Ya se sufre en Malvinas el "bloqueo comercial"
Por las restricciones argentinas, empiezan a faltar frutas y verduras.
Por Gabriel Sued
| Puerto Stanley. Foto: LA NACION / Mauro V. Rizzi / Enviado especial |
En la pequeña terminal donde desembarcan los turistas de
cruceros de lujo, Frank Leyland, un veterano del ejército británico que ofrece a los visitantes recorridos
por las varias pingüineras que tiene la isla, se muestra preocupado.
Con la cara colorada por el viento helado que castiga el lugar, cuenta
que él y su esposa solían comer una banana por día para cubrir la dosis
de potasio recomendada por su médico. Pero se queja porque desde hace
tres semanas no logran conseguir una. "Chile no puede mandar más frutas
ni verduras", explica Leyland, que lleva un prendedor rojo de la
artillería británica en la solapa derecha de su rompevientos.
No es el único producto que escasea en las góndolas de
los dos mercados que tiene esta ciudad, de sólo 3000 habitantes, desde
que la Argentina logró, hace un mes, que el resto de los países del
Mercosur se sumaran a la prohibición del ingreso en sus puertos de
barcos con bandera de las islas. Anteayer, cinco países del Caribe
copiaron esa medida, cuyos efectos ya se están sintiendo.
La falta de bananas y de otras frutas y verduras frescas
es la consecuencia más visible e inmediata de lo que aquí todos llaman
el "bloqueo
argentino". La preocupación, incrementada por la posibilidad de que la
Argentina impulse la cancelación del único vuelo semanal que une las
islas con el continente, fue recogida por Lisa Watson, directora del
semanario Penguin News, la única publicación periodística local. En su
último editorial, bromeó diciendo que si ella lograra entrevistar al príncipe Guillermo, que se encuentra en la base militar de Mount Pleasant desde el
viernes último para un entrenamiento de seis semanas, su primera
pregunta sería: "¿Trajo alguna banana?".
La escasez de frutas frescas puede comprobarse con una visita a los dos mercados que tiene la ciudad.
"¿Bananas? No, en el último mes", dice, en inglés, uno de
los repositores chilenos del West Store, ubicado en el centro de la
ciudad. Acompaña la frase con una sonrisa, como si estuviera sorprendido
por la pregunta, mientras acomoda bandejas plásticas de papas en una de
las góndolas.
La mayoría de los alimentos suelen ser más caros aquí que
en la Argentina y que en Europa. El kilo de papas cuesta 85 centavos de
libras locales (5,8 pesos), equivalente a las libras esterlinas y que,
al igual que esa divisa, lleva el rostro de la reina Isabel en todos los
billetes. Una planta de lechuga vale casi 15 pesos, y una manzana, 3
con 50. Cuando se consiguen, las bananas pueden salir hasta 9 pesos cada
una.
June y Sharon, otras dos empleadas del área de verdulería
del West Store que preparan bandejas de repollo en un cuarto de
servicio, informan que tampoco se consiguen peras, uvas ni calabazas.
Como unos 400 habitantes de esta ciudad, ellas son de Santa Elena, otra
isla bajo soberanía británica en el océano Atlántico, a 7000 kilómetros
de aquí. Los residentes que llegaron desde esa tierra son mayoría en los
trabajos poco calificados, junto con los chilenos y los peruanos.
"El problema es con los productos del día, que no
soportan los viajes desde Europa, como los huevos", explica, y cuenta
que también escasean la leche, el queso, las naranjas y las manzanas.
Para comprobarlo, basta con mirar la góndola de verduras, en la que
sobran los cajones sólo cubiertos por cartones violetas acanalados. "Ya
nos vamos a arreglar. Vamos a encontrar la manera de solucionarlo",
repite Hayward, restándole importancia al tema.
La misma posición tienen los integrantes del gobierno
isleño consultados por LA NACION. "No resulta dramático para la economía
de la isla, pero es inconveniente porque nos limita las opciones", dice
Keith Padgett, jefe de la administración pública local, en su despacho,
en la sede del gobierno local.
Un nuevo aeropuerto
Base militar Mount Pleasant. Foto: LA NACION / Mauro V. Rizzi / Enviado especial
|
Amante del vino argentino, Padgett cuenta que la
administración isleña está analizando varias alternativas, además del
proyecto para construir un aeropuerto en Santa Helena, ante la
posibilidad de que el gobierno de Cristina Kirchner promueva la cancelación del vuelo de LAN Chile, que pasa por el territorio aéreo argentino.
El funcionario explica que si eso llegara a suceder, los
más perjudicados no serían los nacidos en esta isla o los británicos,
sino los sudamericanos que viven aquí y los veteranos argentinos y
familiares de soldados caídos, que, para viajar desde o hacia la isla,
deberían pasar por Londres.
La posible cancelación del vuelo, mencionada por Cristina
Kirchner en la última reunión de las Naciones Unidas, pero descartada
ayer por el embajador argentino en Santiago, Ginés González García,
encendió las luces de alarma entre los chilenos que viven aquí, unos
300, casi el diez por ciento del total de los habitantes.
Convocados por Antoine Daille, un criador de truchas
casado con una británica, se reunirán hoy, a las 19, en la sede de la
Cámara de Comercio, para analizar los pasos por seguir.
José Ortega, un chileno dedicado a hacer recorridos
turísticos por la isla, explica que sufre de osteoporosis y debe hacerse
ver seguido en Chile porque en las islas no hay médicos de todas las
especialidades. "Su Presidenta debería preocuparse por los problemas
argentinos y no por las Falklands", dijo a LA NACION Daille,
visiblemente molesto.
Incluso los menos apasionados y aquellos que intentan
restarle dramatismo al tema reconocen que, sin ese vuelo, complicaría
aún más la vida de los isleños
Fuente: lanacion.com.ar


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