viernes, 21 de agosto de 2026

Quiénes son los “Gandalf” que escracharon a Peter Thiel al estilo de El Señor de los Anillos y aplaudieron a los Granaderos

Quiénes son los “Gandalf” que escracharon a Peter Thiel al estilo de El Señor de los Anillos y aplaudieron a los Granaderos
El grupo se disfrazó del célebre mago de la saga de fantasía para protestar contra el desembarco del empresario estadounidense en la Argentina y su inversión de US$76 millones en Vista Energy, la petrolera vinculada a Vaca Muerta.
por Melina Viudez Schenone


Gandalfs frente a la casa de Peter Thiel | Captura

La escena, propia de un loop psicodélico de la Tierra Media, tuvo como protagonistas a hombres y mujeres disfrazados de Gandalf, enfundados en túnicas grises, con barbas postizas blancas, sombreros puntiagudos y lentes de sol oscuros, que se concentraron frente a la casona del multimillonario tecnológico estadounidense Peter Thiel, cofundador de PayPal y dueño de la empresa de inteligencia y análisis de datos Palantir Technologies.

Autodenominados “lxs Gandalfs del sur”, los manifestantes montaron un ingenioso escrache contra el magnate, que eligió Buenos Aires como refugio, para expresar su rechazo a las prácticas de vigilancia y espionaje asociadas a Palantir, en una protesta cargada de referencias a El Señor de los Anillos.

Desplegaron una bandera con una de las frases más reconocibles de Gandalf, pronunciada por el mago al enfrentarse al Balrog en las Minas de Moria: “You shall not pass” (“No pasarás”), seguida: “la concha de tu madre”.

Para acompañar la protesta, los manifestantes sumaron bombos y palmas y le dedicaron un cántico: “Peter, compadre, la c... de tu madre. Vos tenés palantires para ver el futuro, mirate en el espejo, vas a ver un b...".


Peter Thiel mantiene una relación cercana con Javier Milei y visitó la Casa Rosada en distintas oportunidades

La columna de magos, en su marcha hacia la residencia de Thiel, pasó por el Instituto Nacional Sanmartiniano justo en la fecha en que se conmemoraban 176 años de la muerte del Libertador, e hicieron una pausa respetuosa para aplaudir al paso del Regimiento de Granaderos a Caballo.


En "El Señor de los Anillo", Gandalf es un poderoso mago y aliado de Frodo y la Comunidad del Anillo

Lejos de ser una coincidencia, la elección de Gandalf estuvo vinculada con Palantir, la compañía cofundada por Thiel. A tener en cuenta, Thiel es un acérrimo admirador de la obra de J. R. R. Tolkien, al punto de haber bautizado a sus empresas con nombres inspirados en la saga (como Palantir, Valar Ventures o Mithril Capital).

A propósito, el nombre de su empresa insignia, Palantir, proviene de las legendarias piedras que permiten observar lugares lejanos y comunicarse a distancia de la Tierra Media. El problema está en quién los utiliza y para qué.

Eso queda especialmente claro con Saruman, uno de los personajes que se enfrenta a los protagonistas. Saruman vive en Orthanc, una enorme torre donde guarda uno de los palantíri. Al utilizarlo, entra en contacto con Sauron, el principal enemigo de la saga, y termina bajo su influencia.

Gandalf advierte justamente sobre el peligro de utilizar una herramienta capaz de mostrar información a distancia sin saber quién puede estar observando del otro lado.


Los palantíri son objetos mágicos de El Señor de los Anillos que permiten ver lugares lejanos y comunicarse a distancia

Y ahí aparece el chiste. Para escrachar al dueño de una empresa que trabaja justamente con datos e información, eligieron a un personaje que conoce los peligros de mirar demasiado lejos a través de un palantír.

Los millones en Vaca Muerta

El escrache se desató cuando se confirmó que el fondo de cobertura de Peter Thiel, Thiel Macro LLC, inyectó 76 millones de dólares en Vista Energy, la petrolera liderada por Miguel Galuccio que opera en Vaca Muerta.

Su inversión representa el 1% de la compañía y se convirtió en la segunda posición más grande de su cartera declarada (solo por detrás de Amazon).

A fin de cuentas, esto consolida el desembarco del magnate en el sector energético nacional, en un contexto en el que su presencia en el país (con reuniones con Javier Milei y distintos referentes políticos) alimenta las versiones sobre sus planes para instalar un búnker y avanzar en negocios estratégicos.


Peter Thiel se instaló en Buenos Aires y amplió sus inversiones en la Argentina



Quiénes son los “Gandalf del sur”, los magos sudacas que le leyeron el futuro a Peter Thiel
Un grupo disfrazado de Gandalf escrachó al fundador de Palantir, la firma de inteligencia artificial y espionaje masivo, en su casa del coqueto Barrio Parque. Con estilo Tolkien, exigieron que se vaya de Argentina. ¿Cómo fueron los llamativos reclamos y el curioso canto?
Por Dylan Resnik


Protesta de Gandalf frente a la casa de Peter Thiel "La concha de tu madre": el escrache al magnate fue en Barrio Parque Delfina Corbera Pi

“You shall not pass, la concha de tu madre”, afirmaba la bandera que levantó un grupo de Gandalf frente a la casa del magnate tecnológico Peter Thiel, dueño de la empresa de inteligencia artificial Palantir Technologies, dedicada al espionaje masivo de personas y la targetización de objetivos militares. La movilización, llevada a cabo este lunes en la casa que el empresario adquirió en el coqueto Barrio Parque de Buenos Aires, ha desatado un gran revuelo, no sólo por el personaje, sino también por el método de protesta.

Para que quede claro: como en un sueño de fiebre de Tolkien, apareció un grupo personas disfrazadas de magos en la puerta de la casa del magnate estadounidense que se instaló en Buenos Aires para levantar un trapo al mejor estilo Mundial 2026 contra Inglaterra y “leerle el futuro” al magnate del espionaje global, con múltiples negocios con el gobierno estadounidense y el de Israel.

El grupo se hace llamar lxs Gandalfs del sur y su origen es tan misterioso como este Istari que llevó adelante la encarnada lucha contra Sauron en El señor de los anillos. Quien en la Minas de Moria le gritó a Balrog la tan icónica frase de “¡No pasarás!”, o “You shall not pass!”, en inglés. Ese mismo grito ahora lo repitieron en la cara de Thiel.

Así fue el escrache a Peter Thiel

La peregrinación comenzó en una plaza cercana a la casa de Thiel, pasó por el Instituto Nacional Sanmartiniano en el día en el que se cumplían 176 años de la muerte del Libertador de América, tuvo una breve pausa para aplaudir al Regimiento de Granaderos a Caballo y llegó a Barrio Parque.

Allí cantaron diferentes canciones durante un rato y, luego, se retiraron pacíficamente. Entre los hits que sonaron en la puerta de la casa de Thiel sonó una que se hizo muy viral, en el que le leían el futuro al co-fundador de PayPal, miembro de la llamada PayPal Mafia, y figura emblemática del poder de Silicon Valley.

“Peter Peter compadre, la concha de tu madre. Vos tenés palantires para ver el futuro, mirate en el espejo vas a ver un boludo”, cantaron los magos, respondiendo en clave El señor de los anillos al dueño, justamente, de la empresa Palantir, que toma su nombre de las mismas novelas de J. R. R. Tolkien.


Gandalf contra Peter Thiel Disfrazados de Gandalf, con carteles y cantos, movilizaron este lunes a la casa del CEO de Palantir. Delfina Corbera Pi

Palantir, en el universo Tolkien, significa “el que ve a lo lejos”. Se trata de Siete Piedras Videntes que pueden mostrar imágenes y pensamientos del usuario que posee otra Palantir. De esta inspiración es que surge el nombre de la empresa detrás del ICE, entre otras tantas, con motivo de graficar esta idea de una tecnología que permite verlo todo.

¿Pero qué buscaban estos magos sudacas, de túnicas grises, barbas blancas y lentes de sol bien oscuros? Lo explicaron con un comunicado mágico ante la pregunta de Página|12.

Quiénes hicieron el escrache a Peter Thiel

“Tenemos un súper villano viviendo en nuestra ciudad. ¿Vamos a dejar que esta gran sombra anegue nuestro horizonte?”, comienzan la explicación los magos.

Y siguen: “Hoy, lxs Gandalfs del sur encendimos la primera almenara para iluminar un camino de resistencia”. “Nuestra tierra no quiere ser laboratorio de alquimias orquestadas por millonarios que conspiran contra nuestra existencia”, explicaron.

Este dato no es menor, teniendo en cuenta que el motivo por el que Thiel decidió mudarse a Argentina sigue siendo un misterio, pero que en este intento de encontrar una explicación no faltan quienes hablan desde posibles negocios con el Estado nacional, y hasta la idea de armar una búnker para una posible guerra mundial.


Protesta contra Thiel. Uno de los Gandalf con una máscara de Luigi Mangiono, el asesino de Brian Thompson, director ejecutivo de UnitedHealthcare. Delfina Corbera Pi

A lo que se le suma un dato concreto: el fondo de cobertura de Peter Thiel compró una participación de USD 76 millones en Vista Energy, la mayor exportadora de petróleo de Argentina, y pieza clave de la explotación de Vaca Muerta.

Esta no es una tenencia menor, ya que se trata de la segunda mayor posición del fondo administrado por Thiel, Thiel Macro LLC, solo por detrás de Amazon.com Inc. Vista es, además, la única empresa no estadounidense incluida en su cartera declarada.

En este contexto, el grupo de magos continuó con su respuesta: “Es un llamado a que se apresten, a que cuiden la llama de lo que son. Sopesen qué hacer con el tiempo dado. Este tiempo, reclama que obremos. La sombra no espera, no aguarda, y cuenta con nuestra pereza”.


Gandalf en marcha Los manifestantes movilizaron con lentes y disfraces por las calles de Palermo y Barrio Parque. Delfina Corbera Pi

Y cerraron: “No bastarán análisis elaborados ni discursos fatalistas. Hará falta encender la perspicacia, la inventiva y la compasión. Aún la más profunda penumbra ha de tener su fin. En nuestras manos reposa el futuro de la era humana”.



jueves, 20 de agosto de 2026

El gobierno argentino proyecta la privatización encubierta de sus fabricaciones militares

El gobierno argentino proyecta la privatización encubierta de sus fabricaciones militares
Abarca cuatro plantas estratégicas: Río Tercero (química y metalmecánica pesada), Azul (explosivos y proyectiles), Fray Luis Beltrán (chalecos, armas ligeras y municiones) y Villa María (pólvora y altos explosivos).



Utiliza la figura de una Unión Transitoria entre la empresa pública, transformada en Sociedad Anónima mediante el DNU 70/2023; y un consorcio privado extranjero, a quien se le dará el control a través de una mayoría accionaria, como mínimo, del 51%.

A través de un pliego licitatorio estructurado para eludir la intervención del Congreso de la Nación, el gobierno de Javier Milei puso en marcha la privatización y extranjerización de Fabricaciones Militares Sociedad del Estado (FMSE), el complejo industrial fundado por el General Manuel Savio que desde hace más de ocho décadas abastece de municiones, explosivos, cañones y equipamiento a las Fuerzas Armadas y de Seguridad.

La maniobra, revelada por El Destape, utiliza la figura legal de una Unión Transitoria (UT) entre la empresa pública (transformada unilateralmente en Sociedad Anónima mediante el DNU 70/2023) y un consorcio privado extranjero. El esquema garantiza al socio privado el control de, como mínimo, el 51% de las acciones, la presidencia y mayoría en el Comité Ejecutivo (3 miembros privados contra 2 estatales) y la designación del representante legal, dejando al Estado argentino como un "socio bobo" sin capacidad de veto ni decisión sobre el destino de su propia producción bélica por un período de hasta 35 años (hasta el año 2061).

Filtros de Washington y el veto al desarrollo tecnológico

El pliego de condiciones técnicas no solo impone barreras patrimoniales excluyentes para la industria nacional (exigiendo patrimonios netos de hasta 185 millones de dólares y 15 años de experiencia operativa que solo poseen las grandes corporaciones transnacionales de armamento), sino que institucionaliza un alineamiento geopolítico estricto dictado desde el exterior:
  • Cláusula anti-China y filtro de la OFAC: Se prohíbe la participación de empresas estatales extranjeras y de cualquier entidad incluida en las listas del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos (OFAC), adaptando la legislación nacional a las sanciones y directrices de seguridad de Washington.
  • Auto-inhibición del Estado: El artículo 36 del contrato estipula que el Estado argentino no podrá fabricar, diseñar ni distribuir armamento o municiones que compitan directa o indirectamente con la UT en territorio nacional, cediendo el monopolio de la producción para la Defensa.
  • Veto a la transferencia tecnológica: La licitación asigna apenas 5 puntos sobre 100 a la transferencia de conocimiento técnico hacia el Estado, al tiempo que otorga poder de veto al socio privado sobre cualquier decisión vinculada a tecnología sensible.
La privatización abarca las cuatro plantas estratégicas del complejo: Río Tercero (química y metalmecánica pesada), Azul (explosivos y proyectiles), Fray Luis Beltrán (chalecos, armas ligeras y municiones) y Villa María (pólvora y altos explosivos), quebrando la unidad doctrinaria y productiva de la defensa nacional.

El mapa del desguace: Una entrega multidimensional

La liquidación de Fabricaciones Militares no se da en el vacío; articula de manera quirúrgica con la entrega de todos los resortes de soberanía energética, fluvial, científica y territorial de la Argentina:


Indefensión planificada y subordinación externa

El desmantelamiento de Fabricaciones Militares encaja de lleno en el cuadro que Agenda Malvinas viene documentando:

1. Asfixia presupuestaria: El recorte de más de $59.000 millones de pesos sobre las Fuerzas Armadas y la pérdida del 80% del salario real del personal castrense (al que el Ministerio de Defensa autorizó a desempeñarse como choferes de Uber o vigiladores privados) destruye la moral y el sostenimiento de los cuadros operativos.

2. Disolución institucional: La intención del Ministerio de Desregulación de fusionar la Armada con la Prefectura busca degradar la defensa militar soberana a una simple policía costera de interdicción.

3. Subordinación hemisférica: El ingreso ilegal mediante DNU a la Fuerza de Tarea Conjunta del Hemisferio Occidental (JTF-WHEM) del Comando Sur y a la iniciativa "Doctrina Donroe" reduce al país a un eslabón logístico dependiente de las prioridades bélicas de Washington.

Al privatizar la fábrica que produce las municiones y los explosivos de la Nación, el Gobierno no aplica un programa de equilibrio fiscal: liquida la autonomía material indispensable para sostener cualquier reclamo de soberanía frente a la ocupación británica en las Islas Malvinas y la proyección hacia la Antártida.



miércoles, 19 de agosto de 2026

Más allá de Malvinas: el mapa de la red británica que atraviesa el Atlántico Sur

Más allá de Malvinas: el mapa de la red británica que atraviesa el Atlántico Sur
La estrategia de Defensa Nacional del Reino Unido incluye una estructura militar y logística que atraviesa el océano Atlántico desde la isla Ascensión -cercana a África- hasta Malvinas, proyectando su presencia hacia la Antártida.
por Cecilia Degl'Innocenti


Armada Británica. | X @estendenciavzl

La protesta argentina por el movimiento del buque británico HMS Medway hacia la costa continental volvió a poner a Malvinas en el centro de la política exterior, aunque detrás de ese episodio existe una estructura bastante más extensa que la disputa por el archipiélago.

El 13 de julio, por instrucción del canciller Pablo Quirno, la Argentina presentó una nota formal ante la Embajada británica por los movimientos del buque realizados "sin consulta previa", según el comunicado, y que pasaron por aguas jurisdiccionales argentinas. El episodio ocurrió, además, en los días en que la relación bilateral estaba atravesada por la enorme exposición que tuvo el partido entre Argentina e Inglaterra por el Mundial 2026.

La discusión volvió así a concentrarse no solo sobre la soberanía del archipiélago, sino en torno a la explotación ilegal de sus recursos pesqueros y petroleros (con el proyecto León Marino preparando el terreno para iniciar la extracción en 2027).

En ese contexto, el despliegue británico en el sur del país obligó a ampliar la mirada hacia la estructura militar y logística, anclada en los territorios de ultramar que atraviesan el océano Atlántico y que le permite a la lejana Londres proyectar su influencia en una de las regiones más estratégicas del mundo.

Desde la isla de Ascensión, al oeste del cuerno de África, hasta las Islas Malvinas. y desde allí hacia Georgias del Sur, Sandwich del Sur y la Antártida argentina, Londres sostiene una estructura de posiciones y capacidades militares que le permite mantener presencia en una de las regiones más alejadas de su territorio continental.


Las bases del Reino Unido en el Atlántico medio y sur. Fuente: Perfil.com/Ministerio de Defensa británico.

Malvinas, clave de la estrategia de seguridad nacional británica

La arquitectura de esta proyección, en tanto, fue trazada por el propio gobierno británico según consta en sus documentos estratégicos publicados a lo largo de 2025, empezando por su Estrategia de Seguridad Nacional (National Security Strategy) publicada en junio.

"Mantendremos nuestra presencia militar en Gibraltar, las Áreas de Base Soberana de Akrotiri y Dhekelia, la isla Ascensión, las islas Malvinas, Georgias del Sur y las islas Sandwich del Sur", sostuvo el comunicado publicado por el gobierno británico, marcando sus prioridades en Defensa, muy alineadas con el contexto internacional, dominado por la renovada doctrina de seguridad de su histórico socio, Estados Unidos.

El mismo documento agrega que esos territorios de ultramar ofrecen al Reino Unido y a sus aliados bases ubicadas estratégicamente que sostienen una amplia variedad de capacidades de seguridad, y vincula esa presencia con el apoyo a la presencia científica británica en la Antártida argentina.

Dentro de esa estructura, sin embargo, Malvinas no aparece como un punto más sino como la pieza alrededor de la cual Londres articula su postura militar en el Atlántico Sur. El documento llamado Revisión de la Defensa Estratégica (Strategic Defence Review), publicado en junio de 2025 por el Ministerio de Defensa británico, establece que el Reino Unido mantendrá "una postura militar defensiva en las Islas Malvinas, Georgias del Sur y las Islas Sandwich del Sur", junto con la defensa de otros intereses británicos y el cumplimiento de sus obligaciones bajo el sistema del Tratado Antártico.

La formulación revela a Malvinas como la pieza clave de la planificación militar británica en una región que despierta cada vez más interés por sus recursos naturales, más allá de la disputa por la soberanía del archipiélago con Argentina, reiterada en instancias multilaterales.

Por otro lado, documentación británica permite seguir la conexión hacia el norte. En mayo de 2024, el Gobierno de Ascensión, el Ministerio de Relaciones Exteriores (Foreign Office) y el Ministerio de Defensa británico publicaron una declaración conjunta (Ascension Island One Island Vision Statement) sobre el futuro de la isla en la que incluyeron entre sus objetivos de Defensa mantener el papel de Ascensión en el apoyo al acceso a las Islas Malvinas, sirviendo de nodo que conecta el Atlántico medio con el extremo sur.


Islas Malvinas argentinas.

A esto se suma la inclusión de este mapa en la estructura de las fuerzas armadas británicas, especialmente las denominadas Fuerzas Británicas de las Islas del Atlántico Sur, encargadas de preservar la dominación de los territorios usurpados en 1833. La iniciativa, en tanto, forma parte de otra mayor: la Red Integrada de Defensa Global británica.

Con respecto a la Antártida, y pensando en la renegociación del tratado que preserva el continente blanco, la estrategia incluye una operación llamada Austral Endurance, en la que personal de las fuerzas especiales británicas para el Atlántico sur trabajó con efectivos chilenos y otros socios británicos para fortalecer el acceso y la capacidad de operación en el entorno antártico.

Llevada a cabo en enero de 2026, la operación buscó reforzar la presencia, el acceso y la cooperación logística británica en la región. El texto agrega que los activos británicos basados en las Malvinas contribuyen "estratégicamente a la seguridad, la cooperación y el apoyo científico en el Atlántico Sur, además de la defensa de las islas".

La arquitectura, entonces, no depende de una sucesión de grandes instalaciones militares, sino que combina territorios de ultramar, infraestructura, capacidades aéreas y navales, transporte y cooperación con otros países. En todos los casos, la base aérea Monte Agradable, en las afueras de Puerto Argentino en Malvinas, aparece como la pieza central.



lunes, 17 de agosto de 2026

La secretaria de Malvinas argentina trabaja para formar cuadros ingleses

La secretaria de Malvinas argentina trabaja para formar cuadros ingleses
El programa Chevening vuelve a poner bajo la lupa la influencia británica en la formación de dirigentes argentinos y los vínculos de funcionarios del área de Malvinas con iniciativas impulsadas por Londres, en un escenario atravesado por la explotación petrolera, la pesca y la disputa por la soberanía en el Atlántico Sur.
Por Nicolás Lantos



El programa Chevening del Foreign Office es una de las más potentes herramientas de soft power con las que cuenta el gobierno británico. En la Argentina opera desde la década del ‘90, ofreciendo becas de formación superior en liderazgo y relaciones internacionales a dirigentes, diplomáticos, intelectuales, empresarios y otros perfiles cuidadosamente seleccionados para ir a estudiar a Inglaterra.

La más reciente de esas iniciativas se lanzó la semana pasada, cuando la Fundación Argentina Global abrió la inscripción al Future Leaders Programme Argentina, una convocatoria para estudiantes universitarios avanzados y graduados recientes de todo el país. Tres logos comparten el encabezado del anuncio: el de la fundación, el de la embajada y el del programa Chevening. Pero hay un pequeño detalle que lo cambia todo.



Una de las fundadoras de Argentina Global, que sigue muy vinculada a esa organización, es Paola Di Chiaro, la actual secretaria de Malvinas, Antártida, Política Oceánica y Atlántico Sur. La funcionaria que, desde enero de 2014, durante todo el mandato de Javier Milei, ocupó el cargo que existe para sostener el reclamo de soberanía frente al Reino Unido.



La diplomacia blanda y la formación de cuadros

“Gran Bretaña ya no necesita desplegar tropas para conquistar, ahora usa diplomacia blanda; al instruir a la militancia de la derecha argentina, el Foreign Office se asegura de que, cuando estos cuadros ocupan puestos clave en Cancillería o Defensa, las decisiones nacionales se ejecutan bajo el libreto redactado en Londres”, expresó al respecto un exembajador argentino en Londres en una queja que encontró eco en el ámbito diplomático.



Di Chiaro es una politóloga criada en el riñón de Fulvio Pompeo, el secretario de Asuntos Estratégicos de Macri que encabeza el think tank que fundaron juntos. En 2019 la secretaría de Estrategia y Asuntos Militares de Defensa. Pompeo abrirá el primer taller del programa el 7 de septiembre. El acto de cierre, en febrero de 2027, será en la sede de la Embajada Británica.

Petróleo, pesca y presencia británica

El 10 de diciembre de 2025, Navitas y Rockhopper tomaron la decisión final de inversión del yacimiento Sea Lion, en la cuenca de Malvinas: 1.800 millones de dólares, primer barril previsto para 2028. Este año, 108 buques pescaron calamar illex bajo licencia isleña, y en julio el patrullero HMS Medway cruzó el mar territorial argentino sin aviso. La funcionaria que debería ocuparse de que eso no suceda, trabaja con el ocupante.´

Una política de Estado

Es política de Estado. En septiembre de 2024, la Cancillería de Milei reflotó en su comunicado conjunto con Londres la fórmula del "paraguas de soberanía" de 1989, el mismo mecanismo del pacto Foradori-Duncan que la Argentina había denunciado en 2023. El propio Foradori, que firmó el acuerdo en estado de ebriedad, fue premiado por Milei con la embajada ante los organismos internacionales en Ginebra.



lunes, 10 de agosto de 2026

Pablo Stefanoni: “Hoy los tecno-oligarcas son también ideólogos”

Pablo Stefanoni: “Hoy los tecno-oligarcas son también ideólogos”
El historiador analiza las particularidades de las nuevas derechas, a las que diferencia del fascismo tradicional. Propone “rearmar una internacional progresista” para enfrentar a los reaccionarios globales y locales.
Por Sebastián Ackerman


Pablo Stefanoni había publicado anteriormente "La rebeldía se volvió de derecha". Verónica Bellomo

Las extremas derechas ya son parte del horizonte político allí donde se encuentran. No llaman tanto la atención sus propuestas neoconservadoras y reaccionarias, ni la masividad del apoyo que consiguen en las urnas. Sus éxitos electorales germinaron en la última década pero se aceleraron durante la pandemia. Sin embargo, ni las transformaciones que llevan adelante, ni su ingeniería electoral sostenida en las redes y el desarrollo tecnológico, garantizan su continuidad sin disputas frente a sectores progresistas. Este proceso analiza Pablo Stefanoni en su nuevo libro Un fantasma recorre el mundo (Siglo XXI Editores). “Las derechas estas tienen límites, no construyeron un orden estable”, asegura a Página/12 el autor.

“El neoliberalismo construyó un orden durante mucho tiempo, en su momento fue el orden keynesiano. Estas derechas no creo que hayan construido un orden. Y todavía, no es menor, son derrotables en elecciones. Y esos golpes de Estado a la (Donald) Trump en el Capitolio, o el de (Jair) Bolsonaro, son más farsa que tragedia. Pueden ser las dos cosas, pero son bastante farsas”, detalla el autor.

A pesar de no construir un nuevo orden, sostiene el periodista y doctor en Historia, sí producen transformaciones en lo cotidiano. “Van introduciendo elementos que tienen efecto en la sociedad y en la política, porque van corriendo fronteras y consensos, ideas de ciudadanía”, con lo que “la derecha, incluso aunque no crea un orden nuevo, puede envenenar la vida social, debilitar una idea de democracia que, con mucha dificultad, por lo menos era un horizonte”.

“Después de un periodo bastante progresista en el mundo, en los años 2010, reintroducen una legitimidad de discursos muy reaccionarios y lo pueden hacer con bastante impunidad”, observa en su libro, que presentará este domingo a las 16 en la Feria de Editores (C Art Media, Av. Corrientes 6271, con entrada gratuita), junto a Federico Vázquez y Leticia Martínez. “Porque la sociedad argentina quizás se derechizó en estas cosas de que hay más impunidad para ser racista, atacar a los sectores populares como ´planeros´ y demás. Pero no creo que haya una derechización completa respecto a cuestiones sociales”, detalla.

-El título del libro claramente es una referencia a Karl Marx. ¿Por qué lo elegiste?

- Me gustó la idea del fantasma porque tiene una doble dimensión. Por un lado, el fantasma puede ser muy real. O sea, el comunismo era pequeño pero cuando Marx escribió eso ya era amenazante. Y las élites reaccionaban a algo que todavía era un fantasma pero lo detectaron, con un temor que puede o no estar justificado. Hoy hay ciertos fantasmas del fascismo, que en parte son reales, pero en parte también hay comparaciones con los años ´20-´30, y todos reconocen que hoy el mundo es muy distinto a esos tiempos. Y es una comparación que tiene, por decirlo rápidamente, la ventaja de que “fascismo” es un término que todos conocemos, sabemos que hay una luz roja, frente a cualquier otro término nuevo que uno pusiera a estas derechas. El Bella ciao puede ser la canción de La Casa de Papel, una serie ultra comercial, pero además se canta en movilizaciones contra la extrema derecha en Europa.

El historiador, que también escribió ¿La rebeldía se volvió de derecha? y viene estudiando estos movimientos desde hace años, considera que la “tranquilidad” que da una etiqueta conocida puede ser productiva para aglutinar frente al “fascismo”, pero obtura la reflexión sobre las características propias de estas nuevas derechas. “La idea del fascismo termina siendo un poco tramposa porque puede generar la convicción de que si vamos a los años ´20 entendemos todo, ya nos vacunamos y ya evitamos”, reflexiona, “pero también puede generar la fantasía de que si entendemos el pasado estamos preparados. Y con los tecno-oligarcas, o la inteligencia artificial, no nos sirve solo entender ese fascismo, porque se construyó en condiciones específicas. Eso puede ser fantasioso porque esos peligros que tenemos están cargados también de novedades”, alerta.

- ¿Esas novedades tienen que ver con los desarrollos tecnológicos? La llamada “tecno-oligarquía” pareciera que quiere rediseñar el mundo. Peter Thiel está acá desde hace un tiempo y eso genera muchas preguntas…

- Es bastante sintomático que Steve Bannon, por ejemplo, haya dicho “somos leninistas”. Claro, estrictamente no son leninistas, pero había algo recuperable: Lenin introduce el elemento de la voluntad política en el proyecto revolucionario. Es sintomático que la derecha recupera cierta voluntad de transformación contra un mundo que se había pensado en los ´90 que no había mucho que hacer en la política. Los ciudadanos iban a votar como consumidores, el mundo iba a tender a un centro derecha y un centro izquierda que no cambiara mucho. Desaparecía la política. La derecha vuelve a introducirla. Ahora estos personajes, los tecno-oligarcas, sin duda vienen con una idea de apalancar sus ideas a partir de sus fortunas, pero no desde un yate financiando think tanks, sino ellos mismos son ideólogos. Eso me parece un cambio. Lo que pasa es que a nivel político sigue siendo difícil para estas derechas hacer cambios radicales. Todavía no se ve ningún orden nuevo construido en base a esto. Ahora, los tecno-oligarcas están en otra clave que es distinta porque ellos no están necesitando hoy al estado. Van en paralelo.

- Milei hace mucho por “ser parte” de esas derechas, tanto europeas como norteamericanas, y muchas veces retoma sus discursos. ¿Por eso llamás a cierto mileísmo “hidropónico”?

- Lo de las derechas es interesante porque, por un lado, hay una internacional reaccionaria que junta. Y por otro, vemos tensiones crecientes. Por ejemplo, la extrema derecha europea con Trump, porque es una bestia que ataca todo el tiempo y humilla a sus aliados. Está Israel también como un elemento que nombro en el libro que me parece que a veces no se mira tanto cuando se analiza la extrema derecha, y es un elemento muy importante porque es muy radical y tiene muchos grupos de presión. Ahí aparece en un momento en este mapa Milei, que es medio como un OVNI. Me parece que, efectivamente, hay una parte de esa agenda que no es muy productiva, pero Milei es muy ideológico a la vez. Tiene una dimensión ideológica que, aunque después sea contradictorio y demás, la conserva. Está poco arraigado en la política local, porque siente que lo obliga a traicionar todo el tiempo sus ideas. En cambio, en los foros internacionales va y habla de anarcocapitalismo sin ninguna restricción. Y por eso me parece que en lo personal es muy desarraigado. Milei era realmente un outsider ultra radical, no solo ideológico, porque él no conocía nada de la política local. Le funciona solo cuando eso engancha con una forma de atacar al kirchnerismo. Ahí puede decir que la ley de Educación Sexual Integral aumenta la propaganda y vuelve trans a los niños de cinco años, por ejemplo.

- A pesar de todo el recorrido del libro, tenés optimismo sobre las posibilidades de que partidos progresistas triunfen sobre estas propuestas reaccionarias. ¿Qué ves para sostener esa postura?

- Se puede interpretar como un poco de amigabilidad (risas), pero creo realmente que incluso este Trump radical tampoco construyó un nuevo orden. El ICE puede ser muy fascista y es cruel, pero en términos estadísticos no ha echado más migrantes que antes. Milei tampoco por ahora construyó algo nuevo. Va poco tiempo, pero tampoco está la idea. Puede generar un discurso, una conversación pública bastante envenenada, lo que sea, pero no hay un nuevo orden. Es un momento del mundo que nadie puede mucho... Y por otro lado porque el progresismo todavía resiste en algunos aspectos, el movimiento feminista todavía tiene peso, los movimientos de diversidades sexuales tienen peso. O sea, las sociedades que votan a las derechas no necesariamente quieren una derechización completa. Al peligro fascista lo enfrentas con algo. Y si hay una internacional reaccionaria, rearmar una internacional progresista que vaya más allá de lo que ya existe. Pero algo que no dependa de los gobiernos, que sea una cosa más articulada, me parece que eso es interesante poder pensarlo con cierto optimismo razonable.

Un rothbariano selectivo

El presidente cita seguido a uno de sus ídolos ideológicos, Murray Rothbard, y hasta le puso su nombre a uno de sus perros. Pero no es tan consecuente con esa idolatría, por lo menos en las relaciones internacionales: se autocatalogó como “el presidente más sionista del mundo” en marzo último. ¿Qué pensaba Rothbard de Israel? “Ahí hay un límite porque los anarcos capitalistas como Murray Rothbard, que era muy reaccionario pero muy consecuente, odiaba el Estado y estaba en contra de todos los Estados”, arranca Stefanoni. “Cuando se creó el Estado de Israel, él era anti Israel diciendo que era un nuevo Estado”, recuerda. Y cuenta que esa convicción lo llevaba incluso a defender a los palestinos, porque “les expropiaban tierras”, y “ellos defendían el derecho de propiedad. Era una forma heterodoxa de defender a los palestinos para lo que era la época, diciendo que nadie debía poder expropiar. Además de que Israel venía con toda esa cosa medio socialista, al comienzo”, enumera.

Por esa misma convicción, por otro lado, también apoyaba al Ku Klux Klan porque se oponía al Estado norteamericano. “Había una coherencia”, acepta el autor. “Milei termina siendo en tres días un presidente sin ningún movimiento anarcocapitalista, liberal libertario significativo. No solo en la sociedad, incluso en el gobierno no hay eso. Digo, a Karina no le importa lo que decía Rothbard o (Milton) Friedman o (Friedrich) Hayek o (Ludwig von) Mises. Pero tampoco le importa ni a Toto Caputo, que se reiría, ni a Santiago Caputo, ni a (Patricia) Bullrich, que hizo campaña contra eso. No le importa a nadie eso. Quizá (Bertie) Benegas Lynch es el único que anda con esas cosas”, concluye.



El Financial Times puso en la mira mundial el refugio apocalíptico que millonarios construyen en Mendoza

El Financial Times puso en la mira mundial el refugio apocalíptico que millonarios construyen en Mendoza
El Financial Times entrevistó a Martín Varsavsky, líder del proyecto que reúne a magnates tecnológicos en un refugio apocalíptico en la cordillera de Mendoza.
por Analía Doña


Cada cuatro meses, Wamani levanta un nuevo "búnker" en Mendoza.

El prestigioso diario británico Financial Times volvió a poner en el centro de la escena global un proyecto que ya generaba murmullos. Según la publicación, un grupo de empresarios tecnológicos de élite, tanto extranjeros como argentinos, está construyendo un enorme refugio de supervivencia en la cordillera de Mendoza.

Ubicada en el departamento de San Carlos, uno de los 7 departamentos con más hectáreas extranjerizadas en la provincia, se encuentra la estancia Wamani. Según la información oficial del sitio web del lugar, se trata de un remoto predio de 32.000 hectáreas de campo y precordillera que incluye el Pico Wamani, de 5.000 metros de altura.


El Financial Times develó que millonarios extranjeros levantan un refugio apocalíptico en Mendoza. Foto: Wamani web

Aunque el sitio lo promociona como un destino de turismo de aventura, descanso y desconexión con conectividad Starlink y una pista de aterrizaje privada, el líder del proyecto ratificó, en una entrevista con el Financial Times, el verdadero propósito detrás de esta inversión: prepararse para el colapso global.

Un búnker argento-extranjero de 10 millones de dólares en el Valle de Uco

Como contó Diario UNO hace un año, el proyecto es liderado por el empresario hispano-argentino Martín Varsavsky, quien compró el terreno en diciembre de 2023 junto con otros cinco coinversores, entre los que figuran Alec Oxenford (actual embajador argentino en Washington) y Dan Lubetzky (fundador de la marca Kind).

Hasta el momento, el grupo lleva invertidos casi 10 millones de dólares en la propiedad -de la cual Varsavsky posee el 50%-, construyendo casas prefabricadas, domos geodésicos equipados con paneles solares, e infraestructura para la cría de ganado.


Según la web de Wamani, la estancia adquirida por empresarios argentinos y extranjeros en San Carlos tiene 32.000 hectáreas. Foto: Wamani web

En diálogo con el medio británico, Varsavsky fue directo respecto a las motivaciones geopolíticas que impulsan el desarrollo. "Ya estamos en la Tercera Guerra Mundial, las líneas de batalla ya están trazadas", sentenció al Financial Times. Para el empresario, ante un eventual desastre nuclear o colapso del hemisferio norte, "tiene sentido tener un refugio".

Según su análisis, "toda Argentina y la región del Cono Sur" podrían sostener "sociedades complejas" luego de un conflicto bélico a gran escala, debido a la distancia de las zonas de impacto, la baja densidad poblacional y la capacidad para producir energía y alimentos.


Empresarios tecnológicos llevan invertidos en Mendoza 10 millones de dólares. Foto: Wamani web

"Tu propio internet", el atractivo de Milei y la mirada local

El plan de supervivencia roza la ciencia ficción. El Financial Times detalla que los socios están evaluando descargar grandes modelos de lenguaje (Inteligencia Artificial) en computadoras alimentadas con energía solar "para crear tu propio internet limitado" en caso de que los servidores globales dejen de funcionar.


Naturaleza única en San Carlos, Mendoza. Foto: Wamani web

El fenómeno no es aislado. Varsavsky reconoció al diario europeo que los magnates de Silicon Valley están mirando hacia el sur, alentados por las políticas de libre mercado del presidente Javier Milei. Incluso comparó su proyecto mendocino con el búnker que el multimillonario Peter Thiel construyó en Nueva Zelanda: "Casualmente llegamos a la misma conclusión: que, de todos los lugares a los que podrías ir en caso de una Tercera Guerra Mundial, Argentina es el mejor". A esto, sumó un componente cultural: "Hay gente que va a Argentina y dice: 'Vaya, este lugar se ve ahora más europeo que Europa'".


El Financial Times habló con Martín Varsavsky, uno de los dueños del proyecto en Mendoza. Foto: Wamani web

El Financial Times viajó hasta Eugenio Bustos, el pueblo de 12.000 habitantes cercano al refugio: "Es muy raro comprar tanta tierra sólo para uno mismo sin un plan comercial", dijo la empleada de una estación de servicio.

Al respecto, según publicó el sitio, los dueños están considerando abrir las instalaciones al turismo en plataformas como Airbnb para hacerlo autosustentable.

Por otro lado, los trabajadores locales lidian día a día con el desafío de la naturaleza. Lucía Castillo, arquitecta de 28 años que trabaja en el predio, relató al diario británico la rudeza del clima que obliga a los millonarios a quedarse encerrados varias veces al año: "Martín se asustó la primera vez que vio esos vientos".



Pese a los recelos, hay quienes ven el vaso medio lleno. Camila Martínez, guardaparque de la zona, también fue citada por el Financial Times: "La gente dice de todo, pero al menos Martín está conservando el paisaje, a diferencia de la mayoría de los grandes propietarios de tierras de aquí".

Mientras tanto, las obras siguen avanzando en el silencio de la cordillera de Mendoza, levantando una nueva estructura cada cuatro meses a la espera de lo que depare el futuro.



miércoles, 29 de julio de 2026

Ex director de la Escuela Superior de Guerra sostuvo que la campaña anti argentina fue contra la reivindicación de Malvinas

Ex director de la Escuela Superior de Guerra sostuvo que la campaña anti argentina fue contra la reivindicación de Malvinas
El coronel Gabriel Camilli afirmó que los ataques surgidos durante el Mundial no respondieron solamente a una rivalidad deportiva, sino a una disputa vinculada con la cuestión Malvinas. “Esta bandera tiró por tierra años de campaña de desmalvinización”, aseguró.


Gabriel Camilli | Linkedin

En Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190), el coronel Gabriel Camilli aseguró que la aparición de símbolos vinculados con Malvinas durante el Mundial expuso una disputa que, según su análisis, continúa vigente desde 1982. “Esta bandera tiró por tierra años de campaña de desmalvinización”, afirmó el ex director de la Escuela Superior de Guerra Conjunta, al explicar que los conflictos actuales también se libran en el terreno “cibernético y cognitivo”.

Gabriel Camilli es un coronel mayor retirado del Ejército Argentino, académico, escritor y reconocido analista geopolítico especializado en historia de la guerra y defensa estratégica. Se desempeñó como director de la Escuela Superior de Guerra Conjunta de las Fuerzas Armadas, ejerció el cargo de decano dentro de la Universidad de la Defensa Nacional, además fue jefe del Regimiento de Infantería Mecanizado 3, que en el Alpegrano preside la Fundación Estudios y Legados en Valores Nacionales, desde donde dicta conferencias sobre geopolítica y el pensamiento de próceres argentinos.

—El coronel Camilli escribió un excelente artículo que publicó el diario La Prensa, explicando, desde una perspectiva militar, que los recursos de defensa de un país no son solamente sus armas, que es lo que tiene doble valor viniendo casualmente de un militar. Así que le pido, si usted pudiera sintetizar oralmente su artículo a nuestra audiencia.

—El artículo se llama La Argentina Bajo Ataque. Esto fue motivado porque tengo un centro, una fundación de estudios, que seguimos el problema estratégico de los valores nacionales. Y mirando el Mundial, como lo hacía cualquier ciudadano argentino que sigue este torneo, empecé a ver, habiendo escudriñado un poco en las redes sociales y habiendo estudiado esto, que se estaba dando delante de mis ojos una nueva forma de agresión que yo venía estudiando en guerras que se vienen dando en otros lugares del mundo.

Desde La Prensa seguimos en una columna la guerra de Ucrania y Rusia, los acontecimientos en el Medio Oriente. Y nosotros siempre hablamos de que hay distintos campos o dominios en los cuales se desarrollan las operaciones en la actualidad. Nosotros, y la mayoría de la gente, piensa que la guerra se desarrolla en la tierra, con los ejércitos; el mar, el aire. Pero en estos últimos tiempos se ha determinado que hay otros espacios importantes que tienen tanta o más trascendencia que estos clásicos que he mencionado.

Tenemos el campo aeroespacial, se pasó a una dimensión mayor, el campo cibernético y el campo cognitivo, que es el que llega al celular, a la pantalla de cada uno de los ciudadanos, para hacerse de la mente de él mismo. Entonces, después de los primeros partidos, llegando hacia la semifinal, empecé a ver que los ataques a la Argentina eran no solamente de tono futbolístico, que no hubiese tenido ningún tipo de preocupación porque es discutible, y más con la pasión que le ponen los aficionados al fútbol a esto en todo el mundo.

Pero, a partir sobre todo de la victoria sobre Egipto se empezó a desencadenar una serie de ataques que nada tenían que ver con el fútbol; tenían que ver con la Argentina, con otras cosas. Y lo de la victoria sobre Inglaterra y la exposición de esa maravillosa bandera que la afición le acercó a nuestra magnífica selección, eso fue un desencadenante explosivo.

Porque tenemos que entender hoy, aunque parezca exagerado lo que estoy diciendo, de que el mundo se mueve por las redes y por el marco cibernético, la psico-guerra. Entonces, esta bandera tiró por tierra, según mi entender, años de campaña de desmalvinización, en la cual el Reino Unido y otras potencias invierten ingentes cantidad de dinero. Entonces, no fue una reacción natural de la ficción contraria o de los partidarios que no quieren a la selección argentina, sino que fue una cosa perfectamente instrumentada y fabricada desde otras usinas de poder. Y esto quedó determinado.

—¿Puedo decir entonces, escuchándolo, que la guerra de Malvinas no terminó nunca y que la guerra continuó por parte de Inglaterra fomentando la desmalvinización, que es una forma de consolidar su triunfo?

—Absolutamente bien resumido. Porque la paz, ¿qué es? La paz es, según una definición clásica, la tranquilidad en el orden. Es una definición clásica de la paz. Hay tranquilidad hoy porque no nos estamos agrediendo físicamente como en el 82, pero no hay orden. El orden es volver las cosas a su justo sitio. El orden es que, de mínima, se cumpla la resolución de Naciones Unidas que obliga a las partes a sentarse a negociar, de mínima.

Y para nosotros el orden es restaurar esa usurpación que en 1833, de forma absolutamente arbitraria y por la fuerza, desalojó a la población argentina que venía ocupando ese lugar. Entonces, como usted bien dice, la guerra no terminó. La guerra en estos 44 años posteriores tuvo un desarrollo muy interesante, con períodos que nosotros estudiamos acabadamente: período de desmalvinización fuerte, período en que la guerra era el carro atmosférico para la Argentina, la guerra en que los chicos de la guerra eran los locos de la guerra, hasta que después el tiempo, o la verdad, fue decantando de que esta fue una justa guerra, y la Argentina fue reconociendo a sus veteranos.

La Argentina, a pesar de esas campañas de desmalvinización, como lo muestra esta bandera y este espíritu de gente sencilla, de nuestros jugadores que con todo el corazón, en todos los momentos, mostrado este amor por Malvinas. Acordémonos la canción en el mundial anterior, en la hinchada por los muchachos de Malvinas. Entonces, esto ha quedado fijo del lado nuestro y del lado del enemigo no ha cesado. No ha cesado porque hay pruebas fehacientes de que existen usinas de pensamiento producidas desde Gran Bretaña, en la cual se le paga a profesionales y expertos para generar un ambiente de desmalvinización, de que los argentinos abjuremos de Malvinas.

Hay un hecho muy fuerte que yo siempre destaco. Hay una campaña que promueve la Embajada Británica en Buenos Aires que se llama Visitemos a nuestros vecinos los Kelpers, en la cual invitan a jóvenes universitarios dedicados al área de la comunicación para que visiten Malvinas, a cambio de que los jóvenes produzcan piezas de orden publicitario que favorezcan esta amistad con los Kelpers.

Este es un problema muy grave porque desde el Gobierno argentino, del Estado Nacional, no se hace nada para impedir esto porque los Kelpers no son ni nuestros vecinos, son usurpadores de un territorio nacional. Y todo esto, aunque parezca mentira y parezca una fantasía, quedó demostrado en 30 segundos, con la aparición en el mundo, en el éter mundial, de esta bandera que desplegaron nuestros jugadores.

—Usted dice que, sabiendo que venía el partido con Inglaterra, el origen de toda esta campaña, en el fondo, es parte de la agresión de la guerra de Malvinas.

—Yo creo que sí, y de otros poderes que quieren que la Argentina no surja. La Argentina es un país por naturaleza rebelde. No se puede perdonar, ni no nos perdonaron en los 44 años posteriores de la guerra, el haber osado querer cambiar el statu quo que en 1965 las Naciones Unidas decían que debía cambiarse. La Argentina se ha esforzado por todos los medios en tratar de lograr recuperarla pacíficamente. Entonces, esto no se perdona.

—Y, visto en retrospectiva, ¿Cuál es su opinión de Galtieri?

—Al general Galtieri lo conocí. Tuve la oportunidad de conocerlo cuando yo era un joven teniente. El general Galtieri estaba cumpliendo prisión en la Escuela de su Oficial, el Sargento Cabral, el lugar que yo revistaba en ese momento. Y, como con un espíritu curioso, digo: bueno, tengo a esta persona acá, quiero entrevistarlo, quiero conocerlo. Así que varias veces pedí tomar un café con él.

Imagínense, yo era un teniente de 23, 24 años y el general era una persona bastante más grande. Y encontré una persona distinta a la que cuentan los medios, una persona que estaba consciente. Él me dijo a mí: “Mire, Camilli, la historia a mí me va a matar, me va a destruir”. Era perfectamente consciente y tomaba con una gran austeridad esta prisión que se le había impuesto. No tengo palabras negativas. Vi a una persona bastante simple, sencilla, y esa fue mi experiencia personal con el general Galtieri.

—Y desde el punto de vista militar, no personal, sino desde el punto de vista militar, ¿qué opina de la decisión de Galtieri de haber ido a la guerra? No sé si de Galtieri o de la Marina, en cualquiera de los casos? ¿Fue un error o finalmente fue un error útil en algún sentido?

—Lo entiendo perfectamente y, por supuesto, que como 40 años de estudio de este tema me llaman poderosamente la atención y soy el primer interesado en conocer la verdad. La llegada a Malvinas está envuelta en una serie de circunstancias que no son conocidas. Yo tengo una gran amistad con el licenciado José Enrique García Enciso, que fue senador nacional y vicegobernador de la provincia de Corrientes, que a la sazón, en ese momento, era un joven de veintitantos años que formaba parte del gabinete de crisis del general Galtieri por el tema de su conocimiento del idioma inglés.

García Enciso demuestra cabalmente y con pruebas que en 1981, ya en el gobierno del general Viola, se estaba preparando una reacción argentina en forma diplomática fuerte para evitar el cumplimiento de los 150 años ininterrumpidos en el 83 de la Guerra de Malvinas. Hubo una preparación y había un plan B que se empezó a gestar allá por el 81, que era el menos querido, que era hacer una especie de touch and go para cambiar y simplemente mover la sensibilidad de Gran Bretaña y obligarla a cumplir con la directiva de las Naciones Unidas. Estoy resumiendo brevemente porque él lo explica en un libro. Así que tengo una prueba presencial. Es una de las pocas personas vivas que formaban parte del ápice estratégico...

—O sea, usted lo dice que el objetivo era el touch and go. Y cuando ofrecieron las tres banderas fue el error de Galtieri. O sea, el error no fue iniciar la guerra sino seguirla.

—Exactamente. Fue el error, pero condicionado. Porque en este tema de las tres banderas, el presidente Belaunde Terry había logrado... y en la noche del primero al 2 de mayo...

—Hunde en el general Belgrano.

—Sí, señor, pero antes que lo que la gente no sabe, que esa noche se acordó entre las tres partes, Margaret Thatcher, Galtieri y Haig, que era el ministro de Relaciones Exteriores, un alto el fuego momentáneo para negociar. Margaret Thatcher incumple con esa orden y hunde al general Belgrano.Y ahí es cuando el general Galtieri no acepta seguir adelante. Ahora, podemos decir, tendría que haber sido con sangre fría y haber continuado con el acuerdo. De esto es testigo mucha gente del Perú y el mismo García Enciso, de lo que estoy diciendo. No es una cosa imposible de certificar. No justifico. Estoy diciendo: en el proceso de toma de decisiones de un Estado, de una nación, intervienen muchos factores.

—Coronel, me gustaría finalmente que usted le compartiera a nuestra audiencia la conclusión final que usted hace, diciendo de que el poderío de una nación se mide también por su capacidad cultural. Se mide también por cuestiones de soft power. Usted cita el INVAP, el CONAE, el CNEA. Grandes símbolos colectivos de la capacidad y la potencia de un país. Que la fortaleza no es exclusivamente las armas que un país tiene, sino que son la consecuencia de toda una capacidad científica, educativa, tecnológica, económica. Me gustaría un cierre con ese punto.

—Sí, la defensa nacional no es el aparato militar. En un sentido literal, podemos ver la figura de un hombre con un arco y una flecha que se proyecta hacia un blanco. La punta de la flecha, el metal, es solamente el poder militar. Pero todo lo demás que está detrás del arco, la flecha y todo el hombre y todo el esfuerzo, es todo el poderío nacional, toda la potencia nacional que hace posible la ejecución de ese esfuerzo último que tiene una nación cuando va a la guerra. Entonces, si nosotros debilitamos nuestro aparato tecnológico, nuestro aparato productivo, nuestro aparato industrial, nuestro conocimiento científico, y es un activo también la selección nacional, aunque te le parezca mentira, es un activo porque el fútbol Es pasión de las multitudes. Entonces, es un activo nacional.

Todo eso hace al ser y a la esencia de la defensa nacional. Pero tenemos que ponerlo en valor, tenemos que ponerlo a trabajar todos juntos detrás de ese esfuerzo, como ese hombre y ese arco y la flecha. No va la flecha por un lado, la soga por el otro y el músculo por otro. Va todo encaminado hacia cumplir un objetivo. Lo que yo veo es que la Argentina anda así, a la deriva, como una veleta, donde va el viento. Lo que creo que es el momento lo llama a buscar rumbos, a elegir conductores que busquen rumbos, que marquen direcciones y encolumnarnos todos detrás de ese esfuerzo.



viernes, 24 de julio de 2026

El racismo a la argentina frente a la «superioridad moral» del Norte global

El racismo a la argentina frente a la «superioridad moral» del Norte global
por Alejandro Frigerio (UCA/CONICET)



No solo perdimos la final del Mundial 2026 ante España, sino que también en los días siguientes recibimos múltiples, inesperadas (y para este caso, innecesarias) acusaciones de que éramos «uno de los países más racistas del mundo» -Samuel Jackson dixit, quizás aún compenetrado en su papel de Nick Fury guardián del orden global en las películas de los Avengers. Pero no fue el único. Tanto en medios «serios» como en múltiples publicaciones en redes sociales la acusación se difundió, con argumentos variopintos y superficiales. La foto de la selección, compuesta totalmente por jugadores blancos, fue tomada como prueba concluyente -como ya había sucedido en el Mundial pasado. Nuestra reacción local fue casi unánime: indignación, desmentidas, acusaciones de xenofobia contra quienes señalaban el problema. Nada muy diferente de lo que sucede cada vez que se toca el tema, pero en un clima emocional muy intenso y con la conciencia de una audiencia global.

¿Pero somos una sociedad racista?

La respuesta corta sería: sí. Todas las sociedades lo son, y el excepcionalismo argentino que queremos ver en este tema no es real. ¿Estamos entre los países más racistas del mundo? Seguramente no, pero sí estamos entre los que más ignoran o invisibilizan su racismo endógeno. Sería productivo reconocerlo, identificar nuestras conductas racistas (aún las más «inofensivas» y «folklóricas», como los cantos de las hinchadas de futbol) y hacer lo necesario para disminuirlo. Esto no afectaría los derechos de nadie (salvo los de quienes se creen que pueden propagar discursos de odio) y puede aumentar los de muchas personas que habitan nuestro territorio.

Un racismo con acento local

Todas las sociedades tienen sus Otros discriminados: internos, los que no encajan en la imagen ideal del ciudadano según la narrativa nacional dominante, y externos, definidos por los patrones de inmigración que a cada país le toca según su región, su historia colonial o sus necesidades de mano de obra. En Argentina, cada zona tiene los suyos: wichis y qom en el Chaco y Formosa, chiriguanos y guaraníes en Salta, «coyas» o bolivianos en el NOA, «chilotes» y mapuches en el Sur, «negros cabeza» en el AMBA.

Lo distintivo de nuestro racismo es su forma de expresarse: sosteniendo que no existe, porque supuestamente no habría «razas» ni grupos étnicos diferenciados dentro del país. Las campañas antirracistas que impulsaba el INADI en redes sociales —antes de que el gobierno de Milei cerrara el organismo— solían generar comentarios indignados por el solo hecho de tratar el tema, cuando no acusaciones de que el propio INADI era racista por «inventar» un problema que, para el sentido común argentino, no nos afectaba. Paradójicamente, el antirracismo parecía fomentar el racismo en lugar de reducirlo. Es exactamente el mismo reflejo que se vio esta semana: la respuesta a la acusación externa no fue la autocrítica sino el desmentido ofendido.

Cómo se construyó una Argentina «blanca»

El proyecto de la generación del 80 de europeizar a la población fue, al menos en el discurso, un éxito rotundo. La fuerte ola inmigratoria italiana y española diluyó – aunque no hizo desaparecer- a la población afroargentina en la nueva geografía demográfica de Buenos Aires, y la mayoría masculina de esa inmigración produjo un mestizaje casi forzado. La ideología del «crisol de razas» terminó convirtiendo en «blanca» a buena parte de la población que podría haberse considerado mestiza. Recién con la migración interna de la década de 1950 se hizo visible una presencia no blanca, estigmatizada bajo el mote de «cabecitas negras». Sus descendientes de hoy siguen siendo, para buena parte de la sociedad, simplemente «negros» («cabeza», «termos», «de mierda», etc.).

Los pueblos originarios están invisibilizados a nivel nacional -pese a que su número absoluto es comparable al de Brasil, país donde tienen un reconocimiento y un peso simbólico enorme-, y lo mismo ocurre con los afrodescendientes, recién incluidos oficialmente en los dos últimos censos pero todavía ausentes del imaginario colectivo. El «racismo a la argentina» respecto de este último grupo podría resumirse así: no somos racistas porque en nuestro país ya no hay negros; a quienes llamamos despectivamente «negros» los despreciamos sólo por su falta de cultura, no por su color. Ambas afirmaciones son falsas.

Aunque ya no representan el 30% de la población porteña como en 1810, existen muchos argentinos afrodescendientes -algunos herederos de los esclavizados y libertos de la colonia, otros producto de migraciones posteriores-. La cifra real seguramemte supera los 302.936 relevados en el último censo (0,7 % de la población), un resultado probablemente deslucido por la falta de campañas de sensibilización que lleguen a explicar bien qué significa «afrodescendiente», un término sin la carga peyorativa de la palabra «negro» -pero que, hay que reconocer, no implica que quien se autoidentifica de esta manera sea socialmente reconocido como «una persona negra».

El racismo de todos los días

En un país cuya imagen ideal es la de una sociedad blanca, europea, moderna y católica, quienes son socialmente leídos como «negros» (raciales) sufren sobre todo tres formas de discriminación cotidiana:

Invisibilización: la narrativa nacional sólo admite la presencia afroargentina hasta el gobierno de Rosas, y en la vida diaria se reserva la categoría de «negro» a quien tiene la piel muy oscura y cabello «mota». Es común, incluso, que las familias escondan fotos de abuelos por ser negros.

Extranjerización: especialmente irritante para los afroargentinos: se asume que toda persona negra, hable como hable, es necesariamente inmigrante.

Estereotipación: se les asignan roles y rasgos según el fenotipo —calientes, buenos para el baile, poco aptos para trabajos serios—, prejuicios con larga historia y plena vigencia.

A esto se suma una discriminación más amplia, compartida con quienes por su ascendencia indígena, mestiza o afro visible no responden a la imagen social del argentino «típico» «descendido de los barcos europeos» -una imagen que podría corresponder a la población de cierto nivel socio-económico de Buenos Aires y algunas capitales del interior pero que de ninguna manera representa a la mayoría de l@s argentin@s.

Cuando se habla con desdén de «negros» («cabeza», «villeros»), se está apelando -aunque se lo niegue- a una dimensión también fenotípica que antecede o se suma a la clase social y las preferencias estéticas. Nuestros «negros» cotidianos no son sólo sociales sino también raciales: son «insuficientemente blancos», y en eso radica buena parte de la desconfianza que despiertan. La expresión «cosas de negros» nació referida a la población afroargentina, pero hoy se aplica a cualquier «otro» que no llegue a ser «europeamente blanco». La «portación de rostro» frente a la policía y la «buena presencia» exigida en tantas búsquedas laborales son formas concretas de ese rechazo, que condiciona e influye negativamente en el acceso de demasiados compatriotas a la justicia, la educación, el empleo digno y la movilidad social.

¿Somos el país más racista del mundo?

Comparar racismos es difícil y puede ser contraproducente: lleva a la creencia autogratificante de que estaríamos en los puestos bajos de un supuesto ranking, o a pensar que algunas formas de esclavitud fueron más benévolas que otras -algo que sólo puede sostener quien nunca la sufrió ni leyó historia-. Es cierto que en Argentina no hubo leyes segregacionistas como en otros países, y que la educación pública, aun siendo una máquina de producción de la ideología de la blancura, también permitió cierta integración social, subordinada pero real.

Ninguna de esas dos cosas contradice lo anterior. Que no haya habido segregación legal no significa que no haya racismo estructural; y la reacción indignada ante la crítica externa de esta semana -«cómo nos van a decir racistas a nosotros»- es, precisamente, la forma en que ese racismo tácito se sostiene: negándose a sí mismo.

Por qué la selección es toda «blanca»

Hay, sin embargo, una pregunta legítima detrás de la polémica futbolística: a diferencia de otros países donde la proporción de afrodescendientes en la selección supera ampliamente su peso demográfico, el plantel argentino es prácticamente homogéneo en términos raciales. La explicación es en gran parte numérica: los afrodescendientes, como vimos, son apenas el 0,7 % de la población según el último censo. De ese porcentaje, sólo una fracción juega al fútbol, otra menor lo hace de manera competitiva, y de ésa, una fracción todavía menor alcanza el nivel de la selección nacional. Todo esto en un contexto social con una población «futbolísticamente activa» enorme. Por ello, las probabilidades son extremadamente bajas, aunque no nulas: en 1978 Héctor Rodolfo «Chocolate» Baley fue uno de los tres arqueros convocados.

Ese dato numérico explica la composición del equipo, pero no agota la discusión que se abrió en 2026. Que la ausencia de jugadores negros en la selección tenga una causa demográfica no vuelve falsas las otras evidencias: los cánticos discriminatorios de h hinchas (y peor, de la propia selección que fueron difundidos por redes sociales) en ediciones anteriores, los comentarios racistas de algunos (pocos) funcionarios durante este mismo torneo, o el reflejo colectivo de indignarse por la acusación antes que preguntarse por lo que la motiva. La pregunta que dejó el Mundial 2026 no es si Argentina es «el país más racista del mundo» -una comparación imposible de saldar-, sino por qué, cada vez que alguien lo señala desde afuera, la respuesta mayoritaria sigue siendo negar tozudamente que el problema exista.

Dicho esto, que seamos una sociedad racista no significa que lo seamos más que otras, y mucho menos que quienes nos acusan desde el Norte global tengan la autoridad moral que se arrogan para hacerlo. Estados Unidos y las potencias europeas que hoy señalan con el dedo construyeron sus fortunas sobre la esclavitud, el colonialismo y la segregación legal, y todavía conviven con un racismo estructural propio que no necesita mucha búsqueda para salir a la luz. Que un actor de Hollywood y medios estadounidenses o europeos acusen a la Argentina de ser “el país más racista del mundo” -a horas de que un equipo que hasta ese domingo era elogiado en todo el planeta por su entrega, su amor a la camiseta y a su gente pasara, de la noche a la mañana, a ser el villano racista de la película- tiene más de reflejo de superioridad moral ajena que de diagnóstico serio. Reconocer el racismo propio no exime de señalar el ajeno: se puede, y se debe, aceptar el racismo argentino sin por eso conceder autoridad moral a sociedades que llevan mucho más tiempo, y mucha más sangre, sin resolver el suyo.

La reiteración de acusaciones de que los argentinos somos los «villanos de la película» cuando participamos de actividades en escenarios globales -que somos racistas, maleducados o pendencieros-, habitualmente formuladas por intelectuales, periodistas o comunicadores del Norte global, demuestra también las asimétricas relaciones de poder y los prejuicios subyacentes: somos siempre los que no sabemos «ubicarnos en nuestro lugar» de latinoamericanos sumisos y moralmente inferiores. Es cierto, nuestra veta maradoniana se resiste a aceptar el lugar subordinado que quieren asignarnos en el orden global. No por nada D10S es argentino…



No odiamos lo suficiente a los argentinos

No odiamos lo suficiente a los argentinos
En cuestión de horas, Argentina, su selección de fútbol y también los ciudadanos fueron víctimas de un juicio global desproporcionado, “alimentado por pruebas falsas, plataformas que premian la indignación y actores que ganan plata o poder con el enojo ajeno”. Qué lugar ocupan en esto los algoritmos.
por Maximiliano Firtman*


Rosalía | CEDOC

¿Qué tienen en común Rosalía, el ajedrecista Kasparov, una congresista estadounidense y el actor Samuel Jackson? Todos quedaron atrapados en una ola anti-Argentina amplificada por los algoritmos de las redes sociales. Algunos compartieron contenido falso; otros amplificaron acusaciones sin fundamento.

Después se sumaron medios internacionales. La red convertía en tendencia una publicación dudosa, el medio la transformaba en noticia y la noticia regresaba a las redes como prueba de que debía ser cierta. Una calesita de desinformación que terminó pintando a la Argentina como la villana racista del Mundial.

El fenómeno anti-Argentina existió: la FIFA moderó 53 millones de contenidos y bloqueó siete millones por considerarlos potencialmente dañinos. Se inventaron casos; a otros, aislados pero reales, se les agregó desinformación, exageración y un encuadre hostil en TikTok, Instagram y, sobre todo, X.

Elon Musk presenta a X como la plaza pública digital. En una plaza, sin embargo, nadie decide en secreto qué conversación escuchará cada persona. En X sí.

Revisé el código abierto del algoritmo que decide qué ves en X. Primero analiza tu historial de interacción y busca publicaciones para mostrarte, incluso de cuentas que no seguís. Después predice si vas a responder, compartir, citar, leer, bloquear o reportar a esas publicaciones. Esas probabilidades determinan el orden del contenido.

El sistema no decide si algo es verdadero ni si te va a gustar: solo predice cómo vas a comportarte. Cuanto más te afecte, más te lo mostrará.

Por eso la red aprende de aquello que provoca reacciones. Una mentira emocional genera respuestas, compartidos y tiempo de lectura. Y si miles interactúan para refutarla, el sistema interpreta interés y se la muestra todavía a más gente. No penaliza que que cientos de cuentas repitan la misma historia falsa.

Si alguien responde, cita, saca captura o se queda leyendo publicaciones anti-Argentina, incluso para criticarlas, el algoritmo aprende que el tema le interesa. Defender al país termina siendo la forma más eficaz de seguir viendo ataques y de creer que es lo único que hay. Así, X facturó más con publicidad mientras algunos argentinos y extranjeros que viven en el país, saturados de intentar defenderlo, decidieron salir de las redes temporalmente.

Se documentaron cientos de citas inventadas, imágenes manipuladas y videos creados con IA de actitudes argentinas que nunca existieron. Gran parte salió de cuentas “verificadas” en X que monetizan las visualizaciones de sus publicaciones.

Una web llamada Argentina Out reunió supuestos 23 millones de firmas para expulsar a la selección de los mundiales. No contaba votos reales, pero tampoco necesitaba convencer a millones: le alcanzaba con monetizar la publicidad gracias a conseguir que los medios dijeran que lo había hecho. Y así pasó.

Como dato revelador, se detectaron muchas cuentas patrocinadas por la casa de apuestas Rainbet que sumaron millones de visualizaciones con declaraciones falsas y supuestas faltas de Messi; muchas cuentas son de Asia y África. Quizás el objetivo no fuera atacar a un país, sino monetizar la polarización y alimentar el negocio de las apuestas y los mercados de predicción.

En 2018, un estudio del MIT concluyó que las falsedades en redes eran un 70% más propensas a recibir retuits y que las noticias verdaderas tardaban unas seis veces más en llegar a las primeras 1.500 personas. La mentira vende más, y eso era antes del algoritmo actual basado en IA.

Y si los humanos amplifican las mentiras más rápido que las verdades, quienes tienen un megáfono lo hacen todavía más. Javier Milei promueve consignas acompañadas, a veces, por datos engañosos, desinformación o acusaciones sin evidencia. Una de ellas es NOLSALP: “No Odiamos Lo Suficiente A Los Periodistas”.

Cuando Antonio Laje le preguntó por esa violencia en redes, Milei respondió que “con un tuit nadie te lastima”. Pero la evidencia dice otra cosa. Como resumió en sus redes el emprendedor y psicólogo Esteban Cervi, el cerebro puede procesar el odio online como una amenaza real: la amígdala no distingue entre un león y un insulto, los insultos activan la misma región cerebral que un golpe y un solo mensaje de odio puede pesar tanto como diez elogios. Si el ataque apunta además a tu país, se activa el modo tribu, como si lastimaran a tu familia.

El algoritmo no obliga a Milei a publicar NOLSALP ni a un usuario a inventar una cita de Messi. Lo que sí hace es decidir qué amplificar, a quién mostrárselo, cuántas veces repetirlo y con quién repartir las ganancias publicitarias. Convierte cada agresión en materia prima para nuevas agresiones y nos presenta el resultado como una expresión espontánea de la plaza pública.

Sí hubo publicaciones racistas desde Argentina, algunas impulsadas por tuiteros oficialistas. Negarlo sería tan engañoso como definir a toda la sociedad a partir de ellas. El algoritmo premió esas publicaciones y, después, la sobrerreacción internacional.

Detrás de la campaña anti-Argentina pudo haber potencias extranjeras, casas de apuestas, gente tratando de ganarle al algoritmo para cobrar o un poco de todo. Con la evidencia disponible no se puede afirmar cuál de esas posibilidades explica el fenómeno completo, pero hay un responsable seguro: el algoritmo optimizado para facturar.

A la Argentina le pasó algo simple: sus quilombos reales se convirtieron, en cuestión de días, en un juicio global desproporcionado, alimentado por pruebas falsas, plataformas que premian la indignación y actores que ganan plata o poder con el enojo ajeno.

Y para defender a la Argentina, el presidente no tuvo mejor idea que viralizar una cita atribuida a Churchill que Winston jamás dijo.

Como escribió Kasparov antes de creer en videos de faltas de Messi que no ocurrieron: “El objetivo de la propaganda moderna no es solo desinformar o impulsar una agenda. Es agotar tu pensamiento crítico, aniquilar la verdad.”

Al final, no odiamos lo suficiente a los algoritmos que negocian con nuestras emociones.

*Lic. en Sistemas (UBA), programador y docente.