Una fábula de alcance mundial
La liebre estadounidense y la tortuga china (2/4)
Renenaba.com
| Traducido del francés para Rebelión por Caty R. |
La contención euro-estadounidense de China en África y la guerra psicológica
Gran
vencedora de la Guerra Fría, la liebre estadounidense se benefició de
un excepcional estado de gracia en la historia de las relaciones
internacionales contemporáneas gracias a la implosión del bloque
soviético, una década prodigiosa de unilateralidad que aceleró su
dominio sobre zonas reticentes a su hegemonía, hasta el punto de que los
admiradores interesados llegaron a considerar el siglo XXI «el siglo
estadounidense» para celebrar «el destino manifiesto» de Estados Unidos.
Ciertamente la guerra del Golfo de 1990-1991 permitió a
los estadounidenses plantarse en medio de los principales yacimientos
petroleros del planeta, y la guerra de Kosovo en 1999 facilitó su
implantación en Europa central, particularmente en Albania, considerada
desde hacía mucho tiempo un bastión de la ortodoxia comunista.
Ciertamente
también, en línea con sus objetivos, la guerra de Afganistán (2001) y
después la guerra de Irak (2003) iban a permitir a Estados Unidos
rematar su misión llegando por primera vez en su historia al Cáucaso y
emplazándose en el corazón del sistema energético mundial por su
dominación sobre el Golfo y su control de las vías de abastecimiento del
crudo transcaucasiano.
Pero el plan perfecto ha sufrido
fuertes turbulencias que han alterado el proyecto original. La guerra de
Vietnam (1960-1975, con 52.000 muertos), que se superpuso a los costes
de los dos principales conflictos del siglo XXI (Afganistán e Irak) de
unos 3 billones de dólares, una pérdida de capitalización bursátil del
orden de 2,5 billones de dólares y finalmente la crisis de la deuda
europea han reducido de manera considerable el margen de maniobra del
dúo atlantista sangrando su economía y reduciendo la capacidad de
proyección del poder estadounidense. Así la primera potencia militar de
todos los tiempos ha tomado prestado, sin darse cuenta, un esquema
similar al de la Europa del siglo XX.
Frente a este gran
primer conflicto del siglo XXI Europa, que quería convertirse en uno de
los pivotes del tercer milenio, rápidamente se ha visto marginada por el
tándem anglo-estadounidense, discreta prefiguración de la
«Angloesfera», la alianza WASP (blanco, anglosajón, protestante) cuyo
establecimiento preconizaron los discípulos de Samuel Huntington, el
autor de la teoría del «Choque de civilizaciones», dirigida a constituir
bajo la égida anglosajona un directorio de los países de civilización
occidental y raza blanca (29% de la población mundial) para dirigir el
«mundo libre».
La refundación de la doctrina estratégica
de la OTAN con ocasión del cincuentenario de la Alianza Atlántica, en
mayo de 1999, con la adjunción de los antiguos países del bloque
soviético, aparece a este respecto como una señal precursora para los
partidarios de esta tesis.
Al aportar su aval militar y
diplomático a Estados Unidos y subestimando su capacidad de influencia,
Europa aparece con respecto a la comunidad internacional como un
apéndice de EE.UU. Hasta el punto de que numerosos observadores han
concluido que Europa ha abdicado de su independencia para desempeñar el
papel de promontorio de Estados Unidos al otro lado del Atlántico
renunciando a su antigua vocación de faro de la civilización y a su
propia autonomía frente a Estados Unidos para convertirse en un
engranaje de la estrategia estadounidense, una «isla a lo largo de las
costas de Eurasia», tomando la expresión del geógrafo Michel Fournier.
En
tándem, bajo el pretexto de los grandes principios, la injerencia
humanitaria y la guerra contra el terrorismo, con la ayuda de siglas
disimuladoras, el AFRICOM del Magreb, el RECAMP del África francófona o
el EUFOR (3) en el centro del continente, el reparto occidental de
África se lleva a cabo suavemente sobre el trasfondo de una batalla
feroz por el control de las reservas estratégicas en el flanco
meridional de Europa, frente a los trastornos geoestratégicos provocados
por la emergencia de China en el antiguo coto privado colonial,
especialmente en el norte de África y en el continente negro.
Con
la excusa de la «guerra contra el terrorismo», Estados Unidos se ha
dedicado incluso a establecer para el continente negro en particular un
cuerpo del ejército con el nombre de «VIII cuerpo del ejército»
estadounidense con el fin de completar la red militar del planeta con
una presencia física operativa en todos los continentes. El AFRICOM,
cuya creación se decidió en 2007, debía tener competencias sobre los 50
Estados miembros de la Unión Africana, excepto Egipto.
El
redespliegue diplomático y estratégico euro-estadounidense ocurrió sobre
un fondo de exacerbación de la polémica con respecto a los beneficios y
los perjuicios de la colonización, su «papel positivo» y sus secuelas,
las «pruebas de ADN» y los «vuelos de la vergüenza» en Francia, la
«inmigración selectiva» en Europa mientras que al contrario la
penetración china se hacía de una manera pacífica propulsada con el
déficit estadounidense, un sólido colchón financiero de varios miles de
millones de dólares de bonos del Tesoro de EE.UU., en un continente con
el que China no tiene ninguna deuda colonial.
Por su
impacto psicológico y sus consecuencias a largo plazo, la penetración
china es comparable a la conquista árabe de la costa meridional del
Mediterráneo que rompió el monopolio de la navegación y del comercio en
el antiguo «Mare Nostrum» y el Atlántico sur, desencadenando en revancha
las Cruzadas y la colonización del continente africano con el fin de
restablecer el estatus anterior. Una penetración que ha dado lugar a una
feroz guerra psicológica entre occidentales y chinos.
La guerra psicológica china-occidental
Toda
conciencia surge por oposición. Occidente siempre forjó conceptos que
garantizaran su dominio sobre el resto del mundo. Utilizó la «res nullius»
y «la carga del hombre blanco» para justificar las conquistas
coloniales. Al principio de la libertad del comercio y de la industria
incluso llegó a infligir la perniciosa «guerra del opio» a China para
obligarla a abrirse al mercado europeo.
Desde la Segunda
Guerra Mundial (1939-1945) se ha desarrollado toda una literatura
belicista sobre el «peligro rojo» (contra el comunismo) antes de
abatirse, tras la implosión del imperio soviético (1989), sobre el
«peligro verde» (el Islam), jalón intermedio previo al nacimiento del
actual «peligro amarillo» (China, India, Japón), debido al auge de los
principales países de Asia, que culminará en 2025.
En esa
fecha Occidente habrá perdido el monopolio del poder y por lo tanto su
papel dirigente. Por la fuerza de las circunstancias deberá avenirse.
Duro trabajo para el que constantemente impuso, duro aprendizaje de la
diversidad. Avenirse con los demás componentes del planeta. Este plazo
explica el frenesí de adquisición de garantías territoriales y
energéticas (Irak, Afganistán, Darfur, Los Balcanes) con el fin de
abordar la próxima etapa en posición de fuerza en una «estrategia de
transformación de la realidad» que se reduce a una búsqueda desesperada
dirigida a frenar un declive previsible por el mantenimiento de
«derechos adquiridos» por medio de la fuerza.
Achacándole
todos los males se ha acusado a China, simultánea y acumulativamente, de
contaminar África con potenciales enfermedades por medio de la
comercialización de medicamentos estropeados y de convertir el
continente negro en un vertedero de residuos tóxicos. Al hacer su
acusación Occidente olvida su nefasto papel en el expolio de las
riquezas de África durante cinco siglos, su despoblación por la trata
negrera, del orden de 15 millones de personas, o en la modificación del
ecosistema africano, testimoniado en la película Le Cauchemar de Darwin (La pesadilla de Darwin),
sobre la transformación ecológica de los lagos de Uganda por la
introducción de la «perca del Nilo» para satisfacer las necesidades
alimentarias de los consumidores europeos en detrimento de la fauna y la
flora ugandesas, y la película inglesa The constant Gardner (El jardinero fiel),
basada en la novela del espía en jefe británico John Le Carré (2) sobre
la elección de África como campo de ensayo de sus productos
farmacéuticos y basurero de los desechos tóxicos de la industria
occidental.
En esa línea un periodista argelino se puso al
compás de las críticas occidentales denunciando la maldad de los chinos
en Argelia, la prevaricación de la clase política para conseguir
mercados en Argelia y el hecho de recurrir de manera abusiva a la
falsificación y al dumping. Ante lo que ese periodista consideraba una presencia invasora, el cronista del Quotidien d’Oran, Kamal
Daoud, alertó de la transformación de «Argelia en provincia china»
debido a las reyertas entre argelinos y chinos. «China se está
convirtiendo en un imperio en Argelia. Ya tiene subcontratistas
políticos y financieros. Agentes, honorables corresponsales y muchos
clientes de otros lugares». ¿Argelia una provincia china? Casi el 95% de
las falsificaciones incautadas en Argelia en 2011 eran de origen chino.
Una cifra que demuestra el dominio creciente del Imperio del Medio en
la economía argelina, desde el dentífrico hasta la construcción de la
Gran Mezquita. Un maremoto. Las incautaciones de productos falsos
registraron un aumento del 84,5% en Argelia el año pasado, pasando de
379.774 productos confiscados en 2010 a 700.000 en 2011», aseguran los
servicios aduaneros argelinos. Según las cifras de las aduanas argelinas
precisamente, «los productos falsificados proceden principalmente de
China (94,44%) y de Turquía (3,56%). En el país del hipernacionalismo
antifrancés, el 95% de los productos falsificados procede de China»,
concluye en un editorial del 12 de noviembre de 2012.
La estocada secreta de China: ausencia de deuda colonial y no injerencia
Con
una diplomacia comercial agresiva sin injerencia política, China ha
venido a rediseñar el mapa de las influencias tradicionales
«occidentales» sobre el fondo de la lucha por el control de los
yacimientos petroleros comprobados o potenciales.
Una
«Nueva Asociación Estratégica África-Asia» se selló en la última cumbre
China-África celebrada del 3 al 5 de noviembre de 2006, coronación de
una cooperación gestada en la década de 1970 y cuyo proyecto faro habría
sido el ferrocarril Tanzania-Zambia, el famoso «camino de la libertad»
(TAZARA, 1976) que funciona desde hace 30 años y permitía soslayar las
posiciones racistas de Sudáfrica que hacían imposible la exportación de
cobre de Zambia.
Casi 200.000 chinos estarían ahora
instalados en África y casi un millar de empresas chinas invirtiendo en
43 países africanos realizando así 900 proyectos de infraestructuras. 31
países han visto su deuda con China anulada por un valor en torno a
1.330 millones de dólares.
Frente a ese estrés energético, Pekín ha establecido una nueva diplomacia denominada Zouchuqu,
que se traduce en una participación en el origen y en el aval petrolero
internacional y en la adquisición de yacimientos por medio de
participaciones en las sociedades locales para el establecimiento de
bases petroleras en el extranjero para asegurar su suministro energético
regular.
Los chinos están implicados en una cincuentena
de proyectos petroleros en todo el continente. En 2006, el continente
africano representaba el 25% del aprovisionamiento chino de petróleo
(principalmente Sudán –el 6% del petróleo importado por China procede de
Muglad-, Angola -30% de las importaciones petroleras de África-,
Argelia y Sudáfrica) frente al 15% de mediados de los años 80.
En
ese contexto, el África subsahariana, como el Magreb, se ha convertido
en un escenario muy codiciado, ya que desde su intervención en Irak,
Estados Unidos ha reforzado su control sobre el conjunto de los países
de Oriente Medio a excepción de Irán. Con el 8,9% de las reservas
mundiales de petróleo y el 11% de la producción mundial, África permite a
Pekín limitar su dependencia energética (política llamada de
desconcentración de los riesgos: Asia Central y Siberia ofrecen un
soslayamiento del estrecho de Malacca, considerado vulnerable en una
intervención estadounidense en África.
Sin embargo
conviene abstenerse de cualquier «angelismo». El posicionamiento chino
obedece a cálculos estratégicos a largo plazo. Todos los países del
norte de África padecen un déficit comercial con China, los productos
chinos se sitúan a precios del 50% o 60% menos que en Marruecos o Túnez.
Sin embargo Marruecos, y accesoriamente Túnez, son percibidos por las
autoridades chinas como plazas de inversión privilegiadas en el flanco
sur de Europa. Y China, para esos dos países del Magreb, se considera
una alternativa real al antiguo poder colonial más intervencionista.
Paralelamente
Estados Unidos ha multiplicado las iniciativas diplomáticas y militares
con el fin de encajar a los países africanos en la estrategia global
estadounidense. Los puntos de intervención que favorecen el despliegue
rápido de las fuerzas estadounidenses se construyeron en la zona del
Sahel senegalés-maliense, así como en Namibia en la frontera con Angola.
Las operaciones conjuntas con los países del Sahel se
lanzaron en 2003-2004 contra el Grupo Salafista para la Predicación y el
Combate (GPS) en el marco del «programa de contraterrorismo en África».
Los ataques a los turistas franceses en Mauritania en diciembre de
2007, que acarrearon la anulación del rallye París-Dakar y su
transferencia a América Latina, así como el atentado contra la embajada
de Israel en Nouakchott, dan testimonio de las reticencias locales y
regionales ante el despliegue estadounidense en África.
Desde
2010 China es el primer socio comercial de África, con intercambios del
orden de 166.300 millones de dólares, un crecimiento del 83% con
respecto a 2009. Los chinos acaban de anunciar un incremento de 20.000
millones de dólares en sus créditos a África, que forma parte de la
reserva estratégica de las multinacionales.
Sesenta años
después de la independencia de África, los estadounidenses y los
europeos sobre el fondo de un fuerte contencioso postcolonial impagado
continúan dirigiendo África por medio de sus redes políticas-comerciales
y las instituciones multilaterales (FMI y Banco Mundial). Así Malí se
ve obligado por el Banco Mundial a especializarse en la producción de
algodón poniéndose en competencia con los productores estadounidenses
que se benefician de subvenciones de la primera potencia liberal.
Por
el contrario China, nada filantrópica pero infinitamente más perspicaz,
se presenta ante los africanos sin deudas coloniales, sin las
escandalosas prácticas de la corrupción de los Djembés y los Mallettes,
la marca de fábrica de la Francáfrica. Sin pasivo colonial, parangón de
la no injerencia a diferencia del vicio colonial, y con la práctica de
una política de dumping o nivelación en función del poder
adquisitivo local resultante del creciente empobrecimiento de la
población del Tercer mundo, China continúa su progresión. Y los reveses
sufridos por sus aliados en Sudán, Libia y Malí, parece que no han
afectado a sus intereses ni a sus posiciones.
Anteriormente
Estados Unidos vigilaba África por medio de tres comandos: Central
Command (CENTCOM), cuya zona de responsabilidad se extendía sobre 27
países, de ellos siete africanos; el comando europeo (EUCOM), su zona
cubría 91 Estados, 42 africanos; y finalmente el Comando Pacífico
(PACOM), autorizado en una zona que cubre Madagascar y las islas
periféricas del este del continente africano.
Aunque el
deseo declarado de Estados Unidos sea llevar a cabo una guerra
planetaria contra el terrorismo, la creación de un comando específico
para África indica de una forma subyacente una implicación más profunda
de los estadounidenses en la competición que libran las grandes
potencias para conquistar los mercados africanos, en particular el
petróleo, que suministran el 30% del consumo mundial.
Entre
los años 2006 y 2007 el gobierno estadounidense construyó en el golfo
de Guinea una base flotante compuesta por barcos de gran velocidad (swift ship) con unos 300-400 marines para
la vigilancia costera a lo largo de los países costeros: Angola,
Camerún, Gabón, Ghana, Guinea Ecuatorial, Libera, Santo Tomé y Príncipe,
Senegal y Nigeria. Y en la década de 2010 bases de drones en Burkina
Faso para la vigilancia y localización de los movimientos yihadistas en
África occidental. Dicha base compartiría con Argel los datos recogidos
por los drones en el norte de Malí en provecho de la intervención
francesa en esa región fronteriza de Argelia.
El aparato
estadounidense en el continente negro se completó en África oriental con
la instalación de la base francesa de Yibuti «Le Camp Lemonier», así
como la base aeronaval de Diego García en el océano Índico, y el nuevo
papel de gendarme confiado a Etiopía para reprimir los movimientos
islamistas en la zona, especialmente en Somalia.
El
posicionamiento estadounidense en Yibuti, frente al Golfo, le permite
además el control estratégico de la ruta marítima que suministra un
cuarto de la producción petrolera mundial y al hacerlo domina el extremo
oriental de la vasta franja petrolera que atraviesa África y que ya se
considera vital para los intereses estratégicos. La franja que va del
oleoducto Higleg-Port Soudan (1.600 kilómetros), en el sudeste, al
oleoducto Tchad-Camerún (100 kilómetros) y al golfo de Guinea en el
oeste. Además un puesto operativo en Uganda da a Estados Unidos la
posibilidad de controlar Sudán del Sur, donde se encuentra el grueso de
las reservas de crudo sudanesas.
Notas :
(1) La pesadilla de Darwin (Darwin’s
Nightmare) es un documental de Hubert Sauper de 2004 sobre las
consecuencias de la globalización que toma su argumento del tráfico en
torno al aeropuerto de Mwanza (Tanzania), en las orillas del lago
Victoria. Un pescado introducido en los años 60, la perca del Nilo
(Lates niloticus), ha sustituido a gran parte de las 200 diferentes
especies de pescados autóctonos (lo que ha acarreado una modificación
del hábitat y la extinción de numerosas especies). Su floreciente
comercio abastece desde hace casi 20 años las mesas y restaurantes de
los países del Norte con exportaciones que pueden superar las 500
toneladas diarias de filetes de pescado. La perca se prepara sobre el
terreno en fábricas también financiadas por las organizaciones
internacionales y el 40% de la población local tiene que conformarse con
alimentarse de los restos de los pescados secos. Alrededor de esa
exportación masiva se desarrollan todo tipo de tráficos vinculados a una
urbanización intensa y brutal (prostitución, SIDA, drogas). El autor
sugiere que los aviones de carga (rusos o ucranianos) no vuelven vacíos y
nutren el comercio de armas con destino a la región de los Grandes
Lagos.
(2) El jardinero fiel es una película británica (2005) adaptada del bestseller
homónimo de John Le Carré, el maestro del espionaje británico. La
película es el relato de las manipulaciones de la industria farmacéutica
británica y su utilización de la población africana como cobaya para
probar sus productos nuevos y la comercialización de sus productos
estropeados.
Continuará…
Fuente: Rebelion.org


No hay comentarios:
Publicar un comentario