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Prensa advierte contra reanimacion de megaproyectos soviéticos | ||
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El periódico Vedomosti, en su editorial de hoy, advierte sobre los riesgos que entraña el trasvase de los ríos de Siberia hacia Kazajstán y el Asia Central.
Dos políticos locales de alto rango - el presidente de la Cámara baja del Parlamento, Boris Grizlov, y el alcalde de Moscú, Yuri Luzhkov - se pronunciaron la víspera por que Rusia empiece a exportar el agua, producto que va adquiriendo creciente importancia estratégica como el petróleo, los metales o el gas natural. Así, Luzhkov mencionó la posibilidad de trasvasar dos ríos siberianos, el Obi y el Irtish, para "dar de beber a las regiones rusas y vender el agua a Kazajstán".
Rusia posee un 22% de las reservas mundiales de agua dulce y podría, desde luego, aprovechar esta condición en beneficio propio pero es necesario evaluar el coste de cada proyecto, la metodología de su implementación y el posible impacto medioambiental, subraya el diario.
Lo que se intenta ahora es reanimar un proyecto que fue descartado de forma definitiva en 1986. La Unión Soviética planeaba trasvasar el caudal del Pechora hacia el Volga; y las aguas del Obi y el Irtish, hacia el Asia Central. Tenía previsto incluso usar explosiones nucleares para abrir un canal de 65 kilómetros en la zona del Pechora y el Kama. Las explosiones cesaron en 1971, después de que una bomba cuya potencia duplicaba a la de Hiroshima, dio origen a un lago radiactivo en la provincia de Perm.
El segundo canal debía extenderse a 2.550 kilómetros e iba a tener hasta 300 metros de ancho. En el desarrollo de este proyecto colosal, que habría costado miles de millones de dólares, trabajaban 160 centros de investigación.
Grandes personalidades del mundo de la ciencia y la cultura, entre ellas, los académicos Alexander Yanshin y Dmitri Lijachov o los escritores Víctor Astáfiev, Valentín Rasputin y Vasili Belov, criticaron en su día esos planes que amenazaban con desaguar los ríos de Siberia, provocar la deforestación en masa y la extinción de muchas especies animales, así como empantanar valiosas superficies agrícolas.
El nuevo proyecto del trasvase se calcula entre 25 y 40 mil millones de dólares, sin contar el precio de los terrenos, y comporta riesgos ecologistas. La cantidad del agua que Luzhkov sugiere vender a Kazajstán equivale a la mitad del caudal anual del Obi. El trasvase del Snow River en Australia, en la década del 80, demuestra que la irrigación deriva a la larga en la salinización de las zonas desérticas. Nueve de cada diez canales de irrigación en el Asia Central carecen de revestimiento especial, de manera que el agua sería literalmente tragada por la arena. Otra pregunta es adónde iría a parar el presupuesto de tal construcción.
La visión del agua exportable como fuente para llenar el fisco grafica el concepto que el partido Rusia Unida tiene acerca de la modernización económica: una reencarnación de los megaproyectos soviéticos con la posibilidad de obtener importantes asignaciones públicas.
Fuente: RIA Novosti


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