Un futuro sombrío
La guerra de las grandes petroleras contra la energía solar
| Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens |
¿Recordáis el “pico del petróleo”?
Los demás tampoco se acuerdan.
Es
debido a que la teoría operacional de por qué, a comienzos de siglo,
las grandes compañías petroleras aumentaron su presión sobre el sistema
político y lo utilizaron para adquirir una gran parte del “decreciente”
recurso por cualquier medio, a menudo a través de imperialismo por
encargo, de repente se ha vuelto irrelevante.
No es que el
temor de una inminente y precipitada disminución de la producción de
petróleo no fuera un instrumento efectivo para manipular los mercados,
influenciar a las autoridades y avivar a las masas sedientas de petróleo
para que apoyaran guerras basadas en el petróleo, aunque fuera de forma
subconsciente.
Fue efectivo.
Más bien de repente el
planeta está inundado de petróleo. Nuevos descubrimientos en África, el
oleoducto y el gasoducto tan esperados del Mar Caspio, la expansión de
las reservas en EE.UU. y las posibilidades del Mar del Sur de China han
convertido el ecosistema de la tierra en una fuente de juvenil
exuberancia para las grandes compañías petroleras.
A esto
hay que agregar las tecnologías cada vez más sofisticadas empleadas
ahora para extraer petróleo de esquisto, hacer hervir pegote de tóxicas
arenas bituminosas y la construcción masiva de nuevos proyectos de
infraestructuras para transportarlo por el continente y el globo, y se
obtiene una suministro de petróleo que no va llegar a un “pico” en algún
momento del futuro previsible.
De hecho, con la apertura
de la última frontera impoluta –el Océano Ártico– debido al cambio
climático alimentado por el petróleo, los responsables de las grandes
compañías petroleras podrían estar sacando aún más beneficios de lo que
se paga por los combustibles. La quema de muchos hidrocarburos es un
gran negocio para la industria petrolera.
¡Es bueno ser rey, y ahora mismo parece que el Gran Petróleo es el rey del mundo!
Pero existe un problema.
Cada
día los ejecutivos, geólogos, ingenieros, lobistas y cómplices
políticos de la industria petrolera se despiertan frente a una amenaza
existencial. No puede ser eliminada por un ejército testaferro. No puede
ser sobornada. Y todo el cabildeo del mundo no impedirá que aumente
´todos los días cerniéndose sobre ellos y desafiando cada uno de sus
actos.
La industria petrolera no se puede esconder del sol.
Resulta
que el sol no solo suministra la energía esencial que impulsa toda la
vida en la tierra, sino que además -gracias al ingenio de algunos seres
humanos particularmente molestos- su luz fiable se puede convertir en
electricidad útil mediante un artefacto milagroso denominado célula
fotovoltaica.
Imaginémoslo, ¿y si la gente dejase de
quemar petróleo, gas, e incluso carbón, y solo utilizara esos artefactos
milagrosos para transformar la energía solar en la electricidad
requerida para hacer funcionar casi todo?
Bueno, si
alguien es uno de los amos del universo del petróleo, probablemente
habrá perdido muchas horas de sueño preocupándose precisamente de ese
problema. Pero preocuparse no basta. La industria petrolera está
entrando en acción para detener el ataque del sol contra su monopolio
energético. Las grandes compañías petroleras se esfuerzan para
contrarrestar innovaciones impulsadas por el mercado que no solo hacen
que la energía solar sea cada vez más asequible, sino que además hacen
que la energía solar sea una inversión cada vez más atractiva para los
que hasta ahora eran benefactores fiables en Wall Street de la industria
petrolera.
De hecho Bloomberg New Energy Finance (BNEF)
publicó recientemente un informe recomendando especialmente el futuro de
la energía renovable como inversión. De repente no se trata de ética
ecologista. Ahora tiene que ver con pérdidas y ganancias.
Según
BNEF, la inversión anual en capacidad de nueva energía renovable va a
aumentar significativamente de ahora a 2030. El informe señala: “El
escenario más probable implica un salto del 230%, a 630.000 millones de
dólares hasta 2030, impulsado por nuevas mejoras en la competitividad de
los costes de tecnologías eólicas y solares con respecto a las
alternativas basadas en los combustibles fósiles…”
Pero
hay más: “Las mejoras en la competitividad de los costes significan que
las energías renovables representarán entre el 69% y el 74% de la nueva
capacidad energética agregada hasta 2030 en todo el mundo”.
Y
mucho mejor aún: Las energías renovables no solo están cruzando la
línea del sueño de los hippies de ser la gallina de los huevos de oro;
el sector manufacturero se mueve tan rápido que existe un “exceso” de
paneles solares. Así es. Los paneles solares ya no son “demasiado caros”
o una alternativa “poco realista” al monopolio de la industria
petrolera de la producción de energía. En cambio hay un excedente de
producción en la manufactura solar.
Sí, es así. ¡Hay un excedente!
El
excedente puede ser el verdadero motivo por el cual Solyndra, junto a
otros importantes manufactureros solares, colapsó durante los últimos
años. Simplemente fueron sobrepasados por rápidos progresos en la
manufactura y la mano de obra barata en China. Esa combinación llevó a
la obsolescencia rápida e irrevocable de su modelo de producción
original. No es un ejemplo de los que castillos en el aire de la
tecnología verde se hayan multiplicado. Más bien es un indicio de que
las fuerzas del mercado se mueven a una velocidad vertiginosa para
ofrecernos a todos el milagro de la energía fotovoltaica exactamente en
el momento en el cual el planeta la necesita más.
Ahora,
por primera vez en la historia, la industria petrolera se enfrenta a un
peligro obvio y presente que realmente promete el suministro de energía
sin una panoplia de problemas relacionados con el petróleo:
· Sin el CO2 que altera el clima
· Sin todos los cánceres, el asma y los defectos congénitos que provocan los tubos de escape
· Sin derrames, explosiones y rupturas de oleoductos que destruyen el ecosistema.
· Sin todas esas guerras y sobornos políticos y el apoyo a Petro-Estados represivos.
·
Y sin todos esos compromisos morales, éticos y ecológicos que está
arrastrando a todo el planeta, y a nosotros con él, en una espiral letal
de consumo destructivo.
Pero todavía no comencéis a
vender vuestras acciones de Chevron, ExxonMobil, Shell o Halliburton. La
industria petrolera ha gastado miles de millones de dólares en el
cuidado y bienestar de su control colectivo del mercado energético y, en
efecto, del alma del mundo moderno.
La estrategia
primordial de la guerra preventiva de la industria petrolera contra el
poder revolucionario y liberador del sol es “exceder” el “excedente de
renovables”.
De hecho el inventario de petróleo
estadounidense llegó a un récord en 82 años el 1 de mayo, ¡con
existencias que aumentaron a 395,3 millones de barriles a finales de la
semana pasada! El precio del barril se fijó en más de 90 dólares, un
descenso del máximo de 118 dólares de febrero de 2013, pero todavía
lejos de los 11 a 25 dólares por barril de los peores días de los años
de Clinton.
No es sorprendente que el precio en la gasolinera no haya bajado en 82 años. Pero ha bajado y CNNMoney
lo pregonó como una dádiva para los consumidores y la tambaleante
recuperación económica con un ambicioso titular en primera plana: “Caída
de los precios de la gasolina al rescate”.
¿Pero a quién se está rescatando?
¿Consumidores? ¿Pequeñas empresas? ¿Al equipo económico de Obama?
¿O se está rescatando a las grandes compañías petroleras?
Engordadas
por los aumentos de los precios de petróleo y gas de la era de Bush,
tiene sentido que “sacrifiquen” unos centavos o incluso años de
“beneficios fijos” para inundar el mercado con hidrocarburos y limitar
los progresos de las energías renovables, y en concreto la energía
solar.
En marzo de 2013 –solo unas semanas antes del
máximo en 82 años de los inventarios de petróleo– la Comisión Federal
Reguladora de Energía (FERC) informó de que las plantas de energía
fotovoltaica generaron un 100% de la nueva capacidad de energía
eléctrica de todo EE.UU. Fue una primicia en la historia de EE.UU., a
propósito.
Puede que sea el motivo por el cual Arabia
Saudí está adoptando el auge del esquisto estadounidense que actualmente
transforma EE.UU. en un exportador de energía. En un puro sentido de
libre mercado, esto no parece que tenga mucho sentido para los saudíes
que dependen del petróleo. Pero Khalid Al-Falih, director ejecutivo de
Saudi Aramco, se mostró entusiasta ante el Financial Times sobre
el impacto positivo del petróleo estadounidense y su papel crucial al
“tranquilizar” a los consumidores sobre la “fiabilidad de los
suministros de petróleo”.
Más específicamente, Al-Falih dijo al FT
que más producción de petróleo en EE.UU. “…solo cementa el consenso
público y global que ya hemos conocido. El petróleo será el combustible
preferido… por un amplio período de tiempo y tenemos que administrarlo,
tenemos que invertir en él”.
Y lo están haciendo con
perforaciones cada vez más profundas, cabildeo político, nuevas flotas
de buques cisterna y, sacando un as de una de sus numerosas
perforaciones, el fracking hidráulico.
Y el frenesí del fracking es
el principal frente de la guerra preventiva de las grandes compañías
petroleras contra la capacidad en aumento de las energías renovables.
Armadas con el creciente suministro del así llamado “limpio” gas
“natural”, el plan de “exceder” el excedente solar se está desarrollando
en EE.UU.
Un aumento masivo de la producción de gas
natural no solo está envenenando los suministros de agua y causando
terremotos, también está menoscabando la transición a las energías
renovables –la solar especialmente– y obligando a gobiernos escasos de
dinero a renunciar al futuro en favor de un presente barato y fácil.
El
gas natural es, en efecto, un “factor influyente” para las grandes
compañías petroleras que preservará la infraestructura del hidrocarburo
durante décadas por venir y menoscaba tanto los progresos rápidos en
tecnologías renovables y el deseo declarado del público estadounidense
de más énfasis en la energía solar y eólica. Se sienten cómodas con más
“gas neutral”, también probablemente por la elegante marca del gas de
hidrocarburo como “limpio” y “natural”.
Pero nada
triunfa sobre el resultado neto. Y las compañías petroleras lo saben.
Todas las malas noticias sobre el clima y las extinciones y los derrames
de los oleoductos del mundo no superan la simple economía,
particularmente en tiempos difíciles. Tal vez sea el motivo por el cual
tantos estén convencidos de que la aprobación de la tubería Keystone XL
es, de hecho, el “final del juego” del planeta.
Si se aprueba, la nueva oleada de petróleo hacia el mercado –en combinación con el auge del fracking
y una fuente masiva, identificada recientemente, de metano “atrapado”
en los lechos marinos llamado “fire ice”, amplificará la “alentadora
fiabilidad” de Khalid Al-Falih y “consolidará” el monopolio de las
grandes compañías petroleras en el futuro.
Y, por cierto, es un futuro sombrío.
JP Sottile es un periodista independiente, historiador publicado, copresentador en la radio y documentalista (The Warning), 2008).
Fuente: Rebelion.org


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