viernes, 22 de junio de 2018

La Fuerza Espacial de Trump, ¿disparate o medida lógica?
por Daniel Marín



El pasado 18 de junio el presidente Trump saltó a los medios por su decisión de crear una Fuerza Espacial con el fin de garantizar «el domino de EEUU en el espacio». Ante esta noticia es inevitable que a muchos les venga a la cabeza la imagen de marines espaciales combatiendo contra xenomorfos, pero la realidad es, obviamente, más prosaica y es poco probable que veamos cambios significativos a corto y medio plazo. De hecho, es posible que la propuesta se quede en eso, una simple propuesta.


Sede del JICSpOC situado en la base Schriever para coordinar operaciones entre el USTRATCOM, el Space Command de la USAF y la NRO (www.defense.gov).

Para empezar conviene señalar que Estados Unidos ya mantiene un vigoroso programa espacial militar. Sin ir más lejos, en 2019 el Pentágono dispondrá de 9.300 millones de dólares para sus distintos proyectos espaciales, incluyendo programas clasificados. Para que nos hagamos una idea, esta cifra es aproximadamente la mitad del presupuesto anual de la NASA. La mayor parte del presupuesto militar espacial está gestionado por la Fuerza Aérea (USAF), que también controla los dos principales centros de lanzamiento del país: la base de Cabo Cañaveral (Florida) y la base de Vandenberg (California). (El Centro Espacial Kennedy está bajo control de la NASA).

La USAF está a cargo de una importante flota de satélites, que van desde satélites de comunicaciones no clasificados como los AEHF hasta satélites de alerta temprana destinados a detectar lanzamientos de misiles balísticos, pasando por los archifamosos GPS que nos ayudan a encontrar la gasolinera más cercana… y, de paso, también guían misiles balísticos y bombas «inteligentes». Eso sí, la USAF no controla directamente los satélites espías como los KH-11 Crystal —auténticos telescopios espaciales que apuntan a la Tierra— o los Orión —dotados de enormes antenas de cien metros de diámetro capaces de espiar las comunicaciones de países enemigos—, a cargo de la NRO (National Reconnaissance Office). La MDA (Missile Defense Agency), que se encarga de desarrollar sistemas antimisiles, también se lleva una parte del presupuesto militar estadounidense dedicado al espacio.

En definitiva, puede que no haya marines espaciales de por medio, pero está claro que el programa espacial militar de EEUU tiene un tamaño lo suficientemente importante como para justificar la creación de una Fuerza Espacial, o USSF (United States Space Force). No es la primera vez que se propone una idea semejante, pero la novedad es que, en esta ocasión, Trump pretende crear una nueva rama independiente de las fuerzas armadas, la sexta, que estaría en pie de igualdad con la Fuerza Aérea, la Armada, el Ejército, los Marines y la Guardia Costera. Evidentemente, la creación de las Fuerzas Espaciales se produciría en detrimento de la USAF, que se vería obligada a ceder a la Fuerza Espacial una enorme cantidad de recursos. Por eso no nos debe extrañar que la USAF haya intentado disuadir al presidente, pero se ve que sin mucho éxito.

El núcleo de esta futura Fuerza Espacial se crearía a partir del actual Mando Espacial de la Fuerza Aérea, también conocido como Mando Espacial de Estados Unidos. Dirigido desde la base aérea de Peterson (Colorado), el Mando Espacial controla toda la flota de satélites a cargo de la USAF y, por extensión, es la espina dorsal de las operaciones de casi la totalidad de militares estadounidenses que operan fuera del territorio de EEUU. Lo cierto es que no solo la USAF se opone a la creación de las USSF. Muchos militares de alto rango creen que se trata de una idea peregrina que solo servirá para romper la Fuerza Aérea por la mitad y fragmentar las fuerzas armadas del país. Por contra las ventajas militares no están nada claras, especialmente teniendo en cuenta que la USAF ya controla y gestiona la mayor parte de proyectos espaciales de EEUU. Trump debe ahora intentar convencer al Congreso para sacar adelante esta iniciativa. Y por ahora no parece que tenga las de ganar.


Entrada al cuartel del Space Command de la USAF en la Base Aérea de Peterson (https://www.kleinfelder.com)

Para aquellos que se preocupan por un posible aumento de la militarización del espacio, la creación de la USSF no cambiaría el panorama internacional de forma llamativa: el espacio alrededor de la Tierra ya está militarizado. Esto no significa que haya armas en órbita —afortunadamente–, pero no hace falta. El uso que le dan los militares al espacio es distinto a la imagen distorsionada que vemos en las películas de Hollywood. Y, por cierto, no, la USSF no estaría a cargo de los misiles nucleares. Tampoco olvidemos que los tratados actuales impiden la puesta en órbita de armas de destrucción masiva. No obstante, la creación de la USSF transmite un mensaje bastante directo y abre la puerta a la creación de nuevas armas antisatélite (ASAT) que estarían dirigidas obviamente contra China y Rusia, los únicos países rivales de EEUU que cuentan con programas espaciales (y ambos con programas ASAT propios). En concreto China, que en los últimos años ha aumentado el gasto militar en el espacio dramáticamente, se perfila como el principal adversario de una futura Fuerza Espacial estadounidense.


Emblema del Air Force Space Command (USAF).

Curiosamente, Rusia ya dispone de unas Fuerzas Espaciales, integradas desde 2015 en las Fuerzas Aeroespaciales, de la que también forma parte la Fuerza Aérea (antes eran una rama independiente). Todas las potencias actuales dependen cada vez más de sus satélites, especialmente los militares. Pero los satélites son vehículos extremadamente frágiles que pueden resultar dañados o destruidos muy fácilmente. Por eso la prioridad de los militares en el espacio no es tanto desplegar marines espaciales con armas láser como disponer de sistemas antisatélite que puedan responder a esta amenaza y, además, crear sistemas de lanzamiento capaces de poner en órbita satélites de forma rápida como respuesta a un posible ataque.



Fuente:  danielmarin.naukas.com

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