martes, 3 de noviembre de 2020

Veinte años de presencia humana en el espacio de forma continua
Por Daniel Marín



El 2 de noviembre de 2000, hace justo veinte años, la Soyuz TM-31 se acopló con el puerto trasero del módulo Zvezdá de la Estación Espacial Internacional (ISS). Los tres ocupantes de la nave, Yuri Gidzenko, Serguéi Krikaliov y William Shepherd, pasaron al interior de la estación y en ese momento dio comienzo de forma oficial la Expedición 1. Desde entonces la ISS ha estado habitada permanentemente, el periodo de tiempo más largo en el que la especie humana ha estado en el espacio de forma continua. Curiosamente, la ISS que se encontraron Gidzenko, Krikaliov y Shepherd era mucho más pequeña que la actual y estaba formada por solo tres módulos de gran tamaño: Zvezdá, Zaryá y Unity. De hecho, en ese momento ni siquiera era la estación espacial más grande en servicio. La Mir rusa seguía en órbita y, con siete módulos principales, ganaba al embrión de la ISS en masa y volumen útil.


Gidzenko, Shepherd y Krikaliov en el módulo Zvezdá (NASA/Roscosmos).


No obstante, durante la estancia de Gidzenko, Krikaliov y Shepherd la estación creció considerablemente con la unión del primero de los cuatro pares de enormes paneles solares que dan esa forma tan característica a la ISS y, posteriormente, con el acoplamiento del módulo laboratorio Destiny. Los tres miembros de la Expedición 1 se habían acoplado a una estación que, con dos módulos de diseño soviético (DOS y 77K), se parecía más a la Mir que a una nueva estación. Pero cuando la dejaron, el aspecto de la ISS ya era bastante diferente de su hermana rusa. Es importante recalcar que no celebramos veinte años del inicio de la construcción ISS, que comenzó en noviembre 1998 con el lanzamiento del módulo Zaryá (FGB). Y tampoco se cumplen veinte años de la primera visita tripulada a la estación, que tuvo lugar ese mismo año durante la misión del transbordador STS-88, cuando el Endeavour acopló el módulo Unity al Zaryá —más los módulos de conexión PMA-1 y PMA-2— y en ese momento la ISS nació oficialmente. La tripulación de la STS-88, que incluía a Serguéi Krikaliov, fue la primera en estar dentro de la Estación Espacial Internacional. Robert Cabana, el comandante del Endeavour y Krikaliov entraron juntos en el módulo Unity el 10 de diciembre de 1988.


La ISS cuando se acopló la Soyuz TM-31 (a la izquierda) con los módulos Zvezdá, Zaryá y Unity (NASA).

La ISS cuando se fue la Expedición 1 (NASA).

La ISS actualmente vista desde una Soyuz (Roscosmos).


Aunque hoy nos parezca que la misión de la Expedición 1 transcurrió sin novedad, en realidad sufrió tantos retrasos que muchos temieron que se llevase a cabo tal y como estaba previsto. Los tres hombres solo podrían vivir a bordo de la ISS una vez que el módulo de servicio ruso, el Zvezdá («estrella» en ruso) se acoplase con el conjunto Zaryá-Unity. Zvezdá, un módulo de tipo DOS prácticamente similar al módulo base de la Mir (DOS-7), incluía los sistemas de soporte vital, camarotes y baño para la tripulación. El módulo había sido construido en febrero de 1985 como reserva del módulo central de la Mir y luego se decidió usarlo en el proyecto Mir 2. Con la creación de la ISS, el módulo tuvo que ser modificado para su nuevo papel. Pero una Rusia sumida en su peor crisis económica desde la Segunda Guerra Mundial se encontró con enormes problemas para completar la construcción. Además, tampoco había mucha prisa por parte de los políticos del país. Al fin y al cabo, la Mir, una estación totalmente rusa —o casi—, seguía funcionando. Una vez la ISS estuviese operativa, Rusia no podría mantener las dos estaciones al mismo tiempo y tendría que deshacerse de la Mir, la joya de la corona de la cosmonáutica y el último símbolo de la grandeza del programa espacial soviético.


El módulo Zvezdá (DOS-8) en Baikonur antes del lanzamiento (Roscosmos).


Krikaliov en el interior del Zvezdá (Roscosmos).


Las presiones del mismísimo presidente ruso, Borís Yeltsin, y del Congreso de los EE UU apenas parecían surtir efecto en el progreso del Zvezdá. La NASA llegó a gastar casi cien millones de dólares en diversas gestiones para acelerar los plazos. Y todo después de haber comprado el módulo Zaryá (aunque a día de hoy este módulo se considera parte del segmento ruso de la ISS). Pero el Zvezdá era clave para el proyecto ISS. No solo albergaba los camarotes de la tripulación, sino que incluía dos potentes motores de maniobra orbital para elevar la órbita regularmente y contrarrestar así el rozamiento con la atmósfera. Además podía recibir visitas de cargueros Progress que también se usaban para elevar la órbita de la estación con sus motores y eran capaces de trasvasar combustible al Zvezdá.


La Expedición 1 antes del lanzamiento con la tripulación de reserva detrás (Roscosmos).


La NASA estaba tan desesperada que llegó a concebir un plan B para contrarrestar los continuos retrasos del Zvezdá. El plan pasaba por construir un módulo, denominado ICM (Interim Control Module) que se encargase de mantener en órbita la ISS con sus propulsores. El remolcador ICM se basaba en el diseño de una etapa superior militar para el lanzador Titán encargada de poner múltiples satélites en órbitas diferentes. Con unas cinco toneladas de combustible, equivalía a la carga de propergoles unas dos Progress y media, pero no podía trasvasar combustible (una técnica nunca empleada por Estados Unidos en órbita). Naturalmente, el ICM no podía sustituir al Zvezdá al carecer de sistemas de soporte vital, así que la NASA seguía necesitando el módulo ruso para comenzar a habitar la estación de forma permanente. Las relaciones de la NASA con sus homólogos rusos se fueron deteriorando a medida que el lanzamiento del Zvezdá se retrasaba. Por fin el despegue se planeó para mayo de 2000, aunque casi inmediatamente sufrió un nuevo retraso al mes de julio. El administrador de la NASA Dan Goldin pudo respirar aliviado cuando el módulo fue puesto en órbita el 12 de julio de 2000 mediante un cohete Protón que, además de los logos de la NASA y Rosiavakosmos, lucía en un lateral el emblema de la empresa Pizza Hut, que había pagado cerca de un millón de dólares por la campaña de publicidad. El 25 de julio Zvezdá se acopló con el módulo Zaryá de la ISS, casi dos años después del lanzamiento de este último. La Expedición 1 ya tenía luz verde para despegar.


El módulo ICM acoplado al módulo Zaryá y Unity (NASA).


Lanzamiento del módulo Zvezdá en julio de 2000. Se aprecia el logo de Pizza Hut en un lateral del Protón (Roscosmos).


Lamentablemente, Rusia y Estados Unidos fueron incapaces de ponerle un nombre digno a la estación, que para siempre se quedará como ISS (MKS en ruso). Rusia se negó a bautizarla como Alfa, porque, con razón, este nombre daba a entender que se trataba de la primera estación espacial. Toda una afrenta cuando la Mir todavía estaba en órbita. Desde que Gidzenko, Krikaliov y Shepherd comenzaron a vivir en la ISS en noviembre de 2000, siempre ha habido al menos dos miembros de nuestra especie viviendo casi totalmente fuera del pozo gravitatorio de la Tierra. En estas dos décadas sin duda el mayor éxito del programa es la ausencia de incidentes graves relacionados con la ISS (algún susto que otro, como el fallo al lanzamiento de la Soyuz MS-10, sí, pero no ha habido que lamentar víctimas en veinte años de operaciones en la estación, todo un récord). En este tiempo un total de 241 personas han vivido en la ISS, la nave espacial más grande, cara, masiva y compleja jamás construida. ¿Se mantendrá esta situación? Aunque todo indica que la ISS seguirá activa más allá de 2024, los planes futuros de la NASA pasan por el programa lunar Artemisa y la estación lunar Gateway, que no estará permanentemente habitada. Por otro lado, China lanzará el año que viene el primer módulo —Tianhe— de su estación espacial permanente, así que la presencia continua del ser humano en órbita parece asegurada a corto y medio plazo.


El cohete Soyuz de la Expedición 1 camino a la rampa (Roscosmos).


Despegue de la Soyuz TM-31 con la Expedición 1 (NASA).




Tlon Space: Son argentinos, se inspiraron en Elon Musk y lanzarán su propio cohete
por Mariana Reinke


Pablo Vic y Gerardo Natale en la compañía con el Aventura I detrás.


"Ser un emprendedor es como comer vidrio y pararse en el abismo de la muerte", repetía Elon Musk, que en mayo pasado lanzó con éxito el Space X al espacio. Ese evento fue motivador para los argentinos Pablo Vic y Gerardo Natale. Solo faltan un par de meses para que el Aventura I, que nació hace 15 años, pueda despegar. Con una inversión de casi US$2 millones, la fecha estimada es enero.

Si bien el emprendimiento se inició en 2005, la relación de Vic, hoy con 46 años, con las ciencias cósmicas es larga. Cuando tenía ocho años ya amaba el modelismo espacial. En esa época pasaba horas armando vehículos siderales que sus familiares le traían del exterior. Como los armaba muy rápidamente, empezó a fabricarlos él mismo como hobbista.

En el secundario se escapaba de la escuela e iba a instituciones públicas para implementar sistemas de cohetes. Allí construyó un lanzador espacial con características desconocidas: un cohete antigranizo.

Su idea original fue llevada a la práctica, pero no tuvo alcance comercial. A pesar de ello no se desanimó. Entendía que "había razones más allá de la ciencia que tienen que ver muchas veces con la gestión".

Su destino astral debía esperar un tiempo más. Se recibió de licenciado en Economía y comenzó a trabajar en una multinacional de tecnología. En esa empresa conoció a Natale, que era ingeniero en sistemas y trabajaba en otro proyecto. Enseguida tuvieron afinidad por los temas cósmicos.

Desde siempre a Natale también le interesaron las cuestiones astronómicas, todavía conserva un telescopio con tubo de cartón que recibió de regalo cuando era niño. "Nos quedábamos hablando hasta horas de temas del espacio", cuenta Vic a LA NACION.

Una de esas noches, Vic le comentó de una publicación de J. C. Whitehead del Lawrence Livermore National Laboratory, en la que se analizaba un tamaño mínimo de lanzador factible, a la vez que se remarcaba la falta de tecnología suficientemente miniaturizada para poder lograrlo.


Por el año 2011, los emprendedores Pablo Vic y Gerardo Natale durante una prueba en un campo.


"La discusión en ese tiempo era cuál era el tamaño mínimo de un cohete espacial para alcanzar la órbita terrestre. Era el apogeo de los grandes lanzadores capaces de transportar satélites de varias toneladas", cuenta Vic.

Inmediatamente, le propuso a su amigo que lo acompañe a desarrollar esa tecnología para poner un cohete en el espacio. Y a finales de 2004 comenzaron a desarrollar las 18 tecnologías núcleo fundamentales para poner en órbita un vehículo espacial ultraliviano. "Era difícil disminuir el peso y hacerlo eficiente. Esa era la clave del proyecto", relata Natale.

Proyecto en marcha

Como en el cuento de Borges, donde en un mundo imaginario los objetos físicos deben ser traídos a la realidad, nació Tlon Space, en donde ellos debían crear objetos físicos que no existían en la realidad para poder romper el acceso al espacio. El desafío era, de manera ultra eficaz, crear un vehículo inusitadamente pequeño que no existía hasta ese momento.

Los primeros años fueron difíciles, humildes, pero fructíferos. Con una modalidad part time -conservando sus viejos trabajos- alquilaban campos los fines de semana para probar los motores. Pasó el tiempo, decidieron lanzarse de lleno al proyecto, a la vez que llegaba Ariel Aguirre para desarrollar modelos matemáticos y software relacionado con el medioambiente espacial.

Para Vic existe una palabra que se repite una y otra vez: "Perseverancia, más un equipo de gente que acompaña. Es lo primordial para que el emprendimiento sea sostenible en el tiempo. El resultado fue un producto escalable industrialmente, de fácil manipulación y lanzamiento, garantizando una operación no contaminante".

Una de las virtudes del vehículo es que cuenta, además, con los elementos necesarios para su recupero que evita cualquier residuo en la superficie. "La sección de la nave alcanza la órbita, reingresa y se incinera sin residuos, evitando así la proliferación de basura espacial", detalla.

Cuando consideraron que las tecnologías estaban maduras, decidieron sumar una cadena de profesionales e inversores para industrializarlo. Entraron al juego Luis Monsegur y Daniel Colinas como gestores para armar una red de inversión.


La red de inversores escucha el proyecto del Aventura I.


Sin saber del negocio, Monsegur se enamoró del proyecto y Colinas, como viejo modelista, se entusiasmó al instante. "Todos sueñan con llegar al espacio. Lo que les gustó a los inversores fue la calidad del proyecto", dice Monsegur.

Con una tecnología única, revolucionaria y a la vanguardia aeroespacial, sus potenciales clientes serán aquellos que tengan un satélite. Ellos lo subirán a su cohete, lo lanzarán y lo pondrán en la órbita que el cliente elija. "Nuestra filosofía es primero la tecnología y luego la venta. Como estrategia lo primordial es volar y después, contarlo. No queremos que nos consideren una startup, sino una industria", agrega.

Tras años de logros y a poco del lanzamiento oficial, se encuentran en plena selección del puerto espacial a utilizar en los lanzamientos de prueba. "Son puntos estratégicos de la Costa Atlántica que la hacen ideal para este tipo de ensayos", agrega.

Para Vic, Aventura I es como haber parido un hijo, con esfuerzo y riesgos, pero con entusiasmo: "Será un gran orgullo poder posicionar al país en el futuro del mapa aeroespacial". Natale entiende que al ser humano siempre buscó ir más allá de su cercanía. "Más allá de la montaña, del río; nosotros buscamos más allá de nuestro planeta", concluye.



Fuente:  lanacion.com.ar
ESA y NASA firman acuerdo por la estación Gateway
El director general de la ESA, Jan Wörner, y el administrador de la NASA, Jim Bridenstine, acaban de firmar un Memorando de Entendimiento para llevar a Europa a la Luna.


Este acuerdo histórico permitirá a los Estados miembros de la ESA contribuir a una serie de elementos esenciales de la estación espacial lunar Gateway.


El memorando confirma el compromiso de la ESA por suministrar, como mínimo, dos Módulos de Servicio Europeos para proporcionar electricidad, agua, oxígeno y nitrógeno a la nave Orion de la NASA, a los que se sumarán otros en el futuro. La ESA también dispondrá de tres oportunidades de vuelo para que astronautas europeos viajen a Gateway y trabajen allí.

Gateway hará posible la exploración sostenible alrededor de la Luna y en su superficie, y permitirá investigar y demostrar las tecnologías y procesos necesarios para llevar a cabo una futura misión a Marte. La contribución de la ESA a este esfuerzo internacional en virtud del Memorando de Entendimiento incluye la construcción del hábitat principal para astronautas cuando visiten Gateway, conocido como I-Hab.

La segunda contribución, denominada ESPRIT, ofrecerá comunicación mejorada, capacidad de repostaje y una ventana similar al observatorio europeo Cupola de la Estación Espacial Internacional. Ambas contribuciones están en línea con lo aprobado por los Estados miembros de la ESA durante el Consejo Ministerial Space19+ que tuvo lugar el año pasado en Sevilla.

Aunque el memorando se firmó de forma remota debido a las restricciones impuestas por la pandemia de COVID-19, el director general de la ESA, Jan Wörner, ha dicho que la participación de la Agencia en el programa Artemis de la NASA es el fruto de años de preparación.




“A lo largo de 20 años de presencia humana continuada en la Estación Espacial Internacional, hemos sido testigos de un nivel de cooperación sin precedentes entre las naciones. Para que la exploración espacial sea sostenible precisa de un esfuerzo internacional coordinado, y Europa ha demostrado ser un socio fuerte y de confianza”, ha señalado.

“Este Memorando de Entendimiento marca un punto crítico en la trayectoria de Europa: confirma que avanzamos hacia la Luna, no solo en términos de equipamiento y tecnología, sino también con nuestro personal. Europa desempeñará un papel central en la nueva era de exploración espacial global junto a la NASA y nuestros socios, ofreciendo arquitecturas ejemplares y revolucionarias para explorar la Luna y Marte, e inspirando a las próximas generaciones”.

Este sentimiento es compartido por el director de Exploración Humana y Robótica de la ESA, David Parker, que apunta: “Para la ESA es todo un honor ser un socio fuerte de la NASA en el programa Artemis, extendiendo así la colaboración en la Estación Espacial Internacional hacia la Luna”.

“Cada lanzamiento de astronautas a la Luna a bordo de la nueva nave Orion dependerá del Módulo de Servicio Europeo para obtener energía, propulsión, oxígeno y agua. Europa pondrá a disposición de la tripulación alojamiento, telecomunicaciones, repostaje y una asombrosa vista de la Luna gracias a las contribuciones de la ESA a Gateway. Y, aún más, los astronautas europeos volarán hasta Gateway para vivir y trabajar en el espacio profundo por primera vez”.

“Con el respaldo de nuestras misiones robóticas, aprenderemos lo suficiente para acabar dando el salto mucho mayor que supone enviar humanos a Marte. Los conocimientos adquiridos con estas misiones son esenciales para preservar y mejorar la vida en la Tierra, mientras que las inversiones crean empleo en Europa y promueven las competencias técnicas”.

Por su parte, Marco Ferrazzani, director de Servicios Legales de la ESA y principal negociador del Memorando de Entendimiento en nombre de la Agencia, ha destacado la importancia de esta firma.

“El acuerdo firmado entre la NASA y la ESA establece una verdadera asociación para cooperar en un asentamiento humano de carácter civil alrededor de la Luna, basándose en la amplia experiencia acumulada a lo largo de su dilatada colaboración. Para nuestro futuro papel en la exploración espacial, tendrá la misma importancia que el Memorando de Entendimiento firmado en su día para la Estación Espacial Internacional.

“La negociación ha contado con el incansable trabajo de los Estados miembros de la ESA, que, como ya sucedió en el caso de la Estación Espacial Internacional, han decidido colectivamente constituir un único socio europeo para embarcarse en esta aventura europea de exploración lunar”.



lunes, 2 de noviembre de 2020

"Nuestro objetivo es que criar vacas deje de ser rentable cuanto antes"
El fundador de Impossible Foods, Pat Brown, aspira a acabar con el uso de animales para alimentación en 2035. Sus hamburguesas y salchichas a base de plantas se venden en cada vez más sitios y la compañía trabaja ahora en alternativas a la leche y al bistec más económicas y libres de sufrimiento animal.
por James Temple | traducido por Ana Milutinovic 


Impossible Foods


La pandemia de coronavirus (COVID-19) no ha frenado a Impossible Foods, que ha seguido expandiéndose durante los últimos meses. Sus ricas y sabrosas hamburguesas y salchichas a base de plantas ya están disponibles en más de 10.000 tiendas en EE.UU., incluido Burger King. Además, ha empezado a trabajar en una alternativa vegetal a la leche, aunque todavía no ha confirmado cuándo podría llegar a las tiendas este nuevo producto.

La empresa, que a lo largo de este año ha recaudado 590 millones de euros, se está preparando para entrar en nuevos mercados y crear nuevas líneas de productos. Va a duplicar su equipo de investigación y desarrollo en los próximos 12 meses, con la contratación de cerca de 150 nuevos científicos e ingenieros. Eso incluye 10 nuevos puestos de "Investigadores Impossible", pensados para atraer a los mejores científicos al permitirles proponer sus propios programas de investigación.

Impossible Foods, fundada en 2011 por el profesor de bioquímica de la Universidad de Stanford (EE. UU.) Pat Brown, ha conquistado al público con su convincente alternativa a la carne picada, principalmente creada mediante ingeniería genética y fermentación de ciertos tipos de levadura para producir moléculas del grupo hemo. La empresa explica que este compuesto que contiene hierro es en gran parte responsable del color y sabor a la carne picada.

Foto: Las hamburguesas vegetales de Impossible. Créditos: Impossible Foods


La misión fundamental de Brown era aliviar el impacto ambiental del sector ganadero, que genera alrededor del 14,5 % de la contaminación mundial por gases de efecto invernadero, según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación.

En una entrevista para MIT Technology Review, Brown detalla su audaz objetivo final: sustituir suficientes productos animales clave para que el sector pierda demanda para eliminar por completo sus emisiones. Entre otras cosas, la compañía está trabajando para desarrollar alternativas convincentes a las pechugas de pollo y a los filetes.

¿Por qué han aplicado su equipo de I+D?

Nuestra misión para 2035 consiste en reemplazar por completo la tecnología más destructiva del mundo, y con diferencia, que es el uso de animales. Nuestro éxito depende de si conseguimos construir una plataforma tecnológica integral para crear todos los alimentos que actualmente obtenemos de los animales, pero haciéndolos más ricos, más nutritivos, asequibles, sostenibles, etcétera.

¿Cuáles son las cuestiones de investigación clave que intentan resolver?

Estamos construyendo una plataforma tecnológica para convertir las plantas, los ingredientes de las plantas, en algo que parece completamente diferente a una planta, y que para el consumidor sería carne.

Lo importante es tanto el sistema bioquímico, responsable de la dinámica del sabor y el aroma, etcétera, como los materiales que tienen propiedades muy precisas y algo exóticas desde el punto de vista de la ciencia de materiales.

No se trata solo de tomar un montón de basura estándar, mezclarla en un tazón y hacer Cheetos con ella, o lo que sea. Este es un problema mucho más difícil. Porque para que tengamos éxito, no solo tenemos que juntar las cosas para formar una hamburguesa. Tenemos que crear algo que para los consumidores sea carne, y más deliciosa, nutritiva y asequible que cualquier otra cosa que pueda producir la tecnología actual, una vaca o lo que sea.

¿Cuál su el próximo gran desafío? ¿Van a pasar de la carne picada a los bistecs o las pechugas de pollo? ¿Quieren ampliar su producción a la leche y el queso? ¿A las aves de corral y cordero?

Estamos trabajando en todo eso.

Si tuviéramos que tomar una parte de tejido muscular de una vaca, un cerdo, un pollo, un pez o incluso una mosca de la fruta, y mirarlo con un microscopio electrónico, se verían muy similares. Así que, en cierto sentido, si tenemos la solución para un tipo de carne, la tenemos para el 95 % de cualquier tipo de carne.

Foto: El fundador y CEO de Impossible Foods, Pat Brown. Créditos: Impossible Foods


Tomamos una decisión muy estratégica para empezar con la carne picada cruda de vaca, porque la carne de res es el sector más destructivo de la industria de la agricultura animal con mucha diferencia. En EE. UU., la carne picada de ternera es la categoría más vendida. Por eso, si la idea es interrumpir esa industria, que es nuestro objetivo, ese es el producto obvio con el que había que empezar.

¿Cuáles son algunos de los desafíos científicos que su grupo de investigación tendría que resolver para pasar de la carne picada a algo nuevo, según las preferencias del consumidor, a un trozo de pollo o bistec?

Si analizamos un bistec, nos damos cuenta de que tiene varios componentes distintos. Tiene tejido adiposo, tejido conectivo laxo, tejido conectivo fibroso y tejido muscular en sí.

Así que la diversidad de materiales que se pueden reconocer como distintos es mayor; eso por una parte. Ahora bien, la mayoría de ellos probablemente no sean tan importantes para el consumidor. Por ejemplo, a pesar de que un gran bistec tiene nervios y ganglios linfáticos y cartílago y otras cosas por el estilo, probablemente al público no le importe demasiado que dejemos esas partes fuera.

Solo la grasa y la carne.

Si, exacto. Y probablemente para mucha gente, no es el tipo de grasa subcutánea lo que le importa, sino la intersticial, una especie de grasa espesa marmoleada.

Nuestro objetivo es lograr cuanto antes que sea económicamente insostenible seguir criando vacas. Para eso, probablemente tendremos que crear dos productos. Nunca tendremos que hacer hígado de res, sino la carne picada (que representa la mitad de todas las ventas de carne en Estados Unidos) y un bistec realmente bueno. No hay que hacer ocho tipos diferentes de bistec para alterar el mercado lo suficiente como para cumplir nuestra misión.

¿Y las características de un buen bistec? Creo que deberíamos tener una versión muy buena de esa estructura y textura muscular; ser capaces de crear las propiedades mecánicas adecuadas. Con algo de tejido conectivo, que es una especie de tejido de proteína no típico, y luego con el tejido adiposo intersticial. ¿Y para el adiposo, qué es lo importante? Bueno, sus propiedades mecánicas hasta cierto punto, su comportamiento de fusión también y la química de su sabor.

En distintos contextos de la carne, cuando se quieren convertir unos materiales blandos en estructuras y cosas así, eso ya es un área muy desarrollada de la ingeniería y la ciencia de los materiales.

Debo admitir que soy un poco escéptico en términos del impacto que esto puede tener. Existen profundos lazos culturales con la cría y el consumo de ganado en todo el mundo, y se espera que tengamos un gran aumento de la demanda de carne en el mundo en desarrollo a medida que la clase media se expanda. Entonces, ¿cómo atraer a estas grandes partes del mercado?

La respuesta básica consiste en diseñar una plataforma tecnológica capaz de ofrecer las mejores alternativas básicas a los productos tradicionales que los consumidores quieren. Ésa es la esencia. Y luego, ¿qué pasa con esos lazos culturales? Hemos investigado mucho, y el hecho es que a los amantes de la carne de todo el mundo, sin importar dónde vivan, les encanta que la carne esté buena. Les encanta lo que conocen, los alimentos que pueden preparar con eso; les encanta la proteína, el hierro, la comodidad, etcétera.

Foto: Brown en el laboratorio de Impossible Foods. Créditos: Impossible Foods


Pero no les encanta que esté fabricado del cadáver de un animal. Eso no es suficiente para que decidan no comer la carne, pero no es parte de la propuesta de valor en absoluto. No tenemos que lidiar con la cultura; tenemos que lidiar con el sabor. Y ese es un problema que tiene solución.

¿Qué cosas concretas necesita resolver para comenzar a abordar este mercado en países en vías de desarrollo?

Una de las cosas a las que se refiere, que es totalmente correcta, es que tenemos que obtener un coste inferior al precio del producto actual. Nuestro proceso utiliza 25 veces menos tierra, nueve veces menos agua, 12 veces menos fertilizante. Hay menos mano de obra cultivando, no hay trabajadores dedicados a la gestión del ganado. Así que los costes laborales son más bajos y todos los demás también. La parte económica es muy superior. Lo que debemos hacer es darnos cuenta de esas ventajas esenciales, lo que requiere escalar y nos obliga a avanzar, porque ahora mismo tenemos que invertir constantemente en crecimiento, ¿no?

Para que quede claro, no cree que este sea el 80 % de la solución. ¿Cree que esta podría ser una solución completa al problema de las emisiones del ganado?

El ganado servirá de mascota.

Si tenemos un producto más barato, más rico y saludable para los consumidores, estoy seguro de que la mayoría lo elegirá en vez del producto actual. Y si nadie compra productos de la ganadería, entonces no habrá ningún incentivo para seguir llevando el planeta de vacas. Es así de simple.

No es que tengamos que reemplazar todo lo que la gente valora de una vaca. Tenemos que sustituir suficientes componentes rentables de una vaca para que no sea rentable criar más vacas.



Trump y la amenaza fascista en Estados Unidos
En la votación del martes pujan fuerzas sociales que proponen la defensa de la democracia con una agenda de justicia social como contrapeso al proyecto trumpista. La crisis actual del capitalismo global es tanto estructural como política.
Por William I. Robinson *


Los candidatos del Partido Republicano, Donald Trump, y del Partido Demócrata, Joe Biden, en el debate presidencial. Imagen: AFP


Ha quedado en evidencia en las últimas semanas que el régimen de Trump, sus partidarios de la extrema derecha, los supremacistas blancos, e importantes sectores del Partido Republicano están tramando un golpe electoral. Si estas fuerzas fascistas logran alcanzar sus propósitos dependerá de cómo se desenvuelven los acontecimientos a raíz de la votación del 3 de noviembre y de la capacidad de la izquierda y las fuerzas progresistas de movilizarse en defensa de la democracia y de avanzar en una agenda de justicia social como contrapeso al proyecto fascista.

La lucha contra la amenaza fascista en Estados Unidos debe apoyarse en un análisis de la naturaleza de dicha amenaza y en particular, de la relación entre esta amenaza y la crisis capitalista. He estado escribiendo desde 2008 sobre el surgimiento de los proyectos del fascismo del siglo XXI. Este proyecto se avecina en Estados Unidos desde principios del presente siglo. Entró en una etapa cualitativamente nueva con el ascenso del Trumpismo en 2016 y parece estar ahora en la vía rápida frente al proceso electoral.

En el cuadro más amplio, el fascismo, ya sea su variante del siglo XX o del siglo XXI, es una respuesta particular ultraderechista a la crisis capitalista, tal como la crisis de 1930 o aquella que comenzó con la imposición financiera de 2008, agravada ahora por la pandemia. Esta respuesta ultraderechista a la crisis va desde el Trumpismo en Estados Unidos y el Brexit en el Reino Unido, y la cada vez mayor influencia de los partidos neofascistas en toda Europa, hasta países como Israel, Turquía, Filipinas, Brasil, y la India.

Trumpismo y fascismo

Los indicios de la amenaza fascista en Estados Unidos están a plena vista. Los movimientos fascistas proliferaron rápidamente desde el viraje del siglo en la sociedad civil y también el sistema político mediante el ala derechista del Partido Republicano. Trump demostró ser la figura carismática capaz de galvanizar y envalentonar las diferentes fuerzas neofascistas, entre ellas, los supremacistas blancos, los nacionalistas blancos, los neonazi y Ku Klux Klan, los Guardianes del Juramento, el Movimiento de Patriotas, los fundamentalistas cristianos y los grupos antiinmigrantes. 

Desde 2016, se han formado muchos más grupos, incluyendo los Proud Boys (“Muchachos Orgullosos”), Q’Anon, los Boogaloo (cuyo declarado objetivo es incitar una guerra civil), y los “Vigilantes del Lobezno”. Todos estos grupos están fuertemente armados y están movilizando para provocar enfrentamientos en coordinación con elementos del ala extrema derecha del Partido Republicano. De hecho, esta ala de extrema derecha hace tiempo captó al partido y lo convirtió en una fuerza de reacción total.

Estos grupos fascistas han sido alentados por la fanfarronería imperial de Trump, por su retórica populista y nacionalista, y por su discurso abiertamente racista, dirigido a azuzar la histeria antiinmigrante, antimusulmán, antinegro y xenofóbica. Entraron desde 2016 en un acelerado proceso de polinización cruzada. Con la elección de Trump, lograron tener una presencia en la misma Casa Blanca y en varios gobiernos estatales y locales alrededor del país. 

Los diferentes grupos blanden con cada vez mayor impunidad sus unidades paramilitares. El FBI y el Departamento de Seguridad Interna han identificado a las milicias racistas, fascistas y de extrema derecha como la principal amenaza terrorista al interior del país. Estas mismas agencias del gobierno federal también afirmaron que estos elementos armados operan al interior de agencias policíacas y unidades de las fuerzas armadas. Un informe emitido en 2006 por una de las agencias de la inteligencia norteamericana advirtió sobre “la infiltración de grupos organizados de supremacía blanca a los organismos policiales, y recíprocamente, la infiltración por parte de agentes policiales y de seguridad a estas mismas organizaciones debido a sus simpatías con la causa de la supremacía blanca”.

Milicias

La insurgencia fascista llegó a un punto de auge a raíz de las protestas masivas desatadas por el asesinato en manos de la Policía en mayo pasado de George Floyd. Entre los incidentes recientes, demasiado numerosos para enumerar aquí, figura esta muestra:

Las milicias fascistas han aparecido a menudo en las protestas antiracistas para amenazar a los manifestantes, y en algunas instancias han llevado a cabo asesinatos.

Trump ha rehusado condenar la insurgencia armada ultraderechista.

Al contrario, Trump defendió a un joven integrante de estas milicias que el pasado 25 de agosto mató a tiros a dos manifestantes desarmados en Kenosha, Wisconsin.

El pasado 3 de septiembre, agentes del gobierno federal llevaron a cabo una ejecución extrajudicial de Michael Reinoehl, quien días anteriores confesó que mató a tiros a un miembro del grupo de supremacía blanca, el Patriot Prayer (“Plegaria Patriota”), aparentemente en defensa propia durante un enfrentamiento entre partidarios armados de Trump y manifestantes antiracistas en Portland, Oregón. “Tenemos que llevar a cabo la retribución", declaró Trump en una entrevista escalofriante, en la cual tomó el crédito por la ejecución.

Especialmente ominoso, el FBI disolvió un complot de un grupo de milicianos de una organización terrorista, autodenominado "Vigilantes del Lobezno", para asaltar el edificio del capitolio en el Estado de Michigan y secuestrar y posiblemente asesinar el gobernador del Estado y otros funcionarios del gobierno estatal. La Casa Blanca rehusó condenar la conspiración.

Si bien hay importantes diferencias entre la Alemania de los años 1920 y 1930 y Estados Unidos ahora, vale la pena recordar el tristemente célebre “golpe de la cervecería” en 1923 en Bavaria, Alemania, incidente que marcó un viraje en el ascenso al poder de los nazis. En aquel incidente, al igual que en Michigan, Hitler y un grupo fuertemente armado de sus seguidores intentaron llevar a cabo un golpe contra el gobierno local. Funcionarios leales al gobierno de Bavaria suprimieron el golpe y encarcelaron a Hitler, pero la insurgencia fascista experimentó a raíz del intento de golpe una importante expansión de su notoriedad e influencia.

Las perspectivas de un golpe fascista ahora dependen de lo que suceda en las elecciones de noviembre. El Estado de Derecho está en entredicho. Trump ha declarado, sin ofrecer prueba alguna, que habrá fraude electoral. Ha rehusado comprometerse con una transición pacífica del poder si pierde el voto frente a su contrincante Joe Biden, y en efecto ha llamado a sus seguidores a prepararse para una insurrección.

Trump es un miembro de la clase capitalista transnacional, un abierto racista que ni siquiera intenta disfrazar su tendencia fascista. Aprovechó las protestas por el asesinato de George Floyd para profundizar el proyecto fascista, incitando desde la Casa Blanca a la movilización fascista en la sociedad civil norteamericana, manipulando el miedo y la reacción racista con un discurso de “ley y orden” y amenazando con extender el estado policíaco. 

Millones de personas, sobre todo de los grupos racialmente oprimidos, han sido privados ya de su derecho al voto. El hijo mayor de Trump, Donald Trump hijo, hizo un llamado en setiembre pasado para que “cada cuerpo capaz” se integre a “un ejército para llevar a cabo operaciones de seguridad” a favor de la campaña electoral de su padre.

Morfología del proyecto fascista

La crisis actual del capitalismo global es tanto estructural como política. Políticamente, los Estados capitalistas enfrentan crisis en espiral de legitimidad como consecuencia de décadas de penurias y deterioro social causado por el neoliberalismo y ahora agravado por la incapacidad de dichos Estados de gestionar la emergencia sanitaria y el colapso económico. 

El nivel de polarización social global y de desigualdad es sin precedente. El 1 por ciento más rico de la humanidad controla más del 50 por ciento de la riqueza del mundo mientras el 80 por ciento más pobre tiene que conformarse con apenas el 5 por ciento de esta riqueza. Esta desigualdad extrema solo puede sostenerse por niveles extremos de violencia estatal y privada, situación propicia para los proyectos políticos fascistas.

Estructuralmente, la economía global está sumida en una crisis de la sobreacumulación, o estancamiento crónico, empeorada ahora por la pandemia. En tanto se disparan las desigualdades, el sistema produce cada vez más riqueza, que la mayoría de la población no puede consumir. Como resultado, el mercado global no puede absorber la producción de la economía global. La clase capitalista transnacional no encuentra salidas para descargar los billones de dólares que ha acumulado. 

En años recientes ha realizado niveles alucinantes de especulación financiera, el pillaje de presupuestos públicos, y acumulación militarizada y acumulación por represión. La acumulación de capital depende cada vez más de la amplificación de los sistemas transnacionales del control social, la represión y la guerra, de manera que el estado policíaco global se extiende alrededor del mundo para defender la economía global de guerra y suprimir las rebeliones de los de abajo.

El fascismo persigue rescatar al capitalismo de su crisis orgánica, reanudar violentamente la acumulación de capital, establecer nuevas formas de legitimidad del Estado, y reprimir sin trabas democráticas las rebeliones desde abajo. El proyecto conlleva una fusión del poder estatal reaccionario y represivo con una movilización fascista en la sociedad civil. 

Al igual que su predecesor del siglo XX, el fascismo del siglo XXI se trata de una mezcla tóxica del nacionalismo reaccionario y del racismo. En su repertorio discursivo e ideológico, el proyecto acarrea el nacionalismo extremo y la promesa de la “regeneración nacional”, la xenofobia, las doctrinas de la supremacía racial/cultural al lado de la movilización racista, la masculinidad marcial, el milenarismo, la militarización de la vida cívica y política, y la normalización -hasta la glorificación- de la guerra, la violencia social y la dominación.

Al igual que su contraparte del siglo XX, el proyecto gira en torno al mecanismo psicosocial de sublimación del temor y ansiedad de masa en momentos de aguda crisis capitalista hacia las comunidades convertidas en chivos expiatorios, ya sean los judíos en la Alemania Nazi, los inmigrantes en Estados Unidos o los musulmanes y las castas inferiores en la India. 

También persigue sublimar esta ansiedad hacia un enemigo externo prefabricado, tal como el comunismo durante la Guerra Fría o Rusia y China en la actualidad. Persigue organizar una base social de masa con la promesa de restaurar la estabilidad y la seguridad para aquellos desestabilizados por la crisis capitalista.

Los organizadores fascistas apelan a los millones de personas que han sido desoladas por la austeridad neoliberal, el empobrecimiento, el empleo precario y la relegación a las filas de la humanidad superflua, condiciones ahora agravadas por la pandemia. Los grupos dominantes se empeñan en canalizar el cada vez mayor descontento desde una crítica al capitalismo global hacia el respaldo a la agenda del capital transnacional, agenda disfrazada con retórica populista. En este empeño, la movilización ultraderechista y neofascista juega un papel importante.

La apelación al fascismo se dirige en particular a los sectores históricamente privilegiados de la clase obrera global, tales como sectores de los trabajadores blancos en el Norte Global y capas urbanas de clase media y profesional en el Sur Global, que ahora experimentan una mayor inseguridad y el espectro de la desestabilización socioeconómica. Si bien el proyecto fascista intenta reclutar a su causa estos sectores históricamente privilegiados, pero ahora descontentos, el otro lado de la moneda es un intensificado control social y represión violentos de otros sectores. Estos sectores en Estados Unidos provienen de manera desproporcional de las filas de las comunidades que enfrentan la opresión racial, étnica, religiosa y otras formas de opresión.

Los mecanismos de la exclusión coercitiva van desde el encarcelamiento en masa y la extensión de los complejos industrial carcelario, hasta la omnipresente acción policíaca, las leyes antiinmigrante y los regímenes de detención y deportación de los inmigrantes, la manipulación y reorganización del espacio de tal manera que tanto las urbanizaciones cerradas y los guetos están controlados por ejércitos de guardias privadas y los sistemas tecnológicamente avanzados de monitoreo y rastreo, la paramilitarización de la policía, los métodos “no letales” de control de las multitudes, y la movilización de las industrias culturales y los aparatos estatales ideológicos para deshumanizar las víctimas del capitalismo global como peligrosos, perversos, y culturamente degenerados.

Interpretaciones divergentes de la crisis

No podemos menospreciar el papel que juega el racismo en la movilización fascista en Estados Unidos. Pero a la vez necesitamos profundizar el análisis del mismo. El sistema político estadounidense y los grupos dominantes enfrentan una crisis de hegemonía y de legitimidad. Esta crisis entraña la descomposición del bloque histórico racista que de una u otra forma reinó supremo desde finales de la guerra civil en 1865 hasta finales del siglo XX pero que se ha visto desestabilizado de cara a la globalización capitalista. La ultraderecha y los neofascistas intentan reconstruir dicho bloque, en el cual la identidad “nacional” se presenta como “identidad blanca” como sucedáneo de una movilización racista contra las fuentes percibidas de la ansiedad y la inseguridad.

Sin embargo, muchos miembros blancos de la clase obrera han experimentado la desestabilización social y económica, la movilidad hacia abajo, una mayor inseguridad, un futuro de incertidumbre y la acelerada precarización. Es decir, condiciones laborales y de vida cada vez más precarias. Este sector ha gozado históricamente del privilegio racial-étnico que conlleva la supremacía blanca frente a otros sectores de la clase obrera, pero ha venido perdiendo dichos privilegios frente a la globalización capitalista. La escalada del discurso racista velado (codificado) y abierto desde arriba tiene como propósito canalizar los miembros blancos de la clase obrera hacia una conciencia racista y neofascista de su condición.

El racismo y la apelación al fascismo ofrecen a los obreros provenientes del grupo racial o étnico dominante soluciones imaginarias a las contradicciones verdaderas; es decir, el reconocimiento de la existencia del sufrimiento y de opresión, aunque dichas soluciones son falsas. Los partidos y los movimientos identificados con estos proyectos han avanzado un discurso racista, menos codificado y menos mediado que aquel discurso de los políticos convencionales (mainstream), dirigido en contra de las minorías racialmente oprimidas, los inmigrantes y los refugiados, entre otros sectores vulnerables, quienes se convierten en chivos expiatorios. 

Sin embargo, en esta época del capitalismo globalizado hay pocas posibilidades en Estados Unidos de proporcionar beneficios materiales a una potencial base social del fascismo, por lo que la “recompensa del fascismo” es únicamente psicológica. 

La ideología del fascismo del Siglo XXI descansa fundamentalmente en la irracionalidad, es decir, la promesa de asegurar la seguridad y de restaurar la estabilidad es emotiva, no racional. Es un proyecto que no distingue –y no necesita distinguir- entre la verdad y la mentira.

El discurso público de Trump del populismo y nacionalismo, por ejemplo, no guarda relación alguna con sus políticas. Sus políticas económicas entrañan una total desregulación del capital, grandes recortes al gasto social, el desmantelamiento de lo que aún quedaba del Estado de bienestar social, las privatizaciones, desgravaciones fiscales para las corporaciones y los ricos al lado de un aumento de la carga impositiva para la clase obrera, represión sindical, y una expansión del subsidio estatal al capital. En pocas palabras, neoliberalismo con esteroides. 

La retórica populista de Trump no se corresponde con la sustancia de su política. La apelación de Trump a su base social es casi por completo algo simbólico. Por ende, el fanatismo de su retórica de “construir el muro” (entre Estados Unidos y México) y otra retórica simbólicamente esencial para sostener una base social para la cual el Estado puede ofrecer poca o ninguna recompensa material. Esto explica también la naturaleza cada vez más desquiciada de la bravuconería de Trump mientras se acerca la elección.

Pero he aquí el punto clave: el deterioro de las condiciones socioeconómicas y la mayor inseguridad no conducen automáticamente a una reacción racista y fascista. La interpretación racista/fascista de estas condiciones tiene que ser mediada por agentes políticos y agencias del Estado. El Trumpismo representa justamente dicha mediación. 

Para hacer retroceder la amenaza del fascismo, las fuerzas populares de resistencia deben proponer una interpretación alternativa de la crisis, entrañando una agenda de justicia social y una política de la clase obrera que pueden ganarse a la potencial base social del fascismo. Esta potencial base está compuesta en su mayoría por obreros y obreras que están experimentando los mismos efectos perjudiciales de la globalización capitalista que afecta a toda la clase obrera.

Necesitamos en Estados Unidos una agenda de justicia social y proclase obrera que responda a la condición cada vez más miserable de la supuesta base social del fascismo junto con la clase obrera en su conjunto. Biden bien podría ganar las elecciones. Sin embargo, aún si logra tomar posesión de la Presidencia, seguirá en curso la crisis del capitalismo global y el proyecto fascista que dicha crisis fomenta. Hay que recordar que Biden, además de ser criminal de guerra, es un neoliberal que responde a los intereses sobre todo del capital financiero transnacional con sede en Wall Street. Un frente unido contra el fascismo debe basarse en una agenda de la justicia social que pone la mira en el capitalismo y su crisis y que es capaz no solo de derrotar a Trump sino de enfrentar a los desafíos en el período posTrump.

* Profesor de Sociología, Universidad de California en Santa Bárbara.

Traducido al español por el autor. Publicado en inglés en TruthOut y en español en alainet.org.



domingo, 1 de noviembre de 2020

El último secreto de Malvinas: “Si Inglaterra declaraba su invasión al continente, se acababa la guerra”
El historiador abordó en su último libro “La Guerra Invisible” la incursión de un comando británico en la Argentina continental durante el conflicto en las islas. Reveló el plan de Margaret Thatcher para atacar el continente y matar a los pilotos de los aviones caza luego de comprar el diario de un capitán anónimo por solo 1,5 USD en una tienda online
Por Milton Del Moral


El 4 de mayo de 1982 dos Exocet lanzados desde aviones de caza Super Étendard hundieron al destructor HMS Sheffield, la primera nave perdida por Gran Bretaña después de la Segunda Guerra Mundial (AP)


Dividió su viaje a Inglaterra entre el placer y el estudio. Fue el año pasado con sus hijos y también con sus proyectos. Quería saber de qué hablaban sobre la Guerra de Malvinas. Indagó en la bibliografía británica: encontró una vasta oferta y aprendió que a los asuntos marginales del conflicto le asignan mayor gravitación editorial. Hizo búnker en una biblioteca en Bloomsbury, un barrio universitario cerca del Museo Británico. “Ojeaba los libros, veía qué contaban y qué me podría interesar”. En una publicación antigua de inteligencia británica halló la semilla de su propio libro. En forma anónima y en dos páginas hablaban de un comando que había ido a atacar el continente.

Marcelo Larraquy, frondoso historiador, periodista y profesor, había escrito doce libros en los últimos veinte años. También había contado por fuera de su obra el combate terrestre, había entrevistado a los soldados del desembarco, había visitado Pradera del Ganso, Puerto Argentino, el estrecho San Carlos, había conocido la geografía de la definición del conflicto bélico. Empezó a interesarse por la guerra aérea y la guerra electrónica: descubrió que se había desatado una guerra invisible, oculta, prohibida, negada. El enfrentamiento oficial había sido en las islas y sobre el Mar Argentino. El otro, el no declarado, se libró en el continente.

La Guerra Invisible, el último secreto de Malvinas conduce progresivamente su relato hacia la revelación. Para comprender el despliegue británico en la Argentina continental hay dos partes y catorce capítulos. “Gran Bretaña tenía que definir su superioridad aérea y naval antes del desembarco. Las tropas terrestres británicas estaban en la Isla Ascensión mientras la Fuerza de Tareas avanzaba, porque todavía no se había despejado el panorama”, narró Larraquy. El panorama que debía despejarse eran los obstáculos de la fuerza aérea argentina y de la aviación naval: los obstáculos eran los Super Étendard.


El décimo tercer libro de Marcelo Larraquy desde la publicación de Galimberti, en el año 2000.


“Se preocuparon muchísimo por asegurarse que los misiles Exocet no funcionaran como sistema de armas de los Super Étendard. Ahí tiene que haber un diálogo electrónico que no había provisto Francia a la Argentina por el bloqueo. En cambio, Francia le había asegurado a Inglaterra que no funcionaban”. Los Exocet significaban un cambio radical en la historia de la aviación de guerra: tiraban desde 40 kilómetros cuando el resto de los aviones las descargas se realizaban sobre el blanco. Y los Super Étendard, según Larraquy el único arma de combate que emparejaba el estándar tecnológico entre ambas naciones, fue la razón que disparó la guerra invisible.

El martes 4 de mayo de 1982 a las 9:45 dos Super Étendard con misiles Exocet, piloteados por el capitán de corbeta Augusto Bedacarratz y el teniente de navío Armando Mayora, despegaron de la base de Río Grande. “Volamos muy bajo, con suma discreción. No utilizamos prácticamente el radar, no hablamos por radio y solo nos comunicamos de avión a avión por señas”, recordaría años más tarde Bedacarratz. A las 11:05 y a unas 25 millas náuticas de su posición (aproximadamente 48 kilómetros), la guerra cambió: al menos uno de los misiles impactó en el destructor HMS Sheffield.

Lo hirió de muerte. El fuego se propagó por toda la nave. La fragata HMS Arrow rescató a los sobrevivientes y remolcó al buque fuera de la zona de peligro. Murieron 20 soldados británicos. Hubo 63 heridos. El Sheffield se hundió finalmente seis días después en aguas del Atlántico Sur. Cada 4 de mayo se celebra en Argentina el Día de la Aviación Naval por la proeza de Bedacarratz, Mayora, los Exocet y los Super Étendard. “La operación Sheffield es una obra maestra de la guerra electrónica porque lograron detectar e impactar a un destructor prácticamente en las sombras. Por eso, después al Almirante Woodward (John Sandy, comandante de la Fuerza de Tareas británicas en Malvinas) le empezaron a decir maliciosamente ‘el capitán de la flota de Sudáfrica’, porque alejó la tropa hacia el continente africano”, narró Larraquy.


La principal preocupación británica durante la Guerra de Malvinas fueron los Super Étendard, y la razón de avanzada al continente


Woodward se preocupó: dudó del real poderío armamentístico de su enemigo. “Gran Bretaña pensó: ‘Si me pegan en el Hermes o en el Invencible, o en los buques donde está toda la logística del combate, no hay guerra posible’”. Descubrieron su propia vulnerabilidad y advirtieron que desconocían el potencial enemigo. “No sabían cuántos misiles tenía la Argentina y también se suponía que no funcionaban, porque Francia les había asegurado que no había forma de que sirvieran”, relató. En el libro, el autor contó que el general Jacques Mitterrand, aviador retirado, titular de la empresa estatal y hermano del presidente francés François Mitterrand, le dijo a Margaret Thatcher, primera ministra del Reino Unido, que no había manera de que el misil funcionara.

Argentina tenía solo cinco misiles Exocet. Pero Gran Bretaña solo sabía que dos aviones que habían partido del continente habían hundido a su principal buque de defensa antiaérea. Esa incertidumbre despertó la ofensiva. Rompieron con todo el protocolo: vulnerar la zona de exclusión significaba una declaración de guerra al continente. “Por eso lo llamo ‘Guerra invisible’ -dijo Larraquy-: no podían declarar la invasión porque sino se acaba la guerra, por los conflictos diplomáticos que surgirían en las Naciones Unidas y con los Estados Unidos”. Incluso Ronald Reagan, por entonces presidente estadounidense, se entera del plan británico para penetrar tierras continentales y le avisa a Thatcher que no lo haga. No le hicieron caso.

“Nada se hace porque sí. En ese momento, el centro de gravedad de la guerra era el continente. Si Gran Bretaña no eliminaba todas las amenazas que provenían del continente no podía desembarcar en las islas”, indicó el autor. Las fuerzas británicas centraron su atención en las bases aeronavales del continente. Antes del desembarco, debía corroborar superioridad aérea y naval. Procuraron acorralar las fuerzas continentales. “Primero lo hicieron con submarinos que hacían inteligencia electrónica avisando sobre aviones argentinos que salían del continente. Después intentaron un supuesto desembarco donde el destructor Piedrabuena y el destructor Bouchard, que eran los que acompañaban al Belgrano, se pusieron delante de la base aeronaval de Río Grande para protegerla. Ahí detectaron patrullas y dispararon el único tiro de los buques en toda la guerra. Esos ecos desaparecieron del radar inmediatamente”.


El capitán de corbeta Augusto Bedacarratz desciende de su Super Étendard. Junto al teniente de navío Armando Mayora en la historia de la guerra aeronaval moderna.


Al día siguiente, el 21 de mayo de 1982, se gestó la Operación Sutton, el desembarco británico en el estrecho San Carlos y el primer combate terrestre de la guerra. Inglaterra eliminó la resistencia dentro de las islas, bombardeó la Base Calderón, azotó Pradera del Ganso pero su preocupación viajaba desde el continente en los Super Étendard: el centro gravitacional de la guerra. “El problema estaba en el continente, no en el Puerto Argentino”, sintetizó el autor.

Cuando Inglaterra entendió que podía perder, infringió toda convención y tratado de guerra. Asignaron un comando de ocho hombres para que emprendiera una misión imposible: infiltrarse en el continente, asaltar las bases aeronavales, destruir los Super Étendard y matar a los pilotos. Era el plan original y la represalia ante un eventual segundo hundimiento. Así razonaron los británicos, según Larraquy: “Si a nosotros nos embocan otro misil en el Hermes o en el Invencible y no hicimos nada en el continente, sería una vergüenza. Tenemos que dar todo porque así es la guerra”. Usar un comando como fusible era algo que había que hacer.

El libro rebosa de datos y de comprensiones técnicas. El autor, un obsesivo de la precisión en la información, se preocupó más en que el relato no perdiera el eje: el fondo de la historia es la guerra escondida. Lo describe como un capítulo inédito en el prontuario Malvinas: la guerra electrónica, la guerra de radares, la incursión en el continente con el propósito de reventar la base aeronaval. Lo que no se sabe de Malvinas lo encontró hurgando bibliografía británica y tesis doctorales de académicos en una biblioteca de Londres.


"El libro es tan británico como argentino", relató el autor. El hundimiento del destructor Sheffield motivó las operaciones comando en el continente


Es la primera vez que un libro cuenta la historia de Andrew P. Legg sin apelar a seudónimos. Los documentos británicos resguardaron su identidad. Su nombre real se conoció en marzo de 2018 cuando publicó en la casa de subastas Wolley & Wallis un lote de objetos personales y recuerdos de su carrera militar. Vendía una boina del Special Air Services (SAS), la hombrera de capitán, la insignia roja y oro del regimiento, un cinturón de tela azul con hebilla de metal, las alas azules que acreditan sus dotes de paracaidista, dos medallas, fotos de sus misiones y el mapa de la isla de Tierra del Fuego que usó para planear su ataque a la base de Río Grande.

También un escrito de un tal William Barnes que se llamaba Ultimate Acceptance (“Aceptación final”). La bajada decía: “Mayo de 1982. Basado en el verdadero relato de una operación de inteligencia al continente sudamericano”. “Lo empecé a rastrear -dijo Larraquy-. Subastaba un diario secreto con un nombre supuesto de esta operación. No lo puede decir con su propio nombre porque firmó su confidencialidad. Ese libro se vende a un dólar y medio: es una edición de autor”. El historiador intercambió mails durante dos meses con una persona cercana a Legg: comprobó que el capitán de la patrulla que entró a la Argentina continental durante la guerra no quería hablar. Una frase del libro pone en relieve el suceso: “Legg desembarcaba en tierra argentina como ya lo había hecho el ejército británico en los años 1806 y 1807”.

“Tenía 28 años, juró confidencialidad con Gran Bretaña, tuvo que renunciar al ejército, pasó 38 años en silencio y terminó trabajando como profesor de matemática”, dijo Marcelo Larraquy. Lo que hizo y no hizo Legg en el continente se dice en el libro. Pero su acción sobre la isla de Tierra del Fuego desmantela la historia oficial británica. En los archivos nacionales, las únicas operaciones que no describen son las desplegadas en el continente: se mantienen como secreto de guerra. “El profesor Lawrence Freedman, quien escribió la historia oficial británica, no cuenta lo que pasó -apuntó el historiador-. Inglaterra no puede contar su invasión al continente porque son secretos de guerra que la comprometen. Y Argentina tampoco la puede contar porque sino supondría que tendrían que haber pagado las pensiones de todos los combatientes”. Fueron cuatro operaciones en continente: Larraquy persiguió el rastro de un comando por el hallazgo casi fortuito del diario de guerra de un capitán anónimo.


El libro tiene un agradecimiento especial a Nazareno Larraquy Yaques, hijo del autor: "Lo tuve secuestrado porque su inglés es mucho mejor que el mío. En esta pandemia estuvimos cuatro meses a full. No lo podría haber hecho sin él"


Para el autor, La Guerra Invisible, el último secreto de Malvinas puede ser una gema: inspirar la revelación de nuevos últimos secretos. “Hay versiones que no pude corroborar que dicen que hubo tres helicópteros y varios comandos en el continente”, reparó y sostuvo: “En el continente se libró una guerra, una guerra electrónica pero real. Incluso hubo la caída de un helicóptero con la muerte de diez soldados que habían ido en busca de un supuesto desembarco británico el 30 de abril en Caleta Olivia. Fueron declarados muertos en combate”.

El libro y los meses de estudio le enseñaron que la Guerra de Malvinas no se jugó en las islas. Le asignó valor al conflicto oculto y comprendió el reclamo de los veteranos: “Siempre se ninguneó todo lo que sucedió en el continente y quedó como un reclamo marginal de soldados que pusieron una carpa en Plaza de Mayo. En las bases se vivió un estado de guerra permanente. Ellos también estuvieron en guerra, no estaban de paseo ahí. Gran Bretaña tenía los submarinos surcando el Mar Argentino a once millas y también comandos que pisaron el continente con la misión de atacarlos”.



Fuente: infobae.com
De Mendoza a Júpiter: Lucas Paganini, el científico mendocino que llegó a la NASA
Se involucra en misiones y programas espaciales. Sobre el reciente descubrimiento de agua en una de las 79 lunas de Júpiter, expresó: “Creemos que se han generado acueductos”.
 por Unidiversidad / Ángeles Balderrama 


Foto: noticiasyprotagonistas.com


¿Estamos solos? ¿Cómo se formó el sistema solar? ¿Cómo surgió la vida? Estas son algunas de las preguntas que desde los inicios de la humanidad muchos intentaron responder. En este camino se encuentra Lucas Paganini, científico mendocino que trabaja en la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA) y lideró un equipo que descubrió vapor de agua en Europa, una de las 79 lunas de Júpiter. “La tecnología da cuenta de que Europa es un mundo muy activo. Creemos que se han generado acueductos”.

Apasionado por los transbordadores espaciales en la década de 1990, su sueño era ser piloto de aviación o astronauta, y aún no pierde la esperanza. Aunque afirma que desde niño siempre le llamó la atención la NASA, nunca pensó que iba a trabajar allí.

“Estudié Ingeniería en Electrónica y Telecomunicaciones en la Universidad de Mendoza, que era lo que más me acercaba al espacio a través de las antenas y ondas electromagnéticas. Después de terminar mi tesis, apliqué para una beca de posgrado en el Instituto Max Planck de Física, en Alemania”, explicó Paganini durante el Sexto Seminario de Comunicación de las Ciencias de la Secretaría de Investigación, Internacionales y Posgrado de la UNCUYO.

Sin embargo, destaca que más allá de ser buen alumno, lo importante es saber diferenciarse, mirar hacia los costados y mantener buenas relaciones con los profesores, que son quienes abren muchas puertas. “Nosotros no teníamos convenios con universidades de Europa, pero algunos profesores tenían contacto con ellas. De todas formas, saber inglés es esencial porque, si no sabemos comunicarnos con la gente, estamos estancados. Hay que salir de la zona de confort”.

Al continuar sus estudios en Alemania, construyó un instrumento de medición de componentes atmosféricos como parte de su tesis doctoral. Luego de obtener el prototipo, tuvo la suerte de instalarlo en el radiotelescopio en Arizona, Estados Unidos.

“Cuando instalé el instrumento en ese telescopio, y pasé de ver esas señales electrónicas del laboratorio a verlas en un cometa o en un planeta, es como que 'me explotó la mente', de cierta forma. Dije: ‘Guau, este instrumento en el que estaba trabajando ahora nos permite ver la señal de algo que está a millones de kilómetros’, relató Paganini.




A partir de ese momento, comprendió que quería saber más sobre la física que se encuentra detrás de las mediciones que realizaba en el instrumento. Por este motivo, decidió postularse para el “NASA Postdoctoral Program”, beca en la que fue seleccionado.

“Entré en 2010 al NASA Goddard Space Flight Center y me pasé un poco más de la ingeniería a la ciencia. Hacía los estudios de cometas, Europa –la luna de Júpiter– y exósferas o atmósferas planetarias. Hoy en día, trabajo en NASA Headquarters, en la división de ciencia, que trabaja con Astrofísica, Heliofísica, el planeta Tierra y otros planetas”, comentó Paganini.

Los estudios sobre Europa y sus rastros de agua

El agua en estado líquido es uno de los elementos esenciales para la existencia de la vida; por eso, los estudios se centraron en las zonas habitables. Sin embargo, Paganini destacó que, en las últimas décadas, descubrieron otras zonas en el Sistema Solar que pueden contener agua en ese estado, sin ser parte de la zona habitable.

“Las lunas de Júpiter, como Europa, o de Saturno, como Encélado, son lunas congeladas en las que, debajo de las capas de hielo, existen grandes cantidades de agua líquida. La interacción entre las lunas y sus respectivos planetas genera presiones internas, como fricciones, debido a las fuerzas gravitacionales. Por ello, el agua interna se encuentra en estado líquido”, explicó el científico.




Aunque aún no se sabe si existe vida en esos ambientes oceánicos, el objetivo a futuro es descubrirlo. “Al estudiar la misma Tierra, hemos encontrado que existen microorganismos en los lugares menos pensados. Sabemos que hay fuentes hidrotermales en el fondo del mar que se conectan con el núcleo del planeta, generan calor y distintas vidas microbianas en condiciones externas; o en la misma Antártida, donde se encontraron extremófilos”.

“Nosotros sabíamos que el telescopio Hubble detectó, una sola vez en 2012, hidrógeno y oxígeno en Europa. Pero no vemos directamente el agua, sino detectamos la señal del agua a través de la interacción con la luz. En 2016, vimos la señal del vapor de agua en una de diecisiete ocasiones, lo que confirma que no ocurre tan seguido. Creemos que, por las presiones que se ejercen, se quiebran las capas de hielo exteriores (que tienen entre cinco y veinte kilómetros de espesor) y se genera este vapor de agua. Una de las hipótesis es que existen acueductos. La tecnología da cuenta de que Europa es un mundo muy activo”, describió Paganini.





A pesar de que el descubrimiento es significativo, aún quedan muchos pasos para ver una misión tripulada a la luna de Júpiter, el paso más costoso y peligroso, ya que el planeta emite mucha radiación. “Se ha estado desarrollando un orbitador, Europa Clipper, que llegará en el año 2030. A la vez, estamos desarrollando el Europa Lander, que se apoyará sobre la superficie, pero por ahora está en la etapa conceptual”.

“Este tipo de desarrollos son los que reescriben los libros, de ahí su importancia. Lo más cercano que vamos a ver es lo relacionado a la Luna y a Marte. Para el 2024, la NASA quiere volver con astronautas a la Luna, una hazaña que nos va a permitir ver nuevamente lo que nuestros abuelos o padres vieron en la década de 1960. A Marte se quiere llegar en 2030 e impulsar el Lunar Gateway, una estación espacial en la superficie lunar que sirva para las próximas misiones a Marte”, concluyó Paganini.



Instituto Civil de Tecnología Espacial: escuela de despegue
El Instituto Civil de Tecnología Espacial fue creado en la década del 60 para hacer lanzamientos de cohetes de manera aficionada. Su principal actividad son los vectores con fines educativos pero también desarrollaron un proyecto de cohetes antigranizo. Realizan convenios con universidades y empresas para generar un conglomerado de instituciones para el acceso al espacio, y planean un vector para poner en órbita satélites de órbita baja.
Por Matías Alonso 




En 1957, se lanzó el primer satélite artificial que orbitó la Tierra, el Sputnik. En ese entonces, la carrera espacial estaba reservada solo a las grandes potencias del mundo que podían enfrentar los altos costos y los riesgos de fallas de estas misiones, que obligaban a planificaciones de muy largo plazo. Actualmente, la situación es distinta: los costos bajaron y el sector privado ingresó en este mercado. Muchas empresas son capaces de operar satélites en el espacio y compañías como SpaceX brindan el servicio de puesta en órbita de satélites con un lanzador propio, como sucedió en en caso de los SAOCOM. También es cada vez más factible el acceso al espacio con satélites pequeños, lo que baja sensiblemente la barrera de entrada en este sector.

En la Argentina, el Instituto Civil de Tecnología Espacial (ICTE) fue creado en la década del 60 para realizar actividades de lanzamiento de cohetes de manera aficionada. Con el paso del tiempo desarrollaron un proyecto comercial de cohetes antigranizo y, más recientemente, dieron forma al proyecto Pampa Cielo, mediante el cual quieren desarrollar un vector para poner en órbita satélites de órbita baja, a unos 100 kilómetros de altura.

Actualmente, su principal actividad es el desarrollo de vectores con fines educativos, sobre todo mediante la vinculación con escuelas técnicas. El primer convenio fue con la escuela Otto Krause y, luego del éxito de esta experiencia, continuaron con actividades en escuelas de las localidades de Bavio, Magdalena, Chascomús, Tornquist y Pehuajó. En el programa se propone a las escuelas que desarrollen una parte del proyecto según las posibilidades de cada institución. Así, algunas pueden desarrollar la parte electrónica, otras el mecanizado del motor o el cuerpo de materiales compuestos, mientras que el ICTE coordina el lanzamiento.

Alejandro Yaya, vicepresidente del ICTE, le dijo a TSS: “Los estudiantes experimentan distintas facetas de la actividad de la cohetería, no con un fin amateur sino con un fin técnico. No es solo lanzar un cohete por diversión, sino para aprender todo lo que está asociado a un programa espacial”.


El Instituto Civil de Tecnología Espacial (ICTE) fue creado en la década del 60 para realizar actividades de lanzamiento de cohetes de manera aficionada. Foto: ICTE.


El instituto también firmó un convenio con la Universidad de la Defensa Nacional (UNDEF) para colaborar en el área de los combustibles para cohetería. “el ICTE les puede proveer un cohete para la realización de pruebas y podemos trabajar en simulaciones de programas de lanzamiento”, dijo Yaya.

El ICTE trabajó en dos tipos de vectores diferentes: uno antigranizo y otro con instrumental, tipo sonda, para analizar la atmósfera a 10 kilómetros de altura. Para la propulsión usan motores cohete con dos tipos de combustible diferente, según el objetivo del proyecto. El más común es conocido como micrograin y es un compuesto de sulfuro de cinc. También están experimentando con combustibles en base a polímeros, como el PVC, y otros con agua oxigenada. Estos últimos se hacen en colaboración con la empresa LIA Aerospace.

En la Argentina había una tradición de trabajo con combustibles sólidos hasta la cancelación del proyecto Cóndor II. Cuando se publicaron los cables de la Embajada de Estados Unidos en el escándalo conocido como Wikileaks, se describieron reuniones en 2009 en las que Conrado Varotto, por entonces titular de la CONAE, se refería a los alcances del proyecto y dejaba constancia de su desconexión con los desarrollos de combustibles sólidos.

Sin embargo, Yaya considera que ese camino sería el más rápido: “La Argentina tiene el 90% del ciclo de combustible sólido resuelto y está en un programa de investigación y desarrollo en combustibles líquidos. Las dos alternativas son buenas, pero, si se quiere acceder rápido al espacio, lo ideal sería retomar el trabajo con los combustibles sólidos, cualquiera de los que hubo en ese programa. Que se desarrolle la capacidad en combustibles sólidos no quiere decir que quieras hacer un misil o un arma, creo que en la cuestión geopolítica en realidad hay mucho de mito. El problema es cuando no tenés un fin diferente al que declarás o no desarrollás lo espacial con fines netamente pacíficos”.


Actualmente, la principal actividad del ICTE es el desarrollo de vectores con fines educativos, sobre todo mediante la vinculación con escuelas técnicas. Foto: ICTE.


El desarrollo de cohetes antigranizo, una técnica muy usada para proteger los cultivos que consiste en desperdigar yoduro de plata en el interior de las nubes, para reducir el tamaño del granizo, estaba relacionada con que las nubes de granizo de la región cuyana tienen la particularidad de formarse a un poco más de altura que en otras partes del mundo, por lo que los cohetes importados no siempre funcionaban correctamente. El objetivo es hacer cohetes que cubran esta demanda y con la venta de ellos financiar el proyecto de un vector para satélites en órbita baja. “El proyecto ahora está en pausa dado que una empresa belga comenzó a vender estos vectores en Mendoza, por lo que la oportunidad comercial para la región de Cuyo ya no está. Queda explorar la alternativa del Alto Valle de Río Negro, en particular en zonas en las que no tienen una lucha contra el granizo como en Mendoza y otras regiones del país”.

Mientras tanto, siguen realizando convenios para generar un conglomerado industrial de acceso al espacio con instituciones locales y del exterior. “Se sumó la empresa Nanotec, que va a colaborar con nosotros en dos líneas de trabajo diferentes. Una es la investigación en combustibles a través de la utilización de nanomateriales, tanto sólidos como líquidos, para potenciar los rendimientos y mejorar la estabilidad de los procesos de combustión. La otra línea, que también es muy importante, tiene que ver con la utilización de nanopartículas en distintos tipos de filtros, dado que en los entornos de actividades espaciales es muy importante la calidad del aire. Queremos hacer distintos filtros para aplicarlos en lugares de trabajo y ropa de trabajo para el sector espacial”, dijo Yaya.

El vicepresidente del ICTE lamentó que la actividad espacial haya estado relegada durante los últimos años, algo que se profundizó con el desfinanciamiento del sector con la gestión de Cambiemos. “ Hubo un apogeo y hasta se creó la Ingeniería Aeroespacial en la UNSAM, pero después todo quedó en suspenso. Es importante que haya una carrera universitaria porque de lo contrario se entra a este ámbito solo por un camino colateral, desde distintas disciplinas”, concluyó.