martes, 14 de febrero de 2012

El programa nuclear saudí: un milagro del progreso

Al-Akhbar English

Traducción para Rebelión de Loles Oliván

Arabia Saudí ha declarado recientemente que tiene intención de lanzar su propio programa nuclear. El anuncio lo hizo el pasado diciembre el ministro de Comercio e Industria, Abdullah Zainal, quien afirmó que se gastarían 375 mil millones de riales (100 mil millones de dólares estadounidenses) en la construcción de 16 plantas de energía nuclear para generar electricidad en diferentes partes del reino. Lo confirmó posteriormente el ministro de Relaciones Exteriores, Saud al-Faisal, quien anunció que otros Estados-miembros del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) “están estudiando asimismo la economía de la energía nuclear". 
 
Pero la fecha del anuncio indica que las consideraciones políticas, estratégicas y de seguridad son más importantes en este caso.

El programa, en caso de que se materialice, tendría importantes implicaciones para la región, especialmente en términos de proliferación nuclear.

La perspectiva de un programa nuclear saudí debe analizarse en relación con la transformación estratégica del equilibrio de poder en Oriente Próximo, el desarrollo del programa nuclear iraní, la seguridad de Israel, y los cálculos políticos del régimen saudí.

No cabe duda de que Arabia Saudí dispone de los recursos financieros para embarcarse en un programa de estas características. Parece probable que otros Estados del Golfo participen también —especialmente a la vista del reciente llamamiento que ha realizado el monarca saudí a los países del CCG para avanzar hacia la formación de la unión política.

No es de extrañar que dicho llamamiento haya provenido de Arabia Saudí, miembro medular y peso pesado del CCG, ni que se tenga que hacer en este preciso momento político que atraviesa la región.

Los Estados del Golfo se sienten abandonados y vulnerables

Cualquier programa nuclear saudí, en contraste con su homólogo iraní, dependería totalmente de partes extranjeras. En este contexto, las ambiciones nucleares de Arabia Saudí podrían considerarse como parte de su propuesta de unidad del Golfo, que debería fundarse en una combinación de integración económica, una visión política y de seguridad común, y un consenso sobre la región y el papel del CCG.

Por otra parte, Arabia Saudí acusa una grave escasez de especialistas cualificados y científicos capacitados. La perspectiva de que los Estados del Golfo se conviertan en nucleares se la han planteado desde hace mucho tiempo los defensores estadounidenses de un ataque contra el programa nuclear de Irán. Argumentan que si se aceptara a Irán como potencia nuclear ello alentaría a otros países de Oriente Próximo a establecer sus propios programas nucleares por razones de seguridad. Lo que a su vez minaría los intentos de Estados Unidos de limitar la proliferación nuclear en una región plagada de fundamentalistas, de Estados frágiles y de tensiones.

Por lo tanto, la decisión saudí puede derivar de la creencia de que Irán ha cruzado el punto de no retorno en su programa nuclear. Los saudíes entienden asimismo que los adversarios internacionales y regionales se lo han consentido [a Irán] cuando se han dado cuenta de que son incapaces de actuar contra este país militarmente.

Por otra parte, pudiera ser que el reino esté intentando provocar a Estados Unidos y a Israel a fin de presionarles para que adopten una línea más dura hacia Teherán.

Es más probable, sin embargo, que Riad haya entendido finalmente que alistarse a los planes de Estados Unidos para la región ya no es una garantía de seguridad conveniente. Washington ha dejado constancia de que quiere deshacerse de sus cargas de Oriente Próximo y de que sus aliados deberían asumir mayores responsabilidades para salvaguardar sus intereses y su seguridad.

Es de esperar que los estadounidenses que se oponen a los planes nucleares saudíes esgriman tres objeciones:

- Primero, que el material nuclear pueda caer en manos de extremistas saudíes o que los radicales [sic] asuman el poder en un país con un sistema político frágil y problemático. Los mismos temores se presentan en las relaciones de Estados Unidos y Pakistán.
- Segundo, aducirán que existe un serio peligro de que el programa se militarice, lo que representaría una amenaza a la supremacía estratégica de Israel en la región.
- Tercero, el programa saudí podría desencadenar una carrera armamentista nuclear en Oriente Próximo.

Desde el punto de vista saudí, el programa está parcialmente motivado por lo que se percibe como una necesidad de transformar la imagen que tiene Arabia Saudí como Estado de régimen rentista, reaccionario, corrupto y subsidiario de Occidente, en otra de modernidad, progreso y ciencia.

Ello ha debilitado enormemente el poder blando en Arabia Saudí —fundado esencialmente en el proselitismo sectario y en el bombeo de dinero— y con ello, su capacidad de atraer y ganarse los corazones y las mentes. Como resultado, su capacidad para ejercer o expandir su poder e influir en un momento de transición regional se ve severamente dañada.

La Primavera Árabe ha venido a ilustrar de manera importante las limitaciones del poder blando saudí. A pesar de su enorme capacidad financiera, el reino ocupa una posición de segunda fila. Qatar y Turquía han operado con mayor libertad y están en mejores condiciones para influir en el curso de la actual transformación que está teniendo lugar en la región.

Así, los saudíes se son conscientes de la falta que les hace cambiar la imagen que ellos mismos han creado del reino, y de que se requieren iniciativas excepcionales para conseguir ese objetivo. Dado que el régimen no va a cambiar la naturaleza de su política interior ha optado por poner en marcha iniciativas en otras áreas que no amenacen el control del régimen sobre la sociedad saudí.

En este sentido, el régimen saudí ha impulsado la idea de un programa nuclear a la vanguardia como un elemento clave para reconstituir el poder blando saudí especialmente ante la coyuntura de la actual historia árabe, cuando los saudíes perciben que son “un faro sin luz”.

La iniciativa nuclear saudí, por lo tanto, no se dirige tanto a Irán como a conseguir reforzar la legitimidad interna del régimen saudí y reforzar la cohesión popular alrededor de un liderazgo saudí que está plagado de incertidumbres, de rivalidades entre bambalinas y de decrepitud política.

La jugada pretende asimismo fortalecer la presencia regional del reino, habida cuenta de la emergencia de potencias regionales como Egipto y Turquía a las que no puede hacer frente utilizando el discurso sectario.

En última instancia, el régimen saudí tiene que tomar conciencia de que sus problemas van más allá de su necesidad de un programa nuclear. Incluso aunque el reino adquiriese una capacidad nuclear, ello no le permitiría superar su crisis. Sería necesaria una reformulación fundamental del Estado saudí, de la legitimidad de su régimen, y de la naturaleza de su funcionalidad.

El problema del régimen saudí no se limita a su apariencia. La cirugía plástica política no conseguirá mucho. El régimen no sólo es antiestético. La afección más grave que tiene reside en su corazón. Y el tratamiento del corazón, en lo posible, es prioritario al tratamiento de la apariencia.

Husam Matar, libanés, es escritor.

http://english.al-akhbar.com/content/saudi-nuclear-program-mirage-progress 

Fuente: Rebelion.org 

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