jueves, 25 de agosto de 2016

Orión: la nave imposible
por Daniel Marín 



Estamos acostumbrados a escuchar que los viajes interplanetarios son caros, complejos y que además requieren mucho tiempo. Sabemos que una misión tripulada a Marte llevaría más de un año, puede que tres. Pero, ¿y si no fuera cierto? ¿Y si te dijera que podemos alcanzar el planeta rojo en un mes? ¿O que somos capaces de mandar a Júpiter una nave con veinte personas? Y todo esto usando tecnología de hace cuatro décadas. Parece imposible, pero en realidad es muy sencillo: sólo necesitas mil bombas nucleares de baja potencia.

Orión y el atolón tropical

En 1957 un heterogéneo grupo de ingenieros y científicos se reunió en San Diego, California, para trabajar en un proyecto secreto. Su objetivo era diseñar un vehículo espacial que pudiese viajar a cualquier lugar del Sistema Solar en cuestión de días o meses. Eran otros tiempos, cuando se pensaba a lo grande y la Guerra Fría estaba en su apogeo. El proyecto recibiría el nombre de Orión, como la famosa constelación del cazador. De haber tenido éxito, Orión nos habría abierto las puertas del Sistema Solar.

Orión se diferenciaba del resto de cohetes porque no emplearía combustibles químicos convencionales. Se impulsaría mediante armas nucleares que explotarían detrás de la nave, acelerándola hasta alcanzar increíbles velocidades en muy poco tiempo. Sí, has leído bien, armas nucleares. Pero, ¿cómo es posible que una nave utilice explosiones atómicas para moverse? Esto es imposible, puede pensar uno, ¿acaso no resultaría destruida inmediatamente? 

Una nave que viaja mediante explosiones nucleares, ¿imposible? (NASA).

Para encontrar la respuesta a estas cuestiones tenemos que viajar hasta Eniwetok, un remoto atolón de las Islas Marshall. En este paradisíaco entorno, los Estados Unidos realizaron entre 1948 y 1958 numerosas pruebas nucleares en superficie. Además de ocasionar un grave daño al medioambiente y a los eniwoketienses, durante estas pruebas se realizaron todo tipo de experimentos. En junio de 1956, durante una prueba apodada “Inca”, un físico llamado Lew Allen tuvo la ocurrencia de suspender a diez metros de altura sobre el artefacto nuclear dos esferas huecas de metal. Las esferas, del tamaño de una sandía, estaban recubiertas por una fina capa de grafito.

La explosión tuvo una potencia de “sólo” 15,2 kilotones (kT) -más o menos equivalente a la bomba atómica de Hiroshima-, más que suficiente para vaporizar los cables de suspensión de las esferas. Uno podría pensar que las esferas metálicas corrieron la misma suerte, pero no fue así. Las encontraron a unos kilómetros de la “zona cero” en perfecto estado. Sólo habían perdido 0,1 milímetros de su capa externa de grafito por efecto de la ablación. Las esferas habían cabalgado a lomos de la onda de choque de la explosión como un surfero sobre una ola. Aún más sorprendente fue comprobar que el interior se encontraba intacto. El concepto de la “nave imposible” había nacido.

Ulam y el pulso nuclear

En realidad, usar explosiones para mover un vehículo no era una idea nueva. Ya a finales del siglo XIX, Hermann Ganswindt y R.B. Gostkowski propusieron utilizar explosivos para mover todo tipo de ingenios. Pero sería durante la Segunda Guerra Mundial cuando haría su aparición el artefacto explosivo definitivo: el arma atómica de fisión. También sería en el periodo de la posguerra cuando los avances en el diseño de misiles permitirían soñar con los viajes espaciales.

El verdadero padre del concepto de propulsión mediante explosiones nucleares -o pulso nuclear– sería Stanislaw Ulam. En 1944, este joven matemático de origen polaco trabajaba en el laboratorio de Los Álamos, Nuevo México, como parte del Proyecto Manhattan. Al igual que muchos otros científicos, la investigación de Ulam en Los Álamos se centraba en el desarrollo de la primera bomba atómica. Con el tiempo, Ulam se convertiría en toda una eminencia en este destructivo campo del conocimiento humano. De hecho, sería uno de los creadores del famoso diseño Teller-Ulam para las armas termonucleares por etapas, más conocidas como armas de fisión-fusión o “bombas de hidrógeno”. 

Stanislav Ulam (atomicarchive.com).
Pero además de idear armas de destrucción masiva, el joven Stanislav calculó que la tremenda energía de una explosión nuclear se podía usar para propulsar algún tipo de nave espacial. En 1946, sólo un año después de la vaporización de Hiroshima y Nagasaki, Ulam concibió junto con un colega del Proyecto Manhattan -Frederic de Hoffmann- el primer concepto de propulsión por pulso nuclear. Esta idea sería refinada al año siguiente por F. Reines y el propio Ulam. Durante las pruebas de explosiones nucleares, Ulam pudo comprobar que algunos elementos metálicos sobrevivían a la explosión más o menos intactos gracias al mecanismo de ablación. Si una nave estuviera equipada con una placa metálica plana que reflejase la energía de la explosión, quizás podría moverse a velocidades enormes usando explosiones atómicas.

Este concepto presentaba un obstáculo evidente, y es que más de la mitad de la energía de la explosión se perdía en el espacio. Sólo una pequeña parte de la onda de choque interceptaría la placa de propulsión. Parecía más eficiente, aunque más complejo, contener la explosión en una “cámara de combustión” nuclear y aprovechar así casi toda la energía. A mediados de los años 50, la compañía Martin diseñó una nave de este tipo, pero las ventajas frente a los cohetes químicos que por entonces se estaban construyendo eran mínimas. Pese a estos inconvenientes, Dandridge Cole -un ingeniero de Martin- mejoraría el diseño original entre 1959 y 1961 introduciendo el empleo de agua como refrigerante y propelente. El laboratorio Lawrence Livermore idearía una nave muy similar con el nombre de Proyecto Helios. 

Aldebarán: la “nave-monstruo”. Un concepto fantástico basado ligeramente en los estudios de Cole (fuente).


Uno de los conceptos de la empresa Martin, similares al Proyecto Helios. Nótese la “tobera nuclear” para soportar las explosiones (fuente).

Diferencia entre los dos conceptos de pulso nuclear: externo (Orión, arriba) e interno (Helios) (NASA).

Pero Ulam no se rindió. Estaba convencido de que el fuego nuclear podría llevarnos a las estrellas y de la superioridad de su concepto. En 1955 presentó junto con Cornelius Everett una versión refinada de su proyecto original de pulso nuclear. Este proyecto apareció en un documento -todavía clasificado- donde usaba los resultados de las pruebas de Eniwetok para demostrar las ventajas de su diseño. Según sus cálculos, el concepto de placa impulsora sería mucho más eficiente que el de cámara de combustión y, por supuesto, muy superior a los cohetes químicos convencionales. Como resultado, propuso una nave de doce toneladas con una placa de diez metros de diámetro que podría viajar por todo el Sistema Solar. Para moverse, esta nave necesitaría entre 30 y 100 artefactos nucleares de “baja” potencia. El plasma formado por los restos vaporizados de la bomba sería interceptado por la placa, la cual transmitiría el empuje al vehículo mediante unos amortiguadores. La placa estaría formada por varios discos desechables que funcionarían como propelente. La parte más compleja era despegar desde la superficie terrestre usando explosiones nucleares, pero Ulam creía que era posible. En 1959 patentarían en el Reino Unido una versión mejorada del vehículo.

Los sistemas de propulsión se clasifican usando dos parámetros principales, el empuje y el impulso específico. El empuje es un parámetro fácil de comprender, no es más que la fuerza que desarrolla el motor. Obviamente, el empuje generado por una explosión nuclear sería tremendo. El impulso específico (Isp) es un concepto un poco más complejo, pero lo podemos considerar como una medida de la eficiencia de un sistema de propulsión. Cuanto mayor sea el Isp -que se suele medir en segundos-, mayor será la carga útil o la velocidad que puede alcanzar la nave. Los motores cohete de propulsión química más eficientes -como es el caso de los SSME del transbordador espacial- tienen un Isp de unos 430 segundos. Los motores que emplean propulsión nuclear térmica podrían alcanzar un Isp de unos mil segundos. Orión prometía llegar a diez mil segundos, quizás hasta un millón. Pero quedaban muchas incógnitas por resolver: ¿serían capaces de aguantar los amortiguadores las brutales sacudidas de las explosiones (superiores a 1000 g)?, ¿no se desgastaría la placa propulsiva?¿Y qué pasaba con la radiación? Desgraciadamente, Ulam no pudo contestar a estas preguntas. Aunque era un genio, estaba claro que él sólo no podía diseñar un vehículo tan complejo. 

Concepto original de la Orión: una gran nave despega usando armas nucleares (NASA).

Domando el fuego de Prometeo

A partir de 1957, decenas de ingenieros y científicos fueron “reclutados” por Theodore Taylor para el Proyecto Orión. Taylor era físico y había participado en el diseño de armas nucleares en el laboratorio de Los Álamos. También fue el encargado de darle el nombre al proyecto, nombre que escogió de forma totalmente aleatoria. El equipo trabajaría formalmente para General Atomic, una división de General Dynamics. General Atomic había sido fundada en 1955 por Frederic de Hoffmann, el antiguo compañero de Ulam en el Proyecto Мanhattan, con el fin de investigar las aplicaciones civiles de la energía atómica, tan de moda por aquella época. El equipo de Taylor estaba formado por muchos jóvenes brillantes, entre los que destacaba Freeman Dyson, un investigador que había trabajado en el Proyecto Helios y que sería el principal defensor de Orión durante las siguientes décadas. 

Freeman Dyson, el defensor de Orión (NASA).
Pero en octubre de 1957 el mundo cambiaría para siempre. La Unión Soviética había puesto en órbita una pequeña esfera metálica, inaugurando así la era espacial. El Sputnik cambió las reglas de juego. Viajar al espacio ya no era una fantasía, sino un imperativo. Como consecuencia, Orión pronto recibió la atención de los militares. Ya en julio de 1959 el proyecto pasaría a estar controlado por la agencia militar de proyectos avanzados ARPA. El equipo creció hasta los cuarenta miembros, con Hoffmann como encargado principal. No obstante, pasado el entusiasmo inicial, el Pentágono llegó a la conclusión de que Orión era un proyecto demasiado fantasioso, por lo que renunció a su control. A finales de 1959 la Fuerza Aérea (USAF) se haría cargo del programa, aunque con la condición de encontrar aplicaciones militares que justificasen el gasto.

Pero Orión no parecía tener ninguna aplicación militar interesante, así que a partir de 1961, el secretario de defensa de la administración Kennedy -Robert Mcnamara- rechazó financiar el Proyecto Orión como cualquier cosa que no fuese un mero estudio de viabilidad. Sólo quedaba la NASA como única opción de financiación. La agencia espacial mostró un interés moderado en el proyecto. Orión podría revolucionar los viajes espaciales, sí, pero también suponía una amenaza al recién nacido Programa Apolo. Prácticamente la totalidad de los detalles del Proyecto Orión que se han desclasificado pertenecen al periodo 1963-1965, cuando el programa estuvo controlado por la NASA.

Para 1965, el año que el proyecto fue oficialmente cancelado, el equipo de la Orión, repudiado por todas las agencias estatales, había conseguido lo inimaginable. Los chicos de Taylor y Dyson demostraron que en principio se podían superar los problemas iniciales que habían asediado el diseño de Ulam. Aunque parezca increíble, la nave de pulso nuclear era viable. La efectividad del diseño dependía del tamaño de las bombas de fisión empleadas, lo que a su vez dictaba el tamaño de la placa. Se crearon dos versiones de estudio, una con una placa de diez metros de diámetro y otra de veinte metros. La primera podría servir para viajes a la Luna o a Marte, mientras que la segunda permitiría alcanzar Saturno antes de 1980.

La primera misión del equipo de Taylor fue demostrar que el concepto de Ulam era el diseño óptimo. Se estudiaron otras configuraciones con placas hemisféricas o con otras formas. También se analizaron diseños que empleaban los productos de la ablación de la placa como propelente, aunque se consideraron demasiado ineficientes. Sin embargo, existen informes de otros equipos de diseño, especialmente en la compañía Douglas, que se interesaron por estos conceptos. Los ingenieros de Orión fueron un paso más allá del concepto de Ulam y prescindieron del engorroso diseño original con varios discos, demostrando que se podía contener todo el propelente en las bombas. 

Nave de pulso nuclear estudiada por Douglas. Los productos de la ablación de la placa metálica (de forma hemisférica) funcionan como propelente. Se trata de un diseño altamente ineficiente (fuente).

Orión emplearía centenares de bombas de fisión de 0,1 kT ó 10 kT: cuanto menor fuese la potencia, mayor tendría que ser la frecuencia de las explosiones (una explosión cada diez segundos para las bombas más potentes o una por segundo en el primer caso). Al incrementar la potencia de la bomba, más eficiente sería el vehículo, por lo que en fases posteriores se sugirió usar bombas de 20-40 kT, aunque en este caso también aumentaban peligrosamente las dosis de radiación absorbidas por la tripulación. Las bombas se denominaban “unidades de propulsión” y estaban optimizadas para dirigir la energía de la explosión hacia la placa. Se deslizarían a través de un agujero y explotarían a más de 60 metros de distancia. Estarían rellenas de plástico (polietileno o poliestireno) para maximizar la onda de choque contra la placa. El plástico absorbe neutrones, rayos X y rayos gamma resultantes de la fisión, rompiéndose en átomos de hidrógeno y carbono que adquieren gran velocidad, aumentando la eficiencia propulsiva. De hecho, este material se usa en el interior de las bombas de fusión para canalizar la radiación entre las etapas primaria y secundaria. En versiones posteriores se decidió sustituir el polietileno por óxido de berilio, un material más denso. Las bombas incluían además un relleno de “propelente”, que podría ser tungsteno o cualquier otro material (se llegó a sugerir el uso de hielo marciano para esta función). Sin el plástico y el propelente, la bomba tendría muy poca capacidad para impulsar la nave en el vacío. La unidad estaba rodeada por una cubierta de uranio para dirigir la radiación de la explosión hacia el relleno y el tungsteno. En cualquier caso, el diseño exacto de las unidades de propulsión y de muchos de sus parámetros sigue siendo alto secreto. 

“Unidad de propulsión” de la Orión: una bomba de fisión de baja potencia diseñada para dirigir la mayor parte de la energía de la explosión hacia la placa. Nótese que el dispositivo nuclear propiamente dicho aparece “censurado” (NASA).

Cálculo de la relación coste-empuje de las bombas (NASA).

Impulso específico en función del tamaño de la placa propulsora según estimaciones conservadoras (NASA).
Las unidades de propulsión explotarían a unos 60 m (NASA).

Detalle de la placa, el sistema de despliegue de las bombas, el sistema de amortiguadores y los almacenes con las unidades de propulsión (NASA).

La aceleración sufrida por la tripulación podría mantenerse dentro de los márgenes de seguridad gracias a los amortiguadores, incluso en el caso de que alguna bomba fallase al detonar (misfire condition). Sería un viaje movidito, pero las fases impulsivas no durarían mucho tiempo (unas horas nada más) (NASA).

La placa propulsiva tendría que soportar temperaturas de entre 15000 y 30000 K -la superficie del Sol está a 6000 K-, aunque sólo durante tres milésimas de segundo, lo que permitiría que se pudiese fabricar con aleaciones convencionales de acero o aluminio. Igualmente, el pulso de rayos X proveniente de la explosión sólo duraría unos nanosegundos. Gracias a un ingenioso sistema de varios amortiguadores en serie, se podría limitar la aceleración sufrida por la tripulación a menos de 1-2 g. Opcionalmente, la placa podría “regarse” con una capa de aceite entre explosión y explosión para mitigar la ablación en el metal. El equipo de la Orión desarrolló varios prototipos -denominados gráficamente como “Putt-Putt” o “Hot Rod”- que empleaban explosivos convencionales y que demostraron la viabilidad del concepto básico. También parece que usaron datos obtenidos en pruebas nucleares reales, aunque esta parte del proyecto permanece clasificada. El Isp de una nave Orión operacional podría alcanzar los 1800-3000 segundos. No era una cifra asombrosa, pero sí realista y muy superior a la de cualquier cohete químico o nuclear. Por otro lado, los miembros del equipo se mostraban seguros de poder alcanzar diez mil segundos de Isp al cabo de unos pocos años. 

Pruebas de uno de los vehículos Orión a escala con explosivos convencionales (NASA).

La Orión original era un vehículo monstruoso de diez mil toneladas que parecía sacado de un cómic pulp de los años 50. Emplearía una “pequeña” explosión de 0,1 kT para elevarse desde el suelo hasta varios cientos de metros de altura, momento en el cual detonaría otra bomba, ligeramente más potente. Así hasta alcanzar la órbita terrestre. El equipo de la Orión calculó que de este modo se eliminaban los riesgos de pulso electromagnético nuclear y de contaminación radiactiva en la atmósfera, aunque hay que tener en cuenta que estamos hablando de los estándares de finales de los años 50. Evidentemente, esta opción era política y medioambientalmente inaceptable. Por lo tanto, en los estudios de la NASA y posteriores, Orión se suele presentar como un vehículo más pequeño que se ensamblaría en órbita baja usando cohetes químicos convencionales como el Saturno V. También se estudiaron sistemas híbridos, en los que la primera etapa era un cohete convencional que se usaba para elevar la nave por encima de la atmósfera antes de iniciar la fase de propulsión nuclear. 

Concepto original de la Orión ¿Por qué el tubo de las unidades de propulsión era tan largo en esta versión? (1962) (fuente).

Una Orión original despegando desde el suelo (fuente).

La versión de la NASA (derecha), era la más conservadora (fuente).

Nave Orión de la USAF (fuente).

Instalación propuesta para probar el sistema de propulsión en tierra (NASA).

Diseño final de la Orión de la NASA en 1965 (NASA).
La radiación recibida por la tripulación no sería excesiva comparada con las fuentes naturales (rayos cósmicos y tormentas solares). La imagen muestra las dosis SIN el blindaje de la nave. Los tiempos de exposición a la radiación de las bombas serían del oreden de milisegundos (NASA).

Pero veamos las capacidades de Orión con un ejemplo concreto: la versión pequeña del estudio, con una placa impulsora de diez metros de diámetro, era capaz de mandar a Marte ocho astronautas y cien toneladas de equipamiento en sólo 125 días. Ida y vuelta. Para que nos hagamos una idea, los proyectos actuales estiman que un viaje al planeta rojo requeriría 180 días sólo en el viaje de ida, con una duración total superior al año. La misma nave también sería capaz de poner hasta veinte personas en la superficie lunar. Y eso la versión pequeña. La Orión de veinte metros permitiría realizar un viaje a Júpiter en 900 días, o a Saturno en cinco años. No estamos hablando de estimaciones optimistas, sino del mínimo previsto en el estudio de viabilidad de la NASA. La nave se habría ensamblado en órbita baja mediante tres lanzamientos del Saturno V como mínimo. El compartimento de la tripulación sería intercambiable según el tipo de misión e incluso podrían lanzarse misiones de carga no tripuladas. Todo ello, no lo olvidemos, usando tecnología disponible a finales de los años 60. 

Nave Orión de 10 m de diámetro para una misión a Marte (NASA).

Comparación entre la versión de 10 m y la de 20 m (NASA).

Opciones para la exploración de Venus y Marte con una Orión de 10 m de diámetro (NASA).

Estimaciones para varios viajes a Marte con 8 personas (NASA).
Diversas versiones de naves Orión de 10 m (NASA).

Naves Orión de 20 m de diámetro (NASA).

Para explorar la superficie de otros mundos, Orión incluiría vehículos de propulsión química, como este módulo lunar para veinte personas (NASA).

Orión se ensamblaría en órbita baja mediante el lanzamiento de tres Saturno V (NASA).


Módulo de la tripulación en la versión de 10 m (arriba) y en la de 20 m (NASA).

Detalles de los compartimentos de la tripulación en distintas versiones (NASA).
Dos naves Orión se predisponen a viajar a Marte a finales de los 60 (NASA).

Una versión moderna de la Orión llega a Marte (NASA).

El declive

“Marte en 1965, Saturno en 1970”, decía Dyson cuando se refería a las posibilidades del Proyecto Orión, un proyecto que podría haber revolucionado la Historia, así, con mayúsculas, y cuyo coste estimado era similar al del Programa Apolo. Pero los problemas inherentes al diseño eran demasiado obvios: incluso si las explosiones tenían lugar en el espacio profundo, la seguridad seguía siendo un lastre demasiado importante para el programa ¿Qué pasaría si un Saturno V con mil bombas atómicas sufría un accidente durante el despegue? No se produciría una detonación nuclear, ya que estos artefactos se diseñan a prueba de explosiones, pero la contaminación radiactiva por culpa de los materiales fisibles -uranio y plutonio- superaría todo lo escrito. 

Mejor no pensar en algo así (NASA).

En 1963, la URSS y los Estados Unidos firmaron el tratado de prohibición de explosiones nucleares en el espacio, lo que supuso la muerte política de Orión. Aunque la NASA podría haber resucitado el proyecto, no estaba interesada en enfrentarse a las presiones políticas que hubiese supuesto intentar derogar este tratado. Para colmo, los militares no se mostraban precisamente entusiasmados con un proyecto civil que hacía uso de armas nucleares, un diseño que era -y es- alto secreto. De hecho, la mayor parte de los detalles del sistema de propulsión permanecen clasificados hoy en día. Como resumió el propio Dyson, “Orión tuvo el dudoso mérito de enemistar entre sí a todas las agencias gubernamentales”.



Al igual que el Cid, Orión siguió cabalgando después de su muerte. Muchos han seguido mejorando el diseño de forma más o menos profesional. Dyson sugirió a principios de los 70 emplear armas de fusión como unidades de propulsión, ya que son más “limpias” y eficientes en cuanto a la relación material fisible-potencia. Aunque habría que revisar el diseño básico, una Orión termonuclear podría conseguir un Isp superior a los 75000 segundos (!), lo que no sólo permitiría colonizar el Sistema Solar, sino incluso viajar -lentamente, eso sí- a las estrellas más cercanas. Recientemente se ha propuesto el uso de bombas de fisión “enriquecidas” con antimateria para mejorar la eficiencia del diseño, aunque se trata de una propuesta que supera nuestras capacidades tecnológicas actuales. En los años 80, Carl Sagan declaró que Orión sería el mejor uso que se le podía dar a los miles de armas nucleares que existen sobre nuestro planeta.



No deja de ser paradójico que Orión haya sido relegado a los rincones más oscuros de la historia de la conquista del espacio. En la mayoría de obras dedicadas a los viajes espaciales este proyecto apenas merece una nota a pie de página. Los sistemas de fusión o antimateria reciben toda la atención, mientras que el pulso nuclear se considera una simple extravagancia histórica, tan fuera de lugar hoy en día como Robby el Robot en una convención de modernos robots japoneses. Pero, con todos sus defectos, no podemos olvidar que el pulso nuclear es el único sistema de propulsión avanzado que nos permitiría viajar por todo el Sistema Solar usando tecnología ya existente. 

Comparativa entre la aceleración y el impulso específico (Isp) de varios sistemas de propulsión. El pulso nuclear es el que ofrece mejor relación empuje-Isp con tecnología actual (NASA).

Somos una especie exploradora y el espacio nos atrae. Apenas cincuenta años después del inicio de la era espacial hemos visitado todos los planetas del Sistema Solar y nuestros ingenios han aterrizado en varios mundos. Pero, salvo por la honrosa excepción de la estación espacial internacional (ISS) -que orbita incansablemente nuestro planeta a 400 km de altura con tres o seis astronautas en su interior-, ningún ser humano vive fuera de la Tierra. Absolutamente ninguno. No siempre fue así: brevemente, entre 1969 y 1972 doce personas pusieron el pie en otro mundo. Con Orión, la excepción de las misiones Apolo pudo convertirse en rutina. Nos puso el Sistema Solar en bandeja, pero lo rechazamos. Quién sabe, quizás aún estemos a tiempo de cambiar de opinión.




Fuente:  danielmarin.naukas.com

miércoles, 24 de agosto de 2016

Un globo de Google cayó en una finca de Alejandra Maglietti 
Uno de los aerostáticos con Wi-Fi de Project Loon impactó en un establecimiento rural en Formosa. Según la modelo, estaba desde hacía unos días 



Un globo del Project Loon, el innovador sistema de Google que busca llevar conexión con aerostáticos, cayó en un campo en Formosa de la modelo Alejandra Maglietti.

El suceso, que se dio a conocer la noche del lunes pasado, sucedió el viernes pasado cuando vecinos del establecimiento rural vieron caer "una cosa rara" en el campo. Los dueños encontraron los restos –baterías de litio, placas electrónicas, antenas y un globo desinflado– en la estancia. 



 
"La gente que trabaja allá le avisó al mi papá lo que había pasado, estaba desde hacía unos días parece", contó Maglietti a Teleshow, y agregó: "El aparato tiene un número para llamar y figura también el rango de países en los que puede caer, en este caso eran Uruguay, Chile y Australia".

El establecimiento rural de los Maglietti se llama "Monte Claro" y está ubicado a unos 40 kilómetros al oeste de la capital formoseña, por la ruta nacional 81, a la altura del paraje Mariano Boedo. Según informó la familia, Google ya fue notificado del accidente.

Mientras tanto, los globos de Google siguen recorriendo la estratósfera, a 20km de altura. Project Loon es un sistema de dirigibles capaces de trazar una red inalámbrica y llevar Wi-Fi a todos los rincones del planeta que aún no tienen conexión. El proyecto es social y sin fines de lucro.

Los globos comenzaron a funcionar en 2013, cuando Google llevó conexión Wifi a distintas zonas "emergentes" de Asia y África a través de 20 globos. Tras el éxito, llegaron a la región, donde siguen probando su funcionamiento.


Fuente:  canal-ar.com.ar
HL-20 y HL-42, las naves espaciales norteamericanas con raíces soviéticas
por Daniel Marín


En 1990 el transbordador espacial se había revelado un fracaso al no cumplir con ninguno de los objetivos para los que fue inicialmente desarrollado. ¿La respuesta de la Estados Unidos? Crear un nuevo vehículo basado en una nave espacial soviética.

Lanzadera HL-20 como vehículo de emergencia de la estación Freedom (NASA).

Entre 1983 y 1993 el Centro Langley de la NASA llevó a cabo varios estudios para desarrollar una pequeña lanzadera espacial reutilizable capaz de sustituir al transbordador espacial a la hora de transportar astronautas hasta la estación espacial Freedom. El diseño ganador fue denominado HL-20 o PLS (Personnel Launch System), un nave que presentaba un aspecto de cuerpo sustentador de forma rechoncha. Pero, a pesar de su nombre, el HL-20 no se parecía en nada al HL-10 o a cualquier otro cuerpo sustentador desarrollado en los EEUU. El HL-20 estaba basado realmente en la forma del vehículo experimental soviético BOR-4.

El Kosmos 1445 después de su vuelo orbital fotografiado por un avión Orión P-3C de la fuerza aérea australiana (www.buran.ru).

En 1982 y 1983 el mundo supo que la Unión Soviética estaba construyendo un transbordador espacial cuando la fuerza aérea australiana captó la recuperación de los vehículos Kosmos 1374 y Kosmos 1445 en el océano Índico. Ambos habían sido lanzados desde Kapustin Yar con el fin de probar el escudo térmico del transbordador Burán. Y, ciertamente, la URSS estaba desarrollando una lanzadera espacial, pero el diseño del BOR-4 no tenía nada que ver con el Burán, sino con el cancelado programa militar Spiral de los años 60 (el BOR-4 era un modelo a escala 1:2 del Spiral). El programa Spiral, liderado por Gleb Lozino-Lozinsky, fue a su vez la respuesta soviética a la lanzadera militar Dyna-Soar de la USAF. Ni que decir tiene, esta mezcla de programas espaciales causó una gran confusión entre los servicios de inteligencia norteamericanos.

BOR-4 (www.buran.ru).

Avión espacial soviético Spiral (www.buran.ru).

El Centro Langley de la NASA estudió en túneles de viento la extraña forma del BOR-4, sólo para darse cuenta de que se trataba de un diseño mucho más eficiente de lo que se esperaba. La lanzadera soviética era estable a todos los regímenes: desde Mach 20 hasta velocidades subsónicas, y además tenía capacidad para desviarse hasta 2040 kilómetros de su trayectoria de reentrada. Tomando como base el BOR-4 -por entonces conocido en Occidente simplemente como raketoplan (avión-cohete)-, Langley decidió usar esta forma para su proyecto HL-20, aunque se tomaron algunas licencias. Por ejemplo, los ingenieros de la NASA desconocían que el transbordador Spiral de los años 60 poseía alas plegables, un detalle que no incorporó el pequeño BOR-4 y, por tanto, también estaba ausente del HL-20. A partir del diseño de Langley la empresa North American Rockwell se encargó de perfilar el proyecto y se construyó una maqueta a escala real. La versión definitiva del HL-20 vendría de la mano de la empresa Lockheed.

BOR-4, HL-20 y HL-42 comparado con otras naves (Giuseppe De Chiara).

El HL-20 tendría una masa de 10,8 toneladas, superando ampliamente el peso de la lanzadera Spiral, y capacidad para diez astronautas. El HL-20 podría servir así como vehículo de emergencia para la estación Freedom dentro del programa CERV (Crew Emergency Return Vehicle), un programa nacido a raíz del accidente del Challenger en 1986. La NASA no seleccionó finalmente el HL-20 para el CERV y de hecho el propio CERV sería cancelado poco después. Paradójicamente, tras la caída de la URSS -y antes de que se firmase el proyecto ISS- la NASA optó por usar naves Soyuz rusas como vehículos de emergencia.

Pero en 1993 la NASA, con Dan Goldin al frente, fue un paso más allá y decidió buscar una alternativa al shuttle dentro del programa ATS (Access to Space) después de que el transbordador se hubiera revelado un auténtico fracaso económico y de seguridad. El programa ATS preveía tres opciones para sustituir al transbordador. La ‘Opción 2′ pasaba por crear un nuevo vehículo reutilizable más pequeño, barato y flexible que el shuttle, mientras que la Opción 3 consistía en desarrollar una alternativa con tecnologías revolucionarias (la Opción 1 era mantener el shuttle hasta 2030). Dentro de la Opción 2 los centros Johnson y Langley de la NASA presentaron sendas propuestas de naves reutilizables. La propuesta de Langley estaba basada en el HL-20, pero sería un 42% más grande. Lógicamente, recibió la denominación de HL-42 y la división ‘Skunk Works’ de Lockheed sería la encargada de su diseño. Por su parte, la propuesta del Centro Johnson, denominada CLV-P, era un transbordador espacial similar en diseño al shuttle, pero bastante más pequeño y con una bodega presurizada.

Propuestas de la Opción 2 del programa ATS de la NASA (NASA/Giuseppe De Chiara).




HL-42 (Giuseppe De Chiara). Configuración de lanzamiento del HL-42 (NASA).

Con una masa de 29 toneladas, el HL-42 no podía ser lanzado con ningún cohete existente. Para que el HL-42 fuese una realidad, el centro Marshall de la NASA debería desarrollar paralelamente un lanzador de 30 toneladas de capacidad en órbita baja. Este cohete usaría tres motores rusos RD-180 en su primera etapa y un J-2S derivado del programa Apolo en la segunda. Se esperaba que el HL-42 y su nuevo lanzador estuvieran listos en 2005. La nave usaría dos potentes motores de combustible sólido para aejar el vehículo en caso de accidente durante el lanzamiento.


Opciones de lanzadores para el programa ATS (NASA).

Lanzador para el HL-42 (Giuseppe De Chiara).



Fases de la misión del HL-42 (Giuseppe De Chiara). Capacidad de carga del HL-42 (NASA).

No obstante, el HL-42 no sería seleccionado por la NASA. El comité del programa ATS decidió que la Opción 3 era la idónea, por lo que la agencia espacial debería crear un vehículo espacial de una sola etapa (SSTO) para sustituir al shuttle. Consecuentemente, la NASA organizó un concurso para desarrollar un vehículo SSTO. McDonnell Douglas, Rockwell y Lockheed compitieron a finales de los 90 por el contrato para construir un demostrador tecnológico de una nave SSTO, un contrato que finalmente ganaría el proyecto X-33 de Lockheed. Lamentablemente, el X-33 sería cancelado en 2001 sin lograr ninguno de sus objetivos. Hoy por hoy el HL-42 sigue siendo una rareza, un transbordador espacial más pequeño que el shuttle o el Burán, pero significativamente más grande que otros programas de naves aladas reutilizables (como por ejemplo el Hermes europeo). ¿Habría sido el HL-42 una alternativa realista al transbordador? Nunca lo sabremos.

Pero el HL-42 y el HL-20 no desaparecieron por completo. En 2004 la empresa SpaceDev (hoy en día Sierra Nevada Corporation) decidió reutilizar el diseño del HL-20 para su nuevo proyecto de nave tripulada Dream Chaser. Tras firmar un acuerdo con el Centro Ames de la NASA, en 2010 el Dream Chaser fue una de las tres propuestas de la iniciativa privada apoyadas por el programa CCDev (Commercial Crew Development Program) de la NASA. Dentro de unos días el Dream Chaser llevará a cabo su primer vuelo de planeo atmosférico. Si todo va bien, en unos años los Estados Unidos dispondrán de una nave espacial tripulada que será una digna sucesora del HL-20, el BOR-4 y el Spiral.

Árbol genealógico del HL-42 y el HL-20 (Giuseppe De Chiara).


Una vez más, agradecer a Giuseppe De Chiara el que me haya permitido reproducir su trabajo en Eureka. 



Fuente:  danielmarin.naukas.com
Corea del Norte lanza un misil balístico desde un submarino en mar de Japón
Corea del Norte lanzó un misil balístico desde un submarino emplazado en el mar de Japón, informó la agencia de noticias surcoreana Yonhap.



© REUTERS/ KCNA

De acuerdo al Comité de Jefes de Estado Mayor de Corea del Sur, el país comunista realizó el lanzamiento cerca de la ciudad portuaria de Sinpo, situada en la provincia de Hamgyong del Sur, a las 5.30 hora local (21.00 GMT del martes).


¿Hasta dónde pueden llegar los misiles de Corea del Norte? © Sputnik/

La tensión en el noreste asiático volvió a aumentar después de que Pyongyang llevara a cabo su cuarto ensayo nuclear a principios de enero pasado y realizara varias pruebas de misiles balísticos en los meses posteriores.

El Consejo de Seguridad de la ONU aprobó unánimemente en marzo la resolución 2270 que endurece las sanciones a Corea del Norte para que renuncie a su programa nuclear y los lanzamientos balísticos, ya prohibidos por resoluciones anteriores del organismo. 



Fuente:  mundo.sputniknews.com

martes, 23 de agosto de 2016

Grupo danés instala una planta para elaborar lácteos en la sede de la UADE
Es un establecimiento piloto que desarrollará nuevos productos en los laboratorios de la universidad. Además, los estudiantes realizarán allí prácticas e investigaciones

por MARÍA GABRIELA ENSINCK

Crédito: chr-hansen.com

Esta semana comenzará a funcionar en las instalaciones de la Universidad Argentina de la Empresa (UADE), una planta piloto de elaboración de lácteos, a partir de una asociación estratégica entre la casa de estudios y la firma Hansen Chr. Se trata de un acuerdo "win-win", en el que el grupo danés aporta equipamiento, personal y conocimiento en Tecnología de Alimentos.

Por su parte, la UADE brinda el espacio físico, donde alumnos de las carreras de Ingeniería Industrial, en Alimentos y licenciatura en Biotecnología podrán hacer prácticas e investigaciones, supervisados por el cuerpo docente. Será en la calle Lima, entre Independencia y Chile, del barrio porteño de Constitución. "Este tipo de acuerdos entre universidades y empresas son tendencia en Europa, y por esto la compañía Hansen, con casa matriz en Dinamarca, nos buscó para instalar aquí su Centro de Desarrollo Regional", comentó Martín Piña, director del departamento de Biotecnología y Tecnología Alimentaria de la UADE.

Hansen Chr fue fundada hace más de 140 años, y tiene cinco plantas en el mundo, incluida una en Argentina. Desde 1920 está presente en el país como proveedora de industrias lácteas, e instaló su primera planta en 1963, en la localidad de Quilmes.

La decisión de trasladarse a un espacio de 150 m2 en el edificio Uade Labs, apunta a "generar una mayor sinergia entre la Academia y el proceso productivo", destacaron fuentes de la empresa.

"Acá se pueden ver a escala y en vivo un montón de procesos industriales. Se ven cuestiones de alimentos, normas de calidad, biotecnología, y hasta análisis de costos en un plano real, en lugar de estudiarlo de un libro o mirarlo en un video", sostuvo Piña. "Esto antes sólo podías verlo una vez que estabas terminando la carrera y empezabas a trabajar", añadió.

A su vez, la compañía logra un posicionamiento en el mercado y puede detectar talentos para incorporar a sus filas.

En la planta piloto se brindarán servicios de investigación y desarrollo (I+D), así como pruebas de calidad, para compañías lácteas de toda la región, de México hacia abajo.

"La función de las plantas piloto es desarrollar pruebas de los productos a una escala mayor que la de un laboratorio pero menor que la industrial", explicó Piña. Allí se puede simular un proceso productivo en todas sus fases, pero utilizando muy poca cantidad de insumos, con lo que se evita el desperdicio durante los ensayos.

La planta que funciona en UADE cuenta con equipamiento a escala para la elaboración de quesos y yogures: pasteurizadores, tanques de fermentación, envasadoras, y un laboratorio de análisis para las pruebas de calidad.

Más de 130 alumnos que cursan las carreras relacionadas con ingeniería, biotecnología y otras disciplinas empresariales como Administración, podrán hacer tesis, trabajos prácticos y pasantías en este espacio que une al mundo académico con el mercado laboral. 



Fuente:  cronista.com
Irán hizo una demostración de fuerza y divulgó imágenes de su nuevo sistema antiaéreo 
Bavar 373, presentado este domingo, tiene una función similar al S-300 ruso y fue desarrollado mientras el país estaba bajo sanciones. El Presidente mostró además un motor turborreactor de fabricación local




Con la presencia del presidente Hassan Rouhani, Irán mostró este domingo su nuevo sistema sistema antiaéreo. El dispositivo fue construido localmente cuando el país estaba bajo sanciones internacionales, es comparable al S-300 ruso y es capaz de destruir "varios objetivos a la vez".

Denominado "Bavar 373" (Creencia 373), la fabricación de este sistema se decidió en el año 2010, cuando Rusia incumplió los contratos con el régimen islámico para proveerlo de misiles antiaéreos S-300. El Bavar 373 tiene funciones similares a las del armamento ruso: seguimiento e interceptación de misiles balísticos a medias y largas distancias. 

Irán mostró por primera vez su nuevo sistema antiaéreo, comparable al S-300 ruso (AFP)

"Si el régimen islámico busca avanzar en aspectos tecnológicos y en negociaciones (internacionales), pero no tiene capacidad defensiva, tendrá que rendirse ante cualquier pequeño país que lo amenace. La República Islámica debe utilizar todas las herramientas a su alcance", estimó en marzo pasado el líder supremo iraní, Alí Jameneí.

Por otra parte, también se dio a conocer un motor turborreactor de diseño y fabricación iraní denominado "Ouy" (Apogeo), que se llevó a cabo "sin ningún tipo de participación extranjera", de acuerdo a lo consignado por la agencia oficial de noticias IRNA. 

El presidente iraní mostró además un motor turborreactor (AFP)

De acuerdo al ministro de Defensa, Hossein Dehghan, el turborreactor está compuesto por 14.000 piezas, "tiene una capacidad de vuelo de hasta 50.000 pies de altura y está equipado con varios sistemas de alta capacidad para diversas condiciones operativas y ambientales".

Estados Unidos sigue imponiendo sanciones a Irán, debido a su programa de misiles balísticos y su apoyo a ciertos grupos como el Hezbollah libanés u organizaciones palestinas, consideradas terroristas por Washington. Luego del acuerdo nuclear, que entró en vigor en enero pasado, Irán continúa desarrollando sus capacidades militares y balísticas. 



Fuente: Infobae
General Alvear (Mendoza): entregarán impresoras 3D a escuelas y centros laborales
Son 10 y fueron fabricadas en el departamento con apoyo municipal y del INTI. Ahora quieren producirlas a nivel industrial. En el mercado cuestan $ 70 mil, pero las hicieron por $ 22 mil.

Denis Illesca - Especial para Los Andes


El programa se denomina Alvear imprime 3D | Gentileza

“El futuro llegó hace rato” dice una frase del cancionero del rock argentino. Y parece que en Mendoza eligió comenzar a desandar ese camino en General Alvear.

El próximo 31 de agosto se concretará la entrega de 10 impresoras 3D a escuelas secundarias con un perfil técnico; institutos terciarios y centros laborales.

Ese hecho bastaría para ser destacado pero lo fundamental es que todas las impresoras fueron diseñadas y fabricadas por emprendedores del departamento sureño.

Lo que hoy es una realidad tecnológica nació hace algunos años de la mano de tres emprendedores alvearenses, por un lado los hermanos Guido y Mauricio Pía quienes diseñaron una máquina para construir juguetes y también Fernando Morales quien ideó una impresora 3D con la cual construyó un brazo ortopédico.

Estos antecedentes fueron fundamentales para que la Dirección de Ciencia y Tecnología del municipio alvearense lanzará el programa “Alvear Imprime 3D”. Un plan educativo de cooperación y donación de impresoras 3D entre el gobierno local y los colegios secundarios.

Desde allí se busca impulsar el desarrollo de la fabricación digital, despertar la vocación tecnológica en los jóvenes, fomentar la industria de las impresoras 3D y generar espacios comunitarios de inclusión social tecnológica.

El pasado 12 de agosto Alvear festejó su 102º aniversario e hizo la presentación oficial de las primeras impresoras terminadas y en funcionamiento.

Fue la primera parada de la visita del gobernador Alfredo Cornejo quien destacó la labor de los emprendedores. “Se han propuesto que Alvear tenga la diversificación económica que necesita, que genere empleo y que dependa cada vez menos del Estado y más de su propia creatividad. Hoy lo demuestran con el desarrollo tecnológico de estas impresoras que vinimos a ver y que vamos a tomar como ejemplo en otros lugares de la provincia. Tienen mucho para dar a Mendoza”.

El proceso de producción consistió en un primer momento en la obtención de los kits y motores junto con el presupuesto y luego el diseño y la fabricación que se realizó de manera íntegra en el departamento del Sur.

Una impresora 3D es un dispositivo que permite, a través de un diseño digital o el escaneo de una pieza, su materialización por medio del uso de un software especializado.

“Las impresoras nuestras poseen un carretel con un hilo de plástico que se va derritiendo y un brazo robótico va construyendo el producto deseado. Las 10 impresoras tuvieron un valor de 220 mil pesos costeado por los fondos del municipio; de la Nación recibiríamos un subsidio para solventar estos gastos” destacó Mariano Ramírez, director del área de Ciencia y Tecnología.

Cuando se inicia un nuevo recorrido productivo no sólo se necesita de infraestructura, equipamiento técnico y creatividad sino que es fundamental profesionalizar todo y Mariano Ramírez lo tiene claro: “Hay que alimentar esto con capacitación sobre diseño y manejo de impresoras 3D. A nivel nacional hemos quedado dentro de las 30 ciudades elegidas como emprendedoras que apuntan a desarrollar emprendimientos innovadores, tecnológicos, que diversifiquen la matriz productiva. De hecho por haber quedado seleccionados, Alvear recibirá fondos para formar el club de emprendedores que va a tener lugar en la Ugacoop (Universidad Cooperativa de Alvear)”.

Para tomar dimensión del potencial que significa en materia productiva este avance tecnológico, en el mercado el valor de una impresora similar es de 70 mil pesos y éstas fueron producidas por 22 mil pesos.

“La idea es que el INTI pueda verificar este tipo de tecnología para su homologación y así podamos fabricar en serie y venderlas en el país” afirmó Ramírez.

Con esa idea Mauricio, Guido y Fernando crearon una sociedad llamada “Desarrollos Tecnológicos Alvear” destinada a la fabricación y venta de impresoras 3D. “El proceso productivo tiene sus complicaciones pero hemos podido lograr impresoras con prestaciones de muy buen nivel”, finalizaron. 



Fuente: Los Andes