Opinión
Copenhague: líderes que no estuvieron a la altura de lo que se trataba
La autora, testigo presencial del recién finalizado Encuentro Ambiental en Copenhague, nos informa en esta nota sus impresiones vivenciales del mismo
martes, 22 de diciembre de 2009
A través de mi trabajo como responsable del programa de cambio climático del Club de Madrid y el apoyo que brindo en las negociaciones climáticas al ex presidente de Chile, Ricardo Lagos, la ex primer ministro de Noruega, Gro Harlem Brundtland, y el ex presidente de Botswana, Festus Mogae, tuve la oportunidad única de entender Copenhague desde adentro mismo de la negociación.
Los 120 líderes mundiales que se reunieron en la fría Copenhague lo hicieron para solucionar el desafío más complejo y acuciante que la humanidad enfrenta: el cambio climático. Se encontraron nada más y nada menos que para decidir nuestro futuro común en este, nuestro planeta.
¿Pero Obama, Sarkozy, Wen Jiabao, Lula Da Silva, Merkel, y el resto de los Jefes de Estado y de Gobierno estuvieron a la altura del problema que se resolvía?
¿Tomaron decisiones que permitirían evitar una tragedia humana y ambiental? La respuesta es no.
Copenhague fue caos, confusión y un despliegue de maniobras políticas que sólo demostraron falta de liderazgo e indolencia. Pero sobre todo, Copenhague demostró que de ahora en más, la geopolítica internacional en materia climática y de desarrollo económico, sólo será un juego de dos: Estados Unidos y China.
Copenhague fue una confusión total. Nadie sabía bien sobre qué se decidía. Hubo momentos en los que hasta seis borradores de negociación circulaban simultáneamente. Por otro lado, el liderazgo político brilló por su ausencia. Un ejemplo de ello fue el cambio súbito en la presidencia de la Conferencia: la ministra de Ambiente de Dinamarca, Conni Hedegaard fue reemplazada por el primer ministro del país, Anders Rasmussen.
Durante todo el viernes reinó el sentimiento de que en cualquier instante la negociación se podía acabar con un portazo. Las esperanzas puestas en la llegada de Obama y en el encuentro con su par chino, Jiabao, se diluían minuto a minuto.
Personalmente, debo reconocer que cuando vi a Obama y a Hillary Clinton ingresando al encuentro sentí una tremenda decepción. Sus rostros lo decían todo: nada significativo iba a pasar. Obama se quedó sin poder decir “Yes, we can”. El mundo perdió así la oportunidad histórica de evitar los efectos catastróficos del cambio climático cuando aún es posible.
Quedaba así claro que la negociación era un juego de dos y que las 193 naciones que concurrieron a Copenhague poco tenían que decir. Incluso, algunos países como Venezuela, Nicaragua, Cuba, Bolivia y Ecuador denunciaron que el proceso decisorio era ilegítimo.
El resto de los países se quedó esperando puertas afuera el resultado de encuentros claves donde sólo participaron 27 países, entre ellos Brasil, México, España, el Reino Unido, Alemania, Francia, India, Sudán -en representación del G77 y las islas Maldivas- en nombre de las pequeñas islas estados que corren el riesgo de desaparecer como consecuencia de la elevación del nivel del mar. Esta exclusión, al igual que la prohibición a los representantes de la sociedad civil de acceder al recinto de la Conferencia durante los últimos días claves, decepcionó y enojó.
La novela se cerró con un mero acuerdo “de compromisos políticos” entre los Estados Unidos, China, Brasil, Sudáfrica e India. El texto, de sólo tres páginas, ha terminado siendo un entendimiento vago, sin obligatoriedad, y nada más que eso. En él no aparece como objetivo obligatorio mantener las temperaturas dentro de los niveles prescriptos por los científicos: 2 grados Celsius máximo de aumento. Es más, este objetivo, parece inalcanzable si se considera que todas las propuestas unilaterales hasta el momento (ofertas que por otra parte no son obligatorias para los países) tendrán como resultado un incremento de entre 3 y 4 grados como mínimo; es decir no evitan las consecuencias graves e irreversibles del calentamiento global.
El texto tampoco es ambicioso con respecto a los recursos financieros y tecnológicos que los países ricos deben transferir a los más pobres a fin de ayudarlos a adaptarse a los impactos ya irreversibles del cambio climático y a reducir sus propias emisiones de gases de efecto invernadero. En este sentido, se ha acordado un esfuerzo global por juntar 100 mil millones anualmente para el año 2020.
Estas cifras resultan irrisorias si se tiene en cuenta que un informe reciente del Banco Mundial estima un valor semejante sólo para adaptación. Queda por tanto ver de dónde se sacarán fondos para desviar a los países en vías de desarrollo de su senda de crecimiento insostenible.
Por último, el acuerdo no alcanzó a introducir un sistema que verifique que las reducciones de emisiones declaradas unilateralmente por cada país son realmente verdaderas. Sólo se acordó un “sistema internacional de análisis y consulta” que quedó por definir e detalle. Este punto resultó ser, más allá del tema de la transferencia de recursos financieros y tecnológicos para los países en desarrollo, la cuestión más álgida.
Obama sabe bien que no puede comprometer más su capital político: conseguir que el proyecto nacional para combatir el cambio climático se convierta en ley en los Estados Unidos, le requeriría demostrar en el Senado norteamericano que China está también dispuesta a hacer un esfuerzo por reducir sus emisiones y que esto será verificado por fuentes independientes. A China, le interesa que este sistema de transparencia no infrinja sus principios soberanos.
El final del cuento dice que la Unión Europea, sabiendo que la batalla ya estaba perdida, aceptó el texto para no confrontarse con los dos gigantes y dejar así abierto el diálogo para el futuro. El resto de los países en vías de desarrollo, se resignó junto con Europa. De esta manera, el acuerdo alcanzado en Copenhague, limitó las expectativas iniciales a casi nada y en el fondo, nadie quedó satisfecho. Por Luciana Silvestri - Abogada mendocina y Master en Administración y Política Ambiental
Fuente: Los Andes Online


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