lunes, 11 de abril de 2022

¿En la cuerda floja? Evalúan la perspectiva del dólar en medio de una guerra económica




Un artículo de análisis publicado en el medio 'Financial Times' ha evaluado el impacto de las sanciones antirrusas y los riesgos de convertir el dólar en un arma de EEUU que podría terminar por socavar la moneda y dividir el sistema financiero internacional.

Las sanciones con las que EEUU ha logrado congelar las reservas de divisas de Rusia han creado un incentivo para que muchos países decidan evitar el dólar, explican los analistas consultados por el medio.

"Al convertir abiertamente el dólar en un arma de esta manera, EEUU y sus aliados se arriesgan a provocar una reacción que podría socavar la moneda estadounidense y dividir el sistema financiero internacional en bloques competidores, lo que podría empeorar las cosas para todas las partes", indica el artículo.

Asimismo, subrayan que las sanciones antirrusas no fueron apoyadas por China, Brasil, Sudáfrica y México, lo que pone en evidencia que solo existe un bloque occidental contra Moscú y la ausencia de una coalición mundial que condene la operación especial de Rusia en Ucrania. En opinión de los autores, esto podría tener importantes consecuencias para el futuro de las finanzas internacionales.

"La muerte del dólar se ha predicho innumerables veces en el pasado, pero la moneda estadounidense ha seguido manteniendo su posición. (...) Si se produce un alejamiento constante del dólar en los próximos años, las sanciones al Banco Central ruso pueden no ser una forma nueva y audaz de presionar a un adversario, sino el momento en que el dominio del dólar comience a declinar, como un 'canal de Suez financiero'", concluyeron los analistas.



Predicen una repetición mundial de la Primavera Árabe a causa de las sanciones de EEUU


© AP Photo / Ben Curtis


La crisis global, agravada por las consecuencias de las sanciones antirrusas impuestas por Occidente, amenaza al mundo no sólo con una agitación socioeconómica, sino también política. Los analistas se refieren cada vez más a la Primavera Árabe, que provocó cataclismos a escala mundial.

Cuando estallaron las protestas en Egipto en 2011, el coste de los productos básicos de la despensa aumentó debido a la subida del precio de productos como el trigo.

Ahora, más de una década después la situación es muy similar ya que los precios mundiales de los alimentos se están disparando activamente. Por ejemplo, la economía de América Latina y el Caribe, ya golpeada por la pandemia de COVID-19, sufre ahora las consecuencias de las sanciones contra Rusia que han provocado un alza en los precios y desabastecimiento de productos esenciales.

Por ejemplo, el Banco Central de Perú elevó la tasa de interés de referencia del país 50 puntos básicos a 4,5%, la más alta desde 2009. La inflación creció un 1,48% en marzo, y anotó su mayor variación mensual desde febrero de 1996. Los elevados precios de los combustibles provocaron descontento en Perú, y los transportistas anunciaron un paro indefinido. Como resultado, el rechazo al presidente Pedro Castillo, se disparó a 76% alcanzando su nivel más alto en nueve meses de gobierno.

Y no es un incidente aislado. Las protestas estallaron en Sri Lanka por la escasez de combustible y otros productos esenciales. La inflación de dos dígitos en Pakistán minó el apoyo al primer ministro Imran Khan, forzándolo a abandonar su cargo.

La situación ahora es incluso peor que la de la Primavera Árabe. Los precios mundiales de los alimentos acaban de alcanzar un nuevo récord. Así la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), reveló que los precios de los alimentos llegaron a un nivel inédito desde 1990, donde sobresale el alza de los aceites vegetales y los cereales.

Además, a la triste situación se suma el aumento de los precios de la energía. Los precios del petróleo son casi un 60% más altos que hace un año. Los precios del carbón y el gas natural también aumentaron.

Los expertos también observan indicios de una crisis política en los países de Oriente Medio, que dependen en gran medida de las importaciones de alimentos de la región del Mar Negro y suelen conceder generosas subvenciones a la población.

En Líbano entre el 70% y el 80% del trigo importado proviene de Rusia y Ucrania. Egipto, el mayor comprador de trigo del mundo, ya está experimentando una enorme presión sobre su programa de subsidios para el pan.

"Se calcula que el 70% de los pobres del mundo viven en África, por lo que el continente también estará "muy expuesto" al aumento de los precios de los alimentos y la energía", destaca Rabah Arezki, profesor de la Kennedy School of Government de Harvard y ex economista jefe del Banco Africano de Desarrollo citado por CNN.

"Ahora las sanciones impuestas contra Rusia corren el riesgo de causar grandes problemas a los países pobres con pocas reservas. Sri Lanka es el primer ejemplo de ello. Es probable que otros países, muy posiblemente Bangladesh, también tengan dificultades. Los propios países occidentales están destruyendo la economía global que ellos mismos crearon", declaró a Nezavisimaya Gazeta Dmitri Mosyakov, jefe del Departamento de Asia Sudoriental del Instituto de Estudios Orientales de la Academia de Ciencias de Rusia.



El papel de Estados Unidos en la guerra Rusia - Ucrania y el fantasma del holocausto nuclear
El lingüista, filósofo, escritor y analista político, considerado un referente intelectual en todo el mundo, analiza la crisis desatada en el este europeo y, sobre todo, se pregunta, y responde, qué se puede y debe hacer para detenerla.
Por Noam Chomsky


Noam Chomsky: El papel de Estados Unidos en la guerra Rusia - Ucrania y el fantasma del holocausto nuclear.


Noam Chomsky es profesor emérito del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), el lingüista vivo más importante del mundo y el intelectual comprometido con su tiempo más reconocido a nivel internacional. Hace muchos años el centro de sus preocupaciones sociales está concentrado en el papel que juega su país, Estados Unidos, en el tablero político internacional. Por eso era tan esperada su voz alrededor del conflicto entre Rusia y Ucrania.

Chomsky fue invitado a participar en el "Seminario Internacional sobre Resolución de Conflictos en el marco del Derecho Internacional ante la invasión de Ucrania", organizado por la Universidad Carlos III de Madrid.

En su conferencia, realizada el 30 de marzo pasado, Chomsky explica los limitados alcances que tienen la condena a "la violencia criminal, la miseria y la catástrofe en potencia" o las sanciones internacionales y se concentra en dos preguntas fundamentales: "¿qué se puede hacer para acabar o al menos mitigar esos horrores? y ¿cómo surgió la situación, qué podemos aprender de ello?

Con ese punto de partida, analiza las "reglas" que caracterizan el derecho internacional, los antecedentes de Estados Unidos en el mundo en general y en Ucrania en particular y la necesidad de movilizarse para conseguir una salida diplomática al conflicto, la única posible si se tienen en cuenta los sufrimientos de los ucranianos y la posible escalada hacia un holocausto nuclear. Sus posiciones se reproducen completas a continuación:

Noam Chomsky sobre el papel de Estados Unidos en la guerra Rusia - Ucrania

La cuestión más importante a la que nos enfrentamos es, por mucho, qué deberíamos estar haciendo para aliviar la violencia criminal, la miseria y una catástrofe en potencia. Lo detallaré más adelante, pero antes pueden venir bien unas aclaraciones.

Un comentario que debería ser superfluo, pero que desafortunadamente no lo es, afecta a uno de los principios morales más elementales: habría que centrar la energía y la atención en lo que más sirve para el hacer bien. Con respecto a los asuntos internacionales, significaría fijarse en lo que hace tu propio Estado, sobre todo en sociedades más o menos democráticas en las que los ciudadanos tienen alguna posibilidad de influir en los resultados finales. Decir que lo que ocurre no responde a ese principio elemental sería quedarse muy corto.

Hay un comentario que se le atribuye a Gandhi cuando le preguntaron lo que pensaba sobre la civilización occidental. Su respuesta fue que creía que estaría bien. Lamentablemente, esa respuesta también vale para el derecho internacional. Estaría bien si le interesara a los estados.

El estado más importante es, irrefutablemente, Estados Unidos, que lleva dominando la sociedad mundial desde la Segunda guerra mundial, reemplazando al Reino Unido y Francia. Como cabe esperar, ha adoptado las políticas de sus antecesores: desdén absoluto por el derecho internacional, tanto de palabra como de hecho, combinado con alabanzas a su propia nobleza.

Estados Unidos tiene una Constitución que se supone que deberíamos venerar todos. El Artículo VI declara que todos los tratados válidos son la "ley suprema del país". Aquí se incluye la Carta de Naciones Unidas, pilar del derecho internacional moderno. La Carta prohíbe la "amenaza o el uso de la fuerza", excepto en condiciones que casi nunca se dan. Cada presidente de los EE.UU. vulnera alegremente la Constitución. Lo he mencionado alguna vez en facultades de derecho. A nadie le importa.

Moral, derecho y política internacional

A menudo escuchamos proclamas sobre la santidad del derecho internacional. Sin embargo, los que hacen las proclamas adoptan el principio creado por Atenas al enfrentarse a Melos, mucho más débil: ríndete o serás destruido. La moralidad y el derecho son irrelevantes: "El fuerte hace lo que puede y el débil sufre lo que debe", como resumió Tucídides en el principio imperante. En la práctica, eso es el derecho internacional.

Eso no quiere decir que debamos ignorar la moralidad y el derecho como Atenas y sus imitadores contemporáneos. La moralidad y el derecho pueden ser útiles con fines educativos y como directrices para contribuir a un mundo mejor, un mundo bastante distinto de este mundo.

Fijémonos en este mundo. Lamentablemente es demasiado fácil hacer un inventario de historias horribles. En cada caso, la pregunta crucial es ¿qué se puede hacer para acabar o al menos mitigar esos horrores? Otra pregunta sería ¿cómo surgió la situación, qué podemos aprender de ello?

Los casos de Afganistán, Yemen y Gaza

Un ejemplo verdaderamente aterrador es Afganistán. Millones de personas literalmente se enfrentan a la inanición, una tragedia colosal. Hay comida en los mercados, pero con todos sus fondos bloqueados en los bancos internacionales, la gente con poco dinero tiene que ver cómo sus hijos mueren de hambre.

¿Qué podemos hacer? No es ningún secreto: Presionar al gobierno de los EE.UU. para que libere los fondos de Afganistán, custodiados en bancos de Nueva York para castigar a los pobres afganos por osar resistirse a los 20 años de guerra de Washington. La excusa oficial es aún más vergonzosa: los EE.UU. deben retener los fondos de los afganos hambrientos por si los estadounidenses quieren resarcirse por los crímenes del 11-S de los que los afganos no son responsables.

Recuerdo aquí que los talibanes ofrecieron su total rendición, lo que habría implicado entregar a los sospechosos de al-Qaeda, pero los EE.UU. respondieron rotundamente que "no negociamos rendiciones". Fue el secretario de defensa, Donald Rumsfeld, principal artífice de la guerra, secundado por George W. Bush.

Podemos hacer muchas cosas y aprender muchas lecciones si logramos despojarnos de los poderosos sistemas de propaganda occidentales y mirar a los hechos como son.

Pasemos a otro caso. Lo que la ONU describe como la peor crisis humanitaria del mundo: Yemen. El número oficial de víctimas alcanzó el año pasado las 370.000 personas. El número real no se conoce. El país, destrozado, se enfrenta a la hambruna generalizada. Arabia Saudita, la principal culpable, ha ido intensificando el bloqueo al único puerto que se usa para la importación de alimentos y combustible. La ONU está emitiendo advertencias extremas de que cientos de miles de niños se enfrentan a una inanición inminente. Esto viene secundado por especialistas estadounidenses, entre los que destacan Bruce Riedel de la Brooklings Institution, antiguo analista principal de la CIA para Oriente Medio durante cuatro presidencias, quien sostiene que las ofensivas saudíes se deberían investigar como crímenes de guerra.

¿Podemos hacer algo? Sí. Todo. Las fuerzas aéreas saudíes y emiratíes no pueden funcionar sin aviones, formación, inteligencia o repuestos estadounidenses. Eso se puede acabar. Una orden de los EE.UU., salvaría cientos de miles de niños de una muerte de hambre inminente. El Reino Unido y otras potencias occidentales también participan del crimen, pero los EE.UU. están muy adelante.

Por tanto, podemos salvar a la población de un sufrimiento indescriptible y podemos aprender algo, sí así lo queremos. Pero en lugar de ello, preferimos declaraciones grandilocuentes sobre crímenes y enemigos, lo que resulta mucho más fácil y práctico. Nada nuevo. No lo ha inventado los EE.UU., pero como poder hegemónico mundial, EE.UU. está al frente de la desgracia.

No es difícil encontrar más ejemplos. Veamos la mayor prisión a cielo abierto del mundo, Gaza, donde dos millones de personas, la mitad de ellos niños, viven "a dieta", como lo llaman sus carceleros: suficiente para sobrevivir, porque un genocidio en masa no quedaría bonito, pero poco más. Tienen poca agua potable. Se han destrozado el alcantarillado y las centrales eléctricas con repetidos ataques de los que no se libran hospitales, residencias, población civil en general y todo sin un pretexto creíble. El despliegue cotidiano de violencia sirve para advertir a los súbditos para que no se rebelen. Las autoridades internacionales predicen que pronto la prisión será literalmente inhabitable.

Las cosas no van mejor en la otra parte de los territorios ocupados, donde colonos y ejército no solo someten a los palestinos a un terror diario, sino que también les expulsan de sus aldeas destrozadas para hacer sitio a más asentamientos ilegales. Ya ni se habla de la anexión de los Altos del Golán o la gran ampliación de Jerusalén, que vulneran las estrictas órdenes del Consejo de Seguridad, pero fueron reconocidos oficialmente por la administración Trump, que también autorizó la ocupación del Sahara Occidental por Marruecos, quebrantando órdenes del Consejo de Seguridad y la Corte Internacional de Justicia. Así que es totalmente normal que, al día de hoy se festeje una reunión entre Israel, Marruecos y las dictaduras asesinas árabes como un maravilloso paso hacia la paz y la justicia gracias a la benevolencia estadounidense.

¿Podemos hacer algo? No hay más que decir. ¿Podemos aprender algo? No es difícil.

La invasión de Ucrania

Podríamos seguir tranquilamente, pero vamos a dejar la lista de historias de terror para concentrarnos en el tema actualmente candente, y con razón: la invasión rusa de Ucrania que, por su carácter, aunque no por su escala, se sitúa junto a otros grandes crímenes de guerra como la invasión de Irak por parte de EEUU y Reino Unido, la invasión de Polonia por Hitler y Stalin y otros sombríos episodios de la historia moderna.

La tarea inmediata es acabar con los crímenes que están devastando Ucrania. Si le preocupase en lo más mínimo el destino de las víctimas ucranianas, lo que EE.UU. debería hacer es acceder a participar en los esfuerzos diplomáticos para poner fin al ataque y plantear un programa constructivo para facilitar este resultado. Y se le debe presionar para que lo haga.

Es bien sabido cómo sería un programa constructivo. Su elemento principal es la neutralidad de Ucrania: sin adhesión a alianzas militares hostiles, ni albergar armas que apunten a Rusia, ni ejecutar maniobras con fuerzas militares hostiles. Un estatus bastante parecido al de México y, de hecho, de todo el hemisferio occidental que no puede entrar en una alianza militar dirigida por China, instalar armamento chino apuntado a los EE.UU. en la frontera ni ejecutar maniobras con el Ejército de Liberación Popular chino.

En resumen, un programa constructivo sería lo contrario a la política oficial actual de EE.UU. formalizada en una declaración conjunta sobre la alianza estratégica EE.UU.-Ucrania firmada en la Casa Blanca el 1 de septiembre de 2021. Este documento, críticamente importante, suprimido en EE.UU. y supongo que en todos lados, declaraba que Ucrania debía ser libre de adherirse a la OTAN. Para justificarlo, Washington utilizaba la teoría sobre la santidad de la soberanía que ruboriza a los círculos civilizados, particularmente del Sur Global, que saben bien por amarga experiencia que EE.UU. es el abanderado del desprecio a la soberanía.

Sigamos con la Declaración conjunta. La cito: "se ha construido un marco estratégico de defensa que sienta los cimientos para intensificar la cooperación estratégica de defensa y seguridad entre EE.UU. y Ucrania", ofreciendo a Ucrania armas avanzadas antitanques, entre otras, junto con un "sólido programa de formación y entrenamiento para mantener el estatus de Ucrania como socio de la OTAN". Esto es de septiembre pasado.

Este sorprendente documento, que no es público (sí es público, pero no está registrado), incrementa el desdeñoso desprecio de Washington por las preocupaciones rusas desde que Clinton quebrantara en 1998 la firme promesa de George H. W. Bush de no ampliar la OTAN hacia el Este, una decisión que desató las advertencias de diplomáticos de alto nivel como George Kennan, Henry Kissinger, el embajador Jack Matlock, el director de la CIA William Burns y muchos otros; e hizo que el secretario de defensa William Perry casi dimitiera como protesta. Esto se suma por supuesto a las medidas agresivas de Clinton y sus sucesores que afectaron directamente a intereses rusos (Serbia, Irak, Libia y otros crímenes menores), realizadas para que se maximizara la humillación.

Ya que ha habido mucho encubrimiento y disimulo sobre las promesas de Bush y Baker a Gorbachov, tal vez convenga citar literalmente al Archivo de Seguridad Nacional:

«El secretario de estado, James Baker, concuerda con la declaración de Gorbachov en respuesta a la declaración de que "la expansión de la OTAN es inaceptable". Barker aseguró a Gorbachov que "ni el Presidente ni yo tenemos la intención de sacar rédito unilateral de los acontecimientos" y que los estadounidenses han comprendido que "no solo es importante para la Unión Soviética, sino también para otros países europeos, que se garantice que si los EE.UU. mantienen su presencia en Alemania en el marco de la OTAN, la jurisdicción militar actual de la OTAN no se extenderá al este ni una pulgada más".

Sin reservas, sin ambigüedades, directo y claro.

Volviendo a la Declaración conjunta de Septiembre de 2021 fue, por supuesto, muy incendiaria. Es muy posible que haya influido en la decisión de Putin de intensificar la movilización anual de fuerzas en la frontera ucraniana para atraer la atención sobre los intereses de seguridad rusos, llegando en este caso a una agresión criminal directa.

Por qué Estados Unidos no apoya la salida diplomática

Un elemento central en un programa constructivo es la neutralidad, que de hecho ya ofreció Zelensky y no respaldó EE.UU. Es sabido que no se puede saber si funcionará la diplomacia si no se la intenta. Por ahora los EE.UU., con el apoyo de sus aliados, se niegan a hacerlo condenando a los ucranianos a un destino sombrío.

Solo se puede especular sobre los motivos para ello, pero es importante reconocer que Putin le ha dado a Washington un regalo maravilloso. Metió a Europa hasta el fondo del bolsillo de Washington. Y este ha sido un tema de primer orden en los asuntos globales desde la Segunda Guerra mundial.

A lo largo de la Guerra Fría, Europa tuvo una opción. ¿Debería estar subordinada a los EE.UU. en el marco OTAN-Atlantista? ¿O debería perseguir la visión de un "hogar común europeo" del Atlántico a los Urales o incluso de Lisboa a Vladivostok, sin alianzas militares, que se convertiría en una "tercera potencia", un actor independiente en asuntos mundiales? Esta es la propuesta que hizo Charles de Gaulle, estaba implícita en la Ostpolitik de Willy Brandt y Gorbachov la dejó muy clara cuando se derrumbó la Unión Soviética.

Por supuesto, EE.UU. se opuso frontalmente, a menudo de forma muy esclarecedora. Se dio un caso hace 50 años cuando los EE.UU. preparaban el golpe militar que derrocaría la democracia parlamentaria en Chile e instauró el despiadado régimen de Pinochet. El artífice del crimen, Henry Kissinger, lo explicó así: el "virus" de la reforma social democrática de Allende podría "contagiarse" a otros sitios y llegar a España o Italia amenazadas por iniciativas reformistas de izquierdas. Dichas consideraciones han sido un principio rector para la política exterior estadounidense, igual que para la de sus predecesores imperialistas. De hecho, volviendo a Atenas, su ultimatum a Melos tenía motivaciones similares: que su "neutralidad" no se extendiera a otras islas griegas. Este es un principio fundamental en asuntos mundiales

Por ahora, las iniciativas de Putin sirvieron para descartar la perspectiva de una Europa independiente. Eso es un regalo inconmensurable para la política imperial de EE.UU. Puede que Washington esté muy satisfecho con cómo se están desarrollando los crímenes en Ucrania. Tal vez, como ha sugerido recientemente Hillary Clinton, se dé la posibilidad de apoyar una insurgencia como la de Afganistán, que devastó el país mientras bloqueaba los intentos rusos de retirarse (como intentaban hacer desde un principio según queda claro en los archivos rusos liberados), y que también contribuyó al hundimiento de la Unión Soviética.

Nunca se atribuyó el mérito por haber instigado a Rusia a invadir Afganistán, pero el asesor de Seguridad Nacional de Carter, Zbigniew Brzezinski, un célebre analista estratégico, explicó que el destino de millones de afganos apenas se puede comparar con la caída de la economía mundial o con el destino de millones de ucranianos.

Qué se puede hacer

Volviendo a las preguntas principales ¿Podemos hacer algo para evitar la masacre? ¿Podemos aprender algo? Parece obvio que la respuesta a ambas preguntas es un "sí" rotundo.

Aparte de los horrores que se muestran cada día en las portadas y que se visibilizan bien cuando el enemigo es el responsable, hay sucesos en camino mucho más macabros. Algunos ya están ocurriendo, otros están demasiado cerca para que estemos tranquilos.

Ya se siente el agudo retroceso en los intentos de reducir el uso de combustibles fósiles, lo que constituye prácticamente una sentencia de muerte. La euforia en las sedes de las petroleras es incluso mayor que la alegría desatada en las oficinas de los fabricantes de armas. Las petroleras exigen que se les reconozca como salvadores de la civilización mientras se los autoriza a dedicar cada vez más esfuerzos en destruir el futuro de la vida humana en la Tierra. Por no hablar de la ingente cantidad de especies que estamos destrozando desenfrenadamente.

Esto está ocurriendo mientras nos llega el análisis más acuciante hasta ahora del IPCC, la agencia internacional que vigila la evolución del clima. En su presentación de agosto, advierte que tenemos que reducir de inmediato el uso de combustible fósil, y luego avanzar sustancialmente cada año, si queremos evitar puntos de no retorno que ya no quedan muy lejos. Ni un demonio perverso habría elucubrado una situación como la actual: por un lado, intentos enormes de aumentar el uso de combustibles fósiles "para salvar la civilización" y por el otro el reconocimiento de que hay que reducirlo sin demora para evitar una catástrofe inimaginable.

El fantasma de la guerra nuclear

Esa es la situación actual. Y eso no es todo. La crisis de Ucrania amenaza con una guerra nuclear; lo que significa una guerra terminal. No se escapa nada. El país que lance el primer ataque quedará destrozado hasta tal punto que los afortunados serán los que mueran rápido. Y eso no es una perspectiva remota. Putin ya emitió una alerta nuclear, probablemente simbólica, pero no sabemos dónde podría acabar.

Rusia tiene un sistema de alerta muy débil. Depende del radar, que solo llega al horizonte, a diferencia de EE.UU. que usa detección por satélite y advierte a la primera señal de ataque inminente. Rusia apenas tiene alertas de ataque y, por lo tanto, podría hacer un ataque devastador incluso en caso de accidente, como los que han ocurrido muchas veces y en los que la intervención humana ha evitado la destrucción total.

La amenaza empeoró mucho cuando Trump desmanteló el Tratado INF entre Reagan y Gorbachov, dejando a Moscú a pocos minutos de misiles nucleares colocados cerca de sus fronteras. Tras la expansión de la OTAN realizada por Clinton y sus sucesores, el desmantelamiento del tratado ABM que hizo George W. Bush tuvo consecuencias similares.

Según las encuestas, más de un tercio de los estadounidenses están a favor de "tomar medidas militares (en Ucrania) aunque esté en juego la guerra nuclear con Rusia". Eso significa que más de un tercio de los estadounidenses obviamente no tienen la menor idea de lo que significa un conflicto nuclear y escuchan proclamas heroicas en el Congreso y los medios sobre crear una zona de exclusión aérea, algo que hasta ahora está evitando el Pentágono porque entiende que eso requeriría destruir instalaciones antiaéreas en Rusia y, probablemente, pasar a una guerra nuclear.

Dejando de lado esta locura, resulta obvio para cualquiera que tenga un cerebro funcionando que, nos guste o no, habrá que ofrecer a Putin algún tipo de salida, al menos si nos preocupa algo el destino de los ucranianos y del mundo. Desafortunadamente, parece que los atrevidos y descerebrados imitadores de Winston Churchill son más atractivos que preocuparse por las víctimas de Ucrania y más allá.

¿Qué podemos hacer? La única opción es trabajar con fuerzo educando, organizando y realizando acciones que consigan comunicar las amenazas que enfrentamos y movilizar al conjunto. No es una tarea sencilla. Pero es necesaria para sobrevivir.



sábado, 9 de abril de 2022

La opinión de un periodista en The Guardian: “La soberanía británica sobre las Malvinas es una absurda resaca imperial que debe terminar”
Simon Jenkins, autor de un libro sobre la guerra de 1982, aboga en un artículo por una negociación entre la Argentina y Gran Bretaña y cuestiona la autonomía de los isleños.


El cartel de bienvenida a Stanley, el nombre británico de la capital de las Malvinas (Puerto Argentino)


“La soberanía británica sobre las Malvinas es una absurda resaca imperial que debe terminar”. Este es el título provocador de una columna publicada en The Guardian por Simon Jenkins, periodista del diario británico y autor del libro The Battle for the Falklands (La batalla por las Malvinas), con motivo de los cuarenta años desde el comienzo de la guerra en Malvinas en el que la Argentina buscó recuperar las islas y que terminó con 649 soldados argentinos, 255 británicos y tres isleños muertos.

“Este abril es el 40 aniversario del inicio de la guerra de las Malvinas. Menos conocido es que es el 41 aniversario de un último intento del gobierno británico de conceder la soberanía sobre las islas al enemigo en esa guerra, la Argentina”, comienza el texto de Jenkins, que luego abunda sobre las negociaciones que se desarrollaban en el marco del Comité de Descolonización de la ONU y que buscaba “asegurar el autogobierno de las islas bajo un contrato de leasing a largo plazo de Argentina”. “Si hubieran tenido éxito, se podría haber evitado la guerra, resuelto una disputa imperial arcaica y traído a los isleños la paz con sus vecinos”, expone Jenkins.

El autor propone retomar una idea de un funcionario del gobierno laborista de James Callaghan (1976-1999) de acordar una suerte de contrato de leaseback, que implica el reconocimiento de la soberanía argentina y la concesión del uso del territorio a los isleños a largo plazo.


El artículo de Simon Jenkins en The Guardian.


Sin embargo, el acuerdo no se alcanzó por varios factores, menciona el autor: rechazo en las islas, entre los conservadores británicos y “un régimen militar beligerante bajo el mando del general Galtieri que tomó el poder en Buenos Aires y tenía otras ideas”.

“En abril de 1982, el régimen tomó las islas por la fuerza, solo para ser expulsado de ellas por un taskforce británico dos meses después. No se llegó a un acuerdo de paz y las Malvinas se convirtieron en una fortaleza asediada en el Atlántico Sur, con tropas, aviones y buques de guerra en una estación permanente”, continúa.

Según el periodista, “la guerra le costó a Gran Bretaña alrededor de 2800 millones de libras esterlinas (9500 millones de libras esterlinas al valor actual) y la defensa de las islas cuesta más de 60 millones de libras esterlinas al año”. “En 2012 se estimó que los contribuyentes británicos pagaron más de 20.000 libras esterlinas por isleño solo para defensa, y aproximadamente un tercio de la población trabajaba para el gobierno. A diferencia de otras antiguas colonias como Gibraltar, las relaciones con el estado-nación más cercano son débiles. Aunque viven en un territorio británico de ultramar técnicamente autónomo, los isleños dependen totalmente de Gran Bretaña”, completa.

De las negociaciones a la guerra

En relación a las conversaciones previas a la guerra de 1982, Jenkins habla de negociaciones que comenzaron en la década del 60 y que encontraron un hito en 1971, con un acuerdo de comunicaciones que habilitó una conexión de hidroaviones desde la isla a la Argentina, con acceso a turistas, hospitales, escuelas y comercio. “Inicialmente funcionó. Los isleños obtuvieron becas en las escuelas del continente y cientos de turistas argentinos visitaron Port Stanley [ndr: en la Argentina llamado Puerto Argentino]. La confianza no duró. Un Londres tacaño objetó el costo de administrar las islas y construir un aeródromo. La Argentina se tambaleó hacia un período neoperonista belicoso. Hubo disputas sobre los pasaportes, se produjeron ‘desembarcos’ argentinos en las islas exteriores y se exigieron nuevas conversaciones sobre la soberanía”, continúa.

Años después, en 1977, un funcionario del gobierno del laborista James Callaghan, Ted Rowlands, convenció a los isleños “de que se necesitaba alguna concesión, como una concesión de soberanía a la Argentina a cambio de un leaseback de 99 años o más de Gran Bretaña”, una idea que cayó junto al gobierno en 1979, para dar paso al de la conservadora Margaret Thatcher.

“El subsecretario de Thatcher, Nicholas Ridley, se hizo cargo del informe de las Malvinas, pero careció del tacto de Rowlands. Ya había una intensa presión del Tesoro por recortes. Una revisión de defensa y los planes para retirar al HMS Endurance de su patrulla del Atlántico Sur sugirieron a la Argentina que Gran Bretaña estaba perdiendo interés en el área. Ridley todavía estaba decidido a llegar a un acuerdo, pero se encontró con la resistencia del feroz lobby pro-isleño en el parlamento. Thatcher no se opuso a la transferencia de soberanía, pero insistió en que no se hiciera nada sin el consentimiento de los isleños”, según el periodista.


Foto de archivo de 1980 que muestra a la Primera Ministra británica Margaret Thatcher. Gerald Penny - AP


Para entonces, en la Argentina ya se planeaba el desembarco en las islas, algo de lo que estaban al tanto las dos partes. “Esto estaba planeado para junio, a mediados del invierno en el Atlántico Sur, pero fue adelantado por unidades navales que explotaban la ocupación de las vecinas islas Georgias del Sur por un grupo de comerciantes argentinos de chatarra. Temiendo una respuesta británica, Buenos Aires apostó por una invasión total. Si hubiera aguantado hasta junio, es muy poco probable que Gran Bretaña se hubiera arriesgado a una guerra de invierno”.

“En ningún momento de esta saga hubo alguna señal desde Londres de que Gran Bretaña estuviera desesperada por aferrarse a las Malvinas”, dice el periodista y agrega que el costo de la guerra “fue enorme y la disputa estaba arruinando las relaciones con una América del Sur entonces resurgente”, además de cuestionar que desde entonces no se reanudaron las conversaciones sobre “descolonización” en Nueva York.

Un símbolo

Jenkins reconoce un intento por retomar las negociaciones de David Cameron en 2013, pero “él apenas se atrevió a aventurar una respuesta más allá de repetir el veto isleño de Thatcher”. “Cualquier idea de progreso era inútil: para los conservadores, las Malvinas se habían convertido en un monumento a la era de Thatcher y todo lo que representaba”.


Cementerio de Darwin en las islas Malvinas.


“¿No podría Gran Bretaña superar la hostilidad? ¿No podrían los dos países, ambos ahora democracias, volver al menos a los acuerdos de comunicación de las Malvinas de la década de 1970?”, se pregunta el periodista hacia el final del artículo, y tilda de “pista falsa” la aproximación al tema de la autodeterminación de las Malvinas: “Los isleños no son autónomos, ya que dependen de la buena voluntad de Gran Bretaña para su seguridad”.

“La solución del leaseback buscada por Rowlands, Ridley y otros honra la geografía, la historia, la diplomacia y la economía. Es sentido común. Más de 60 millones de libras esterlinas al año en defensa militar para las islas no lo es. Si los políticos de Londres no tienen las agallas para buscar un trato con Buenos Aires, quizás los isleños deberían enfrentar el futuro y buscar uno para ellos”, concluye.



Impulsan la elaboración de cervezas y whiskies a partir de una levadura autóctona de la Patagonia
La Universidad del Comahue utilizará la levadura Euby para producir un componente líquido de alta calidad que contribuirá a promover la producción de bebidas alcohólicas en la región.
Por Diego Graglia


El investigador Diego Libkind, en el laboratorio (Foto: Gentileza Prensa del Gobierno de Río Negro).


La Universidad Nacional del Comahue (UNCo) comenzó a desarrollar la elaboración de cervezas y whiskies en Río Negro a partir de la producción de levaduras de alta calidad en formato líquido, basadas en la levadura autóctona Euby. La propuesta es dirigida por el director del Instituto Andino Patagónico de Tecnologías Biológicas y Geoambientales (IPATEC), el investigador del CONICET Diego Libkind.

La planta de propagación de levaduras de IPATEC, que funciona dentro del Centro Regional Universitario Bariloche (CRUB), incrementará la elaboración de levadura líquida. Este producto tiene una mejor y más rápida capacidad de fermentación y actividad, y acrecentará la calidad de las cervezas y los whiskies que se producen en la región andino-patagónica. La propuesta también incluye la toma de muestras de la producción de las cervecerías y destilerías para hacer un análisis completo que permita optimizar procesos, mejorar las condiciones de operativas y lograr un mejor producto final.

El proyecto cuenta con el financiamiento del Ministerio de Desarrollo Productivo de la Nación y forma parte del Programa de Proyectos Federales de Innovación (PFI) del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación de Nación. “La idea es escalar nuestra capacidad de producción desde los 20 a 25 litros a 250, producir diez veces más levadura líquida para poder abastecer a los productores que han crecido mucho y nosotros nos hemos quedado un poco atrás”, explicó Libkind en diálogo con el Suplemento Universidad.

Además, la implementación y uso de la levadura Euby para procesos industriales permitirá lograr una mayor identidad en las cervezas y los whiskies de la región. “El productor patagónico tiene la posibilidad de hacer una cerveza única con el agua de los glaciares, la cebada argentina, el lúpulo patagónico, y esta levadura que cierra el círculo que permite un producto novedoso y atractivo”, expresó.

El hongo Llao Llao, típico de la zona de Bariloche, resultó ser el hábitat ideal de la levadura Euby por las características que posee. Solo crece de forma salvaje en troncos y ramas de algunas especies nativas como el coihue, la lenga y el ñire, que en primavera producen unas estructuras redondas amarillas que contienen azúcares y son un hábitat óptimo para las levaduras.

El hallazgo en 2011 de esta levadura nativa de la Patagonia recorrió el mundo y puso a Bariloche como centro de atención de los productores cerveceros a nivel internacional. Euby era la “madre” de la levadura Lager, insumo básico de la mayoría de las cervezas industriales. Hasta entonces se había ignorado el origen de la fermentación, aunque aún resta saber cómo fue el camino de la levadura desde el sur de América hasta Europa, cuna de la Lager.

Para Libkind, “los beneficios de la levadura Euby son varios, ya que la posibilidad de contar con un insumo local que es la madre de la levadura Lager es una herramienta con una potencia comunicacional y de marketing enorme, y va a permitir a los productores locales de cerveza y whiskies producir un nuevo producto, con la fuerza de la palabra Patagonia detrás”.



jueves, 7 de abril de 2022

Los argentinos seleccionados para una competencia de satélites auspiciada por la NASA


Los estudiantes del ITBA seleccionados para participar en la competencia de satélites con auspicio de la NASA. Imagen: itba.edu.ar


Estudiantes del Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA) fueron seleccionados como finalistas de CanSat, una competencia anual que tiene por objetivo diseñar, construir y lanzar un satélite a escala y que cuenta con el auspicio de la NASA.

El concurso es organizado anualmente por la American Astronautical Society (AAS), que cuenta con el auspicio de la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA) y Lockheed Martin, y la gran final se realizará entre el 9 y el 12 de junio en la Universidad Virginia Tech, en los Estados Unidos.

Así, tras superar la etapa clasificatoria entre enero y febrero, de la cual participaron más de 100 equipos, el proyecto presentado por el grupo de la Universidad fue seleccionado como representante nacional.

La iniciativa es llevada a cabo por los alumnos María Candelaria Ruiz Casas, Franco Nicolás Estévez, Jorge Pedro Torres, Juan Bautista Valero, Malena Vásquez Currie, Manuel Luque Meijide, Matías Calamaro, Tamara Raquel Canillas, Tomás Donadu y Tomislav Marko Separovic; y contaron con la coordinación de la directora del Departamento de Investigación y Doctorado del ITBA, Mariana Di Tada.

"Estamos muy contentos ya que es el resultado de un proceso que comenzó hace dos años cuando participamos por primera vez del concurso, donde, si bien llegamos a la final, por las condiciones epidemiológicas no pudimos viajar. En esta oportunidad, esperamos aprovechar esta experiencia y representar al ITBA y la Argentina", destacaron los alumnos.

En la final participarán otros 19 equipos internacionales, donde se llevará a cabo la evaluación del satélite creado y un lanzamiento utilizando cohetes provistos por la NASA.

En tanto, los criterios de evaluación se basan en comprobar que pueda completar el vuelo de forma satisfactoria a 700 metros de altura, desplegando dos paracaídas independientes, y transmitiendo datos en vivo a una estación de control en tierra.

Además deberá desplegar un satélite secundario que grabará el descenso a velocidad controlada.



Conflicto Ucrania-Rusia: impacto en la actividad espacial (6ta semana)



06/04/22
Un robot de ExoMars es el solitario rehén espacial de Rusia
La misión espacial ruso-europea ExoMars debía continuar en septiembre. Pero la guerra en Ucrania alteró el proyecto, quizá definitivamente.


Prototipo del robot Rosalind Franklin, de la misión ExoMars.


El director del programa espacial de Rusia, Dmitri Rogozin, afirmó que la normalización de los lazos entre los socios que participan en la Estación Espacial Internacional (ISS) y otros proyectos espaciales conjuntos solo será posible si se levantan las sanciones occidentales contra Moscú.

Rogozin, jefe de Roscosmos, dijo en una publicación en redes sociales que el objetivo de las sanciones es "matar la economía rusa y hundir a nuestra gente en la desesperación y el hambre, para poner de rodillas a nuestro país". Agregó que "no lo lograrán, pero las intenciones son claras".

La suspensión de la cooperación bilateral también fue confirmada por el director general de la Agencia Espacial Europea, Josef Aschbacher.

Las consecuencias repercuten ya en una gran misión conjunta, cuyo próximo lanzamiento estaba programado para septiembre. Se trata de la próxima etapa del proyecto ExoMars, que transportaría un vehículo robot fabricado en Reino Unido y bautizado como Rosalind Franklin, en memoria de una destacada científica británica.


Aterrizaje del módulo Schiaparelli, de ExoMars, en Marte


ExoMars tiene en marcha otras etapas, e incluso el módulo europeo Schiaparelli se encuentra ya explorando la superficie marciana.

El rehén espacial de Rusia

Fabricar el robot Rosalind Franklin tuvo un costo de 85 millones de libras esterlinas, y su desarrollo, a cargo de la Agencia Espacial Europa, se prolongó a lo largo de 15 años. La labor fundamental del artefacto consistiría en hacer perforaciones profundas en el suelo de Marte a fin de encontrar posible rastro de vida durante diferentes etapas del "planeta rojo".

Como consecuencia de la invasión a Ucrania, y de las ulteriores sanciones a Rusia por parte de numerosos países, el lanzamiento del robot, y de toda la misión, se postergará por lo menos dos años, según expertos consultados por el diario The Guardian.

El equipo de la misión ExoMars sería llevado a Marte a bordo de un poderoso cohete espacial ruso, pero toda cooperación espacial entre Rusia y Europa se ha visto congelada por la guerra en Ucrania.


Centro de control de la misión ExoMars en Darmstadt, Alemania


Incluso, la prórroga podría prolongarse toda la década, afirma uno de los especialistas consultados por el diario. "Y para entonces, la tecnología de la misión podría haber quedado obsoleta", agrega.

Problemas para la EEI

Rogozin agregó que las propuestas de Roscosmos sobre cuándo terminar la cooperación con las agencias espaciales de Estados Unidos, Canadá, la Unión Europea y Japón serán dirigidas pronto a las autoridades rusas. Anteriormente dijo que las sanciones podrían "destruir" la asociación entre Estados Unidos y Rusia en la Estación Espacial Internacional.

A pesar de las tensiones, un astronauta estadounidense y dos cosmonautas rusos aterrizaron a salvo en Kazajistán el miércoles después de abandonar la estación espacial a bordo de la misma cápsula.



Islas Malvinas: medio británico hizo encuesta y la mayoría se mostró a favor de la soberanía argentina
El portal Declassified lanzó la pregunta en sus redes sociales, en la que tan solo un 21% considera que Reino Unido debería conservarlas.


El 49% de los consultados está a favor de la soberanía argentina sobre las islas Malvinas.


Una encuesta realizada por un medio británico en las redes sociales mostró que el 49% de los consultados está a favor de la soberanía argentina sobre las islas Malvinas, mientras que solo el 21% considera Reino Unido que debería conservarlas.

En las otras dos opciones, el 20% preferiría una soberanía compartida, y el 10% restante propuso otras opciones, como por ejemplo que los isleños decidan libremente sobre el tema.

El resultado fue visto por el secretario de Malvinas, Antártida y Atlántico Sur, Guillermo Carmona, que lo replicó en su cuenta de Twitter.



El medio periodístico publicó el lunes un artículo referido al reclamo argentino sobre el archipiélago y vierte dudas con respecto a Gran Bretaña.

"¿Reino Unido debe negociar con Argentina o desafiarla?", tituló Richard Norton-Taylor, el autor del texto que abre la página web del sitio.

En el texto señaló la reciente propuesta de negociación de Javier Figueroa, el embajador argentino ante el Reino Unido, y recordó que Margaret Thatcher ya se había mostrado dispuesta a hacerlo "incluso después de la ocupación de las islas hace 40 años".

"El embajador argentino en Gran Bretaña, Javier Figueroa, cuestionó por qué, si Gran Bretaña insiste en que no hay duda de su soberanía sobre las islas, accedió a negociar con Argentina durante muchos años hasta poco antes de la guerra de 1982, un conflicto que costó la vida a 258 británicos y 750 argentinos", indicó.

El embajador, en contacto con el medio, señaló que ambos países analizaron distintas salidas del conflicto, "desde la soberanía conjunta hasta un largo arrendamiento".

En ese sentido, Figueroa también puso como ejemplo el trabajo en cooperación con la Cruz Roja para la identificación de soldados argentinos NN en el cementerio de Darwin.

En un tono crítico, el autor de la columna encontró "paralelismos" entre "la invasión de Ucrania por parte de Vladimir Putin y la invasión de las Malvinas por parte del general Galtieri".

"Los autócratas recurrieron a la violencia por disputas sobre soberanía e integridad territorial. Y en ambos conflictos, el gobierno británico (junto con otros) se entregó a una gran dosis de ilusiones, ignorando las advertencias y malinterpretando las intenciones de las fuerzas hostiles", consideró.

Y añadió: "Durante años, Putin dejó en claro que tenía los ojos puestos en Ucrania. Y durante años, como lo dejan claro los documentos oficiales, los sucesivos gobiernos argentinos amenazaron a las Malvinas, o Malvinas, como las llama Argentina. Los sucesivos gobiernos británicos agonizaron sobre cómo responder. Y no actuaron".

En una síntesis histórica, el artículo pone entre interrogantes la soberanía británica en el archipiélago al afirmar que en 1829 el duque de Wellington había manifestado: “He leído detenidamente los documentos relacionados con las Islas Malvinas. No me queda claro que alguna vez hayamos poseído la soberanía de las Islas”.


Fuente: ambito.com

miércoles, 6 de abril de 2022

Los expertos dicen que el uso de Rusia de las capacidades contraespaciales podría hacer de 2022 un año "fundamental" para la seguridad espacial
Por Courtney Albon


Representación de un artista de un satélite GPS III en órbita. (Fuerza Aérea de EE. UU.)


COLORADO SPRINGS, Colo. — Desde la interferencia de satélites en Europa del Este hasta la prueba de Rusia de un arma antisatélite, los analistas que rastrean las amenazas contraespaciales dicen que el último año ha traído la confirmación de varias predicciones preocupantes, y que 2022 probablemente continuará con esas tendencias.

Secure World Foundation y el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales publicaron informes el lunes que describen las tendencias en la actividad contraespacial durante el último año y documentan el desarrollo y uso de armas espaciales. En los últimos años, los dos grupos de expertos de Washington, DC advirtieron sobre el aumento de las actividades contraespaciales y pronosticaron una mayor respuesta de los EE. UU. y otras naciones que realizan actividades espaciales.

Pero si 2021 confirma la tendencia, el próximo año podría ser "un punto de inflexión fundamental en la seguridad espacial", escribe CSIS en su informe, debido al uso de Rusia de capacidades contraespaciales como la interferencia de GPS y los ataques cibernéticos en su guerra contra Ucrania.

“Si el conflicto se extiende aún más al espacio con ataques más agresivos contra los sistemas espaciales, como el deslumbramiento con láser de los satélites de imágenes o los ataques cibernéticos contra las estaciones terrestres de satélites, podría convertirse en el primer gran conflicto en el que las armas contraespaciales desempeñen un papel importante”, afirma el informe. 

Hablando con los periodistas el viernes, Brian Weeden, de Secure World Foundation, señaló el ataque cibernético de fines de febrero contra el proveedor de comunicaciones Viasat y su sistema KA-SAT, que brinda Internet de alta velocidad para clientes en Europa del Este y el Mediterráneo, como un ejemplo del aumento en perturbación en la región. El ataque apuntó a las terminales terrestres del sistema en lugar del satélite en sí, lo que, según Weeden, es común.

Todd Harrison, director del Proyecto de Seguridad Aeroespacial en CSIS, dijo el viernes que es difícil cuantificar cuánta interferencia se ha producido desde el período previo a la invasión. Él y Weeden señalaron que la interferencia que se ha informado públicamente hasta la fecha proviene de sistemas terrestres en lugar de sistemas basados ​​​​en el espacio.

Con una mirada más amplia a las tendencias contraespaciales de 2021, el informe del CSIS destaca el uso creciente de interferencias y suplantación de identidad, que sigue con una predicción para 2020 de que tales incidentes aumentarían junto con la sofisticación de las armas contraespaciales. Según CSIS, 2021 vio un aumento tanto en la cantidad de incidentes como en su complejidad.

CSIS también identificó previamente a Rusia como la "nación más probable" para realizar pruebas contraespaciales. Rusia cumplió esa predicción en noviembre pasado, probando un ASAT de ascenso directo que se estima que creó al menos 1.500 piezas de escombros.

“Estas y otras tendencias identificadas indican que las armas contraespaciales ya no son tecnologías emergentes; muchas son sistemas completamente desarrollados, probados y operativos”, afirma el informe, y señala que si bien un pequeño número de naciones tiene armas contraespaciales más avanzadas, más países tienen acceso a capacidades de guerra cibernética y electrónica y están desarrollando armas contraespaciales ofensivas y defensivas para protegerse contra ataques y garantizar que puedan responder en caso de que sus activos en órbita sean atacados.

El informe de la Fundación Mundo Seguro hizo observaciones similares, explicando que si bien ha habido “investigación y desarrollo significativos de una amplia gama de capacidades destructivas y no destructivas en varios países”, las operaciones militares activas solo han presentado sistemas no destructivos.

Kaitlyn Johnson, subdirectora del Proyecto de Seguridad Aeroespacial en CSIS, dijo el viernes que independientemente de la intención de una nación, ya sea defensiva u ofensiva, todas estas capacidades contribuyen a una mayor militarización del espacio.

“Si bien puede expresar la forma en que está invirtiendo en estos sistemas para su propia audiencia nacional como una protección contra las armas contraespaciales, todavía está desarrollando armas contraespaciales”, dijo Johnson. “Estamos viendo una mayor militarización del dominio espacial sin muchas normas de comportamiento. . . . Y lo que hemos visto en la práctica no es una buena norma positiva para la seguridad, la estabilidad y la sostenibilidad. En realidad, es una norma realmente disruptiva”.

Junto con el desarrollo de capacidades, en los últimos años, más países han reestructurado sus organizaciones espaciales de seguridad nacional y están hablando públicamente sobre las amenazas a los sistemas espaciales, escribe CSIS.



domingo, 3 de abril de 2022

Crisis en Ucrania: África y Oriente Medio dejan en evidencia la doble moral de Occidente


© AFP 2022 / Fadel Senna


Mientras que buena parte de Occidente se enfila detrás de la postura de la OTAN en torno al conflicto en Ucrania, líderes de África y Oriente Medio exponen las miserias de EEUU y optan por la neutralidad, respetando lazos históricos con Rusia.

La embajadora de Sudáfrica ante las Naciones Unidas, Mathu Joyini, aprovechó un debate en la Asamblea General de la ONU sobre el conflicto en Ucrania para regañar a Estados Unidos por sus pasadas incursiones militares como la de Irak.

Cuestionó que Estados Unidos y sus aliados occidentales cometan violaciones de la Carta de la ONU y ahora busquen simplemente una ventaja geopolítica sobre Rusia.

"Aparte de los amigos y aliados militares más cercanos de Estados Unidos en el oeste y el este de Asia, la mayor parte del mundo no está interesada en unirse a la campaña dirigida por Estados Unidos para aislar a Rusia", sostiene el reportero Column Lynch en un artículo publicado en Foreign Policy.

El columnista destaca que muchos países tienen lazos históricos con Rusia que no están preparados para abandonar. Además, estas naciones "temen que un bloqueo económico contra Moscú infligirá un dolor severo en sus propios países, sembrando la semilla de mayor hambre e inestabilidad dentro de sus propias fronteras".

Lynch resalta que las respuestas a la operación militar especial de Rusia en Ucrania por parte de África y el sur de Asia han sido "relativamente silenciosas", mientras que las preocupaciones sobre el impacto potencial de las sanciones occidentales en los precios de los alimentos y el combustible han ido en aumento.

"Muchos todavía albergan un profundo resentimiento hacia Estados Unidos, cuyas intervenciones militares desde Afganistán hasta Irak y Libia han dejado un camino de muerte y destrucción. Los países clave de África y Asia, incluidos Sudáfrica e India, han caminado con cuidado, buscando mantener buenas relaciones con Rusia y Estados Unidos al tiempo que subrayan la necesidad de respetar la soberanía de Ucrania", analiza para luego precisar que ningún país africano ha impuesto sanciones a Rusia.

El embajador de Pakistán ante la ONU, Munir Akram, explicó la cautela que predomina fuera de la histeria occidental: "Si llegará una solución negociada, las sanciones occidentales deberán levantarse porque no creo que los rusos acepten una solución sin levantar las sanciones. Desde la perspectiva de los países no involucrados, si se me permite decirlo, tenemos que ver perspectivas realistas. Creemos que habrá un acuerdo y, por lo tanto, no vamos a aceptar una postura completamente antirrusa".

Por su parte, el embajador de Kenia ante la ONU, Martin Kimani, si bien condenó el accionar de Rusia en Ucrania, recordó que EEUU y sus aliados han utilizado la fuerza militar para "aplastar a sus rivales en Afganistán, Irak y Libia".

Lynch destaca que algunos líderes africanos quieren evitar verse envueltos en lo que consideran una competencia de gran poder en Europa.

El presidente de Uganda, Yoweri Museveni, criticó a Estados Unidos y Europa por su doble moral, teniendo en cuenta su intervención militar en Libia: "Destruyeron el país mientras extendían el terrorismo más allá de sus fronteras".

Además, desde el continente africano condenan el criterio que adoptan en las fronteras europeas de Ucrania donde los "rubios de ojos azules" son recibidos con los brazos abiertos, pero los africanos son rechazados.

Una situación similar ocurre en Oriente Medio, donde los principales aliados históricos de Estados Unidos han desafiado las iniciativas de EEUU de aislar a Rusia.

Israel, Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos tienen "noción hasta qué punto están dispuestos a arriesgar algún daño, o erosión, en la relaciones que han desarrollado en términos de diversificación estratégica con Rusia y China", analizó Hussein Ibish, académico en el Instituto de los Estados Árabes del Golfo en Washington.

La India, por su parte, tampoco respaldó los intentos de Washington para castigar a Moscú. Su Gobierno ha mantenido conversaciones para la compra de petróleo ruso, una medida que va en contra de los esfuerzos de Estados Unidos para bloquear las exportaciones de crudo del gigante euroasiático.

Ibish agregó que estos gobiernos han llegado gradualmente a la conclusión durante la última década de que "la era de Estados Unidos ha terminado" y que "la rápida transición hacia un mundo multipolar está en marcha y es irreversible".



El potencial de la industria satelital argentina en EE.UU.
Estimular la participación argentina en la carrera aeroespacial es clave para garantizar el desarrollo del país y para poner en valor la sociedad estratégica con los Estados Unidos.
por Jorge Argüello*


Éxito. El profesor Alejandro Cordero y sus alumnos de la Escuela de Educación Técnica número 5 de Mar del Plata, que desarrollaron el satélite “General San Martín” para dar conectividad a zonas rurales. | CEDOC


El reciente lanzamiento del picosatélite nacional General San Martín sintetiza las enormes posibilidades económicas que se le abren a la Argentina si en este momento crucial de la carrera aeroespacial se conjugan el talento de sus recursos humanos, sus capacidades exportadoras y una adecuada estrategia de asociación público-privadas en potencias del sector como Estados Unidos.

El logro de la empresa de Mar del Plata que desarrolló -con el protagonismo de estudiantes secundarios- ese dispositivo en miniatura para dar conectividad a zonas rurales habla nuestro talento y la capacidad emprendedora, sí. Pero, sobre todo, reafirma el prestigio del país en una industria compleja donde casi no hay protagonismo de naciones en vías de desarrollo.

También pone en valor la sociedad estratégica con los Estados Unidos, que atraviesa casi todas las iniciativas del sector. El General San Martín fue lanzado desde el Centro Espacial Kennedy de Cabo Cañaveral, en Florida, a través de SpaceX. Antes, dos satélites Saocom también fueron lanzados con vehículos de esa compañía y la Conae desarrolló cuatro satélites de la serie SAC con la NASA como socio principal.

Y, sin embargo, es apenas la punta del iceberg. El potencial es tan grande, por dinámicas propias de la industria satelital como por la fluida relación bilateral, que esta etapa resultará en perspectiva sólo un período de preparación.

No es el único paso estratégico que ha dado el país. En el plano regional, la Agencia Latinoamericana y Caribeña del Espacio (ALCE), creada en la VI Cumbre de la CELAC en septiembre pasado, concreta la vieja aspiración de Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE), que promueve la exploración espacial como herramienta clave del desarrollo tecnológico.

Mientras tanto, desde Washington, nuestra Embajada le ha dado prioridad a la representación del sector aeroespacial argentino en los Estados Unidos, en todas sus dimensiones, tanto en su relacionamiento con el sector público como en sus conexiones con el sector privado, desde la promoción comercial hasta la atracción de inversiones y la cooperación técnica.

Así, hay en marcha un programa de capacitación en exportación de bienes y servicios de alta tecnología para el equipo económico y los consulados generales en Miami, Los Ángeles, Nueva York, Chicago, Houston y Atlanta, porque conocer más permite asistir mejor a las empresas directa o indirectamente relacionadas con la industria satelital.

Es que se trata de un sector que, en su frente internacional, precisa especialmente del apoyo diplomático para maximizar sus oportunidades comerciales. En este caso, acompañamos el rol de la CONAE como agencia espacial, de INVAP como productor de satélites y de Arsat como operador, tres actores clave para entender la reputación internacional de esta industria argentina.

Un paso más

Este año daremos un nuevo paso. Del 22 al 24 de marzo, en la próxima feria Satellite de Washington, una gran vidriera global del sector, Argentina tendrá por primera vez un pabellón propio para visibilizar su oferta tecnológica. Nuestras empresas ya no expondrán en stands individuales, sino que se agruparán en un espacio que representa a todo el país, prueba de que el apoyo al sector constituye una verdadera política de Estado.

En simultáneo, una serie de encuentros de negocios en la sede de nuestra Embajada conectará a empresas argentinas con contrapartes estadounidenses de alto interés y potencial: posibles clientes y socios, inversores interesados en el sector y agencias federales con competencia en el tema.

En septiembre pasado, en una experiencia similar, Space X, Amazon Space Unit, Virgin Galactic, Viasat, Ispace y Lockheed Martin mostraron interés en la calidad y competitividad de las compañías argentinas. Este año, avanzaremos un casillero más en la profundización de esos vínculos estratégicos.

Hemos dado prioridad a representar al sector aeroespacial argentino en Estados Unidos

La feria Satellite constituirá una oportunidad para profundizar el acuerdo firmado en 2020 entre las principales empresas argentinas con la entidad COMPTIA (Computer Technology Industry Association), de articulación entre los sectores de ambos países en bienes y servicios, a través de la Cámara Argentina Aeronáutica y Espacial (CARAE) y las firmas Invap, Veng, DTA y Arsultra (en los próximos meses se incorporará Tlon Space).

Este memorándum permite desarrollar negocios, integrar actores y dar mayor visibilidad al rol actual y potencial de la industria satelital argentina en esta expansión que se vive en Estados Unidos. Incluye el intercambio de información industrial, la promoción conjunta de ambas industrias, la organización de misiones comerciales, el entrenamiento de los recursos humanos y la elaboración de investigaciones combinadas, entre otros ejes. En estos dos años, nuevas empresas argentinas se han ido sumando al acuerdo y generando una representación cada vez más diversa que procura mostrar el mayor espectro posible de la oferta satelital argentina.

En Estados Unidos la industria satelital está, al mismo tiempo, en auge y en transformación. Según la Asociación de la Industria Satelital (SIA) hay una creciente participación privada en un ámbito que era casi exclusivo del sector de defensa, una tendencia hacia la miniaturización de los dispositivos, reducción de costos de proyectos antes prohibitivos, nuevos servicios de lanzamiento y post-lanzamiento y más calidad de las imágenes recolectadas.

El nuevo escenario, resumido en más de 100 mil satélites en órbita al final de esta década, genera grandes desafíos regulatorios. En las reuniones que mantengo con distintos actores públicos y privados, afloran preocupaciones prácticas: crecientes riesgos de colisión, interferencia entre distintos sistemas de satélites y restos de dispositivos que pueden impactar en la Tierra.

Argentina asume un rol de cara al futuro de la industria satelital. Desde el Estado promovemos con orgullo nuestras exportaciones, pero también reflexionamos sobre cómo regular la actividad. Eso es lo que vuelve estratégico el diálogo entre las agencias públicas de ambos países, por una industria satelital segura, sustentable y basada en buenas prácticas.

Impacto positivo

Aumentar y diversificar las exportaciones satelitales tiene múltiples beneficios. Es un sector de altísimo valor agregado que produce ingreso de divisas, genera empleo de calidad, prestigia a nuestros profesionales y a nuestro sistema educativo todo, y genera derrames sobre otros complejos industriales.

De acuerdo a un informe del Centro de Estudios para la Producción (CEP XXI) del Ministerio de Desarrollo Productivo, la industria satelital puede integrar aún más sus encadenamientos productivos si desarrolla segmentos especializados, como dispositivos de geolocalización, baterías y computadoras de a bordo.

Podemos ampliar el abanico de nuestra oferta. En el mercado de Estados Unidos hay lugar para grandes empresas pero también para Pymes se focalizan en distintos eslabones de la cadena de valor. Los gigantes globales del sector necesitan ampliar su base de proveedores para hacer frente a sus megaproyectos. He ahí una oportunidad relevante.

La ampliación del ecosistema satelital contribuye al desarrollo tecnológico nacional y extiende mayor competitividad a otras industrias: en la exploración minera y petrolera; en el análisis de suelos y monitoreo de cultivos y en la detección de catástrofes naturales y protección del medioambiente.

Pese a su larga y exitosa historia, la sociedad con los Estados Unidos en el campo satelital está en sus albores. Estamos listos para concentrar nuestro esfuerzo en este proceso que constituye un capítulo relevante del desarrollo sustentable de la Argentina.

*Embajador de la Argentina en los Estados Unidos.