jueves, 9 de junio de 2022

Sol Pedre: “El CAREM es un salto cualitativo para el sector nuclear argentino”
La gerenta del proyecto CAREM habló con TSS sobre el estado de los avances en la construcción de este reactor modular, que podría comenzar a funcionar en el año 2027. Cómo trabajan en el desarrollo de proveedores, los esfuerzos por lograr la mayor cantidad de componentes nacionales y los desafíos de poner en marcha el primer reactor de potencia de diseño argentino.
Por Matías Alonso





El área nuclear es una rara excepción en el desarrollo de tecnología en la Argentina. El 31 de mayo, la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) cumplió 72 años desde su creación por un decreto del presidente Perón. En todos esos años, este sector fue atravesado por políticas que lo favorecieron y otras que lo desfinanciaron, pero la institución logró sostener proyectos de largo plazo y ha sido el germen del desarrollo tecnología para centrales nucleares y también de empresas como INVAP, que se ha expandido a las áreas de desarrollo de satélites y radares, entre otras.

A mediados de la década de los 80, investigadores de la CNEA presentaron una idea por entonces novedosa: en lugar de hacer reactores cada vez más grandes y potentes, ¿por qué no hacer reactores pequeños, que puedan ser instalados en zonas remotas y construidos de manera modular? Esa idea prendió en el mundo y, con el resurgimiento de la necesidad de contar con energía nuclear en muchos países, debido a que no emite gases de efecto invernadero y permiten un abastecimiento constante de energía, varios países se lanzaron a diseñar sus propios reactores pequeños y modulares.

El CAREM (por Central Argentina de Elementos Modulares) hizo punta en iniciar su construcción, en el año 2014, pero los retrasos en la obra –en parte por demoras propias del desarrollo de un prototipo pero también por el desfinanciamiento que sufrió durante el gobierno de Macri– le han hecho perder terreno frente a sus pares de otros países. Aún así, todavía tiene un gran potencial para ser utilizado y también exportado.

La gerenta del proyecto CAREM, la doctora en Ciencias de la Computación Sol Pedre, habló con TSS sobre el estado de los avances en la construcción de este reactor modular.


¿Cómo está hoy la construcción del CAREM?

Estamos avanzando bien con el hormigonado pero todavía no lo terminamos. La obra civil está en un 72%. En enero de este año volvimos al hormigonado que se había paralizado durante la cuarentena y el gobierno anterior. En junio del año pasado hicimos un contrato para que una empresa recupere la obra que había dejado Techint y todos los meses estamos mejorando la cantidad de hormigón, se está avanzando muy bien. Eso en cuanto a la obra civil. En lo nuclear, estamos terminando la finalización de componentes. Hace varios años que estamos con el recipiente de presión y varios de los elementos internos. En CONUAR estamos terminando el generador de vapor, porque es bastante especial y necesitábamos saber si era fabricable. Estamos avanzando bastante con contratos para lanzar la fabricación de muchos de los componentes estáticos calificados con CONUAR y otras empresas a través de IMPSA. Y en los componentes no calificados también estamos trabajando mucho con ADIMRA. Este año probablemente saquemos las órdenes de compra del 50% de los equipos calificados y el 13 o 14% de los no calificados.


“Para darse una idea, hay que fabricar 220 componentes de distintos tamaños”, dice Pedre.


¿Por qué es tan complejo el generador de vapor?

El CAREM tiene 12 generadores de vapor con un diseño integrado dentro del recipiente de presión y de una forma helicoidal muy particular. No estaba tan claro si eran construibles porque son muy particulares. Es complicado porque son 52 tubitos de un centímetro de diámetro y 30 metros de largo que hay que enhebrar en seis camisas. Firmamos un primer contrato con CONUAR para hacer el primer generador de vapor, el preserie, para terminar la construcción y hacer todos los ensayos de tolerancia y requerimientos mecánicos. Si todo sale bien haremos la orden de compra por los 12 generadores de vapor y uno más para hacer pruebas afuera. Eso va muy bien y probablemente este mes o el que viene terminen de armarlo y podamos hacer la orden de compra en septiembre u octubre.

Originalmente se pensaba que podría llegar a modo crítico en 2024. ¿Se puede llegar a esa fecha? ¿Qué problemas hubo que retrasaron la construcción?

El programa que tenemos hoy habla de 2027. Hay que tener en cuenta que hay varias cosas muy importantes para terminar el programa. Una son los pendientes de ingeniería porque es el primer reactor de potencia de diseño argentino y plantea desafíos tecnológicos para el país y para el mundo. Es de los primeros reactores de este tipo, entonces hay cosas de ingeniería que hay que terminar de afinar todavía. La segunda cuestión tiene que ver con la capacidad de fabricación local que tenemos y estamos hablando mucho con ADIMRA sobre eso. Obviamente, el objetivo de esto es generar la mayor cantidad de componentes nacionales: queremos un 70% de integración nacional y es un objetivo muy alto, porque, por ejemplo, la electrónica se importa prácticamente toda. Pero haremos una gran proporción con los componentes metalmecánicos. En la Argentina hay dos empresas que tienen la estampa para hacer cosas calificadas, que son IMPSA y CONUAR, y también hay un conjunto de empresas que pueden hacer cosas calificadas con el sello de IMPSA o fabricar cosas no calificadas pero que tienen que tener una calidad importante. Para darse una idea, hay que fabricar 220 componentes de distintos tamaños. Entonces, hay que ver qué capacidad de respuesta tiene la industria argentina. También pasaron los cuatro años de Macri y la pandemia: hubo un recorte salarial muy grande en la CNEA y perdimos muchos ingenieros y técnicos, y eso también tuvo efecto en las empresas nacionales. IMPSA estuvo al borde de la quiebra y eso hizo que se retrasara muchísimo el recipiente de presión. De todas maneras, hoy en día estamos pensando la puesta en marcha para 2027, y seguramente será una puesta en marcha larga porque hay que hacer la prueba de todos los sistemas que son innovadores antes de poner el núcleo. Se llevará a temperatura y presión de trabajo con otro método que no sea nuclear y se probarán todos los sistemas antes de poner la parte nuclear.

¿Parte del proyecto CAREM es poder desarrollar proveedores para poder producirlo después en serie?

Totalmente, el tema de los proveedores es muy importante. Uno de los sentidos de la industria nuclear, la razón de ser del desarrollo tecnológico nuclear, es desarrollar los proveedores metalmecánicos lo más posible, la ingeniería misma, o la programación e integración de la electrónica, todo ese tipo de tareas. Ahí se puede ver el trabajo que hacemos con ADIMRA y la unidad del sector nuclear en su conjunto. El trabajo también es con NASA y tampoco es el único proyecto nuclear que hay. Ahora se viene la extensión de vida de Atucha I, que ya tiene 48 años de operación y es un montón de trabajo para la Argentina, el almacenamiento en seco de los combustibles gastados y el proyecto nacional CANDU, que no tiene financiamiento pero es una línea que tanto la dirección de NASA como la CNEA quieren continuar, porque es en la que mayor desarrollo autónomo tenemos. Y el desarrollo de los combustibles cuando se pueda hacer Atucha III.

Parte de los combustibles del CAREM son de uranio enriquecido. Si quisiéramos vender un CAREM al exterior se debería poder hacer el ciclo completo del combustible. ¿Hay capacidad para hacer el enriquecimiento a nivel industrial?

Una cosa es hacer el combustible y otra es enriquecer uranio. Para enriquecer uranio CNEA tiene proyectos y se tiene el objetivo de enriquecer uranio a escala industrial. Hoy en día no tenemos esa capacidad pero sí a nivel planta piloto en Pilcaniyeu, que se puso en producción nuevamente durante el gobierno de Cristina Fernández. Eso nos permite estar en un club muy reducido de países a los cuales nos pueden vender uranio enriquecido. Tenés que demostrar que podés hacerlo vos para que te vendan uranio enriquecido. Todo el resto del combustible se desarrolla en la Argentina.


El programa actual del CAREM estima que en 2027 podría comenzar a funcionar el reactor.


Claro, pero habría que ver si le venden a la Argentina uranio enriquecido para el país que sea su cliente, ¿no?

Claro, es un problema y tenemos que trabajar para poder enriquecer uranio de manera industrial. Brasil tiene una planta de enriquecimiento de uranio y habría que ver una posibilidad de acuerdo con ellos. Lamentablemente, el uranio natural se importa, no estamos haciendo minería de uranio en la Argentina pese a que tenemos las líneas, tenemos la capacidad y es otro de los temas que debemos trabajar para poder cerrar el ciclo del combustible. También producimos los combustibles de los reactores de investigación que son con uranio enriquecido, e INVAP los exporta. Es fundamental trabajar en la línea de enriquecimiento de uranio y tener toda la capacidad. El desarrollo que tenemos es muy importante y, en particular para el CAREM, el combustible se desarrolló en la CNEA y esa tecnología se transfirió a CONUAR, y prácticamente están todas las pastillas de combustible fabricadas. La importancia de poder producir el combustible desde el punto de vista de la independencia que nos da y también en la posibilidad de poder exportarlo abre todo un camino de posibilidades. El CAREM es un reactor de potencia y la idea es poder vender reactores pero hay un montón de otras cosas que también se pueden comercializar del reactor, como los servicios de ingeniería. Una de nuestras fortalezas son los equipos de ingeniería que desarrollamos en el proceso. Es importante, para entender los retrasos, recordar todos los años del menemismo y lo que generaron. En 2006 se decidió reflotar el proyecto y en 2009 empezó el financiamiento. Los equipos no existían y tampoco los edificios para que trabajen. Fueron diez años de formar gente que hoy en día somos los que estamos liderando el proyecto, sobre todo jóvenes, porque hay una brecha generacional. De 45 años de edad para arriba hay pocos en la CNEA. Yo tengo 41 y la mayoría de quienes están liderando el proyecto tienen entre 35 y 40 años.

Hace poco tiempo hubo una visita de representantes de Estados Unidos que dijeron que estaban interesados en trabajar en conjunto en el proyecto CAREM. ¿Consideran que es conveniente? ¿En qué aspecto podrían hacer aportes?

Estados Unidos tiene su propio reactor pequeño y tiene una política muy fuerte de desarrollar este tipo de reactores. El más avanzado es el NuScale, que es un reactor de agua liviana y uranio enriquecido. Tiene licencia aprobada en Estados Unidos y están con una política comercial muy agresiva, sobre todo para países de Europa del Este. A partir de la guerra entre Rusia y Ucrania el discurso empezó a cambiar en Estados Unidos y está muy basado en la seguridad nacional, lo que es entendible. Cuando uno piensa en el sector nuclear, y también en la Argentina, es un tema muy vinculado con la soberanía, con la geopolítica, no se lo puede ver solamente como un desarrollo tecnológico industrial. No creo que la intención estadounidense sea realmente colaborar con nuestro proyecto, no hubo ninguna oferta de colaboración, ni financiamiento, ellos tienen sus diseños y creo que los dichos tienen que ver con lo que se publicó en los diarios, de que no vayamos con China y la central Hualong. Me parece que no tiene que ver con un interés real de querer trabajar en conjunto con nuestro diseño. Nosotros queremos avanzar de manera independiente y soberana para tener un reactor de potencia. Es un salto cualitativo para el sector nuclear y se abren un montón de posibilidades para poder tener instalados en nuestro territorio reactores de diseño propio.

¿Adónde sería ideal instalar un CAREM?

Hay una cuestión que es la licencia social. Hoy estamos haciendo el prototipo en Lima porque están Atucha I y Atucha II, y es adonde más nos pueden ayudar con las pruebas. Pero la realidad es que si uno piensa dónde serviría, podría pensarse en Córdoba, que ya tiene Embalse pero también hay ciudades que están más alejadas, tienen requerimientos energéticos y es difícil llevarles la energía. Hay lugares adonde está la demanda energética pero además no solo sirven para producir energía eléctrica, sino que también se puede pensar en, por ejemplo calentar agua para procesos industriales. Casos como ALUAR, que son empresas que tienen un alto consumo energético y además de energía eléctrica también necesitan agua caliente para procesos. También están las comunidades aisladas: por ejemplo, Villa La Angostura es hermosa pero queman gasoil porque no están conectados a la red eléctrica. Para ese tipo de ciudades va perfecto, el tema es que hay que dar un debate y tener una política amplia sobre que la energía nuclear es parte de la transición para descarbonizar la matriz energética y que una sociedad tenga la energía para desarrollarse y no destruya el ambiente en el camino, y que se complementa muy bien con las energías renovables. En particular, pienso que en nuestro país se agrega una línea más y es que el sector nuclear en la Argentina genera trabajo de calidad con altos estándares de tecnología y un altísimo valor agregado, por lo que tiene mucho sentido seguir impulsando este tipo de tecnología. Realmente creo que el CAREM está en un momento adecuado y en el lugar justo. No es posible pensar en una transición energética solamente con energía solar o eólica simplemente porque no son energías de base, son intermitentes.


“Fabricar el recipiente de presión es tan complejo que nosotros tenemos inspectores de manera constante”, dice Pedre.


De todas formas no son tan flexibles, no se pueden acelerar y frenar a lo largo de un día.

El CAREM es un poquito más flexible porque permite no tener módulos tan grandes. Además, lo que puede hacer también y se está estudiando para este tipo de reactores es poder usar la energía que te sobra para producir hidrógeno. Entonces, durante ese tiempo entregás menos a la red porque con el excedente estás produciendo hidrógeno y, como ya tenés agua caliente, lo puede hacer de manera más eficiente que solo con electrólisis. Cuando los molinos de viento o los paneles solares dejan de producir se puede usar el hidrógeno que almacenaste. Hay muchos proyectos de este estilo.

¿La estatización de IMPSA impactó en el proyecto CAREM?

Definitivamente. Para nosotros es fundamental que eso haya sucedido. Si IMPSA iba a la quiebra, que además venía de pelear unos años muy difíciles, más allá de las complicaciones técnicas que tiene la fabricación del recipiente de presión, no había otro lugar en la Argentina adonde se pudiera hacer ese componente ni otros. Fabricar el recipiente de presión es tan complejo que nosotros tenemos inspectores de manera constante, hay que chequear cosas todo el tiempo y tener un seguimiento muy fluido del proceso, y si fuera un proveedor en otro país sería imposible. El recipiente de presión ya se llevó 52 millones de dólares del proyecto, que es más o menos el 10% del total del presupuesto. IMPSA es la única empresa que tiene calificación como para hacerlo además de CONUAR y es fundamental que en la Argentina se defienda a este tipo de empresas. Si no se daba era muy difícil seguir con el CAREM. Además, perder esta capacidad como país no tendría sentido.



Fuente: unsam.edu.ar
El ambicioso plan de China para convertirse en la superpotencia espacial
por Wanyuan Song y Jana Tauschinski




Tres astronautas chinos comenzaron una misión de seis meses para trabajar en la nueva estación espacial del país.

Es el último paso de China para convertirse en una superpotencia espacial en las próximas décadas.

¿Qué es la Estación Espacial Tiangong?

El año pasado, China puso en órbita el primer módulo de su estación espacial Tiangong o "Palacio Celestial".

Planea agregar más módulos, como el laboratorio de ciencias de Mengtian, para fin de año.

El próximo año lanzará un telescopio espacial, llamado Xuntian. Este volará cerca de la estación espacial y se acoplará a ella para el mantenimiento y el reabastecimiento de combustible.

Tiangong tendrá su propia energía, propulsión, sistemas de soporte vital y viviendas.

China es el tercer país en la historia que ha puesto astronautas en el espacio y ha construido una estación espacial, después de la Unión Soviética (ahora Rusia) y Estados Unidos.




Pekín tiene grandes ambiciones para Tiangong y espera que reemplace a la Estación Espacial Internacional (ISS), que dejará de operar en 2031.

Los astronautas chinos están excluidos de la ISS porque la ley estadounidense prohíbe que su agencia espacial, la NASA, comparta sus datos con China.

Los planes de China para llegar a la Luna y Marte

Las ambiciones de China no terminan ahí.

Dentro de unos años quiere tomar muestras de asteroides cerca de la Tierra.

Para 2030, tiene como objetivo haber colocado a sus primeros astronautas en la Luna y haber enviado sondas para recolectar muestras de Marte y Júpiter.




¿Qué están haciendo otros países?

A medida que China amplía su papel en el espacio, varios otros países también aspiran a llegar a la Luna.

La NASA planea regresar al satélite con astronautas de EE.UU. y otros países a partir de 2025 y ya realizó pruebas para el lanzamiento de su nuevo cohete gigante SLS en el Centro Espacial Kennedy.

Japón, Corea del Sur, Rusia, India y los Emiratos Árabes Unidos también están trabajando en sus propias misiones lunares.

India ya lanzó su segunda gran misión a la Luna y quiere tener su propia estación espacial para 2030.

Mientras tanto, la Agencia Espacial Europea, que está trabajando con la NASA en misiones a la Luna, también está planeando una red de satélites lunares para facilitar la comunicación de los astronautas con la Tierra.


¿Quién establece las reglas del espacio?

El Tratado del Espacio Exterior de la ONU de 1967 establece que ningún lugar del espacio puede ser reclamado por ninguna nación.

El Acuerdo de la Luna de la ONU de 1979 dice que el espacio no debe ser explotado comercialmente, pero EE.UU., China y Rusia se han negado a firmar.

Ahora, EE.UU. está promoviendo sus Acuerdos de Artemisa, que explican cómo las naciones pueden explotar los minerales de la Luna de manera cooperativa.

Rusia y China no firmarán los Acuerdos, y dicen que Estados Unidos no tiene derecho a establecer las reglas para el espacio.


¿Cuál es la historia de China en el espacio?

China puso en órbita su primer satélite en 1970.

Las únicas otras potencias que habían ido al espacio en esa etapa eran EE.UU., la Unión Soviética, Francia y Japón.

En los últimos 10 años, China ha lanzado más de 200 cohetes.

Ya envió una misión no tripulada a la Luna, llamada Chang'e 5, para recolectar y devolver muestras de rocas.

Plantó una bandera china en la superficie lunar, que era deliberadamente más grande que las banderas estadounidenses anteriores.

Con el lanzamiento de Shenzhou 14, China ha puesto ahora 14 astronautas en el espacio, en comparación con los 340 de EE.UU. y los más de 130 de la Unión Soviética.

Pero ha habido contratiempos. En 2021, parte de un cohete chino se salió de órbita y se estrelló contra el Océano Atlántico y dos lanzamientos fallaron en 2020.





¿Quién paga el programa espacial de China?

El medio estatal chino Xinhua afirma que al menos 300.000 personas han trabajado en proyectos espaciales de China, casi 18 veces más que las que trabajan actualmente para la NASA.

La Administración Nacional del Espacio de China se creó en 2003 con un presupuesto anual inicial de 2.000 millones de yuanes (US$300 millones).

Sin embargo, en 2016, China abrió su industria espacial a empresas privadas, y ahora están invirtiendo más de 10.000 millones de yuanes (US$1.500 millones de dólares) al año, según los medios chinos.




¿Por qué China quiere ir al espacio?

China está interesada en desarrollar su tecnología satelital para telecomunicaciones, gestión del tráfico aéreo, pronóstico del tiempo, navegación y más.

Pero muchos de sus satélites también tienen fines militares. Pueden ayudarle a espiar a las potencias rivales y guiar misiles de largo alcance.

Lucinda King, gerente de proyectos espaciales en la Universidad de Portsmouth, en Reino Unido, dice que China no solo se está enfocando en misiones espaciales de alto perfil: "Son prolíficos en todos los aspectos del espacio. Tienen la motivación política y los recursos para financiar sus programas planificados".

Las misiones a la Luna de China están motivadas en parte por las oportunidades de extraer metales de tierras raras de su superficie, como el litio.

Sin embargo, el profesor Sa'id Mosteshar, director del Instituto de Política y Derecho Espacial de la Universidad de Londres, dice que probablemente no sería rentable para China enviar repetidas misiones mineras a la Luna.

El experto cree que el programa espacial de China está impulsado más por el deseo de la nación asiática de impresionar al resto del mundo.

"Es una proyección de poder y una demostración de avance tecnológico".



lunes, 6 de junio de 2022

La política espacial renace con los cohetes lanzadores
El programa de Acceso al Espacio, reimpulsado en noviembre, avanza en el desarrollo del proyecto Tronador II/III, con los que planean poner en órbita satélites de hasta 750 kilos a una altura que irá de los 400 a los 700 kilómetros. A fines de 2023 probarán el primer vehículo.
Por Cecilia Farré




El lanzamiento de satélites argentinos desde Estados Unidos o Guayana Francesa va camino a cambiar su locación hacia una geografía más cercana, en el Centro Espacial Manuel Belgrano, al sudoeste bonaerense, gracias al avance del proyecto nacional Tronador II/III. De esa manera, la Argentina contará con una base y cohetes propios.

Desde el relanzamiento del programa de Acceso al Espacio, en noviembre de 2021, la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE), junto con las empresas y organismos asociados, están trabajando en el desarrollo de los distintos componentes para los vehículos lanzadores Tronador II-70 y Tronador II-150. Y el primero de ellos, según estiman, será probado a finales del próximo año. Lo que será un hito para la historia espacial del país.

El Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Nación, que retomó el proyecto hace casi medio año, destinó para este año una inversión de 4500 millones de pesos con el fin de darle un nuevo impulso al desarrollo de cohetes lanzadores y de la infraestructura necesaria para hacer las bases y las pruebas.

El proyecto contempla la construcción del vehículo lanzador Tronador II, para colocar en órbitas de entre 400 y 700 kilómetros de altura a satélites, o un conjunto de ellos, de hasta 500 kilos de peso, y del Tronador III, con el cual la capacidad de carga ascenderá hasta 750 kilos. El diseño contempla lanzadores de dos etapas, de 28 metros de altura y 2,5 metros de diámetro, con un empuje de unas 120 toneladas al despegue. Tendrán como propelentes oxígeno líquido y kerosene.


Foto: Diego Feld


“Ahora estamos con el desarrollo de la propulsión de los motores para los vehículos lanzadores y retomando actividades destinadas a poner a punto las infraestructuras necesarias para la parte de ensayos y de integración del vehículo lanzador”, adelanta a Tiempo el director ejecutivo y técnico de la CONAE, Raúl Kulichevsky.

El ingeniero agrega que también se avanza en los componentes del fuselaje de los vehículos, como los tanques estructurales, y en la tecnología necesaria para poder construirlos, con una máquina especial de soldadura en frío. Las condiciones del espacio y de la atmósfera requieren de soldaduras que garanticen la mayor seguridad posible.




La fabricación de los vehículos lanzadores tendrá su epicentro en el Centro Espacial Punta Indio (CEPI), en la localidad bonaerense de Pipinas, así como también la base de ensayos para pruebas, por lo cual se está mejorando y adaptando la infraestructura del lugar.

Al mismo tiempo, la empresa VENG y la Fábrica Militar de Aviones «Brigadier San Martín» (FAdeA) comenzaron con la elaboración de las tapas o casquetes de aluminio que los tanques de los lanzadores, con forma cilíndrica y 2,5 metros de diámetro, llevarán en sus extremos. Cada tapa consta de ocho porciones iguales o “gajos” muy delgados de 3,2 milímetros de espesor por medio de un proceso de conformado por estirado. Con esta metodología pueden obtener geometrías de curvatura compleja con gran precisión, indispensable en la industria aeronáutica y aeroespacial.

En una primera etapa, en Córdoba se fabricarán 40 gajos para ensamblar dos tanques y tener un casquete de prueba. Cada lanzador lleva dos tanques estructurales, uno para combustible y otro para oxígeno líquido. El presidente de VENG, Marcos Actis, que también es decano de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), celebra la vuelta del proyecto Tronador, y resalta: “FAdeA desarrolló la experiencia y el conocimiento necesarios para fabricar estos gajos a través del proceso de conformado por estirado. Es una de las pocas empresas de Sudamérica con esta capacidad”.




Ciencia y divisas

Años atrás, en 2014, en una etapa anterior al relanzado proyecto, se probaron dos vehículos de prueba, experiencias que permitieron obtener información para hacer cambios en el diseño y comprobar sistemas de propulsión, navegación, de guiado y control. Los nuevos modelos pensados como lanzadores operativos cuentan con una tecnología más avanzada para lograr la altura y las órbitas deseadas: “Trabajamos en la optimización de los distintos procesos de fabricación para conseguir los resultados”, asegura el director de CONAE.

Además del avance tecnológico que implican las distintas etapas para desarrollar una ciencia soberana nacional, el objetivo final del proyecto también tiene aristas económicas: ofrecer una plataforma completa de lanzamiento de satélites nacionales, privados o de agencias espaciales de la región, y así generar divisas. Especialmente en un área en constante ascenso con desarrollos que sirven para intervenir en situaciones ambientales y económicas clave para los países. “Estamos pensando en satisfacer las necesidades internas y también insertarnos en el mercado y poder competir en un sector que crecerá en los próximos años por la cantidad de satélites que se está proyectando colocar en órbita, por lo que los vehículos lanzadores serán cada vez más demandados”, adelanta Kulichevsky.

La futura base de lanzamiento en Puerto Belgrano, partido de Coronel Rosales, cercana a Bahía Blanca, se encuentra en una posición que permite colocar satélites de órbita baja geosincrónica, que es la que en general requieren las sondas para observar la Tierra.

Para el presidente de VENG, “el proyecto es un gran desafío. No por algo son pocos los países que pueden hacer lanzamientos”. En América Latina sería de vanguardia. Además, añade Actis, el avance tecnológico que genera “impacta en otras industrias como la automotriz. La inversión en ciencia y tecnología derrama en la sociedad y no se limita al proyecto”.

El director ejecutivo y técnico de CONAE remarca que “hoy un país como Argentina tiene que seguir apostando en las producciones primarias que vienen del campo, pero no puede depender solo de eso. Si queremos dar un salto cualitativo y cuantitativo de crecimiento, hay que apostar a la ciencia y a la tecnología”.

Como ejemplo, Kulichevsky menciona la misión SAOCOM que cuenta con dos satélites con antena radar, tecnología con la que comenzó a trabajar INVAP. Luego de la experiencia, desarrollaron una línea y ahora la mayoría de los radares de control de tránsito aéreo y meteorológico integrados en el país son provistos por esta empresa de avanzada ubicada en Bariloche. “Hicimos una sustitución de importaciones de entre 700 y 800 millones de dólares para radares que antes se compraban afuera”, detalla el ingeniero.

Mientras tanto, subraya que el proyecto Tronador es un enorme desafío que implica el trabajo integrado entre distintas empresas e instituciones para lograr resultados que se espera excedan los objetivos específicos: “Tanto el sector espacial como el aeronáutico son desarrolladores de tecnologías, que luego derraman hacia los ámbitos a veces más insospechados de la vida cotidiana”.


Foto: CONAE


El papel estratégico de los SAOCOM

Los fines prácticos y estratégicos de una política espacial pueden visibilizarse a través de la constelación de los dos satélites SAOCOM con antena radar, que sirven para medir la humedad del suelo y asistir en situaciones de emergencias como inundaciones o sequías, en la detección de derrames de hidrocarburos en el mar o registrando el aumento de la productividad de la agricultura. Pero no solo eso: ahora también serán parte del Centro de Investigación, Desarrollo e Innovación para la Gestión Integral del Agua en el Árido (CeGIAA) en San Juan, creado por el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación de 2,8 millones de dólares. En el marco de esta iniciativa, la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE), el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) Regional San Juan y Mendoza, el Centro Regional Andino del Instituto Nacional del Agua, y la Universidad de San Juan buscarán estrategias para enfrentar la crisis hídrica de la región.

“SAOCOM aportará información para optimizar el uso del agua y el diseño de políticas en estas condiciones en donde hay una carencia importante de agua”, explica el director ejecutivo y técnico, Raúl Kulichevsky. Además, por segundo año consecutivo, la misión satelital sirvió de apoyo a la Campaña Antártica de Verano aportando imágenes con el fin de definir las rutas más convenientes entre los hielos para la navegación del rompehielos Almirante Irízar. La capacidad de los satélites SAOCOM de poder dar información sin depender de factores meteorológicos o de la luz solar, son de gran utilidad para este tipo de contribuciones.



jueves, 2 de junio de 2022

Bloques espaciales: el futuro de la cooperación internacional en el espacio se está dividiendo a lo largo de líneas de poder en la Tierra
En los últimos 10 años, las alianzas internacionales en la Tierra han comenzado a expandirse hacia el espacio. Las naciones con intereses similares colaboran entre sí mientras compiten con otros bloques espaciales.
Por Svetla Ben-itzhak


En la próxima década, tanto un grupo liderado por Estados Unidos como una colaboración entre Rusia y China tienen como objetivo establecer bases en la Luna. Tesis/iStock


Incluso durante tiempos de conflicto sobre el terreno, el espacio históricamente ha sido un escenario de colaboración entre las naciones. Pero las tendencias de la última década sugieren que la naturaleza de la cooperación en el espacio está cambiando, y las consecuencias de la invasión de Ucrania por parte de Rusia han puesto de relieve estos cambios.

Soy un académico de relaciones internacionales que estudia las distribuciones de poder en el espacio: quiénes son los principales actores, qué capacidades poseen y con quién deciden cooperar. Algunos académicos predicen un futuro en el que los estados individuales persiguen varios niveles de dominio, mientras que otros prevén un escenario en el que las entidades comerciales unen a las naciones.

Pero creo que el futuro puede ser diferente. En los últimos años, grupos de naciones con intereses estratégicos similares en la Tierra se han unido para promover sus intereses en el espacio, formando lo que yo llamo “bloques espaciales”.

De los esfuerzos espaciales liderados por el estado a la colaboración

Estados Unidos y la Unión Soviética dominaron las actividades espaciales durante la Guerra Fría. A pesar de las tensiones sobre el terreno, ambos actuaron con cuidado para evitar causar crisis e incluso cooperaron en una serie de proyectos en el espacio.


En 1975, 10 naciones europeas fundaron la Agencia Espacial Europea. En 1998, EE. UU. y Rusia unieron esfuerzos para construir la Estación Espacial Internacional, que ahora cuenta con el apoyo de 15 países.

Estas empresas multinacionales se centraron principalmente en la colaboración científica y el intercambio de datos.


La Estación Espacial Internacional es el ejemplo por excelencia de la colaboración internacional en el espacio. NASA a través de Wikimedia Commons


La aparición de bloques espaciales

La Agencia Espacial Europea, que ahora incluye 22 naciones, podría considerarse entre los primeros bloques espaciales. Pero se puede ver un cambio más pronunciado hacia este tipo de estructura de poder después del final de la Guerra Fría. Los países que compartían intereses sobre el terreno comenzaron a unirse para perseguir objetivos de misión específicos en el espacio, formando bloques espaciales.

En los últimos cinco años, han surgido varios bloques espaciales nuevos con varios niveles de capacidades espaciales. Estos incluyen la Agencia Espacial Africana, con 55 estados miembros; la Agencia Espacial Latinoamericana y del Caribe, con siete estados miembros; y el Grupo de Coordinación Espacial Árabe, con 12 estados miembros de Medio Oriente.

Estos grupos permiten que las naciones colaboren estrechamente con otras en sus bloques, pero los bloques también compiten entre sí. Dos bloques espaciales recientes, los Acuerdos Artemisa y el acuerdo lunar chino-ruso, son un ejemplo de tal competencia.


Ningún ser humano ha estado en la Luna en 50 años, pero en la próxima década, tanto los Acuerdos de Artemisa liderados por Estados Unidos como una misión chino-rusa tienen como objetivo establecer bases en la Luna. NASA/Neil Armstrong a través de Wikimedia Commons


Carrera a la Luna

Los Acuerdos de Artemisa se lanzaron en octubre de 2020. Están liderados por EE. UU. y actualmente incluyen 18 países miembros. El objetivo del grupo es hacer que las personas regresen a la Luna para 2025 y establecer un marco de gobierno para la exploración y la minería en la Luna, Marte y más allá. La misión tiene como objetivo construir una estación de investigación en el polo sur de la Luna con una estación espacial lunar de apoyo llamada Gateway.

De manera similar, en 2019, Rusia y China acordaron colaborar en una misión para enviar personas al polo sur de la Luna para 2026. Esta misión conjunta chino-rusa también tiene como objetivo construir una base lunar y colocar una estación espacial en órbita lunar.

Que estos bloques no colaboren para cumplir misiones similares en la Luna indica que los intereses estratégicos y las rivalidades en tierra se han trasladado al espacio.

Cualquier nación puede unirse a los Acuerdos de Artemisa. Pero Rusia y China, junto con varios de sus aliados en la Tierra, no lo han hecho porque algunos perciben los acuerdos como un esfuerzo por expandir el orden internacional dominado por Estados Unidos al espacio exterior.

De manera similar, Rusia y China planean abrir su futura estación de investigación lunar a todas las partes interesadas, pero ningún país de Artemisa ha expresado interés. La Agencia Espacial Europea incluso suspendió varios proyectos conjuntos que había planeado con Rusia y, en cambio, está ampliando sus asociaciones con EE. UU. y Japón.

El impacto de los bloques espaciales en el terreno

Además de buscar poder en el espacio, los países también están utilizando bloques espaciales para fortalecer sus esferas de influencia sobre el terreno.

Un ejemplo es la Organización de Cooperación Espacial de Asia y el Pacífico, que se formó en 2005. Dirigida por China, incluye a Bangladesh, Irán, Mongolia, Pakistán, Perú, Tailandia y Turquía.

Si bien su objetivo general es el desarrollo y lanzamiento de satélites, el objetivo principal de la organización es expandir y normalizar el uso del sistema de navegación chino BeiDou, la versión china del GPS. Los países que utilicen el sistema podrían volverse dependientes de China, como es el caso de Irán.

El papel de las empresas espaciales privadas

Ha habido un enorme crecimiento de las actividades comerciales en el espacio en la última década. Como resultado, algunos académicos ven un futuro de cooperación espacial definido por intereses comerciales compartidos. En este escenario, las entidades comerciales actúan como intermediarios entre los estados, uniéndolos detrás de proyectos comerciales específicos en el espacio.

Sin embargo, es poco probable que las empresas comerciales dicten la futura cooperación internacional en el espacio. De acuerdo con la ley espacial internacional actual, cualquier empresa que opere en el espacio lo hace como una extensión y bajo la jurisdicción del gobierno de su país de origen.

El dominio de los estados sobre las empresas en los asuntos espaciales ha sido claramente ejemplificado a través de la crisis de Ucrania. Como resultado de las sanciones impuestas por el estado, muchas empresas espaciales comerciales han dejado de colaborar con Rusia.

Dado el marco legal actual, parece más probable que los estados, no las entidades comerciales, continúen dictando las reglas en el espacio.


Las empresas privadas ahora son jugadores importantes en el espacio, pero los lanzamientos, como las muchas misiones de SpaceX, todavía están bajo la jurisdicción de las naciones de origen de las empresas. NASA/Tony Green


Bloques espaciales para colaboración o conflicto

Creo que, en el futuro, las formaciones estatales, como los bloques espaciales, serán el principal medio a través del cual los estados promoverán sus intereses nacionales en el espacio y en tierra. Hay muchos beneficios cuando las naciones se unen y forman bloques espaciales. El espacio es difícil, por lo que tiene sentido compartir recursos, mano de obra y conocimientos. Sin embargo, dicho sistema también conlleva peligros inherentes.

La historia ofrece muchos ejemplos que muestran que cuanto más rígidas se vuelven las alianzas, más probable es que surja un conflicto. La creciente rigidez de dos alianzas, la Triple Entente y la Triple Alianza, a fines del siglo XIX se cita a menudo como el desencadenante clave de la Primera Guerra Mundial.

Una lección clave es que mientras los bloques espaciales existentes sigan siendo flexibles y abiertos a todos, la cooperación prosperará y el mundo aún puede evitar un conflicto abierto en el espacio. Mantener el enfoque en los objetivos científicos y los intercambios entre y dentro de los bloques espaciales, mientras se mantienen a raya las rivalidades políticas, ayudará a asegurar el futuro de la cooperación internacional en el espacio.

Svetla Ben-Itzhak, Profesor Asistente de Relaciones Espaciales e Internacionales, Air University



martes, 31 de mayo de 2022

La Conae celebra 31 años y trabaja en un lanzador que consolide el acceso al espacio para Argentina
La Comisión avanza en el desarrollo de lanzadores Tronador II y III, cohetes de unos 28 metros de altura y 90 toneladas de peso con los que busca poner en órbitas de hasta 700 kilómetros de altura a satélites desde un puerto espacial cercano a Bahía Blanca.



La Comisión Nacional de Actividades Espaciales (Conae) celebra este sábado 31 años de su fundación con avances en el desarrollo de la familia de lanzadores Tronador II y III, cohetes de unos 28 metros de altura y 90 toneladas de peso con los que busca poner en órbitas de hasta 700 kilómetros de altura a satélites que pesan 750 kilos desde un puerto espacial cercano a la localidad bonaerense de Bahía Blanca.

El desarrollo del vehículo espacial fue adjudicado por Conae a la empresa estatal VENG (Vehículo Espacial de Nueva Generación), la cual tiene a su cargo la fabricación e integración de componentes en el Centro Espacial de Punta Indio (CEPI).

Allí fueron instaladas máquinas de soldadura en frío únicas en Sudamérica y necesarias para la construcción de los tanques de combustible y fuselaje del cohete que requieren de materiales cuya integridad no se vea afectada por el proceso de producción.

El CEPI está ubicado en el predio de una antigua planta cementera de la localidad de Pipinas, a unos 140 kilómetros al sudeste de la Ciudad de Buenos Aires, y dispone de un puerto espacial en el paraje La Capetina, sobre la costa del Río de La Plata, desde donde se realizaron tres lanzamientos experimentales entre 2014 y 2017.

El director ejecutivo y técnico de la Conae, Raúl Kulichevsky, y el presidente de VENG y decano de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), Marcos Actis, recibieron a Télam en el hangar del CEPI, donde se encuentra la máquina de soldadura por fricción-agitación (friction stir welding, según su denominación en inglés) que fabrica las estructuras primarias de tanques y fuselajes que formarán parte de los próximos vehículos lanzadores Tronador II.

"El desarrollo del producto Tronador es el gran desafío que tiene hoy Conae; en la parte satelital somos capaces de desarrollar distintos tipos de misiones con diferentes características e instrumentos y tenemos logros como los Saocom con la puesta en órbita de radares en banda L que es lo más complejo en términos tecnológico con satélites", afirmó Kulichevsky en diálogo con Télam.

Tal desafío "implica adquirir tecnologías en las que todavía tenemos mucho por desarrollar, y al mismo tiempo mucho que construir en infraestructura", consideró el director de Conae, que destacó los trabajos de adecuación que tienen por delante para la fabricación e integración de los vehículos y la capacitación del personal.


Director ejecutivo y técnico de la Conae, Raúl Kulichevsky, y el presidente de VENG, Marcos Actis. Foto Fernando Gens-


El objetivo de Tronador II/III es que se convierta en un lanzador para satélites de observación de la tierra de hasta 750 kilos de peso en órbitas de entre 600 y 700 kilómetros de altura, un primer paso para pensar cómo seguir evolucionando en lanzadores más potentes.


"El desarrollo del acceso al espacio estuvo presente desde la creación de la Conae y antes también; durante muchos años las prioridades estuvieron concentradas en el desarrollo en simultáneo de proyectos muy importantes como el SAC-D o los Saocom que demandaban un esfuerzo presupuestario, y eso frente a las altas y bajas presupuestarias hacía que proyectos como el Tronador en algunos momentos quedasen más relegados", recordó Kulichevsky.

En ese sentido, destacó que "hoy estamos en otras condiciones y retomando Tronador". Aunque sostuvo que suspender un desarrollo tiene desventajas porque " hay gente que ya no está, infraestructuras que se pueden haber degradado o soluciones tecnológicas que ya fueron superadas".

Al respecto, Actis, dijo a Télam que hay empresas muy vinculadas a estos desarrollos que no están funcionando "porque la pasaron muy mal en los últimos años".

"De las 160 personas que teníamos trabajando sobre esto en la UNLP prácticamente la mitad se fueron, eso ahora se está recuperando y si no fuese por la pandemia este proyecto se hubiese reactivado antes", detalló.

El ingeniero subrayó que muchos trabajadores de empresas argentinas que generan productos en materia aeroespacial o satelital fueron formados por la Conae a través de proyectos como el Tronador.

Sobre los próximos pasos, Kulichevsky sostuvo que "la lógica de los lanzamientos de ensayo es ir adquiriendo madurez tecnológica en distintos sistemas, como la propulsión, aviónica, estructuras, y todo lo referido al segmento de tierra que es tan importante como el cohete o el satélite".


La Conae trabaja en el desarrollo de la familia de lanzadores Tronador II y III. Foto Fernando Gens


"Es un plan de trabajo de varios años porque son desarrollos complejos que requieren de varios pasos intermedios", detalló.

Por su parte, Actis ponderó que "con la campaña de lanzamientos se aprendió muchísimo, toda la navegación del vehículo quedó ampliamente demostrada por los lanzamientos de prueba, el manejo remoto, y ahora se apunta a la consolidación del motor, especialmente de la turbobomba que es el corazón del motor y cuyo desarrollo se había discontinuado a finales de 2015".

"El motor es algo ya probado y ahora se está trabajando en los procesos de fabricación para hacerlo más liviano, pero lo que dificulta es que hasta finales de 2015 había empresas nacionales en capacidad de fundir y trabajar este tipo de materiales que hoy ya no están", agregó.

Kulichevsky detalló "vamos a necesitar 4 o 5 lanzamientos exitosos para saber que dominamos la tecnología antes de pasar a la siguiente etapa".

"Tronador II va a tener distintas versiones en función del diámetro del lanzador, 70, 150 y 250 centímetros que es el que va a ser operativo junto a Tronador III; son al menos seis o siete años de trabajo por delante", indicó.

Asimismo, explicó que están surgiendo empresas privadas en el sector espacial, muchas de las cuales pueden hacer pequeños lanzadores, pero no encarar un proyecto del porte del Tronador.

"No es lo mismo poner en órbita un satélite de 50 kilos que uno de 750 y esa capacidad sigue siendo en un mercado muy competitivo de pocos proveedores, pero con muchas oportunidades. Hay una prospección para los próximos años de miles de satélites que buscan servicio de lanzamiento y poder ofrecer esa posibilidad abre un universo de nuevas oportunidades", completó Kulichevsky.




La Conae desarrolla en la Argentina misiones satelitales de observación de la Tierra, con el objetivo de generar información espacial sobre el territorio continental y marítimo para beneficio del país y América Latina.

El Plan Espacial Nacional contempla el desarrollo de la capacidad de lanzamiento de los satélites del proyecto SARE para colocarlos en órbita desde territorio argentino con el lanzador Tronador II/III, y la provisión de capacidades para actividades de telemetría y telecomando (TT&C), adquisición y procesamiento de la información satelital recibida mediante la Red de Estaciones Terrenas distribuidas de manera estratégica.



Mendoza avanza con los proyectos de expansión ferroviaria en la provincia




El ministro Mario Isgro recibió al subsecretario de Transporte Ferroviario de la Nación, Agustín Special, y al gerente de Belgrano Cargas, Daniel Zentil, para avanzar en importantes temas referidos al tren. Es valioso destacar que desde hace años Mendoza no recibía la visita de autoridades del Ministerio de Transporte con una agenda de trabajo especifica para desarrollar con el gobierno local.

El desarrollo ferroviario implica un crecimiento económico y una ventaja competitiva para las economías regionales, facilita la integración y reduce costos de logística. Sabedores de esto, llegaron a Mendoza autoridades nacionales del ferrocarril, el ya mencionado Special fue acompañado además por Aníbal Agostinelli, asesor del Ministerio de Transporte; Eric Agostinelli, director de control de obras ferroviarias y Alejandro Figola, director técnico nacional de transporte ferroviario.

El crecimiento sostenido que vienen experimentando las cargas transportadas en tren y la pronta renovación del ramal ferroviario San Martín, que comunica los puertos de Rosario y Buenos Aires con Palmira, ponen a Mendoza en una necesaria actividad de planificación y ejecución de obras. Estas requieren realizarse para estar listos, en donde la nueva Ruta 7, en conexión con el corredor bioceánico, el centro aduanero, el hub logístico y el PASIP, junto a uno de los mejores talleres ferroviarios de Argentina y Sudamérica, pueden seguir dando a Mendoza crecimiento en su economía y generación de empleos.



En referencia a los temas a trabajar y producto de la obra del túnel Caracoles, que está realizando Dirección Nacional de Vialidad, y la anulación del ramal ferroviario binacional los Ministerios de Transporte y de Infraestructura, los funcionarios acordaron oportunamente estudiar otro paso cordillerano para proyectar el nuevo ferrocarril. Sobre ese proyecto y otros temas ferroviarios de interés para Mendoza se trabajó con los representantes de la Nación durante las dos jornadas.

Inicialmente, en un taller de proyectos realizado en el séptimo piso de la Casa de Gobierno se compartieron los planes de tren al aeropuerto, tren turístico de Alta Montaña, potencial desarrollo de Palmira como ciudad ferroviaria y análisis de pasos fronterizos para el nuevo tren trasandino.

En la primera exposición se sumó Natalio Mema, secretario de Servicios Públicos, para presentarles el plan de expansión del Metrotranvía, tanto hacia al aeropuerto como hacia Luján de Cuyo.




“Nos pareció excelente el plan de expansión del Metrotranvía. Mendoza sería la primera provincia que tendría un tren que va desde el aeropuerto a la ciudad y tiene todo para hacerlo, porque la red está tendida”, destacó Agustín Special.

También se les compartió, a través del subsecretario de Obras, Jorge Simoni, el proyecto del Tren de Alta Montaña. Partiría de Uspallata y pasará por Polvaredas, Punta de Vacas, Los Penitentes, Puente del Inca y Las Cuevas. Este proyecto cuenta con el relevamiento de vías que pudo realizarse gracias a los especialistas ferroviarios de Belgrano Cargas, quienes revisaron cada metro de todos los kilómetros de una de las trazas más pintorescas de la Argentina.

Seguidamente se revisaron los documentos de muchos años de estudio en los cuales puede verse en Palmira una real posibilidad de crecimiento gracias al tren de cargas, la logística y el polo que se conforma en un área conformada por el PASIP y por el centro de operaciones ferroviarias.




Por último, los ingenieros Agostinelli -padre e hijo- compartieron los primeros esbozos de estudio del paso del ferrocarril hacia Chile por la zona Sur de la cordillera mendocina.

Iniciada la tarde, se recorrieron los talleres de Palmira, en donde el jefe de taller mostró la nueva maquinaria de ultima tecnología para la reparación de boogies, llantas, elevadores de vagones y la presencia de la mujer como operaria de una centenaria que tarea que solo era realizada por varones.

“En Palmira tenemos una de las operaciones de ferrocarriles más importantes de la Argentina. Está funcionando con un crecimiento operativo de 40% en dos años y eso nos da una proyección que invita a seguir trabajando y seguir creciendo”, explicaba Daniel Zentil, quien junto a su equipo transmiten su pasión ferroviaria.

En el final de la jornada de trabajo y ya en Malargüe, se evaluó la posibilidad de un tren trasandino en el Sur provincial. Participaron en la mesa de trabajo el intendente anfitrión, Juan Manuel Ojeda; Mariana Abraham, presidenta del Concejo de Deliberante de San Rafael, y el intendente Walther Marcolini, de General Alvear.

Teniendo en cuenta la importancia de este proyecto y su proyección logística y económica en el tiempo, participaron en el día 1 de este taller Nicolás Martínez, Jorge Noguerol y Gustavo Miras, presidentes de las cámaras de comercio e industria de San Rafael, General Alvear y Malargüe respectivamente.

“Son sueños que es necesario seguir estudiando y para eso estamos trabajando. Poder sacar productos propios con el tren implica para el Sur de Mendoza una enorme ventaja competitiva en materia productiva, energética, petrolera, de gas y minera”, dijo Ojeda.




Por su parte, el intendente de General Alvear, Walther Marcolini, sostuvo que el desarrollo ferroviario en el Sur provincial tiene que ser una política de Estado y contó con el apoyo de las autoridades nacionales para el trabajo mancomunado de esta política, como también de la preservación del ramal Sarmiento y la pronta puesta en valor del San Martin.

“Lo importante es que estén estos temas en la agenda pública. La logística y el transporte en el Sur pueden generar una gran zona de servicios. Reactivar el ferrocarril en la provincia es necesario por una cuestión de costos y logística y porque genera mano de obra”, concluyó el jefe comunal.






viernes, 27 de mayo de 2022

Actis: “El fundamento de VENG es el acceso al espacio”
El nuevo presidente de la empresa estatal VENG, dedicada al sector aeroespacial, habló con TSS sobre la reconstrucción de capacidades en la firma y los desarrollos que llevan a cabo con el objetivo de lograr un lanzador satelital que retomaría las pruebas en el año 2024.
Por Matías Alonso




La empresa estatal VENG brinda servicios y desarrollos tecnológicos de alto valor agregado para el sector aeroespacial y es la responsable de la construcción del vehículo espacial Tronador. Su nuevo presidente (ad honorem) es Marcos Actis, decano de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de La Plata, director del Centro Tecnológico Aeroespacial y también miembro del directorio de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE).

La CONAE, junto con VENG, desarrolló en la última década varios vehículos experimentales como parte del proyecto que tiene como objetivo final un lanzador de satélites de órbita baja. En esos cohetes se fueron probando una serie de sistemas desarrollados por VENG y otras instituciones del sistema científico-tecnológico local, pero perdió casi todo su financiamiento durante los cuatro años de la gestión de Cambiemos, por lo que todavía se encuentra en un período de recontrucción de sus capacidades.

“El ministro (Daniel) Filmus me ofreció hacerme cargo de VENG teniendo en cuenta la trayectoria que habíamos tenido desde la Facultad de Ingeniería de la UNLP desde el principio del proyecto Tronador, allá por 2007, cuando se empezó a trabajar en los primeros vehículos experimentales. En ese entonces VENG todavía era un proyecto”, dijo Actis, quien habló con TSS sobre los proyectos y la visión que tiene para la empresa que pretende desarrollar el primer lanzador de satélites de América Latina.

“La CONAE tuvo que usar los pocos recursos que le iban ingresando durante el proyecto SAOCOM, con lo cual el proyecto del lanzador quedó relegado por falta de fondos y por la pérdida de recursos humanos. Hoy estamos tratando de remontar esos efectos”, sostuvo Actis con respecto a los cuatro años de desinversión que atravesó la empresa estatal durante la gestión de Mauricio Macri. Y agregó: “Como en toda crisis hay alguna cosa que sale bien y en el caso de VENG es que se adquirió una experiencia importante en el área satelital, con gente preparada para poder trabajar en esos temas, tanto en ensayo como en integración de satélites, en la operación de las estaciones terrenas y la venta de imágenes de lo producido por los SAOCOM”.


“La idea es que VENG no compita con las empresas privadas y no haga lo mismo que ellas porque así estaríamos haciendo una competencia desleal desde el Estado”, dice Actis.


En estos años en que no había financiamiento los trabajadores hicieron algunas tareas para que el proyecto pudiera tener continuidad, como la puesta en marcha de la máquina de soldado, ¿no?

Sí, la máquina se trajo de Estados Unidos pero no se montó como se debía por responsabilidad del proveedor extranjero y fueron los trabajadores de VENG quienes durante todo este tiempo mantuvieron los equipos y los han puesto en marcha. El proveedor tuvo bastantes problemas en el armado de la máquina y hoy en día se están haciendo las certificaciones de soldadura y es todo nuevo, porque no hay certificaciones de este tipo. Es un trabajo de soldadura de fricción y la idea es que el año que viene podamos tener ya un tanque estructural totalmente soldado con esa máquina.

Hay algunos trabajos que hicieron con FADEA que hacen que VENG se inserte en el área aeronáutica. ¿Podrían llegar a vender productos para la industria?

El fundamento de VENG es el acceso al espacio. Al no tener financiamiento para llevar adelante el proyecto del lanzador, la gente que estaba trabajando en estos temas aprovechó las instalaciones para dar servicios a la industria. La idea es que VENG no compita con las empresas privadas y no haga lo mismo que ellas porque así estaríamos haciendo una competencia desleal desde el Estado. VENG tiene que hacer lo que no hace la industria privada y lo que no hacen otras instituciones del Estado. Tenemos que pensar en una articulación del sistema científico-tecnológico, no duplicar recursos. Si los privados no pueden hacer algo porque no tienen la capacidad o no tienen interés ahí estaremos, pero la realidad es que debemos comprometernos y articular y hacer visible el lanzador satelital, que a futuro se entienda que es una necesidad y que sea apoyado por los gobiernos, no importa el signo político.

Otras industrias de alta tecnología como la nuclear o la satelital, han intentado hacer leyes para trazar un horizonte de financiamiento. ¿Piensan en alguna herramienta para que este proyecto pueda mantenerse en un horizonte de largo plazo?

Va en el sentido de lo que decía. La ley de satélites geoestacionarios que apuntaba a ARSAT no se cumplió, si bien fue aprobada por unanimidad, y fue dejada de lado. Creo que la articulación de todos los actores es lo que va a hacer posible el proyecto, independientemente del gobierno que venga. Mientras más involucrados haya en el tema del acceso al espacio se dará la posibilidad. Y, obviamente, explicarle a la sociedad que estos proyectos son altamente estratégicos y de valor agregado, pero para eso debemos pensar en conjunto y articuladamente científicos, empresas estatales, privados y el Gobierno.

¿La cooperación internacional puede ayudar? Tanto Brasil como México tienen algunos programas similares ¿Podría haber mejor articulación con estos países para que entre los tres se haga algo en forma conjunta?

Eso estamos buscando. La Argentina tiene un punto estratégico de lanzamiento de órbitas LEO (órbita terrestre baja, en inglés), como es Bahía Blanca. Y mi visión, y esto lo digo de manera personal, es que esa base de lanzamiento tendría que tener varios países socios para construirla, es decir, no invertir todo desde la Argentina, sino encontrar socios en otros países que puedan aportar a la construcción de la base de lanzamiento. Obviamente, con nuestro vector o con vectores que puedan traer del país que nos ayude a construirla y que también use los servicios de trabajo. Creo que eso daría un potencial muy importante a todo el tema de acceso al espacio. Obviamente, con VENG operando todos los sistemas.


“Queremos explicarle a la sociedad que estos proyectos son altamente estratégicos y de valor agregado”, dice Actis.


¿Hay conversaciones con los países en este sentido?

Por lo que sé, Raúl (Kulichevsky) ha tenido conversaciones con empresas alemanas y en algún momento se habían evaluado posibilidades con otros países, pero la pandemia y la crisis por la guerra han generado bastantes desequilibrios en el mundo y estos temas son bastante conflictivos.

¿En qué proyectos están avanzando ahora?

En el sistema de tanques de alta presión con materiales compuestos, que va a alivianar muchísimo el peso de los lanzadores. Lo que viene ahora y esperemos que podamos llevar adelante es la parte de instalaciones, infraestructura y adecuación de las bases de Capetinas, Puerto Belgrano y el Polo Satelital de Punta Indio, para poder hacer el ensamblado de los lanzadores ahí.

¿Cuando podría haber otra prueba de lanzamiento?

No en un futuro inmediato. Pensamos que en 2024 podríamos reiniciar las pruebas que teníamos en 2015. Cuatro años de parate son como 10 años de trabajo para volver a mover la rueda en la formación de recursos humanos y recuperar las capacidades que se perdieron. Lleva muchísimo tiempo. De ahora en más van a ser modelos del Tronador y ya no más de los VEX. La idea es identificar el proyecto con un nombre y con distintas etapas hasta llegar al lanzador final.

¿Habrá dos lanzadores Tronador con diferentes capacidades?

Sí, esa sería la idea en el futuro, pero VENG es el contratista principal de la CONAE, que es quien tendrá la decisión final del proyecto que se llevará adelante.