El planeta enano Haumea brilla con hielo cristalino
Sus tres cuartas partes están recubiertas de cristales bien ordenados de agua congelada. Así lo descubrieron astrónomos europeos en el observatorio instalado en Chile.
viernes, 13 de mayo de 2011
Con forma de balón de rugby, tiene una mancha rojiza oscura que contrasta con su color blanquecino. (AFP)
Agencia AFP
El quinto "planeta enano" del sistema solar, Haumea, que brilla en el espacio más allá de la órbita de Neptuno, está cubierto de cristales de hielo gracias a la energía de elementos radiactivos y de la fuerza de marea, anunciaron ayer astrónomos europeos.
Este miniplaneta con forma de pelota de rugby de 2.000 kilómetros de largo, gira muy rápido sobre su eje y completa una rotación en menos de cuatro horas.
Las tres cuartas partes de la superficie de Haumea y el total de la de Hi'iaka, uno de sus satélites, están recubiertas de cristales bien ordenados de agua congelada, según las observaciones realizadas con el Very Large Telescope (VLT) del Observatorio Europeo Austral (ESO) instalado en Chile.
"Como los rayos solares destruyen constantemente la estructura cristalina de la superficie de hielo, se necesitan fuentes de energía para conservarla", explica en un comunicado Benoît Carry, uno de los autores del estudio publicado en la revista científica Astronomy and Astrophysics.
Las fuerzas de marea entre Haumea y sus dos satélites, Hi'iaka y Namaka, así como la presencia de elementos radiactivos (potasio-40, torio-232, uranio-238) en el interior del miniplaneta podrían ser la fuente de esa energía, según los investigadores.
Diosa de la fertilidad
Haumea -así se llama una diosa hawaiana de la fertilidad- al parecer colisionó con un objeto rocoso en los confines del sistema solar, dando así nacimiento a dos satélites (de 200 a 300 km de diámetro) bautizados con los nombres de las hijas de la diosa.
Según los astrónomos, esa colisión podría explicar la elevada velocidad de rotación del planeta enano y su forma de balón de rugby.
Haumea, que orbita a más de 5.000 millones de kilómetros del Sol, en el llamado cinturón de Kuiper, es el quinto "planeta enano" del sistema solar, una nueva categoría creada en 2006 por la Unión Astronómica Internacional, en la que también fue incluido Plutón, anteriormente considerado un planeta total.
Los científicos barajan la existencia de dos fuentes de energía para mantener en orden esa estructura cristalina:
1) Energía surgida del interior generada por los elementos radiactivos (potasio, torio y uranio) del cuerpo rocoso del planeta.
2) Energía producida por las mareas entre Haumea y sus satélites, el mismo efecto que ocurre entre la Tierra y la Luna, es lo que mantendría cristalizado el hielo.
Otras peculiaridades
Los investigadores también destacan otras particularidades de Haumea. Explican que “su plano orbital está inclinado 28º respecto al habitual de los planetas del sistema solar, las órbitas de sus satélites tampoco están en el mismo plano -lo que es muy poco frecuente-, y todo el sistema pertenece a una familia única dentro de los objetos helados del Cinturón de Kuiper (a una distancia de entre 4,5 y más de 15 mil millones de kilómetros del Sol)".
Según los científicos, el impacto de otro objeto sobre Haumea pudo originar los dos satélites y activar la rápida rotación del planeta enano (3,9 horas), además de moldearle con la forma de balón de rugby.
Otro de los misterios de Haumea es la presencia de una mancha oscura y rojiza, que contrasta con su color blanquecino. "Mi interpretación de la fotometría de infrarrojos es que esa zona podría ser más rica en agua helada cristalina que el resto de la superficie", comenta Pedro Lacerda, codescubridor de la mancha y astrónomo en la Universidad de Queen en Belfast (Reino Unido). El investigador tampoco descarta que algún tipo de mineral o materia orgánica irradiada pueda generar esta coloración.
Este miniplaneta con forma de pelota de rugby de 2.000 kilómetros de largo, gira muy rápido sobre su eje y completa una rotación en menos de cuatro horas.
Las tres cuartas partes de la superficie de Haumea y el total de la de Hi'iaka, uno de sus satélites, están recubiertas de cristales bien ordenados de agua congelada, según las observaciones realizadas con el Very Large Telescope (VLT) del Observatorio Europeo Austral (ESO) instalado en Chile.
"Como los rayos solares destruyen constantemente la estructura cristalina de la superficie de hielo, se necesitan fuentes de energía para conservarla", explica en un comunicado Benoît Carry, uno de los autores del estudio publicado en la revista científica Astronomy and Astrophysics.
Las fuerzas de marea entre Haumea y sus dos satélites, Hi'iaka y Namaka, así como la presencia de elementos radiactivos (potasio-40, torio-232, uranio-238) en el interior del miniplaneta podrían ser la fuente de esa energía, según los investigadores.
Diosa de la fertilidad
Haumea -así se llama una diosa hawaiana de la fertilidad- al parecer colisionó con un objeto rocoso en los confines del sistema solar, dando así nacimiento a dos satélites (de 200 a 300 km de diámetro) bautizados con los nombres de las hijas de la diosa.
Según los astrónomos, esa colisión podría explicar la elevada velocidad de rotación del planeta enano y su forma de balón de rugby.
Haumea, que orbita a más de 5.000 millones de kilómetros del Sol, en el llamado cinturón de Kuiper, es el quinto "planeta enano" del sistema solar, una nueva categoría creada en 2006 por la Unión Astronómica Internacional, en la que también fue incluido Plutón, anteriormente considerado un planeta total.
Los científicos barajan la existencia de dos fuentes de energía para mantener en orden esa estructura cristalina:
1) Energía surgida del interior generada por los elementos radiactivos (potasio, torio y uranio) del cuerpo rocoso del planeta.
2) Energía producida por las mareas entre Haumea y sus satélites, el mismo efecto que ocurre entre la Tierra y la Luna, es lo que mantendría cristalizado el hielo.
Otras peculiaridades
Los investigadores también destacan otras particularidades de Haumea. Explican que “su plano orbital está inclinado 28º respecto al habitual de los planetas del sistema solar, las órbitas de sus satélites tampoco están en el mismo plano -lo que es muy poco frecuente-, y todo el sistema pertenece a una familia única dentro de los objetos helados del Cinturón de Kuiper (a una distancia de entre 4,5 y más de 15 mil millones de kilómetros del Sol)".
Según los científicos, el impacto de otro objeto sobre Haumea pudo originar los dos satélites y activar la rápida rotación del planeta enano (3,9 horas), además de moldearle con la forma de balón de rugby.
Otro de los misterios de Haumea es la presencia de una mancha oscura y rojiza, que contrasta con su color blanquecino. "Mi interpretación de la fotometría de infrarrojos es que esa zona podría ser más rica en agua helada cristalina que el resto de la superficie", comenta Pedro Lacerda, codescubridor de la mancha y astrónomo en la Universidad de Queen en Belfast (Reino Unido). El investigador tampoco descarta que algún tipo de mineral o materia orgánica irradiada pueda generar esta coloración.
La disputa por el hallazgo
Haumea es el quinto planeta enano del sistema solar, junto a Plutón, Ceres, Eris y Makemake. Su existencia se comunicó en 2006 y entonces se denominó 2003 EL61 (según el código de nomenclatura internacional: año de la primera observación, quincena y número de orden).
Dos equipos de astrónomos se disputaron el descubrimiento: el grupo del investigador español José Luis Ortiz Moreno del Instituto de Astrofísica de Andalucía, y el del astrofísico Michael E. Brown del Instituto Tecnológico de California (Estados Unidos).
Al final, la Unión Astronómica Internacional aceptó el descubrimiento del equipo español, pero bautizó al extraño planeta y sus satélites con los nombres que propuso el grupo estadounidense.
Dos equipos de astrónomos se disputaron el descubrimiento: el grupo del investigador español José Luis Ortiz Moreno del Instituto de Astrofísica de Andalucía, y el del astrofísico Michael E. Brown del Instituto Tecnológico de California (Estados Unidos).
Al final, la Unión Astronómica Internacional aceptó el descubrimiento del equipo español, pero bautizó al extraño planeta y sus satélites con los nombres que propuso el grupo estadounidense.


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