jueves, 8 de diciembre de 2016

Bioceres, el nuevo unicornio argentino
El color del dinero. Los precios de las commodities tienden a igualar los costos de producción. Es un negocio muy finito y que tiene salida cuando aparece una tecnología disruptiva”, dice Federico Trucco, CEO de la empresa. 
por Silvia Naishtat

Federico Trucco CEO grupo Bioceres


A la entrada de Rosario es fácil reparar en un conjunto blanco radiante que es todo un símbolo de modernidad. Frente al puerto se encuentra la sede de Bioceres, la empresa que comenzó a imaginarse en el dramático 2001 y que hoy es vanguardia en la tecnología que se aplica al campo. Confluyen matemáticos, genetistas, químicos, ingenieros de varias especialidades en un ambiente en el que se dialoga, critica, se ríe y hasta se tragan disputas, según cuenta Federico Trucco, su CEO que resalta el trabajo en equipo.

Al principio fueron 23 socios que pusieron de su bolsillo US$ 600 cada uno para un modelo que une a la academia, el sector privado y al Estado, en plena cooperación. Hoy son 305 socios para una firma que reinvierte todas sus utilidades. Un dato: aquella inversión inicial creció a US$ 440.000, lo que vale actualmente cada acción, gracias a sus avances en ingeniería metabólica y la agricultura molecular, entre otros tantos.

A simple vista, parecen sentados alrededor de un fogón que es en realidad una verdadera fábrica de conocimiento o un centro de biotecnología, como ellos mismos se definen. Bioceres se destaca en el predio que fue cedido por el Conicet. El lugar estaba usurpado y sin uso. Su inauguración en 2010 fue la primera piedra para que se terminaran otros edificios del Conicet y así se generó un polo de conocimiento.

Bioceres es hoy una cantera de proyectos biotecnológicos en un vértice que une el saber científico con el productor y además busca financiamiento para sus desarrollos.

“Los precios de las commodities tienden a igualar los costos de producción. Es un negocio muy finito en una carrera por la eficiencia y que tiene salida cuando aparece una tecnología disruptiva que permite un salto en la producción”, afirma Trucco, un científico de 39 años, al desafiar que en vez de duplicar volúmenes de cultivos, si se inyecta tecnología a lo que ya se produce, aprovechando íntegramente el cultivo, se agrega valor sin esforzar al Estado a inversiones multimillonarias en infraestructura para movilizar la cosecha.

Un ejemplo es lo que están logrando del cártamo, del que obtienen una enzima industrial, la quimosina, que se utiliza en la fabricación de quesos. Con la quimosina sustituyen importaciones por US$ 10 millones. Para la extracción y comercialización de la enzima se unieron al grupo Porta.

Otra de sus joyas es el descubrimiento de la investigadora Raquel Chan, de la Universidad del Litoral, el gen de resistencia a la sequía que puede revolucionar la agricultura mundial. Aún no se comercializa: se encuentra en pleno proceso de aprobación en China. Bioceres ya cuenta con 100 patentes.

El próximo paso será cotizar en la Bolsa de Nueva York. Un dato: también la Bolsa de Londres desea que esté entre sus cotizantes, en lo que es para Trucco un momento excepcional de tensión competitiva. Cuando se concrete, en paralelo con su debut en la Bolsa de Buenos Aires, será casi una hazaña. En Wall Street, Bioceres compartirá cartel con otras compañías argentinas de la talla de Tenaris y Ternium del grupo Techint, los bancos BBVA y Macro, Irsa, Pampa y Globant, entre otras.

Eso sí, para tener una mayor densidad como empresa y tocar la campana en Wall Street, Bioceres tuvo que sumar a Rizobacter, líder en inoculantes de semillas y fertilizantes biológicos con amplísima cadena comercial. Compraron el 60% de la firma. Los expertos ya están valuando a Bioceres para su debut en los mercados en torno a US$ 600 millones. Y aunque vale menos que los unicornios que arrancan en US$ 1.000 millones, sería la única firma con base científica de la región que llega a la Bolsa en Estados Unidos. Y es rosarina.  



Fuente:  ieco.clarin.com

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