Atacar a Irán sería una locura; no la descarten
Si en verdad Israel
ataca a Irán este año, será una chifladura peor de lo que piensan sus
enemigos. Cierto, Majmud Ajmadineyad es un orate, pero también lo es
Avigdor Lieberman, quien parece ser el ministro israelí del Exterior.
Tal vez los dos quieren intercambiar favores. Pero, ¿por qué los
israelíes desearían bombardear Irán y así poner sus cabezas bajo la
furia del Hezbolá libanés y de Hamás al mismo tiempo? Junto con Siria,
sin duda. Para no mencionar que absorberían a Europa oriental y Estados
Unidos al mismo torneo de tiro.
Tal vez es porque llevo 36 años
viviendo en Medio Oriente, pero algo me huele mal. Leon Panetta, nada
menos que el secretario estadunidense de la Defensa, advierte que Israel
podría atacar. Lo mismo dice CNN –sería difícil encontrar algo más
maloliente–, y hasta el viejo David Ignatius, quien hace una o dos
décadas dejó de ser corresponsal en Medio Oriente, nos advierte lo
mismo, recogido, como de costumbre, de sus
fuentes israelíes
Ya me esperaba algo así cuando la semana pasada revisé The New York Times Magazine –no es un anuncio, no quisiera que los lectores de The Independent quemaran sus energías en esas cursilerías– y leí la advertencia de un
analistaisraelí (todavía intento descubrir lo que es un analista), Ronen Bergman, del periódico Yedioth Ahronoth.
He aquí la pieza, lo más cercano a un guión propagandístico:
Luego de hablar con muchos (sic) altos líderes y jefes (sic de nuevo) israelíes de la inteligencia y la milicia, he llegado a creer que Israel sí atacará a Irán en 2012. Tal vez en la pequeña y cada vez más estrecha ventana que queda, Estados Unidos escogerá intervenir a final de cuentas, pero desde la perspectiva israelí no hay mucha esperanza de que lo haga. Más bien existe esa mezcla peculiarmente israelí de temor y tenacidad, la fiera convicción, cierta o falsa, de que sólo los israelíes pueden en última instancia defenderse a sí mismos.
Por
principio de cuentas, cualquier periodista que predice un ataque
israelí a Irán pone la cabeza bajo la guillotina. Pero sin duda
cualquier periodista digno de ese nombre –y hay muchos de ésos en
Israel– se haría esta pregunta: ¿para quién trabajo? ¿Para mi periódico,
o mi gobierno?
Panetta, quien mintió a los soldados de su país
en Irak al decirles que estaban allí a causa del 11-S, debería
abstenerse de entrar en este juego. Lo mismo CNN. De Ignatius prefiero
olvidarme. Pero, ¿qué hay en todo esto? Nueve años después de invadir
Irak –una aventura de enorme éxito, nos siguen diciendo– porque Saddam
Hussein tenía
armas de destrucción masiva, nos preparamos para aplaudir a Israel cuando bombardee Irán a causa de unas
armas de destrucción masivatodavía más improbables.
No
dudo que a los pocos segundos de oír la noticia, los grotescos
redactores de discursos de Barack Obama estarán sufriendo por encontrar
las palabras correctas para apoyar tal ataque. Si Obama es capaz de
abandonar el respaldo a la libertad y a la categoría de Estado para los
palestinos con tal de lograr su relección, sin duda podrá apoyar la
agresión israelí con la esperanza de que eso le permita mantenerse en la
Casa Blanca.
Sin embargo, si misiles iraníes comienzan a
estrellarse en naves de guerra estadunidenses en el golfo –para no
hablar de sus bases militares en Afganistán–, los redactores de
discursos tendrán mucho más trabajo. Así que por lo menos esperemos que
los británicos y los franceses no se involucren.
Traducción: Jorge Anaya
Fuente: Rebelion.org


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