Entrevista al profesor de Relaciones Internacionales y Estratégicas, François Bernard Huygue
“Hoy estamos en una nueva fase de Al Qaida”
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Profesor en Ciencias
Políticas, investigador en el Instituto de Relaciones Internacionales y
Estratégicas (IRIS), autor de varios ensayos brillantes sobre el
terrorismo, François Bernard Huygue hace un balance de los diez años
transcurridos desde septiembre de 2001. En su último libro publicado en
Francia, Terrorismes, violences et propagande, François Bernard Huygue
analiza la perspectiva histórica del terrorismo, sus resortes, sus
motivaciones, su discurso y su esquema de comunicación. El autor pone de
relieve en esta entrevista la permanencia de la ideología conservadora
norteamericana, el doble fracaso de Al Qaida y de Estados Unidos
plasmado en las revoluciones árabes de 2011 y la forma en que, en su
llamada “lucha contar el terror”, la primera potencia mundial recurrió
al terrorismo de Estado al mejor estilo de Videla y Pinochet.
–Qué
balance hace usted del tipo de terrorismo de masa inaugurado hace 10
años por Al Qaida. ¿Bin Laden llegó a su meta o fracasó?
–Si
consideramos que su meta consistió en provocar una guerra total entre el
mundo musulmán y lo que Bin Laden y Al Zawahiri llamaban el enemigo
lejano, o sea, los judíos y los cruzados, podemos concluir que esa
guerra total no tuvo lugar. Es cierto que hubo la guerra de Afganistán,
donde Estados Unidos se empantanó más tiempo que en la guerra de
Vietnam, y también la de Irak, que fue una guerra inútil y absurda. Al
Qaida, en su lógica de radicalización, no logró sus propósitos, incluso
si hay grupos allegados a Al Qaida, es el caso de Al Qaida en la
Península Arábiga o Al Qaida en el Maghreb islámico, que se reforzaron.
La periferia de Al Qaida sobrevivió y se reforzó pero la estructura
central está debilitada. Antes de que fuera asesinado, Bin Laden se la
pasaba reivindicando atentados fallidos o enviando grabaciones que ya no
le interesaban a mucha gente. Sin embargo, es conveniente admitir que
Estados Unidos tampoco ganó. Washington desencadenó la famosa guerra
contra el terrorismo y con ella se hizo más enemigos de los que tenía
antes de los atentados del 11 de septiembre. Estados Unidos cometió así
mismo enormes errores estratégicos en Afganistán, en Pakistán e Irak.
–Las
revueltas árabes que estallaron en 2011 son a la vez una poderosa
negación de las tesis de Al Qaida y una denuncia colectiva de las
políticas que las grandes potencias, en especial Estados Unidos,
implementaron en el mundo árabe.
–Efectivamente. La primavera
árabe se inscribe en una lógica opuesta a las ideas de la red de Bin
Laden. Para Al Qaida, los musulmanes tenían sólo dos opciones: vivían
sometidos a Occidente y aceptaban vivir aplastados por dictaduras
prooccidentales como las de Mubarak en Egipto, o se comprometían con la
Jihad, la guerra santa, y combatían. Pero nos damos cuenta de que
existía al menos una tercera alternativa, es decir, la de las
revoluciones democráticas. Hoy estamos entonces en una nueva fase en la
que Al Qaida y la nebulosa jihadista esperan aprovecharse de la
primavera árabe según un esquema clásico. Cuentan con que la revolución
popular y pacífica genere decepciones, que haya desórdenes e intentos
reaccionarios. A partir de allí, los elementos más duros jugarán la
carta de la radicalización de la situación y, desde ese punto, piensan
pasar a la lucha armada. Ese es el esquema que se desprende de las ideas
de Al Zawahiri. Por otra parte, Mubarak en Egipto y Ben Ali en Túnez
agitaron el espectro de Al Qaida y con eso reprimieron a la población al
mismo tiempo que le decían a Occidente: “Estamos de su lado, luchamos
contra los islamistas”. Hemos llegado a la asombrosa paradoja de ver a
los Estados Unidos felicitarse ante la maravillosa revolución
democrática en Egipto cuando, en realidad, hasta hace apenas unos meses
Washington otorgaba miles de millones de dólares al Egipto de Mubarak.
–Otra
de las grandes paradojas del 11 de septiembre radica en que los
atentados sirvieron más a los intereses de la ideología neoconservadora
norteamericana que a los intereses del mundo árabe.
–Totalmente.
Para los neoconservadores de Estados Unidos los atentados del 11 de
septiembre fueron una sorpresa divina. Los atentados les dieron a los
conservadores el argumento ideológico para justificar los planes que ya
tenían listos, por ejemplo la invasión de Irak. Ese argumentario
consistía en decir que los Estados Unidos no eran un tigre de papel, que
podían utilizar la fuerza e incluso imponer la democracia por la fuerza
en el mundo árabe. Estados Unidos saltó sobre la ocasión para vivificar
el país preconizando valores militares, de disciplina, de ofensiva. Los
neoconservadores se pegaron a la locomotora del 11 de septiembre y
lograron con ello una influencia ideológica increíble. Se aprovecharon
de la situación, de la personalidad del presidente Bush. Para ellos, el
11 de septiembre fue pan bendito. Y aún creo que no están fuera de
juego. Pueden volver en las próximas elecciones presidenciales y,
contrariamente a lo que piensan muchos comentaristas, los
neoconservadores no están descontentos con Obama. La decisión de Obama
de enviar 20.000 soldados suplementarios a Afganistán satisfizo a los
neoconservadores. Desde luego, para Al Qaida, el hecho de que la primera
potencia del mundo, Estados Unidos, le declarara la guerra y lo hiciera
su principal enemigo fue una suerte de felicidad paradójica.
–De alguna manera continuamos embebidos en las dos ideologías, la que Bush llevó a la práctica como respuesta a Bin Laden.
–Esa
corriente ideológica persiste. Por ejemplo, un mes después del
asesinato de Bin Laden, Barack Obama firmó una enésima doctrina contra
el terrorismo en la cual el enunciado principal sigue siendo “estamos en
guerra contra Al Qaida”. La obsesión de un segundo 11 de septiembre, la
prioridad que se le dio a la acción para eliminar a los terroristas y
sus redes así como a los regímenes que los apoyan no desapareció. El
discurso de Obama es obviamente distinto. El presidente dice que se debe
proceder respetando ciertos valores. Obama tampoco adoptó un régimen
jurídico excepcional como el Patriot Act.
–Visto desde el mundo árabe, ¿Bin Laden y el 11 de septiembre fueron perjudiciales, perversos o positivos?
–Para
el mundo árabe los efectos han sido negativos. Es lícito recordar que,
luego de los atentados del 11 de septiembre, Al Qaida y los movimientos
islámicos mataron a muchísimos musulmanes y a pocos occidentales. Hay
que señalar esto. La mayoría de atentados perpetrados por la nebulosa
islamista tuvieron como escenario Irak, Afganistán y Pakistán. La gente
que muere es principalmente musulmana y cuando un occidental muere a
causa del terrorismo jihadista es porque era soldado, cooperante o
miembro de una ONG en un país de Medio Oriente o del Maghreb. En el seno
de la población musulmana hubo al principio de Al Qaida una suerte de
sensación de orgullo, de honor recuperado porque el hombre que atacó a
los Estados Unidos era un musulmán. Pero el tiempo ha pasado y,
finalmente, los efectos para el mundo árabe fueron negativos. Ahora todo
está cambiando con las revoluciones árabes, cuyo resultado no implica
forzosamente que habrá democracia en esos países.
–En ese
contexto, Bin Laden se inscribió en la época de la globalización con un
terrorismo globalizado. Bin Laden vino a empañar el falso idilio de la
globalización feliz.
–Bin Laden fue un poco el precursor.
Hasta antes del 11 de septiembre estábamos, si se puede decir, en la
globalización feliz. Había cada vez menos regímenes totalitarios,
Internet estaba en plena expansión y la economía de mercado funcionaba a
pleno vapor. Todo eso fue barrido por la globalización del terrorismo.
Bin Laden se sirvió de los medios de comunicación planetarios y funcionó
con una organización planetaria. Bin Laden tenía un objetivo planetario
que consistió en restablecer un poder fiel al Islam en todas las
tierras musulmanas. Para él, las tierras musulmanas abarcan muchos
territorios que, por ejemplo, incluyen a España. Hubo en efecto dos
mundialismos, dos globalizaciones que se encontraron y se enfrentaron.
Fuente: Rebelion.org


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