La imagen de una antena gigante en los Andes de 40 metros de diámetro condensaba una narrativa de cooperación, de apertura al conocimiento de la potencia asiática pionera en la materia a través del FAST. Conocido como el "ojo de China", el radiotelescopio más grande del mundo fue inaugurado en 2016. El país, en tanto, buscó posicionarse como socio confiable en la exploración del universo, una de las áreas que terminaron definiendo la competencia estratégica entre Estados Unidos y China.



La iniciativa, además, se convirtió en una política de estado que sobrevivió a la propia grieta: avanzó con Mauricio Macri, quien además estrechó lazos con Xi Jinping en suelo chino; y con Alberto Fernández, que lo consideró un "ícono de la cooperación científica internacional". Sin embargo, comenzó a resquebrajarse con el cambio de signo político y el nuevo rumbo de la Casa Rosada a partir de la llegada del binomio Milei.

La "omisión" del Gobierno y denuncias de abandono

El presidente Javier Milei, en su alineamiento explícito con Washington, reactivó el cuestionamiento a las inversiones chinas en el país. En el marco de su visita a la Casa Blanca, donde viajó para sellar el alcance del "rescate financiero", la agenda bilateral quedó sellada. Como parte de la alianza norte-sur, Argentina debía dejar afuera la colaboración en materia no solo de tierras raras o minerales crÍticos, sino de puertos, bases militares e "infraestructura observacional". El CART, que al finalizarse se convertirá en el primer radiotelescopio con tecnología china en el Hemisferio sur, estaba implícitamente en esa lista.

El primer indicio fue la demora para renovar el acuerdo firmado en 2015 a falta de la firma de una de las tres integrantes del proyecto: el Conicet. A partir de entonces, los trámites administrativos se congelaron. Un pedido de importación de piezas fundamentales se demoró más de tres meses, los sensores quedaron varados en Shanghái, y varios paneles solares se dañaron mientras aguardaban autorización en la Aduana argentina. La cláusula de renovación del acuerdo bilateral venció en junio y nadie en el Gobierno la prorrogó. “La injerencia es muy fuerte y muy evidente. No dejaron nada por escrito, simplemente lo dejaron caer”, contó a PERFIL la ingeniera química María Verónica Benavente, una de las referentes del proyecto y exministra de Ciencia y Tecnología de San Juan.

Según Benavente, el primer indicio del viraje fue la demora de la papeleta ROECyT, el documento que autoriza la importación libre de impuestos para equipos científicos. "Se presentó en febrero y recién se aprobó en mayo. En el medio, los equipos se deterioraron y el proyecto quedó en pausa”, detalló. Hoy, los paneles siguen varados en la Aduana y los sensores, en Shanghái. “Se va a convertir en chatarra, como pasó en Rusia”, advierte con resignación.



Sospechas por un avión estadounidense en San Juan

El 26 de septiembre en el pueblo sanjuanino de Barreal Blanco, a 12 kilómetros de donde se levanta la estructura, vecinos denunciaron la inusual maniobra de un avión y dieron aviso a personal de Gendarmería. La aeronave que sobrevolaba el área comprendida entre el pueblo de 9.000m habitantes y la zona astronómica donde se ubica el CART era un Beechcraft B-200 "Hurón" de la Fuerza Aérea de EE. UU.

"La aeronave realizaba una inspección rutinaria, programada y autorizada, de una zona de aterrizaje utilizada para visitas oficiales. Si bien se pospuso una reunión prevista originalmente en San Juan para ese día, la inspección se llevó a cabo como parte de los procedimientos estándar de seguridad aérea", explicó un vocero de la embajada de Estados Unidos en Argentina, ante la consulta de PERFIL.

En aquel entonces, la Administración Nacional de Aviación Civil (ANAC) y el gobierno de San Juan aclararon que el avión estaba autorizado para circular y aterrizar, los rumores se multiplicaron al igual que la lectura política particularmente desde la oposición al oficialismo nacional. Dado que, en paralelo, las principales figuras del gabinete, como Luis Caputo y el entonces canciller Gerardo Werthein, ultimaban los detalles del acuerdo con el gobierno de Donald Trump desde Washington, presionados por el termómetro electoral y los escándalos que socavaron la imagen del gobierno libertario.


El avión que vieron los vecinos de la localidad de Barreal Blanco, en San Juan.

El hecho volvió a poner bajo la lupa la terminación del radiotelescopio que, a diez años de haber comenzado, está al 90% de terminación según indicaron desde la UNSJ. Desde sectores militares, una fuente que conoce de cerca el caso confió a PERFIL que "la orden fue dejar morir el proyecto en silencio". El clima de sospecha no tardó en filtrarse a las comunidades científicas, que ven en este caso el síntoma más visible de un cambio de paradigma: la ciencia subordinada a la lógica no solo partidaria sino geopolítica.

La resolución que puso en duda el futuro de CART

Pero el punto de inflexión llegó con la Resolución 151/2025, firmada el 17 de octubre por el jefe de Gabinete Guillermo Francos, que establece que "toda instalación de radares, observatorios o sistemas aeroespaciales deberá contar con la autorización previa del Ministerio de Defensa". En los hechos, el decreto militariza la supervisión científica y pone bajo tela de juicio proyectos con participación de otros países.

"Que la evolución tecnológica y las nuevas formas de concebir los conflictos impone la necesidad de reforzar la soberanía en el ámbito del ciberespacio, el espectro electromagnético y el espacio exterior, cuando pudieran afectar intereses estratégicos", reza la resolución-

Sin embargo, este medio accedió a una opinión consultiva de 2016, cuando el propio Ministerio de Defensa, junto a Cancillería y la CONAE, había evaluado y aprobado el funcionamiento del proyecto científico y público CART, concluyendo que “no existía riesgo alguno para la soberanía nacional”. A diferencia de lo que ocurrió, por ejemplo, con el radar de Ushuaia, de naturaleza privada y comercial, actualmente frenado por una cautelar. Aquella auditoría —avalada en su momento por la entonces Subsecretaría de Asuntos Internacionales para la Defensa— había sido solicitada por Cancillería, en función de los procedimientos administrativos necesarios en torno a sectores estratégicos.



El exnúmero dos del Ministerio de Defensa, Francisco Cafiero, interpretó la situación como un síntoma de algo mayor. “El problema de fondo es político. Esto manifiesta otra vez los cambios erráticos en las políticas estratégicas. No sólo afecta la cooperación con China, sino con otros Estados", puntualizó en diálogo con PERFIL. Y agregó: “Esto perjudica a la comunidad científica argentina, especialmente la de San Juan, que había encontrado en el CART un espacio de investigación único. Nunca vimos, al menos desde la vuelta de la democracia, un grado de dependencia tan alto con Estados Unidos”.

La mirada desde China

La Embajada china en Buenos Aires, por su parte, evitó referirse al tema. “No hay comentarios por ahora”, respondieron ante la consulta de PERFIL. Según fuentes cercanas a la representación diplomática, el embajador Wang Wei regresará en noviembre, justo cuando el Partido Comunista Chino presente su nuevo plan quinquenal, con directrices en materia de cooperación científica y tecnológica.

Sin embargo, varias voces, incluidos legisladores nacionales y la comunidad académica sanjuanina, presionaron al Gobierno para que habilite la finalización del proyecto. Por su parte, el exembajador argentino en China, Sabino Vaca Narvaja, explicó que "el CART era una política de Estado".

"Representaba la cooperación científica internacional en su mejor expresión. Les molesta a los estadounidenses porque están en una carrera espacial. Este tipo de radiotelescopios puede determinar la existencia de vida exterior, y ellos no tienen uno en el hemisferio sur. Los chinos fueron más rápidos, instalaron otro en Canadá, y nosotros éramos parte de esa agenda estratégica”, agregó, en diálogo con este medio.

Desde Defensa, en cambio, justifican la medida: aseguran que la resolución busca “ordenar el espacio aéreo y prevenir riesgos potenciales”. Pero admiten que “los proyectos con participación extranjera serán revisados caso por caso”, lo que en la práctica equivale a un congelamiento. Mientras tanto en la región sanjuanina de Calingasta, la antena blanca sigue ahí. Imponente, silenciosa, pero inmóvil, a la espera del 5 de noviembre, el momento en que las autoridades científicas tendrán una audiencia para destrabar la importación de los insumos y evitar que la estructura estratégica termine de deteriorarse.