Valle de Uco: Aznar - Pelleriti, confesiones entre el vino y la música
Pedro Aznar y Marcelo Pelleriti son líderes en la música y el vino, pero ahora han cruzado ambas pasiones y conjugan los sonidos de la tierra. Una nota de Revista Entorno Económico.
Por Jorge Bossio
Por Jorge Bossio
Son dos pero son uno, en la música y en el vino. Y lanzan sus sueños al viento y le ponen sonidos de vino, con experiencias únicas. Marcelo Pelleritti y Pedro Aznar hacen Abremundos, un concierto que conjuga un maravilloso terreno pedregoso del cual sacan, artesanalmente, vinos infrecuentes. Como este Octava Alta, blend de Chardonay y Torrontés que presentaron.
Como el ritual de un policial, charlamos por separado para lograr palabras reales, no contaminadas, pero al final, como buena dupla, coincidieron en casi todo: pasión, obsesión y detallismo.
Primero fue el vino
Marcelo Pelleriti cuenta que a los cinco años, un abuelo “gringo y duro me pedía que lo ayudara a cosechar su parral”. Recordó que la guitarra llegó un año después. “Me la regaló mi viejo y era una Amancay comprada en una casa de la calle Las Heras que ya no está. Por lo tanto el vino y la música fueron casi paralelos”.
Poco tiempo después, un tío abuelo le Marcelo le regaló un casete de Paco de Lucía y eso lo cambió todo. “Lo sumo a cómo se vivía antes donde teníamos nuestro propio vino, el propio tomate, la huerta y la propia gallina, lo viví muy fuerte y siempre con la música. En esa época había cosas que no se negociaban, como la escuela, la música y el deporte”. “Para mí la música es como una terapia, un cable a tierra que me saca de la cabeza todo tipo de inconveniente que pueda tener todos los días”, explica mientras relata que la guitarra lo acompaña a todas partes.
“Viajo con una guitarra pequeña que es más fácil de transportar, porque necesito una media hora por día tocar algo, incluso en los aeropuertos”. Mencionó su relación con Pedro Aznar. “Es pura pasión, porque es un tipo detallista y lo que hizo en su carrera musical lo hace con el vino, justamente ahora que estamos haciendo los cortes”. Marcelo sabía que Pedro era obsesivo y ahí “somos algo parecido, y queremos hacer las cosas, no bien, mejor que bien”. Tipificó a la vitivinicultura como un negocio. “No hay que engañarse, porque cuando comenzamos este camino sí o sí necesitás dinero. Es una inversión que te genera una satisfacción muy grata, aunque no es solamente lo idílico, hay un tema financiero en medio que hay que saber manejar”.
Ahora viene la construcción de la bodega que llevará unos dos años y que la han encargado a Mario Yansón. “Con el nuevo gobierno puede haber facilidades para los pequeños productores”. Tuvo palabras para la situación de la industria del vino. “Está complicadísima porque hubo políticas irres- ponsables, con falta de ética, porque si un político no sabe que la Argentina es un país agrícola, no sabe dónde está viviendo”.
Primero fue la música
Las palabras de Pedro Aznar. “Para mi primero fue la música, pero mi enamoramiento con el vino se fue desarrollando durante mucho tiempo. Tenía que ver con el ritual de ir a cenar después de los conciertos, esa cosa celebratoria de tomar vino después de tocar que es una forma de rubricar una noche especial”. Cuenta Pedro que sus varietales preferidos son el Malbec y el Cabernet Franc. “El primero es la cepa insignia de la Argentina y por muy buenas razones, porque se da en nuestro país como en ninguna parte del mundo”. Cita que es como el Sirah de Australia, el Cabernet Sauvignon de Chile y el Pinot Noir de Sonoma. “Cada cepa encuentra su lugar en el mundo”.
Define que el Cabernet Franc “fue una de las cosas que nos hermanaron a Marcelo y a mí, porque cuando nos conocimos hace cinco años, era muy poco conocida en la Argentina y ya los dos la teníamos como favorita y sentíamos que iba a ser el gran descubrimiento para la vitivinicultura argentina”. Cuenta que la apuesta de Abremundos pasa por la hermandad del Malbec y el Cabernet Franc “con un toquecito de sirah que es nuestra impronta”. Mientras camina entre las hileras no deja de mencionar que “esta experiencia de estar entre las viñas es invalorable, porque ha sido sembrado, cosechado y soñado junto a queridos amigos”. También como Marcelo, Pedro hace referencia al costado empresarial de Abremundos. “Esto lo hacemos como disfrute pero también debemos comunicarlo para que otra gente lo tenga y eso implica cosas que tienen que ver con el marketing, con la difusión, con la distribución y la venta.
Es parte del trabajo creativo si le sabés encontrar el juego”. Mencionó su visión de la actualidad musical en el país. “Se están haciendo cosas buenísimas y hay nuevas camadas de jóvenes con mucho conocimiento y pasión. Estamos en un muy buen momento artístico”.
Octava alta
Es un blend de Chardonay con Torrontés, 55 y 45 respectivamente. El Chardonay estuvo vinificado en barricas usadas y el Torrontés es de La Rioja sin madera. En julio harán un nuevo corte, pero utilizarán Torrontés de Salta. Son cuatro mil botellas y han empezado muy bien en el mercado local. Exportan con un profesional que se encarga de llevar vinos al exterior
personales y de artistas.
Los comienzos
Marcelo y Pedro se conocieron en agosto de 2012, inmediatamente la cantidad de cosas en común se fue haciendo evidente en una intensa charla desde la ciudad de Mendoza hasta Valle de Uco. Notaron que la pasión por elaborar vino y por hacer música, los atravesaba de la misma manera. Pedro le confió que hacía años soñaba con tener un viñedo y vivir el mundo del vino desde adentro, y Marcelo le contó de la Villa de Bodegas en The Vines of Mendoza, un terruño exclusivo para que enólogos reconocidos tuvieran sus propios proyectos… así nació este maravilloso emprendimiento.
Los comienzos
Marcelo y Pedro se conocieron en agosto de 2012, inmediatamente la cantidad de cosas en común se fue haciendo evidente en una intensa charla desde la ciudad de Mendoza hasta Valle de Uco. Notaron que la pasión por elaborar vino y por hacer música, los atravesaba de la misma manera. Pedro le confió que hacía años soñaba con tener un viñedo y vivir el mundo del vino desde adentro, y Marcelo le contó de la Villa de Bodegas en The Vines of Mendoza, un terruño exclusivo para que enólogos reconocidos tuvieran sus propios proyectos… así nació este maravilloso emprendimiento.
El viaje al valle se había iniciado con una generosa propuesta de Marcelo: que Pedro elaborara un corte (blend) él mismo, a partir de muestras de sus vinos.
Fuente: JornadaOnline


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